Capitulo 3, Kuina
Sentía como su cuerpo caía en un profundo torbellino de oscuridad. No tenía voluntad para moverse, su cuerpo le pesaba demasiado. Solo podía recordar las lágrimas saliendo de los ojos de su querido rubio. ¿Qué habrían querido decir?
Pero eso ya no era importante, él sabía que nunca le correspondería, y que a partir de ahora ya no tendrían la misma relación de antes.
"Sanji..." pensó con un nudo en la garganta. Sus ojos escocían y amenazaban con dejar escapar su salada tristeza. Se hizo un ovillo, colocando sus piernas contra su pecho y se dejó llevar por esa inmensa oscuridad, dejando que su mente vagara por los recuerdos que compartía con él.
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La brisa nocturna acarició sus cabellos, alborotándolos. Un buho lejano cantaba a lo lejos, escondido en la rama de algún árbol de allí cerca. La luna iluminaba el escenario: se hayaba de pie, con sus katanas en lo alto, esperando el ataque de su contrincante en medio de un prado desierto de obstáculos. Su corazón se estremeció al ver quién era ella.
-... Kuina... - susurró asombrado. La chica se encontraba en frente de él, serena y en guardia, dispuesta a atacar en cuanto se descuidara. Intuyó que algo no encajaba ahí, e instintivamente miró al suelo, que se encontraba más cercano. Volvía a ser un niño, pero no entendió por qué le sorprendió. Solo se habría dormido un par de segundos durante otro de sus combates contra Kuina, ¿no? Pero, ¿por qué no podía recordar con claridad lo que había pasado antes... lo que había visto en su sueño...?
La espadachina aprovechó la indecisión del peliverde, y se lanzó contra él, tirando sus katanas y al chico al suelo, clavando después la suya al lado de su oreja.
-... Combate dos mil uno. Ganado... - susurró en voz queda con una sonrisa triunfante.
Zoro le miró dolorido. Siempre perdía contra ella, ¿cuándo sería capaz de ganarla? La rabia se manifestó en forma de lágrimas, y las ocultó apretando fuertemente su brazo sobre sus ojos, aunque ella ya las había visto.
-Mierda... - se quejó ahogadamente.
-En realidad tú ganas... - murmuró ella, con la voz quebrada. - Mi padre ha dicho que una mujer nunca podrá ser la mejor espadachina... ¡Pero yo quiero serlo! Al igual que tú... Aunque solo es cuestión de días que tú me ganes... Ojalá hubiera nacido hombre...
Esas palabras hicieron que se levantara de un salto, olvidando el cansancio del combate. Por algún motivo le enfadaron más de lo que debería.
-¡¡No me vengas con esas ahora!! ¡¡Ni se te ocurra decir que por ser mujer, te ganaré!! ¡¡Es como si te burlases de todos mis esfuerzos por ganarte!! ¡¡Prométeme que en el futuro uno de los dos será el mejor espadachín y competiremos por ello!!
"Kuina, no digas que hubieses preferido nacer hombre... porque yo sí que hubiera deseado ser mujer para gustarle a él, aunque eso significara tener menos fuerza..." esos pensamientos asaltaron la mente de Zoro, pero ¿qué significaban? Por más que intentara pensar en ello, su mente se encontraba como si estuviera metida dentro de una nube.
La espadachina sonrió ante el comentario de su amigo, secándose la lágrimas que mojaban sus mejillas.
-Pero si eres malísimo. - se burló y tendió una mano hacía a él. Zoro alzó la suya y se la estrecharon en juramento.
"Ninguno de los dos podrá morir hasta que cumpla su objetivo" se mentalizó el peliverde.
Sin embargo, a la mañana siguiente, se enteró de que no podía ser tan optimista.
-Kuina ha muerto. - explicó un señor mayor que era también alumno del dôjo donde entrenaba, además de amigo del padre. - Cayó por las escaleras del almacén y se golpeó la cabeza.
-Al parecer fue a buscar una piedra para afilar su katana. - comentó otro hombre, al lado del primero.
La lluvia caía fina e incesante, empapándole la ropa y calándolo hasta los huesos. Sin embargo no tenía frío. Notaba como un agua cálida se mezaclaba en sus mejillas junto a la que caía del cielo, y agradeció que eso disimulara que estaba llorando.
Ella había muerto. Su mejor amiga, su rival, la persona que más le importaba en el mundo. Su corazón estaba desgarrado y la expresión de su rostro rígida como en un shock.
Levantaron la tapa del ataúd antes de dipositarla en el foso, para despedirse por última vez de ella y Zoro se obligó a mirarla. Su cara estaba tranquila, como si durmiera plácidamente, pero de repente sus ojos se abrieron de par en par con la vista en blanco, se sentó dentro de su féretro y señalo al peliverde.
-... Zoro... -susurró con una voz de ultratumba - ... Tú me has matado...
El aludido se cayó al suelo de la impresión sin dejar de mirarle. Nadie parecía ver lo que pasaba y seguían llorando y despidiéndose de ella. Acariciaban su pelo y le besaban las mejillas, a pesar de que ella se encontrara levantada, como si eso fuera normal.
-... No es cierto... - gimió él, asustado - ... ¡¡Yo no te he matado!! - gritó cerrando los ojos con fuerza.
Ella hizo ademán de levantarse y salir de la caja que la aprisionaba, pero los brazos de los que allí se encontraban se lo impidieron. Cerraron la tapa y la depositaron en el agujero, pero Zoro aún oía la voz de Kuina.
-... Zoro... Zoro... Tú me has matado... - le seguía acusando ella, mientras echaban tierra encima de su ataúd, ahogando cada vez más sus acusaciones - ...Zoro... Ro... Tú... Matado...
Su voz se apagó definitivamente y la gente se empezó a dispersar. Zoro se quedó mirando la tierra recién removida, intentando oir otra vez a Kuina. Pero ya no se oia nada. Ella había muerto y se había levantado para acusarle y nadie lo había visto ni oido. ¿Tal vez se lo había imaginado? Siguió mirando intranquilo el suelo, y cuando se convenció de que debía de ser eso, una mano salió de debajo de sus pies, agarrándole del tobillo. Su corazón se aceleró hasta tal punto que creyó que le explotaría.
-... Zoro... Tú te vienes conmigo...
CONTINUARÁ
Hola a tods!! Perdonad que haya tardado tanto en subir un capitulo nuevo, y que además sea más corto de lo habitual. Ya se acerca el final de curso, ya entregué los trabajos pendientes y solo me quedan dos examenes, así que aproveché un ratito libre para escribir esto. El sábado ya podré volver a escribir con más normalidad, acabaré las historias que tengo empezadas y empezaré nuevas, que me muero de ganas de que las leais n.n
Bueno, ¿qué os ha parecido? Son solo recuerdos de Zoro, algo modificados, pero aún así espero que os gusten n.n Nos leemos!
