Capítulo 5, ¡Despierta!
Su respiración era entrecortada. Se movía lo más rápido posible, intentando alcanzarle, pero ese hombre era demasiado ágil para él. Todos esos años de entrenamiento... ¿no habían servido para nada? No podía permitir que un loco armado con un cuchillo le derrotara tan fácilmente, pero su fuerza era incomparable con la suya.
"¿Ya estas cansado?" susurró una vocecita en su cabeza. "No puede ser tan superior a mi... " se quejó Zoro para sus adentros. Se adelantó hacia el hombre lanzándole un sablazo, que esquivó y encima le golpeó la nuca con la empuñadura de su arma, haciendo que casi perdiera el conocimiento. Tirado en el suelo se fijó en su alrededor. Estaba en medio del mar, sobre la cubierta de un barco que en unas horas seguramente se iba a hundir. Los piratas y los cocineros contemplaban horrorizados la pelea que se estaba librando.
-¿Cómo puede ser que el cazador de piratas, Roronoa Zoro, no pueda hacerle ni un rasguño? - oyó que murmuraba alguien cerca de él.
-Es el poder que otorga Grand Line. - le contestó otro.
"¿El poder de Grand Line? ¿Qué es eso?" se preguntó Zoro poniéndose en pie de nuevo. "¿Si alguien entra allí se vuelve tan enormemente fuerte?" Le lanzó una mirada fulminante y volvió al ataque. "¡Por esa tontería no puedo perder!"
-¡Tora Gari!
Todos se quedaron en silencio. Sin que le hubiese llegado a rozar si quiera, su oponente le había clavado su cuchillo en forma de cruz en el pecho, a la altura del corazón.
No oyó a nadie... ¿Nadie le apoyaba en ese combate? Miró a su alrededor. ¿Dónde se habían metido Luffy y Usopp? ¿Y Johnny y Yosaku?
"Estoy solo, a nadie le importa si yo muero." La hoja se adentraba cada vez más en su cuerpo. Pudo notar como le arañaba el corazón.
-Apártate. ¿Quieres morir? - le dijo el hombre de mirada gélida.
"Prefiero morir a estar solo..."
-No puedo perder... - le contestó serio, pero con una nota amarga en su voz. - Hice una promesa.
-Vas a perder. - sentenció Ojos de Halcón. La expresión de Zoro no cambiaba, con lo que el otro dejó escapar un breve soplido por la nariz y se retiró despacio. - Esta bien, te has hecho merecedor de morir a manos de mi espada negra, la mejor del mundo. - desenvainó su larga espada con la que unos minutos antes había partido el buque en dos.
"Genial" pensó irónico Zoro. Se puso de nuevo en guardia con sus katanas dividiendo un círculo imaginario en tres partes iguales, y las hizo girar a una velocidad tremenda.
-Sanzen... ¡Sekai! - gritó Zoro cuando Mihawk se le acercó, en su primer y último ataque. De alguna manera, el hombre había vuelto a esquivar todas sus espadas, las partió y aún pudo hacerle un corte en el pecho.
"Es el fin... Suerte que nadie me echará de menos... " envainó su querida espada blanca, su Wado Ichimonji y alzó sus brazos en forma de cruz, sonriéndole tristemente.
-¿Qué haces? - le preguntó el hombre, aún en guardia.
-Una herida por la espalda es una deshonra. - le explicó.
-Como prefieras. - y su gran espada negra partió el pecho de Zoro en dos.
El dolor fue tan intenso que sus pulmones se vaciaron antes de que gritara y su cuerpo se inclinó hacia atrás, precipitándose al agua.
Mientras caia, sus ojos vagaron unos instantes sobre la barandilla alejada del barco de los cocineros. Un chico rubio fumaba tranquilo un cigarrillo, viéndolo caer. No le afectaba en absoluto ver cómo estaba apunto de caer al agua y probablemente, morir también. Es más, cuando sus miradas se cruzaron durante una milésima de segundo, Zoro supo todo lo que pensaba.
"Menudo idiota. Ya sabía que el otro era más fuerte, pero aún así, le retó y perdió. Se merece morir. No es más que un estúpido loco y débil que se hace el gallito. Espero no volverlo a ver."
No entendía por qué, pero el desprecio de ese chico le había hecho más daño que el corte de la espada en sí, y en su interior, también deseo no volver a verle. Después de haber perdido delante de él, se merecía eso y mucho más, aunque su corazón doliera de tristeza y rabia.
El agua fría y salada contra su cuerpo caliente, sudoroso y herido, hizo que perdiera las últimas fuerzas que le quedaban, hundiéndose en la oscuridad de ese mar. El dolor de la herida, de su corazón, el escozor que provocaba el agua salada en sus cortes y la falta de aire le hicieron empezar a delirar en poco tiempo. Recordaba cosas lejanas, duras peleas en las que casi moría y las ganas de estar cerca de él.
"¿Quién es él?" Un rostro difuso se dibujó en su mente. Recordó su olor a tabaco, la cantidad de veces que habían peleado juntos y también entre ellos. Su pelo rubio que aún no había alcanzado a tocar, esas extrañas cejas con las que se metía a menudo.
"Sanji…" recordó por fin. Sonrió triste para sus adentros. "Bueno, mejor así, ¿no? Sé que nunca me hubieras correspondido… Es mejor que desaparezca… Que muera…"
Un fino pañuelo rojo ondulante oscurecía poco a poco los rayos del sol que se filtraban a través de las corrientes marinas. Quiso alzar la mano, para coger esa tela, ese pañuelo, pero se le escapó entre sus dedos. Era su sangre mezclada en el agua, que teñía un ancho camino por donde pasaba su cuerpo. La mano volvió otra vez hacia abajo, sin fuerzas, y la otra, que sujetaba la katana, se abrió lentamente, haciendo que cayera más rápida, hacia el oscuro fondo.
"Lo siento Kuina... Me voy a reunir contigo pronto... o eso espero..." las lágrimas de pena y frustración escaparon invisibles de sus ojos, y tosió una gran cantidad de sangre y burbujas.
"El pecho... duele... no tengo aire... Nadie viene a por mi… estoy solo… Sanji… voy a morir…"
Sus ojos se cerraron por fin y el agua inundó sus pulmones, aunque su mente continuó funcionando, mostrándole los deseos que no había logrado alcanzar. No podría ni siquiera morir en silencio y en paz.
-Chico... despierta... chico... - una voz le llamaba, pero no la reconocía. - Despierta, por favor. - le pidió insistente.
Sus ojos se entreabrieron pesadamente, poniendo toda su fuerza y concentración en ello. A su lado, bajo el agua, estaba Sanji. ¿Qué hacía él ahí? Pero después vió su larga melena negra y su kimono rojo ondeante y supo que no era él.
-Escúchame, tienes que despertarte. - le pidió la chica, sujetando su cuerpo para que no se hundiera más en la oscuridad. - Tu amigo, Sanji-san, está a punto de morir, y si no despiertas, tus recuerdos te matarán a ti también. - Zoro le miró sin entender muy bien. - ¡Tienes que levantarte, por favor! ¡Tú eres fuerte y además eres el único que puede salvar a Sanji-san en este momento! ¡Despiértate!
"¿Sanji... está a punto de morir? ¿Cómo me conoce, cómo sabe el nombre de Sanji?" Pero eso no importaba en ese momento. Él podía morir, pero antes debía salvar a su rubio. Si no, no se lo perdonaría nunca.
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Su cuerpo dormido se levantó en el suelo de la lúgrube sala. Tenía los ojos en blanco, pero al recuperar la consciencia, parpadeó, mostrando sus hermosos y brillantes iris negros. De repente tosió fuertemente, cogiendo aire. Al parecer, cuando en su sueño dejó de respirar, su cuerpo real también dejó de hacerlo. Se sujetó el pecho con ambos brazos, recuperando la respiración normal y también se percató que la vieja herida que le había provocado Mihawk se había abierto, aunque superficialmente. ¿Tan poderosa era su mente, como para provocarle eso?
-Menos mal que has despertado. - suspiró aliviada una chica a su lado. Era la misma chica que le había despertado en sueños y en su rostro ahora se reflejaba alivio e inquietud. - Rápido, ve a la sala de allí al fondo. Mi amo está matando a Sanji-san, tienes que salvarle.
Zoro se incorporó pesadamente, sujetándose las costillas que antes le había partido aquel hombre.
-¿Cómo me conoces? ¿Y qué sabes de Sanji? - le preguntó molesto. No le gustaba la idea de que una completa desconocida supiera de él y de su nakama.
-No hay tiempo para eso ahora. - le apremió, incorporándose pesadamente ella también. - Ve rápido a salvarle.
El espadachín le dedicó una última mirada, esta vez preocupada. Esa chica parecía haber hecho un gran esfuerzo y se tambaleaba, pero se dio la vuelta. Aunque le hubiera salvado la vida a él, no podría perdonarse a sí mismo si moría Sanji.
Hechó a correr hacia donde le había señalado la chica, y al encontrar la puerta oscura, la hecho abajo con el Sanjûroku Pondo Hou. Entró de un salto y lo que vió casi le detiene el corazón del miedo y la rabia.
Aquel hombre que le había dejado inconsciente antes se encontraba encima de Sanji, mortalmente pálido encima de una cama de sábanas rojas.
"Sabanas rojas…" recordó Zoro el sueño que había tenido justo antes de bajar en aquella isla con Sanji.
-Vaya, no me esperaba esto. Algún mosquito molesto te habrá ayudado, ¿no? - dijo el vampiro, alzándose de encima del cuerpo del desmayado cocinero. Se limpió un hilillo de sangre que chorreaba de su boca con el dorso de la mano, despreocupado, y avanzó hacia Zoro, que le miró con el odio más grande que había sentido nunca. Le mataría, mataría a ese bastardo con sus katanas, de eso no le cabía duda.
-No te lo perdonaré nunca… - susurró lleno de rabia el espadachín. De su cuerpo empezó a emanar un aura de color morado y en sus ojos apareció un brillo rojizo. - Ni aunque al final no muera ninguno de mis nakama, no te perdonaré lo que nos has hecho.
El hombre le miró desafiante, mostrando tranquilidad, pero aquel chico daba mucho miedo. No podía creer que él, un vampiro, tuviera miedo de un simple mortal, pero su instinto le decía que algo no iba bien y que era peligroso.
-Ja… No me importa si me perdonas o no. - le habló con el tono más mordaz y decidido que pudo. - Total, vas a morir ahora, y a tu amigo, ya no le queda mucho tiempo. - después de eso empezó a reír escadalosamente, echando la cabeza hacia atrás. No se dejaría intimidar.
-Calla… Ruidoso… - se ató el pañuelo negro en la cabeza y desenvainó sus espadas, poniéndose en ataque. - El único que va a morir eres tú.
Y dicho esto, pasó tan velozmente a su lado, que ni siquiera le dio tiempo a reaccionar. El vampiro le miró sorprendido. Le había parecido ver por unos instantes que ese chico tenía seis brazos y tres cabezas, y cuando abrió la boca para hablar no pudo.
Sus cuerdas vocales se habían seccionado. Se tocó el cuello, frustrado, pero sus manos se habían desprendido de sus brazos, y poco a poco, su cuerpo se fue cayendo a trozos, tal como había pasado cuando Zoro cortó a Buggy, con la diferencia en que él no se podía rearmar.
Zoro miró con ojos gélidos el montón de carne tirada en el suelo y clavó su Sandai Kitetsu en el trozo que contenía el corazón. El vampiro se convirtió en polvo, que se esparció por la sala, creando un torbellino, y luego desapareció.
-Ha muerto demasiado rápido para todo lo que nos ha hecho. Tendría que haberme contenido y haberle hecho sufrir más. - se quejó Zoro con una voz carente de emociones. Pero recordó a Sanji y se encaminó corriendo hacia él.
De repente el suelo tembló brutalmente, tirando al suelo al espadachín, y se abrió un boquete en el suelo que empezó a tragarse todo lo que había a su alrededor.
Zoro se incorporó deprisa y miró a su alrededor. Las paredes del castillo también se estaban cayendo a pedazos y al mirar a Sanji, vió como el agujero en el suelo se había hecho tan grande que la cama en la que se hayaba acostado estaba a punto de caer. El espadachín se lanzó hacia el rubio inconsciente, pero un cascote le cayó en la cabeza, aturdiéndolo.
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La tapa de cristal de los ataudes se había roto, liberando a la tripulación de Sombrero de Paja. Todos cayeron al suelo y despertaron con el choque.
-Ay, ay, ay… ¿Qué ha pasado? - preguntó Nami, frotándose las rodillas con las que absorbió el impacto contra el suelo.
-¡¡¡AUUUuuu…!!! - se quejó Usopp, al partirse la nariz en varios trozos. No tiene mucha suerte con ella, que digamos…
-No recuerdo nada de lo que pasó después de que entraramos en el burdel… - reflexionó Robin en voz alta.
-Zzzz…
Todos miraron al capitán. "Los golpes no le afectan para nada…" pensaron sus nakama, al ver como dormía todavía tan plácidamente.
-… Teneis… que huir… - les pidió una chica de kimono rojo y mariposas negras. - Este sitio es peligroso… se va a derrumbar en cualquier momento…
La chica se derrumbó en el suelo, a punto de perder la conciencia.
-¡¡Uahh!! ¡¿Estas bien?! - le preguntó Chopper muy nervioso. - ¡¡Un médico!! … ¡¡Pero si soy yo!!
Se acercó a la chica y la incorporó, pero ella se deshizo de él.
-Teneis que huir… Luffy… despertadle, por favor…
Nami le miró con desconfianza, pero un temblor en el suelo le dio a entender que la situación no era para tomársela a la ligera, y le sacudió una patada al capitán.
-… Tengo hambre… - se quejó el chico, medio dormido aún.
-¡¡Luffy!! ¡Despiértate, idiota! ¡Tenemos que salir de aquí!
-¿Ehhh…? - miró con los ojos entrecerrados la estancia y al ver la chica del kimono se espabiló del todo, levantándose de un salto. - ¡Yume! ¿Estas bien? - le preguntó preocupado acercándose a ella.
Yume hizo un esfuerzo para levantarse sola, pero cayó en brazos de Luffy (NdY: Perdonadme, fans de Luffy… ;; ).
-Estoy bien… - dijo entre jadeos - No te preocupes por mi…
-Aquel hombre te hizo daño, ¿verdad? Seguro que siguió torturándote después de que yo me desmayara - en su voz se notaba rabia contenida - ¡Le pienso mandar volando por los aires ahora mismo!
Yume se separó de él, sonriendo con esfuerzo.
-No hace falta… Tu amigo… el espadachín ha acabado con él… Es por eso que el castillo se derrumba. No es más que una ilusión que se mantenía porque él quería… Al desaparecer él, el castillo se irá abajo…
Un nuevo temblor los tiró al suelo, junto con la pared del fondo de la estancia, que daba a la habitación donde estaban Sanji y Zoro.
Y lo que vieron les dejó sin respiración.
Un agujero enorme en el suelo había hecho desparecer casi toda la estancia, y Zoro se lanzó por él.
-¡¡¡ZORO!!! - gritó Luffy. Todos se quedaron en estado de shock, pero el Sombrero de Paja se acercó hasta el límite del boquete y estiró su brazo derecho.
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Después del golpe en la cabeza, el espadachín se levantó igual. Le dolía todo el cuerpo ya, un poco más no le afectaba en absoluto. Con su katana partió los cascotes que le impedían el paso, pero cuando ya estaba casi a punto de agarrar el cuerpo de Sanji, un temblor lo volvió a tirar al suelo. El agujero se abrió más y el rubio cayó por él y Zoro no dudó ni un momento en ir tras él.
"No puedo dejar que mueras tú solo…"
Sus brazos rodearon el cuerpo del rubio mientras caian y lo abrazó contra sí.
"Sé que tú no me quieres a mi… perdóname… pero al menos quiero morir contigo"
Hundió el rostro en el hombro derecho del rubio, sintiendo el olor de tabaco impregnado a su ropa, y el olor de la sangre de la pequeña herida del cuello, y le abrazó con más fuerza.
-Perdona… que no llegara antes…
-¡¡¡ZORO!!! - gritó una voz familiar para él. Una mano les rodeó la cintura a los dos y sintió como la caida se frenaba un poco.
Arriba, Nami reaccionó deprisa al ver que el peso de los dos chicos estaba podiendo con Luffy, ya que él no se había agarrado a nada y el suelo era resbaladizo. Su pie rozó el borde y se requebrajó.
-Uarghhh… - exclamó el chico de goma, al sentir que iba a caer él también, pero un montón de brazos le sujetaron y tiraron de él. Sus nakama le sujetaban por todos lados. - Chicos…
-Luffy… si caes, todos iremos contigo… pero si los traes de vuelta, ¡volveremos a navegar todos juntos! - le animó Nami, abrazada a su cintura y esbozó una sonrisa.
Luffy sonrió también, contento de tener unos compañeros tan fieles y buenos. Si no estaban todos, no valía la pena conseguir el One Piece él solo.
Su brazo se encogió, trayendo de vuelta a los dos nakama, y Yume, haciendo acopio de sus últimas fuerzas los teletransportó hasta el barco.
-¡¡Yume!! - gritó el joven capitán.
"Tranquilo, no te preocupes por mi. Una vez se mata al vampiro maestro, los discípulos también mueren al cabo de poco. Espero que te vaya bien en tu viaje." La voz de la chica se apagó en la cabeza de Luffy y de repente se encontró en el Going Mery, enmedio de un tempestad.
Zoro llevó a Sanji hasta el camarote de los chicos junto con Chopper y se encerraron varias horas, tratando de reanimar al cocinero. En una ocasión necesito que bajara también Usopp, y el resto de la tripulación se las arregló para salir de la tempesta y ponerse en ruta de nuevo, aunque temerosos por el destino de Sanji.
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Chopper salió del camarote, secándose el sudor de la frente y se encontró con sus nakama ansiosos por saber cómo estaba Sanji. Zoro y Usopp se habían quedado dentro, pero el tirador asomó la cabeza por detrás de Chopper. Era mejor dejarles a solas.
-Sanji… - la voz le temblaba, y rompió a llorar. - Está bien, solo necesita reposar un poco. Las transfusiones de sangre de Zoro y Usopp le han salvado.
-¡¡BIEN!! - estallaron de alegría Luffy y Nami, y Robin suspiró aliviada, esbozando una sonrisa.
-¡¡Muajaja!! Y todo gracias a mi perfecto plan y a mi indispensable ayuda. ¡¡Ya me podeis ir llamando "El Gran Capitán, Usopp-sama"!! - dijo lleno de orgullo, pero de repente cayó al suelo sin fuerzas.
-¡¡Usopp!! ¡¿Estas bien?! - preguntó Luffy alarmado.
-Jo… qué débil se queda uno después de perder tanta sangre… - se quejó con el rostro pálido.
-¿Y Zoro? ¿Cómo está? - perguntó Nami, preocupada por él por una vez.
-Bien, también perdió bastante sangre, pero se empeñó en donar también de la suya. Nunca lo había visto tan nervioso… - se quedó pensativo.
-No te preocupes, es normal, ¿no creeis? - sonrió Robin misteriosamente.
-¿Eh? - preguntaron los chicos todos a la vez, pero Nami sabía qué había querido decir.
-Ya lo sabreis algún día… supongo… - se quedó pensativa la navegante también.
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Pasaron tres días hasta que Zoro se despertara. Se había quedado inconsciente cuando Chopper le había asegurado que Sanji saldría de esta. Y lo primero que buscó cuando despertó fue al rubio.
-Sanji… - se acercó a él con esfuerzo. Sus músculos le dolían como si tuviera agujetas, al igual que la cabeza. Todo provocado por la falta de sangre.
El rubio dormía en el sofá con una manta encima. Su respiración era normal, aunque aún estaba bastante pálido. Le acarició la frente, apartando el flequillo de sus ojos, pero enseguida volvieron a cubrirse. Suspiró aliviado. Desde que había caido inconsciente después de llegar al barco, sus pesadillas habían continuado, aunque estas no eran nada comparadas con las que le provocó el vampiro.
-Espero que tú al menos no tengas malos sueños… - le susurró casi inaudible. Se sentó de rodillas en el suelo a su lado y buscó la mano de Sanji bajo la manta, tan cálida y suave. Apoyó la cabeza en el borde del sofá y se quedó dormido de nuevo a su lado.
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Los siguientes días pasaron tranquilos, aunque Zoro no hacía más que asomar la cabeza por el camarote para ver si Sanji ya había recuperado la consciencia.
Durante unos días, los tripulantes del Sombrero de Paja tuvieron que apañarse sin su cocinero y turnarse las comidas. Pero todos lo sabían, Sanji era el único que podía hacer maravillas en ese barco con cualquier cosa, por incomible que fuera.
Por fin, a la semana, Sanji despertó. No había nadie a su lado y eso lo tranquilizó un poco aunque también le dio un poco de pena.
Pena porque parecía como si no fuera importante para los demás y lo dejaban ahí solo, pero le alivió poder tener un momento a solas para pensar un poco en lo ocurrido.
Zoro… ¿Cómo haría para tratarle con la normalidad de siempre? Los días en que los dos se peleaban por cualquier tontería habían terminado, ya que ahora conocía sus sentimientos. Pero, ¿y él? ¿Qué sentía por Zoro?
Alzó una mano con un poco de esfuerzo. Tenía los músculos agarrotados, y palpó su chaqueta, colgada cerca de él. Necesitaba un cigarrillo urgentemente.
-Oye, ¿nada más te despiertas y ya quieres fumar?
Zoro entró en la habitación, con el pelo húmedo y sin camiseta. Se había ido a tomar una ducha después de haberse pasado desde la cena del día anterior a su lado. Con una toalla se secaba el pelo y Sanji pudo notar el olor del champú esparciéndose por la habitación.
El peliverde se acercó al cocinero, levantó la chaqueta y extrajo el paquete de cigarrillos y el mechero. Sanji se encontró con el pecho desnudo de Zoro muy cerca de su cara y un cosquilleo recorrió su estómago. Se fijó en las tetillas rosadas y endurecidas, en la cicatriz que cruzaba su pecho de arriba abajo, sus pectorales tan trabajados, sus pequeños rasguños y cicatrices apenas visibles. Su corazón se aceleró y temió que el espadachín se diera cuenta, pero este le entregó un cigarrillo, que colocó en sus labios y se lo encendió.
Sanji pegó una larga calada, disfrutando del sabor a tabaco desde hacia tanto tiempo e intentó no fijarse demasiado en su compañero, que ahora buscaba una camisa en el armario.
-Has estado durmiendo una semana. - le informó Zoro, sin darse la vuelta. Estaba un poco nervioso. ¿Se acordaría de lo que le dijo el vampiro antes de caer dormido? Esperaba que no, pero la duda le reconcomía - Oye, ¿te acuerdas de algo de lo que pasó en la isla?
Sanji se incorporó en el sofá, serenándose tanto como pudo. Hizo de su rostro una máscara y con voz que fingía sorpresa le preguntó:
-¿Quién eres tú?
El espadachín se volteó a mirarle, boquiabierto.
-¿…Qué?
-No sé quién eres. Y además, ¿dónde estoy?
CONTINUARÁ (¿o no?)
Biennnnnnnnnnn!!! Perdonad la espera! De verdad lo siento mucho, mucho! En este mes de julio, entre las salidas con mis amigas y que me castigaron sin ordenador hasta fin de mes, no he podido escribir nada. Perdonadme! Tenía unas ganas terribles de terminar este fic!
Bueno… ¿continuará o no? Lo he puesto para hacerme la interesante, pero es que el siguiente capítulo de esta historia ya no será de La Isla de los Sueños. Voy a tener que empezar otro fic con otro nombre que será la continuación de este, porque este título ya no tendría sentido en lo que voy a escribir. Esperad hasta entonces y esta vez no digo fechas porque no sé qué va a pasar con el ordenata ni si me van a castigar de nuevo, etc…
Espero que hayais disfrutado con esta historia. Muchas gracias a todos los que me dejais comentarios, hacen que tenga más ganas de escribir. Disculpad si cometo alguna falta de ortografía, si me forma de narrar es un poco lenta y aburrida o si me salto cosas en las que vosotros hubieseis querido que profundizara. Me podeis avisar en las reviews y a partir de ahora las contestaré todas en mi profile.
Ya está todo dicho, nos vemos pronto o eso espero. Cuidaos!
