Aquí me tienen de nuevo, esperando que la estén pasando bien leyendo la historia que escribo para quien quiera leerla. Antes de continuar creo que debo hacer la aclaración de que la mayoría de los nombres de los nuevos elegidos son invenciones mías, o sea, que es poco probable que existan de verdad. Eso sólo fue para propósitos de la historia (como seguro se darán cuenta pronto), así que espero que me comprendan. Por lo demás, creo que estoy siéndole bastante fiel a las cosas de Digimon (a excepción de uno que otro personaje inventado), por lo que me dejo de aclaraciones y paso a lo que vinieron a leer.
Capítulo II: Viviendo la vida de alguien más.
Lo que tenía que hacer Mak, luego de dejar la reunión con sus amigos en el parque Digital, era ir a su casa a petición de su padre. Tenía que llegar a su departamento en media hora, lo cual la ponía nerviosa si se considera que para llegar a la reunión desde su casa le había llevado casi una hora. No entendía porqué su padre le había pedido que estuviera a las nueve en punto en su casa, siendo que la mayoría de las veces no le restringía el horario de llegada cuando salía. En fin, pensó que pronto lo averiguaría, así que para no perder tiempo en el subterráneo tomó un taxi y le dio la dirección. En quince minutos estuvo frente al edificio donde vivía.
-¡Pap�, ya llegué! –anunció cinco minutos después, al entrar precipitadamente a su departamento, luego de correr tres largos tramos de escaleras y abrir la puerta con cierta dificultad por las prisas -¿Dónde estás?
Nadie le contestó. Fue entonces que encontró una nota garabateada a toda carrera con la caligrafía de su padre.
-Tuve que ir al aeropuerto de emergencia –leyó la chica lentamente –volveré pronto, pero cena sin mí y duérmete. Papá –Mak dejó la nota donde la había dejado y se quedó muy pensativa. ¿Porqué le había ordenado su padre llegar temprano si no iba a estar¿Para qué habría tenido que ir al aeropuerto¿Y porqué si iba a volver pronto le ordenaba que cenara sin él y se durmiera?
-No tenía ganas ni cabeza para indagarlo. Lo único que ocupó sus pensamientos mientras cenaba era cómo le iba a decir a Tan que sus amigos iban a regresar a sus países de origen. Hasta Haki tenía que regresar a Hong Kong, aunque lo de él era por un enredado problema de migración que había existido desde el siglo veinte, cuando Hong Kong dejó de ser propiedad de Gran Bretaña en 1997. Haki les había explicado a sus amigos todo lo que sabía acerca de los motivos de su partida: que sus padres eran ciudadanos de Hong Kong pero que el gobierno se había enterado hacía poco que en realidad no habían nacido allí, sino en Japón, por lo que la nacionalidad de Haki estaba en dudas y el chico tenía que regresar para un complicado proceso legal, el cual era aún más complejo por el hecho de que Haki fue adoptado por japoneses. Mak se quitó a Haki de la cabeza un momento, ya que en realidad no entendía del todo las cuestiones diplomáticas (y para ser franca, muchos de nosotros tampoco¿verdad?) pero lo que sí le quedaba claro era que si además de ella y sus amigos, también se iba su hermano adoptivo, Tan se sentiría muy sola. Más de lo que cualquiera pudiera imaginarse.
A Mak empezó a dolerle la cabeza de tanto pensar en el asunto, así que se fue a dormir sumamente agotada y pensando que lo que le esperaba al día siguiente: un largo viaje al lugar donde trabajaba Tan, en Hikarigaoka, y darle la magnífica noticia. No se arrepentía de haberse ofrecido a hacerlo, pero durante varios minutos antes de quedarse dormida no quiso imaginarse la cara de su amiga cuando por fin se lo dijera: Tengo que irme de Japón, Tan. Y no soy la única...
Al mismo tiempo, en algún lugar de la red de Internet, las tres figuras que habían enjuiciado a Destinymon y a Tan estaban debatiendo un asunto en especial importante. Lo cierto es que ni ellos sabían lo que buscaban o lo que tenían que encontrar, pero lo que era seguro es que no querían que Taniko Kamiya lo encontrara.
-Ese emblema tiene que aparecer –dijo la voz seria y fría que había presidido la depuración de Destinymon y Tan –eso es seguro. La pregunta es dónde. Lo hemos buscado en todas partes.
-Quizá no en todas –dijo la voz con dejo de burla -¿Recuerdan ese vórtice que Keiko Ichijouji usó en una ocasión, cuando era mala y decía ser la Emperatriz de los Digimons?
Las otras dos figuras se miraron entre sí. Un vórtice generado de energía maligna no era precisamente el mejor lugar para esconder un emblema¿pero qué otras opciones tenían? Ya habían buscado en todas la dimensiones a su alcance. Incluido el Mar de las Tinieblas.
-No es una muy buena idea –dijo al cabo de unos segundos la voz que sonaba como de mujer –pero para lo que sí es buena idea es para la sentencia final en contra de la elegida del valor y la digimon guardiana del destino. Porque si no me equivoco, ninguna de las dos va a querer involucrar a seres inocentes en sus problemas. Son muy parecidas.
Las otras dos figuras asintieron con conformidad.
-El vórtice aún existe –informó la voz seria y fría –así que no hay ningún problema por ese lado. Y quizá no tengamos que preocuparnos por el emblema después de todo. Si la depuración continúa según lo planeado, no habrá necesidad de seguirlo buscando.
Los otros dos encapuchados asintieron.
-Sólo una cosa más –dijo la voz con dejo de burla -¿Están seguros de que ninguna de las dos será advertida de nuestras intenciones? Porque eso podría provocar que se enteraran de la verdad. Y eso, no necesito decirlo, nos traería problemas muy serios.
-De eso me encargo yo –dijo la voz que parecía de mujer –le seguiré los pasos a Taniko Kamiya mientras esté en el Digimundo, día y noche si es necesario, pero me aseguraré de que nadie le diga algo que no queramos que sepa.
Las tres figuras pusieron sus manos al centro para juntarlas, dejando ver que sus manos eran oscuras, de largos dedos y negras uñas afiladas. Aquella seña, que sin lugar a dudas era una especie de juramento, se deshizo pronto y el trío se desvaneció en direcciones diferentes. Seguirían con su búsqueda mientras transcurría la semana de plazo que tenían Tan y Destinymon, pero sólo como un mero formalismo. Ahora tenían la plena seguridad de que lo que buscaban nunca aparecería si sus planes seguían como hasta ese momento y cada uno por su lado se aseguraría de que así fuera.
A la mañana siguiente era lunes. En vacaciones de verano no es mucho problema, pero para alguien como Destinymon, que para empezar ni siquiera era un ser humano, esa mañana de lunes fue el inicio de su semana de comprobación, una semana que le enseñaría, entre otras cosas, que la vida de una chica de quince años no era nada sencilla.
-¡Tan, ya levántate! Llegarás tarde al trabajo.
Destinymon empezó a despertar lentamente. ¿De quién era esa voz que llamaba a Tan?
-¡Tan, si no te levantas en cinco minutos, tu padre no va a llevarte a Hikarigaoka!
-¡Ah, sí, ya lo recordaba! Era la madre de Tan. ¿Qué le había dicho su amiga que hacía en estas vacaciones, antes de que se les atravesara lo de la depuración? Era algo acerca de una tienda de música, pero no conseguía recordar el resto...
-Taniko, levántate –murmuró Haki medio dormido, desde su cama –así mamá dejará de gritar.
Destinymon obedeció lo más deprisa que pudo, recordándose una y otra vez tengo que ser como Tan, tengo que ser como Tan y buscando en el armario algo de ropa, hasta que se dio cuenta de que Tan había dejado sobre una silla una especie de bata azul con un logotipo amarillo, abajo del cual un ideograma japonés decía Tienda Departamental Hikarigaoka. Se puso ropa parecida a la que llevaba Tan el día anterior, un pantalón de mezclilla azul oscuro y una blusa blanca, su habitual banda azul en la frente, se peinó un poco, tomó la bata y salió de la habitación. Al principio caminó lentamente, sin saber a dónde dirigirse, pero de pronto volvió a escuchar la voz de la señora Kamiya, esta vez hablando con su marido en voz baja, y supo hacia dónde ir.
-... por eso hay que decirle –decía la mujer –Luego será peor para ella.
-Lo sé – contestó el señor Kamiya –pero podemos esperar un poco más. Haki aún está aquí.
-Destinymon frunció el entrecejo. ¿Qué quiere decir exactamente eso de que Haki aún está aquí, se preguntó. Luego, sin esperar a que la llamaran otra vez, apareció en el comedor.
-Buenos días –dijo con voz soñolienta -¿qué hay de desayunar?
Los padres de Tan le sonrieron mientras ella se sentaba. Destinymon sabía que una de las primeras preguntas que Tan hacía por las mañanas era ésa, ¿qué hay de desayunar?, por lo que la había usado para no levantar sospechas.
-Omelet, tu favorito –le informó la señora Kamiya -¿tienes tiempo de comértelo?
Destinymon asintió, por lo que la señora Kamiya le sirvió el desayuno y la digimon, recordando la forma de comer de los humanos, engullió el desayuno lo más educada que pudo.
-Gracias por el desayuno –le dijo a la señora Kamiya cuando terminó –estuvo delicioso.
-Eso dices siempre –le recordó la señora Kamiya –ahora lávate los dientes antes de irte.
-La digimon asintió, se puso de pie de un brinco y se dirigió al baño. Entró en él y tomó el primer cepillo de dientes que encontró. Ya iba a usarlo cuando Haki entró casualmente.
-¡Perdón, Taniko! –se disculpó. Se quedó viendo el cepillo que Destinymon había tomado y le dijo -¿Todavía andas dormida? Ése es mi cepillo de dientes.
-¡Ah, perdón! –Destinymon dejó aquel cepillo en su lugar –Ando algo distraída.
Haki soltó un suspiro, tomó otro de los cepillos y se lo dio a la que creía su hermana.
-Éste es el tuyo, el rojo –le dijo y salió de allí –y apúrate porque necesito el baño.
Destinymon asintió y procedió a lavarse los dientes. Diez minutos después ya estaba en el auto del señor Kamiya rumbo a Hikarigaoka, con la bata de la tienda departamental en las manos y oculto en uno de sus bolsillos, el D-10 de Tan. Era un digivice mucho más avanzado que los D-3, pues tenía una gran variedad de funciones, pero la razón por la que lo traía era porque era la única forma en la que ella y Tan podían comunicarse, aunque fuera por unos minutos. Era un alivio que los Superiores no supieran de su existencia.
-Ya llegamos –anunció el señor Kamiya, deteniéndose frente a un alto edificio gris con el tipo de ventanas que parecen espejos desde el exterior –trata de no agotarte, hija.
-De acuerdo –contestó Destinymon, recordando de pronto que Tan siempre se despedía de su padre con un beso en la mejilla. Se lo dio al señor Kamiya rápidamente y bajó del auto -¡Adiós!
El señor Kamiya agitó una mano en señal de despedida y se fue. Mientras, Destinymon entró al edificio, buscó en los bolsillos de la bata azul mientras se la ponía y encontró un gafete con la foto de Tan y algunos ideogramas que decían Empleada Taniko Kamiya. Departamento de Música. Se puso la identificación y al estar en el interior del edificio, se maravilló de la construcción, que tenía tres elevadores en el centro formados por tres cilindros de material transparente, bancas por todas partes donde los compradores podían sentarse a descansar y cada nivel del edificio tenía vista a donde estaban los elevadores. Destinymon dejó de admirar el paisaje y encontró cerca un plano holográfico de la tienda, con el que supo que el Departamento de Música estaba en el cuarto nivel. Se metió a un elevador junto con unas señoras parlanchinas y un niño acompañado de su padre y en segundos estuvo en el cuarto nivel. Pero a continuación se paró en seco, pues no supo hacia dónde ir. En eso una voz severa bramó a su espalda.
-¡Kamiya¿Se da cuenta de la hora que es¡Tiene cinco minutos de retraso!
Destinymon se encontró con una mujer de cabello castaño y expresión amenazadora.
-Lo siento –se disculpó la digimon, sin saber qué más podía hacer –no me di cuenta.
-No importa, no importa –espetó la mujer, pasando junto a ella y entrando al elevador –ahora vaya a los mostradores de discos, Kamiya. La necesitan allí con urgencia.
Dicho esto las puertas transparentes se cerraron y el elevador empezó a bajar. Destinymon se alejó de ahí y caminó velozmente por el nivel hasta que encontró los mostradores de discos. Entró a aquel lugar y de inmediato supuso cuál era la urgencia. Había montones de cajas en la entrada que no dejaban pasar y la clientela tenía que hacer de todo para poder ver los discos que quería.
-Buenos días, Tan –la saludó un muchacho de cabello castaño claro y ojos azules, moviendo la mano en señal de bienvenida –llegas justo a tiempo.
Destinymon sonrió y rápidamente buscó con la mirada la identificación de aquel muchacho. Empleado Shingo Tsukikawa. Departamento de Música, decía.
-Hola, Shingo –saludó la digimon -¿cuál es el problema?
-Es que acaban de llegar los nuevos discos de Estados Unidos y no sabemos qué caja es de qué género –le explicó Shingo –Tú sabes inglés, Tan. ¿Podrías traducirnos lo que dicen las etiquetas, por favor? Así podremos abrirlas y acomodarlas donde van.
Destinymon trató de no poner cara de susto. ¿Tan sabe inglés?, se preguntó, ¿y qué es eso?
-Bueno, voy a tratar –dijo lentamente. Se acercó a una de las cajas y miró la etiqueta. Música rock, leyó sin dificultad mentalmente, y entonces se acordó de qué era el inglés. Era uno de los tantos idiomas que los humanos hablaban y que ella dominaba a la perfección –ésta es de música rock –dijo en voz alta, señalando la caja.
Shingo le sonrió de una forma muy rara, como con demasiada alegría.
-Así se hace, Tan –le dijo, abriendo la caja con una pequeña navaja –ve traduciendo las demás.
Destinymon asintió y sin que nadie la viera, soltó un suspiro de alivio. Esperaba que ser como Tan no fuera más difícil que hasta ahora. Aunque de eso no estaba totalmente segura.
Mientras tanto, en el Digimundo, a Tan no le iba ni mejor ni peor. En primer lugar, fue algo raro para ella dormir en la cima de una montaña, que era donde Destinymon tenía su hogar (para ser más exacta, el hogar de la digimon guardiana del destino estaba en una especie de templo griego antiguo en la cima de la montaña Mugem, en la isla File) sin estar rodeada de las cosas que conocía. En segunda, la sorprendió mucho el pequeño ser que la despertó en la mañana.
-Buenos días, Superiora –saludó aquella cosa, a la que Tan no le halló forma al principio por tener los ojos medio cerrados -¿Cómo est�?
Tan había dado un respingo y le había pedido explicaciones. El ser, que parecía más el fantasma de un niño de once años que cualquier otra cosa, no se inmutó en lo más mínimo al ver a Destinymon nerviosa y un tanto extrañada por su presencia.
-Soy su nuevo acompañante, Superiora –respondió, haciendo una reverencia –el digimon fantasma, Ghostmon. A su servicio.
Tan frunció el entrecejo.
-¿Ghostmon? –repitió sin entender -¿Mi nuevo acompañante?
-Así lo dispusieron los Superiores hace poco –dijo el pequeño digimon sin alterarse –acabo de renacer y como soy el único de mi tipo, como usted, pensaron que el mejor lugar para mí era éste.
Tan miró al digimon bajo una luz nueva. Destinymon ya le había dicho lo sola que había llegado a sentirse porque no había en el Digimundo nadie como ella. Y ahora, justo cuando ella no estaba, aparecía el único digimon que quizá la comprendiera.
-¿Acabas de renacer? –le preguntó amablemente al ser -¿y cómo eras antes?
Ghostmon se encogió de hombros sin quitar la seriedad de su rostro.
-No sé –dijo sin ánimo –esa parte de mi memoria está borrada. No recuerdo nada.
Tan puso una mirada tan triste, que Ghostmon trató de sonreír.
-No le dé importancia, Superiora. A mí no me importa –confesó, moviendo una translúcida mano de un lado para otro –si era bueno, pienso seguir así. Pero si acaso era malo, quisiera que usted me enseñara lo contrario.
-En ese caso, ven conmigo –sonriendo, le tendió la mano al tiempo que se concentraba en desplegar las alas de Destinymon –te mostraré todo el Digimundo.
El digimon dudó, lo que hizo que Tan pensara en que no había hecho algo bien. Pero que yo recuerde se dijo Destinymon es amable con todos los que se encuentre.
-¿Qué pasa? –se atrevió a preguntarle al digimon -¿Dije algo malo?
Ghostmon negó apresuradamente por la cabeza y de no ser porque a través de él podía verse el horizonte con bastante claridad, Tan hubiera podido jurar que se había ruborizado.
-Es que ya había oído que era usted muy buena –murmuró a modo de disculpa –pero nunca creí que todo lo que decían de usted fuera cierto.
Tan escuchó aquello y sin querer, se echó a reír. Sabía que lo que acababa de decir Ghostmon no era nada nuevo, pero sabía que a Destinymon nunca se lo habían dicho. En tanto, Ghostmon la ojeó con atención, tratando de comprender mejor a quien tenía enfrente.
-¿No le dicen eso con frecuencia, verdad? –observó.
-Para serte sincera, es la primera vez que lo oigo –contestó Tan, lo que era verdad. Luego de reponerse de su ataque de risa, volvió a tenderle la mano a Ghostmon –Y ahora vámonos, que quiero mostrarte el lugar. Si dices que tienes tu banco de memoria en blanco, intentaré llenarlo.
Finalmente Ghostmon le dio la mano, al principio lentamente y luego, al ver que la que él creía Destinymon apretaba su manita con fuerza, él también apretó la mano que lo sujetaba. Entonces Tan, concentrándose mucho, agitó las blancas alas de su amiga digimon y remontó el vuelo. No podía creer que fuera algo tan simple y que además se sintiera tan bien. Le echó un vistazo a Ghostmon y vio que el digimon le tomaba fuertemente la mano, como con miedo. Le preguntó con cierta curiosidad.
-¿Porqué me aprietas tanto la mano?
-Es que... es la primera vez que agarro algo sin atravesarlo –contestó el digimon con cierta timidez –hasta hoy, cualquier cosa que quería tocar pasaba a través de mi mano.
Tan le sonrió como para tranquilizarlo y posó su vista al frente, mientras volaba hacia el vasto mar que rodeaba la isla File. De vez en cuando se quedaba viendo a Ghostmon unos segundos, pues nunca había visto un digimon como él. De verdad parecía un humano común y corriente, pues tenía cuerpo de humano, piernas de humano, manos de humano, y su cara... su cara, su cabello y sus ojos le recordaban a alguien. Sólo que no sabía a quién. Tenía la cara ligeramente ovalada, el cabello castaño corto y ojos castaños de mirada dulce y melancólica. Al ver los ojos de Ghostmon, lo supo. Supo a quién le recordaba el digimon. Y se puso muy triste. Por un momento olvidó sus propios problemas y se puso a pensar en qué estarían haciendo su familia y sus amigos en ese preciso instante. Su cambio de ánimo Ghostmon lo notó enseguida.
-¿Le pasa algo, Superiora? –inquirió –De repente se quedó callada.
-Nada –dijo Tan, sin mirar a su acompañante –nada importante.
Luego de unas horas llegaron a ver tierra. Una de las tantas playas del continente Sarvar.
-Pararemos allí –dijo ella –estoy algo cansada.
-Aterrizaron suavemente en la arena de la playa y sin previo aviso, Tan vio cómo el cuerpo de Destinymon despedía un destello y se convertía en un cuerpo más pequeño, del tamaño de una niña de once años y translúcido. Parecía la hermana de Ghostmon.
-¿Está bien? –le preguntó Ghostmon, algo alarmado.
-Sí –contestó Tan con voz más aguda que antes –soy Soulmon ahora. La digimon ánima.
Ghostmon se calmó al ver que no era nada grave y se sentó en la arena. Bueno, casi. Lo que hizo fue intentar sentarse, pues se quedó flotando en el aire. Tan lo imitó.
-Este paseo tan largo –le dijo al digimon fantasma -¿no te trajo recuerdos?
Ghostmon negó con la cabeza luego de unos segundos.
-Nada –dijo con su voz seria, mirando el mar con aquel par de ojos melancólicos suyos –lo único que tengo en la cabeza de mi pasado es una palabra... pero no sé qué significa.
-¿Ah sí¿Y qué palabra es ésa?
-Hikarigaoka.
Tan se quedó muda. ¿Porqué un digimon que acababa de renacer y que no recordaba nada de su vida anterior tenía en su borrada memoria la palabra Hikarigaoka?
-Usted ha estado en el mundo real –dijo Ghostmon de pronto -¿sabe qué significa?
-Colina de la Luz –contestó Tan lentamente –es el lugar donde se abrió el portal al Digimundo por primera vez, cuando se escogieron a los primeros niños elegidos que usaron emblemas. De hecho, una niña elegida de entonces tenía un nombre muy parecido a ése. Se llamaba Hikari. Pero tanto su hermano como sus amigos le decían sólo Kari.
-Supe que los niños elegidos actuales son descendientes de ésos que usted menciona –comentó Ghostmon luego de un minuto de silencio -¿es cierto?
Tan asintió.
-¿Y quién es el descendiente de esa niña Hikari?
-Se llama Hakiri. Pero lo llaman Haki.
Volvieron a quedarse callados. En realidad, Tan no se explicaba porqué no hablaban mucho, pero no quiso averiguarlo. La verdad era que Ghostmon era excelente compañía y pensó que si ella y Destinymon salían de aquel embrollo, su digiamiga podría disfrutar estar con ese digimon.
-Me pregunto porqué tengo eso en la cabeza –soltó Ghostmon de pronto.
-¿Qué? –inquirió Tan, que estaba distraída.
-Hikarigaoka –respondió el digimon, sin apartar la mirada del mar –es como si yo hubiera hecho algo allí, pero no puedo recordarlo.
-No te esfuerces –le aconsejó Tan pacientemente –sea lo que sea, seguro que te acuerdas. No te preocupes, todo va a estar bien.
Tan sonrió tiernamente y luego regresó su vista al mar, por lo que no vio la mirada que Ghostmon le dirigía. Enseguida, en la cara del digimon apareció una sonrisa rara. Como con demasiada alegría. Ambos se quedaron en esa playa un buen rato, hasta que Tan creyó que ya era hora de regresar a la isla File. Entonces se dio cuenta de que no sabía cómo digievolucionar. ¿Porqué nunca se lo había preguntado a Destinymon? Se dejó caer nuevamente en la arena.
-¿Aún está cansada? –le preguntó Ghostmon.
Tan, para no levantar sospechas, asintió.
-Lo siento –se disculpó –no voy a poder llevarte de vuelta.
Ghostmon también volvió a sentarse (o lo que era para él sentarse) y se encogió de hombros.
-No importa –dijo –yo no tengo prisa.
-¿Porqué?
Ghostmon ladeó la cabeza y Tan notó su nerviosismo. Qué digimon tan raro, se dijo.
-No tengo prisa –respondió el fantasma por fin –porque me gusta estar con usted.
Miró a Soulmon (bueno, a Tan) y le sonrió. Tan lo imitó sin saber qué más hacer aparte de pensar en la persona que se parecía a Ghostmon y murmurar en tono tan bajo que incluso ella misma apenas se oyó.
-Ojalá él me dijera lo mismo. Pero creo que nunca lo hará.
¿A quién se refería Tan al decir él? Pues a la persona más importante para ella, la que le importaba más que cualquier otra persona. Estaba segura que nadie sabía quién era esa persona. O eso creía.
Ya anochecía en Hikarigaoka. Destinymon estaba concluyendo una dura jornada de trabajo que a Tan no solía arrancarle ni una queja, pero que a ella no le gustaba en absoluto. ¿Cómo puede hacer esto Tan todos los días? Se preguntó la digimon con cierta molestia.
-¿Acabaste con lo tuyo, Tan? –le preguntó Shingo, acercándosele.
Destinymon asintió, soltando un bufido. Vaya que había acabado, acomodar el contenido de tres enormes cajas había sido un duro trabajo.
-Oye, Tan –anunció Shingo –creo que te buscan.
Destinymon se enderezó y volteó a donde Shingo señalaba. En la entrada del lugar estaba un chico alto, delgado, de corto cabello castaño y ojos de mirada dulce y melancólica. Destinymon lo reconoció de inmediato.
-¡Saro! –exclamó y lo saludó con una mano -¿Cómo estás?
-Bien –contestó Saro, correspondiendo tímidamente a su saludo -¿Ya casi terminas?
Destinymon asintió, terminó de poner la última decena de discos en su lugar y miró a Shingo con una sonrisa.
-Creo que esto es todo¿verdad? –le dijo.
El chico asintió lentamente, y la vio alejarse para reunirse con Saro.
-Me gustas mucho, Taniko Kamiya –le susurró a la distancia -¿Porqué no puedo decírtelo a la cara¿Será porque tengo la impresión de que tú quieres a alguien más?
-¿Qué haces por Hikarigaoka? –quiso saber Destinymon, recordando que Tan le había contado que sus amigos rara vez la visitaban en el trabajo –Te queda lejos de tu casa.
-Tenía que hablar contigo –le dijo Saro, sin mirarla a la cara –y es serio Se supone que Mak vendría a decírtelo, pero prefiero hacerlo en persona. Tan¿cómo te sentirías si te dijera que tengo que regresar a Ámsterdam?
Destinymon se detuvo en seco cerca de la entrada al subterráneo. No puede estar insinuando lo que creo que está insinuando pensó con asombro y tristeza a ella se le rompería el corazón.
-¿Vas a regresar a tu país, verdad? –preguntó sin rodeos ¿Es eso lo que quieres decir?
Saro asintió con cierto pesar, pero Destinymon percibió que el chico todavía no terminaba. Que todavía le faltaba decir lo peor.
-Pero no sólo soy yo –continuó él, alzando la vista –los demás también se van. Incluso Haki.
Ahora la digimon entendía los murmullos del matrimonio Kamiya. Haki aún está aquí...
-¿Porqué dices que Ya... Mak iba a venir a decírmelo? –quiso saber Destinymon. Esperaba que Saro no se diera cuenta de que había estado a punto de llamar a Mak por su nombre completo. La única que lo hacía era T.K.
-Porque ayer nos reunimos todos para darnos la noticia –confesó Saro, sabiendo que Tan se sentiría dolida porque no la hubieran invitado a la reunión –y Mak se ofreció a hacerlo. Dijo que sería mejor si te dijera todo de una vez a que cada uno de nosotros te lo dijera por su cuenta.
Destinymon no supo qué contestar. Bajó las escaleras hacia el subterráneo a toda velocidad con confusos pensamientos en su mente. ¿Cómo afrontar eso como si fuera Tan, si para ella los niños elegidos no eran más que buenos niños que habían cumplido con creces su misión¿Cómo se comportaría Tan al saber que hasta su hermanito tendría qué irse¿Y qué pasaría con ella cuando todos los elegidos tuvieran que decirse adiós?
-¡Tan, espera! –la llamó Saro a su espalda -¡No vayas tan deprisa! Te puedes caer.
Destinymon no hizo caso, pues iba demasiado enfrascada en sus pensamientos como para recordar que tenía que responder al llamado del muchacho. Entonces tropezó y estuvo a punto de caer cuando sintió un apretón en un brazo y un brusco jalón hacia atrás que la hicieron dar media vuelta y quedar cara a cara con Saro.
-Lo siento –se disculpó él -¿te jalé muy fuerte?
Destinymon negó con la cabeza, mirándolo con atención. Ahora entendía porqué las humanas podían encontrar a Saro tan... atrayente. No había otra palabra para describir la sacudida que ella sentía cada vez que lo veía.
-Saro –murmuró -¿puedes soltarme?
-¡Ah, sí! –el muchacho obedeció de inmediato –Lo siento.
-No hay problema –respondió Destinymon, impasible, y reanudó su marcha. Saro la siguió lo más deprisa que pudo y la alcanzó justo cuando se metía a uno de los vagones de un tren.
-Tan, espera –le dijo con voz entrecortada -¿Puedo acompañarte a tu casa?
Destinymon asintió y Saro se sentó a su lado. Durante un largo rato ninguno de los dos dijo ni una palabra, pues no había nada qué decir.
-Aquí me bajo –dijo Destinymon media hora después, poniéndose de pie –No tienes que acompañarme más. Se te va a hacer tarde.
Saro negó con la cabeza.
-Dije que te acompañaba a tu casa y es lo que voy a hacer –explicó el chico –además, mamá ya sabe que quizá llegue tarde.
Destinymon no tuvo más remedio que aceptar su compañía. Durante diez largos minutos, caminaron por las calles de Odaiba, que estaban más tranquilas que de costumbre por ser vacaciones de verano. Saro volvió a hablar de pronto, pero lo hizo como si hablara para sí mismo.
-A ella no le gustaba.
-¿Qué dices?
-A Mak no le gustaba quedarse callada –indicó Saro quedamente –prefería tararear alguna de sus canciones antes que quedarse callada. A mí no me importaba, porque para ser sincero ni siquiera le ponía atención. Pero creo que de vez en cuando es bueno encerrarse en uno mismo.
Destinymon sabía que Tan pensaba algo similar, por lo que únicamente asintió y sonrió levemente. No tenía sentido explicar algo que estaba más que claro.
-Llegamos –anunció Saro, señalando un edificio de departamentos al otro lado de la calle –nos veremos, Tan. Y por favor, no le digas a Mak que te di la noticia antes. Se molestaría mucho.
-No te preocupes –Destinymon sonrió –yo me encargo.
Cruzó la calle y no miró atrás, por lo que no pudo ver que Saro no se iba, sino que se quedaba de pie en su sitio hasta que vio que se abría una puerta en uno de los pisos intermedios y minutos después vio una solitaria figura en un balcón.
-¿Porqué tuvo que ser así, Tan? –murmuró el joven cuando por fin se fue a su casa –No puedo decírtelo porque no serviría de nada. Me iría de todas formas y no funcionaría.
-Pobre Tan –se dijo Destinymon para sí misma, de pie en el balcón de su habitación, luego de decirle a la señora Kamiya rotundamente que no quería cenar -¿Porqué tenía que ser así? Cuando vuelva se verá tan sola... y yo no puedo ayudarla.
Sin saber que su amiga humana hacía algo parecido, Destinymon se puso a pensar en que vivir la vida de otra persona no era tan fácil como parecía. Implica muchas cosas, entre ellas el hecho de hacer todo lo que hace la persona que estás suplantando, lo que te permite conocerla más que antes. Pero definitivamente ni Destinymon ni Tan querían dejar de vivir. Querían era que la otra siguiera con vida, con su propia vida. ¿Pero cómo iban a hacerlo sin involucrar a alguien más?
Hasta aquí les dejo el segundo capítulo y estoy segura que ya se habrán dado cuenta por dónde va el meollo del asunto. ¿Quiénes serán en realidad los misteriosos Superiores¿Quién habrá sido Ghostmon antes de renacer¿Quién será la persona más importante para Tan¿Qué será eso que Saro quisiera decirle a Tan pero que no se atreve¿Y dónde diablos se metió Mak si se suponía que ella iba a ir a Hikarigaoka a hablar con Tan? Todas esas repuestas se las tendré en próximos capítulos, así que fieles seguidores (que acabo de revisar que si hay, gracias por sus comentarios) serenidad y paciencia. Les prometo continuar pase lo que pase.
