La verdad no sé cómo les esté resultando esto, pero a mí me está gustando mucho escribirlo. Sé que no debe ser muy sencillo seguirle el hilo a lo que intento contar, porque faltan algunos detalles, pero les aseguro que eso se solucionará muy pronto. Para hacer memoria, les haré un pequeño resumen: Destinymon, la digimon guardiana del destino, y Taniko Kamiya, descendiente de Taichi Kamiya, fueron sometidas a una depuración (algo así como un juicio. Quien sepa de computación, sabe a lo que me refiero) por los Superiores, quienes decidieron ponerlas a prueba para ver qué eran capaces de hacer una por la otra. Las cambiaron de cuerpos ya que cada una debe vivir como la otra durante una semana y encontrar a alguien que quiera tomar sus lugares en caso de ser condenadas a la desfragmentación (otra palabra de la computación). Destinymon, viviendo como Tan, se entera de que los otros niños elegidos regresarán a sus países de origen por boca de Saro. Mientras tanto, al vivir como Destinymon, Tan se encuentra con un digimon muy extraño, Ghostmon, quien acaba de renacer y no tiene mas que la palabra Hikarigaoka en la cabeza. Mientras tanto, los Superiores parece que no son quienes dicen ser, pues quieren encontrar un emblema y que ni Tan ni Destinymon se enteren de ello. Ahora, si con eso ya se refrescaron la memoria, pasemos a lo que nos interesa.
Capítulo III: Noticias Malas y Noticias Extrañas.
Enseguida de que dejó a Tan en su casa, Saro se encaminó a la suya. No quedaba lejos, pero para llegar tenía que tomar un autobús. Mientras esperaba, pensó en la reacción de Tan ante la noticia de que su hermano y sus amigos se irían de Japón. Algo no encaja, se decía Saro una y otra vez, recordando aquel suceso. En ese momento pasó el autobús, por lo que le hizo la parada y justo cuando acabó de subirse, pagar su pasaje y sentarse en uno de los asientos del fondo, lo supo. ¡Eso es! Se dijo, preguntándose porqué no se había dado cuenta antes. Tan no había reaccionado normalmente. Había reaccionado... como con miedo. Y Saro bien sabía que esa clase de cosas no le causaban miedo a Tan. Bajó del autobús veinte minutos después y luego de caminar unas cuantas cuadras se encontró cara a cara con Mak.
–¡Por fin! –exclamó la rubia, tomando a Saro de un brazo y jalándolo con cierta prisa –Tu madre me dijo que saliste pero que como no dijiste a dónde, no sabía a qué hora regresarías y...
–Mak, ¿se puede saber de qué estas hablando? –quiso saber el chico, al tiempo que lograba zafar su brazo de las manos de su amiga –¿Porqué viniste a buscarme?
–Por una cosa seria, ¡y no te resistas! –pidió ella, sujetándolo con más fuerza –Aunque a decir verdad agradezco no tener que hablar de esto en tu casa. Tu madre podría oírnos.
Llegaron a un sencillo parque cercano, donde lo que abundaban eran árboles, columpios, resbaladillas, pasamanos y cosas así. Saro se preguntó qué era lo que Mak tenía que decirle.
–Primeramente –comenzó Mak -¿podrías decirme dónde estabas?
Para Saro, que no quería decir la verdad en ese momento, fue fácil evadir esa pregunta.
–Eso debería preguntártelo a ti –dijo, fingiendo molestia –conociéndote, creí que irías a Hikarigaoka hoy mismo, pero por lo que veo, no lo hiciste.
Mak hizo a un lado la pregunta con un gesto de desesperación. Eso hizo que Saro se diera cuenta de que, fuera lo que fuera lo que tenía que decirle Mak, de verdad era importante.
–Por ahora eso no me preocupa tanto –confesó, lo que provocó un gesto de incredulidad por parte de Saro –¡Es la verdad! –continuó Mak –Lo que me preocupa es la noticia de la que me acabo de enterar. ¡Es tan curiosa y al mismo tiempo tan terrible...!
–A ver si dentro de un año o más me la dices, ¿eh? –espetó Saro con cierto sarcasmo. Siempre era lo mismo con Mak. A veces no hablaba más que de detalles sin importancia –No tengo mucho tiempo, Mak. Ya es tarde.
Mak lo miró y se calló. Ya recordaba que a Saro no le gustaba que lo hicieran esperar con detalles sin importancia. Esa era una de las razones por las que habían terminado.
–Muy bien, te la diré –le dijo, sentándose en un columpio. Saro la imitó, aunque la verdad no tenía ganas –acabas de decirme que creías que iría a Hikarigaoka y lo admito, iba a ir. Pero no pude. Me la pasé de un lado a otro toda la tarde, y esta mañana estuve en mi casa, empacando.
–¿Empacando? –se extrañó Saro. Según recordaba, Mak no se iría a Londres hasta dentro de dos semanas –¿Y eso porqué?
–Papá me levantó temprano hoy –explicó Mak, con la cabeza gacha –Yo no sabía para qué, hasta que estábamos desayunando. Me dijo que ayer fue al aeropuerto a recoger a su reemplazo y que tenemos que irnos el treinta y uno de julio.
–¡Eso es el sábado! –exclamó Saro sin poder evitarlo. Faltaba poco menos de una semana.
–¿Crees que no lo sé? Pero no hay nada que yo pueda hacer. Si el reemplazo de papá ya está aquí, quiere decir que necesitan a papá en Londres en máximo una semana. Eso yo ya lo sabía, pero nunca me imaginé que sería tan pronto. Pero eso no es lo peor...
–¿No me digas que hay más? –se sorprendió Saro.
–Sí, hay más –Mak alzó la vista, pero no miró a su amigo –No soy la única que se va antes.
–¡¿Qué!
–Lo que oyes –Mak se escuchaba francamente decepcionada –por eso anduve de un lado para otro toda la tarde. No dejaban de llamarme al celular. Todos nuestros amigos me hablaron para decirme exactamente lo mismo: que se van el treinta y uno de julio.
–Bueno, al menos yo no –aseguró Saro –Mamá dijo que nos iríamos hasta finales de agosto.
Mak lo miró un momento con pena, antes de retirarle la vista.
–En realidad tu madre me dijo algo diferente –se atrevió a decir ella –dijo que a tu padre lo requería en Ámsterdam con urgencia por no sé que cosa de un desfile, así que...
–No es cierto –murmuró Saro, incrédulo –Dime que estás bromeando.
–Eso quisiera, pero no es así –Mak tenía la cabeza inclinada de nuevo y su amigo pudo notar que estaba llorando –¡Yo no quiero irme, Saro, no aún! ¡Y menos antes del primero de agosto!
Saro le dio la razón en silencio y la dejó llorar a sus anchas. Mak no era de las chicas a las que les agradaba que las consolaran. Era de las chicas a las que les gustaba llorar sin ser molestadas.
–Y pensar que cuando llegué aquí dije que sería feliz el día que volviera a Londres... –susurró Mak, limpiándose el rostro con el dorso de la mano.
–Mak, cuéntame –pidió Saro –¿exactamente porqué todos van a irse antes de lo previsto?
–T.K. me dijo que porque mamá tiene que presentarse en su nuevo trabajo en Ginebra el domingo en la mañana –empezó Mak –Cuando estaba en su casa, le llamó Haki. Dijo que sabía que yo estaba ahí y quería saber si podía ir a verlo en ese momento. Dejé a T.K. y llegué a casa de Haki media hora después de que Tan se había ido a trabajar, ¿irónico, no?. En fin, Haki me dijo que las audiencias para decidir su nacionalidad empezarán antes de lo planeado, por lo que tiene que estar en Hong Kong antes del primero de agosto. Saliendo de casa de Haki, me llamó Izzy. Estaba saliendo de una clase de inglés junto con Joy, así que de inmediato fui a alcanzarlas y llegué justo cuando iban saliendo. Izzy dijo que tenía que irse antes de lo previsto porque a sus padres los requerían con urgencia en la universidad de El Cairo, ya sabes que son maestros allí; en cambio, Joy dijo que se iba antes porque a su padre le habían confirmado su transferencia a uno de los mayores hospitales de Sydney más rápido de lo que esperaba.
Mak se detuvo para tomar aliento y prosiguió.
–Luego de eso, mi celular sonó otra vez. Era Martín, llamándome desde su casa. Me dirigí para allá y al llegar no lo vi muy contento que digamos. Me invitó un refresco y mientras me lo tomaba, me dijo que me había llamado porque tenía que decirme que se iría a Nueva York más pronto de lo que él esperaba. Sus padres necesitan arreglar su escuela de gastronomía para recibir a los nuevos alumnos en septiembre. Y en cuanto a los otros, estaban juntos cuando Yolek me contactó. Se habían reunido en casa de Kei, así que fui para allá. Me lo soltaron sin rodeos: Daisy debía irse porque sus padres tienen problemas con su restaurante de Calcuta, a los padres de Yolek se les necesita en la sucursal de Virtual Net en Ottawa porque hay problemas con los nuevos programas, Cobie debe iniciar la escuela en París en agosto y el padre de Kei fue llamado a ser parte de un equipo de trabajo en Berlín que desarrollará una serie de robots nuevos. Sus razones son más que válidas, pero la verdad es que...
–...Es que no quieres que nadie se vaya –completó Saro por su amiga –Mucho menos tú. Pero aunque quisiéramos, no podemos evitarlo –observó –mientras no seamos mayores de edad, no podemos estar donde queramos. Tenemos que hacer lo que nuestros padres digan.
Se quedaron callados un rato, hasta que Mak se puso a tararear una melodía en la que había estado trabajando poco antes de saber que dejaría Japón. Eso acabó con los nervios de Saro.
–¡Por favor, Mak! No estoy de humor para oír música ahora. Estoy demasiado cansado.
–Pues mira, yo no tengo la culpa –espetó ella de mal humor –No sé dónde rayos andabas, por lo tanto, no tengo idea de qué tan cansado estás. ¿Me vas a decir dónde estuviste?
–¿Porqué quieres saber? Acuérdate que tú y yo ya no somos más que amigos, Mak. Nada más.
–Pero aún así... –empezó ella.
–Nada –interrumpió Saro –ya lo hablamos, Mak. Lo nuestro fue lindo, lo admito, pero se acabó. Ni se te ocurra sacar el tema ahora. Tengo mucho en qué pensar.
–Sabes que Tan se sentiría muy contenta si se lo dices –repuso Mak de pronto y con suavidad, para no hacer enfadar al chico –lo sé. Aunque ella nunca lo admita, si tú lo hicieras primero...
Saro miró a Mak con cierta sorpresa.
–¿Sabes lo que quiero decirle a Tan antes de irme? –inquirió.
–Claro. No creas que no me di cuenta de la verdadera razón por la que terminamos. Y la verdad no te culpo. Tú no te habías dado cuenta de algo que yo sí veía.
Saro logró esbozar una leve sonrisa, recordando por primera vez en mucho tiempo porqué estuvo enamorado Mak alguna vez. Era una chica algo extraña, pero muy comprensiva.
–Y... ¿y cómo estás tan segura de que Tan siente lo mismo?
–Porque la conozco –Mak se encogió de hombros –Cuando me llevaste aquel regalo antes de mi concierto de Navidad el año pasado y me contaste lo que te había dicho Tan, lo supe. Créeme.
–¿En serio? Pues dime cómo, porque yo no me he dado cuenta.
–Lo supe cuando mencionaste que Tan te dijo que fueras feliz –Mak sonrió con nostalgia –Era su forma de decir que se estaba sacrificando. Prefirió verte contento a pelearse conmigo por ti. Típico de Tan. No le teme a nada, ni siquiera a que se le rompa el corazón. Y Saro...
–¿Sí?
Mak le dirigió una última sonrisa antes de alejarse. Lo quiso mucho como novio, pero ahora era ella quien quería verlo feliz. Aunque fuera con su mejor amiga.
–Si no quieres que se le rompa el corazón, será mejor que se lo digas.
–¿Decirle qué?
-Qué estás enamorado de ella. Porque te lo juro: si le rompes el corazón a Tan yéndote sin decirle nada, te las verás conmigo.
Tan, sin saber nada de lo que ocurría en Japón, por fin había conseguido hacer que digievolucionara el cuerpo de su amiga digimon y convertida en Couragemon (se pronuncia parecido a si dijeran collage con r y luego le agregaran el mon al final, o al menos eso creo. Esta digimon parece una amazona vestida de rojo y blanco, con enormes alas rojas de águila, una larga lanza de punta afilada y tiras de tela roja atadas en uno de los extremos y el emblema del valor en medio del pecho) pudo por fin regresar con Ghostmon a la isla File. Llegaron de noche, por lo que cuando su acompañante se fue a descansar (¿un fantasma cansado? Pues fíjense que sí), Tan bajó a la isla y se sentó a la orilla del primer lago del Digimundo donde había estado. Lo recordaba perfectamente porque en ese lugar el Gabumon de Mak había digievolucionado por primera vez en Garurumon. Se quedó ahí un rato, pensando en cómo estarían su familia y sus amigos en ese momento. Esperaba que Destinymon estuviera haciendo un buen trabajo en la tienda departamental de Hikarigaoka y que no se le hubiera ocurrido por ningún motivo llamar a alguno de sus conocidos por sus nombres completos como acostumbraba hacerlo, como a Mak o a Haki. De verdad esperaba que estuvieran todos bien.
–¿Superiora? –llamó una vocecita aguda y educada tras ella –¿Qué hace aquí?
Tan se volvió y se encontró a Wormmon, el digimon de Kei. Junto a él, estaban Biyomon, Gabumon y Agumon.
–Eso debería preguntárselos a ustedes –dijo a modo de respuesta. No podía ponerse loca de alegría al verlos porque ya fuera como Destinymon o sus otras formas, su digiamiga no era así.
–Nosotros vivimos aquí –indicó Agumon –y desde que acabaron los problemas, Wormmon también. Kei lo trajo.
-Keiko es muy lista –señaló Tan, recordando llamar a Kei por su nombre completo –No quería que su digimon se sintiera solo.
–Por cierto, Superiora –comentó Gabumon –¿es cierto que los Superiores le pusieron por acompañante al digimon que acaba de renacer hace unos días, Ghostmon?
Tan asintió y regresó su vista al lago.
–A nosotros nos pareció muy extraño –comentó Biyomon entonces –que no tenga nada en la memoria sobre quién era antes de renacer. Eso no nos pasó a nosotros.
–De hecho –hizo notar Gabumon –no le pasa a ninguno.
Tan siguió callada, pues en realidad no tenía nada qué decir que fuera importante. También ella creía que era muy extraño que un digimon renaciera sin nada en su memoria. Ni siquiera una simple acción. Una acción... quizá era eso lo que quería decirle a Ghostmon la única palabra que recordaba: Hikarigaoka. Como él mismo dijo: es como si yo hubiera hecho algo allí, pero no puedo recordarlo...
–Ustedes conocen a los niños elegidos mejor que yo –les dijo Tan a los cuatro digimons que la acompañaban –¿Saben qué cosas importantes sucedieron en Hikarigaoka?
–Bueno, que sepamos fue en Hikarigaoka donde escogieron a Mak y a los otros –contestó Gabumon –Nos lo contó usted, Superiora, cuando poseyó a Tan. ¿Qué no lo recuerda?
Tan asintió en silencio. Vaya que lo recordaba, pues esa posesión había sido, de cierta forma, el origen de sus actuales problemas.
–Pero siento que falta algo –dijo Tan entonces –que pasó algo más en Hikarigaoka.
–Quizá se refiere a lo que hizo BlackWarGreymon –aventuró Wormmon con timidez –¿será eso, Superiora?
BlackWarGreymon, la copia maligna de su compañero digimon. ¿Cómo pudo Tan olvidarlo? Ese digimon, luego de un difícil conflicto interior, aceptó sacrificarse para cerrar el portal de Hikarigaoka que llevaba al Digimundo, el mismo por el cual habían accesado los digimons al mundo real por primera vez. Eso mismo había pasado en el 2002, cuando los antepasados de los actuales elegidos conocieron también a un BlackWarGreymon que, para variar, también estuvo confundido al principio. En eso Tan se puso a pensar en un detalle que hasta entonces había pasado por alto. Cuando el nuevo BlackWarGreymon apareció, a la única que le hacía caso era a Destinymon. Lo recordaba a la perfección. Era como si BlackWarGreymon y Destinymon fueran viejos conocidos. Incluso viejos amigos.
–¿Ustedes recuerdan al BlackWarGreymon anterior? –preguntó Tan. No sabía porqué, pero creía que ese tema era la clave para ayudar a Ghostmon a recuperar su memoria –El que se sacrificó primero en Hikarigaoka.
–No mucho –confesó Agumon –De hecho, no sabemos porqué el segundo tenía las memorias del primero. Se acordaba de palabras, como Ghostmon, pero no sabía qué había hecho antes. Aunque mencionó algo curioso la vez que pude platicar con él...
–¿Qué cosa?
–Que lamentaba que por su culpa, usted fuera como es ahora –Agumon miró a la que suponía Couragemon –creo que se refería al hecho de que usted es algo así como un ser hecho de aire. La verdad no entendí qué quiso decir, pero me dio la impresión que lo único que le preocupaba era qué pensaba usted de él.
–¿Yo? –se extrañó Tan. Eso encajaba con lo que se le había ocurrido antes, que Destinymon y BlackWarGreymon parecían conocerse desde antes –¿y porqué sería?
Los cuatro digimons se miraron entre sí, con expresiones de confusión.
–Superiora, ¿no lo recuerda? –inquirió Gabumon.
–¿Qué?
–Usted misma no los dijo a Kei y a mí –recordó Wormmon –que para que el destino de los actuales elegidos se cumpliera a la perfección, había tomado un fragmento de la base de datos del anterior BlackWarGreymon para que cuando apareciera el nuevo, se la diera y pasara lo mismo que pasó hace tantos años. Y que por culpa de eso, BlackWarGreymon había perdido la mayoría de su memoria y a usted los Superiores le negaron un cuerpo de verdad.
Así que por eso Destinymon no tenía un cuerpo, por haber hecho que el BlackWarGreymon que ella conoció tuviera las memorias del primero. ¿Pero porqué habría hecho algo como eso? ¿Lo había hecho sólo para cumplir con su función? ¿O habría algo más que nadie sabía?
–Miren allí –dijo Biyomon de pronto –se ve una luz.
Señalaba hacia el interior del bosque, donde en efecto, se observaba un punto de luz amarillenta que parpadeaba un poco. Tan se puso de pie.
–Iré a ver –anunció –ustedes quédense aquí.
Los digimons asintieron y Tan caminó hacia el punto. Al estar lo suficientemente cerca, se dio cuenta de que la luz venía de una pantalla de televisión que para su sorpresa, estaba encendida. Y al acercarse todavía más, vio que una imagen la miraba y exclamaba.
–¡Hasta que por fin! Temí que no pudiera usar esto ya que no soy tú.
–¡Destinymon! –exclamó Tan en voz baja y se acercó a la pantalla –¿Usaste el D-10?
Destinymon, en el cuerpo de Tan, asintió sonriendo con cierto pesar.
–Necesitaba comunicarme contigo de inmediato –dijo la digimon hablando en voz baja también, por lo que Tan supuso que estaba usando el D-10 en un lugar donde no podía hablar con libertad –Tu amigo Saro me dio una noticia que no te va a gustar para nada. Podría esperar a que nos veamos la próxima semana, pero quizá para entonces sería muy tarde, puesto que no sabemos si saldremos bien de nuestra comprobación. Tan, Hakiri y tus amigos regresarán a sus países.
Tal como Destinymon había esperado, Tan se quedó de piedra.
–¿Y sabes porqué se van? –preguntó de inmediato.
–Saro no fue muy específico, pero lo que sí me extrañó fue que sabiendo que Yamako iba a darte la noticia por todos, fuera él por su cuenta a buscarte a Hikarigaoka. Parecía preocupado.
–Hablando de Hikarigaoka, me acabo de enterar de porqué se te negó un cuerpo –le dijo Tan severamente –Fue porque cuando el primer BlackWarGreymon murió, tú rescataste parte de su base de datos para dársela al BlackWarGreymon que nosotros conocimos. ¿Porqué hiciste eso, si puede saberse? Sabía que eras extraña, pero no tanto.
Destinymon suspiró, miró a su alrededor y explicó.
–Me conmovió lo que el primer BlackWarGreymon hizo, Tan. Quise que tuviera otra oportunidad para tener vida. Yo sabía que a pesar de su sacrificio, BlackWarGreymon no iba a renacer por ser sólo una copia. Así que tomé parte de su base de datos para dársela al actual para que así renaciera, aunque fuera de forma parcial. Eso me daba una seguridad muy remota de que esta vez si moría otra vez, sí renaciera. Aunque fuera de forma diferente.
–¿De forma diferente?
–Sí, quizá como un digimon completamente distinto. El problema va a estar en su memoria. No creo que quede muy bien que digamos.
–¡Eso es! –exclamó Tan -¡Ghostmon!
–¿Eso es qué? –quiso saber Destinymon –¿Y quién es Ghostmon?
Tan le contó rápidamente todo lo que había vivido durante el día y lo que le había dicho Ghostmon acerca de sí mismo. Poco a poco, Tan vio su rostro iluminarse con una sonrisa de infinita alegría, lo cual, comprendió al instante, no era para menos. Seguramente Destinymon estaba feliz al ver que sus suposiciones podían ser ciertas.
–¿Y dices que ese tal Ghostmon sólo recuerda la palabra Hikarigaoka? –le preguntó a Tan.
Tan asintió y de repente, se puso seria.
–Esto de que se parezca a ti es lo que más me preocupa, pues me di cuenta de una cosa. Parece apreciarte mucho. Si como suponemos, es la forma que tuvo BlackWarGreymon para renacer como un digimon de verdad, entonces es lógico el porqué le caes tan bien y además...
–¿Además qué?
–Él... creo que él estaría dispuesto a cualquier cosa por ti, así como tú lo estuviste por él. Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?
–¡No lo digas ni de broma, Tan! –exclamó Destinymon, alarmada –Yo no estoy dispuesta a meter a un inocente en mis problemas. Tú tampoco quieres hacerlo, ¿cierto?
–¡Claro que no! –dijo Tan con preocupación –¿No me digas que crees haber encontrado a alguien que lo haría?
Lo había preguntado de tal forma, que Destinymon comprendió que en verdad Tan no esperaba que alguien se sacrificara por ella. ¿Cómo puede creer eso, si es una de las mejores humanas que he conocido, pensó Destinymon con incredulidad, ¿Qué no se ha dado cuenta de que todos a su alrededor la quieren mucho?
–No precisamente –se atrevió a responder –pero quizá es porque no he buscado a nadie. Pero de algo estoy segura: hay muchas personas que te conocen y que no quisieran que desaparecieras. Harían cualquier cosa para evitarlo.
–Pero no morir en mi lugar –replicó Tan con suavidad.
Destinymon recordó la mirada de Saro cuando evitó que cayera por las escaleras del metro. Quizá sí haya alguien... se dijo. Parte de lo que pensaba debió translucirse en su rostro, porque Tan preguntó.
–¿En qué estás pensando? ¿Algo interesante?
Destinymon movió la cabeza de Tan de un lado a otro, sonriendo levemente.
–Nada más en que intentaré averiguar porqué tus amigos se van. Y aunque no debería, también buscaré a la persona que pidieron los Superiores. Y no me digas nada, Tan –añadió, al ver su rostro de Couragemon abrir la boca para hablar –porque de todas formas lo voy a hacer. Pero de eso a decirles a los Superiores que encontré a alguien es otra cosa. Eso no voy a hacerlo, te lo juro. ¿Tú no vas a hablarles de Ghostmon, verdad?
Tan negó con la cabeza, captando la idea de su amiga al vuelo. Los Superiores les pidieron buscar a seres que estuvieran dispuestos a estar en su lugar en caso de ser condenadas a ser desfragmentadas, pero nunca mencionaron que si los encontraban, debían decirles quiénes eran.
–Está bien –aceptó Tan –Busca si quieres. Yo trataré de confirmar nuestras sospechas sobre Ghostmon. Y otra cosa, ¿cómo le haces para digievolucionar? A mí me costó mucho trabajo.
–¡Ah! Es fácil. Todo lo que tienes que hacer es sentir el emblema, dependiendo de qué digievolución quieras. En cuanto a digievolucionar a mi forma original, basta con que te digas a ti misma que necesitas hacer que se cumpla el destino de los que están a tu alrededor. Como eso de hacer cumplir el destino de otros es mi función original, te recomiendo que en cuanto regreses a ser Soulmon, te concentres y seas Destinymon. Por favor.
–Lo haré, no te preocupes –le aseguró Tan –¿te comunicarás otra vez?
–No sé, todo depende de cómo vayan las cosas –Destinymon se encogió de hombros –por lo pronto trataré de hacerlo todos los días a esta hora. Éste es el único lugar que encontré en donde puedo conectar el D-10 a una computadora sin que me descubran.
–¿Dónde estás exactamente?
–En el Obelisco Eneagonal, recuerda que aquí hay computadoras.
Tan asintió. El Obelisco Eneagonal era un monumento en forma de aguja, gigantesco y colorido. Estaba en el centro del parque Digital y ambas cosas habían sido edificadas en honor de los antepasados de Tan y sus amigos, al haber salvado al mundo real y al Digimundo. Y el Obelisco Eneagonal había un café internet tan bien equipado que hasta las personas más importantes del mundo que habían pasado por Japón lo habían usado alguna vez. Y como los cubículos eran privados...
–Entonces nos veremos mañana –dijo Destinymon, poniendo una mano en la pantalla y tratando de sonreír –Cuídate mientras tanto.
–Tú también –pidió Tan, imitando a su amiga.
Acto seguido, la imagen en la pantalla se apagó. Tan soltó un suspiro.
–Espero que logre averiguar porqué se van todos –susurró con tristeza.
No sabía que su entrevista con su amiga, si bien no la habían escuchado Wormmon, Biyomon, Gabumon y Agumon, sí fue observada por una sombra oculta en la penumbra. Una sombra que al alzar un brazo para apoyarse en el tronco de un árbol, dejó ver una mano oscura, de largos dedos y negras uñas afiladas.
Por ahora es todo y espero que sea suficiente. No sé porqué, pero creo que esta historia va a durar más de lo que esperaba. Nomás que tendrán que disculparme si me atraso un poco en actualizarla, ya que estoy en exámenes en la universidad. Y otra cosa: gracias a las personas que me han dejado comentarios. Significan mucho para mí. Nos leemos pronto.
