¡Hola a todos! No sé si le andan entendiendo a esto, pero a mí me divierte mucho. Me divierte y me emociona por la forma en que avanzo, pues es uno de los mejores "cuentos" que he hecho (y créanme, he hecho bastantes), por lo que les aseguro que no los dejaré colgados ni nada por el estilo. Seré breve en este párrafo introductorio, pues quiero pasar de inmediato a lo bueno. Sólo espero que se acuerden dónde nos quedamos y si no, pues regrésense un momento a los capítulos anteriores para refrescarse la memoria. Yo no tengo ninguna prisa.

Capítulo V: La misión. Primera parte.

–¿El trío Chess Set? –dijo Daisy sin comprender –¿Qué rayos es eso?

Yolek por fin había podido comenzar a detallar la razón de su visita a Tan en su trabajo, y la razón resultó ser, para sorpresa de sus amigos y los acompañantes de éstos, unos programas de computadora: el trío Chess Set.

–El trío Chess Set –dijo Yolek con seriedad –son tres programas creados por Virtual Net que no se parecen en nada a otros programas existentes. Los llaman convertidores...

–¿Convertidores? –se extrañó Martín –¿Y porqué?

–Por lo que hacen –contestó Yolek –y la verdad a mí me costó mucho trabajo averiguar la función del trío Chess Set, así que se imaginarán cuánto me costó comprenderla. Para decirlo en palabras simples, el trío Chess Set puede convertir cualquier programa a su alcance en otro completamente diferente. O al menos ésa era la idea.

Los chicos se quedaron en silencio un momento. Fue Kei quien se atrevió a preguntar.

–¿Cómo que ésa era la idea? ¿Podrías explicarlo mejor?

–Sí –respondió Yolek –Verán, según sé esos tres programas fueron creados por Virtual Net para que navegaran en la red mundial buscando virus informáticos, como cazadores. Una vez que los encontraran, debían aislarlos del sistema, analizarlos a fondo y por último eliminarlos. Pero en vez de eliminarlos, cambiaban las configuraciones de los virus y los convertían en bases de datos que luego usaban para hacer antivirus, ¿me explico?

La mayoría de los presentes habían entendido, al menos lo básico. Pero Daisy no tanto.

–Déjame ver si entendí bien –dijo, mirando a Yolek –lo que hacen esas cosas es buscar a los virus, los retiran de lo demás que haya en la red, los revisan y en vez de eliminarlos, los convierten en algo bueno, ¿más o menos es eso?

Yolek asintió.

–El problema es que el trío Chess Set... bueno, pues podría decirse que se salió de control –siguió el chico –porque bueno, se suponía que lo único que debían convertir eran virus en antivirus para el servicio de los usuarios, pero ahora todo programa que se les ponga en el camino lo convierten en parte de ellos mismos. Como si quisieran apoderarse de toda la red. Y eso no es lo peor...

–¿Acaso hay otra cosa peor que apoderarse de toda la red? –quiso saber Izzy con incredulidad. Tanto ella como sus amigos habían comprendido la gravedad de lo que les estaba diciendo Yolek, pero no podía creer que hubiera una cosa peor.

–Pues sí, hay algo peor –Yolek puso una expresión triste en su rostro –¿Recuerdan que el Digimundo está en la red? Pues esto que el trío Chess Set está haciendo, le afecta también. ¿Verdad, Tan?

Todo el grupo volteó a ver a Tan y Destinymon, sabiendo que esperaban una respuesta de su parte, adoptó una actitud reflexiva para ganar algo de tiempo. ¿Qué respuesta podía darles sin levantar sospechas?

–Bueno –dijo finalmente –yo creo que si lo que nosotros hacemos en el Digimundo le afecta al mundo real, seguramente lo que las personas hagan en la red desde el mundo real sí puede afectarle al Digimundo. La pregunta sería ¿de qué forma podría el trío Chess Set afectar al Digimundo?

–Si me permiten decir algo –habló Ramdás, interviniendo inesperadamente en la conversación –creo saber la respuesta. Superiora –miró a Tan –¿recuerda lo que comentamos en el foro la semana pasada sobre...?

–¿Superiora? –se extrañó Haki –¿Ya conocías a Taniko desde antes?

–Pues sí, intenté explicárselos antes –dijo Ramdás, pero al ver la expresión de Destinymon indicándole que se callara (una expresión algo cómica, por cierto, ustedes imagínensela) su respuesta fue sencilla –Nos conocimos en un foro, donde estábamos solamente niños elegidos. Y puedo probar lo que digo –agregó, al ver las caras de incredulidad de sus acompañantes al decir que él era un niño elegido. Se registró los bolsillos y sacó un digivice. Lo mostró al tiempo que decía –mi compañero digimon era Meramon, seguro lo han visto alguna vez...

–¡Claro, yo te he visto antes! –exclamó Izzy de pronto –Tú nos ayudaste a Haki y a mí a reunir a los digimons en Hong Kong para regresarlos al Digimundo cuando los portales se volvieron locos, ¿no es así?

Ramdás asintió, mientras que Daisy veía con cierta sorpresa a su amigo, lo que no era para menos. Conocía a Ramdás desde que eran muy pequeños y ahora resultaba que era uno de los niños elegidos de India, ¿porqué nunca se lo había dicho?

–Entonces, ¿tú eres Meramon? –quiso saber la amiga de Martín, Nicole, con cierto interés –Porque entonces podrías aclararme a qué te referías cuando dijiste que en Estados Unidos somos muy extraños.

–Y dijiste lo mismo de Australia –agregó Harry, el amigo pelirrojo de Joy, con repentino interés en aquella charla –¿Qué culpa tenemos de que los dos lugares fueran colonizados por el mismo país?

–Por si no lo saben –se metió Alí, el amigo de Izzy –también India fue colonizada por Inglaterra. La diferencia es que India conservó muchas de sus costumbres, y ni Estados Unidos ni Australia lo hicieron. Creo que a eso se refería Ramdás en el foro.

–En ese caso –dijo Nicole –¿Alguno me puede decir a qué se refería Floramon con eso de que todo se estaba poniendo muy oscuro?

–Quien sabe –le contestó Alí –Floramon siempre es un tanto distraído.

–¿Alguno podría explicarnos porqué esta conversación se ha vuelto tan extraña? –pidió Saro, para asombro de los presentes. Saro solía ser tranquilo, por lo que el tono con el que había hecho la pregunta los impresionó bastante –No quiero sonar descortés, pero aquí hay dos cosas qué atender: una, el hecho de que ustedes –señaló por turnos a Harry, Nicole, Alí y Ramdás –ya se conocen y conocen a Tan y dos, lo del trío Chess Set del que nos habla Yolek. Así que si no les importa, ¿cuál de esos dos asuntos trataremos primero?

–Oye, sí que vas directo al grano, Saro –comentó Martín con cierto sarcasmo en la voz que a Saro no le pasó desapercibido –¿Desde cuándo eres tan directo?

–Si, creo que ya te hacía falta –intervino Haki, sonriéndole con complicidad a Martín –Y sabes bien a qué me refiero.

–¡Hasta que los encuentro! –exclamó una vocecita que los elegidos de Japón reconocieron al instante. Era Cobie, quien para variar no iba sola. Iba con un niño de su edad, de cabello rubio, ojos verdes y rostro serio –En las casas de todos me dijeron que estaban aquí. Hasta pensé que se habían reunido sin avisarme. Por cierto, les presento a René –señaló al niño que la acompañaba –está de vacaciones. Es un amigo mío de París.

Se hicieron las presentaciones necesarias y tanto a Cobie como a René les consiguieron sillas. Haki y T.K. se encargaron de poner al corriente a Cobie de los asuntos que se estaban discutiendo y la niña, mirando a su amigo, asintió.

–De hecho, René tiene algo qué decirles –comentó –Como conoce a Carmelino (¡vaya nombrecito que se me ocurrió! Pero es por el bien de la historia, ¡lo juro! ) y le comentó que venía a Japón, pidió que nos dieran un recado. Vamos, René.

El niño tomó aliento y con un acento indudablemente francés, que a veces también se le notaba a Cobie, comenzó.

–Carmelino me pidió que les dijera que algo raro pasa en la red. Intentó decirles en el foro la semana pasada, pero que no pudo hacerlo porque la red lo desconectó.

–Dirás que alguien lo desconectó –dijo Ramdás repentinamente –porque a mí me pasó lo mismo luego de que Floramon se fue. Apareció un mensaje en mi pantalla diciendo que mi presencia no era grata.

–¿Creen que haya sido el trío Chess Set? –inquirió Harry.

–Si esos programas se están apoderando de la red, es muy probable –se atrevió a decir Alí –pero lo que aún no entiendo es ¿cómo podrían esos programas afectar al Digimundo?

Todos se miraron entre sí, pero nadie dijo absolutamente nada. En eso, el digivice de Saro empezó a sonar con insistencia y el chico, extrañado, lo sacó de uno de sus bolsillos y lo examinó rápidamente.

–¿Algún mensaje de Biyomon, tal vez? –dijo Mak con curiosidad.

Saro negó con la cabeza. No era un mensaje de su digimon, pero tampoco era algo que él esperaba. Inventó una excusa rápida para que no le hicieran más preguntas.

–Es mi alarma –dijo –le prometí a mamá que no llegaría tarde a casa y si no me voy ahora, no alcanzaré el metro. Pero casi se me olvida –miró a Tan –Tan, ¿puedo hablar contigo de camino a la estación? Tengo algo qué decirte.

Destinymon frunció el entrecejo, mientras que Mak lo veía con suspicacia. ¿Sería que su amigo por fin le iba a hacer caso? La rubia desvió la vista unos centímetros y distinguió una cara de resignación en Shingo. Ya me lo imaginaba se dijo con tristeza a Shingo le gusta Tan, pero sabe que a ella le gusta alguien más. Pobrecito.

–Muy bien –aceptó Destinymon –Haki, ¿regreso por ti?

–No, gracias Taniko –respondió Haki con una sonrisa –todavía no compro lo que vine a buscar. Daré una última vuelta antes, ¿está bien?

–Como quieras –espetó Destinymon fríamente –Entonces te veré en casa.

Haki asintió, al tiempo que se preguntaba porqué se le hacía rara la forma en la que su hermana adoptiva le acababa de hablar.

Saro y Destinymon se pusieron de pie y se alejaron de la mesa. Ella iba a preguntarle qué quería decirle pero en cuanto entraron a los ascensores, Saro le ganó.

–¿Dónde está Tan?

A Destinymon le extrañó tanto la pregunta que reaccionó exactamente como lo hubiera hecho su amiga.

–¿De qué rayos estás hablando? –soltó con sorpresa e incredulidad –¡Pero si me estás viendo! ¿O es que te quedaste ciego?

–Buen intento –dijo Saro con seriedad –pero no funcionará conmigo eso de actuar como Tan. Ayer me lo creí hasta que me di cuenta de cómo reaccionaste cuando te dije que todos nos iríamos a nuestros países. Te dio miedo, lo vi. Y de seguro sabes que Tan rara vez siente miedo por cosas como esas. Simplemente las enfrenta.

–Y en dado caso de que lo que dices fuera cierto –dijo Destinymon con la misma frialdad con la que solía hablarle a cualquiera que no fuera Tan –¿Qué pruebas tienes de lo que dices? Disculpa, pero cualquiera que te oyera pensaría que estás loco.

Saro la miró fijamente un segundo y al siguiente le estaba mostrando la pequeña pantalla de su digivice. Destinymon leyó el mensaje en la pantalla, escrito en japonés: Quienquiera que lea este mensaje, contacte a Taniko Kamiya y a sus amigos y tráigalos ya. Necesitamos a la Superiora con urgencia.

–¿Y eso qué indica? –quiso saber Destinymon.

–Que un digimon envió esto, ¿qué otra cosa podría indicar? –dijo Saro, mirando a Destinymon a los ojos –y a la única a la que los digimons llaman Superiora es a Destinymon. Lo que quiere decir que Destinymon no está en el Digimundo, sino aquí. Y como estoy seguro de que tú no eres Tan...

–¿Cómo estás tan seguro? –quiso saber Destinymon, pues hasta el momento ese detalle no le había quedado claro. Aliada con Tan había aprendido mucho del comportamiento de los humanos, pero todavía no lo sabía todo –Ésa es mi gran duda, ¿cómo estás tan seguro que la que está frente a ti ahora, o sea yo, no es Tan?

Saro dudó un largo minuto en contestar, puesto que en realidad no tenía una respuesta clara y racional. Lo único que se ocurrió decir fue la verdad.

–Lo veo en los ojos de Tan. No son los mismos de siempre. Y de una vez te digo una cosa, quienquiera que seas: haré cualquier cosa para que Tan vuelva. Cualquier cosa.

Destinymon deseó no haber oído esa respuesta jamás, porque así no habría sentido el impulso de preguntarle a aquel muchacho.

–¿Incluso morirías en su lugar?

Eso desconcertó bastante a Saro, quien no tuvo oportunidad de contestar pues en eso el elevador se detuvo y abrió sus puertas. Habían llegado a la planta baja de la tienda. La puerta principal estaba justo frente a ellos.

–Muy bien –se rindió Destinymon, caminando por delante de Saro –si quieres saber quién envió ese mensaje, sígueme. Sé cómo averiguarlo. Aunque creo tener una idea de quién fue.

Saro la siguió por instinto, sin saber a ciencia cierta si aquella actitud de la chica era porque él acertó en sus suposiciones o porque ella de verdad era Tan y sabía cosas que él no. Estando fuera de la tienda, la siguió por largo rato hasta llegar a la estación de metro más cercana, donde una vez comprados los boletos, Saro vio cómo Destinymon revisaba los horarios con una velocidad asombrosa en la computadora de información a disposición de los usuarios. De repente, la pantalla empezó a parpadear, para luego quedarse en negro. No en blanco, sino en negro.

–Vaya, parece que no se puede sacar información confiable por el momento de ninguna computadora conectada a Internet –comentó Destinymon con cierta frustración –pero al menos logré verificar el destino. El metro que lleva al parque Digital sale en cinco minutos.

–¿El parque Digital? –se extrañó Saro –¿Y para qué quieres ir al parque Digital?

–Ya que tengo unos minutos, te lo explicaré con detalles, Saro –Destinymon intuyó que podía confiar en el chico, más por quien era que por lo que era. Es la persona que más le importa se dijo, pensando en su amiga humana, a la que había metido en tantos problemas y por algo será –Pero primero que nada, déjame felicitarte. Nunca te creí capaz de detectar el cambio. Ni siquiera los Kamiya pudieron hacerlo.

–Entonces estás admitiendo que yo tengo razón. Tú no eres Tan.

Destinymon asintió.

–En ese caso, ¿porqué te ves como Tan?

–Porque éste es su cuerpo. Solamente fueron nuestras mentes las que cambiaron de lugar. Es parte de nuestra comprobación.

Con precisión y rapidez, ya que el metro que esperaban llegaría de un momento a otro, Destinymon le contó a Saro lo ocurrido, pero omitió el pequeño detalle de que la comprobación en realidad consistía en que cada una debía encontrar a alguien que las reemplazara en el cumplimiento de la sentencia. Saro escuchaba más asombrado a cada momento, pues nunca se había imaginado que una cosa como la que estaba oyendo fuera siquiera posible. Cuando Destinymon acabó, Saro se aclaró la garganta y preguntó.

–¿Pero en verdad eres la Superiora, Destinymon?

La digimon asintió con cierto pesar.

–Quisiera que Tan no estuviera en esta situación –dijo –pero debo admitir que los Superiores tuvieron razón en una cosa: las dos somos culpables. Si ella no hubiera aceptado lo que le propuse de aliarnos, la única que estaría ahora en este lío sería yo.

–¿Y quiénes son esos Superiores? –quiso saber Saro –Nuestros digimons nunca los han mencionado. La única Superiora de la que sabemos eres tú.

–Los conocí poco antes de que ustedes fueran llevados al Digimundo por primera vez. Me indicaron cuál era mi función y que en un futuro debía informarles a los niños elegidos la razón por la que habían sido llamados, posesionando a uno de ellos. Pero no lo cumplí, porque empecé a hablar con Tan desde el primer día que estuvo en el Digimundo, diciéndole los nombres de los digimons nuevos que ella y sus amigos se iban encontrando.

–Creo haber escuchado a Tan un par de veces murmurando el nombre de un digimon poco antes de que lo encontráramos –dijo Saro de improviso –Entonces, ¿era por eso? ¿Tú le decías todos esos nombres?

Destinymon asintió, y Saro pudo notar que aunque ella no era Tan, su forma de demostrar tristeza era muy parecida a la de su amiga. No tuvo oportunidad de decirle algo, porque entonces el metro que debían abordar hizo su aparición y tuvieron que entrar en él. En el camino, ambos se mantuvieron en silencio mucho rato, hasta que Saro recordó la pregunta que Destinymon le había hecho en el elevador de la tienda departamental. ¿Incluso morirías en su lugar?

–¿A qué te referías cuando me preguntaste si estaba dispuesto a morir en su lugar? –le dijo a Destinymon de pronto –Debiste preguntarlo por algo importante.

Destinymon no pudo contestarle. Una violenta sacudida en el tren se lo impidió, tirándola al suelo. Saro cayó a su lado, junto con varios de los ocupantes. Tanto en ese vagón como en los demás sucedía exactamente lo mismo.

–¿Estás bien? –le preguntó Saro a Destinymon.

–Claro –contestó ella, incorporándose a medias. Miró a su alrededor y vio que las demás personas empezaban a incorporarse con cierta dificultad –Esto no es normal –agregó, cuando estuvo de pie por completo y empezaba a ayudar a Saro a levantarse –El metro está controlado por computadora, no debería haber fallas de ese tipo. A menos que...

–A menos que el trío Chess Set esté detrás de todo esto –susurró Saro de forma que sólo Destinymon la oyera –y sabes bien a qué me refiero.

Destinymon asintió, frunciendo el entrecejo en actitud de concentración. Si lo que decía Yolek de que el trío Chess Set estaba apoderándose de todos los programas que podía, significaba que si seguía así el trío Chess Set acabaría siendo la misma red. Y que la red estuviera controlada por tres programas no se veía nada bien. Pero ¿porqué también el Digimundo tenía problemas? No pudo concentrarse en esa interrogante pues entonces miles de melodías distintas empezaron a escucharse. Eran miles de celulares que estaban sonando a la vez, pero el ritmo de las melodías era inconfundible. Daba a entender que todos esos celulares eran de niños y jóvenes, lo cual se confirmó cuando el celular de Saro y el D-10 de Tan empezaron a sonar (el D-10 también tenía la función de celular, pues al crearse se había fusionado con el celular de Tan, ¿no es genial? Eso es lo bueno de imaginarse el futuro lejano: puedes inventarte lo que sea). El chico y Destinymon los contestaron de inmediato y poco a poco, a su alrededor se iban apagando los demás timbres. A Destinymon se le heló la sangre cuando escuchó la voz al otro lado de la línea, pues era la de uno de los Superiores, la voz con dejo de burla que se distinguió por su indiferencia en la depuración.

–Hola a todos, niños elegidos –empezó –seguro se están preguntando cómo es posible que estemos hablando con todos ustedes al mismo tiempo, y la razón es muy simple. En primer lugar, casi todos están en el mismo sitio: Japón. Sí, así como lo oyen. ¿Creen que el hecho de que estén de vacaciones en Japón es mera coincidencia? Nosotros, el trío Chess Set, nos hemos hecho cargo de reunirlos poco a poco, pues eso era lo que nos convenía. Ahora bien, la razón de esta peculiar llamada es para informarles a todos ustedes que sus días como niños elegidos están contados. Y eso es por el simple hecho de que la mayoría ya no tiene compañero digimon.

Saro y Destinymon se miraron con preocupación, mientras que los niños elegidos de todo el mundo estaban consternados, incluyendo a nuestros amigos y sus acompañantes (a excepción de Shingo, quien sólo podía suponer lo que pasaba por lo que comentaban los demás), quienes cada uno con su respectivo celular, seguían muy de cerca aquel mensaje. Si les resulta extraño que todos los elegidos del mundo tengan celular propio, la respuesta es muy simple. En ese futuro lejano, la tecnología está tan avanzada, que un celular se ha convertido en algo básico en la vida de la gente de cualquier edad. Además, todos los modelos contaban ya con acceso a internet, por lo que es fácil comprender porqué uno de los Superiores podía comunicarse con el mundo real de manera tan sencilla.

–¿Cómo es posible? –exclamó con incredulidad y si poder contenerse una voz en francés a través de la línea, la cual René identificó de inmediato.

–¡Es Carmelino! –le murmuró a Cobie, quien tradujo la pregunta a sus amigos en un susurro apresurado en japonés.

–Ésa, Carmelino, es una buena pregunta –dijo otra voz, la que parecía de mujer –Todos ustedes ya se dieron cuenta, gracias a Carmelino, que es cierto lo que les decimos de que esta llamada la están recibiendo todos los elegidos del mundo. Verán, la razón de que varios de ustedes ya no tengan compañeros digimons es porque sus pequeños amigos ahora son parte de nosotros. Pocos se han salvado hasta ahora, pero eso no durará mucho. Pronto, todo digimon existente estará bajo nuestro control.

–¿Porqué? –dijo una voz en español que Kei reconoció como la de uno de los elegidos de México, José Guadalupe –¿Porqué quitarnos a nuestros compañeros digimons? ¿Qué les hemos hecho?

Hubo un momento de silencio durante el cual, Kei tradujo lo que José Guadalupe había dicho para miles de sus compañeros, tanto los que estaban en Japón como los que se encontraban en el resto del mundo. Justo había terminado de traducir al japonés y al inglés cuando la tercera voz de los Superiores, la más seria y fría, se dejó escuchar.

–Lo que nos han hecho deberían preguntárselo a su Superiora. Y a la de sus digimons también, si me permiten agregar. En este momento la Superiora humana está en nuestro mundo, mientras que la Superiora digimon está en el suyo. Cada una suplantando a la otra.

–¿Qué quieren decir con eso? –quiso saber Mak, ya que sabía a qué se refería aquella voz –Tan está aquí, la acabamos de ver. Debes estar bromeando, quienquiera que seas.

–No soy cualquier cosa, Yamako –dijo la voz, lo que hizo que Mak se asombrara al ver que aquel ser sabía su nombre –y mis compañeros y yo decimos la verdad. Pero ese no es el punto. El punto es que ustedes ya no son necesarios para nuestro mundo. Ni ustedes ni ningún otro humano. Es por eso que nos estamos apoderando del Digimundo. Los humanos han usado la red a su antojo y eso no nos agrada. La red será nuestra y la usaremos como mejor nos parezca.

–¿Qué pasará con el mundo real? –preguntó Izzy –Necesitamos la red. Muchos de nuestros aparatos y transportes funcionan por computadora.

–Eso –dijo la voz con dejo de burla –no es nuestro problema. La red ya no debe estar en control de los humanos y es todo lo que deben saber. Al menos hasta el primero de agosto, cuando se resuelva cierto asunto que tenemos pendiente... con un par de programas. Y por cierto, no le informen a Taniko Kamiya de esto. Ella se enterará después, se los aseguro.

Dicho esto, la comunicación masiva se cortó y todos los elegidos no supieron exactamente qué pensar. Querían ayudar a sus respectivos compañeros digimons, pero no podían arriesgarse a ir al Digimundo y caer en manos de esos seres que acababan de comunicarse. En la cafetería de la tienda departamental Hikarigaoka, los elegidos allí reunidos se miraron durante largo rato, sin saber qué pensar acerca de todo el asunto. Mientras tanto, en el metro, Saro y Destinymon seguían su camino, pues el tren había vuelto a avanzar con normalidad. Llegaron al parque Digital deprisa y enseguida Saro supo porqué Destinymon iba allí: quería usar el café internet del Obelisco Eneagonal.

–¿Porqué el trío Chess Set mencionó eso sobre Tan? –quiso saber el muchacho –Suena como si supiera lo que los Superiores les hicieron a ustedes dos.

–Es que el trío Chess Set y los Superiores son la misma cosa –dijo la digimon –reconocí sus voces. Pero eso significa... ¡que Tan está en peligro! Hay que ir al Digimundo ahora.

–Si lo que dices es cierto, voy contigo –Saro la miró de frente, con determinación –No voy a dejar a Tan sola. Además, se supone que venimos a averiguar quién me envió el mensaje a mi digivice, ¿no es cierto?

Destinymon asintió y empezaron a entrar al Obelisco Eneagonal. No habían subido ni un nivel de la alta torre cuando la gente empezó a salir despavorida del edificio. Se veía aterrorizada. Saro detuvo a un hombre de traje marrón y le preguntó qué pasaba. Como el hombre no le entendía y trataba de zafarse violentamente, Saro intentó hablarle en inglés, pero tampoco obtuvo respuesta. Ya desesperado, se le escapó un No es posible en holandés (también llamado flamenco en otros países y con más precisión, neerlandés) y el hombre al que había detenido, en el mismo idioma, le dijo.

–¡Hablas mi idioma! ¡Gracias a Dios! Necesito saber cómo salir de aquí. Quiero escapar de ese fantasma.

–¿Qué fantasma? –quiso saber Destinymon, hablando educadamente y en un holandés impecable –¿Exactamente qué está pasando aquí, señor?

–En sí no lo sé, sólo escuché que un fantasma había salido de una computadora y que había estado recorriendo el lugar como si buscara algo –el hombre logró desprenderse de la mano de Saro y corrió al tiempo que decía –Yo que ustedes, también saldría de aquí.

El hombre se perdió entre la multitud que salía, mientras que Saro y Destinymon tuvieron que hacer un gran esfuerzo para ir en dirección contraria a la de los demás, o sea, hacia arriba. Era como nadar contra la corriente y en más de una ocasión se separaron. La última vez que pasó, Saro tuvo frente a sí al causante del alboroto: la figura de quien parecía un niño de once años, semitransparente y flotante. En la cara portaba un antifaz, a través del cual se veían unos grandes ojos castaños. Al verlo, Saro se puso frente a él con cierta dificultad y le dijo.

–¿Quién eres tú? ¿Unos de los que causan problemas en la red?

El fantasma, al ver que le hablaban, miró fijamente a Saro, pero no le contestó. Un segundo después, Destinymon los vio y se les unió al tiempo que decía.

–Saro, ¿quién es él? ¿Lo conoces?

–La Superiora, supongo –el fantasma volteó a verla y le hizo una leve reverencia –Su amiga me envió a buscarla con urgencia. Soy Ghostmon, para servirle.

Destinymon miró a aquel ser con detenimiento y sorpresa.

–¿Cómo sabes... ?

–La señorita Taniko me lo dijo todo –respondió Ghostmon, interrumpiéndola –Me sorprende que haya venido directamente aquí, ¿alguien le dio mi mensaje?

Saro sacó su digivice y mostrándoselo al digimon, preguntó.

–¿Éste es tu mensaje? Lo recibí antes de la llamada masiva del trío Chess Set.

–¿Porqué no tiene remitente? –preguntó Destinymon a su vez, al recordar que el mensaje en el digivice de Saro no tenía ninguna clase de firma.

–Usé el poder de búsqueda para mandarlo –explicó Ghostmon –ya sabe, Superiora, ese poder suyo para enviar mensajes a las personas que deben recibirlos. Yo también tengo esa habilidad. No sabía de qué otra forma mandar un mensaje de alerta.

Destinymon, sin saber exactamente porqué, le dirigió una sonrisa triste. Casi de inmediato, recordó lo que acababa de decirle aquel pequeño digimon: Usé el poder de búsqueda para mandarlo...

–¿Sabes para qué me servía a mí el poder de búsqueda? –inquirió ella, alarmada. Al ver que Ghostmon negaba con la cabeza, la digimon exclamó –¡Me servía para comunicarme con Tan cuando todavía no me fusionaba con ella!

–No entiendo –dijo Ghostmon, confundido.

–Sí, si lo entiendes –dijo ella a su vez, poniéndose a pocos centímetros del extraño digimon –Ese poder yo lo usaba para encontrar a un elegido que pudiera escucharme, uno que de cierta forma, fuera mi compañero humano. Y si tú lo usaste para mandar ese mensaje, es porque querías lo mismo. Querías a un elegido que pudiera ayudarte.

Destinymon y Ghostmon se miraron largo rato, como si pudieran decirse infinidad de cosas con palabras. Saro tuvo el impulso de hablarles y decirles que no perdieran el tiempo, que Tan los necesitaba en el Digimundo, pero entonces su celular sonó. Al tiempo que lo contestaba, los otros dos salían de su ensimismamiento y volteaban a verlo.

–Aquí Takenouchi –contestó Saro –¿Quién habla?

–¡Por fin! –exclamaron al otro lado de la línea –Saro, ¿Taniko está contigo, verdad?

–Sí, Haki –respondió el joven, mirando de reojo a Destinymon y a Ghostmon –No te preocupes. ¿Recibiste la llamada masiva del trío Chess Set?

–Todos la recibimos –informó Haki, algo preocupado –pero yo quería saber si Taniko sigue contigo porque se supone que no tenemos que decirle nada acerca de esa llamada. ¿Sabe algo acaso?

–Alcanzó a oír una parte –mintió Saro para no preocupar más a Haki –pero no sabe todo el asunto. ¿Cómo tomaron la noticia los demás?

–Queremos ir al Digimundo a ayudar a nuestros amigos, pero Izzy y Yolek opinan que no es conveniente porque el trío Chess Set nos podría atrapar a nosotros también. Así que necesitamos desarrollar un plan y para eso vamos a llamar a una reunión a todos los elegidos que estén en Japón. Y de paso, Izzy y Yolek van a ver la forma de traer a los elegidos que otros países a Japón.

–Pero eso es muy arriesgado –replicó Saro –¿Qué no dijo el trío Chess Set que les convenía tener a todos los elegidos aquí? Si los traemos, les pondremos las cosas más fáciles y...

–¿Quién más está contigo, Saro? –preguntó Haki –Oigo muchas voces.

–Nadie –mintió Saro nuevamente –Mira, Haki, será mejor que te llame en un rato. Ahora casi no te escucho porque... estoy saliendo del metro y hay mucha gente. Te marcaré en cinco minutos, lo prometo.

–Muy bien, Saro. ¿Puedo hablar con Taniko antes de colgar?

Saro le hizo una seña a Destinymon para que tomara el teléfono y la digimon obedeció.

–¿Haki? –inquirió ella –¿Qué pasa?

–Nada importante, Taniko. Sólo quería decirte que ya voy camino a casa. Nos veremos allá, ¿de acuerdo?

–De acuerdo.

Se cortó la comunicación y Destinymon le devolvió su celular a Saro. Éste se lo guardó en un bolsillo y vio a Ghostmon directo a los ojos.

–No podemos ir al Digimundo con semejantes riesgos –le dijo –Si lo hiciéramos, el trío Chess Set nos atraparía también. Y sin compañeros digimons que nos ayuden...

Ghostmon asintió de inmediato. Había comprendido perfectamente la situació.

–La señorita Taniko sabrá resistir –comentó el pequeño digimon –Sí, creo que por ahora, se las podrá arreglar.

Al escuchar el nombre de Tan, Saro adoptó una expresión de preocupación y Destinymon lo comprendió a la perfección. Lo poco que había convivido con los humanos hasta el momento le había enseñado que los sentimientos eran cosas muy complejas que por más que ella quisiera, no podía descifrar del todo. Los sentimientos de los humanos, contenidos en lo que ellos llamaban corazón, eran un cúmulo de sensaciones y recuerdos que dependiendo de su naturaleza, podían ser benéficos o dañinos para las personas. Destinymon, estando en el cuerpo de Tan, había conocido muchos sentimientos buenos, como la sencillez, la compasión, la nobleza y la empatía, al ver los problemas de los demás. Pero también había descubierto los sentimientos que su amiga guardaba para sí y para nadie más. Como lo que sentía cada vez que veía a Saro Takenouchi.

–Con que Saro Takenouchi... Esto será más sencillo de lo que pensamos.

Los Superiores, el trío Chess Set o como quieran llamarles, estaban en su sitio de reunión en algún rincón de la red. El rincón era frío, oscuro y neblinoso y nadie en su sano juicio se hubiera aventurado a explorarlo por más curioso que fuera. Por tener casi todo el Digimundo en sí mismos, el mensaje que Ghostmon había enviado no había pasado desapercibido para ellos y aunque tardaron un poco, pudieron encontrar a quien lo había recibido. Y por lo que parecía, el hecho de que aquel mensaje lo hubiera recibido Saro les causaba un malévolo placer.

–Fue muy fácil provocar que el tonto de Ghostmon mandara un mensaje de alerta –dijo la voz con dejo de burla –De verdad creyó que nuestra propuesta era en serio.

–Lo que no supo fue que usamos nuestros poderes para transformar su poder de búsqueda en nuestro poder de búsqueda –dijo la voz seria –Y con eso, ya nos enteramos de cuál será nuestra arma secreta contra Taniko Kamiya. En cuanto al arma secreta contra Destinymon, Ghostmon ya confirmó nuestra teoría, ¿no creen, compañeros?

Los otros dos seres soltaron risas quedas, pero frías y tan maléficas que hubieran paralizado a cualquiera.

–¿Cuál es nuestro siguiente paso? –quiso saber la voz que parecía de mujer.

–Dejar que por un tiempo, los niños elegidos crean que estamos calmados, para que no intervengan –habló la voz más seria nuevamente –y cuando sea primero de agosto, les daremos a los elegidos de Japón donde más les duele.

Los otros dos encapuchados asintieron y soltaron aquella risa queda, fría y maléfica que los tres compartían. Hicieron su juramento de juntar las manos y se separaron para seguir con sus obligaciones, una de las cuales era seguir buscando aquello que según ellos, Taniko Kamiya no debía encontrar.

¿Qué tal? Sé que estoy enredando más las cosas, pero así debe ser. En serio, y si no me creen, entonces quisiera que continuaran leyendo lo demás, aunque me voy a tardar en hacerlo. ¿Qué harán los niños elegidos para ayudar a sus compañeros digimons? ¿Qué tanto pretende el trío Chess Set? ¿Y qué tiene que ver Ghostmon con ellos? Hay muchos cabos sueltos que quien ha ido siguiendo la trama, los puede ir atando poco a poco. Y ya saben, sugerencias, comentarios y/o quejas (sí incluso acepto quejas) dejen sus reviews y ya veré qué puedo hacer. Nos leemos pronto. 