¡Qué onda! Ya sé, se han de estar preguntando qué tanto voy a hacerles a los pobres de mis personajes, para cuándo acabo esto o preguntas así. No se preocupen, ya mero voy a pasar a lo bueno de la historia, para que de aquí en adelante no se pierdan lo que sigue. Como se habrán dado cuenta con el capítulo anterior, este capítulo va en partes y la razón es simple. Como este pedazo de la historia es muy largo, no quise ponerlo todo de un jalón, porque hubiera sido demasiado. Ya aclarado eso y sin más por el momento, aquí tienen mi siguiente entrega. Espero que la disfruten.
Capítulo VI: La misión. Segunda parte.
Los niños elegidos que se encontraban en Japón tardaron tres días en reunirse en Odaiba y sus alrededores. El viernes treinta de julio, todos aprovecharon que Mak y su grupo darían su último concierto antes de que la rubia volviera a Londres para charlar un poco, ya que Mak fue lo bastante amable y astuta para conseguirles boletos a todos. Por coincidencia o lo que fuera, el concierto sería en la tienda departamental Hikarigaoka, usando la cafetería del último nivel como escenario. Lo único que deseaban era que Tan no los descubriera.
–Pero Taniko vendrá al concierto¿no? –le preguntó Haki a Mak –quiero decir, en el trabajo le dieron el día libre por su cumpleaños y...
–¿Su cumpleaños! –exclamó Mak, llevándose una mano a la frente (igual que Izzy, Martín, Joy, T.K., Daisy, Yolek, Cobie e incluso Kei. Y agréguenle a eso las expresiones de los elegidos extranjeros cuando les tradujeron lo que estaban conversando los de Japón... ¡Nomás imagínense la escena!) –¡Lo olvidé por completo!
–No es cierto –dijo Haki, incrédulo –A ti nunca se te olvida, Mak. Ni a ustedes –añadió, volteando a ver a sus demás amigos.
–¡Es broma! –soltó Mak de inmediato. A los elegidos extranjeros también les tradujeron eso, pues se tomaron la broma muy en serio –Claro que nos acordamos de su cumpleaños. De hecho, no debe tardar. Le dije que quería pedirle un favor antes de tocar y ya la conoces, me dijo que sí al instante. Vamos a darle sus regalos después del concierto.
Y dicho y hecho, entonces Tan empezó a acercarse al escenario temporal que la tienda departamental había colocado en el centro del lugar, justo frente al elevador de cristal del que acababa de salir. Mak asomó la cabeza desde la parte de atrás y al ver a su amiga, esbozó una enorme sonrisa de alegría y la llamó.
–¡Por aquí, Tan!
Destinymon la vio y de inmediato caminó hacia ella. Mak le sonrió, pero de pronto se puso seria al ver que su amiga no iba sola. La acompañaba un niño de unos diez años, de cabello castaño, con ojos cubiertos por un gran fleco. Se preguntó quién podría ser ese niño.
–Recuerdas lo que debes hacer¿verdad? –le dijo Destinymon al niño que la seguía.
–Sí, Superiora –susurró el niño, que no era otro que Ghostmon, con voz seria –Hablar como lo hagan ellos y a usted llamarla por el nombre corto de su amiga¿correcto?
Destinymon asintió y sonrió levemente. La asombraba que Ghostmon tuviera el poder de apariencia camaleónica (como él mismo le había llamado) con el cual podía parecer lo que quisiera, incluso un ser humano. Le preguntó, cuando fue a esconderlo al parque Digital luego de que Saro y ella lo encontraran en el Obelisco Eneagonal, si era posible que ella pudiera hacer algo parecido y el digimon, después de pensarlo un momento en completo silencio, le dijo que era muy probable.
–Usted y yo tenemos mucho en común –comentó –así que yo creo que sí.
–Hola Mak –saludó Destinymon, saliendo de sus cavilaciones y sonriendo lo más alegre que podía. Notó la gran cantidad de personas que había tras bambalinas y frunció el entrecejo. Los conocía a todos, pero no podía decirlo –¿Quiénes son todos ellos?
–Niños elegidos de todo el mundo –Mak hizo un ademán para abarcarlos a todos –que de pura casualidad estaban por los alrededores. Ramdás y los otros nos ayudaron a encontrarlos y los invité. Por suerte, había suficientes boletos de cortesía para todos.
–Vaya –dijo Destinymon en voz baja –Los tendrán en charola de plata si quieren.
–¿Dijiste algo, Tan? –preguntó Mak, aunque casi enseguida se olvidó de eso, pues se fijó en Ghostmon –¿Quién es él, Tan?
–Mi trabajo de hoy –contestó Destinymon, sonriendo de forma bromista –Es el hermanito de un amigo del departamento de caballeros, que me pidió que lo cuidara en el concierto porque él tiene que trabajar. Se llama... –se interrumpió brevemente, pensando que aún no le había puesto un nombre a su amigo.
–Gordon –dijo Ghostmon, tendiéndole la mano a Mak –Gordon Monji, para servirle.
–Qué educado –comentó Mak, correspondiendo al saludo –¿Qué clase de apellido es Monji, eh? No es de Japón¿verdad?
Ghostmon iba a contestar, pero entonces Saro hizo su aparición. Era el elegido de Japón que faltaba y al ver a Destinymon y a Ghostmon, comprendió la situación e intervino.
–Hola a todos –saludó –Mak¿ya es hora? –preguntó, alzando un gancho con un sencillo pero elegante vestido blanco. Era un atuendo corto y Destinymon, mirándolo con atención, se preguntó para quién sería, pues alguna vez Tan le dijo que Mak no usaba muy seguido ese tipo de ropa –Me costó mucho trabajo conseguir esto, te lo advierto.
–A eso voy –le dijo Mak a su amigo, guiñándole un ojo –acaba de llegar –indicó con la cabeza a la que creía Tan, a quien por cierto, tomó de un brazo y jaló hacia un camerino improvisado al tiempo que decía –¿Vienes un minuto, Tan? Tengo algo que pedirte. Trae eso, Saro. Veamos cómo le queda.
Sin entender nada, Destinymon se dejó llevar por Mak, mientras Saro iba tras ambas. Ghostmon, sin saber qué hacer exactamente, fue tras ellos y se quedó junto con Saro cuando Mak metió a Destinymon al camerino y cerró la puerta. Cinco segundos después, Mak asomó la cabeza, estiró una mano y agarró el vestido que Saro traía en las manos.
–Necesito esto –musitó con una sonrisa entre pícara y alegre y volvió a cerrar la puerta.
Saro se encogió de hombros, mientras Ghostmon veía a su alrededor con atención, tratando de no demostrar su asombro. Realmente el mundo de los humanos es fascinante, aunque muy complicado se dijo. Saro lo miró y le dijo.
–Sé lo que estás pensando. Pero no te preocupes, los humanos no somos tan complicados de entender. Sólo que nosotros mismos nos complicamos mucho la vida.
–Lo veo –afirmó Ghostmon con su usual seriedad –¿Piensa en la señorita Taniko, cierto?
Saro, poniéndose un poco rojo asintió sin saber qué decir. Ghostmon sonrió por primera vez desde que Saro lo conocía.
–Lo sabía –dijo el digimon simplemente, borrando la sonrisa de su rostro –A propósito¿qué ha sabido la Superiora de su amiga?
–No mucho. Dice que las cosas están igual que cuando se comunicó el día de la llamada masiva. Los compañeros digimons de los elegidos son los únicos que desaparecen y el Digimundo cada vez peor. Tan a duras penas logra ayudar a algunos cuando le informan que en otra parte hay otros en problemas. No sé cuánto más va a soportar.
–Ella podrá –afirmó Ghostmon –Se parece a la Superiora. Ambas pueden con lo que sea.
Acababa de decirlo cuando una exclamación proveniente del camerino acalló la mayoría del ruido y las pláticas de los alrededores.
–¿Que quieres que yo haga QUÉ?
Los niños y jóvenes que estaban tras bambalinas, antes conversando animadamente con aquellos con los que se entendían (recordemos que venían de muchos países diferentes), ahora miraban en todas direcciones para saber de dónde había salido semejante grito, al tiempo que Saro soltaba un suspiro y susurraba.
–Se lo dije. Sabía que iba a reaccionar así.
–¿Qué pasó, Saro? –preguntó Haki, quien acababa de acercarse –Era la voz de Taniko.
Saro miró de reojo la puerta del camerino, esperando algún escape para no tener que hablar, y entonces Mak asomó la cabeza y dijo en voz muy alta.
–Nadie haga caso de ese grito –sonrió nerviosamente –En seguida lo arreglo.
Y sin más, metió la cabeza y cerró la puerta tras sí. Miró a Destinymon, quien tenía los brazos cruzados y el entrecejo fruncido, y pensó detenidamente, paseando de un lado para otro. No comprendía la reacción de Tan a su petición, pero eso no significaba nada. Sabía cómo tratarla. Así que le dijo en tono suplicante.
–Anda, Tan, acepta. Es el regalo que quiero darte. Además, de esa forma me iré a Londres más contenta. Por favor. Y no me digas que no puedes hacerlo, porque Martín y Joy ya me contaron que puedes, y muy bien. Por favor, Tan, sólo esta vez.
Lo pedía tan convincentemente que Destinymon comprendió porqué a Tan se le hacía tan difícil negarle un favor, ya fuera a Mak o a cuanquier otro de sus amigos. No le gusta ver a nadie triste pensó ésa es la simple y pura verdad.
–Muy bien –aceptó, aunque con muchas dudas –Pero exactamente¿qué quieres que haga? Yo no me sé ninguna de esas cosas que quieres que...
Pero no pudo terminar su frase, porque entonces Mak se le quedó viendo, interrogante.
–¿Cosas, Tan? –se extrañó la rubia –Tú sabes perfectamente cómo se llaman. Son canciones. Y no creo que sea muy difícil que te acuerdes de una canción para que abras mi concierto. Tan, no eres la misma desde hace unos días. Y me gustaría saber porqué.
Destinymon inclinó la cabeza, sin saber qué decir. Le echó una mirada al vestido blanco que Saro había llevado y pensó qué tan difícil sería cantar como Tan. Supongo que podré hacerlo se dijo con cierta confianza después de todo, tengo la voz de Tan. Y la única canción que me sé es muy linda. Y es la favorita de Tan.
–Muy bien –aceptó nuevamente, esta vez con mayor firmeza y una suave sonrisa –lo haré. Abriré tu concierto. Pero Mak¿porqué quieres darme un regalo como ése?
–Porque eres mi mejor amiga –Mak sonrió –Escucha, Tan –prosiguió, sentándose en un sillón e invitando a Destinymon con un gesto a hacer lo mismo –No somos muy parecidas. De hecho, somos tan diferentes que cualquiera que nos viera juntas en la calle no creería que tenemos algo en común. Pero a mí eso no me importa, porque tú has sido la única persona que me hizo darme cuenta de lo que era una amiga. Antes de conocerte a ti, no creía en la amistad y por eso alguna vez llegué a pensar que el emblema que me habían dado no era el correcto. Pero en cuanto te conocí, vi que la equivocada era yo. Sí me tocaba ese emblema y tú me lo demostraste. No sé si me entiendas –agregó, pasándose una mano por el cabello –pero lo que quiero decir es que me di cuenta de que mi emblema era el indicado para mí porque lo vi en ti. Tú también podrías tener ese emblema si quisieras. Y aparte, es tu cumpleaños¿necesito decir más?
Destinymon había escuchado todo eso sin decir nada, casi con la misma seriedad con la que Ghostmon acostumbraba oír a los demás. Por alguna razón, las palabras de Mak no le eran desconocidas, pues ella mejor que nadie sabía que Tan, aparte del valor, tenía muchas otras cualidades. Si no¿cómo habría podido ella pedirle ayuda? En ese instante, alguien llamó a la puerta y acto seguido, se asomó una cabeza. Era Yolek.
–Oye, Mak –llamó –tus compañeras te llaman. Quieren arreglar los últimos detalles.
–Ya voy –indicó la rubia, poniéndose de pie –Tan¿podrías irte cambiando, por favor? En cuanto sea hora, vendré y te avisaré. ¿Me puedes llevar con las chicas, Yolek?
Yolek asintió, le hizo un gesto de despedida a Destinymon y se fue. Destinymon empezó a cambiarse de ropa y elevando los ojos al cielo, imploró en voz baja.
–Resiste, Tan. Pronto estaré contigo.
Mientras tanto, en el Digimundo, las cosas iban tal y como Saro había descrito. La mayoría de los digimons que eran compañeros de algún niño elegido habían desaparecido y poco a poco, una misteriosa y densa nube negra se tragaba cada rincón de aquel mundo paralelo en la red. Cuando todo comenzó Tan, sin saber cómo, había digievolucionado el cuerpecillo de Soulmon a la forma otorgada por el digiegg de la amistad, Friendshipmon (hagan de cuenta que es una doncella del hielo, de vestimenta azul y blanca, cabellos largos, alas semitransparentes y como arma, un largo bastón de cierto material azul que parecía hielo, teniendo el emblema de la amistad pintado en la frente, sin que se tapara con el antifaz azul que usaba. No soy muy buena en estas descripciones, así que aquí dejo que usen su imaginación y enriquezcan lo que trato de describirles aquí¿de acuerdo?) para ayudar a los digimons a llegar a la isla File con su ataque de fuego helado, que consistía en un fuego de color blanco azulado disparado a través de su bastón que congelaba cualquier cosa, y hacer caminos de hielo en el mar. Estaba llevando a los digimons de tierra firme a la isla File pues creyó que allí podría cuidarlos mejor. En cuanto acabó con esa tarea, volvió a ser Soulmon, pero no por mucho tiempo. Ya le había agarrado la onda a aquel asunto de las digievoluciones, por lo que recordó le emblema que compartían Martín y Yolek y rápido adoptó la forma de Puritymon (bien, ésta forma es como una ninfa, vestida con una túnica en blanco y distintos tonos de verde, que en vez de bastón porta en las manos una larga vara de árbol cubierta de flores y sus alas se parecen a grandes hojas verdes. Por cierto, en el ala derecha tenía dibujado el emblema de la pureza¿ya tienen la idea? Pues espero, porque a mí a veces se me va ), con la cual podía usar su hiedra perenne, poderosas lianas que salían de las flores de su vara, para hacer refugios temporales. Era mucho trabajo, pero por suerte los digimons pusieron mucho de su parte para terminar pronto. Entre los que seguían con vida, estaban Agumon y Biyomon, quienes a la vez que trabajaban, tenían un diálogo algo singular.
–¿Crees que volvamos a ver a nuestros amigos? –preguntaba Biyomon, algo asustada.
–Si la Superiora lo cree, a mí me basta –respondió Agumon, aunque no estaba del todo convencido –De cualquier forma, hay que tener cuidado. No hay que dejarnos atrapar.
–¿Y porqué crees que Saro y los demás no han venido a ayudarnos?
–Están pensando en plan. Si vinieran sin un plan, no podrían hacer mucho¿no crees?
Biyomon asintió, pero Agumon seguía sin estar seguro de lo que decía. Había dicho todo eso sólo para tranquilizar a su amiga, pero aunque no quisiera admitirlo, estaba igual o peor de asustado que ella. Volteó a ver de reojo a Puritymon y coincidió con algo que dijo Wormmon el día que se la habían encontrado en el lago. No es la misma de siempre, parece otra había dicho Wormmon aquella vez, y Agumon tuvo que admitir que tenía razón.
–¡No se distraigan! –oyó que decía la voz de Puritymon y el digimon salió de sus cavilaciones –Sigan trabajando, amigos. Ya casi terminamos.
Al anochecer, los refugios estaban terminados. Los digimon entraron en ellos, al tiempo que los compañeros de los elegidos de Japón y Puritymon, planeaban las guardias.
–Más que nada debe haber guardias para vigilar que la isla File no sea tragada también por esa nube negra –decía Puritymon –Así que¿quién se ofrece en primer lugar?
Gabumon levantó una garra al mismo tiempo que Agumon. Nadie más lo hizo.
–Es obvio que no puedo mandar a ambos –dijo Puritymon severamente –Decidan quien de los dos va a hacer la primera guardia, por favor –miró al cielo con un gesto melancólico que los digimons alcanzaron a percibir –Tengo algo qué hacer. Con su permiso.
Tan se alejó del lugar porque necesitaba estar sola. Necesitaba aclarar sus ideas, pues según lo que le había dicho Destinymon, aquel era el último día que sus amigos estarían en Japón. Al día siguiente, cada uno se iría a su respectiva ciudad de origen... hasta Saro.
–Eso no es un sueño normal –murmuraba una y otra vez –Los Superiores tienen algo que ver. ¿Pero qué quieren de nosotras¿Qué quieren de Destinymon... y de mí?
Las últimas noches había soñado una misma cosa, que siempre era la misma pesadilla: estaban ella y Destinymon ante los Superiores, a punto de escuchar su veredicto, cuando sus amigos llegaban acompañados de los digimons que quedaban y trataban de impedir la sentencia. Los Superiores, inmutables, rodearon a Saro y a un niño de unos diez años de cabello castaño cuyo fleco le tapaba los ojos y luego las miraron a ellas.
–O ellos o ustedes –decían los tres con sus voces serias e inexpresivas.
Ambas estaban espantadas, y de pronto las dos asentían y los Superiores, sin perder tiempo, desaparecieron junto con Saro y con el niño. Ellas volvían a sus respectivos cuerpos, pero al mismo tiempo se sentían intensamente vacías. Los demás empezaban a mirarlas con profundo desprecio y las abandonaban, con su culpa y su pena. Sacrificaron a otros para salvarse a sí mismas y eso jamás se los perdonarían a ninguna de las dos. Jamás.
–Nunca sacrificaría a Saro –se dijo, con los ojos llenos de lágrimas y ocultos por el antifaz verde hecho de hojas que Puritymon portaba –Nunca. No podría.
Tan no creía mucho en sueños proféticos, pero pensar que esa pesadilla suya podía hacerse realidad, aunque sólo lo pensara por un momento, le causaba mucho dolor. Creo que Mak tiene razón pensó, logrando sonreír levemente Soy demasiado sensible. Y me preocupo demasiado. Hablando de Mak¿qué estará haciendo ahora?
Se imaginó a su mejor amiga trabajando con su grupo en alguna canción, a Izzy yendo de un lado para otro en su computadora, saciando su curiosidad; a Martín deleitándose con comida extraña hecha por él mismo que compartía con Yolek, a Joy leyendo un grueso libro que Cobie intentaba seguir, a T.K. divirtiéndose al jugar básquetbol con Daisy, a Haki tomando fotografías increíbles con su cámara digital, a Kei estudiando apaciblemente luego de un entrenamiento de fútbol y a Saro... a Saro no podía imaginarlo mas que con ella. Aunque sabía que ése era un sueño muy egoísta.
–No puedo quedarme aquí mientras mis amigos se van –sentenció, encaminándose hacia el televisor que usaba para comunicarse con el mundo real –Debo ir a verlos por última vez. Tengo que decirles adiós.
Luego de volver a ser Soulmon, activó el televisor. Deseó con toda el alma poder ir al mundo real sin ser descubierta y entonces, su aspecto empezó a cambiar. Se volvió una niña de unos diez años y cabello castaño. Sus ojos los cubría un fleco un poco largo, pero aún así podía ver bien. Al verse reflejada en la pantalla, se dio cuenta de que se parecía mucho al niño de su pesadilla. ¿Qué significa? Se preguntó, pero no se detuvo a pensarlo mucho. Ese aspecto era perfecto para ir al mundo real.
–Resiste, Destinymon. Pronto estaré contigo.
El concierto del grupo de Mak estaba por empezar. La rubia estaba dando las últimas instrucciones a sus compañeras, mientras que los elegidos invitados preparaban los regalos que pensaban darle a Tan al acabar el espectáculo. Saro se metía una mano a uno de sus bolsillos de vez en cuando, como asegurándose de que algo siguiera allí. Los demás sólo esperaban que Tan saliera del camerino para verla, pues Mak ya había anunciado que su mejor amiga abriría su concierto... y que el vestido blanco que Saro había llevado era para que ella lo usara. Haki discutió un minuto con Mak sobre ese asunto.
–¡Taniko nunca se pondría algo como eso! –afirmó –¿Qué le dijiste para convencerla, Mak¿Acaso la amenazaste?
–¿Me crees capaz de semejante cosa? –preguntó Mak a su vez, afinando su guitarra eléctrica –Ya sabes cómo es Tan: si le pides algo sinceramente y todas las veces que hagan falta, te hace el favor. Y no lo digo porque sea una aprovechada, sino porque la conozco. Simplemente no soporta ver a alguien suplicando. ¿Sí o no tengo la razón?
Haki asintió muy a su pesar, pues tuvo que reconocer que Mak decía la verdad. Tan era demasiado bondadosa como para no ayudar a alguien que lo necesitara. En eso, se empezó a escuchar un murmullo de admiración que se expandía por todas partes y Haki miró un punto por detrás de Mak. Casi se queda con la boca abierta. Debo estar soñando se dijo mentalmente, sin creer lo que veía.
–¿Ése es un ángel? –musitó el chico, con los ojos muy abiertos.
Mak miró sobre su hombro y comprobó que Haki tenía razón en reaccionar así al ver a su hermana adoptiva, con un atuendo que generalmente ella no acostumbraba usar. Si de por sí Tan ya era linda, aquel vestido blanco, sencillo y elegante, la hacia lucir como Haki había dicho: como un ángel. Claro que a excepción de Saro, nadie sabía que ésa no era Tan.
–Se ve muy bien, Superiora –le susurró Ghostmon al verla salir –Y pensar que está en el cuerpo de su amiga.
–Sólo espero que Tan no se moleste –susurró Destinymon a su vez –Ella no suele usar esta clase de ropa y mucho menos presentarse en público. Aunque no lo creas, es tímida.
–Lo creo –dijo Ghostmon con una sonrisa misteriosa –Recuerde que ya la conozco.
Destinymon sonrió y se alisó el vestido. La verdad era que a ella también le causaba timidez tanto usar ese vestido como su próxima aparición en público. En eso, Saro se le acercó y la miró atentamente, sonriendo.
–Si fueras Tan, te diría que estás muy linda sólo para que sonrieras e hicieras gala de la pureza que tienes. Pero no eres Tan –al chico se le borró la sonrisa de la cara –¿Y sabes una cosa? La extraño.
–Lo sé –Destinymon le sonrió de forma consoladora –Y ella también te extraña a ti. Te lo aseguro. Y nunca te sacrificaría. Nunca.
Lo último lo dijo más para sí misma que para cualquiera que la estuviera oyendo. Pero Saro entendió de todas formas. Desde que Destinymon se había sincerado con él, se le había quedado muy grabada la pregunta que le había hecho el día que el trío Chess Set había hecho su llamada masiva. ¿Incluso morirías en su lugar?
Claro que lo haría se dijo firmemente Si fuera necesario, lo haría.
–Es hora –anunció una chica alta de cabello y ojos negros: era la baterista –Tan¿vienes conmigo, por favor? Te voy a decir de dónde vas a salir en cuanto Mak diga tu nombre.
Destinymon asintió lentamente, se puso a un lado del escenario y esperó. Pero entonces, el D-10 de Tan empezó a sonar en el único bolsillo del vestido y con discreción, buscó un lugar donde sacar el aparato sin que la vieran. Se puso tras una cortina y sacó el D-10, leyendo rápidamente el mensaje en la pantalla: Busca una computadora. Voy para allá.
Destinymon no dudó ni un instante. Miró a su alrededor y para suerte suya, cerca estaba una mesa con la computadora portátil de Izzy. Sin pararse a pensar si Izzy volvería pronto, Destinymon conectó con un cable especial el D-10 a la computadora. Cuando estuvo todo listo, Destinymon abrió un portal a internet y en la barra de direcciones escribió una larga sucesión de ceros y unos. Apretó el botón de ir a la derecha de la barra de direcciones y casi enseguida un pequeño portal al Digimundo apareció en la pantalla. Y tan pronto como el portal estuvo visible, se abrió y una niña desconocida para Destinymon salió de él.
–¡Al fin! –suspiró la niña, mirándose detenidamente. La ropa que usaba era un vestido naranja y unos zapatos del mismo color –Creí que no podría llegar.
–¿Quién se supone que eres tú? –preguntó Destinymon.
La niña la miró de pies a cabeza y con gesto de asombro, exclamó.
–¿Pero cómo se te ocurrió vestirme así?
–Sí eres Tan –dijo Destinymon sonriendo –Por un momento pensé que podrías ser uno de los Superiores. Recuerda que ellos son el trío Chess Set del que habló Yolek.
Tan asintió.
–Y ahora que lo pienso¿qué viniste a hacer aquí, Tan? Se supone que no debías salir del Digimundo. Mucho menos considerando la situación.
–Es que ya no aguanté más –admitió Tan, y Destinymon notó un par de lágrimas en el rostro de su amiga –Quería verlos a todos por última vez. Antes de que se fueran.
–Te entiendo. Pero en realidad no es buen momento. Estás a punto de cantar en público.
¡Qué?
Destinymon le explicó brevemente el favor que había aceptado hacerle a Mak. Tan la escuchó si decir palabra y al final, dijo.
–Al menos no te pidió que te le declararas a Saro. Hubiera sido capaz de hacerlo.
–¿Qué es declarársele a alguien? –inquirió Destinymon con extrañeza –He escuchado esas palabras muy seguido últimamente. Las dicen todos sus amigos. Hasta Hakiri.
–No me extraña –afirmó Tan, encogiéndose de hombros –Ahora ya sé quién le gusta a quién. Cada uno por su lado me vio cara de confesora.
–¿Qué es una confesora? –preguntó Destinymon, con más extrañeza que antes.
–No importa –suspiró Tan –Por ahora lo que importa es que cantes bien. ¿Y qué vas a cantar, por cierto¿Sabes siquiera lo que es una canción?
–Claro que me sé una canción. De hecho, voy a cantar la que más que gusta. Ésa en la que piensas casi todo el tiempo.
Tan se quedó con la boca abierta.
–¿Porqué de todas las canciones que existen en el mundo se te ocurrió precisamente ésa?
Destinymon estaba a punto de contestarle cuando las cortinas que las ocultaban empezaron a moverse y Saro y Ghostmon aparecieron en escena.
–¿Qué haces aquí? –le preguntó Saro a Destinymon –Ya casi es hora de que te anuncien.
–No debería esconderse, Superiora –le dijo Ghostmon –Se podrían preocupar por usted.
Tan se le quedó viendo a Saro por detrás del fleco que le cubría los ojos. Se puso algo roja, apartó la vista y se puso tras un pliegue de la cortina que tenía junto a ella, a la vez que Destinymon intentaba explicarse.
–Es que todo este asunto de ser como Tan se me sale de las manos –dijo –La verdad no sé cómo hacerle para sonar como ella.
–Es muy simple –aseguró Saro –Lo único que tienes que hacer al cantar es sentir las palabras. Por unos minutos, piensa que eres humana y siente un poco. No es tan difícil. Mira, te pondré un ejemplo¿de qué habla la canción que vas a cantar?
Destinymon lo pensó por un momento, mirando de reojo a Tan. De pronto, tuvo una genial idea para ayudar a su amiga. Al menos así tendría una oportunidad para estar con él antes de que... bueno, de que recibieran su sentencia.
–Habla de que alguien espera que la persona que quiere esté con ella pronto. Le promete que si está con ella, no le hará daño y que haría cualquier cosa para que se le cumpla su deseo. Pero en sí no lo entiendo¿porqué los humanos sienten la necesidad de tener a alguien a su lado¿Qué esperan obtener con ello?
Saro frunció el entrecejo, meditando. Ghostmon, en tanto, había descubierto la presencia de Tan. Pero como si supiera lo que Destinymon estaba tramando, no dijo nada.
–Te lo puedo explicar perfectamente –contestó Saro por fin –porque es lo mismo que yo siento cuando... cuando pienso en Tan.
Tan, oculta donde estaba, se quedó completamente quieta.
–¿Cómo está eso? No entiendo bien los sentimientos de los humanos.
–En realidad tienes razón en decir eso. No es fácil explicar lo que se siente –se llevó una mano al pecho, a la altura del corazón –Los sentimientos de los humanos son complejos, porque no puedes decir en dónde empiezan exactamente. Podría decirte que lo que siento por Tan sólo es amistad, pero creo que mentiría. La primera vez que sentí por Tan lo que siento ahora por ella fue hace tiempo. Cuando noté que era la mejor persona que he conocido en mi vida.
–¿Pero qué es exactamente? –quiso saber Destinymon –¿Cómo se llama?
Saro iba a contestar cuando Mak y su grupo empezaron a acomodarse en sus lugares. Al abrirse el telón, la voz de Shira, la hermana de Shingo, anunció.
–Y para nuestro evento musical de fin de mes, con ustedes un grupo que quiere despedirse como se debe. Las únicas e inigualables... ¡Digital Girls!
Los aplausos fueron estrepitosos. El grupo de Mak había alcanzado cierta fama desde que se habían dado a conocer y aquel concierto de despedida con las localidades agotadas era la prueba de ello. Mak le dio unos golpecitos a su micrófono para asegurarse de que el sonido estaba bien y luego habló.
–Buenas tardes, chicos y chicas –saludó con una gran sonrisa –Antes de comenzar quiero presentarles a quien abrirá nuestro concierto esta vez. Es mi mejor amiga y es la mejor persona que he conocido en toda mi vida.
La gente aplaudió al pararse Mak a tomar aliento, mientras que Ghostmon se percataba de algo. Fue lo mismo que dijo Saro pensó, mientras en la mente se le formaba una idea Para confirmar lo que estoy imaginándome, tendré que dar una vuelta.
Ghostmon salió de su rincón y empezó a deambular rápidamente, contando con los dedos cada vez que oía cierta frase y cuando llegó a determinado número, se asombró. Falta uno se dijo con extrañeza lo que no me sorprende. Es el que ellos están buscando.
En tanto, Mak ya estaba anunciando a Tan.
–Ahora, sin más demora, aquí les presento a... ¡Tan Kamiya!
–Ve –le indicó Saro a Destinymon –y no te preocupes. Estarás bien si piensas como Tan.
Destinymon asintió, le echó un último vistazo a donde estaba escondida Tan y se dirigió a donde la esperaba Mak. La rubia le tendió el micrófono, se hizo a un lado y Destinymon le hizo un gesto afirmativo. Quería acabar con el asunto lo más pronto posible. Mak entendió el gesto y con un movimiento de cabeza, les indicó a sus compañeras que empezaran a tocar. A los primeros acordes, los elegidos de Japón reconocieron la melodía y cada uno de ellos pensó en la persona que más les importaba. Aquella a la que cada uno quería más que a nadie en el mundo. Y sin saberlo, los asistentes al concierto quedaron totalmente conmovidos con la canción que aunque corta, era de lo más emotiva.
Al cielo pido un favor
Ten lo que quieras de mí, deseo a morir
Que algún día tú estés por siempre conmigo
Tengo la fe... mmmm.
Yo no sé porqué no me vas a querer
Si soy quien más te ama y yo te haré muy feliz
Tarde o temprano serás tú mi hombre.
Yo sé que el cielo me va a escuchar
Lo presiente mi corazón
Y al escuchar mi canción
Yo estoy muy segura, vendrás aquí.
No temas, no te haré mal
Debes dejarte llevar por una razón
Mucho te puedo ofrecer
No te vas a arrepentir...
No temas no te haré mal
Debes dejarte llevar por una razón...
Y algún día tú y yo felices seremos
Tengo la fe... mmmm.
Cuando Destinymon terminó, recibió una gran ovación. Era evidente que la canción era de lo más romántica, pero eso no era nada comparado con la voz de Tan, la cual era muy hermosa. Cada uno de los presentes sintió que la canción era exclusivamente para él o ella y Destinymon, al notar que lo había hecho bien, sonrió entre tímida y satisfecha. Mak le hizo una señal de triunfo y al verla, Destinymon se retiró. Tan se puso junto a ella y mientras ambas llegaban a donde estaba la computadora de Izzy, dijo.
–Lo hiciste muy bien. Hasta parecías yo.
–Gracias. Fue sencillo cuando recordé lo que tú sientes por Saro.
Tan se puso roja nuevamente y bajó la vista.
–¿Porqué nunca se lo has dicho? –quiso saber Destinymon, al estar ella y su amiga en un rincón apartado –Creo que se pondría muy contento.
–Porque hubiera estado mintiéndole todo el tiempo –explicó Tan –Al menos desde que tú y yo trabajamos juntas.
–¿O sea que te arrepientes de haberte aliado conmigo?
–No es eso, pero es que no me gusta andar mintiendo. Y me siento muy mal cuando lo hago, en serio. No es por otra cosa.
Destinymon asintió, teniendo una leve idea de lo que Tan sentía. Después de todo, había estado en ella el tiempo suficiente como para llegar a comprenderla.
–Y por eso –siguió Tan –regresaré al Digimundo sin despedirme. Vine precisamente a eso, pero no tiene caso. No quiero preocupar a nadie. Mucho menos a Saro.
–Y yo tendré que regresar el domingo sólo para recibir la sentencia –Destinymon sonaba desanimada –porque una cosa es segura: el trío Chess Set no va a fallar a nuestro favor. ¿Cuánto apuestas a que nos condenará a la desfragmentación sin miramientos?
–Cualquier cosa –contestó Tan con una sonrisa sarcástica –Lástima que la apuesta no es real, porque la ganaría.
–Tengo una duda –Destinymon se quedó seria –¿Para qué querría el trío Chess Set que encontráramos a seres que tomaran nuestro lugar en la sentencia¿Qué ganarían con eso?
–Quizá nos están probando –Tan tenía un aspecto reflexivo –Tal vez quieren ver si somos capaces de traicionarnos una a la otra. Seremos capaces de ser unidas en igualdad de condiciones, pero piénsalo¿y si no fuéramos amigas de verdad? Tal vez hubiéramos hecho lo que el trío Chess Set nos pidió y nos hubiéramos librado de la desfragmentación a costa de unos inocentes y de la que nos ayudó en las dificultades. ¿Me entiendes?
–En pocas palabras –concluyó Destinymon –quieren ver si pueden ponernos una contra la otra –Tan asintió –La pregunta es porqué.
–No lo sé –confesó Tan con frustración –pero una cosa es segura: tenemos que averiguar cómo salvar a los digimons de sus planes antes de que nos sentencien. Aunque los hayamos descubierto, siguen siendo más poderosos que tú¿verdad?
Destinymon, con pesar, asintió con la cabeza de Tan. Por más que ella y su amiga quisieran evitar lo que sea que el trío Chess Set quisiera hacerles, sus poderes no podían compararse con los de aquel trío maligno.
–¿Sabes qué es lo curioso? –comentó Tan de pronto –Que Chess Set,en inglés, significa piezas de ajedrez. ¿Porqué esos programas tendrán ese nombre?
Destinymon se encogió de hombros, pero a ella también le había llamado la atención ese nombre desde que Yolek lo mencionó. No se le había ocurrido investigar el porqué de ese nombre, pero ya que tenía algo de tiempo se dijo que podía averiguarlo.
–Tan¿te ayudo a volver de una vez?
La niña asintió. Destinymon abrió el portal al Digimundo y luego de hacerlo, se le quedó viendo a su amiga, sin darse cuenta de que la cortina cercana se movía ligeramente.
–Nos veremos el domingo –dijo Destinymon, sonriendo ligeramente –¿Quieres que te diga qué te regalaron por tu cumpleaños?
Tan asintió.
–¿Y tú quieres saber qué piensan los demás digimons de ti? Me han dicho cosas muy interesantes que a ti nunca te han mencionado.
Destinymon asintió a su vez.
–Cuídate mucho –le dijo la digimon a su amiga –Y cuida a mis amigos.
–Lo mismo te digo –dijo Tan, cuyas mejillas dejaban ver un par de lágrimas –y despídete de mis amigos como se debe.
Ambas se abrazaron con fuerza, pensando que la próxima vez que se vieran no tendrían la oportunidad para hacer algo así. Tan se separó de Destinymon, se secó las lágrimas con el dorso de la mano y notó que su amiga también estaba llorando.
–No sabía que los digimons lloraran –comentó, fingiendo un tono de broma.
–Yo tampoco –confesó Destinymon, pasándose una mano por debajo de los ojos –será porque aquí soy una humana. Bueno, vete ya. Te necesitan.
Tan asintió y usó el portal para regresar al Digimundo. Destinymon suspiró, se retiró del lugar y se mezcló con los elegidos del mundo que Mak había invitado, quienes empezaron a felicitarla tanto por su interpretación como por su cumpleaños. Mientras tanto, tras la cortina, Saro y Ghostmon salían de su escondite y miraban de lejos la escena.
–¿Cómo pudieron ocultarnos algo así? –dijo Saro –¿Cómo pudieron?
–Es propio de ellas –dijo Ghostmon –Lo que hay que hacer ahora es preparar un rescate. No podemos dejar que cometan una locura. Además, yo sé algo que quizá pueda ayudarlas.
–¿Ah, sí¿Y qué es?
–La debilidad del trío Chess Set, que por cierto, está en su propio nombre. Como ya le conté, intentaron ponerme de su lado. Sé lo suficiente como para hacerlos caer.
Saro asintió con satisfacción y fueron a reunirse con los demás para que no levantar sospechas. Lo que no sabían era que a ellos dos también los habían espiado. Los espió una figura que no estaba dispuesta a que arruinaran tus planes. Una figura que, por cierto, tenía unos brillantes ojos azules.
Por ahora ya no los voy a hacer más bolas, pero sí quiero hacer las preguntas de rigor. ¿La pesadilla de Tan significará algo¿Destinymon habrá hecho bien en haber hecho que Saro soltara casi todo lo que sentía por Tan¿Qué será lo que Ghostmon se puso a contar y de lo que dijo falta uno¿Porqué el trío Chess Set tendrá ese nombre ¿Cuál será su debilidad¿Y quién será la figura que estaba espiando a Saro y a Ghostmon? Eso y mucho más se sabrá pronto, lo prometo. Nos leemos pronto.
Iori-Jeztes: Gracias por tus comentarios, me animan mucho. Aunque te doy la razón en eso de que voy un poco acelerada, digo algo parecido a lo que tú dices en uno de tus fics: yo no tenía planeado que mi historia saliera así, pero así se dio y estoy conforme, me gusta mucho como está quedando. Por lo demás, no hay bronca.
