¡Qué onda¿Me extrañaron? Espero que sí, porque aquí les tengo otra entrega, la cual hago con mucho cariño. No voy a extenderme mucho en este párrafo introductorio de rigor, sólo quiero agradecerles a los que leen mi historia por los minutitos que les quita y avisarles que pronto se acabará. ¿Porqué? Simplemente porque ya va a ser tiempo. Pero eso no quita que el final vaya a ser especial. Ahora sí, paso al meollo del asunto: darles a todos ustedes sano entretenimiento originario de mi humilde imaginación.

Capítulo VII: La misión. Tercera parte.

Llegó el momento de la dolorosa despedida, la cual ninguno de los elegidos de Japón quería afrontar. Por lo menos el día anterior habían disfrutado de la fiesta improvisada que le hicieron a Tan después del concierto de Mak, en la cual participaron todos los elegidos invitados. Destinymon sonrió lo más natural posible ante las bromas y los regalos, pero en su interior no dejaba de pensar en Tan y en la posibilidad de que ninguna de las dos iba a volver a ver a sus amigos. Destinymon observó todos los regalos atentamente, para poder describírselos a su amiga después y al acabarse la celebración, Saro la llevó aparte antes de retirarse.

–¿Podrías darle esto a Tan cuando regrese a su cuerpo? –pidió, dándole una pequeña cajita negra de terciopelo –Dile que espero que vuelva pronto. Porque va a volver¿verdad?

Destinymon no respondió. No quería mentirle, pero no sabía cómo explicarle lo que les esperaba a ella y a Tan con el trío Chess Set. Lo cual le recordó una cosa.

–Saro¿tú sabes porqué el trío Chess Set tiene ese nombre? –inquirió.

–En realidad no, pero Yolek debe saber –Saro giró la cabeza hacia un lado y vio que Yolek platicaba con Kei –si quieres le pregunto. ¿Mañana irás a despedirnos al aeropuerto?

Destinymon asintió.

–Pues ahí lo averiguamos. ¿Pero para qué quieres saber?

–Simple curiosidad. Es que los nombres de los digimons casi siempre coinciden con sus características especiales. Como yo.

Saro le sonrió y la dejó ir. Destinymon se fue sola, y Hakí se dio cuenta cuando la digimon ya estaba a buena distancia de la tienda, por lo que Haki decidió quedarse a la fiesta. Para sorpresa de Mak, Tan había dejado al niño que había llevado, Gordon Monji¿porqué? También la rubia notó que Shingo se veía levemente contrariado, como si algo lo molestara. Fue a hablar con él.

–¿Qué traes? –le preguntó –La fiesta está buena. Y eso que la festejada ya se fue.

–Me di cuenta –Shingo no parecía estar de humor –Oye, Mak¿puedo preguntarte algo?

–Claro.

–Tan está enamorada de alguien¿verdad?

Mak, a pesar de que no quería ver triste al muchacho, tuvo que asentir. No le gustaba mentir y eso era una de las pocas cosas que ella y Tan tenían en común.

–Debí suponerlo. Por eso nunca me hacía caso.

–Muy cierto. ¿Pero a qué viene la pregunta?

Shingo no respondió, sino que para asombro de Mak, la dejó sin explicación alguna. La verdad era que el chico tenía muchas cosas en qué pensar, pues al igual que la mayoría de la gente en este mundo, también tenía sus secretos. Mientras tanto, cada elegido de Japón pensaba en su propio secreto, pues sabían que de nada serviría revelarlo: se separarían y nada iba a funcionar.


Las cosas iban mejor de lo que esperaban. El trío Chess Set tenía a casi todo el mundo digital bajo su control. El único lugar que les faltaba era la isla File.

–Ahí debe estar el emblema –dijo la voz seria y fría, dirigiéndose a sus compañeros –porque ya hemos buscado por todas partes y no hemos encontrado nada.

–Estoy de acuerdo –dijo la voz que sonaba de mujer –pero la pregunta sigue siendo dónde está escondido. Una cosa como esa no puede haber desaparecido en la nada luego de formarse.

–¿Y cómo se creó, para empezar? –quiso saber quien poseía la voz con dejo de burla –Ese detalle podría ayudarnos si tan sólo lo supiéramos.

Los tres seres se quedaron en silencio por un largo rato. La cuestión en sí era interesante. Habían estado buscando un emblema sin tener ni la más remota prueba de que existiera mas que una leyenda muy antigua prácticamente olvidada. Pero de eso a que fueran a darse por vencidos, jamás. Estaban totalmente seguros de que el emblema existía y lo iban a encontrar.

–Eso ya lo expliqué –dijo la figura de la voz seria, con un tono de voz de infinita paciencia, lo que es poco frecuente en alguien malvado y sin corazón –El emblema se creó al aparecer un humano que pudiera contener todos los emblemas existentes en su propio corazón. Por eso fue que fuimos sobre Taniko Kamiya, ella hizo la señal que esperábamos¿o acaso ya lo olvidaste?

La figura dueña de la voz burlona asintió con cierta indiferencia. Claro que lo recordaba, pero necesitaba que su compañero lo dijera.

–¿Y quieres recordarme la señal, si fueras tan amable? –preguntó a continuación, fingiendo estar haciendo una broma –Creo que me estoy volviendo olvidadizo.

–Es muy simple. La señal que indicaría al humano que con su presencia en este mundo creó el emblema está dicha en una de las líneas de la leyenda: ...cuando haya dos almas en el cuerpo de esa persona y ambas almas jueguen con los caminos de los demás...

La figura que había preguntado asintió, y se quedó muy pensativa. Trataba de descifrar esas líneas, pero no podía. Espero que él encuentre a alguien que sí pueda se dijo misteriosamente Yo tengo suficientes problemas ahora como para entretenerme en esas cosas.

Luego de discutir unos cuantos detalles sobre la ultimación de sus planes, las tres figuras hicieron su movimiento de juntar las manos y se separaron. La figura con voz burlona se alejó lo más que pudo y de una de sus mangas sacó una especie de televisor portátil. Había rescatado el artefacto de una zona lejana y ahora lo usaba como comunicador. Lo encendió y enseguida en la pantalla apareció una persona con la cara oculta por las sombras.

–Ya tengo la razón –dijo la figura con una voz totalmente distinta a la que solía usar. Era una voz totalmente amable –Pero aclárame una cosa¿es verdad lo que me dijiste¿No piensas evitar todo esto? Con lo que voy a decirte, podrías salvarlas.

–No pienso hacer nada por ahora –contestó la persona en la pantalla con una voz masculina muy joven, pero cargada de enojo –Que sufran un poco. Eso le enseñará a una que no debe despreciarme y a la otra a no imitarla. Pero no te preocupes, que después de un rato las salvaré a ambas y así ella por fin se dará cuenta que valgo más que ese tonto que le importa tanto.

–Conozco lo suficiente a los humanos como para saber que eso no funcionará. Pero en fin, ésa no es mi especialidad. Después de todo, yo no soy humano.

–Exacto –espetó la persona en la pantalla con cierta crueldad –Tú no eres humano. Ahora, si no te importa¿podrías darme los datos, por favor? No tengo mucho tiempo.

El integrante del trío Chess Set soltó un débil suspiro, como si estuviera arrepintiéndose de lo que estaba a punto de hacer, y durante los siguientes diez minutos, le murmuró a la persona en la pantalla un torrente de información acerca de él mismo, de sus compañeros y sobre todo, del misterioso emblema que el trío Chess Set buscaba con ansias.


El treinta y uno de julio, el aeropuerto estaba muy concurrido desde temprana hora de la mañana. Los elegidos de Japón no eran los únicos que regresaban a sus respectivos países.

–No puedo creer que los demás también tengan que volver hoy –comentó Izzy con sus amigos, al reunirse en el aeropuerto antes de que salieran sus correspondientes vuelos –De hecho, Alí y yo nos sorprendimos mucho cuando al platicar del asunto, notamos que nos iríamos a El Cairo en el mismo vuelo. No debe tardar en llegar.

Izzy, en efecto, esperaba que su amigo egipcio apareciera de un momento a otro, cosa que a sus amigos no les pasó desapercibida. Estaban sentados en cómodas butacas de cuero, en un café entre elegante y moderno, alrededor de una mesa circular de tamaño considerable. Como todos habían tenido que levantarse temprano para estar en el sitio a tiempo, tenían frente a ellos sendas tazas humeantes de té.

–A mí también me sorprendió que Nicole se iría en el mismo vuelo que yo a Nueva York –comentó Martín –Tanta coincidencia me da escalofríos.

–No eres el único –intervino Daisy –Ramdás me dijo exactamente lo mismo. Es como si se hubieran puesto de acuerdo.

Saro escuchaba la conversación sin decir palabra. A decir verdad, a él no le importaba, puesto que sería el único que regresaría solo a su país. Su madre iría con él, pero no era lo mismo una madre que un amigo y eso Saro lo sabía de sobra. Deseó más que nada haber podido hablar con Tan... pero sabía que no era posible, al menos no por el momento. Y por lo que él y Ghostmon habían escuchado, era probable que no volviera a ver a su amiga.

No puedo creer que Tan y Destinymon nos hayan ocultado algo así pensaba con tristeza, para luego analizar detenidamente la conversación entre las dos aliadas bajo otra luz. Destinymon dijo que pudo cantar como Tan porque se acordó de lo que ella siente por mí, recordó con cierta esperanza. ¿A qué se refería¿Será que he estado equivocado todo este tiempo y que Tan de verdad siente algo más que amistad por mí¡Diablos! Y no tengo forma de saberlo porque para empezar, ésa que está aquí no es la verdadera Tan, sino una digimon en su cuerpo que está cumpliendo con el mismo castigo que MI Tan.

Saro se tomaba la libertad de decir Mi Tan en sus pensamientos, pues sabía que nadie podía penetrar en ellos... o casi nadie. Aún no se explicaba cómo había podido Mak descubrir que él estaba enamorado de Tan y la verdad no tenía forma de averiguarlo. Y como si la hubiera invocado con el pensamiento, Mak llegó al lugar donde sus amigos estaban reunidos. Con ella allí, el único de los elegidos de Japón que faltaba (de los que se irían) era Haki.

–¿Porqué traen esas caras de funeral? –quiso saber, arrastrando tras sí una maleta azul oscuro con ruedas –Parece que pasa algo más serio que lo que la llamada masiva de hace unos días –se detuvo ante sus propias palabras y preguntó rápidamente –No pasa algo más grave que esa llamada masiva de hace unos días¿verdad?

–Sólo comentábamos que es mucha coincidencia que todos los elegidos extranjeros que estamos en Japón volvamos a nuestros países hoy –respondió simplemente Yolek –Hay que admitir que nosotros, a excepción de Tan, también somos extranjeros. Tendremos padres japoneses, pero seguimos siendo extranjeros. Así de simple.

–Pero no lo digas en ese tono, Yolek –pidió Kei, sonriendo levemente –de todas formas, somos más japoneses que otra cosa. Al menos así me siento yo.

–Por ahora córtale a todo ese patriotismo –pidió Daisy con una mueca –Lo que importa ahora es qué vamos a hacer con el problema del Digimundo. No podemos dejarlo todo así nada más. Tenemos que ayudar a nuestros digimons¿o no?

–Ésa no es la cuestión –dijo de pronto Saro, hablando por primera vez. Sus amigos lo miraron con atención –sino algo me ha estado molestando desde la llamada masiva. Chicos¿ninguno de ustedes se ha preguntado porqué esos digimons no querían que le dijéramos a Tan todo esto¿Cómo creen que ella va a enterarse, como dijo ese trío? La verdad, yo tengo mis dudas, y...

–Hasta que por fin los encontramos –dijo la voz de Tan a espaldas de Saro, interrumpiéndolo. Acababa de llegar junto con Haki –Espero que todo esté bien.

–Me alegra que vinieras a despedirnos, Tan –admitió Mak, poniéndose de pie y abrazándola –Es una verdadera alegría que tú seas de las últimas personas que vea en Japón. A propósito¿porqué ayer te fuiste sin despedirte? Eso no estuvo bien –la rubia hizo una mueca –aunque quizá lo vea así porque soy en parte inglesa. En Inglaterra se toman muy en serio las reglas de etiqueta.

Todos guardaron silencio por un momento. De pronto, no sabían qué decirse, como si se les hubieran acabado los temas de conversación. Como si de pronto no se conocieran, pues se miraron unos a otros, extrañados. De pronto Yolek miró a Tan, frunció el entrecejo y preguntó.

–¿Quién eres tú¿Y qué haces aquí?

Tan (o más bien, Destinymon) frunció el entrecejo. No entendía porqué Yolek de pronto le preguntaba eso. En cambio, los otros elegidos demostraron abiertamente su sorpresa.

–No hagas bromas, Yolek –pidió Kei –Sabes bien quién es ella –señaló a Tan con un gesto de mano –Es la Superiora, Tan. ¿Porqué haces ese tipo de preguntas?

Yolek miró a Tan detenidamente, sacudió la cabeza y volvió a verla con cuidado, como queriendo cerciorarse de algo.

–Tan... –susurró, entrecerrando los ojos. Parecía que le costaba trabajo recordar –¡Ah, ya! Lo siento, Tan, no sé qué me pasó. Supongo que tengo demasiadas cosas en la cabeza en estos días.

Destinymon asintió, aceptando sus disculpas. Pero eso de que Yolek, por unos segundos, no supiera quién era Tan, le daba mala espina. Pensó que podría ser cierto eso de que los humanos a veces tenían mucho en qué pensar y por eso se distraían de lo que estuvieran haciendo en determinado momento. Pero de eso a olvidarse de una persona que, por si fuera poco, era parte muy importante en sus vidas...

–¿No les pasó algo parecido a Daisy, Haki y T.K. hace tiempo? –se extrañó Mak, viendo que tanto Saro como Tan se había quedado muy pensativos –Según recuerdo, cuando Yolek nos habló del trío Chess Set, también se les olvidó quién era Tan y en cuanto la mencionamos, la recordaron. Pero lo raro es que sólo les haya pasado a ustedes¿o los demás qué creen?

Los demás estuvieron de acuerdo con Mak, pero entonces a Destinymon acababa de recordar una cosa que le había contado Tan esa misma mañana. Destinymon se había levantado más temprano de lo usual porque no podía dormir y salió a caminar cuando el D-10 de Tan empezó a sonar. Lo vio y en la pequeña pantalla del aparato, alcanzó a leer un mensaje que la había puesto un poco triste: Patamon, Gatomon y Veemon desaparecieron hace unos días. No te lo había dicho porque con los preparativos para defendernos del trío Chess Set, lo había olvidado. ¿Has visto algo raro en Haki, en T.K. o en Daisy? Tengo un mal presentimiento.

Entonces pensó que el presentimiento de Tan no era tan desatinado. Las primeras personas en olvidar a Tan, aunque fuera por un segundo, fueron precisamente Haki, T.K. y Daisy. Y ahora Yolek... ¿sería posible que todo aquello estuviera relacionado? Tenía qué averiguarlo. Se puso de pie enseguida, para sorpresa de todos.

–Tengo que hacer una llamada –dijo sin pensarlo mucho –Regreso en un momento.

Y sin más, se alejó. Los demás elegidos se miraron con extrañeza y Saro fue el único que se asombró al notar un suspiro generalizado que por el tono, bien podía parecer de alivio.

–Debemos hablar como se debe antes de irnos –dijo Mak de pronto –Es una suerte que Tan se fuera, porque la verdad últimamente anda muy rara. ¿No lo han notado? Ya no es la misma. Y casi podría decir desde cuándo: desde que se enteró que nos íbamos. Y no la culpo, si fuera yo la que se va a quedar sola...

–No es por eso –murmuró Saro –y precisamente de Tan quiero hablarles. No es por nuestra partida por lo que está así, se los aseguro. Está así porque ella...

–Ella no es la señorita Taniko –dijo una voz infantil de repente –Así de sencillo.

–Yo te conozco –dijo Mak –Eres Gordon Monji, el niño que llevó ayer Tan a mi concierto –miró de cabo a rabo al pequeño niño de cabello castaño cuyo fleco le cubría los ojos –¿Y qué quieres decir con eso de que Tan no es Tan?

–Eso mismo –respondió Saro –Que ésa que ha estado con nosotros durante la última semana no es Tan. Es alguien más.

Mientras los elegidos de Japón decían estas cosas, Destinymon estaba cerca, metida en una caseta telefónica para poder escribir el mensaje que tenía pensado y que hasta ahora iba así: Tan, a tus amigos les está pasando algo extraño: se olvidan de ti hasta que alguien más menciona tu nombre. Y justamente los que te han olvidado así son Hakiri, Tukare, Deisuke y ahora, Miyaki. Creo que la desaparición de sus digimons tiene algo qué ver¿ha desaparecido Hawkmon, acaso? Porque de ser así, mi sospecha se confirman.

Se detuvo en esa frase, pues no sabía exactamente cuál era su sospecha. ¿Qué creía exactamente que estaba pasándoles a los elegidos amigos de Tan, al olvidarse de la dueña del emblema del valor? No sabía cómo explicar lo que sentía, pero supuso que era porque llevaba demasiado tiempo como humana. Los humanos no saben explicar sus ideas de forma coherente en el momento indicado se quejó, haciendo un gesto de contrariedad. Decidió dejar el mensaje así y lo envió. Sabía que se recibiría en una computadora bien oculta en su casa de la montaña Mugem, por lo que no se preocupó en que alguien más pudiera leerlo. Sólo deseó que Tan lo leyera lo antes posible y lo entendiera.

Mientras tanto, en la mesa del café, las cosas estaban tomando un giro inesperado.

–¿Que Tan y Destinymon hicieron QUÉ? –exclamó Izzy, para sorpresa de sus amigos. Por lo general, las exclamaciones de ese tipo las hacía Daisy –Eso es prácticamente imposible, Saro.

Saro acababa de narrarles a sus amigos la situación en la que estaban Tan y Destinymon. Lo hizo calmadamente y con todo detalle, para que lo comprendieran a la perfección, pero al parecer su idea no había funcionado del todo. Izzy inmediatamente empezó a dar sus razones.

–Los digimons pertenecen al mundo digital, y sólo son completamente reales en ese mundo. De hecho, cuando nosotros estamos ahí, no somos por completo nosotros, entonces...

–Olvide por un momento todo lo que sabe del Digimundo, señorita Koushouri –pidió Gordon Monji amable y fríamente –porque lo que puede suceder es que no pueda creer que hay más cosas que puedan pasar, ya sean en este mundo o en el digital. A decir verdad, yo soy prueba viviente de que todo es posible, pero ésa es otra historia –agregó, al notar que Izzy estaba a punto de abrir la boca para preguntarle a qué se refería –Concéntrese en lo que el joven Saro acaba de contarles a todos ustedes. La Superiora y la señorita Taniko están siendo castigadas por hacer lo que ellas consideraban que era lo correcto. Ustedes son humanos y entienden de estas cosas¿creen que lo que les están haciendo es justo?

–Para nada es justo –soltó Mak con indignación –Sé cómo es Tan, es la mejor persona que he conocido en toda mi vida¿cómo se atreven a hacerle eso? Y a todo esto, Saro, tengo una pregunta qué hacerte¿cómo sabes todo eso?

–Porque Destinymon me lo contó –respondió Saro –y aparte, porque Ghostmon y yo escuchamos a Tan y a Destinymon hablar de eso ayer precisamente.

–¿Ghostmon? –quiso saber Kei –¿Quién es...?

–Yo –contestó Gordon Monji con una leve sonrisa –Pensé que era mejor tener este aspecto en el mundo de los humanos para que no se asustaran. Mi verdadero aspecto se parece mucho a lo que ustedes llaman fantasma.

–Todo esto está pasando demasiado rápido –confesó Joy –A lo que me refiero es... Bueno, creo que saben de lo que estoy hablando. No soy buena explicando ese tipo de cosas. La buena para eso siempre ha sido... –titubeó repentinamente, frunciendo el entrecejo, y prosiguió –... bueno, saben que siempre ha sido Tan. ¿Porqué rayos me estaba olvidando de Tan? Es ridículo.

–No, no es nada normal –aseguró Izzy –Y la verdad a mí ya me está preocupando. ¿Porqué sólo están olvidándose de Tan? Tiene que haber una explicación lógica para esto.

–Olvídate de las explicaciones lógicas, Izzy –pidió Martín con impaciencia –Este asunto dejó de tener lógica para mí desde hace un buen rato.

–Martín tiene razón en eso –reconoció Yolek –Por eso hay que concentrarse en lo siguiente¿cómo vamos a ayudar a Tan?

–Y tiene que ser una muy buena idea –agregó Kei –porque ni ella ni Destinymon son tontas. Si se dan cuenta de que sabemos en lo que están metidas y que intentamos ayudarlas, tratarán de impedirlo, como siempre. Así que hay que pensarlo bien.

Todos estuvieron de acuerdo con Kei. Aunque nadie se paró a pensar que Kei hubiera dicho todo eso como si conociera el secreto de Tan y Destinymon desde hace mucho tiempo. Pero eso no importaba en ese instante, sino ayudar a la chica y a la digimon que había hecho tanto por ellos un año antes. Pero no pudieron seguir con la conversación porque Tan (que ya todos sabían que era Destinymon) acababa de volver.

–¿Algo interesante mientras no estuve? –inquirió la digimon, intentando sonreír.

–No mucho –respondió Mak, sonriendo débilmente –Por cierto, Tan¿qué vas a hacer en estas vacaciones? Porque el último día de clases me comentaste algo sobre tus prácticas de deportes.

Los demás observaron a Mak agradecidos, mientras que Destinymon desvió la vista. Los otros elegidos y Ghostmon creyeron saber las intenciones de Mak al hacerle a Destinymon una pregunta que sólo la verdadera Tan podía contestar. O al menos eso creían.

–Este año no me inscribí –confesó Destinymon en voz baja, lo que era verdad: Tan dijo que iba a evitar cualquier actividad de verano que no fuera su empleo temporal, porque dado el juicio que ella y su digiamiga enfrentaron imprevistamente, no sabía si iba a continuar con su vida de siempre cuando el problema pasara –Me di un descanso¿sabes lo agotador que puede ser practicar fútbol, básquetbol, tenis, béisbol, voleibol y atletismo al mismo tiempo? La verdad, sentí que necesitaba algunos cambios. Por eso me conseguí el trabajo en Hikarigaoka.

Mak asintió, con lo que sus amigos entendieron que Destinymon había contestado correctamente. Vaya que conocía bien a Tan.

–Pasajeros con destino a Calcuta, favor de abordar por la puerta 5 –dijo una voz en japonés entonces, para luego repetir el enunciado en varios idiomas más, entre ellos los oficiales de India: inglés e hindi.

–Creo que tengo qué irme –anunció Daisy, sonriendo con cierta tristeza –Espero que Ramdás ya esté aquí. Si no, perderá el vuelo.

–No creo que lo pierda –bromeó Kei –Por lo poco que lo conozco, diría que no se parece a ti.

Kei tuvo éxito, porque sus amigo lograron reírse brevemente antes de empezar a abrazar a Daisy en señal de despedida. Cuando le llegó el turno a Destinymon, ésta le dijo.

–Te agradezco mucho el balón nuevo, Daisy. Me servirá mucho.

–No fue nada, Tan. Algún día espero poder vencerte en un partido. A ti y a Kei.

Destinymon sonrió. Entonces, detrás de ella, una voz llamó a Daisy: era su hermano mayor, que le insistía que se diera prisa y le señalaba a una persona a su lado, a Ramdás.

–Les escribiré a todos muy pronto –prometió Daisy –¡Y les mandaré montones de postales!

–¡Ojalá no se te olvide! –deseó Kei con una sonrisa, consiguiendo que Daisy soltara una carcajada mientras se alejaba.

–Eso estuvo muy bien, Kei –comentó Yolek –Así tendrá algo de qué reírse mientras llega a Calcuta. A propósito, Kei, quiero decirte que...

–Pasajeros con destino a Ottawa, favor de abordar por la puerta 3 –anunció de nueva cuenta la voz en japonés, para luego hacerlo en otros idiomas, así que las palabras de Yolek se ahogaron.

–Es tu turno, Yolek –le dijo Kei, ya sin el buen humor con el que se había despedido de Daisy. Parecía que incluso se había puesto algo triste –Que tengas buen vuelo.

Yolek asintió, para luego dirigirse a sus otros amigos y despedirse. Sus padres y hermanos se acercaron poco después y el chico se fue con ellos. Destinymon estuvo lo suficientemente atenta para darse cuenta de que Kei lo vio irse con la tristeza reflejada en sus negros ojos.

Pero no tuvo mucho tiempo para analizar la expresión de Kei, pues entonces empezaron a anunciarse los vuelos de los demás elegidos. Los chicos se dijeron adiós de mil formas, pues a decir verdad no querían separarse por nada del mundo. Poco a poco, el espacio que los jóvenes ocupaban en la cafetería se fue vaciando. Al final, luego de promesas, risas y una que otra lágrima (que Martín y T.K. no pudieron controlar y que contagiaron a varios de sus amigos), en el sitio sólo quedaron Destinymon y Saro.

–No se te olvide lo que te encargué, por favor –le pidió Saro a la digimon –Por favor.

–Descuida. No se me olvidará.

–Pasajeros con destino a Ámsterdam, favor de abordar por la puerta 10 –anunció la voz en japonés, para luego empezar a hacerlo en otros idiomas.

Había llegado el momento. Saro le dio un abrazo a Destinymon, tratando de imaginarse que se lo daba a Tan, pero sin lograrlo. Sencillamente, no se sentía igual.

–Nos veremos pronto –se despidió Saro por fin –Porque volveremos a vernos¿verdad?

Destinymon no supo qué contestarle y por suerte, entonces la madre del chico se acercó y lo apuró para tomar su vuelo. Saro se alejó, pero la pregunta aún podía verse en sus ojos.

...Volveremos a vernos¿verdad?


Tan estaba consternada. Esa noche, la última que tenía antes de enfrentar nuevamente al trío Chess Set, leyó el mensaje de Destinymon y quiso saber cuál era su sospecha. Porque tal como su amiga temía, Hawkmon había desaparecido.

–No sabemos qué le pasó –explicaron Armadillomon y Tentomon, al volver de una misión de exploración hacia la nube negra que se tragaba todo, a la que los había enviado Tan convertida en Lovemon (quien se veía como una Cupido vestida de rojo y blanco, con el emblema del amor en su guante izquierdo y en la mano derecha, cargaba un arco con el que disparaba unas flechas muy especiales que le colgaban a la espalda) –Simplemente se esfumó.

Tan estaba muy preocupada desde entonces, y más cuando a los digimons les pasaba algo muy similar a sus amigos: llegaban a olvidarse de Destinymon a ratos, aunque ella estuviera presente en alguna de sus formas, y sólo la recordaban cuando alguien la nombraba. Lo curioso, según notó Tan cuando se puso a averiguar, era que sólo les había pasado a los digimons que tenían un compañero humano y que habían desaparecido. Antes de desaparecer, obviamente.

–¿Porqué? –se preguntó Tan con cierta angustia –¿Porqué pasará esto?

Negó con la cabeza, confundida, y se puso a observar el amplio cielo del Digimundo. Sólo quedaba una porción con estrellas, pues todo lo demás estaba cubierto por aquella densa y macabra nube negra. Un grupo de estrellas captó su atención: era un conjunto de nueve, cada una de un color diferente, puestas en círculo alrededor de una décima estrella, más grande que las que la rodeaban y de un blanco deslumbrante. Logró sonreír levemente.

–Son bonitas –susurró –Pero no recuerdo haberlas visto antes.

Enseguida se fue a recostar, pero no tenía ganas de dormir. No quería ver la horrenda pesadilla que la había aquejado desde hacía días.

–Espero volver a verlos a todos –deseó, antes de dormirse contra su voluntad –A todos.

Sin que se diera cuenta, una débil luz blanca comenzó a brillar en su pecho y de ella salió un delgado rayo que fue directo al cielo, hacia el conjunto de estrellas que Tan había estado admirando pocos minutos atrás. Llegó a la estrella blanca, la hizo brillar todavía más y de ésta, se dispararon diversos rayos a las nueve estrellas que la rodeaban, que comenzaron a destellar. El extraño fenómeno pasó desapercibido por todo el mundo digital... o casi. Una sombra oculta en uno de los bosques de la isla File analizaba el cielo con inusitada atención y llevándose una mano a la boca, la cual estaba oculta junto con toda su apariencia su bajo una capucha negra, murmuró.

–Eso sí que es extraño. Quizá ahí es donde está el emblema.

Acto seguido, la sombra desapareció del lugar sin dejar rastro.

¿Se enredaron? Pues no deberían (aunque los entiendo), puesto que ya mero llego al final. Debo confesar que éste es uno de los capítulos más raros que he hecho, y también uno de los que me han costado más trabajo (señal de eso es lo que tardé en actualizar esta vez), pero aún así voy a seguir. Y no se preocupen, que voy a tratar de actualizar más rápido la próxima vez y tenerles una nueva historia (no sé si de la misma categoría o de otra completamente distinta) a continuación. Porque una cosa sí les digo: ideas no me faltan. Agradezco todas las críticas dadas hasta el momento, porque me demuestran que hay personas a las que les gusta lo que hago. Nos leemos pronto.