¡Qué onda! Aquí les tengo otra entrega. No voy a extenderme mucho en este párrafo introductorio, puesto que dejé muchas preguntas en el capítulo anterior. Nomás espero que me tengan paciencia, porque la verdad últimamente que me anda fallando la parte creativa de mi cerebro (si es que es una parte del cerebro eso que te permite imaginar un montón de fantasías que te liberan el alma y te hacen sentir feliz) y por los recientes problemas para subir la historia a falta de conexión a internet en casa. Ahora sí, a lo que vienen: a leer y entretenerse.

Capítulo VIII: Confabulación.

Primero de agosto. Esa fecha había quedado grabada profundamente en la memoria y en el corazón de los niños elegidos de Japón desde el año 2102, así como se quedó grabada de igual forma en sus antepasados desde el año de 1999. Pero ahora, a cuatro años después de que el primero de agosto se convirtiera en una fecha tan importante para ellos, era la primera vez que no estaban juntos para ir al Digimundo a festejarlo con sus amigos digitales. Cada uno estaba en un país diferente, acoplándose a vidas que ahora les parecían extrañas y vacías, siendo que alguna vez les eran de lo más normales, y todo por los cambios de residencia que habían experimentado a lo largo de los años. Cambios que no odiaban del todo, pues les habían permitido conocerse.

En un departamento de Londres con vista al Támesis, Yamako Ishida se acababa de instalar en su habitación. Miró por un amplio ventanal hacia la calle, pero lo que vio no le gustó. Era cierto que Inglaterra era su país, de ahí era oriunda, pero ya no lo sentía como tal. Las calles serias de Londres y las personas que caminaban por ellas, aburridas y con apariencia apresurada a donde quiera que iban, le eran indiferentes. Cuando vivía allí, le divertía saber si podía ir al mismo paso rápido que los hombres de traje y portafolios en las manos que se encontraba camino a la escuela, pero esos días habían quedado atrás. Ahora tenía qué admitir una cosa que de pronto la hizo sonreír por su calidad de nimiedad: tendría que volver a hablar en inglés todo el tiempo.

–Tan diría que estoy loca –se dijo en voz alta, soltando una breve risa, la cual interrumpió cuando recordó –Pero eso no lo sabré nunca, si lo que dijo Saro se cumple.

No había pensado en otra cosa durante mucho tiempo, tanto cuando estaba en el avión como cuando se dirigía con su padre a su nuevo departamento y revisaban que sus pertenencias hubieran llegado en buen estado desde Japón, el país del que había salido con gratos recuerdos y con una nueva perspectiva de lo que era el origen de una persona. Ahora veía que todo lo que le habían enseñado sobre la familia de su padre era una bella y certera historia: que no importando dónde nazcas, tu verdadero país será aquel que te dé lo mejor de la vida. Y por el momento, Mak sentía que había dejado su país.

–Mak, la alarma de tu cuenta está sonando –le avisó su padre al pasar por la puerta de su habitación –¿Podrías revisar la computadora? Creo que tienes correo. ¿Cómo es posible que tus amigos te hayan escrito si apenas ayer se acaban de ver? No entiendo a los jóvenes de ahora...

El señor Ishida salió rumbo a su trabajo diciendo que los adolescentes eran extraños y la rubia le obedeció. Probablemente su padre estaba en lo correcto y había recibido un correo electrónico. Lo que su padre no sabía es que sí había una razón poderosa para que sus amigos le escribieran a tan sólo un día de haber dejado de verse y la verdad es que era muy sencilla: ese día era primero de agosto. Se apresuró a entrar al sencillo estudio y se sentó tras el escritorio, para ver la pantalla de la computadora. Hizo algunas maniobras con el ratón y enseguida tuvo en la pantalla su correo electrónico en pleno. Lo que no le gustó fue que en efecto, había un mensaje, pero con un remitente cuya terminación era desconocida para ella: Set... –murmuró Mak pensativamente. Entonces recordó –¡El trío Chess Set¿Qué querrán conmigo?

Abrió el correo luego de cerciorarse que su antivirus estaba en línea y se preparó para lo peor. Pero lo que leyó la dejó demasiado confundida:

Ishida Yamako:

Se le solicita estar en el Digimundo, en la isla File, hoy a las siete de la noche en punto. Sucederá algo que va a interesarle presenciar. No se le ocurra avisarle a Kamiya Taniko de ninguna manera posible, pues ella ya está enterada. Se espera su respuesta antes del mediodía.

Mak no sabía qué hacer. ¿Contestaría el correo así nada más o pediría explicaciones¿Y qué se supone que pasaría en el Digimundo que le interesaría ver? Entonces recordó el relato de Saro y Ghostmon y comprendió: la estaban convocando a que viera a Tan y a Destinymon. La estaban llamando a ver el final de la digimon guardiana del destino y de su mejor amiga. Miró su reloj: eran las diez y media de la mañana en Londres. Si no sabía con qué horario estaba trabajando quien envió ese correo¿cómo saber si todavía podía enviar su respuesta? Decidió contestar de dando a entender que no caería en trampas, pero que estaba dispuesta a todo por su amiga.

Estaré ahí puntualmente. Iré acompañada y preparada, así que no intenten nada.

Lo envió y corrió a su habitación a prepararse. Se vistió de azul, su color favorito, y cuando estaba poniéndose un par de guantes blancos escuchó la alarma de su cuenta nuevamente. Se apresuró a ver qué pasaba y encontró otro correo del mismo remitente. Lo abrió enseguida.

No pluralices, Yamako. Yo soy uno solo, y mi humano y yo no buscamos más que la verdad. Puedes venir con quien quieras: no hay nada que temer.

Después de leer eso, Mak se quedó todavía más confundida que antes. ¿Ese digimon tenía un humano? Eso sólo significaba una cosa, y la chica lo sabía. Pero entonces¿qué pretendían el remitente y su humano? Sólo había una forma de averiguarlo.

–Parece que sí estaré en el Digimundo el primero de agosto –susurró, esbozando una leve sonrisa –y veré a mi mejor amiga una vez más.


París es conocida mundialmente como la Ciudad Luz, y nadie puede negar que de noche, eso es verdad. Pero en ese momento, cuando Cobie se asoma por la ventana de su habitación para ver por un momento el río Sena y la torre Eiffel, es de día en la hermosa capital parisina. Está algo desganada por el largo viaje en avión desde Tokio y lo último que hubiera querido hacer ese día era levantarse. Porque ese día era primero de agosto. Pero tenía que salir con su madre para inscribirse en la escuela, por lo que no tenía opción. Se vistió de violeta y gris, se adornó su corta cola de caballo con un listón blanco que anudó en un sencillo moño y salió de su recámara para bajar las escaleras. Su casa era una de las más grandes y elegantes en París y todo porque su ancestro, Iori (Cody) Hida, había sido un excelente abogado y había amasado una considerable fortuna que les dejó a sus descendientes. El padre de Cobie no había sido abogado, pero tanto él como su familia habían administrado de tal forma la herencia, que ahora se les consideraba como una de las familias más ricas de la ciudad. Cosa que a Cobie nunca le había gustado, por su carácter tranquilo y educado. Detestaba que los parisinos la reconocieran en las calles como a una Hida, pero sabía que no podía evitarlo. Le suplicó a su madre, durante el desayuno, que no se tardaran mucho con lo de su escuela, y ella comprendió que la pequeña no tenía ánimos de salir.

–¿Sabes qué? –dijo la señora Hida –Iré sola a arreglar lo de tu escuela. No es indispensable que vengas, así que puedes quedarte aquí y hacer lo que quieras.

–Gracias, mamá –le dijo Cobie, con una tímida sonrisa.

Se escuchó el timbre, pero no le prestaron atención hasta que unos minutos después, un hombre de traje azul oscuro se presentó en el comedor.

–El joven Richelieu quiere verla, señorita –anunció, mirando a Cobie.

La señora Hida se puso de pie, le dio un rápido beso en la mejilla a su hija y se retiró al tiempo que René entraba a la habitación. Cobie pudo ver que su amigo francés estaba realmente apurado y no venía solo: tras él caminaba un chico de unos catorce años, de cabello rubio y rizado y ojos azules que se veía contrariado y nervioso. El hombre del traje quiso detenerlos, pero Cobie, con una seña, lo mandó retirarse. René y su acompañante tomaron asiento frente a ella de inmediato, sin siquiera hacer gala de sus modales, lo que puso a Cobie en guardia.

–¿Qué pasa? –les preguntó. Al ver la cara de confusión que ponía el chico mayor, Cobie se dio cuenta que había hablado en japonés y se disculpó inmediatamente en francés –Perdón, es la costumbre. ¿Qué sucede?

–Hubo un mensaje en el foro de elegidos –explicó René. Miró al chico mayor –Carmelino acaba de decírmelo, nos encontramos en la calle y...

–... Y decidieron venir a avisarme –completó Cobie.

René y Carmelino asintieron.

–¿Y cuál es el mensaje?

–Lo envió una persona que se hizo llamar Gabumon –informó Carmelino –Manda llamar al grupo de los Doce de Japón¿a qué se refiere?

–Así nos... –musitó Cobie, incrédula –Sólo unos cuantos saben lo que ese nombre significa, así que supongo que es importante. ¿Me disculpan? –se puso de pie –Tengo cosas qué hacer y muy importantes. Si hay alguna novedad, se las diré.

René y Carmelino asintieron nuevamente, poniéndose de pie. Carmelino se retiró rápidamente, como si tuviera demasiadas cosas qué hacer, pero René se quedó un poco atrás.

–Espero que no pase nada malo, Cobie –le dijo el niño –Pero si algo se te ofrece, háblame.

Cobie le sonrió.

–Claro que lo haré –aseguró.

Acto seguido, cada uno tomó su camino: René fue hacia la puerta y Cobie, subió de nueva cuenta a su habitación y tomó su microcomputadora en cuanto la vio. Tenía mensajes muy importantes qué enviar.


Ámsterdam es famosa por ser una ciudad pintoresca, la capital de Holanda y el hogar de numerosos molinos de viento que antiguamente, se usaban para drenar las tierras sumergidas. También es el hogar de los famosos tulipanes, que llenan de color muchos de los puntos de la ciudad, aunque a Saro Takenouchi no le importe ese detalle precisamente ahora. Está encerrado en un cuarto pequeño de su casa, con su digivice haciéndole compañía, y ha dejado bien claro que no quieren que lo molesten. Es la mañana del primero de agosto y sólo quiere estar un rato a solas con sus recuerdos. En eso, alguien llama a la puerta.

–Disculpa, Saro –dijo la voz de su madre –Sólo quiero avisarte que tu cuenta está parpadeando en la computadora. Ahora tengo que salir, así que te quedarás solo un rato.

–Gracias, mamá –respondió él escuetamente.

El muchacho escuchó los pasos de su madre y la puerta principal de la casa cerrándose. En realidad no quería salir de la habitación, pero ya que estaría solo en la casa por unos minutos, creyó que no tendría ningún problema. Salió, se dirigió al estudio y de inmediato tuvo que franquear varios caballetes con diseños de vestidos y trajes de su padre y unas cuantas macetas de tulipanes que su madre había comprado el día anterior, luego de que llegaron de Japón. Al final, llegó hasta el escritorio, donde estaba la computadora, y se conectó a su correo electrónico. Vio que tenía dos mensajes: uno de Mak y otro de una dirección que le era desconocida: No hay que ser un experto para saber quién lo manda pensó Saro, refiriéndose al mensaje cuyo remitente le fue desconocido al principio. Abrió primero el de Mak:

Saro, necesito que estés en el Digimundo, en la isla File, a las seis en punto. Es urgente y quizá la única oportunidad de ayudar a Tan.

Saro leyó aquellas líneas sin entender bien. Debía ser de verdad urgente el asunto para que Mak se arriesgara a llamarlo al Digimundo a sabiendas de la situación en la que éste estaba. Dejó el mensaje para después y abrió el otro.

Estimado joven Saro:

Me estoy arriesgando mucho al escribir esto, pues he notado que el trío Chess Set cada vez tiene más control sobre la Red, aunque han actuado silenciosamente. Surgió una pequeña oportunidad para vencerlos y tiene qué ver con la pregunta que le hizo la señorita Taniko sobre el nombre de esos seres malignos y sobre lo que yo sé sobre ellos. Nos veremos en el Digimundo, en la isla File, a las seis en punto. Les explicaré a todos de qué se trata, porque para variar, creo que hay espías involucrados.

Ghostmon.

Saro frunció el entrecejo, pues Ghostmon lo estaba citando a la misma hora que Mak. Les contestó a ambos con premura: a su amiga le dijo que Ghostmon tenía noticias y que le diría que los viera a él y a los demás en el Digimundo. A Ghostmon le dijo que hiciera el favor de reunirse con él y los otros elegidos de Japón en el Digimundo para compartir su información. Envió los correos a la vez que recibía otro mensaje, esta vez de Cobie. Lo leyó y al saber todo su contenido, se extrañó aún más. Le estaba informando de un mensaje de Mak, pero él acababa de recibir uno de la rubia. ¿Qué estaba pasando allí? Respondió el mensaje diciéndole que ya estaba enterado del asunto y que acudiría al llamado. Al enviar esa respuesta, tuvo la sensación de que uno de esos mensajes era falso, pero mientras se alistaba para salir, pensó que no tenía importancia. Además, ya había decidido ir al Digimundo el primero de agosto. No iba a dejar a Tan sola.


El trío Chess Set tenía una reunión de emergencia. Habían detectado un regular flujo de mensajes electrónicos a través de la Red. Iban de un lado a otro sin ningún tipo de control y eso, lo sabían, no era normal desde que vigilaban celosamente el sistema de correos electrónicos.

–Eso no es normal –decía la voz más seria y fría de los tres –Hay alguien interfiriendo en nuestro control sobre la red. La pregunta es quién puede hacer semejante cosa.

Las otras dos figuras negaron con la cabeza.

–Taniko Kamiya no ha hecho más movimiento extraño que el mandar a Ghostmon al mundo real para buscar ayuda –dijo la voz que sonaba de mujer –Fuera de eso, ha estado ayudando a los digimons que quedan libres. Me sorprendió que pueda usar las digievoluciones especiales de Destinymon a pesar de ser humana. Simplemente es sorprendente.

–¿Pero eso qué tiene de sorprendente? –se quejó la voz con tono burlón –Sabíamos que podría hacerlo. Su corazón era el que podía hacer realidad las digievoluciones antes y ahora es igual.

–Quizá tengas razón –concedió la voz seria y fría –Pero no es momento para eso. Ya casi es hora del juicio y por como son las dos, seguro que se callarán los nombres que les pedimos.

Los tres rieron amenazadoramente y entre ellos se abrió un agujero, como una especie de ventana transparente por la cual podían ver lo que quedaba del Digimundo normal: la isla File. A través de ese agujero, vieron cómo los digimons que quedaban fuera de su control hacían lo posible para protegerse unos a otros. Tan, en aquel momento como Destinymon, iba de un lado para otro con la preocupación y la entereza pintadas en el rostro, bajo el antifaz de la digimon guardiana del destino. Era como si mentalmente se preparara para lo que le esperaba, lo que no iba a tardar mucho. Los tres seres extendieron una mano hacia el agujero y se hundieron poco a poco en él, hasta estar flotando por encima de la isla que habían estado contemplando. Tras ellos, en el cielo, se veía únicamente el conjunto de nueve estrellas multicolores que rodeaban a una décima estrella de color blanco. La figura que tenía la voz burlona miró las estrellas de reojo por un efímero segundo, antes de bajar a la isla sin que sus compañeros se dieran cuenta.


Los Doce de Japón no eran otros que los amigos de Tan. Ella también formaba parte de los doce, pero no recibió mensaje alguno pues cuando los elegidos de Japón se reunieron en un rincón despoblado de la isla File, cercano a la montaña Mugem, Destinymon estaba terminando el turno de su amiga humana en su trabajo. Todos estaban allí, aunque tuvieron dificultades por la diferencia de horarios. Cuando estuvieron juntos, Ghostmon se puso frente a los chicos y les mostró su verdadero aspecto, espantando un poco a las chicas.

–Se los advertí –aclaró el pequeño digimon –Ahora, por favor, escuchen lo que tengo que decirles. La Superiora y la señorita Taniko tuvieron buenas razones para querer saber el origen del nombre del trío Chess Set y es porque tal vez pensaron que en él, estaba su debilidad.

–Explícate –pidió Mak –No tenemos tiempo.

–Chess Set, como dijo la señorita Taniko, significa piezas de ajedrez en inglés. Pues bien, cada uno de los miembros del trío representa una pieza, según su importancia y poder. La más poderosa de ese juego es la pieza de la reina, una pieza con doble filo es la del caballo y por último, la pieza a la que hay que proteger, aunque no lo necesite: el rey.

–¿Qué tiene que ver esa lección de ajedrez con todo esto? –quiso saber Daisy, impaciente.

–Simple. El ajedrez es un juego de come y avanza y es lo que están haciendo –Ghostmon miró a los elegidos –Se apoderan del Digimundo para conseguir su propósito: el último emblema.

–¿El último emblema? –se extrañó Haki –Que yo supiera, sólo existen los que nosotros teníamos. ¿De dónde saldría otro emblema?

–Pues la verdad, sé poco al respecto –Ghostmon se encogió de hombros –Pero lo que sí sé es que el trío podría ser vencido si los dividimos. Como en el ajedrez, hay que darle jaque mate al que represente al rey para acabar con todo esto. Pero eso sí no sé cómo hacerlo.

–Yo sí –dijo una voz de pronto –Hay que usar a la pieza de doble filo para saltarlo.

Una sombra salía de unos árboles cercanos. Ghostmon se puso en guardia al ver que era uno de los integrantes del trío Chess Set.

–Como prueba de que no quiero hacer nada en su contra, les diré que hay una explicación para su pérdida de memoria.

–¿Y cómo podemos confiar en ti? –Saro frunció el entrecejo con furia.

–Yo quiero que todo termine –respondió el encapuchado –No quiero ver sufrir a nadie más. Y además, estoy traicionando no sólo a mis compañeros viniendo aquí, sino a mi humano.

–¿Tienes un humano? –inquirió Izzy.

–No es el momento de entrar en detalles –el encapuchado se acercó a Ghostmon –Parece que todo salió bien¿no crees?

Ghostmon sonrió sutilmente.

–Creí que sería más difícil –masculló –¿Qué te hizo hacerme caso al final?

–Mi humano –el encapuchado se encogió de hombros –Se volvió loco. Prefiere hacerse el héroe antes de ayudar a aquella a la que supuestamente... ¿cómo lo llaman los humanos? Creo que el término correcto es el verbo amar. La verdad, aunque yo no sea humano, sé que lo que pretende no es para nada lo mejor. Hay que ganarles a BlackQueenmon y a BlackKingmon en su propio juego. Y ése, no necesito decirlo, es el de encontrar el último emblema. Creo saber dónde está y para quién es. El problema es que no tenemos tiempo –señaló al cielo –Mis compañeros vienen en camino para celebrar la continuación de la depuración.

Y en efecto, en el cielo se veían tres figuras encapuchadas. Los elegidos tenían el entrecejo fruncido, pues no comprendían cómo podían estar tres figuras en el cielo si una estaba con ellos.

–Hice una ilusión para estar aquí –explicó con sencillez el encapuchado –Yo que ustedes nos retirábamos del portal. Destinymon no tarda en llegar. Sabe que tanto su existencia como la de la elegida del valor dependen de que ambas estén presentes.

Los elegidos fueron hacia los árboles más cercanos para ocultarse. El encapuchado llamó su atención con un gesto de mano.

–Tengo poco tiempo –avisó –Así que escuchen bien lo que tenemos qué hacer...


Los digimons, ni tardos ni perezosos, se ponían en guardia al notar la presencia del trío Chess Set y estaban listos para atacar, pero entonces Destinymon voló a su encuentro.

–¿Ya es hora? –quiso saber.

–Sí –dijo la figura más alta –Se te acabó el tiempo. Esperamos que hayas cumplido con tu comprobación lo mejor posible.

Tan movió la cabeza de Destinymon en señal afirmativa. Vio que en la isla, los digimons a su cuidado observaban atónitos y que el portal al mundo real se abría, para darle paso a su cuerpo. Destinymon había llegado.

–Sabíamos que vendría –dijo la voz de mujer –Su debilidad es que se atrevió a tener sentimientos humanos. Espero que sepa lo que le conviene.

–Seres rebeldes –dijo la figura más alta, con voz lo suficientemente fuerte como para que los digimons en la isla lo escucharan –Van a presenciar el triunfo de las tinieblas de una vez por todas. Muchas veces han desafiado los poderes de la oscuridad, pero no crean que será por mucho. Los dos seres que han cambiado tantas veces sus destinos de forma benéfica están a punto de ser eliminados.

Hizo un gesto de mano, como llamando a alguien a acercarse y Destinymon flotó hacia ellos, poniéndose a la derecha de su propio cuerpo, de Tan. Ambas se miraron, reflejándose en sus ojos que temían lo que pasaría y que aún así, lo aceptarían. Fijaron luego su vista en los seres encapuchados y aguardaron.

–Bien, no hay porqué esperar –dijo la voz más fría de todas –El final de la depuración está a punto de comenzar.

Este capítulo mezcla muchos lugares y puntos de vista, lo sé, pero es muy necesario. Admito cualquier crítica, porque sé que ahora sí me van a llover. En cuanto pueda, sabrán lo que falta, porque como he repetido hasta el cansancio, me he encontrado recientemente con algunas dificultades para actualizar. Así que mis más sinceras disculpas po eso, y espero quela próximavez no tarde mucho en traerles lo demás. Nos leemos pronto.