Muy bien, ya es hora de ir dándole los toques finales a esta historia. Espero que hasta el momento no les haya sido muy complicado seguir la trama, y si lo fue, siempre pueden mandarme un correo electrónico para hacerles llegar cualquier explicación personal. Además, aviso que estoy publicando otro fanfic, pero de otro de mis personajes favoritos: Harry Potter. (Me encanta Harry Potter¿no se nota? Y a quien no le guste, ni modo) Bueno, ya basta de tanta propaganda personal. Y pido disculpas por atrasarme tanto esta vez.
Capítulo IX: Las estrellas vigías.
Todos en el Digimundo, al menos todos los que aún quedaban libres del control del trío Chess Set, observaban con atención y espanto la escena que se desarrollaba en los cielos, teniendo de fondo el único trozo de firmamento que no había sido afectado por la negra nube que el trío de seres malignos extendía por todas partes con sus maléficos poderes. Las estrellas que se veían en ese hueco de cielo brillaban con unos colores espléndidos, pero era lo único que no estaba afectado por el mal en esos momentos. Destinymon y Tan no tenían prisa porque empezara aquella especie de juicio, pero les hervía la sangre al saber que esos seres tenían el poder de hacerlas desaparecer del Digimundo por siempre. Cada una pensó en aquellos que más les importaban y tuvieron que reprimir un par de lágrimas, cosa que al menos a Destinymon le sorprendió. Los digimons rara vez lloraban, sobre todo los que eran de naturaleza legendaria como ella. Tal parecía que su experiencia con los humanos le había dado la capacidad de sentir.
—Esto será rápido —aclaró la figura con voz de mujer —No creo que haya mucho que decir en esta depuración. Destinymon, tú primero. Acércate a nosotros.
Los digimons oían y veían la escena con atención, y los elegidos de Japón también. Los primeros se sorprendieron bastante al ver que era Tan quien se acercaba a los tres encapuchados, pero los elegidos no. Destinymon estaba de verdad aterrada, pero se mantuvo firme.
—Destinymon, la digimon guardiana del destino —empezó la figura con la voz más fría y seria —Sabes porqué estás aquí y de qué se te acusa. Se te encontró culpable y se te dio una oportunidad de librarte de una posible sentencia en contra. Dinos¿hiciste lo que te pedimos?
Destinymon, muy a su pesar, tuvo que asentir. Tan la miró con cierto temor.
—Muy bien —prosiguió la voz —Ahora¿puede decirnos quién es el humano que podría estar dispuesto a tomar el lugar de Taniko Kamiya?
Destinymon, valientemente, negó con la cabeza. Tan ocultó un dejo de triunfo, mientras que los tres encapuchados agitaban las cabezas con desconcierto.
—¿Porqué no quieres responder? —quiso saber la figura con voz de mujer.
—Porque no encontré a nadie —respondió Destinymon lo más crédulamente posible —Busqué como no tienen idea y no encontré a nadie.
Las tres figuras guardaron silencio por un segundo y al cabo, la figura que tenía un dejo de burla en la voz meneó la cabeza de un lado a otro, como si negara.
—No nos vengas con cuentos —dijo, bastante sarcástico —Pero veremos si sigues igual en unos minutos. Kamiya, es tu turno¿también vas a decirnos que no encontraste a nadie?
Tan, envalentonada por la actitud de su amiga, se acercó con decisión a aquel trío maligno y respondió con voz potente.
—Tampoco encontré a nadie.
Los tres encapuchados movieron las cabezas con incredulidad. Cada uno, por su cuenta, creyó que el primer plan había fracasado. Tenían que poner en marcha el segundo.
—Muy bien, ya que no supieron aprovechar su oportunidad —comenzó la voz que parecía de mujer —comprenderán que no hay más qué decir. Tendrán que someterse a nuestro veredicto.
—¿Porqué? —retó Tan de improviso.
El trío Chess Set se movió con sorpresa, mientras que Destinymon pensaba que Tan por fin estaba recordando algo que hacía mucho que no usaba: su postura retadora ante la injusticia.
—¿Porqué? —repitió la voz más seria y fría de todas —No vengas a rebelarte ahora, Kamiya.
—Tan tiene razón —intervino Destinymon, desafiante —¿Porqué tenemos que someternos a lo que ustedes digan, ahora que sabemos quiénes son? No tienen derecho a desfragmentarnos por muy poderoso que sean. Queremos seguir aquí, ser amigas y vivir en paz con todos los que nos rodean. Denos un buen motivo para hacer lo que quieren y juro que lo hacemos.
Parecía que eso era lo que el trío Chess Set estaba esperando. Alzaron sus manos, negras y de largos dedos con uñas afiladas, y las acercaron a sus cabezas. Se bajaron las capuchas y lo que vieron dejó a Tan y a Destinymon sin habla. Eran cabezas humanas de piel negra como la tinta, con cabello humano de color gris y orejas humanas comunes y corrientes, pero nada más. En pocas palabras, no tenían rostro alguno y la única diferencia entre uno y otro era su estatura y lo que había rematando sus cabezas: la figura más alta tenía una corona pesada y negra, la que había hablado con voz de mujer tenía una corona muy pequeña y el último, una especie de sombrero con una pluma. Aunque su aspecto era imponente, la falta de rostros era de verdad escalofriante y algo que nadie hubiera imaginado. Tan y Destinymon contuvieron el aliento.
—No esperábamos tener que mostrarnos para hacer esto —empezó la figura más alta, la de la voz fría y seria —No nos dejan alternativa. Ya que no cumplieron con su comprobación, no nos queda de otra mas que aplicar la sentencia. Pero antes de eso¿de verdad quieren saber porqué tienen que hacer lo que nosotros les digamos?
Tanto Destinymon como Tan asintieron, pues sentían verdadera curiosidad.
—Tan simple como que somos los seres más poderosos del Digimundo actual —respondió la figura con voz femenina —Ninguno de los digimons que quedan tiene suficiente poder como para enfrentarnos, y eso te incluye, Destinymon —miró fijamente el rostro de Tan —Además, pronto no habrá necesidad de tus servicios, ya que seremos nosotros quienes controlemos la red, y tampoco se necesitarán elegidos por la misma razón. ¿Hace falta decir más?
Tan y Destinymon no pudieron replicar; tal era su asombro y su impotencia ante lo que acababan de escuchar. Seguían sin resignarse al futuro que les esperaba, pero en algo el trío Chess Set tenía razón: nadie podía hacer nada.
—BlackHorsemon —le dijo el más alto a quien tenía el sombrero con una pluma —Haz el favor de intercambiar las mentes de las acusadas. Ya de nada sirve que permanezcan así.
La última figura, la que tenía un dejo de burla en su voz todo el tiempo, extendió su mano y en la palma apareció un brillante báculo dorado. Les apuntó a Tan y a Destinymon y gritó.
—¡Cambio de mentes!
Igual que hacía una escasa semana, del báculo salió un rayo de luz blanca que alcanzó a Tan y a Destinymon, luego de lo cual ambas constataron que estaban en sus respectivos cuerpos. Tan se sentía sumamente cansada, como si hubiera tenido una decena de prácticas deportivas seguidas y Destinymon volvió a su forma de Soulmon, pero ya eran ellas mismas.
—Ahora que está cada una donde debe, procederemos —indicó la figura más alta, alzando una de sus negras y terroríficas manos hacia el cielo, señalando justo el trozo de firmamento que permanecía intacto —Iremos hacia el lugar donde se ejecutará su sentencia y al cual nadie puede entrar fácilmente. Creo que a estas alturas, sabrán que cualquier cosa que hagan será inútil. Somos más poderosos de lo que ustedes podrían siquiera imaginar. Les recomiendo que miren a su alrededor por última vez, porque lo que es el Digimundo, no volverán a verlo jamás.
Tan y Soulmon se tomaron de la mano y bajaron la vista hacia la isla File, donde miles de ojos las veían con incredulidad y con tristeza. Tan pudo ver, por un breve momento, a todos sus amigos, y deseó que no fuera la última vez que los viera. Hay tanto que quiero decirles, que no puedo acabar así, pensó con cierta furia contenida. No, definitivamente ella no quería acabar así. Y sabía que Soulmon tampoco quería ser eliminada del Digimundo. Quisiera tener el poder para vencer al trío Chess Set y ayudar a todos, deseó con fervor. Tiene que haber algo o alguien que pueda ayudarnos.
Mientras tanto, el integrante del trío que tenía su mano en alto había hecho aparecer una especie de portal dimensional, por el cual se veía un paisaje que muchos de los que estaban en la isla File no reconocieron a primera vista, pero Tan y Soulmon sí: era el vórtice de donde Kei alguna vez había tomado parte de la base de datos de Devimon para crear a su propio digimon, cuando era malvada. Las dos contuvieron el aliento por segunda vez, pues sabían lo que ese vórtice era capaz de hacer. El trío Chess Set entró al portal, pero hicieron que Tan y Soulmon pasaran por delante. Las dos lo hicieron con determinación, aunque interiormente el miedo las carcomía. Los que miraban la escena desde la isla no podían hacer nada, por lo que tuvieron que resignarse a observar simplemente. Los elegidos de Japón, en cuanto el portal se cerró, se vieron unos a otros. Había llegado el momento de actuar.
—Muy bien –dijo Saro de repente, al ver que sus amigos estaban algo confusos —Tenemos que llevar a cabo el plan. Ghostmon, tú haz lo tuyo.
El pequeño digimon fantasma asintió y se internó en el bosque cercano, en dirección al campamento de los digimons sobrevivientes, mientras que los elegidos ultimaban detalles.
Tan y Soulmon llegaron, junto con el trío Chess Set, al vórtice maligno, quedándose todos flotando muy por encima de él. Las dos acusadas pensaban que los digimons malvados querían disfrutar aquel momento como nunca.
—Ya que no pudieron encontrar a quien las reemplazara —comenzó la figura sin rostro con voz de mujer —Ustedes mismas cumplirán con su sentencia. No crean que lo que dijimos al principio no era cierto. Ustedes dos establecieron una relación que no es normal en humanos y digimons y eso, no necesito decirlo, es completamente cierto¿o no, Soulmon?
La pequeña Soulmon frunció el entrecejo y aunque no pudieran verse su ojos a través del mechón de cabello castaño translúcido que se los tapaba, Tan supo que estaba molesta. Podía llamarlo instinto o lo que fuera, pero lo sabía. Así como sabía que no quería acabar así.
—Un momento —intervino con voz llena de asombro al que habían llamado antes BlackHorsemon —¿Qué rayos es eso?
Los otros dos miembros del trío miraron hacia donde señalaba su compañero, al hueco de cielo que no estaba cubierto por las sombras, y se encontraron con nueve estrellas multicolores que rodeaban a una blanca, que brillaban más que nunca. La estrella blanca emitía rayos luminosos hacia las nueve que la rodeaban, conectándolas entre sí, hasta que de cada una de esas estrellas, menos de la central, salieron despedidos algunos rayos de luces de varios colores y se fueron por el cielo del Digimundo, en dirección al sur. El trío Chess Set se miró con desconcierto.
—¿Qué significará eso? —preguntó la figura con voz de mujer.
—No lo sé —respondió la figura más alta —Pero no me agrada para nada. Será mejor que continuemos con esto, antes de que haya algún contratiempo.
Justo el trío Chess Set se acababa de volver hacia Tan y Soulmon cuando la estrella blanca emitió un rayo del mismo color que les dio a las dos acusadas. Las cubrió por completo un par de segundos para después desvanecerse… junto con Tan y Soulmon.
—¡Maldición! —soltó el digimon líder del trío —No sé qué está pasando, pero no me agrada en absoluto. Busquen por todas las dimensiones rastros de Kamiya y la guardiana del destino de inmediato. No podemos dejarlas vivas por más tiempo.
Los otros dos asintieron y volviendo a colocarse sus capuchas, los tres malvados se separaron, cada uno concentrado en sus propios intereses.
En la isla File, los elegidos de Japón estaban listos y Ghostmon y los digimons también. Iban a partir hacia el vórtice a buscar a sus amigas y nada los haría cambiar de parecer.
—¿Qué es eso, Saro? –le preguntó Biyomon a su amigo, mirando al cielo.
El joven levantó la vista y fue testigo, junto con los otros elegidos, que rayos multicolores llenaban el firmamento, provenientes de algún punto del norte. Los rayos atraparon sin previo aviso a los elegidos, los envolvieron por unos segundos y acto seguido, desaparecieron. Ghostmon y los digimons no podían creer en lo que acababa de pasar. Ghostmon, reponiéndose de la impresión lo más rápido posible, indicó.
—Creo que esas luces nos decían dónde están Tan y la Superiora. Hay que ir hacia el norte de inmediato. Tal vez allá encontremos a los elegidos.
Los demás digimons asintieron al instante y siguiendo a Ghostmon por el mar como pudieron, emprendieron el camino hacia el norte.
Los elegidos no sabían en dónde estaban. A los ocho primeros elegidos les recordaba a la vez que fueron desfragmentados por Apocalypmon, quien destruyó sus emblemas, mientras que a los otros, los sobrecogía semejante soledad. Era un limbo enorme, pero a pesar de ser negro, no era del todo oscuro. Lo que sí los sobrecogía era lo que veían a su alrededor. Por encima de sus cabezas brillaban enormes esferas de luz, cada una de diferente color. Los chicos estaban en círculo y al centro había una esfera luminosa más, de color blanco, que parecía ser la más grande de todas y de la cual, para su sorpresa, salió un grueso rayo de luz blanca que dejó ver a Tan y a Soulmon. Los elegidos miraban atónitos la escena, sobre todo al percatarse de que sus amigas estaban inmóviles dentro del rayo blanco. Se veían como estatuas encerradas en un enorme tubo.
—Tan... —susurró Saro.
—Taniko —soltó Haki, intentando moverse, pero no pudo. De la esfera de luz rosada que flotaba por encima de él, salió un rayo que le impidió el paso hacia su hermana adoptiva —¿Qué está pasando aquí?
Haki se volvió hacia su derecha, donde estaba T.K., y luego a su izquierda, hacia Daisy. Tanto una como la otra lo miraron sin saber qué decir, porque estaban en las mismas que él… En las mismas, de hecho, que todos los demás.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó en voz alta Mak, sin poder dominarse y a pesar de darse cuenta de que quizá nadie le contestaría. Ella se encontraba a la izquierda de Daisy —¿Qué es todo esto?
—Te tardaste en preguntar —respondió una voz resonante de hombre, alegre y amable —Eres tal como esperábamos, Mak.
—¿Y quién rayos eres tú? —espetó Mak.
—Impulsiva, tal como esperábamos —repitió la voz de hombre, con cierto tono divertido —Mira hacia arriba, Mak¿qué ves?
La rubia obedeció y descubrió una esfera luminosa de color azul, pero lo curioso es que estaba a la mitad. La otra mitad flotaba sobre Daisy, junto con la mitad de una esfera color naranja.
—La mitad de una bola de luz azul —respondió Mak sin rodeos.
Todos imitaron a Mak y miraron hacia arriba. Izzy tenía sobre ella la mitad de una esfera violeta, mientras sobre Coby brillaba la otra mitad y además, la mitad de una gris. La segunda parte de la gris la tenía encima Joy, quien la veía detenidamente. Martín vio la mitad de una esfera verde, estando la otra mitad encima de Yolek a un lado de una mitad roja. Saro tenía sobre él la otra pieza roja, mientras que Kei miró una esfera de un rosa muy pálido y Haki veía la suya, de un tono rosa más notorio. La esfera de T.K. era color amarillo brillante. La otra mitad de la esfera color naranja la descubrieron describiendo círculos lentamente alrededor de Tan.
—¿Qué son todas esas esferas? —quiso saber Izzy.
—Es el último rastro de nuestro bien aquí —respondió la misma voz que le había hablado a Mak —Somos sus estrellas vigías.
—¿Porqué la Superiora no está como nosotros? —inquirió Kei.
—Porque ella es distinta —respondió la voz —Creo que siempre lo han sabido¿verdad? Es una niña con un corazón enorme y eso ha sido para ella bendición y maldición.
—¿Qué quiere decir con eso? —intervino Saro con cierta desconfianza.
—Lo que quiero decir es que deben ayudar a Tan a verse a sí misma. Ella nunca se ha sentido ni la mitad de especial de lo que realmente es. Tienen que recordarle las cosas buenas que ha hecho, porque si no, se quedará así.
—¿Qué? —espetó Haki —¿Porqué Taniko¿Porqué mi hermana?
—Porque si la dejamos libre, acabará destruyéndose a sí misma.
—Tan nunca haría eso —espetó Daisy —Hasta yo lo sé.
—No dice que lo hará por voluntad propia —intervino repentinamente otra voz masculina, pero ésta un poco más seria —Courage, deberías dejar los acertijos para después.
—Por favor, Friendship, si hablo con claridad —se quejó la primera voz —Que no capten la idea a la primera no es mi culpa.
—No tienen remedio, ni uno ni otro —aseguró una voz de mujer entonces, seria y amable —Mejor pongan manos a la obra y después se ponen a discutir todo lo que quieran.
—Gracias por el sermón, Lovie, eres estupenda —dijo la voz identificada como Courage.
—Soy Love, Courage, que no se te olvide. Y mejor tú y Friendship pónganse a trabajar. No tenemos mucho tiempo si queremos resolver el misterio.
—¡Alguien que calle a Love! —rogó una voz distinta en son de broma, también de mujer, pero un poco más alegre —Cuando se pone así, no hay quien la pare.
—Bien dicho, Purity —confirmó la voz llamada Friendship —¿Pero no creen que sería más fácil si tomamos una forma que los niños puedan… digamos, comprender?
Hubo un momento de silencio, en el cual los elegidos se miraron entre sí bastante aturdidos.
—Muy bien, todos atentos —habló la voz de Courage —Saben lo que tienen qué hacer: iniciaremos el proceso de materialización. Tú también, Goodness, no vale ninguna excusa.
—De acuerdo —susurró una voz masculina en tono tímido —Si es por tu… protegida, Courage, no tengo problemas.
Las luces encima de los elegidos empezaron a moverse, tanto las esferas completas como las que estaban divididas en dos. Las que flotaban encima de Haki, T.K. y Kei se pusieron enseguida frente a ellos y comenzaron a tomar forma, lo que extrañó a los tres chicos. Pronto hubo frente a ellos unas siluetas humanas de su misma estatura, pero cubiertas por completo por largas batas con capucha que eran del color que habían despedido antes. La figura frente a Haki ladeó la cabeza hacia las otras luces y una serena voz femenina habló desde la capucha color rosa.
—Déjense de juegos, por favor. Ya lo dijo Love, no tenemos mucho tiempo.
—Lo dices porque a ti, a Hope y a Goodness no les cuesta trabajo, Light —espetó una voz masculina alegre, pero no era la de Courage —Yo tengo dos esencias qué combinar.
—Deja de quejarte y hazlo, Courageship —pidió una voz de hombre tranquila desde la figura delante de T.K. —Pon el ejemplo.
Las luces encima de la cabeza de Daisy giraron una alrededor de la otra al ponerse delante de la niña y al fin se unieron para dar paso a una figura con una bata con la mitad derecha azul y la izquierda, anaranjada.
—Ya está, espero que estés contento, Hope. Ahora los demás.
Las demás luces imitaron a aquellas figuras y otras análogas comenzaron a surgir. La única luz impasible fue la otra mitad de la esfera anaranjada, que siguió dando vueltas alrededor de Tan.
—Disculparán si yo no tomo forma¿verdad? —dijo la voz de Courage.
—No, porque puedes hacerlo —dijo una voz de hombre seria, proveniente de la figura de bata violeta que estaba frente a Izzy —El que tu protegida esté en pausa no quiere decir que…
—De acuerdo, Knowledge, ya entendí —aseguró Courage y la mitad anaranjada de esfera que giraba en torno a Tan descendió un poco, tomó forma y una figura con bata anaranjada apareció junto a la especie de tubo de luz blanca donde estaban Tan y Soulmon.
—Disculpen tanto misterio, pero es que de verdad es importante que nos escuchen —comenzó Courage con cierto tono de súplica en la voz —Según sabemos, han sido informados de que es posible de que exista un décimo emblema¿correcto?
Los niños asintieron.
—Hay que admitir que a nosotros no nos sorprendió del todo —dijo la voz de Friendship, desde la figura de azul delante de Mak —Sabíamos que no podíamos depender siempre de los mismos emblemas, porque para empezar, no son los únicos sentimientos que valen la pena en el mundo. Hay muchos sentimientos en los corazones humanos¡si lo sabremos nosotros…!
—El punto —intervino una voz de hombre, quizá la más seria hasta el momento, desde la figura de gris enfrente de Joy —es que hay una antigua profecía acerca de ese emblema. Creemos que el trío Chess Set la encontró, logró descifrarla cuando nadie más había podido y quieren el emblema. Es lógica su ambición, considerando lo que el emblema representa.
—¿Qué representa? —inquirió Izzy.
—Eso deberán verlo por ustedes mismos —dijo la voz de la figura gris —no estaría bien que nosotros se los dijéramos. De hecho, es por eso que los trajimos aquí.
—Lo que Sincerity quiere decir —terció amablemente la figura que se encontraba frente a Cobie, con la mitad de su bata gris y la otra, violeta —es que los ayudaremos a que despierten el último emblema. Tenemos sospechas de que quien puede hacerlo brillar es su amiga.
La figura alzó uno de sus brazos y señaló a Tan. Los amigos de la joven fruncieron el entrecejo con desconcierto.
—¿Cómo? —quiso saber Yolek —Eso es imposible. Según sabemos, los únicos que tenemos dos emblemas somos Daisy, Coby y yo, y eso porque nuestros antepasados los tuvieron.
—Estás muy bien informado, eso me agrada —dijo una voz de mujer desde el interior de la capucha de la figura que estaba frente a él, cuya mitad derecha era verde y la izquierda, roja —La razón por la que Tan podría tener un segundo emblema ya la dijo Courage: su amiga es distinta y tiene un corazón enorme. Nunca ha habido un elegido como ella¿o cómo explican que haya sido la única a la que Destinymon, ahora Soulmon, pudo pedirle ayuda de forma tan sencilla?
—No seas tan dura, Lovity —pidió la voz femenina y serena de la figura delante de Haki —Y vayamos directamente a lo que nos concierne.
—De acuerdo, Light —consintió la figura llamada Lovity —Knowrity¿quisieras hacernos el honor? Sabes de esto un poco más que yo.
La figura bicolor delante de Cobie asintió con la cabeza y miró a todos.
—Cada uno de nosotros los guiará para que le muestren sus memorias a su amiga —comenzó la figura —Tienen que revelarle el momento exacto en el que supieron que ella es especial. Sabemos que cada uno considera que fue Tan quien les enseñó lo que de verdad significan sus correspondientes emblemas, pero ella no lo ve así. Cree que simplemente es muy afortunada de tenerlos como amigos. ¿Ven porqué hay que sacarla de ese error?
Los elegidos asintieron vehementemente. Para ellos, Tan era muy especial, era la que mantenía unido al grupo en los momentos difíciles y quien les había enseñado a distinguir el verdadero significado de sus emblemas. Lo menos que podían hacer ahora era demostrárselo.
—Muy bien¿quién gusta ser el primero? —inquirió Courage de pronto.
Mak, valientemente, dio un paso al frente, situándose a un lado de Friendship.
—Yo lo hare —anunció.
Courage asintió, tocó la especie de tubo de luz blanca en el que se hallaban Tan y Soulmon y en éste, de forma asombrosa, empezó a aparecer una especie de puerta de cristal.
—Friendship, ya sabes qué hacer —le dijo Courage —Y procura que no se pierda.
Friendship asintió y le tendió la mano a Mak.
—Lo harás bien —aseguró —Ahora hay que entrar.
Mak, un tanto dubitativa, le tomó la mano. Una sensación extraña le inundó el corazón al tocar aquella mano. Era como… como si se diera la mano a sí misma.
—¿A dónde vamos? —preguntó, en cuanto ella y Friendship estuvieron frente a la puerta que Courage había hecho aparecer.
—A un lugar que normalmente, se nos está vetado —respondió Friendship con sencillez.
Acto seguido, Courage les abrió la puerta que parecía de cristal, Mak y Friendship la atravesaron y la joven, por un momento, no supo nada más.
¿Qué tal¿Se les hizo extraño este capítulo¿Fascinante¿Misterioso¿Cómico¿O no le hayan nada que ver con todo lo demás¡Vamos, hablen, no hay problema¿Qué creen que haya pasado con los elegidos¿Dónde creen que estén¿Y quiénes serán todos esos que se hacen llamar estrellas vigías Como dije al principio, pido disculpas por el retraso en la actualización de esta historia, pero no me llegaba nada de inspiración y aparte las vacaciones y la uni no me dejaba mucho tiempo. Espero que no los haya desesperado demasiado el no saber nada de los descendientes de los elegidos y que no se pierdan los siguientes capítulos, porque ya mero llega el final. Nos leemos pronto.
