Después de una larga ausencia y un montón de disculpas ofrecidas, vuelvo al ataque con este fanfic. Debo decir que me ha ido igual de bien con el otro que publico (más información en mi profile) y por eso estoy mega contenta, pero a decir verdad, yo era la primera que me decía que debía acabar esta historia, por compromiso personal y por respeto a los que la siguen (que si acaso son uno o dos, pero muy fieles y atentos). Pasando a otro asunto, espero que no hayan olvidado en dónde nos quedamos… y si se les olvidó, pues regrésense a los capítulos anteriores y léanlos de nueva cuenta. Ojalá este capítulo no se tarde mucho en salir a la luz, pero no puedo asegurarlo. Escribo estas líneas en octubre y pronto tendré otra vez la agenda llena por los exámenes de la uni. Pero en fin, no los entretengo más. ¡Comenzamos!

Capítulo X: Amistad y pureza.

Mak, al principio, no sabía dónde podría estar. El lugar era como una versión más tranquilizadora del limbo en que había estado antes, o quizá se debía a que era blanco. Todavía sostenía la mano de Friendship, quien de pronto alzó la otra mano, en la que sostenía algo que Mak no alcanzó a ver bien.

—Si esta cosa sirve, y más le vale a Knowledge que sirva, debemos ir hacia el frente —comentó, guardándose aquel objeto en uno de los bolsillos de su bata —Vamos, Mak.

Le dio un suave tirón a la mano de la joven y comenzaron a andar. El lugar parecía no tener principio ni fin y cuando la rubia quiso ver a su espalda la puerta por la que habían entrado, descubrió con asombro que ésta había desaparecido.

—¿Dónde está la puerta? —le preguntó a Friendship.

—Courage la cerró —respondió tranquilamente la figura de azul —No puede tenerla visible todo el tiempo, porque podrían descubrirla. Este lugar, como puedes ver, está limpio de maldad, y debe quedarse así.

—¿Dónde estamos? —quiso saber Mak.

Pero Friendship esta vez no le respondió. Volvió a sacar el objeto que había mirado antes y se detuvo bruscamente.

—Espera, aquí es —indicó —Muy bien, Mak, concéntrate. Tienes que recordar el momento en el que Tan te hizo ver lo que era tu emblema.

—¿Así nada más? —se extrañó Mak.

—Sí, así nada más. Aquí es el único lugar donde puedes hacerlo, es el que está reservado para ti. Así que hazme caso y ponte a recordar.

Mak no estaba en posición de ponerse exigente, así que mejor obedeció. Se concentró todo lo que pudo, tratando de hurgar en su memoria. De pronto, supo cuándo había sido el momento que Friendship le pedía recordar. Había sido el mismo día que había conocido a Tan. Y con eso le bastó para que el inmaculado lugar a su alrededor empezara a transformarse y le mostrara sus propios recuerdos. Era como estar en el pasado…

Inicio de remembranza

Mak acababa de ingresar al cuarto grado en una escuela nueva, en un país no tan nuevo. Su padre, luego de trabajar día y noche en una televisora londinense, había decidido aceptar una transferencia a Japón, el país del que era originaria su familia, y se llevó a su hija con él. A la niña no le había agradado mucho la idea, pese a que cuando era pequeña había vivido en Japón, y todo porque no se acordaba de aquella estancia. Se presentó con la clase en un japonés titubeante, explicando que hacía mucho que no hablaba ese idioma por haber vivido en Inglaterra, lo que provocó risitas en la mayoría de los alumnos.

¡Ya déjenla en paz! —había protestado una niña castaña, sentada en la segunda fila.

Mak frunció el entrecejo al ver a aquella niña. Tenía el cabello castaño muy corto, pero de un tono medio y brillante, con un mechón que le caía graciosamente en medio de la frente. Sus ojos castaños eran amables y ostentaba una gran sonrisa, como si le diera mucho gusto verla.

Kamiya, no seas fastidiosa —replicó un niño de cabellos claros y parados sentado atrás de la castaña —¿No ves que ni siquiera sabe hablar el idioma? Se nota que no es de aquí.

Mak inclinó la cabeza, pues sabía que por sus cabellos rubios y sus ojos azules, aquel niño tenía razón. Se empezó a sentir mal.

What is your name? (¿Cuál es tu nombre?) —dijo entonces la castaña, dirigiéndose a Mak, dejando al niño con expresión de confusión.

Mak logró sonreír, pues había entendido la pregunta.

Ishida Yamako —respondió —And you? (¿Y tú?) —preguntó a su vez.

Kamiya Taniko —respondió la castaña con una sonrisa más amplia.

¿Qué le dijiste, Kamiya? —quiso saber el niño de cabellos parados.

I'm sorry, dear (Lo siento, querido) —se burló la castaña, para luego decir en japonés —Si todavía no sabes inglés, no es mi culpa.

A la hora de salida, Mak se le había acercado a la niña para darle las gracias y la encontró rumbo a las canchas deportivas, con un balón de fútbol en las manos.

¡Taniko! —la llamó lo más fuerte que pudo.

La castaña apenas si volteó, pero sonrió al ver de quién se trataba.

Yamako¿verdad? —dijo la castaña en japonés —Voy a una práctica de fútbol¿qué pasa?

Sólo quiero… agradecerte —Mak dudaba al hablar, tanto por el idioma como por la timidez —Por haberme hablado en inglés en clase. Me sentí… un poco mejor.

Me caes bien —dijo de pronto Taniko —Así que llámame Tan¿sí? Todos mis amigos lo hacen y quiero que tú seas mi amiga.

¿Porqué?

Porque sí. No se necesita una razón para ser amiga de alguien, sólo querer serlo.

A Mak le agradaron esas palabras y sonrió.

Sólo si tú me llamas Mak a cambio —pidió.

Tan se había echado a reír.

Como quieras —aceptó —Ahora te dejo, nueva amiga. Tengo práctica.

¿Quieres que te ayude con eso? —inquirió Mak, viendo que Tan sostenía, aparte del balón, unos cuantos libros.

Tan asintió, permitió que Mak tomara los libros y caminaron juntas hacia la cancha de fútbol.

Fin de remembranza

Las personas, los salones, los adultos y las pequeñas Tan y Mak desaparecieron de la vista de la verdadera Mak. Todo lo que quedó fue el vacío blanco de antes. La rubia se llevó los dedos a una mejilla y se sorprendió al notar lágrimas en ella.

—¿Porqué recordaste eso en especial? —quiso saber Friendship, quien seguía a su lado.

—Porque fue lo que recordé cuando quise hacer reaccionar mi emblema por primera vez —respondió Mak, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano —Fueron las palabras de Tan aquella vez las que me hicieron comprender que era cierto que si quieres ser amigo de alguien, no necesitas nada más que eso. Yo por mucho tiempo lo olvidé. Incluso hubo un momento en el que creí que el emblema no era para mí, pero me equivoqué. El emblema era para mí porque yo siempre tuve los amigos que quise. Y eso incluye a la mejor de todos, a Tan.

—Ojalá lo haya escuchado —repuso Friendship, mirando de nuevo un objeto que tenía en una mano —Bueno, vámonos. Eso es todo lo que podemos hacer.

—Nunca me dijiste dónde estamos —recordó Mak, cuando luego de caminar un buen trecho, vieron ante ellos una puerta blanca de la que únicamente se veía un picaporte anaranjado.

—¿No lo adivinas? —Friendship puso una mano en el picaporte —Es el corazón de Tan.

Mak abrió mucho los ojos y distraídamente vio hacia el suelo que pisaba y luego volteó hacia atrás. Sin darse cuenta, había dejado un montón de huellas azules.

—¿Y esas huellas? —repuso.

—Son las cosas que has hecho por Tan —dijo Friendship —Tan empieza a recordarlas.

Y sin más, tomó a la rubia de un brazo y la sacó de allí.


Martín no tenía ni idea de lo que estaba haciendo en aquel lugar enorme, blanco y con unas raras huellas azules de zapatos en algunos puntos, acompañado por una figura de bata y capucha verdes que sosteniendo un objeto en la mano, iba delante de él indicando el camino. Martín notó que no seguían las huellas azules, sino que se alejaban de ellas. Preguntó a la figura a dónde iban y ésta (usando la voz que el chico reconoció como la de Purity) respondió, distraída.

—Eres algo impaciente, pero tranquilo. Ya estamos en el sitio.

Purity se detuvo en un punto que no parecía de lo más especial en aquel lugar que se veía igual por todas partes. Martín pudo notar que un poco más allá, en la dirección de la que provenían las extrañas huellas azules que había visto antes, se veía una especie de luz azul, como si fuera el único sitio con color en aquel lugar. Purity lo volvió a la realidad.

—Es hora, Martín. Tienes que recordar cómo Tan hizo que percibieras la verdad sobre tu emblema. Y no intentes decir que no sabes de qué hablo. Todos ustedes pasaron por lo mismo.

Martín pensó que hubiera sido de ayuda que Mak, al salir de donde quiera que hubiera salido, les contara a sus amigos lo que había pasado, pero Friendship la había hecho volver a su sitio y volviendo a ser la mitad de una esfera azul, la inmovilizó y le ordenó con calma que no dijera nada de lo que había visto. Así las cosas, Martín se desesperó tratando de rescatar el instante que Purity le pedía, lo cual pasó luego de unos largos minutos. Y tal como sucedió con Mak, Martín pudo verlo todo frente a sí, como si estuviera metido de lleno en el recuerdo…

Inicio de remembranza

Martín no la estaba pasando nada bien en su primer día de clases en aquella escuela japonesa. Hacía tanto que no hablaba el idioma por vivir en Nueva York que lo tenía medio olvidado y sus compañeros de clases lo habían visto como si fuera un bicho raro. De no ser por aquella niña pequeñita de ojos negros y revuelto cabello castaño que también venía de fuera, hubiera sido la burla del día. Sin fijarse mucho llegó a la cancha de básquetbol de la escuela y al ir tan ensimismado, no se dio cuenta de que había un partido hasta que una pelota anaranjada botó muy alto cerca de él.

¿Qué haces aquí, enano? —espetó un chico alto y con cara de enojado —¡Lárgate!

Martín no era enano, ni mucho menos. Era más alto que todos sus compañeros de tercer grado, pero eso no importaba en ese instante, pues tenía frente a sí a un niño de cuarto.

Ven, sal de aquí —pidió una voz de niña muy amable al tiempo que unas manos lo tomaban por los hombros y lo conducían fuera de la cancha —¡Te reportaré con el profesor Kimura, Osawa! —soltó de pronto la misma voz, pero en un tono enojado.

Como quieras, Kamiya —dijo la voz del chico de quinto a sus espaldas.

No le hagas caso —siguió diciendo la voz de la niña —Osawa se pasa de tonto.

Martín había levantado la vista y tuvo frente a sí a una niña de cabello castaño, muy corto y brillante, con un mechoncito en la frente y grandes ojos castaños. Sonreía.

¿Te perdiste? —le preguntó.

Martín negó con la cabeza, aunque apenas si había entendido la mitad del diálogo. Su japonés aún seguía medio dormido. En eso, una rubia de ojos azules se acercó a la castaña, y se despidió de ella en inglés.

See you tomorrow, Tan (Nos vemos mañana, Tan). You don't forget the Math's homework, please. (No olvides la tarea de Matemáticas, por favor)

Don't worry, Mak (No te preocupes, Mak)

Do you speak english? (¿Tú hablas inglés?) —preguntó Martín con asombro.

So, so (Más o menos) —respondió la castaña, para luego decir en japonés —Mi amiga, la rubia que acaba de irse, llegó de Inglaterra hace poco y a veces hablamos en inglés porque le es más fácil. ¿Tú también lo hablas?

Sí, lo que pasa es que… acabo de llegar de Nueva York. Hoy fue mi primer día aquí.

La castaña asintió.

Bueno, tengo que seguir con mi práctica con los gorilas de mis compañeros, mientras regresa el profesor Kimura. Eres un buen niño.

¿Cómo sabes eso?

Bueno, lo creo. Y aunque no lo fueras, te lo diría. Suelo ser muy inocente¿sabes? Me creo casi cualquier cosa que me digan.

¡Oye! —Martín le gritó cuando ya se iba —¿Cómo te llamas?

¡Qué barbaridad, no me presenté! —la castaña se llevó una mano a la frente —Soy Kamiya Taniko, pero mis amigos me dicen Tan. And you, what is your name? (Y tú¿cuál es tu nombre?)

Martín sonrió ante la consideración de la chica.

Tachikawa Martín —respondió, siguiendo la costumbre japonesa de decir primero el apellido y luego el nombre —De tercer año.

¡Vaya! Si me hubieras dicho que eras de cuarto, te la hubiera creído. See you later! (¡Nos vemos luego!)

Fin de remembranza

El escenario, con todo e integrantes, se desvaneció lentamente de la vista de Martín, quien no podía creer que hubiera podido recordar aquel día tan bien. Purity, imperturbable, ladeó su cara cubierta hacia él.

—Eso fue bonito —dijo con su femenina voz —¿Porqué ese día te diste cuenta de tu emblema? Aún no lo tenías.

—Fue el que recordé cuando mi emblema brilló por primera vez —respondió Martín —Mi digimon necesitaba digievolucionar, pero lo que sentía no era suficiente. Así que recordé aquel día, cuando ella había sido tan buena conmigo, y supe que la inocencia era sinónimo de pureza. Tan siempre ha tenido de sobra, por eso todo el mundo la quiere. Y deseé ser un poco como ella.

Purity hizo un gesto afirmativo de cabeza y miró un objeto en su mano derecha que Martín no pudo ver con claridad.

—Muy bien, debemos irnos —indicó la encapuchada, agitando un poco la bata verde que portaba —Si nos quedamos más tiempo, los demás no tendrán su turno.

—¿Pero qué lugar es éste? —quiso saber Martín.

—El corazón de Tan —respondió Purity con sencillez —Y tus huellas, cada una de las acciones que has hecho por ella.

Hasta aquel momento, Martín no se había percatado que cada paso que daba, dejaba tras sí una notoria huella color verde. Se sorprendió bastante.

—¿Cómo puede ser éste el corazón de Tan? —inquirió.

—Fácil: ella siente muchas cosas y guarda en él a muchas personas. El hecho de que puedas dejar huellas en este lugar, significa que eres alguien especial para ella. No cualquiera deja huella en Taniko Kamiya, te lo puedo asegurar.

Martín asintió, conmovido. Sabía de lo que Purity estaba hablando.

Estando a siete de Noviembre del 2005, pude acabar este capítulo. Sí, estoy segura que muchos piensan que esto se está poniendo cada vez más raro, pero espero que para la próxima que actualice se normalice un poco, así como espero estar a punto de terminarla (la inspiración para este fic se me acaba, lo siento), tratandoque seade forma digna. Claro que si el final no llega a gustarles, con gusto recibiré las críticas correspondientes. Nos leemos pronto.