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La tristeza de Harry

Han pasado ya tres semanas exactamente desde el final de curso en Hogwarts. Los días habían estado muy lluviosos durante todo el verano. Era como si el clima estuviera de acuerdo con el estado de ánimo de Harry Potter. Durante las vacaciones lo único que Harry había hecho era quedarse viendo la única foto que tenía de Sirius Black, su padrino, él cual había muerto. Era la foto de la boda de sus padres. Las únicas veces que salía de su cuarto era para desayunar, comer y cenar. Le era imposible dormir ni un minuto sin que el recuerdo de cómo había muerto Sirius regresara a su mente. Las cartas que recibía a diario a veces hacían que su estado de ánimo subiera. Pero aunque estuviera deprimido eso no le impedía darse cuenta de un hecho muy extraño que había comenzado desde la segunda semana de vacaciones: una lechuza de color café se pasaba todo el día en el árbol que estaba enfrente de la ventana de Harry y no dejaba de ver a éste. Varias veces Harry pensó que la lechuza podría ser de Voldemort, pero después esa idea era destruida por su tristeza.

Era el primer domingo soleado de todo el verano, tío Vernon y Dudley habían salido a comprar algunas cosas para el concurso de boxeo que se efectuaría en pocos días, así que los únicos que estaban en el número 4 de Privet Drive eran Harry y tía Petunia. Harry estaba sentado en una silla viendo la foto. Debían de ser las diez de la mañana ya que a esa hora más o menos llegaba la extraña lechuza para vigilar a Harry.

- ¿Dime quien te envía a vigilarme? – preguntó Harry a la extraña lechuza esa mañana

La lechuza no hizo nada, sólo se quedó mirando la foto que Harry tenía en su mano. Harry, como si lo hubiera entendido, miró la foto.

- La persona que te envía está en esta foto – preguntó Harry a la lechuza.

La lechuza movió la cabeza de arriba abajo para hacer entender a Harry que si. Harry miró fijamente la foto, ahí estaban sus padres, Sirius y una mujer que él no conocía: era muy hermosa, su pelo negro estaba largo hasta los codos, su tez blanca y sus ojos, que eran lo que más resaltaban en ella, eran negros. Harry la señaló y se la mostró a la lechuza.

- ¿Es ella? – preguntó Harry empezando a pensar que se estaba volviendo loco por hablarle a una lechuza.

La lechuza volvió a asentir. Harry se sentó en la cama y se quedó mirando a la lechuza. Después de unos minutos alguien tocó la puerta.

- ¿Quién? – preguntó Harry sin dejar de mirar a la lechuza.
- Yo, Harry – respondió la voz de tía Petunia.
- Pasa – dijo Harry al fin dejando de ver a la lechuza.
- Venía a decirte que te prepares porque quiero que me acompañes a comprar algunas cosas al supermercado – dijo tía Petunia mientras abría la puerta.
- ¿Puedo quedarme aquí? – preguntó Harry sabiendo la respuesta.
- No quiero que te quedes todo el día aquí en cerrado – dijo tía Petunia viendo el desorden que había en la habitación de Harry -. Te espero abajo, tienes diez minutos.
- Si, tía – respondió Harry

Tía Petunia salió del cuarto y se le oyó bajar las escaleras. Harry volteó a ver a la lechuza pero descubrió que ésta ya no estaba. No se preocupó por ello y empezó a arreglarse para salir.

- Ya estoy listo, tía – dijo Harry mientras bajaba las escaleras.
- Muy bien vamonos, quiero regresar antes de que comience a llover otra vez – dijo tía Petunia cogiendo su monedero y las llaves.

La ida al supermercado fue muy lenta, o tal vez así la sintió Harry ya que deseaba irse pronto a casa y meterse a su cuarto.

- Ven vamos a sentarnos en esas mesas – dijo tía Petunia cuando terminaron de comprar todo.

Harry y tía Petunia se sentaron en una mesa. Harry sentía algo, algo como un presentimiento de que iba a ocurrir algo malo ese día.

- Harry, te traje porque quiero hablar contigo – dijo tía Petunia
- ¿De qué? – preguntó Harry volteando a ver a su tía
- Supe lo que ocurrió en el Ministerio de Magia – dijo tía Petunia con un poco de esfuerzo.
- ¿Quién te lo dijo? – preguntó Harry con curiosidad.
- Eso no importa – dijo tía Petunia -. Sólo quiero que sepas que lo siento mucho.
- Ni siquiera lo conocías – dijo Harry fríamente.
- Aunque no me lo creas, si conocí a Sirius Black – dijo tía Petunia –. Era una muy buena persona y no merecía todo lo que le pasó.
- Gracias, tía – dijo Harry volviendo su tono frío en uno un poco más dulce.

En ese instante, se oyó una explosión y varios gritos. Harry se paró de un brinco, miró a todos lados pero no encontró nada. Tía Petunia se paró y se acercó a Harry. Después de unos segundos, Harry vio llegar a muchas personas con capas al lugar. Una de ellas fue directamente a Harry. Era una mujer, no era muy alta, su pelo era de un color dorado, largo hasta los hombros y sus ojos eran azules.

- No te hicieron nada, Potter – preguntó la mujer.
- No, ¿qué pasó? – preguntó Harry preocupado.
- Nars, mataron a un mago que trabaja en el Ministerio – dijo una muchacha con pelo de color rosa, era Tonks – y dejaron un mensaje en una pared, creo que te interesara.

Nars siguió a Tonks al lugar de los hechos; ninguna de las dos se dio cuenta de que Harry y tía Petunia las seguían. En el lugar, varios magos estaban recogiendo el cuerpo de un hombre el cual parecía ser al que habían asesinado. También estaban llevándose a todos los muggles que habían presenciado lo ocurrido. Harry volteó a una pared y vio un mensaje escrito con tinta verde: "Solo quedan cuatro que destruir, así que prepárense elegidos, voy por ustedes". Harry no entendía que significaba eso, pero a juzgar por la cara de Nars y algunos magos más parecía ser grave.

- Tonks, acompaña a Potter y su tía a su casa – ordenó Nars – y después vete inmediatamente al cuartel y diles lo que pasó.
- Si – dijo Tonks y fue directamente a Harry y tía Petunia.

Cuando ya estaban de regreso en el número 4 de Privet Drive, Tonks le dijo a Harry que ni se le ocurriera salir de su casa. Harry subió a su cuarto e instintivamente volteó a ver la ventana. La lechuza aun no regresaba. Eso era extraño ya que la lechuza pasaba todo el día ahí hasta que daban las doce de la noche. Se sentó en la cama y pensó en lo ocurrido. ¿Quiénes eran los elegidos? ¿Por qué quería destruirlos Voldemort? La hora de la cena llegó y Harry bajó las escaleras para cenar. Durante toda la cena Harry tuvo que oír a tío Vernon y a Dudley hablando de todo lo que habían comprado. Harry terminó rápidamente de cenar y subió nuevamente a su cuarto. Al entrar, se llevó una gran sorpresa: dos lechuzas estaban postradas en su escritorio, una era la lechuza café de todos los días y la otra era una lechuza negra como la noche con unos ojos grises penetrantes.


Aquí está el segundo capítulo, espero les esté gustando y que me manden muchas críticas, sean buenas o malas.

Gracias a Pedro I, este capítulo es para ti.

Adiós ;)