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El regreso al número 12 de Grimmauld Place
La lechuza negra salió volando por la puerta. Harry la siguió y vio que la lechuza se paró enfrente de tía Petunia, que estaba lavando los trastes. Tía Petunia tiró un plato, que se hizo añicos. La lechuza le dejó la carta encima de la mesa y salió por la ventana volando. Tía Petunia se acercó, cogió la carta y la leyó con miedo. Al terminar, miró a Harry.
- Ve preparando tus cosas, mañana vienen por ti – dijo tía Petunia con tono de miedo en la voz.
Harry salió de la cocina y subió a su cuarto. La lechuza café seguía ahí esperando a que leyeran la carta que llevaba. Harry se la quitó del pico y la leyó.
Querido Harry:
Espero que estés bien después de lo ocurrido hoy en la mañana. Después de ese incidente Dumbledore decidió que vengas a vivir al cuartel. Te aviso que iremos por ti mañana como a eso de las cinco
Saludos de
R. Lupin
Harry metió la carta en un cajón y se le quedó mirando a la lechuza que aún seguía ahí. Esa noche, como las anteriores noches, Harry sólo se quedo tumbado en la cama. La lechuza café no había salido aún del cuarto y parecía que tenía planeado quedarse ahí hasta que vinieran por Harry. El sol de la mañana empezaba a entrar por la ventana. Harry estaba dormido, por primera vez en el verano había logrado dormir sin pensar en lo ocurrido en el Departamento de Misterios. Cuando se despertó, vio que sólo había dormido como dos horas. Volteó a ver a la lechuza y vio que esta estaba aun despierta y miraba por la ventana como si esperara algo.
- No vendrán hasta las cinco si eso es lo que esperas – dijo Harry a la lechuza, la cual se sobresaltó al oír a Harry.
Harry se arregló y empezó a meter todas sus cosas en su baúl. Como a eso de la una de la tarde ya todo estaba guardado a excepción del álbum de fotos que permanecía abierto en la foto de la boda de los padres de Harry. La lechuza parecía estar muy interesada en la foto. La tarde pasó muy lento para Harry que ya esperaba con ansias irse de Privet Drive. Las cinco de la tarde dieron y Harry empezó a bajar su baúl, la jaula de Hedwig, en donde estaba Hedwig, la cual no había estado muy contenta con la presencia de la otra lechuza. La última vez que subió Harry al cuarto fue para sacar el álbum de fotos. La lechuza había dejado el escritorio y ahora estaba postrada en una de las ventanas de la sala mirando hacia afuera, cosa que a tía Petunia no le agradaba mucho.
- Si alguien de los vecinos la ve, van a empezar a decir cosas – dijo tía Petunia a Harry después de pasados unos diez minutos de que la lechuza se hubiera quedado ahí.
Dieron las cinco y media y aun nadie llegaba. Al dar las seis Harry ya se estaba cansando de esperar y estaba empezando a pensar que algo había ocurrido y no era el único. La lechuza veía con mucho mas minuciosidad la calle para ver si encontraba algún rastro de alguien de la Orden y cada momento parecía estar más angustiada. Al fin, como a las seis y media, el timbre resonó en toda la casa. La lechuza salió volando en dirección a la puerta. Cuando abrió tía Petunia la puerta, Harry vio que se trataba de Tonks y Ojoloco.
- Mucho gusto en verla, señora – dijo Ojoloco – venimos por el joven Potter.
- Oiga, ¿no tiene nada que nos dé de comer? – inquirió Tonks.
- Tú no aguantarías una hambruna – dijo Ojoloco enojado
- No como desde el desayuno, no es mi culpa – dijo Tonks justificándose.
- Pensé que iba a venir Melisa – dijo tía Petunia interrumpiendo la conversación de Ojoloco y Tonks.
- Ella está en la casa de la señora Figg – dijo Ojoloco
- Y como sabemos que se va a tardar, vinimos nosotros por Harry – completó Tonks
Harry se despidió de su tía, sacó su baúl y la jaula de Hedwig y se fue de Privet Drive.
- ¿Por qué no mejor nos llevamos levitando el baúl? – preguntó Tonks que había llevado el baúl desde el número 4 de Privet drive hasta la casa de la señora Figg.
- Porque si alguien se asoma por una ventana, te imaginas que pasaría, ¿verdad? – respondió Ojoloco.
Harry no los oía. Después de que dieron vuelta en una esquina se encontraron en la casa de la señora Figg. Afuera de la casa, estaba estacionada una camioneta de color negro.
- Bueno, ahora solo hay que esperar a que salga – dijo Tonks metiendo el baúl y la jaula de Hedwig a la cajuela de la camioneta.
- Súbete, Potter – le dijo Ojoloco a Harry mientras abría la puerta de atrás.
Harry se subió a la camioneta, junto con Tonks la cual estaba exhausta. La lechuza café estaba en el techo de la camioneta mirando en dirección a la casa de la señora Figg. Después de diez minutos, al fin se oyó como se abría la puerta de la casa. Harry voltio y vio como una mujer, la misma de la fotografía, salía de la casa.
- Muchas gracias, señora Figg, se lo agradezco, adiós – dijo la mujer, pero cuando había llegado a la camioneta - Esta loca esa mujer, en serio, mira que es de locos tener tantos gatos.
- Así es ella y no podemos hacer nada aunque lo queramos – dijo Tonks – ¿ya podemos irnos?, tengo mucha hambre.
- ¿Ya fueron por Harry? – preguntó la mujer
- Ya – dijo Ojoloco – está adentro de la camioneta.
- En ese caso, vámonos – dijo la mujer.
La mujer se subió a la camioneta, abrió todas las ventanas mágicamente y puso en marcha la camioneta. Harry se dio cuenta de que la mujer no conducía y que la camioneta iba sola.
- No has dormido bien, ni has comido bien, ¿verdad? – preguntó la mujer a Harry.
- No mucho – respondió Harry
- Puedes llamarme Melisa – dijo Melisa.
- Melisa, ¿puede haber la posibilidad de que nos vayamos por suelo? – preguntó con miedo Tonks.
- ¿El cielo es morado? – preguntó Melisa a Tonks.
- No – respondió Tonks sabiendo que significaba eso.
- Ahí tienes tu respuesta – dijo Melisa.
Harry se dio cuenta de que estaban en una calle desierta. Melisa jaló de una palanca y repentinamente la camioneta empezó a ascender de manera muy rápida. Tonks y Ojoloco tenían expresión de miedo en sus caras. Pero Harry no entendía por qué tenían miedo, era como volar en su Saeta de Fuego o en Buckbeack. Después del ascenso la camioneta planeó por el cielo tranquilamente.
- ¿Que te dijo la señora Figg? – preguntó Ojoloco
- Nada interesante – dijo Melisa – sólo que nada pasó después del ataque al funcionario del Ministerio, al parecer sólo querían dejar el mensaje, no iban por alguien en especial.
Harry volteó a la ventana y miró como la lechuza iba volando a la par con la camioneta.
- Espero no te haya molestado la presencia de Vella en tu casa, Harry – dijo Melisa – era la forma más fácil de tenerte vigilado.
- ¿Es tu lechuza? – preguntó Harry a Melisa
- No, era la lechuza de Sirius – respondió Melisa.
Al saber que esa había sido la lechuza de Sirius, Harry empezó a sentir un cariño muy extraño por la lechuza. Pasados unos minutos empezó el descenso igual de súbito y rápido que el ascenso. Al llegar al suelo, Harry se dio cuenta de que estaban enfrente del número 12 de Grimmauld Place. Harry salió de la camioneta y le ayudó a Ojoloco a sacar el baúl y la jaula de Hedwig.
- Creo que quedó algo de comida del desayuno – le dijo Melisa a Tonks cuando entraron a la casa.
Tonks salió disparada a la cocina. Ojoloco la siguió.
- Deja aquí tus cosas, ahorita las subo – dijo Melisa.
- Gracias – dijo Harry.
Harry bajó las escaleras para ir a la cocina.
Espero que hasta ahora les esté gustando y que dejen muchas críticas.
De nuevo gracias a Pedro I por tu crítica.
De una vez me gustaría avisarle por aquí a las personas que leen mi otro ficc, el de Shaman King, que por ahora no pienso seguirlo porque no tengo la imaginación para hacerlo, pero espero pronto poder hacerlo. Disculpen si me tardo mucho, pero les prometo que voy a terminarlo (aunque me tarde, lo terminaré)
Adiós ;)
