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El mejor regalo

Tonks se encontraba comiendo todo lo que quedaba del desayuno y Ojoloco estaba bebiendo agua cuando Harry entró en la cocina. Se sentó en la mesa y miró con tristeza la cocina. No sabía ahora si haber regresado al número 12 de Grimmauld Place había sido una buena idea. El estar ahí, en la casa de Sirius, hacía que esa tristeza por haberlo perdido creciera más. Entonces, se oyó como alguien llegaba a la casa. Harry miró hacía las escaleras, seguramente la persona que había llegado bajaría a la cocina. Dos personas bajaron las escaleras: la primera era Mundungus, el cual se lanzó a las sobras del desayuno, al igual que Tonks; la segunda persona era una mujer no muy alta, de cabello rizado y castaño con ojos cafés. Ésta miró a Harry detenidamente y después le tendió la mano.

- Arabella Figg – dijo la mujer - Tienes los mismos ojos que tu madre.
- ¿Conoció a mi mamá? – preguntó Harry a Arabella.
- ¿Conocerla? Era mi mejor amiga – respondió Arabella.
- Es la primera amiga de mi mamá que conozco – dijo Harry con mucha felicidad
- Así que ya estás aquí, Harry – dijo una voz.

Harry volteó y vio bajar las escaleras a Lupin y a Melisa.

- ¿Cómo te ha ido este verano? – preguntó Lupin a Harry.
- Bien – mintió Harry.
- ¿Podría hablar a solas contigo, Harry? – preguntó Lupin
- ¿Cómo pueden comer algo frío? – preguntó Melisa a Tonks y a Mundungus.
- La pregunta sería, ¿por qué tú no estás comiendo? – dijo Tonks
- Mejor, si quieren comer, ayúdenme a hacer la cena – respondió Melisa.
- Si – dijo Harry, aunque no quería hablar a solas con nadie.

Harry y Lupin salieron de la cocina y se fueron al salón. Harry se sentó en un sillón y se puso a mirar a otro lado que no fuera a Lupin.

- Harry, quiero que hablemos sobre lo que ocurrió en el Departamento de Misterios, creo que te debo una explicación – dijo Lupin con un tono de tristeza.
- ¿Qué explicación? – preguntó Harry
- Te habrás preguntado cómo es que Sirius murió al atravesar ese velo y por qué no te deje ir por él – dijo Lupin.
- Si, si me lo pregunté – dijo Harry al fin volteando a ver a Lupin.
- El velo por el que cayó Sirius es un portal al mundo de los muertos, al atravesarlo mueres instantáneamente – explicó Lupin - La única manera de que el velo no te afecte es que lo atravieses con ayuda de un encantamiento que solo los oclumistas y legeremistas pueden usar o que tengas en tu cuerpo la maldición Durmicus.
- ¿Qué es la maldición Durmicus? – preguntó con curiosidad Harry.
- Es una maldición muy poderosa y hasta en un tiempo también fue conocida como una maldición imperdonable – explicó Lupin – Te hace dormir por un tiempo indeterminado: pueden ser horas, días, meses, años, hasta siglos. ¿Ahora entiendes por qué no te deje ir por él?
- Si, ahora lo entiendo – dijo Harry con tristeza.

Esta vez todas sus esperanzas de volver a ver a Sirius habían sido destruidas. La semana pasó muy rápido. Era casi imposible que pudiera estar encerrado en su cuarto viendo la foto de la boda de sus padres, ya que Melisa siempre lo sacaba a pasear o se ponía a platicar con él. Melisa era la que más tiempo pasaba en la casa y era la que más se preocupaba por Harry. Harry había empezado a sentir mucho cariño hacía la mujer. La alegría de Melisa era tan contagiosa que Harry muy pronto se puso muy feliz por estar ahí. Sin embargo, aunque en el día todo hacía que se olvidara de Sirius, en la noche su recuerdo regresaba más fuerte y claro que nunca.

- Tienes casi los mismos gustos de James – le dijo Melisa a Harry cuando iban de regreso en la camioneta al cuartel después de haber ido a Hogsmeade.
- ¿Conociste a mi papá? – preguntó Harry.
- Éramos amigos – respondió Melisa - Él y Sirius siempre se metían en problemas cuando estábamos en Hogwarts.
- Entonces supongo que te dolió su muerte – dijo Harry.
- La de James, la de Lily y la de Sirius – respondió Melisa –, los tres eran personas muy queridas para mí.
- También para mí – dijo Harry.

El sábado, Harry al fin tuvo la oportunidad de encerrarse en su cuarto y estar solo viendo la única foto que tenía de Sirius. No sabía por qué, pero algo hacía que no pudiera aceptar la muerte de Sirius. El timbre resonó por toda la casa en punto de la una de la tarde. Los gritos de la madre de Sirius también, junto con los gritos de furia de Melisa, que odiaba oír a la madre de Sirius. Harry no le tomó atención y siguió viendo la foto. En ese instante, por su cabeza atravesó el deseo de tener más fotos que esa que tenía en las manos.


- Si es alguien que tenga llave de la casa prepárese para ser destruido a gritos – amenazó Melisa antes de abrir la puerta, después la abrió y cambió su tono a uno más amble – Molly, hola, ¿cómo estás?
- Menos histérica que tú – respondió la Señora Weasley abrazando a Melisa.
- Hola, Arthur – saludó Melisa extendiéndole la mano al señor Weasley.
- Hola, Melisa, ¿cómo has estado? – preguntó el señor Weasley.
- Muy bien, a excepción de que debo convivir con la horrible madre de Sirius – respondió Melisa.
- Creo que no conoces a mis hijos – dijo la señora Weasley señalando a las personas que la acompañaban – él es Ron y ella es Ginny.
- No tenía el gusto de conocerlos – dijo Melisa extendiéndoles la mano – y tú has de ser Hermione Granger, ¿no?
- Si – respondió Hermione – mucho gusto en conocerla.
- ¿Quién más está aquí? – preguntó el señor Weasley.
- Remus, Mundungus y Arabella – respondió Melisa.
- Bueno, pues vamos que tengo que preparar algo – dijo la señora Weasley

La señora y él señor Weasley se fueron a la cocina.

- ¿Y Harry donde esta? – preguntó Ron.
- Arriba, en su cuarto, ha estado todo el día ahí – respondió Melisa.
- ¿Podemos subir? – preguntó Hermione.
- Si – respondió Melisa y al ver como Ron cogía las maletas le dijo – déjalas aquí, ahorita las subo.
- Bueno – dijo Ron soltando las maletas.

Los tres subieron las escaleras.

- Melisa dijo que ha estado todo él día aquí – dijo Hermione -. No sería mejor dejarlo estar solo.
- Hermione, lo que él necesita es el apoyo de sus amigos – dijo Ron.

Ginny tocó la puerta. Harry seguía viendo la foto pero al oír que alguien tocaba la puerta se paró y la abrió.

- Hola, chicos – saludo Harry.
- Hola, Harry. ¿Cómo estás? – preguntó Ginny que era la única que se había dado cuenta de que Harry se encontraba ahí, ya que Ron y Hermione habían empezado a pelearse.
- Dime, Ron, si a ti se te hubiera muerto alguien, ¿no preferirías estar solo? – preguntó Hermione.
- Preferiría estar con mis amigos – respondió Ron.
- Bien – respondió Harry - Hola, Ron. Hola, Hermione.
- En serio, Ron, tú no entiendes a las personas que necesitan estar solas – dijo Hermione sin darse cuenta de Harry.
- ¿Y si lo que quiere Harry es tener compañía? – preguntó Ron.
- Yo creo que lo que quiere Harry es que le presten atención – dijo Ginny gritando para ahogar los gritos de su hermano y Hermione.

Ron y Hermione voltearon a ver a Ginny y a Harry.

- Harry, hola, ¿cómo has estado? – preguntó avergonzado Ron.
- Bien, aunque ustedes deberían de dejar de sacar conjeturas y pelearse por ellas – respondió Harry.
- Bueno, es que pensamos que querías estar solo – dijo Hermione.
- Ella lo pensó, yo no – dijo rotundamente Ron.
- No empiecen a pelearse otra vez – dijo Ginny.
- Mejor pasen – dijo Harry.

Los cuatro entraron en el cuarto. Harry cerró la puerta.

- Nos enteramos de lo que pasó cerca del supermercado de tu ciudad Harry – dijo Hermione.
- Y también supimos que habían dejado un mensaje, pero no nos dejaron saber que era – dijo Ron
- Era una amenaza – dijo Harry.
- ¿Para quién? ¿No sería para ti verdad? – preguntó Hermione con miedo.
- No, no fue para mí, fue para "los elegidos" – respondió Harry.
- ¿Quiénes son los elegidos? – preguntó Ginny.
- Son un grupo de ocho personas elegidas para controlar problemas como Voldemort y sus mortifagos – explico Hermione.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó sorprendido Harry.
- Lo leí en un libro – respondió Hermione -. Cuando supe sobre la existencia de la Orden del Fénix quise investigar más sobre ella. Descubrí que existe desde que Hogwarts fue fundado. El líder de esa organización siempre es el director de Hogwarts.
- Por eso Dumbledore es el líder de la Orden – dijo Ron.
- ¿Y eso que tiene que ver con los elegidos? – preguntó Harry
- Los elegidos son ocho personas, los principales de la Orden. Cuando mueren todos los elegidos, se vuelven a elegir otras ocho personas para que los remplacen – explico Hermione
- Entonces van por los elegidos actuales – dijo Ginny
- Yo supongo – dijo Hermione
- ¿Como era la amenaza, Harry? – preguntó Ron.
- "Solo quedan cuatro que destruir, así que prepárense elegidos, voy por ustedes" eso decía – dijo Harry
- Así que solo quedan cuatro – dijo Ron
- Supongo que los otros cuatro han de haber muerto en manos de Voldemort – dijo Hermione
- Me gustaría saber quiénes son los elegidos – dijo Harry
- ¿Por qué no se lo preguntamos a Lupin o a alguien más? seguro que ellos saben – propuso Ginny
- Hoy a la hora de la comida se los preguntaremos – dijo Ron.

En ese instante, alguien tocó la puerta e hizo que todos saltaran de miedo. Harry fue hacía la puerta y la abrió. Había sido Melisa.

- Vamos a comer en el salón – dijo Melisa – y esta determinadamente prohibido entrar a la cocina, de acuerdo.
- Si – dijo Harry.

Melisa se fue. Los chicos prefirieron dejar de lado el tema de los elegidos y mejor empezaron a hablar de lo que habían hecho en él verano. Ya que Harry no había hecho gran cosa solo oyó a sus amigos. La hora de la comida llegó muy rápido y con ella la oportunidad de saber quiénes eran los elegidos. Hasta ese instante Harry no se había interesado mucho en saber quiénes eran pero ahora le parecía muy importante saberlo. Cuando ya habían terminado de comer, los chicos se miraron. Ya no estaban tan seguros de preguntar o no.

- Yo le preguntó – dijo Ginny.

Ginny se iba a parar cuando la mano de Hermione la detuvo.

- Oigan – dijo Hermione a los chicos.
- ¿Qué? – preguntó Ron.
- Están hablando de San Mungo – dijo Hermione.

Lupin y Arabella estaban en un rincón hablando sobre alguien que estaba en San Mungo.

- ¿Y qué dicen los sanadores? – preguntó Arabella.
- Dicen que es posible que tarde meses en despertar – respondió Lupin.
- ¿Dumbledore ya lo sabe? – preguntó Arabella.
- Melisa fue hoy a decirle – respondió Lupin.
- Entonces, todavía hay que esperar meses – dijo Arabella.
- Creo que no es el mejor lugar para hablar del tema, nos pueden oír – dijo Lupin.
- Está bien – dijo Arabella.

Los dejaron de oír ya que habían empezado a hablar de otra cosa. Los chicos se voltearon a ver.

- ¿Quién está en San Mungo? – preguntó Hermione
- Si no nos han dicho, es que no nos interesa – dijo Ron
- Exacto – dijo Ginny

Pero Harry no pensaba lo mismo. ¿Quién estaba en San Mungo? ¿Por qué se preocupaban tanto por él? No era la primera vez que oía que alguien estaba en San Mungo. A veces cuando entraba en la cocina por las mañanas llegaba a oír unas pocas palabras relacionadas con San Mungo, pero siempre, cuando lo veían entrar, cambiaban súbitamente de tema. Lo que oyeron hizo que se les olvidara su pregunta. Durante toda la tarde se la pasaron en el salón. Harry y Ron habían estado jugando ajedrez y Hermione y Ginny veían con mucho interés el álbum de fotos de Harry.

- Ya tengo hambre – dijo Ron mientras veía su reloj – Son las siete.
- Mejor vete olvidando de tu hambre porque no nos dejan entrar en la cocina – dijo Hermione.
- Jaque mate Ron – dijo Harry – ¿Qué estarán haciendo?
- Mi mamá dijo que traía una sorpresa – dijo Giny – pero no sé para quien.
- ¿Por qué no lo descubren? – dijo una voz.

Los chicos voltearon y vieron a Melisa.

- Ya podemos pasar – dijo Ron
- Si – dijo Melisa.
- Que bueno, ya tenía un hambre que para que quieres – dijo Ron saliendo disparado para la cocina.

Giny, Hermione y Harry lo siguieron. La cocina estaba en penumbra. Melisa que iba detrás de los chicos prendió la luz y, al instante, muchas personas saltaron y dijeron.

- ¡Felicidades, Harry! – gritaron todos.
- Pe…pe…pero que es esto – preguntó Harry sorprendido.
- Hoy es tu cumpleaños, querido – dijo la Señora Weasley mientras lo abrazaba.
- Esto es sorprendente, nunca había visto a alguien que olvidara su propio cumpleaños – dijo Melisa.

Después de recibir el abrazo de todos los presentes (Ron, Hermione, Ginny, el señor y señora Weasley, Lupin, Melisa, Arabella y Mundungus), Harry y los demás comieron un pastel que había preparado la señora Weasley. Era la primera fiesta de cumpleaños de toda su vida. Y al pensar en eso nuevamente la tristeza se apoderó de él. Todas las personas que quería estaban con él… todas… menos Sirius.

- Está delicioso el pastel – dijo Hermione que ya iba en su tercer pedazo.
- Ya me di cuenta de que te gusto – dijo Ron sorprendido de Hermione.
- ¿Qué te pareció la sorpresa Harry? – le preguntó Ginny.
- Muy buena – dijo Harry – Muchas gracias.
- En parte fue idea de mi mamá – dijo Ron.

En ese instante, Harry sintió un calor protector como nunca lo había sentido, dejo de oír a sus amigos y a los demás, sólo oía un susurro, un susurro que se hacía cada vez más fuerte y decía: "Harry". Era una voz conocida, muy conocida. Entonces, Harry supo de quien era esa voz. Era de Sirius. Más, cuando quiso hablar, todo se acabo; volvió a oír todo, el calor se había ido súbitamente.

- Harry, ¿pasa algo? – le preguntó Hermione.
- No – dijo Harry – No pasa nada.

Lo había sentido, había sentido a Sirius ahí cerca de él. Después de unos minutos la señora Weasley le pidió a Harry que abriera todos los regalos que le habían llegado. El último fue el regalo de Luna Lovegood (un marco para fotos hecho a mano en madera).

- Bueno, ese fue el ultimo – dijo Harry viendo el marco que le había regalado Luna
- No, todavía faltan estos dos – dijo Melisa entregándole dos regalos a Harry.

Harry abrió el primero. Eran cuatro hermosos marcos para fotografías. El segundo lo abrió. Eran cuatro fotos. La primera era de Sirius y James a la edad de diecisiete años; la segunda era de Sirius, a la misma edad, junto con otras dos mujeres y una niña pequeña de entre cuatro o cinco años; la tercera era de Sirius y Melisa; y la cuarta era de los merodeadores.

- ¿Te gustó? – preguntó Melisa a Harry.
- Si – respondió Harry sin aliento. Hace unas horas había deseado tener más fotos de Sirius y ahora las tenía ahí, en sus manos.

La fiesta se prolongó hasta muy noche. Antes de irse a dormir, Harry enmarcó las fotos. Esa noche, Harry durmió muy tranquilo hasta que unos gritos lo despertaron. Se paró enseguida y volteó a ver a la cama de Ron. Ron ya estaba parado con una mano en el pomo de la puerta.

- ¿Qué paso? – preguntó Harry.
- Creo que es la madre de Sirius, no estoy muy seguro – dijo Ron. En su voz había un poco de miedo.
- Vamos a ver – dijo Harry

Al abrir la puerta vieron pasar a Melisa, la cual estaba hecha una furia, y a Lupin, el cual trataba de tranquilizar a Melisa.

- Se lo paso en la mañana y en la tarde, pero en la noche no – decía Melisa una y otra vez y cada vez lo decía con más enojo y odio.
- ¿Qué pasó? - preguntó Hermione que había salido también de su cuarto acompañada de Ginny
- No tengo idea – respondió Ron.

Melisa y Lupin habían llegado a las escaleras y entonces quedaron paralizados por lo que vieron. Ginny se adelantó y llegó al punto en el que Melisa y Lupin estaban. La pelirroja regresó totalmente horrorizada y fue directamente a la señora Weasley, que también había salido de su cuarto. Pero Harry no hacía caso a los demás que le preguntaban a Ginny sin obtener respuesta. Veía a Melisa. Esta tenía los ojos completamente negros y diabólicos, su piel blanca se volvió más blanca. En ese instante, Harry sintió miedo hacía Melisa. Se oyó como si un trueno hubiera entrado en la casa y Harry vio como el cuadro de la madre de Sirius flotaba enfrente de Melisa y Lupin.

- Eres una repugnante persona – dijo Melisa con un tono de voz tan llena de odio que todos retrocedieron – Espero estés pudriéndote en el infierno en este instante.
- Melisa, cálmate – decía Lupin aunque no servía de nada.

Harry se dio cuenta de que el retrato tenía fuego prendido en la parte de abajo. La madre de Sirius estaba tan asustada que no abría la boca para decirle nada a Melisa. Melisa dio un chasquido con los dedos y el retrato desapareció. Bajó las escaleras. Ron y Hermione estaban tan espantados como Ginny por la expresión de Melisa. Harry no lo estaba, ni él ni los señores Weasley. Era como si ya hubieran visto antes esa expresión.

- ¿Que pasó, Remus? – preguntó la señora Weasley
- La madre de Sirius obligó a Kreacher a matarse – respondió Lupin – y ya se imaginaran de que manera.