5
El cementerio de los magos
- ¿Se cortó la cabeza? – preguntó Ron.
Los sollozos de Ginny se intensificaron.
- ¡Ron! – gritaron todos para que se callara.
- Perdón, no lo volveré a decir – dijo Ron disculpándose.
- Bajen a la cocina – grito la voz de Melisa, que ya se oía un poco más tranquila.
- Ya limpió todo así que no habrá problema – dijo Lupin.
Lupin y los señores Weasley seguidos por Harry, Hermione, Ron, Arabella y Mundungus (Harry no se había dado cuenta de los últimos) bajaron a la cocina. En la cocina estaba Melisa sirviendo una bebida en vasos.
- Tómenla, es poción para dormir sin soñar – dijo Melisa.
- ¿De dónde la sacaste? – preguntó Lupin.
- Se la acabo de pedir a Severus – respondió Melisa.
Todos cogieron un vaso y se lo tomaron. Al instante, a todos les dio sueño y se fueron a dormir. Harry no había dormido tan tranquilo en todo el verano. Al despertarse, se dio cuenta de que Ron ya no estaba en el cuarto. Se paró, se vistió y salió del cuarto. Pero al salir escuchó a alguien hablar en uno de los cuartos cercanos. Él ya había entrado ahí varias veces para saber que era el cuarto de Melisa. Harry sintió curiosidad y se acercó para oír. Parecía que Melisa hablaba sola y no era la primera vez que Harry se daba cuenta de eso.
- Cómo puede ser que Dumbledore le quiera hacer eso, es cruel, el tiene el derecho de saberlo – decía Melisa a alguien invisible – ¿Y cómo no lo va a descubrir?, no es un tonto. Ya ni sé porque me enojo, no sirve de nada.
Después Harry ya no oyó más la voz de Melisa. Era mejor que se fuera antes de que Melisa se diera cuenta de que la habían estado espiando. Cuando ya estaba a punto de bajar las escaleras la voz de Melisa lo paró.
- Lo sé, es una locura hablar sola, ¿verdad? – dijo Melisa.
- ¿Hablabas sola? – inquirió Harry.
- Siempre lo hago cuando estoy enojada o triste – dijo Melisa.
- ¿Cómo supiste que estaba ahí? – preguntó Harry
- Sentí tu presencia – respondió Melisa
- ¿Cómo la puedes sentir? – preguntó Harry
- Es fácil, y más si tienes la legeremancia de por medio – respondió Melisa - Creo que sería mejor que fuéramos a desayunar.
- Si - dijo Harry.
Ahora sabía porque cada vez que veía a Melisa a los ojos se sentía como si viera a Dumbledore: los dos tenían legeremancia y podían leer los pensamientos. Los dos bajaron a la cocina, en donde ya estaban Ron, Hermione y la señora Weasley.
- Buenos días, Harry – dijo la señora Weasley.
- Buenos días – dijo Harry sentándose al lado de Ron.
- Voy a hacerle un entierro a Kreacher – dijo Melisa – Los que quieran ir son libres de hacerlo.
- Yo voy – dijo Hermione de inmediato.
- Yo digo que no se lo merece – dijo Ron.
- Cualquier persona o criatura, sea mala o buena, merece un entierro – dijo Melisa.
- Si, y cuando muera el-que-no-debe-ser-nombrado también le vas a hacer un entierro ¿no? – dijo Ron sarcásticamente.
- Si sigo viva para ese entonces, si – respondió Melisa
- Si estarás viva – dijo Harry inmediatamente. Al oír esas palabras había sentido miedo.
- Eso espero. Quiero ver la cara de todos los mortifagos cuando entren en Azkaban uno por uno – dijo Melisa con tono soñador.
- ¿Tú crees que esta vez si encierren a todos los mortifagos? – preguntó la señora Weasley
- Hay demasiadas pruebas para que los refundan de por vida en Azkaban a todos – respondió Melisa feliz – Creo que ya cambiamos mucho de tema, ¿quién va a venir al entierro de Kreacher? – viendo que Hermione iba a hablar – además de Hermione.
- ¿Donde va a ser? – preguntó Harry.
- En el Cementerio de Criaturas Mágicas – respondió Melisa.
- Ese lugar está al lado del Cementerio de Magos, ¿no? – preguntó Ron.
- Si – respondió Melisa.
- Entonces, si voy – dijo Ron.
- Yo también voy – dijo Harry, aunque la idea de ir a un cementerio no le gustaba mucho.
- ¿Vienes, Molly? – preguntó Melisa.
- Voy a quedarme aquí con Ginny – respondió la señora Weasley.
- Bueno, en ese caso, todos los que vayan a ir, a las doce en el salón – dijo Melisa –. Oye, Molly, no ha llegado ninguna de mis lechuzas.
- Hace rato vino Black, y dejó esto – dijo la señora Weasley entregándole a Melisa unas cartas.
Melisa vio los sobres. Cogió una, la abrió y la leyó. Al terminar de leerla, parecía estar más feliz. Metió la carta en el sobre y la dejó en la mesa. Las demás las miro de reojo. Cogió otra, la abrió y la leyó. Al terminar de leerla la corto en dos, se paró y la echó en la chimenea, la cual estaba encendida.
- ¿De quién era? – preguntó la señora Weasley
- De mi primo – respondió Melisa – cada año me escribe como siete de esas, y cada año yo le mando un howler diciéndole que me deje en paz.
Harry no oía a los demás. Veía la carta que Melisa había dejado en la mesa. Era de San Mungo. Harry sintió muchas ganas de cogerla y leerla pero no pudo. Todos terminaron de desayunar y se fueron a preparar para el entierro de Kreacher.
- No tengo nada negro – dijo Ron buscando en su ropa algo para ponerse - ¿Tenemos que ir a fuerzas de negro?
- Aunque Kreacher no nos caiga bien, es un entierro y tenemos que ir de negro – dijo Harry
- Tú no tienes problema porque siempre estas vestido de negro – dijo Ron – pero a mí no me gusta el negro.
- No es que me guste el negro – dijo Harry – y no siempre estoy vestido de negro.
La verdad era que, desde la muerte de Sirius, Harry había estado vestido de negro. Al final, Ron encontró algo que ponerse. A las doce en punto ya todos estaban listos para irse. Puesto que el Cementerio de las Criaturas Mágicas estaba muy lejos, tuvieron que irse en la camioneta voladora de Melisa. Después de unos minutos de haber despegado Harry empezó a sentir que la camioneta empezaba descender. Aterrizaron enfrente de dos terrenos muy grandes separados por una muralla de piedra. Al frente de los terrenos había dos letreros gigantes de color oro. Uno decía: Cementerio de Magos; y el otro decía: Cementerio de Criaturas Mágicas. Harry y los demás bajaron de la camioneta. Harry se dio cuenta de que en la entrada del Cementerio de Criaturas Mágicas había tres personas: dos de la misma estatura y otra un poco más pequeña. Se fueron acercando a la entrada y Harry pudo ver quiénes eran. Eran Lupin, Nars (la aurora que Harry había conocido en el ataque al funcionario del Ministerio) y una niña. La niña era de la misma estatura de Hermione, su cabello lacio y dorado, y sus ojos profundos y azules.
- Hola, Virginia – saludó Hermione a la niña.
- Hola, Hermione – dijo Virginia.
- Supongo que los haz de conocer – dijo Hermione señalando a Harry y Ron.
- Harry Potter y Ron Weasley – dijo Virginia – como no conocerlos, si mi hermano se la pasa todo el día insultándolos. Mucho gusto, mi nombre es Virginia Black.
- Es la hermana menor de Malfoy – dijo Hermione a los sorprendidos Ron y Harry – Está en el grado de Ginny y es de nuestra casa.
- ¡Una Malfoy en Gryffindor! – grito sorprendido Ron.
- Sorprendente, ¿verdad? – dijo Virginia.
Entonces Harry vio a Nars la cual estaba hablando con Lupin y Melisa. Ya sabía porque había sentido que la conocía. Nars era la esposa de Lucius Malfoy, era mortifaga y además había puesto un poquito de ayuda para que muriera Sirius.
- Es Narcisa Malfoy – dijo Harry.
- Y es parte de la Orden del Fénix – dijo Virginia.
- Es mortifaga – dijo Harry.
- Y es aurora infiltrada en las líneas de los mortifagos – dijo Virginia.
- Y ayudó a que yo fuera al Ministerio – dijo Harry
- No, ese fue mi papá – dijo Virginia - Kreacher había ido a hablar con mi mamá, ella tenía planeado no decirle nada al-que-no-debe-ser-nombrado, pero mi papá oyó todo lo que dijo Kreacher.
- ¿Y tú cómo sabes todo eso? – preguntó Ron.
- Una espía nunca dice sus secretos – dijo Virginia.
- ¿Espías a tu propia familia? – preguntó Ron
- No puedes quitar toda la maldad de la sangre de una Malfoy – respondió Virginia.
El entierro fue rápido. Al terminar, se despidieron de Nars y Virginia.
- Bueno, pues ya vámonos al cuartel – dijo Lupin mientras caminaban a la salida.
- Primero vamos a pasar al Cementerio de Magos – dijo Melisa.
- ¿Para?, no hay nadie ahí que nos importe – dijo Ron.
- Claro que si, a menos de que Harry no esté interesado en saber dónde están sus padres – dijo Melisa.
- ¡¿Están aquí? – preguntó Harry dejando de caminar.
- ¿No lo sabía? – le preguntó Melisa a Lupin.
- Nunca hubo oportunidad de decírselo – dijo Lupin un poco avergonzado.
- En ese caso, vamos a verlos – dijo Hermione.
Harry sentía una felicidad muy grande. Al fin sabía que había ocurrido con los cuerpos de sus padres. Salieron del Cementerio de Criaturas Mágicas y entraron al Cementerio de Magos. Harry jamás había visto tumbas más hermosas como las que había ahí. Siguieron caminando hasta que llegaron a una reja. En la reja resaltaban las palabras: Orden del Fénix. Abrieron las puertas y se encontraron en un terreno extenso con muchas estatuas en forma de fénix. Cada una tenía un número. Caminaron hasta llegar a la estatua del Fénix número 10 la ultima.
- Ahí están – dijo Lupin señalando la parte inferior de la estatua.
Harry se hincó y vio tres tumbas. En la primera lápida estaba como incrustada una insignia redonda que tenía en el centro la figura de un ciervo. Arriba de la insignia decía con letras de color dorado:
James Potter
Número 1 de la Orden del Fénix
Muerto a la edad de 21 años
Harry volteó a ver la segunda lápida. En ella estaba incrustada una insignia igual a la otra, con la figura de un ciervo solo que sin cornamenta. En ella decía, con letras de color oro:
Lily Evans Potter
Número 2 de la Orden del Fénix
Muerta a la edad de 21 años
Harry empezaba a sentir tristeza, sabía lo que diría la siguiente lápida. La volteó a ver. En ella estaba incrustada una insignia igual sólo que esta vez tenía la figura de un perro. En letras doradas decía:
Sirius Black
Número 3 de la Orden del Fénix
Muerto a la edad de 35 años
Entonces Harry recordó esa sensación que había sentido la noche anterior. La sensación de que Sirius estaba ahí.
- Si los padres de Harry eran parte de los ocho elegidos y Sirius también, entonces, ¡¿ustedes son los ocho elegidos? – preguntó Hermione a Melisa y Remus.
- ¿No lo sabían? – preguntó Melisa incrédula.
- No – dijeron rotundamente Hermione y Ron
- Bueno, si, Melisa es el número cuatro, yo el cinco, Arabella el seis, Mundungus el siete y Colagusano el ocho – dijo Lupin.
- Por eso decían que sólo quedan cuatro – dijo Ron.
- ¿Quién de ustedes leyó la amenaza que estaba en la pared? – preguntó Melisa con curiosidad.
- Yo lo leí – dijo Harry incorporándose.
Después de eso salieron del cementerio. Harry volvió a sentir ese vació que había dejado Sirius.
- ¿Quién se va adelante conmigo? – preguntó Melisa.
Todos se miraron entre sí. Harry dio un paso al frente.
- Yo – dijo Harry
- Un valiente – dijo Melisa – y los demás cobardes.
Harry entró en la camioneta y se sentó en el asiento del acompañante. Se recargó en el asiento y vio la guantera. Se sentó y se acercó a la guantera. En la guantera se veían unas palabras aunque muy tenues: "S y M juntos por siempre". Melisa entró en la camioneta y la puso en marcha. Harry se dio cuenta de que Melisa oprimía un botón que decía: "La Cascada de Fuego".
- ¿Qué es la Cascada de Fuego? – preguntó Harry.
- Es el cuartel de la Orden del Fénix – respondió Melisa.
- Al cual no deberíamos de ir – dijo Lupin.
Aquí les dejo dos capítulos, espero les gusten y dejen muchas críticas.
Gracias a Danita-Noriko y a Pedro I por sus críticas. Estos dos capítulos van para los dos.
Adiós ;)
