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La Cascada de Fuego

- ¿El cuartel no es el número 12 de Grimmauld Place? – preguntó Ron.

- No, realmente no lo es – respondió Hermione.

- El verdadero cuartel de la Orden es la Cascada de Fuego – corrigió Melisa.

- En ese caso, ¿por qué han estado en Grimmauld Place? – inquirió Harry.

- Porque la Cascada de Fuego es conocida por los mortifagos, que con la ayuda de Colagusano podrían entrar – indicó Lupin.

- Peter no los puede ayudar – puntualizó Melisa – Su insignia esta desactivada desde hace dos semanas.

- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Lupin

- Porque Dumbledore desactivó la insignia – informó Melisa.

- Pues, aunque así fuera, no podemos ir, no tenemos permiso – señaló Lupin.

- Dumbledore me dio permiso – refutó Melisa.

- Detesto que tenga una respuesta para todo – masculló Lupin en voz baja.

El vuelo de ida a la Cascada fue muy tranquilo y rápido. Harry oía las voces de sus amigos como si estuvieran a mucha distancia. El haber visto las tumbas de sus padres y la de Sirius lo habían puesto muy triste. La camioneta empezó a descender después de pasados unos minutos del despegue. Harry se dio cuenta de que estaban en Londres no muy lejos del Caldero Chorreante. Melisa estacionó la camioneta enfrente de un callejón sin salida. Todos se bajaron de la camioneta. Lupin y Melisa llevaron a los chicos al callejón sin salida. Después, cada uno sacó un objeto parecido a una insignia. Lupin se agachó y le quitó el polvo de encima a una piedra que tenía ocho agujeros circulares con los números del uno al ocho. Puso su insignia en el agujero con el numero 5.

- Remus J. Lupin, número 5 de la Orden del Fénix – dijo Lupin después de poner su insignia.

Después Melisa se agachó y puso su insignia en el agujero número 4.

- Melisa N. Mistick, número 4 de la Orden del Fénix – dijo Melisa después de poner su insignia.

En ese instante, las insignias desaparecieron y una voz muy aguda les habló.

- ¿Acompañantes? – cuestionó la voz.

- Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger – respondió Lupin.

- Hermione Granger no está entre las personas que pueden pasar – aseveró la voz después de un minuto.

- Es inofensiva – aseguró Lupin.

Entonces, se oyó como si una puerta de metal se abriera.

- Pueden pasar – dijo la voz.

- ¿Cómo? Yo no veo ninguna puerta – dijo Ron mientras veía por todos lados.

- Tienes que atravesar la pared – explicó Melisa.

Lupin atravesó la pared seguido por los demás. Se encontraron como en un túnel. En la pared de la derecha del túnel, estaban pintados unos escudos de animales. El primero era de un ciervo, el segundo era de un ciervo sin cornamenta, el tercero era de un perro, el cuarto de una lechuza, el quinto de un lobo, el sexto de un gato, el séptimo de un tigre y el octavo de una rata.

- ¿No son los escudos que estaban en el centro de las insignias? – inquirió Hermione mientras veía la del primer ciervo.

- Cada elegido es representado con un animal – respondió Lupin.

- ¿Y por qué con un animal? – preguntó Ron. Lupin y Melisa se encogieron de hombros en señal de desconocer la respuesta.

El túnel terminó y se hallaron enfrente de una puerta de oro con las palabras: "Cascada de Fuego" escritas con rojo. Melisa abrió la puerta y todos entraron. Estaban parados en un pasillo que dividía la sala del comedor. Era como ver una casa común y corriente. La sala tenía cuatro sillones grandes, una mesita de cristal en el centro y un televisor un poco grande en una de las esquinas. El comedor tenía una mesa circular muy grande con doce sillas. También se podía ver la entrada de la cocina. El pasillo en el que estaban llevaba, a lo que creía Harry, los cuartos. Las ventanas estaban todas cegadas por las cortinas así que no se podía ver que había afuera. Entonces, de repente, salió de una puerta secreta de la sala una elfina doméstica. Iba muy bien vestida con un vestido largo azul marino y una pañoleta en la cabeza de color azul claro. Se acercó a todos.

- Bienvenidos, amos – saludó la elfina doméstica.

- Hola, Jacome. ¿Cómo han estado las cosas? – inquirió Lupin.

- Muy bien – respondió Jacome – Todos ustedes huelen como si vinieran de un cementerio.

- Venimos de enterrar a Kreacher – informó Melisa.

- ¿Kreacher se murió? – preguntó Jacome sin disimular la felicidad que le causaba la noticia.

- Si, esta madrugada – asintió Lupin.

- Lo siento mucho, era un buen elfo doméstico – habló Jacome en tono sarcástico.

- Jacome, te presento a Harry, a Ron y a Hermione – dijo Lupin señalando a los chicos.

- Es un placer conocerlos, amos – sonrió Jacome.

- El placer es nuestro – dijo Hermione.

- ¿Se puede vivir aquí? – inquirió Melisa.

- Si – respondió Jacome.

- Vendremos a vivir a aquí – anunció Lupin.

- ¿En serio? – gritó Jacome de felicidad y después un poco más seria – ¿Quieren que prepare todos los cuartos?

- Si – dijo Lupin.

- Bueno, en ese caso, comenzaré – indicó Jacome.

Se fue directamente a la cocina y salió con unas escobas y cubetas.

- Llegaremos como a las siete – apuntó Lupin.

- Aquí los estaré esperando – dijo Jacome.

Después de eso, se fueron de regreso al número 12 de Grimmauld Place. Ya ahí, todos empezaron a hacer su equipaje para irse. Harry fue el primero en terminar. Tenía muchas ganas de irse de ahí. Una vez que todos hubieran terminado de empacar, se fueron. Cuando llegaron a la Cascada, esta se veía mucho más limpia y hermosa de lo que lo habían visto hace unas horas. En medio de la Cascada, había un jardín muy hermoso rectangular. Al frente de él se encontraba lo que eran la sala, el comedor y la cocina. En el lado derecho de él había cuatro cuartos que pertenecían a James, Lily, Sirius y Melisa. En la parte trasera estaban otros cuatro cuartos que pertenecían a Lupin, Arabella, Mundungus y Colagusano. Y en el lado sobrante estaban dos cuartos, uno el de Jacome y el otro para los huéspedes, la biblioteca y la entrada que daba al sótano. Harry y Ron se quedaron con el cuarto de James; Hermione y Ginny con el de Lily; Lupin, Melisa, Arabella y Mundungus se quedaron con sus respectivos cuartos; y los señores Weasley se quedaron con el de huéspedes. Los días pasaron de una manera tranquila y lenta. Harry pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín apartado de todos sólo con la compañía de Buckbeack (el cual, según Lupin, había empezado a vivir ahí desde la primera semana de vacaciones), Hedwig, Pigg y las cuatro lechuzas de Melisa. Según lo que Melisa les había contado, solo Black (una lechuza negra) era suya, la lechuza café (la que estuvo vigilando a Harry) llamada Vella, había sido de Sirius; una lechuza blanca y muy parecida a Hedwig llamada Friga, había sido de James; y el ultimo, que era un búho de color oro llamado Odin, había pertenecido a Lily. Harry pensó que sería mejor estar con ellos que con los demás. Además de que cuando estaba tirado en la hierba sentía una profunda y desconocida tranquilidad, como si nada malo hubiera pasado, como si nada malo estuviera pasando, como si nada malo fuera a pasar.


Espero que hasta ahora la historia les vaya gustando. Sé que no está muy interesante pero con el tiempo se pondrá mejor.

Gracias a Pedro I por su crítica y por no dejar de leer este ficc, y a todos los que leen les pediría si pueden poner una crítica aunque sea mala, yo acepto críticas de cualquier tipo.

Adiós ;)