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Regreso a Hogwarts

Las semanas pasaron rápidamente. Estar en la Cascada de Fuego hacía que los días se hicieran más cortos o por lo menos eso sentía Harry. Las vacaciones se estaban terminando, ya estaban en la última semana de vacaciones y, por primera vez en su vida, Harry se sentía triste de regresar a Hogwarts. No quería regresar ahí. Había sido el verano más feliz de su vida y no quería que terminara. Sin embargo hay cosas que son inevitables.

Era un miércoles muy soleado. Esa mañana habían recibido la visita de los gemelos Weasley que venían a dejarle a su mamá un poco de las ganancias (si eso se puede decir, pues eran demasiados galeones) de la tienda de bromas que tenían.

- Sólo una semana más y regresaran a Hogwarts – dijo George.

- Hablando del tema – dijo Hermione – ¿a ustedes cuando les enviaron los resultados de sus T.I.M.O.S.?

- Como por la segunda semana de vacaciones – respondió Fred.

- Cálmate, Hermione, seguramente pasaste todo con honores – dijo Ron.

- Pero, ¿por qué no mandan los resultados? – cuestionó Hermione preocupada – Qué tal si tenemos que volver a hacerlos.

- Ya llegaran – aseguró Harry que realmente no comprendía por qué a Hermione le interesaba tanto eso.

- Si y cuando lleguen sabrán a que profesores les dirán adiós – comentó George haciendo como si se despidiera de alguien invisible.

- Claro que se les sumara otro profesor – añadió Fred.

- ¿Vamos a tener otra materia? – preguntó Ron.

- Si, ¿no lo sabían? – inquirió George.

- ¿Y cuál es la materia? – preguntó Hermione con interés.

- Oclumancia y Legeremancia – respondió Melisa entrando en la sala con un puñado de dulces que le repartió a cada uno.

- ¿Enseñan eso en Hogwarts? – inquirió Harry, que se había exaltado al oír lo que aprenderían ese año.

- Si, pero solo es un año – indicó Fred - Al final del año, el profesor elige a los más aptos para esa materia y los demás se salen.

- Yo y Fred salimos bien rápido – señaló George – Es algo muy difícil.

- Pero muy útil cuando lo dominas – apuntó Melisa mientras se sentaba al lado de Ginny.

- ¿Y quién va a ser nuestro maestro? – preguntó Hermione.

- No lo sé – respondió Fred.

- Según sabemos, se acaba de jubilar el profesor que estaba – dijo George.

- O sea que vamos a tener dos nuevos profesores – dijo Ron.

- Espero que ninguno sea como Umbridge – dijo Hermione.

- Pues si no eligen dos profesores rápido, el Ministerio los va a poner – dijo Fred.

- ¿Todavía sigue esa tonta regla? – inquirió incrédula Hermione.

- Sólo esa, las demás fueron quitadas – respondió George.

- Y el profesor que tenían, ¿sabía algo de Oclumancia y Legeremancia? – preguntó Harry con interés.

- Pues no sabía mucho, pero por lo menos enseñó algo – respondió Fred.

- Pues espero que este año tengamos un buen profesor – dijo Hermione.

- Voy a ser yo – indicó Melisa que junto con Ginny estaba viendo el televisor.

- ¿¡Qué! – saltaron todos.

- Que yo voy a ser la profesora de Oclumancia y Legeremancia – comunicó Melisa volteándolos a ver.

- ¿Tú? – inquirió Hermione como si fuera un error.

- No te preocupes, no enseño tan mal – aseguró Melisa viendo la expresión de Hermione.

- No… yo no digo que tú no seas buena profesora – se disculpó Hermione –, sólo que no te imagino como profesora.

- Eres la décima persona que me lo dice – dijo Melisa –, pero no los culpo.

Después de comer, Fred y George se fueron a seguir vendiendo en su tienda de bromas (la cual estaba dando frutos no imaginados por ninguno de los gemelos). Entrada la noche, la preocupación de Hermione fue calmada. Hedwig, Pigg, Black, Vella, Odin y Friga llegaron a la Cascada con las cartas de Hogwarts en el pico.

- Te llegaron tres cartas a ti, Harry – dijo Ron mientras veía las cartas que habían dejado las lechuzas en la mesa.

- Ahorita las veo – dijo Harry que se encontraba en la cocina ayudando a la Señora Weasley a preparar la cena.

- ¡Si! – gritó Hermione feliz después de leer los resultados de sus T.I.M.O.S. – pase todo con honores.

- Te lo dije – dijo Ron a Hermione.

- ¿Y a ti cómo te fue, Ron? – preguntó Ginny curiosamente.

- Bien, dejo Historia de la Magia, Adivinación y Pociones – dijo Ron entregándole su carta a Ginny.

- No la leíste, ¿verdad? – dijo Ginny viendo los resultados.

- No, al fin y al cabo ya sé en cuales soy malo – dijo Ron.

- Según esto eres bueno en pociones – dijo Ginny.

- ¿¡Qué! – exclamó Ron quitándole los resultados a Ginny y viéndolos con detenimiento – No puede ser, voy a seguir otro año con Snape.

- Alégrate, así tienes más oportunidades para ser auror – dijo Hermione tranquilizando a Ron.

- ¿No vas a ver los tuyos, Harry? – preguntó Ginny a Harry que salía de la cocina.

- Si – dijo Harry cogiendo las tres cartas que le habían llegado, una era la ya conocida carta de Hogwarts, otra era de la profesora Mcgonagall y la última era de Snape – Son de Mcgonagall y Snape.

- ¿Qué dicen? – preguntó Ron con curiosidad.

Harry abrió la primera carta que era la de Mcgonagall. En ella decía:

Querido Harry:

Espero que hayas pasado unas buenas vacaciones. Quiero pedirte que en cuanto termines de hablar con el profesor Snape vayas a mi despacho ya que quiero discutir algo contigo.

Minerva Mcgonagall

PD. Si lees tus resultados te darás cuenta de que tienes muchas oportunidades para ser auror.

- Dice que la vaya a ver después de hablar con Snape – dijo Harry dejando la carta en la mesa.

- ¿Y de qué vas a hablar con Snape? – inquirió Ron.

- No lo sé – respondió Harry.

- Seguramente la carta lo dice – dijo Hermione con un pequeño pero muy notable tono de obviedad.

Harry abrió la segunda carta, la de Snape, y la leyó:

Potter quiero que vayas a mi despacho en cuanto llegues a Hogwarts.

- No lo sé, no lo especifica – dijo Harry.

- Seguramente es sobre las clases de Oclumancia – dijo Hermione – Tal vez te las va a seguir dando.

- Y esta vez le pondré más empeño – dijo Harry nuevamente recordando a Sirius.

- Bueno, ¿y qué clases dejaste? – preguntó Ginny para que Harry quitara de su mente el tema de Sirius.

- Según esto – dijo Harry abriendo la tercera carta y leyéndola – dejó… Adivinación, Astronomía e Historia de la Magia.

- Que bien, los dos dejamos las mismas – dijo Ron felizmente.

Al día siguiente, Harry, Ron, Hermione y Ginny, en compañía de la Señora Weasley y Jacome (ya que ella tenía muchos deseos de volver a ir al Callejón Diagon) fueron a comprar todos los útiles del curso que iba a comenzar. La semana se pasó muy rápido. El día que Harry menos quería que llegara llegó: el último día de vacaciones. Todo ese día estuvieron haciendo sus equipajes. En la noche, la Señora Weasley, con ayuda de Jacome, Arabella y Melisa, preparó un banquete de despedida magnifico. Ya muy entrada la noche todos se fueron a dormir. A Harry le tomó tiempo dormirse pero al final lo logró, no dormiría mucho esa noche. Pasados tan sólo unos minutos de haberse quedado dormido, tuvo un sueño, un sueño que le cambió completamente el humor. Se encontraba en la Cámara de la Muerte, como por las últimas gradas. Al ver ese lugar, cada momento de la pelea ocurrida ahí regresaron a su mente y, en especial, el momento en el que su padrino había caído al velo. Estaba deseando con todas sus fuerzas irse de ahí. Trató de abrir la puerta, pero esta no se abría. Y entonces sintió que alguien le cogía el hombro.

- No puedes salir hasta que yo quiera – dijo una voz muy conocida para Harry.

Harry volteó y se encontró de frente con su padrino… Sirius. Sirius estaba muy feliz de ver a Harry. Por su lado, Harry no sabía qué hacer.

- ¿Tú… tú estás vivo? – inquirió Harry casi sin voz.

- Si – respondió Sirius.

- No… no puede ser – dijo Harry retrocediendo – Si… si estuvieras vivo, ya me lo hubieran dicho.

- No te lo han dicho porque creen que es lo mejor para ti – dijo Sirius.

- ¿Quién… quién lo sabe? – preguntó Harry.

- Dumbledore, Remus, Melisa, Arabella, Mundungus, Tonks y Snape – respondió Sirius.

- No es cierto – dijo Harry recuperando la voz – Ellos no serían capaces de hacerme sufrir de esta manera. Ellos saben perfectamente lo que yo siento sabiendo que tú estás muerto. Esto sólo es un sueño.

- No sólo es un sueño, es una visión – dijo Sirius como si no le extrañara la manera en que actuaba Harry - Ellos no te lo han dicho porque es lo mejor para ti.

- ¿Es mejor que yo sufra? – inquirió Harry furioso.

- Es mejor que no sepas como estoy realmente – dijo Sirius al fin subiendo el tono de voz – Lo que ellos no quieren es que tú sufras más.

- Entonces, ¿esto es cierto? – preguntó Harry ahora poniendo un tono de felicidad.

- Si – dijo Sirius - Mira no tengo mucho tiempo antes de que se den cuenta de que estoy contactándote, sólo quiero que sepas que aunque no esté aquí contigo, mis pensamientos estarán siempre a tu lado.

Y entonces todo empezó a ser borroso, la cámara y Sirius desaparecieron. Harry empezó a gritarle para que no se fuera y entonces despertó. Estaba en su cuarto, Ron estaba acostado en la cama y roncando. Harry volteó a ver las fotos que tenía en su mesita de noche. Será verdad o sólo un sueño creado por sus deseos de ver a Sirius. Se paró, se puso la bata y salió del cuarto. Nuevamente volvía a sentir esa soledad, esa tristeza, esa culpabilidad que no lo había dejado dormir ni hacer nada tranquilo. Salió al jardín y se tiró en la hierba. El ver las estrellas, sentir el pasto en su piel, no oír sonido alguno lo hacía sentir más tranquilo, como si no existiera. Al cabo de pocos minutos, se quedó dormido ahí. Al despertar, se encontró de nuevo en su cuarto. Ron aun estaba dormido, pero ya se oían pasos afuera del cuarto. Harry se paró y al instante la puerta se abrió. Era Melisa la que entraba, pero entraba gritándole a alguien.

- No pienso aguantar mucho tiempo, eso dile – le advirtió Melisa a alguien, Harry nunca supo a quien.

Se volteó y se dio cuenta de que Harry estaba despierto.

- Ya estás despierto, ¿cómo dormiste? – inquirió Melisa.

- Bien – mintió Harry - ¿Quién me trajo a aquí?

- Yo – dijo Melisa – Y alégrate de que haya sido yo; si hubiera sido alguien más, imaginate la regañisa que te ponen.

- Gracias – dijo Harry.

- ¿Qué hacías ahí? – preguntó Melisa.

- No podía dormir – dijo Harry recordando el sueño - ¿Puedo preguntarte algo?

- Lo que tú quieras – respondió Melisa sentándose a su lado en la cama.

- Si Sirius estuviera vivo, ¿tú me lo dirías? – inquirió Harry.

Melisa no respondió al momento. Harry se dio cuenta de que tenía una expresión de culpa y tristeza a la vez.

- Depende de cómo esté él – respondió Melisa –, pero no te puedo asegurar nada.

Harry notó en Melisa una nota de culpabilidad que nunca le había oído. Durante toda la mañana, Harry prefirió olvidar el sueño, porque para él había sido sólo un sueño, una imaginación hecha de su deseo de ver a Sirius. La ida de la Cascada a la Estación de King's Cross fue tranquila (exceptuando la pelea que hubo entra la Señora Weasley y Melisa, ya que la ultima quería que se fueran volando a King's Cross). Cuando llegaron al Expreso de Hogwarts, Ron y Hermione fueron de inmediato al vagón de los prefectos y Harry y Ginny buscaron un vagón para ellos. Ron y Hermione fueron al vagón pasados algunos minutos de que el expreso hubiera dejado el andén nueve y tres cuartos. Durante el viaje, Neville y Luna llegaron al vagón para sentarse con ellos. Harry se percató de que Luna lo veía mucho de reojo. Finalmente, después de varias horas, llegaron a Hogsmeade. Bajaron del expreso todos los estudiantes. Cuando Harry vio los carruajes tirados por los thestrals, recordó nuevamente la muerte de Sirius y el sueño que había tenido esa noche. Aun se preguntaba si había sido verdad o un simple sueño.

- Voy a ver a Snape – les dijo Harry a Ron, Hermione, Ginny, Luna y Neville después de haber entrado por la gran puerta de Hogwarts.

No tenía ganas de ver a Snape. Su odio hacía él había crecido de manera considerable desde el día que Sirius había muerto. Si Snape le hubiera dicho en su momento que Sirius estaba a salvo, él nunca hubiera ido al Ministerio de Magia y nada hubiera ocurrido. Bajó a las mazmorras recordando la última vez que había estado ahí. La puerta del despacho estaba abierta, Harry se acercó y, al instante, la voz de Snape le habló.

- Entra, Potter – le dijo Snape.

Harry entró en el despacho. Snape se encontraba leyendo una carta o por lo menos eso llegó a ver Harry. En cuanto terminó de leerla, la guardó en uno de los cajones de su escritorio bajó llave. Miró fijamente a Harry con una sonrisa malévola.

- ¿Te acuerdas de la última vez que estuviste aquí? – inquirió Snape con una voz impregnada de odio.

- Si, si me acuerdo – respondió Harry con la misma voz llena de odio.

- Entonces, ya supondrás para qué te llame – aventuró Snape.

- Para hablarme de las clases de Oclumancia – respondió Harry e inmediatamente dijo - ¿Cuándo empiezan?

- Yo no te daré clases – respondió Snape - Después de lo ocurrido la última vez, le pedí a Dumbledore que él te diera clases. Sin embargo, él dijo que era mucho mejor que te diera clases otra persona que no fuera él.

- ¿Y quién es esa persona? – preguntó Harry interesado.

- La profesora Mistick – respondió Snape.

- ¿Melisa? – inquirió Harry.

- En mi presencia, la llamaras profesora Mistick – dijo Snape con mucho más odio - Y de una vez de advierto, Potter, si descubro que tú le haces a la profesora Mistick lo mismo que a mí me hiciste te juro que tu vida en Hogwarts será insufrible. ¿Entendiste?

- Si, profesor – dijo Harry con más odio.

- Puedes irte, Potter – dijo Snape dándole la espalda a Harry.

Harry no lo pensó dos veces y salió de ahí inmediatamente. A simple vista se veía que a Snape le importaba mucho Melisa. Harry recordó varías veces que Melisa hablaba de Snape como si fuera su amigo. Y de repente recordó lo que había leído en la guantera de la camioneta de Melisa: "S y M juntos por siempre". ¿La "S" significaría Snape? Tal vez si, tal vez no. Los pensamientos de Harry fueron interrumpidos por la voz de alguien que lo llamaba.

- ¡Harry espera! – dijo la voz.

Harry vio a la profesora Mcgonagall bajando las escaleras.

- Hola, profesora – dijo Harry.

- ¿Cómo has estado, Harry? – preguntó la profesora Mcgonagall.

- Bien, profesora – respondió Harry - ¿De qué quería hablar conmigo?

- Quería hablar contigo sobre el quidditch – respondió la profesora Mcgonagall - Como tú sabrás nos quedamos sin capitán del equipo de Quidditch – la profesora Mcgonagall diría lo que creía Harry – Hablé con el profesor Dumbledore y él me permitió que tú fueras el capitán del equipo.

- ¡¿En serio? – exclamó Harry emocionado.

- Si, los exámenes de admisión al equipo comienzan este jueves – dijo la profesora Mcgonagall – Bueno ahora debes de ir al banquete.

- Gracias, profesora – dijo Harry feliz.

Se sentía muy feliz, ya no tendría clases de Oclumancia con Snape y aparte sería el capitán del equipo de Quidditch. Pero aun así, esa felicidad no podía rellenar ese hoyo que Sirius había dejado con su muerte. Entró en el Gran comedor. La selección aun no había terminado. Buscó con la mirada a Ron y Hermione; cuando los encontró se fue de inmediato a sentar con ellos. Ginny y Neville también estaban sentados a su lado así que oyeron todas las buenas noticias.

- ¡Genial! – exclamó Ron tan alto que varias personas voltearon.

- ¿Puedes bajar la voz? – lo regañó Hermione.

- Dime, Hermione, ¿cuándo tú te emocionas no gritas de alegría? – le cuestionó Ron.

- Si, si lo hago, pero no trato de que se enteré toda la escuela – dijo Hermione.

- Por cierto, Harry, no te habíamos dicho otra noticia – dijo Ginny – mira quien está sentado al lado de Melisa.

Harry volteó a ver la mesa de los profesores. Al lado de Melisa, estaba sentado Lupin. Los dos veían expectantes la selección.

- ¿Va a ser nuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras? – inquirió Harry mucho más feliz.

- No lo sabemos, pero lo suponemos – dijo Hermione - Es el único puesto que no está ocupado.

- Un perfecto inició de año para un gran año – dijo Ron.

- A ver si a mitad de año dice lo mismo – dijo Ginny.

En ese instante, terminó la selección. Dumbledore se paró y automáticamente el silencio reinó en el Gran Comedor.

- Primero que nada, bienvenidos todos a un nuevo curso en Hogwarts – dijo Dumbledore – Antes de comenzar con nuestro banquete, quiero dar algunos anuncios. Primero quiero presentarles a dos nuevos profesores. El primero es el ya conocido por todos ustedes, el Profesor Remus Lupin que impartirá la materia de Defensa Contra las Artes Oscuras – Lupin se paró y recibió el aplauso de todos los alumnos del colegio, después se sentó – Y ya que el profesor de Oclumancia y Legeremancia ya no quiso estar otro año más con nosotros, en su lugar quedará la profesora Melisa Mistick – Melisa se paró y recibió el aplauso de todos los muchachos de séptimo curso que parecían estar felices de que el anterior profesor se hubiera ido -. Segundo, la seguridad del colegio se ha reforzado, por lo tanto, a cualquier alumno que se le encuentre afuera de su sala común pasadas las ocho de la noche será sancionado muy fuertemente. Y por último el recuerdo de cada año, queda determinadamente prohibido que cualquier alumno entre al Bosque Prohibido; al alumno que se le encuentra ahí será sancionado. Sin más que decir, ¡que comience el banquete!

La comida apareció mágicamente y todos comenzaron a comer. Al terminar, Dumbledore dio la orden de que todos se fueran a dormir. Harry se fue en compañía de Neville y Ginny, ya que Ron y Hermione tenían que llevar a los chicos de primero. Lo primero que hizo Harry, al llegar al dormitorio, fue sacar cada una de las fotos que Melisa le había regalado en su cumpleaños. No tardó mucho en dormirse. Finalmente estaba en Hogwarts, en su hogar, pero eso lo hacía sentir muy mal.