8

La profesora de oclumancia

El sol apenas entraba por las ventanas cuando Harry despertó. No había podido dormir muy bien durante la noche. Se paró de la cama, volteó a ver las fotos que estaban en su mesita de noche y después salió del dormitorio. Los demás tardaron en despertarse como una hora más, por lo cual Harry pasó todo ese tiempo solo en la sala común.

- ¿Te levantaste tan temprano? – preguntó un Ron adormilado a Harry mientras desayunaban.

- No podía dormir más – respondió Harry.

- Ahí viene la profesora Mcgonagall con los horarios – dijo Hermione.

- Espero que este lunes sea mucho mejor que el del año pasado, porque si es igual, prometo que me voy de la escuela – dijo Ron que aun estaba adormilado.

- ¿Por qué tienes tanto sueño? – inquirió Hermione a Ron.

- Oye, despiértate todas las vacaciones tarde y ahora empieza a despertarte temprano y dime que se siente – respondió Ron.

- No vayan a empezar a pelear por favor – dijo Harry.

- No pensaba pelearme por algo tan tonto como el sueño de Ron – dijo Hermione.

- Si como no – dijo Ron.

Y en ese instante, comenzó la pelea.

- Para que sepas no me interesa tu sueño – dijo Hermione.

- ¿Y entonces por qué preguntaste? – preguntó Ron.

- No sé que es peor, Voldemort o sus peleas – dijo Harry en voz baja.

- Yo creo que sus peleas – dijo una voz con tono soñador detrás de Harry.

Harry se volteó y vio plantada ahí a Luna Lovegood. Esta lo veía con mucho interés. Se sentó a su lado y comenzó a servirse de la comida.

- ¿Y ahora por qué se pelean? – inquirió Luna viendo a Ron y Hermione que ya eran el centro de atención de la mesa Gryffindor.

- Por una tontería – respondió Harry.

- No te pregunté ayer, ¿cómo te fue en tus vacaciones? – preguntó Luna.

- Bien – dijo Harry - ¿Y a ti?

- Genial – respondió Luna – Mi papá y yo pudimos hacer un viaje a China.

- Me alegro – dijo Harry.

- ¿Te gustó mi regalo? – inquirió Luna – Lo hice yo misma.

- Si, me gustó mucho – dijo Harry -. Sólo que no tengo ninguna foto que enmarcar.

- Que lastima – dijo Luna.

- Señorita Lovegood, no debería de estar en su mesa – preguntó una voz detrás de ellos.

Era la profesora Mcgonagall que estaba repartiendo los horarios.

- Prefiero sentarme aquí – respondió Luna – ¿Hay algo que me lo impida?

- Claro que no, señorita Lovegood – dijo la profesora Mcgonagall entregándole su horario a Harry y cuando volteó a ver a Ron y Hermione – Señor Weasley, señorita Granger, ¿qué significa esto?

Ron y Hermione voltearon y, al ver a la profesora Mcgonagall ahí, supieron que se habían extralimitado.

- Nada – dijeron los dos al mismo tiempo que se sentaban.

- No quiero volverlos a ver pelearse – dijo la profesora Mcgonagall mientras les entregaba sus horarios.

- Bueno no va a ser un día tan malo – dijo Hermione después de que la profesora Mcgonagall se hubiera alejado y mientras veía su horario – Tenemos Pociones, Cuidado de criaturas mágicas, Transformaciones y Oclumancia y Legeremancia.

- Snape, Hagrid, Mcgonagall y Melisa – dijo Ron -. Solo quiten a Snape y será un buen día.

- ¿Conocen a la profesora de Oclumancia y Legeremancia? – preguntó Luna.

- Si – respondieron los tres al unísono.

- Los Slytherin están propagando un rumor por toda la escuela – dijo Luna sin tomarle importancia – Dicen que la profesora Mistick quemó la casa de su mamá con su mamá adentro.

- Melisa sería incapaz de hacer eso – dijo Harry como si lo que acabara de oír hubiera sido un insulto.

- Si, yo tampoco lo creo – dijo Hermione.

- ¿Quién fue el que comenzó ese rumor? – preguntó Ron. Luna se encogió de hombros.

Después de eso cambiaron de tema. Harry trataba de no creer en ese tonto rumor pero él ya había visto una vez como Melisa quemaba algo (el cuadro de la madre de Sirius). ¿Y si era verdad? Harry prefirió olvidar el tema. El día fue muy tranquilo. En pociones casi no quedaba nadie y la mayoría eran de Slytherin. De Gryffindor sólo quedaban ellos tres, Neville (lo que parecía un castigo para él), Parvati y Lavander. En Cuidado de Criaturas Mágicas casi todos los Slytherins se habían salido y la mayoría era de Gryffindor. En Transformaciones, no había salido nadie. Finalmente llego la última clase, la de Oclumancia y Legeremancia. Cuando llegaron al aula, vieron que ya estaban casi todos los de su grado de Gryffindor. Melisa aun no había llegado. Harry, Ron y Hermione se sentaron en los primeros lugares. Después de que ya todos estuvieran en el aula sólo pasaron unos segundos para que Melisa entrara en el aula. Caminó hasta su escritorio, cogió uno de los dulces de un frasquito y se les quedó viendo a todos.

- Bienvenidos a la clase de Oclumancia y Legeremancia – dijo Melisa – Soy la profesora Mistick y me alegra tenerlos como mis alumnos – empezó a caminar por toda la aula -. La oclumancia y la legeremancia son artes oscuras muy difíciles de aprender, sólo las personas que se empeñen demasiado, que olviden todo pueden aprenderlo. Les puedo decir por experiencia propia que esto no es fácil. Es un entrenamiento duro y extenso que dura alrededor de cuatro años. Desde ahora les doy la oportunidad de irse – abrió la puerta de la aula –. Los que quieran irse pueden hacerlo, no los detendré, ni se lo diré a la profesora Mcgonagall.

Todos se miraron entre sí. Harry sabía lo difícil que era aprender la oclumancia. Se dio la vuelta para ver a sus compañeros y entonces vio la mirada de Melisa que se enfocaba en él. Era como si le dijera: "¿Estás seguro?". Harry asintió con la cabeza y, en ese instante, Melisa cerró las puertas.

- Aun así no se preocupen – dijo Melisa caminando hacía su escritorio -. A fin de año, quitaré a muchos de esta signatura. Lo más seguro es que solo queden cinco o seis. Bueno, comencemos. Alguien me puede decir que es la oclumancia.

Al instante, la mano de Hermione se levantó. Harry lo sabía, pero prefería no responder.

- Señor Longbottom – dijo Melisa.

Harry volteó y vio que la mano de Neville estaba alzada.

- Es la arte de ocultar tu mente – dijo Neville.

- Diez puntos para Gryffindor – dijo Melisa – Alguien me podría decir que es la legeremancia.

Nuevamente, la mano de Hermione y la de Neville se vieron levantadas.

- Señorita Granger – dijo Melisa.

- Es el arte de leer la mente de cualquier mago, bruja o criatura mágica – respondió Hermione.

- Otros diez puntos a Gryffindor – dijo Melisa – Ahora me pueden decir por qué hay muy pocos oclumistas y legeremistas en el mundo.

Esta vez sólo la mano de Hermione se alzó.

- Señorita Granger – dijo Melisa.

- Porque es un don de nacimiento – dijo Hermione – Sólo los que nacen con ese don pueden practicarlo.

- Exacto, diez puntos para Gryffindor – dijo Melisa - Ese es el fin de esta clase, encontrar a las personas que tengan ese don. Pero también lo pueden aprender las personas que no hayan nacido con ese don, claro que les costara mucho más trabajo y más años de entrenamiento. Lo que yo voy a hacer este curso es descubrir quienes de ustedes tienen el don. Bueno lo primero que vamos a hacer es saber un poco más de nuestra materia, así que abran su libro en la página seis.

Todos abrieron sus libros y la clase dio inició. En cuanto la campana sonó, todos comenzaron a guardar sus cosas.

- Pueden irse – dijo Melisa – Todos excepto el Señor Potter.

Todos salieron. Harry se quedó sentado. Melisa cogió dos dulces del frasquito que tenía y uno se lo lanzó a Harry.

- Supongo que Severus ya te habrá dicho que yo te voy a dar clases de oclumancia – dijo Melisa.

- Si, ya me lo dijo – dijo Harry metiéndose el dulce a la boca.

- ¿Qué te parece el martes y el jueves? – propuso Melisa.

- Me parece bien – dijo Harry, aunque sabía que el jueves no podía.

- Mejor el martes y el viernes – dijo Melisa.

- ¿Por qué? - inquirió Harry - El martes y el jueves están bien.

- El jueves es la selección del equipo de Quidditch – dijo Melisa – Y seguramente también va a ser el día de los entrenamientos.

- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Harry.

- Me lo dijo la profesora Mcgonagall – dijo Melisa - Parece que está muy interesada en que ganen la copa este año.

- Gracias – dijo Harry - ¿Nos vemos aquí mañana?

- No – respondió Melisa - Ve al despacho de Dumbledore, yo te estaré esperando ahí como a eso de las seis de la tarde.

A Harry no le había gustado nada que sólo fueran dos días a la semana. Si fuera por él, hubiera elegido toda la semana para entrenar oclumancia. No deseaba volver a caer en otra de las trampas de Voldemort. Al siguiente día, tuvieron Encantamientos, en donde algunos muy pocos habían salido; Herbología, en donde si se notaba la disminución de alumnos; Defensa Contra las Artes Oscuras, en la que también se notaba que casi nadie había pasado los exámenes o más bien como lo dijo Hermione "No estuvieron a la altura de Umbridge"; y tuvieron una hora libre que pertenecía a la clase de Historia de la Magia que sólo Hermione ahora cursaba.

- Estaba completamente vació – dijo Hermione cuando se reunió con los chicos en el Gran Comedor – Sólo hemos sido tres en Historia de la Magia. ¿Pueden creerlo?

- Si – dijeron Harry y Ron al mismo tiempo.

- Será una materia aburrida pero es bueno aprender algo de la historia – dijo Hermione mientras se sentaban en la mesa de Gryffindor.

En ese instante, se sentó al lado de Hermione Luna la cual estaba leyendo el "Quisquilloso" como siempre.

- Oye, Luna, no es que tenga algo en contra de ti ni nada por el estilo – dijo Ron – pero, ¿por qué te sientas aquí y no en tu mesa?

- Estoy un poco cansada de que se burlen de mí – dijo Luna con su típica voz.

- El que te sientes aquí no va a cambiar lo que piensen de ti – dijo Ron.

- Lo sé, pero por lo menos puedo comer más tranquila y feliz – dijo Luna.

Harry comió rápidamente, ya que se tenía que reunir con Melisa cerca del despacho de Dumbledore. Terminó de comer y se despidió de sus amigos que habían empezado a hablar de las clases. Salió del Gran Comedor y una voz lo detuvo.

-Hola, Harry – dijo la voz.

Harry se volteó y vio que se acercaba a él Cho Chang. Desde lo ocurrido el curso pasado, Harry ya no sentía lo mismo por ella.

- Hola, Cho – dijo Harry – Mira, ahora no tengo tiempo, pero si quieres podemos hablar mañana.

- Sólo quería saludarte – dijo Cho – y decirte que siento mucho todo lo que paso el curso pasado y que me gustaría que fuéramos amigos.

- ¿En serio? – preguntó Harry – Pues está bien.

- Nos vemos mañana – dijo Cho y se fue.

Era extraño, como si algo o alguien hubiera venido y le hubiera quitado el amor que sentía por Cho. Prefirió olvidarse de esa plática y se fue de inmediato al despacho de Dumbledore. Al llegar, encontró recargada en la estatua del águila a Melisa. Esta se paró en cuanto vio a Harry.

- ¿Van a ser aquí las clases? – preguntó Harry.

- No, van a ser en mi despacho – respondió Melisa – Sígueme.

Harry siguió a Melisa por un pasillo que nunca había visto o tal vez si y no le había interesado en lo más mínimo. El pasillo los llevó a una puerta de plata que tenía escritas, en oro, las palabras: "Sala de Oclumancia". Melisa abrió la puerta y dejó entrar a Harry. Era del mismo tamaño que el de la sala común de Gryffindor. Tenía estandartes de las diferentes casas, un balconcito que daba a las afueras del castillo, en una de las paredes se encontraban cinco estantes gigantes, cuatro sillones, una mesa y una escalera que parecía ir a un piso superior. Melisa cerró la puerta.

- ¿Qué te parece? – inquirió Melisa.

- No es un poco grande para una sola persona – dijo Harry.

- Es así de grande porque el profesor de oclumancia tiene la tarea de proteger algunos secretos de Hogwarts que se guardan aquí – dijo Melisa.

- ¿Qué secretos? – preguntó Harry intrigado.

- Si te lo dijera, ya no serían secretos – respondió Melisa – Siéntate si quieres. Voy por algo.

Melisa subió por la escalera. Harry se sentó en uno de los sillones y se quedó viendo los estantes. Era como si los estantes le pidieran, no, le suplicaran que los abriera y que supiera que había ahí. Melisa bajó con un estuche de guitarra en las manos.

- Toma – dijo Melisa mientras le daba el estuche de la guitarra a Harry.

- Gracias – dijo cogiendo el estuche Harry – Pero yo no sé tocar una guitarra.

- Lo sé, pero creo que es mejor que tú la tengas – dijo Melisa.

- ¿Por qué? – inquirió Harry.

- Pasa la mano por aquí – dijo Melisa mientras señalaba el costado del estuche.

Harry pasó la mano por el lugar indicado y vio escritas las palabras: "Propiedad de Sirius Black"

- ¿Era de Sirius? – preguntó atónito Harry.

- Si – respondió Melisa.

- No sabía que Sirius sabía tocar la guitarra – admitió Harry en voz baja y al instante recordó su tristeza y culpabilidad – Gracias. ¿Podemos comenzar?

- Vaya – se sorprendió Melisa – Nunca creí que tomarás esto con tanto entusiasmo. Severus me contó que te enseñó a ocultar tu mente.

- Si – asintió Harry.

- Pero eso no es lo único que se puede hacer con la oclumancia – señaló Melisa – Mira.

Melisa le señaló a Harry una lámpara, dio un chasquido y sus ojos se pusieron totalmente negros. La lámpara al instante empezó a levitar.

- También sirve para hacer magia sin una varita – dijo Melisa.

- ¿Cualquier hechizo? – inquirió Harry.

- El que tú quieras – dijo Melisa.

- Pero – comenzó Harry recordando lo que Hermione había dicho en la clase de ayer – y si yo no tengo el don.

- ¿De qué color son tus ojos? – preguntó Melisa.

- Verdes – respondió Harry - ¿Pero eso qué tiene que ver?

- Mucho – respondió Melisa – Como lo dijo Hermione, solo los que nacen con el don son capaces de controlar esta magia. El don solo está en las personas que tienen ojos de color verde, negro, grises o rojos.

- Por eso tú eres una oclumista – dijo Harry.

- Exacto – dijo Melisa – Tú mamá también lo era, sólo que ella no terminó el entrenamiento. Sirius y Severus también tenían el don pero tampoco terminaron su entrenamiento.

- ¿Por qué? – inquirió Harry.

- Porque es un entrenamiento muy difícil, Harry, tú sólo has visto un cuarto de lo difícil que es – expuso Melisa.

- Entonces, ¿tú fuiste la única que terminó el entrenamiento? – preguntó Harry.

- Yo y una mujer que se llama Alexandre Lestrange – dijo Melisa.

- ¿Tiene que ver con los Lestrange que son mortifagos? – inquirió Harry.

- Si, es la hermana menor de Rodolphus y Rabastan Lestrange – dijo Melisa.

- ¿Y ella también es una mortifaga? – preguntó Harry.

- Hace 15 años lo era. Realmente no sé que sea de su vida ahora – dijo Melisa, mirando su reloj – Que tal si comenzamos el viernes, ya van a dar las ocho.

Harry se fue a la sala común de Gryffindor. Les contó a sus amigos todo lo que Melisa le había dicho y les enseñó la guitarra. Se fue a dormir antes que cualquiera. Antes de dormirse, abrió el estuche de la guitarra y la vio. Se veía nueva y era de color negro. Cerró el estuche y lo dejó al lado de su cama. Se puso el pijama, se metió a la cama y cerró los ojos.


Aquí están dos nuevos capítulos, espero les gusten y que me dejen muchas críticas. Me metí a la sección de stats y vi que este ficc ha sido leído como unas 300 veces, dejen una crítica si lo leen, por fa, sea buena o mala.

Gracias a Pedro I por su crítica

Adiós ;)