11
En medio del dolor
A la mañana siguiente, Harry parecía estar más paranoico que de costumbre. Cualquier ruidito extraño lo hacía sobresaltarse y meter la mano en el bolsillo para sacar la varita. Su preocupación por lo que le hubiera pasado a Melisa se volvió más intensa cuando, al entrar al Gran Comedor, Melisa no se encontraba en la mesa de los profesores.
- Cálmate, Harry – trató de calmarlo Luna mientras se sentaban en la mesa de Gryffindor.
- Seguramente ha de estar preparándose para venir a desayunar - aventuró Hermione.
- Hermione - dijo Harry -, cuando nosotros entramos al Gran Comedor todos los días, Melisa ya va saliendo.
- Tal vez hoy no se quiso levantar temprano - opinó Ron – Vamos, Harry, tranquilízate, ella ha de estar muy bien.
- Eso espero - dijo Harry y comenzó a comer.
Ron y Hermione comenzaron a platicar del juego de Quidditch del día anterior, mientras Luna centraba su atención en un nuevo ejemplar del "Quisquilloso". Harry los oía sin prestar atención, pues su mente estaba en ese sueño que había tenido. Esta vez había sido en Hogwarts en la orilla del lago donde se había encontrado con Sirius. Éste le aseguró que pronto estarían juntos. Sin embargo, lo que más había llamado su atención fueron las últimas palabras del animago: "No estoy muy seguro, pero presiento que a Melisa le pasó algo". Después había desaparecido, sin decir nada más. Pero, ¿cómo creer eso?, ¿cómo creer en un sueño? Desde el verano pasado, Harry prefería ya no hacerle caso a ninguno de sus sueños, exceptuando las visiones. Mas ¿cómo saber cuál es una visión y cuál no lo es?
- ¿Ya se enteraron? – preguntó Seamus sentándose a la mesa junto con Neville, Ginny y Dean, estos dos agarrados de la mano – Ahora no sólo tendremos que soportar a Snape en Pociones, también en Oclumancia.
- ¿Cómo? – inquirió Hermione.
- Eso es lo que dicen los Slytherins – habló Dean – o por lo menos es lo que nos acaba de echar en cara Malfoy.
Harry volteó a ver a sus amigos. Estos se mostraban incrédulos. Se paró y echó a correr. Ron, Hermione y Luna lo siguieron de inmediato, sin importar la cara de extrañeza de sus compañeros de casa. En cuestión de minutos, los chicos se encontraban enfrente de la Sala de Oclumancia. Harry tocó la puerta tres veces y esperó. Nadie respondía.
- No está - señaló Hermione.
- ¡Melisa! - grito Harry - ¡Melisa! ¡¿Estás ahí?
- No está ahí, Harry - dijo Ron - Pero creo que ella sabe donde está
Harry volteó a ver a Ron. Al lado de Ron, se encontraba Friga, la lechuza de su papá. Harry fue de inmediato hacía ella. Friga le entregó una nota que traía en el pico, le acarició la mano con el pico en señal de aprecio y después salió volando. Harry abrió la carta de inmediato y la leyó:
Querido Harry:
Espero que te encuentres bien. No quiero que te preocupes por mí, yo estoy bien. Si quieres saber que pasó, ve con Remus.
Con mucho cariño
Melisa
- Ves, no tenias de que preocuparte, ella está bien - dijo Ron.
- Si, está bien - soltó Harry y le mostró la carta a Ron - y la letra temblorosa no significa nada.
- Seguramente tuvo que escribirlo muy rápido - pensó Hermione tranquilizando a Harry.
- Voy a ver a Lupin - dijo Harry y salió corriendo de ahí.
Los chicos no tuvieron otra elección más que seguirlo. Al llegar a la puerta del despacho de Lupin, vieron como salía de él Snape. Harry esperó a que Snape ya se hubiera alejado lo suficiente y fue a tocar la puerta del despacho de Lupin. En unos segundos, Lupin abrió la puerta y dejo pasar a los chicos. Harry no aguardó a que todos pasaran para comenzar a preguntar.
- ¿Qué le pasó a Melisa? - preguntó Harry desesperado.
- No te responderé nada si no te tranquilizas primero - puntualizó Lupin.
- Ni lo intente, ha estado así toda la mañana - señaló Ron -, desde que tuvo esa visión.
- No fue una visión - dijo Harry -, fue un presentimiento, pero ese no es el caso.
- Harry, siéntate, tranquilízate y después te responderé - dijo Lupin sentándose atrás de su escritorio.
Harry se sentó en una silla y trató de tranquilizarse. Después de unos minutos, Lupin habló.
- Primero que nada, deben saber que Melisa se encuentra bien - aseguró Lupin poniéndose de pie - Se supone que esto nunca lo debiste de haber sabido, pero tomando en cuenta que te importa mucho Melisa, te tendré que decir que pasó.
- Díselo antes de que explote - suplico Ron a lo cual su amigo le dirigió una fría mirada.
- Atacaron Privet Drive - informó Lupin.
- ¡¿Qué? - exclamó Harry sorprendido - ¿Por qué?
- Voldemort - al oír esa palabra Ron se estremeció - tenía el plan de tomar como rehén a tu familia para que tú fueras hacía él
- Pero, ¿por qué a su familia? - inquirió Hermione - No hubiera sido un poco más inteligente secuestrar a alguno de nosotros.
- Es lo mismo que todos pensamos hasta que Vella nos dijo que durante el verano Harry había desarrollado un cierto cercanía hacía su tía – explicó Lupin.
- Eso es tonto - dijo Ron - ¿Cómo una lechuza puede hablar?
- Hay métodos para entender a los animales - explico Lupin.
- Yo he leído sobre eso - dijo Luna.
- Eso no explica que le pasó a Melisa - indicó Harry.
- Toda la Orden tenía pensado ir - continuó Lupin -, todos los que quisieran ir. Sin embargo, Dumbledore le había prohibido a Melisa ir.
- ¿Por qué se lo prohibió? - preguntó Harry.
- Porque teníamos información de que Voldemort iba detrás de ella y que quería matarla - respondió Lupin - Por eso lo mejor para ella era quedarse aquí - hizo una pequeña pausa - Pero, Melisa no es de las personas que se quedan sin hacer nada, además de que tenía ganas de ver a Bellatrix.
- ¿Quién tendría ganas de ver a esa... mujer? - inquirió Harry sintiendo de nuevo ese odio hacía Bellatrix.
- Quería cobrarle algunas que le había hecho - dijo Lupin - pero ese no es el caso. Lo que importa es que Melisa no hizo caso a las advertencias de Dumbledore y fue a Privet Drive.
- No sé a quién se parece - masculló Hermione sarcásticamente.
- Durante la pelea - prosiguió Lupin - Voldemort enfrentó a Melisa.
- ¿¡Voldemort! - gritó Harry sorprendido.
- Puedes, por favor, no gritar ese nombre - pidió Ron.
- Perdón - se disculpó Harry.
- Si, Voldemort la enfrentó - continuó Lupin - Al parecer, le quería hacer un trato.
- ¿Un trato? - preguntaron los chicos - ¿Qué trato?
- Si me dejaran terminar la historia sin interrumpirme, con mucho gusto se los diría - saltó Lupin exasperado.
- Perdón – se disculparon los chicos y después Luna dijo - Nadie volverá a decir nada hasta que termines de contar.
- Gracias - dijo Lupin y después siguió contando -. El trato era así: Voldemort le ofrecía a Melisa seguridad y protección a ella y a todos los elegidos; le ofrecía regresar a sus seres queridos, pero todo eso tenía un precio: dejar de darle clases de oclumancia a Harry. Melisa no lo aceptó, Voldemort se enojó y le quitó su oclumancia.
- Eso es imposible - dijo Harry interrumpiendo - nadie es capaz de quitarle su oclumancia a otra persona, ¿o si?
- Harry, dijimos que no interrumpiríamos – lo regañó Hermione.
- Si es posible que te quiten tu oclumancia - dijo Lupin – No sé exactamente cómo funciona, pero es posible.
- Eso lo explica todo - dijo Ron - pero no explica por qué ya no va a dar clases.
- Melisa utilizó sin descanso su oclumancia durante los últimos veinte años. Como podrán darse cuenta, perderla ahora es algo muy fuerte para Melisa - explicó Lupin - Quedó muy débil física y mentalmente.
- ¿Y cuando regresara? - preguntó Hermione.
- Cuando se encuentre mejor - respondió Lupin – No creo que tardé mucho.
Durante todo el día, Harry no pudo dejar de pensar en que había sido su culpa lo que había ocurrido con Melisa. Y lo peor es que no solo sentía la culpabilidad, sino que también sentía, ahora más grande, ese hoyo que había dejado Sirius. Cuanto deseaba que él estuviera aquí para decirle que nada de lo que estaba pasando era su culpa.
El lunes llegó muy rápido. Cuando los chicos se dirigían al Gran Comedor a desayunar algo, que empeoró el estado de ánimo de Harry, ocurrió. Una lechuza llegó hacía Hermione y le dejó un ejemplar del "Chismologo". Hermione, como siempre, únicamente vio la portada. Pero esa vez, al ver la portada, se puso blanca y comenzó a hojear la revista. Llegó a una hoja y se le quedó viendo atónita.
- No puedo creerlo - murmuró Hermione sin aliento.
- ¿Qué? - inquirió Ron arrebatándole de las manos la revista a Hermione. Lentamente, sus orejas se fueron tiñendo de un color rojo - ¡¿Qué?
- Déjame verlo - dijo Harry quitándole la revista de las manos a Ron y comenzó a leer:
Hermione Granger: Genio sin igual o zorra de cabaret
Gracias a fuentes muy confiables, se ha descubierto que la gran Hermione Granger, el genio de sexto grado de Gryffindor, no es más que una "cualquiera" que vende su cuerpo al mejor postor. Muchos jóvenes de Slytherin dicen haber visto a esta muchacha coqueteándoles a todos los hombres. También se ha visto como al pasar enfrente de algún chico guapo, esta se levanta la falda. Y lo peor del caso es que al parecer está teniendo amoríos con dos muchachos a la vez: Ron Weasley y Harry Potter. Todos los escritores de esta humilde revista creemos que Hermione Granger debería ser expulsada de Hogwarts... ¿y ustedes que piensan?
Artículo escrito por
Cho Chang
- ¡Esto es un insulto! - exclamó Hermione recuperando el aliento - ¡Yo de ninguna manera soy como me pone ahí Cho Chang!
De repente, se oyó como una voz le gritaba a una multitud enfurecida.
- ¡NO PUEDO HACER NADA! - vociferaba la voz - ¡ASÍ SON LAS REGLAS! ¡NO LAS PUEDO CAMBIAR!
Se vio como un montón de muchachos salían furiosos del Gran Comedor y, al último, se vio salir a Daniela Derim acompañada por Virginia Malfoy. Al ver a Hermione, al instante fue hacía ella y comenzó a pedir perdón.
- Discúlpame, Granger – pidió la muchacha - No es mi culpa. Es culpa de las reglas, yo no las puedo cambiar.
- ¿De qué hablas? – preguntó Ron sin entender.
- Daniela Derim es la editora del "Chismologo" – informó Hermione cruzándose de brazos.
- Y me puedes decir que regla acepta que Hermione sea ridiculizada – le recriminó Ron totalmente enojado avanzando amenazadoramente hacia ella.
- "Regla número uno: - empezó a citar Virginia - En esta revista se puede escribir sobre cualquier toma, mientras se compruebe la veracidad de su fuentes."
- Pero esto no es verdad - puntualizó Harry.
- Lo sé - admitió Daniela derrotada - Pero Chang tiene de su lado a absolutamente todo Slytherin y a sus amigas. No puedo hacer nada en contra de tantas personas.
- No te preocupes, Daniela, tú no tienes la culpa – la tranquilizó Hermione - La culpa la tiene Cho. Lo que no entiendo es por qué lo hace contra mí.
- Porque cree que tú eres mi novia - comprendió Harry - Me lo dijo el día del partido.
- Eso está mal - opinó Luna – Le diré que yo soy tu novia y listo.
- ¿Estás loca o qué? - inquirió sorprendida Daniela, ganándose una mirada fría de parte de Harry - Te va a pulverizar. ¡Eres Lunática Lovegood!
- ¡Hey! – saltó Harry enojado por el apodo.
- Tiene razón, Luna - apoyó Hermione – y estando en la misma casa, podría hacer tu vida un infierno.
- Pero esto es injusto – señaló Luna con calma – Además a mi no me importa lo que puedan decir de mí.
- Si alguien va a ir a hablar con Cho, seré yo - indicó Harry decidido, para después ir en busca de la Ravenclaw.
Los chicos lo siguieron para ver que hacía. Harry encontró a Cho en el jardín platicando con sus amigas. Fue hacía ella y le puso enfrente la página en la que estaba el artículo.
- ¿Qué significa esto, Harry? - preguntó con amabilidad.
- Tú dímelo - dijo Harry - ¿Por qué inventaste eso sobre Hermione?
- Yo no inventé nada - dijo Cho - Todo lo que dice es verdad.
- No mientas - le espetó Harry - Ahora me doy cuenta del gran error que cometí al darme cuenta de ti.
- Yo también me doy cuenta del terrible error que cometí al fijarme en un perdedor como tú - declaró Cho -, porque sólo a un perdedor le pasaría todo le que te ha pasado a ti.
- Te lo advierto, Cho, no te metas con eso - aconsejó Harry enfureciéndose -, porque no te aseguro que pueda soportar las ganas de hacerte algo.
Harry regresó furioso al interior del castillo.
Durante toda la semana, Hermione tuvo que soportar las burlas de los chicos de Slytherin e incluso le dio una bofetada a Pansy Parkinson, lo cual le dio un castigo con Snape. Harry, en cambio, no le hacía caso a nadie, ni siquiera a sus amigos. Prefería divagar en sus pensamientos. Sólo esperaba a que las clases terminaran para irse a la sala común y quedarse viendo la chimenea sin hacer nada. Sus amigos habían preferido no decirle nada y dejarlo en paz. Pasó otra semana. Harry ya no contaba los días, ni el tiempo, ya no sentía nada, no oía nada, únicamente quería que todo se acabara. Finalmente, el viernes, Harry no sintió ganas de levantarse y prefirió quedarse acostado, sin importarle todo lo que pudiera pasar. Ron no le dijo nada, únicamente le prometió que lo excusaría con todos los profesores. Solo en su dormitorio, alejado del constante ruido en los pasillos y aulas de Hogwarts, Harry pensó que Cho no estaba tan equivocada; era un perdedor sin nada.
- Hermione y yo hablamos con todos los profesores - le anunció Ron a Harry durante el descanso.
- ¿Les dijeron que estaba enfermo? - inquirió Harry sentado en su cama.
- Si, todos nos creyeron - asintió Ron.
- Muchas gracias - agradeció Harry volviéndose a acostar.
- ¿No quieres ir a comer? - preguntó Ron preocupado.
- No, gracias - negó Harry fijando su vista en el techo.
- Harry, no puedes estar toda tu vida aquí encerrado - habló Ron - Tienes que aceptarlo - se acercó a su amigo y se sentó en su cama - Sé que te duele mucho haber perdido a Sirius, pero ya es momento de que lo aceptes y de que sigas con tu vida.
- Lo sé, Ron - masculló Harry no muy contento - Tengo sueño y tú tienes clases.
Ron no dijo nada, sólo se oyó como salía de los dormitorios. Harry no quería oír a nadie, por eso estaba ahí encerrado. Inesperadamente, comenzó a sentirse muy cansado y pronto cayó en un profundo sueño. Al despertar, ya no estaba en los dormitorios, se encontraba afuera de la sala común, en el pasillo que llevaba al retrato de la Señora Gorda. Oyó como unas personas se acercaban. A juzgar por las voces, Harry supo de inmediato que eso era una visión del pasado. James, Sirius, Lupin y Colagusano iban hacía la sala común de Gryffindor.
- Odio a Mcford, lo odio – se quejaba Sirius.
- ¿Por qué tenía que castigarnos? - preguntó James sin comprenderlo - Sólo le hicimos una inocente broma a Quejicus.
- Sobre todo inocente - dijo sarcásticamente Lupin - Lo tiraron al lago con el calamar gigante que estuvo a punto de comérselo.
- No es nuestra culpa que al calamar gigante le gusten las cosas grasosas como el cabello de Quejicus - se defendió Sirius.
- Por lo menos no nos fue tan mal – intervino Colagusano.
- Es verdad, ni siquiera sé de qué se quejan – apoyó Lupin – Únicamente son dos semanas de castigo.
- Tiempo suficiente para planear la venganza – apuntó James.
- ¿Cuál venganza? – inquirió Lupin sin comprender.
- Lógicamente Quejicus va a regresárnosla en esta o la siguiente semana, así que nosotros ya tendremos nuestra venganza preparada para cuando eso suceda – explicó James.
- Ese es mi James – festejó Sirius, mientras Remus negaba con la cabeza derrotado - ¿Y qué vamos a hacer esta navidad? - preguntó Sirius cambiar el tema repentinamente.
- Nos quedaremos por supuesto - respondió James.
- Yo diría que mejor nos fuéramos a nuestras casas - propuso Lupin - Pueden seguir entrenando ahí.
- ¿Y que nuestros padres nos descubran? - aventuró Sirius – Oye, James, no es mala idea. Que creen que te den de premio tus padres cuando sepan que su hijo es un animago ilegal.
- Yo creo que un regaño y un castigo demasiado fuerte para que lo crea - consideró James con su mano en la barbilla.
- No necesitaban ser sarcásticos – se molestó Lupin - Con decir no era suficiente.
- Yo no sé si me pueda volver a quedar - dijo Colagusano - La última vez mis papás se enojaron, creo que no les gusto pasar la Navidad solos.
- Pues tendrán que aceptarlo - dijo Sirius.
Ya habían llegado al retrato, el cual se abrió al oír la contraseña. Harry siguió a su papá y a sus amigos al interior de la sala común. Los chicos fueron hacía la chimenea. Ahí cerca de ella, se encontraban sentadas cuatro muchachas: la primera tenía largo cabello ondulado, de un tono café oscuro con algunos mechones rubios, ojos azules penetrantes y una sonrisa digna de quien acaba de contar un buen chiste; la segunda era una muchacha de cabello rizado y castaño, cuyos ojos color café veían furiosa a los muchachos, sin duda alguna ella era Arabella Figg; la tercera, inconfundiblemente Lily, llevaba su cabello largo y pelirrojo sujeto en una cola alta y observaba con sus ojos verdes desaprobatoriamente a los merodeadores; por último, la cuarta era una muchacha de cabello negro, lacio y ojos tan negros como su cabello; Harry supuso que se trataba de Melisa.
- ¿Por qué llegan tarde? - preguntó Arabella poniéndose de pie - Es la sexta vez en este mes. Si no van a tomar este círculo de estudio en serio, ahórrenos la necesidad de verles la cara – suavizó sus facciones y miró a Lupin – Tú no, Remus, tú tienes un puesto abierto para cuando quieras venir – el aludido sonrió nerviosamente.
- Perdónanos, Arabella – se disculpó James, revolviéndose el cabello -, es que estábamos dándole unas vueltas al campo de Quidditch en escoba.
- Yo no sabía que a estar castigados se le llamará así - comentó Lily. Sirius estuvo a punto de reír, mas James le dedicó una mirada que lo detuvo en seco – Bien merecido se lo tienen por lo que le hicieron a Severus.
- No discutiré eso contigo, Evans – puntualizó James en tono seductor. Lily rodó los ojos, al tiempo que Melisa y la otra chica se reían entre ellas.
- Si vuelven a llegar tarde les juró que los saco a patadas - advirtió Arabella tajantemente y después cambio su tono de voz a uno amable - Exceptuándote a ti, Remus. Yo sé que tú no tienes la culpa de lo que hacen estos tontos.
- Bueno, antes de que empecemos, voy a dejar esto a los dormitorios - anunció Lily parándose con un libro en las manos.
- Si quieres, yo te lo llevo - propuso Melisa levantándose - Tengo que subir para alimentar a Skipi.
- Bueno - aceptó Lily entregándole el libro a Melisa con una sonrisa.
Melisa subió a los dormitorios. James, Sirius, Lupin y Colagusano se sentaron en la mesa junto a las demás.
- ¿Nos perdimos de algo, Dorcas? - inquirió James fijando su mirada en la desconocida muchacha, viendo de reojo a Lily, quien había comenzado a leer un apunte.
- No - respondió Arabella aun molesta, antes de que la chica pudiera responder.
- Planes navideños – manifestó Dorcas – Nada realmente interesante.
- Hablando de planes navideños… - comenzó Sirius viendo a Lily – ¡Dime que Quejicus se largara a su casa esta Navidad! – pidió en tono de falsa suplica Sirius. Lily le dedicó una mirada asesina.
- Lo que haga o no haga SEVERUS no es tu problema – aclaró Lily enojada poniendo especial énfasis en el nombre del Slytherin. Harry se preguntó porque Lily parecía saber sobre la vida de Snape – Si tanto te disgusta, entonces regresa tú a tu casa esta Navidad.
- Nah, prefiero mil veces a Quejicus con su grasiento pelo que a mi madre con sus ínfulas de grandeza – declaró Sirius.
Lily abrió la boca para rebatir, mas, en ese momento, se oyó un grito. Harry vio como de inmediato Sirius y Dorcas se levantaban de un brinco.
- Melisa - dijo Sirius - Fue Melisa.
Nadie vio como paso, pero, en menos de un segundo, Sirius estaba en las escaleras a los dormitorios de las chicas.
- Sirius no te subas… - gritaron al mismo tiempo Lily, Arabella y Dorcas, sin embargo fue demasiado tarde.
La escalera se había convertido en un tobogán. Sirius estuvo a punto de caerse si no hubiera sido porque se sostuvo al barandal. Apoyándose en él, siguió subiendo el tobogán.
- Mejor bájate y nosotras subiremos – propuso Arabella.
- Ahí se nota que no conoces a Sirius – dijo James en voz baja pero muy audible
Sirius no oyó a nadie y, después de mucho esfuerzo y equilibrio, logró llegar a la puerta de los dormitorios de las chicas. Al entrar, Dorcas puso su pie en el tobogán, que instantáneamente se convirtió en escalera otra vez. Esa oportunidad la aprovecharon James, Remus y Colagusano para subir la escalera a toda velocidad. Harry siguió a los muchachos junto a Dorcas. En el dormitorio, se encontraba Melisa tirada en su cama llorando a todo pulmón. Sirius estaba hincado a lado de la cama preguntándole a Melisa qué le ocurría. Dorcas se acercó a la cama, sentándose en ella, mientras James revisaba la habitación en busca de una respuesta. Pronto aparecieron en el umbral de la puerta Lily y Arabella.
- ¿Qué pasó? – preguntó Arabella.
Harry, que seguía los movimientos de su padre, lo vio agacharse y recoger un papel tirado en el suelo cerca de la mesita de noche de Melisa. Lo alisó y leyó en voz alta:
- "Esto es un recordatorio para que aprendas a no meterte con personas más fuertes que tú, maldita sangre sucia" – pronunció James. El llanto de Melisa se intensifico de una manera sorprendente – Firma R.L.
Las miradas se posaron instintivamente en Lupin.
- ¿En serio? – cuestionó Lupin incrédulo.
- Perdona, Remus, pero debes de admitir que esto permite muchas malinterpretaciones – bromeó James olvidando que a unos pasos de él Melisa lloraba desconsoladamente.
Haciendo caso omiso a la innecesaria defensa de Remus que Arabella acababa de comenzar, Harry tenía su vista sobre Colagusano. El bajito muchacho había pasado detrás de James e inspeccionaba una pequeña jaula de color plateado colocada sobre la mesita de noche. Harry se acercó con intereses de saber que llamaba la atención de Colagusano. Adentro había una ratita de color negro dormida… no… no estaba dormida… estaba…
- Mató a Skipi – señaló Colagusano la jaula. Todos lo voltearon a ver. James acercó su cara a la jaula arreglándose sus anteojos.
- ¿Pero quién pudo ser? – inquirió James.
- ¿Quién más es R.L.? – preguntó Remus.
- Rabastan Lestrange – dijo una escalofriante voz impregnada de odio.
Todos se sobresaltaron y dieron un paso para atrás. Harry vio a Sirius. El muchacho se había puesto en pie, se veía tan amenazador que hasta sus propios amigos le tenían miedo. Melisa paró de llorar y vio a Sirius. Harry ya había visto así a su padrino, la noche que lo había conocido en la casa de los gritos. Sirius cogió la jaula y salió del cuarto furioso. Enseguida, James fue detrás de él y Harry no se quedó atrás. James y Harry persiguieron a Sirius por toda la sala común y los pasillos de Hogwarts. El muchacho no oía absolutamente nada de lo que le gritaba James, sólo buscaba como un perro a su presa a Rabastan Lestrange. Finalmente, lo halló en uno de los jardines, sentado junto con todos sus seguidores de Slytherin. Sirius fue directamente hacia él, se le puso enfrente y le restregó la jaula de Skipi en la cara.
- ¡¿Sabes quién era? ¡¿Lo sabes? – le gritó Sirius a Rabastan Lestrange, un muchacho alto, algo fornido, de cabello negro cenizo largo y ojos azules.
- No y no me importa – dijo Lestrange alejando la jaula de Skipi de su cara de un golpe.
En menos de un segundo, Rabastan se encontraba en el suelo y Sirius lo estaba golpeando con tanta fuerza que todos dieron varios pasos lejos de ahí. Instintivamente, Rabastan lanzó a Sirius contra una banca y éste se abrió la frente, que pronto comenzó a sangrar. James trató de ayudar a su amigo pero fue atrapado por los amigos de Lestrange. Tanto Sirius como el Slytherin ya estaban sangrando pero aun así no dejaban de golpearse uno al otro, hasta que una fuerza invisible los separó, haciéndolos flotar a centímetros del suelo. Todos voltearon en busca del causante, encontrándose con un hombre, desconocido para Harry, que tenía su varita levantada. Su cabello blanco simulaba la melena de un león, sus ojos entre rojo y amarillos (Harry nunca supo cual era el verdadero) veían expectantes la escena. De repente se oyeron pasos y la profesora Mcgonagall no tardó en aparecer en el lugar.
- Profesores, hay una muy buena explicación para esto – saltó inmediatamente James librándose de los Slytherin.
Y entonces, todo se volvió borroso. Harry despertó. Se encontraba en el dormitorio. Ya era de noche. Se oyó como alguien entraba. Era Ron. Al ver que Harry estaba despierto se acercó a su cama.
- Todos los maestros nos creyeron que estabas enfermo – informó Ron, mas, al ver la cara de agitado de Harry, inquirió – ¿Te sientes bien?
- Si – asintió Harry sentándose en su cama – Acabo de tener otra visión.
- ¿Otra vez del pasado? – preguntó Ron.
- Si – dijo Harry - ¿Qué hora es?
- Es la hora de la cena – indicó Ron – ¿Vas a querer ir?
- No – negó Harry con la cabeza – Prefiero quedarme aquí.
- No creo que vayas a seguir diciendo eso después de ver eso – señaló Ron viendo contento la ventana.
Harry volteó a ver la ventana y su rostro se lleno de felicidad. Una camioneta voladora aterrizaba cerca de la cabaña de Hagrid. De ella bajaron dos personas a las que Harry no pudo distinguir, pero con seguridad una de ellas seria Melisa. Harry y Ron vieron como salía Hagrid a darles la bienvenida. Al fin, después de dos semanas, Melisa había regresado.
Como dije en el anterior capitulo esto se está poniendo más interesante. Espero les haya gustado y que dejen alguna crítica, por favor, sea buena o mala.
Gracias a Pedro I por su fiel crítica.
Adiós ;)
