17
Un tiempo en San Mungo
Harry abrió los ojos. Al principio no distinguió donde estaba pero después se dio cuenta de que se encontraba en un lugar que no había visitado desde hace más de cuatro años, la Cámara de los Secretos. ¿Qué lo había llevado ahí¿Por qué estaba ahí? Miró a su alrededor. Todo estaba exactamente igual a como lo había visto hace cuatro años cuando había entrado para rescatar a Giny. Comenzó a caminar hacía la cabeza en piedra de Salazar Slytherin. Llegó a estar enfrente de ella. Algo le decía que era muy importante que estuviera ahí.
- Así que nos encontramos aquí – dijo la voz de un anciano lo cual hizo que Harry se sobresaltara.
- ¿Quién es? – pregunto Harry
- Llámame solo Fidelus – dijo la voz del anciano – y yo te llamare solo Harry
- ¿Quién eres? – pregunto de nuevo Harry - ¿Qué quieres de mí?
- Soy alguien que conoció a tus padres, también te conocía a ti pero no creo que te acuerdes de mí, a penas eras un bebé – dijo Fidelus – y lo único que quiero es decirte algo que creo te va a interesar mucho.
- ¿Y que podría ser eso? – pregunto Harry
- ¿No te has preguntado porque Voldemort entró a Hogwarts? – pregunto Fidelus – se necesita una gran razón para querer hacer algo tan estúpido como entrar a Hogwarts
- Y ahora me vas a decir que tú sabes porque lo hizo - dijo Harry
- La razón exacta no la sé – dijo Fidelus – pero tengo una teoría ¿o es que tú no escuchaste porque vino?
De repente un recuerdo vino a la mente de Harry, una frase que Voldemort había dicho: "por desgracia aún no sé donde esta la antorcha de la llama verde"
- La antorcha de la llama verde – susurro Harry
- Exacto – dijo Fidelus
- ¿Qué es esa cosa? – pregunto Harry
- No soy el indicado para decirte – respondió Fidelus – lo único que puedo decirte es que si cae en las manos equivocadas puede ser una gran arma de destrucción.
- Si no me vas a decir para que sirve¿para qué me trajiste? – pregunto Harry
- Para decirte que la antorcha se encuentra aquí – dijo Fidelus – detrás de una puerta que se encuentra aquí.
- ¿Y dónde se encuentra esa puerta? – pregunto Harry
- No lo sé exactamente pero sé que esta aquí – respondió Fidelus
- ¿Y crees que voy a ser tan tonto como para caer en lo que dices? – pregunto Harry - ¿Por qué no te muestras¿Cómo piensas que creeré en ti?
- Dime¿Qué te dice tu corazón? – pregunto Fidelus – siempre que tengas una duda confía en lo que te dice él
Harry sentía que si podía creer en Fidelus, pero aún así una parte de él le decía que no podía creer en él.
- ¿Dónde esta la puerta? – volvió a preguntar Harry
- Búscala – dijo Fidelus – aunque no te aconsejo que lo hagas
- ¿Por qué? – pregunto Harry
- Porque aunque lo encuentres será imposible que la abras – dijo Fidelus – necesitas una llave muy poderosa, una llave que no solo abre cualquier puerta, también abre las mentes.
- Una llave que abre las mentes – dijo Harry - ¿Cómo puede existir algo así?
- Cuando creas algo con un poder tan puro e incontrolable es increíble las millones de cosas que puedes lograr con él – dijo Fidelus
- ¿Dónde encuentro esa llave? Dime algo de ella – dijo Harry
- Lo único que te puedo decir es que hay muy pocas personas que la pueden tocar, solo aquellos que poseen ese poder tan puro e incontrolable del que fue hecho esa llave pueden usarla – dijo Fidelus
- ¿Y cuál es ese poder? – pregunto Harry
- Yo sé que tú lo sabes – dijo Fidelus – es un poder fantástico que muy pocas personas pueden usar en su totalidad y lo que tienen la posibilidad de usarlo no lo usan por temor a él – un poder así solo podía ser uno
- La oclumancia – dijo Harry
- No – dijo Fidelus – es un poder más grande que ese, la legeremancia
- Entonces yo podría usarla – dijo Harry – solo tienes que decirme donde esta
- Yo sé donde esta pero no te lo diré – dijo Fidelus – y tú no serías capaz de usarla porque tus poderes en legeremancia son nulos
- Pero si lo he estado entrenando – dijo Harry
- No, lo que tú haz estado entrenando es tu poder de oclumancia – dijo Fidelus
- ¿Y porque si lo sabes no me dices donde esta? – pregunto Harry
- Porque tú también sabes dónde esta y quién la tiene – dijo Fidelus
Harry comenzó a ver neblinoso. Quiso preguntar quien tenía la llave pero no pudo. Sintió que regresaba muy rápidamente a un lugar y de repente abrió los ojos. Veía borroso pues no tenía sus gafas. Vio como alguien le acercaba sus gafas, las cogió y se las puso. Se encontraba en la enfermería acostado en una de las camas. Hermione estaba parada a un lado de la cama de Harry y lo veía detenidamente.
- Que bueno que ya despertaste – dijo Hermione cogiendo una silla y sentándose al lado de Harry – creí que no despertarías hasta mañana
- ¿Qué pasó? – pregunto Harry sentándose en la cama
- Bellatrix te atacó por detrás y te dejo inconsciente – respondió Hermione
- ¿Bellatrix? – pregunto Harry - ¿pero como…
Una serie de recuerdos vino a la cabeza de Harry. La entrada de los mortifagos por el Sauce boxeador… Bellatrix atacándolos… Alexi y Narcisa guiándolos a la sala de oclumancia… Voldemort descubriéndolos… Colagusano diciendo que él había salvado a Sirius… Voldemort escapando de Hogwarts… Bellatrix atacando a Sirius… Sirius en el suelo sangrando.
- ¡Sirius! – grito Harry - ¿Dónde esta¿Cómo esta¿Qué le paso? Los demás ¿Cómo están¿qué les paso? – Harry cogió a Hermione – habla, Hermione
- Primero que nada cálmate, Harry – dijo Hermione soltándose de Harry y Harry soltó a Hermione – todos están bien, nada malo le paso a nadie
- Como me puedes decir eso – dijo Harry histérico parándose de la cama – lo que recuerdo me dice que paso mucho.
- Si pero es que tú no viste todo lo que paso después – dijo Hermione sin exaltarse – Siéntate, tranquilízate y te contare todo – Harry se sentó y trato de tranquilizarse. Cuando Hermione vio que ya estaba tranquilo comenzó – Después de que caíste inconsciente llegó la señora Pomfrey. Detuvo el sangrado que tenía Sirius, sin embargo la herida que Bellatrix le hizo fue mágica y la señora Pomfrey no sabía como curarla así que lo llevaron a San Mungo. Hace unas dos horas Lupin le habló a Melisa para decirle que Sirius se encuentra bien y que no nos teníamos que preocupar por él. Ron, Luna, Giny y Neville también están bien como puedes ver – dijo señalando las camas de enfrente. Ron, Luna, Giny y Neville se encontraban acostados en ellas -. La señora Pomfrey dice que tardaran unas horas en despertar pues el impacto que sufrieron fue muy duro.
- Entonces no le paso nada a nadie – dijo Harry
- Todos están bien, Harry – dijo Hermione - Lupin, Mundungus y Arabella se fueron a San Mungo junto con todos los heridos y Melisa se quedo aquí para cuidarte
- ¿Todos los heridos? – pregunto Harry - ¿Quiénes?
- Desde luego Sirius, también Tonks, otro auror que no conozco y un tal Hernel Mcford – dijo Hermione – y también Colagusano
- ¿Colagusano? – pregunto Harry - ¿Qué le paso a él?
- El cruciatus que le hizo Voldemort lo dejo un poco dañado, pero está bien, despertó unos minutos después de que tú quedaste inconsciente – dijo Hermione -. Él no quería que lo llevaran a San Mungo pero Dumbledore dijo que sería lo mejor, no solo para él.
Harry no dijo nada. Tan solo oír el nombre de Colagusano sentía una mezcla de sentimientos. Por un lado sentía ese odio que había sentido desde tercer año pero por otro lado sentía un agradecimiento gigantesco hacía él.
- Me alegra que hayas dejado todo ese odio que sentías por Colagusano a un lado – dijo Hermione
- ¿De qué hablas? – pregunto extrañado Harry
- De lo que hiciste por él – respondió Hermione
- Yo no hice nada por él – dijo Harry sin entender
- Claro que si – dijo Hermione – lanzaste a Voldemort por los aires para que dejara de hacerle el cruciatus.
- ¿Qué? – pregunto Harry sorprendido – yo no fui, no puede haber sido
- Claro que fuiste tú – dijo Hermione – usaste tu oclumancia para salvarlo. Tus ojos se pusieron de color verde y al instante Voldemort salio volando. No fui la única que te vi, también Melisa y Sirius te vieron.
- Pero¿cómo pude salvarlo? Yo no me di cuenta – dijo Harry
- No lo sé, Harry, pero lo hiciste – dijo Hermione
Harry no podía comprender como es que había salvado a Colagusano. Siguieron hablando hasta que Hermione se quedo dormida. Harry trato de dormirse pero le era imposible. No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado. Se sentó en la cama. Volteo a ver a Hermione y después vio a Ron, a Luna, a Giny y a Neville. De cierta manera él tenía la culpa de que sus amigos estuvieran ahí. La puerta de la enfermería se abrió. Harry volteo a ver quien la había abierto. Melisa entró a la enfermería y al ver a Harry despierto sonrió.
- Hola, Harry – dijo Melisa acercándose a la cama - ¿cómo estás?
- Bien – respondió Harry - ¿y tú?
- Muy bien – dijo Melisa sentándose en la silla en la que Hermione había estado sentada - ¿no puedes dormir?
- No – dijo Harry – no puedo dejar de pensar en todo lo que paso.
- Si, lo entiendo, fue algo impresionante – dijo Melisa – empezando por la estupidez que hizo Voldemort al entrar a Hogwarts. Me pregunto si su ambición será más grande que su cerebro.
- ¿Y no saben por qué entró? – pregunto Harry
- No, no tenemos ni la menor idea – dijo Melisa aunque Harry noto que le estaba mintiendo – pero fue por algo muy importante
- ¿Y cómo están todos? – pregunto Harry
- Bien – dijo Melisa – Nadie sufrió algo irreversible. El único que se podría decir que esta grave es Sirius
- ¿Por qué? – pregunto Harry asustado
- Calma, calma, está bien – dijo Melisa – solo decía que fue al que más le hicieron daño. No te preocupes, ya ha salido de peores. Si Bellatrix creía que lo podía matar con un acto tan cobarde como ese, se equivoco.
- Y los demás¿cómo están? – pregunto Harry
- Tonks esta bien, la darán de alta mañana, Ernest y Hernel Mcford también están bien y Petter también – dijo Melisa – en realidad no sé porque sigue ahí. Él mismo ya pidió que lo dejaran ir pero Dumbledore ya dio órdenes de que no lo dejaran salir. Es muy extraño.
- Melisa¿por qué salve a Colagusano? – pregunto Harry que aún no podía comprender porque lo había hecho
- Te diste cuenta de que cuando Voldemort le hizo el cruciatus a Petter, Sirius, Remus y yo levantamos nuestras varitas para ayudarlo – pregunto Melisa
- Si, si me di cuenta, pero y eso que tiene que ver con lo que paso – pregunto Harry
- Mucho – dijo Melisa – No se te hace raro que nosotros, que fuimos traicionados por Petter quisiéramos salvarlo y no se te hace más raro que tú, que eres uno de los que más lo odian, lo salvara.
- Pues claro que se me hace raro – dijo Harry
- Y no se te hace más raro que tú le salvaras la vida en la Casa de los Gritos impidiendo que Sirius y Remus lo mataran – dijo Melisa
- Si… espera ¿cómo sabes eso? – pregunto Harry
- Sirius me lo contó – dijo Melisa – y aunque no te hubieras puesto entre Petter y las varitas, creéme que Sirius y Remus nunca hubieran tenido el valor ni la fuerza para matar a Petter.
- Aún no lo entiendo – dijo Harry – Colagusano nos traiciono a todos
- "El tiempo y las circunstancias separan a las personas, pero no rompen sus lazos" – dijo Melisa – nunca entendí esa frase hasta que, el verano pasado, atravesé el velo por Sirius. Sabes a quien me encontré cuidando de Sirius, a Petter. En cuanto me vio salio huyendo.
- Tú sabías que Colagusano había salvado a Sirius – dijo Harry - ¿por qué no se lo dijiste a nadie?
- Porque sabía que nadie me iba a creer – dijo Melisa - ¿Quién creería que Petter, la persona que metió a Sirius a Azkaban, lo hubiera salvado de una muerte segura?
- Estas diciendo, que aunque Colagusano haya traicionado a mis padres y haya metido a Sirius a Azkaban, él aún siente algo por ustedes… - dijo Harry
- Y nosotros por él – termino Melisa -. Eso, mi querido Harry, se llaman lazos.
- ¿Lazos? – pregunto Harry
- Entre James, Sirius, Remus, Petter y yo hubo una muy buena amistad. Nos conocimos desde muy chicos, nos ayudábamos mutuamente y siempre estábamos ahí para apoyarnos mutuamente. Pero un día pasó algo que nos separo a todos. James murió, Sirius en Azkaban, Petter escondido, Remus no le creyó a Sirius y por consecuencia nos peleamos – dijo Melisa y su sonrisa se hizo mas tenue –. Doce años después algo nos volvió a unir, no a todos, pero si a la mayoría. Y ahora, esta tarde fue como si Petter regresara.
- Estas diciendo que al tener esa amistad entre ustedes se hicieron lazos – dijo Harry – y que esos lazos los unieron otra vez.
- Exacto – dijo Melisa sacando una bolsita de dulce y ofreciéndole uno a Harry
- Pero eso no puede ser – dijo Harry – mi papá esta muerto, nunca volverán a estar reunidos.
- Tú papá murió, pero todos nosotros lo tenemos en el corazón y es como si siguiera aquí, tal vez ya no en persona pero si en espíritu – dijo Melisa
- Pero Sirius odia a Colagusano, en cuanto lo tenga enfrente lo va a matar - dijo Harry
- ¿Y por qué lo quiso ayudar? – pregunto Melisa – si tanto lo odia se hubiera alegrado de su sufrimiento. Lo que Sirius tiene no es odio, es ganas de saber porque, porque Petter fue capaz de hacer lo que hizo. Además de que se siente culpable.
- Por eso Dumbledore tiene a Petter en San Mungo – dijo Harry – quiere que él y Sirius hablen
- Yo pensé en lo mismo, solo que hay un pequeño problema – dijo Melisa
- ¿Cuál? – pregunto Harry
- Que Petter no habla con nadie mas que con Alexi – dijo Melisa – Dumbledore ya intento hablar con él, no pudo; Remus lo intento, no pudo; Arabella lo intento, Petter se escondió debajo de la cama; Mundungus lo intento, no lo logro. Alexi es la única que puede hablar con él y dice que Petter ya esta arto de que quieran hablar con él.
- No lo comprendo, puede enfrentarse al mago más cruel y malvado de la historia y no se puede enfrentar a ustedes – dijo Harry
- Ridículo, pero así es la vida – dijo Melisa metiéndose un dulce a la boca – puedes enfrentarte a Voldemort pero no puedes enfrentarte a tus responsabilidades – miro su reloj – son las dos de la mañana y mañana a las nueve Dumbledore quiere a todo el colegio en el Gran Comedor. Creo que van a regresar a todos a sus casas
- ¿Qué? – pregunto Harry - ¿por qué?
- Si sales de la enfermería descubrirás porque – dijo Melisa – el castillo quedo muy mal, además de que ya llegaron como mil lechuzas con cartas de preocupación de parte de los padres. Dumbledore cree que lo mejor es que los alumnos pasen un tiempo en sus casas. Me encontré con un elfo domestico amigo tuyo, creo que se llama Dobby, le pedía que empacara tus cosas y las de tus amigos. Estuvo encantado de hacerlo. Un elfo tan entusiasta sería muy buen amigo de Jacome.
- ¿Y vendrá el Expreso de Hogwarts? – pregunto Harry
- Si, pero Dumbledore me ha pedido que los lleve a ustedes en mi camioneta – dijo Melisa – además me tengo que llevar la moto de Sirius y a Buckbeack. Bueno no sé tú pero a mi ya me dio sueño y no he dejado de ir de un lado para el otro, así que me voy a mi cama a dormir y te aconsejo que hagas lo mismo, buenas noches – se paro de la silla
- Mañana que regresemos a la Cascada puedo ir a ver a Sirius – pregunto Harry
- Si Molly no te lo impide, con mucho gusto te llevo – dijo Melisa – adiós
- Adiós – dijo Harry mientras miraba como Melisa salía de la enfermería.
Esa plática lo había dejado más tranquilo. Se acostó y de inmediato quedo dormido. A la mañana siguiente fue el primero en despertarse. Después se despertó Ron y de inmediato empezó a preguntar que había pasado. Harry le dijo que esperara hasta que los demás se despertaran. En cuanto todos estuvieron despiertos, Harry, con ayuda de Hermione, contó todo lo que había pasado. Ron, Luna, Giny y Neville oían con interés todo lo que Harry decía y cuando termino…
- No puedo creer de todo lo que nos perdimos – dijo Ron enojado
- Lo bueno es que no le pasó nada a nadie – dijo Neville
- En lo personal me alegro de no haber estado ahí – dijo Giny
- Pero no puedo comprender algo – dijo Luna – ustedes me han contado que Colagusano traiciono a tus padres, Harry, y que mando a Sirius a Azkaban, no puedo comprender como fue capaz de salvar a Sirius.
- No me preguntes eso porque yo tampoco lo comprendo – dijo Harry. Lo que Melisa le había explicado lo había entendido muy bien pero no sabía como explicárselo a sus amigos
- Lo que hay que hacer ahora es descubrir porque Voldemort entro a Hogwarts – dijo Hermione – recuerdo que dijo algo sobre una antorcha de la llama verde, pero no tengo ni la menor idea de que sea eso
- Como puede ser que no lo sepas, Hermione – dijo Ron sorprendido – tú siempre sabes todo
- Muy gracioso, Ron – dijo Hermione lanzándole una almohada a Ron
- Señorita Granger, las almohadas no se hicieron para aventarse – dijo la señora Pomfrey acercándose a ellos
- Lo siento - dijo Hermione
- Lo mejor es que se vayan preparando – dijo la señora Pomfrey – ya casi son las nueve y hay una reunión en el Gran Comedor
- Muy bien, en ese caso ¿puedo ir a los dormitorios a cambiarme? – pregunto Giny
- Hace un rato vino un elfo domestico a dejarles ropa para que se cambiaran, la dejo en esa cama – dijo la señora Pomfrey
- Se nota que no nos quieren dejar salir – dijo Luna en voz baja
Después de que se cambiaran y se arreglaran salieron de la enfermería. Cuando Melisa le había dicho a Harry que el castillo había quedado muy mal no se había equivocado. Gran parte de las paredes tenían abolladuras, las columnas la mayoría estaban tiradas, muchas de las estatuas se encontraban en el suelo o habían sido completamente destruidas. Parecía que lo único intacto eran los patios, claro, sino contabas que ya no estaba el sauce boxeador. En el camino al Gran Comedor se encontraron con muchos de sus compañeros, los cuales estaban aterrorizados. Algunos miraban a Harry con interés y empezaban a murmurar cosas. Al entrar en el Gran Comedor los murmuros fueron mucho más grandes pues mitad de la escuela ya estaba ahí. Se sentaron en la mesa de Gryffindor haciendo caso omiso de los murmuros que oían. Harry volteo a ver a la mesa de los profesores. Casi todos estaban exceptuando a Lupin, que estaba en San Mungo, y a Snape, que quien sabe donde estaba. Todos los profesores se veían muy inquietos y preocupados, exceptuando a Dumbledore y a Melisa que estaban totalmente tranquilos como si fuera un día normal y como si nada hubiera pasado. Al ver que ningún alumno faltaba, Dumbledore se paro. Los murmuros pararon y toda la atención se centro en Dumbledore
- Primero que nada, buenos días – dijo Dumbledore – supongo que todos sabrán porque es esta reunión. Ayer en punto de las doce de la tarde, mortifagos enviados por Lord Voldemort y el mismo Lord Voldemort entraron a Hogwarts de una manera muy sorpresiva. Por suerte ninguno de los alumnos y ninguno de los profesores salio lesionado. Sin embargo, por ordenes del Ministerio de Magia, Hogwarts suspenderá sus labores por un tiempo indefinido – se oyeron murmuros de desaprobación y de disgusto – por lo cual – dijo Dumbledore a lo que el silencio volvió a reinar – tendrán que regresar a sus hogares. Sus padres han sido notificados de esta decisión y de todo lo que ha pasado ayer. El Expreso de Hogwarts llegara a las doce en punto y todos los alumnos deberán de tomarlo. Creo que eso es lo único que debía de decirles, así que sin más que decir, a desayunar.
Platos llenos de comida aparecieron ante todos. La mayoría volteo a ver a Dumbledore como si estuviera loco, otros se fueron a empacar y la minoría, incluidos Harry, Ron, Hermione, Luna, Giny y Neville, se quedaron desayunando. Hogwarts estaría cerrado por tiempo indefinido… Harry sentía que esa decisión era la peor que habían podido elegir. Hogwarts era el lugar más seguro que Harry conocía pero ahora esa seguridad había sido puesta en duda por la intrusión de Voldemort y los mortifagos. Al terminar de desayunar los seis fueron a los dormitorios por sus cosas.
- Faltan dos horas para las doce – dijo Hermione cuando salieron de la sala común con sus cosas – me puedes explicar, Harry, para que nos llevamos nuestras cosas
- Vamos a llevarlas a la sala de oclumancia – dijo Harry – Melisa me dijo que ella nos llevaría a la Cascada
- Y exactamente cuando te lo dijo – dijo Ron
- En la noche – dijo Harry mientras daban la vuelta en un pasillo
- Vaya, al fin conoceré la sala de oclumancia – dijo Giny - ¿cómo es?
- Es casi como la sala común de Gryffindor – dijo Ron
Llegaron al pasillo donde estaba la puerta a la sala. Harry toco y esperaron a que les abrieran. Pronto se abrió la puerta.
- Creí que vendrían más tarde – dijo Melisa abriendo la puerta
- Quisimos venir desde ahora para no estar en la sala común y que nos vea todo el mundo – dijo Giny
- Mundungus ya viene para acá con la camioneta – dijo Melisa
- ¿Te dijo algo sobre Sirius? – pregunto Harry
- No, es que él no ha ido a San Mungo – dijo Melisa – se la ha pasado entre el Ministerio y la Cascada junto con Arabella
- Y supongo que nos llevaran a todos a la Cascada¿no? – pregunto Ron
- El papá de Luna la esta esperando en la Cascada al igual que la abuela de Neville – dijo Melisa -, los papás de Hermione están en una conferencia de dentistas fuera del país y cuando se enteraron dijeron que era mejor que Hermione se quedara en la Cascada. Así que respondiendo a tu pregunta, tú, Giny, Hermione y Harry se quedaran en la Cascada
- ¿Y podremos ir a ver a Sirius y a Tonks? – pregunto Giny
- Si quieren podemos ir mañana – dijo Melisa
- ¿Y por qué no hoy? – pregunto Harry
- Porque no creo que sea lo más conveniente ir de noche a San Mungo, mejor de día – dijo Melisa – además de que no creo que Molly los deje salir, según Arabella, esta como histérica
- Típico de mamá – dijo Ron
La mañana pasó. Ron y Neville se pusieron a jugar ajedrez mágico; Hermione, Giny, Luna y Melisa se pusieron a platicar sobre la entrada de Voldemort a Hogwarts. Mientras Harry veía la ventana. Los jardines siempre habían sido hermosos y ese día no era la excepción, y pensar que ayer a esa misma hora estaban peleando contra Lord Voldemort ahí. La preocupación de Harry ya no era tanto de Sirius, ahora también tenía que ver con Colagusano. Sirius sería capaz de en cualquier momento matar a Colagusano y viceversa. Se le hacía una locura que estuvieran los dos en el mismo lugar. En que estaría pensando Dumbledore cuando tomo esa decisión. Un timbre como de teléfono lleno la sala. Harry volteo a ver a Melisa pues estaba seguro de que había sido la insignia-comunicador. Melisa saco su insignia y presiono un botón que tenía en el centro
- Melisa aquí, que pasa Dung – dijo Melisa
- Ve hacía la ventana – dijo la voz de Mundungus proveniente de la insignia. Todos voltearon a ver la ventana. Harry vio como una camioneta aterrizaba en los jardines –. Perdón por la tardanza, pero me entretuve en el Ministerio.
- Vamos para aya – dijo Melisa y presiono el botón de nuevo – Vayan adelantándose, yo tengo que avisarle a Dumbledore que ya nos vamos.
- De acuerdo – dijo Harry
- ¿Quieres que nos llevemos tu equipaje? – pregunto Hermione
- Si quieren, con mucho gusto – respondió Melisa y salio de la sala
Los chicos cogieron sus equipajes y el de Melisa y salieron de la sala. El colegio ya estaba vació pues había llegado el Expreso de Hogwarts antes. Cuando llegaron a la camioneta, Mundungus les ayudo a meter su equipaje en la cajuela.
- ¿Y Melisa? – pregunto Mundungus después de meter el último baúl y cerrar la cajuela
- Fue con Dumbledore a decirle que ya nos íbamos – dijo Harry
- Ahí viene – dijo Giny. Melisa caminaba hacía la camioneta
- Se puede saber en que te entretuviste – pregunto Melisa cuando llego a la camioneta
- ¿Te acuerdas de Andrea Mcford? – pregunto Mundungus mientras todos se metían a la camioneta
- ¿Cómo no me voy a acordar de ella? La hija del profesor Mcford y siempre me odio porque yo le gustaba a Severus y no ella – dijo Melisa mientras arrancaba la camioneta
- Pues me encontré con ella, trabaja en el Departamento de Misterios. Iba a ver a sus hermanos a San Mungo cuando nos encontramos. Me pregunto por Sirius, sus hermanos le contaron lo que le había pasado y me pregunto por Snape y tú – dijo Mundungus – creo que todavía cree que hay algo entre ustedes dos
- No es mi culpa que Severus este interesado en mi, yo ya le he dicho más de mil veces que debería de buscar a alguien más, como Andrea, pero sigue aferrado a la idea de que algún día seamos algo más que amigos – dijo Melisa mientras la camioneta comenzaba a volar
- Pero claro que tú estas enamorada de alguien más – dijo Mundungus
- ¿De quién? – pregunto Ron
- ¡Ron! – gritaron todos
- Esta bien, esta bien me callo – dijo Ron
- De nadie – dijo Melisa – nunca me he enamorado de nadie y pretendo seguir así
- Pero ¿por qué? – pregunto Hermione – es decir, no te gustaría algún día hacer una familia.
- No serviría para eso – dijo Melisa – si con la familia que tengo ahorita no hago nada por ella
Cambiaron de tema, nuevamente comenzaron a hablar de lo ocurrido ayer. Alrededor de las siete de la noche comenzaron a vislumbrar las luces de Londres. La camioneta comenzó a descender hasta que llego al suelo y se estaciono delante del callejón que llevaba a la Cascada. Todos bajaron de la camioneta. Bajaron sus baúles y se adentraron en el callejón. Al llegar al final del callejón, Mundungus se agacho para sacudir una piedra con ocho agujeros. Metió su insignia en el agujero con el número siete…
- Mundungus Fletcher, número siete de la Orden del Fénix – dijo Mundungus
- Melisa Mistick, número cuatro de la Orden del Fénix – dijo Melisa después de poner su insignia.
- ¿Acompañantes? – pregunto una voz aguda, la de Jacome
- Harry Potter, Ron y Giny Weasley, Hermione Granger, Luna Lovegood y Neville Longbottom – respondió Melisa
- Luna Lovegood y Neville Longbottom no están permitidos a pasar – dijo Jacome
- Son amigos de Harry – dijo Mundungus
- Pueden pasar – dijo Jacome
- ¿Cómo?, no hay ninguna puerta – dijo Neville
- Tienes que atravesar la pared – dijo Ron
Melisa y Mundungus atravesaron la pared seguidos por Harry y los demás. Pasaron por el túnel hasta llegar a una puerta de color oro con las palabras "Cascada de Fuego" escritas con rojo. Mundungus abrió la puerta. Fue lo último que recuerda Harry antes de que unos brazos lo atraparan a él, a Ron, a Giny y a Hermione. La señora Weasley los abrazaba con tanta fuerza que Harry ya no podía respirar y no era el único
- Ma…mamá – dijo Ron - suéltanos
- Señora Weasley, por favor – dijo Hermione
- Perdón, perdón – dijo la señora Weasley soltándolos - ¿cómo están?
- Bien – respondió Harry. Volteo a ver atrás de él pero Luna y Neville ya no estaban - ¿dónde están Luna y Neville?
- Adentro – dijo Hermione
Luna y Neville estaban adentro saludando a sus familiares
- Bueno, ya nos vamos – dijo la abuela de Neville
- Nosotros también – dijo el papá de Luna, un hombre alto, delgado; no se parecía en nada a Luna, exceptuando la mirada soñadora.
- ¿Quieren que los lleve? – pregunto Mundungus – voy para San Mungo a relevar a Remus, el pobre ha estado ahí un día entero y con Arabella, eso si es un martirio
- Con mucho gusto – dijo la abuela de Neville
- Ya que vas a San Mungo, puedes llevarnos – dijo Ron
- De ninguna manera, Ronald Weasley – dijo la señora Weasley – es muy tarde ya y no me gusta que vayan al hospital.
- Melisa nos prometió que nos llevaría – dijo Harry
- No me importa lo que Melisa haya dicho, ella no tiene ingerencia en la vida de ninguno de ustedes. En cambio yo si – dijo la señora Weasley – Ron, Giny y Hermione tiene prohibido salir hoy.
- ¿Y yo por qué? – pregunto Hermione
- Porque tus padres te pusieron bajo mi tutela hasta que regresen – dijo la señora Weasley
- Pero a mi nadie aquí me lo puede prohibir – dijo Harry
- Mundungus, ya vete, nadie saldrá de aquí – dijo Melisa
- ¿Qué? – dijo Harry – prometiste que me llevarías a ver a Sirius
- Y lo haré – dijo Melisa – pero no hoy. Molly tiene razón, ya es muy tarde y te puedo asegurar que Sirius esta dormido.
- Bueno, yo mejor me voy – dijo Mundungus y después se dirigió hacia la abuela de Neville y el papá de Luna – vámonos antes de que explote una bomba aquí.
- Adiós, Harry – dijo Luna dándole un beso en la mejilla para tranquilizarlo
- Adiós – dijo Harry
- Me saludan a Sirius – dijo Luna a los demás
- Lo haremos – dijo Hermione
- Adiós, chicos – dijo Neville
- Adiós – dijeron los demás
Se fueron.
- ¿Podemos comer algo? – dijo Ron – no sé ustedes pero yo tengo hambre
- Vengan conmigo – dijo la señora Weasley entrando en el comedor. Los demás la siguieron excepto Harry y Melisa.
- Sé que te preocupa Sirius, Harry, pero él está bien – dijo Melisa – no le pasó gran cosa
- Esta bien, pero mañana a primera hora iremos o sino me voy solo – dijo Harry
- Ni siquiera sabes llegar solo – dijo Melisa
- Remus tiene razón, siempre tienes una respuesta para todo – dijo Harry
- Si tuviera una respuesta para todo, no tendría los problemas que tengo ahora – dijo Melisa - ¿Qué te parece si comemos algo?, no sé tú pero yo no he comido nada desde ayer.
Entro al comedor. Por primera vez Harry sintió algo por Melisa, algo más que ese cariño y esa amistad, era algo así como lo que sentía por Sirius. Sentía que Melisa era lo más cercano a una mamá. Si, es cierto, la señora Weasley había sido como una mamá con él. Pero Melisa no solo se había preocupado por su seguridad ni porque estuviera bien, sino que también se había convertido en una amiga y lo había apoyado cuando más necesitaba que alguien lo apoyara, al igual que Sirius. Pero como podía sentir eso por alguien que apenas conocía y que no tenía nada en común con él. Prefirió dejar de pensar en ello y entro en el comedor. Nuevamente la platica se concentro en lo ocurrido el día anterior. Esa noche Harry tuvo un sueño muy extraño: él, Ron, Hermione, Luna, Giny, Neville, Sirius, Melisa y sorpresivamente Draco Malfoy corrían hacía una puerta de color verde esmeralda muy grande. Atrás de ellos iban un grupo de mortifagos encabezados por Voldemort. Harry vio como Giny, Malfoy, Neville y Luna se volteaban para enfrentarlos. Aunque quiso detenerse no pudo. Llegaron a la puerta. Sirius y Melisa se voltearon para enfrentar a los mortifagos. Harry abrió la puerta y entro junto con Ron y Hermione. En ese instante Harry se despertó totalmente agitado. Volteo a ver a la cama de junto, Ron estaba totalmente dormido. ¿Qué significaba ese sueño¿Por qué corrían hacía esa puerta¿Qué había detrás de esa puerta? y ¿qué rayos hacía en su sueño Malfoy?
Al día siguiente, Harry aún recordaba muy bien ese sueño. Había sido como una visión, pero no del pasado como siempre sino del futuro. Pero era posible tener visiones del futuro.
- Coman bien – decía la señora Weasley mientras servía el desayuno – seguramente querrán estar todo el día en San Mungo y la comida de ahí no es muy buena.
- Dices eso porque nunca has estado hospitalizada ahí – dijo Melisa – la comida que le dan a los pacientes es esplendida.
- Tú has estado hospitalizada en San Mundo – pregunto Giny
- Dos veces – respondió Melisa – una fue por la maldición durmicus
- Así que tú también sabes que se siente tener la maldición durmicus – dijo Ron - ¿Qué se siente?
- Es horrible – dijo Melisa –. Estas solo, no puedes recordar nada, es como si no existieras, es desesperante. Es como si estuviera en el vació total. Por eso muchas personas que quedan bajo esa maldición prefieren dejarse morir. Es una maldición muy fuerte pero casi imposible de utilizar, solo un mago con mucho poder puede lograrlo. Es casi como el Avada Kedavra, se necesita mucho valor y mucho poder para usarlas.
- Pero, para una persona que no se deje vencer tan fácilmente, es una maldición totalmente inofensiva para él – dijo Hermione
- Ni tanto – dijo Melisa – una mente no puede soportar tanto vivir esa sensación de vació. Es por eso por lo que creímos que Sirius no despertaría.
- Eso significa que no era la primera vez que le pasaba eso a Sirius – dijo Harry
- Era la segunda vez que le pasaba – dijo Melisa. Un timbre como de teléfono muggle comenzó a llenar el comedor. Melisa saco su insignia – ahorita vengo – y salio del comedor.
- ¿Por qué nunca nos dejan enterarnos de lo que hablan? – pregunto Ron
- Porque son cosas de la Orden – respondió la señora Weasley
- Me pregunto ahora como le harán para sacar información de quien-ustedes-saben – dijo Giny
- ¿A qué te refieres? – pregunto Ron
- Es que se quedaron sin espías – dijo Giny
- Dumbledore buscara otra manera – dijo la señora Weasley – así que no se preocupen por eso.
- Además todavía les queda Snape – dijo Harry
- Dung ya viene para acá con la camioneta – dijo Melisa entrando al comedor
- En ese caso es mejor que nos vayamos arreglando – dijo Hermione
- Pero antes terminen de desayunar – dijo la señora Weasley
Después de desayunar, Harry y los demás se arreglaron para irse. Ese sueño aún daba vueltas por la cabeza de Harry. No podía comprender nada de ese sueño, comenzando por el hecho de que parecía ser su futuro. Mundungus llegó muy rápido con la camioneta. Durante el viaje Harry trato de recordar paso a paso el sueño. Ellos corriendo, mortifagos persiguiéndolos, la puerta verde¿Qué había detrás de esa puerta¿Por qué había despertado antes de descubrirlo? Y entonces recordó otro sueño, un sueño en la Cámara de los Secretos, alguien le hablaba sobre una puerta y una llave.
- ¿En qué piensas? – le pregunto Melisa. Harry la miro. La camioneta estaba aterrizando.
- En nada - dijo Harry
- Es una visión verdad – dijo Melisa – desde que te despertaste estas así
- No fue nada importante – dijo Harry
- Si es algo que te inquieta deberías de hablarlo con alguien – dijo Melisa mientras estacionaba la camioneta – no es bueno tener encerradas tantas preocupaciones.
- Lo tomare en cuenta – dijo Harry
- Llegamos – dijo Melisa
Todos salieron de la camioneta. Caminaron hasta el escaparate donde estaba un maniquí con un jomper verde y lo atravesaron uno por uno. Nada había cambiado desde la última vez que Harry había estado ahí. La recepción estaba totalmente tranquila. Se acercaron a una señorita. Melisa le mostró su insignia y la señorita de inmediato comprendió.
- Síganme – dijo la señorita
Subieron a un ascensor que los llevo hasta el último piso. Salieron del ascensor y caminaron por un pasillo, dieron una vuelta y entraron en una puerta que tenía las letras "solo empleados". Al entrar fue como si llegaran a otra parte de San Mungo que ninguno conocía.
- Muchas gracias – dijo Melisa
- De nada – dijo la señorita -. Cuando salgan vean primero que no haya nadie que los vea y cierren bien, hemos tenido dos intentos de escape ayer.
- No se preocupe – dijo la señora Weasley
La señorita salio por la puerta dejándolos solos.
- Es una parte secreta de San Mungo – dijo Hermione
- Dumbledore la mando a construir después de lo que ocurrió en el Departamento de Misterios – dijo Melisa
- ¿Y dónde esta Sirius? – pregunto Harry
- En la habitación 12 – dijo Melisa
Caminaron por ese pasillo hasta llegar a la puerta con el número doce. La puerta de junto, la número trece se abrió y salio del cuarto una mujer muy bonita, no muy alta, cabello rojo corto y ojos del mismo color. Se trataba de Alexi. Miró a Harry y los demás
- Hola – dijo Alexi con esa voz ronca que ya le conocían – no creí que fueran a venir
- ¿Cómo estás? – pregunto Melisa
- Bien – dijo Alexi - y viéndolos creo que ustedes también. Iba para la cafetería.
- No sabía que la habitación de Sirius estaba al lado de la de Petter – dijo Melisa
- Ni ellos dos lo saben y es mejor que siga así – dijo Alexi – de por si Petter ya trato dos veces ayer de escaparse imáginate lo que hará si sabe que Sirius esta en la habitación de junto.
- ¿Has visto a Sirius? – pregunto Harry
- Si – dijo Alexi como si recordara algo horrible – y me alegro de no ser Lupin. Si me disculpan voy a la cafetería. Nos vemos después
- Hasta luego – dijo Melisa
- No comprendo – dijo Ron – porque todos se compadecen de Lupin. Mundungus también dijo lo mismo ayer en la noche.
- Ahora lo sabrás – dijo Melisa abriendo la puerta.
Si pensaban oír total tranquilidad estaban muy equivocados. Entraron en la habitación. Lo primero que vieron fue a Lupin sentado en una silla mirando hacia la cama donde Sirius estaba acostado. Sirius estaba acostado en la cama apoyado en muchos cojines (Harry noto que tenía todo el pecho vendado pues la playera que llevaba estaba abierta) y le gritaba a Arabella que no se quedaba atrás con los gritos. Ninguno de los dos noto que habían entrado pero Lupin si. Fue hacía ellos.
- Sino estuviera aquí acostado ya te hubiera sacado a patadas de esta habitación – grito Sirius
- No me digas que serías capaz de golpear a una dama – grito Arabella indignada
- Han estado así desde que Sirius despertó – dijo Lupin que parecía muy cansado – tengo paciencia pero esto ya es suficiente.
- ¡YA LOS DOS! – grito la señora Weasley tan fuerte que ahogo los gritos de Sirius y Arabella y los dos la voltearon a ver - ¡Por amor de Dios, mírate, Sirius, estas mal y todavía te pones a pelear con Arabella¡Y tú, Arabella que no puedes tener un poco de tolerancia¡Quiero que te vayas de aquí Arabella junto con Remus que descansen y que no regresen hasta la noche!
- Con mucho gusto – dijo Lupin y salio de la habitación de inmediato
- De acuerdo – dijo Arabella y golpeo a Sirius en el brazo
- Solo espera a que este mejor – dijo Sirius
- Lo esperare con ansias – dijo Arabella y salio de la habitación
- Es la persona más insoportable que he conocido en mi vida - dijo Sirius
- Te escuche, gusano – grito Arabella detrás de la puerta
- A mi tampoco me gustaría ser Remus – dijo Ron
- Hola – dijo Sirius un poco más tranquilo – creí que no iban a venir
- ¿Cómo estás? – pregunto Harry
- Bien – dijo Sirius – exceptuando a la señorita insoportable. ¿Y ustedes?
- Bien – dijeron todos
- Me alegro – dijo Sirius
- ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? – pregunto Harry
- Dos o tres semanas – dijo Sirius – en lo que cicatriza la herida. No se preocupen – dijo al ver las caras de todos – estaré bien mientras no regrese Arabella
- Lastima – dijo Melisa – es la única que puede cuidarte
- Mundungus vino en la noche, no se puede quedar todo el día – pregunto Sirius
- No – dijo Melisa – Dumbledore lo tiene como mensajero.
- ¿Y tú? – pregunto Sirius – y no puedes decirme que tienes otra cosa que hacer
- De acuerdo – dijo Melisa – vendré todos los días
- Junto conmigo – dijo Harry
- De ninguna manera – dijo la señora Weasley -. No me parece bien que Harry venga todos los días a un hospital.
- Mamá no se lo puedes prohibir – dijo Ron
- Pero Sirius si puede – dijo la señora Weasley
- Si Harry quiere venir, puede venir – dijo Sirius feliz
- Sirius – dijo la señora Weasley
- Vamos, Molly, no le pasara nada – dijo Sirius -. Si Harry fuera más chico estaría de acuerdo contigo. Además esta lucha va para largo y no será la primera ni la última vez que Harry venga a ver a alguien al hospital.
- De cierta manera, Sirius tiene razón – dijo Hermione – Harry ya tiene la suficiente edad para estar en un hospital aunque debo aceptar que es un poco deprimente este hospital
- De eso nos podemos encargar nosotros – dijo Giny
- Está bien, está bien – dijo la señora Weasley de mala gana
- Se han dado cuenta de que somos muy persuasivos – dijo Giny
La tarde paso tranquilamente. Lupin y Arabella no volvieron a regresar. La platica nuevamente se centro en lo ocurrido. Harry estaba tan arto de ese tema que solo oía a los demás y prefirió centrar su atención en ese sueño que había tenido. Aunque le daba vueltas y vueltas no lograba comprenderlo. Muy pronto llegó la noche.
- Bueno, creo que ya es hora de irnos – dijo la señora Weasley
- No se vayan – dijo Sirius – no me dejen con Arabella
- Vendremos mañana – dijo Melisa
- Además no creo que Arabella te haga gran cosa en una noche – dijo Ron
- Es hartante – dijo Sirius – es la persona más hartante que ha aparecido en mi vida.
- ¿Y Snape? – pregunto Giny
- Bueno está bien, no es tan hartante como Snape – dijo Sirius
- Vendremos mañana – dijo la señora Weasley – y lo mejor es que descanses. Ten un poco de tolerancia con Arabella
- La palabra tolerancia no esta en mi vocabulario – dijo Sirius
- Ya nos dimos cuenta – dijeron todos
- Adiós – dijo Harry – nos vemos mañana
- ¿Y por qué no te quedas, Harry? – pregunto Sirius
- Con mucho gusto – dijo Harry con una sonrisa en la boca
- Olvídalo – dijo la señora Weasley cogiendo a Harry del brazo – nos vamos, despídanse – y saco a Harry del cuarto.
- Señora Weasley, por favor¿qué tiene de malo que me quede? – pregunto Harry
- Harry, apenas tienes dieciséis años, no es correcto que siendo tan joven pases tanto tiempo en un hospital. Esta mal que Sirius no note que tú aún eres muy pequeño – dijo la señora Weasley
- Señora Weasley, usted misma lo ha dicho, ya tengo dieciséis años, en pocos meses seré mayor de edad y creo que tengo derecho a decidir si me quiero quedar o no – dijo Harry
- Aún no eres mayor de edad – dijo la señora Weasley – y hasta que lo seas los adultos responsables de ti deben de elegir lo mejor para ti.
- Lo malo aquí – dijo Melisa que salía del cuarto junto con Ron, Hermione y Giny – es que el único adulto responsable de Harry es el mismo que le dijo que se quedara.
- Sé muy bien que Harry no es nada mío pero es como si lo fuera – dijo la señora Weasley – y si hablamos de eso tú tampoco tienes ningún derecho a prohibirle nada o a decirle que si a algo
- Exacto, así que la decisión es de Sirius y de Harry – dijo Melisa
- Melisa, por favor hay que aceptar que Sirius no es la persona más cuerda del mundo – dijo la señora Weasley
- Lo acepto – dijo Melisa – pero no creo que necesite estar cuerdo para darse cuenta de que es lo más conveniente para la persona que más ama en este mundo
Todos se quedaron en silencio. Se oyeron venir unos pasos. Lupin y Arabella se acercaba a la habitación. Harry, Ron, Hermione y Giny pasaban su mirada de la señora Weasley a Melisa para ver quien sería la primera en hablar.
- Solo esta noche – dijo la señora Weasley – pero con la condición de que alguien más se quede con él
- Yo me puedo quedar – dijo Melisa – así dejamos descansar una noche a Remus y a Arabella
- ¿De qué hablan? – pregunto Lupin
- Melisa y yo nos vamos a quedar a cuidar a Sirius – dijo Harry
- En serio – dijo Arabella
- Yo me voy antes de que cambien de opinión – dijo Lupin y fue de inmediato hacía la puerta que separaba a San Mungo de esa parte
- En serio lo están volviendo loco – dijo Melisa
- Todo es culpa de Sirius – dijo Arabella – es insoportable
- Es increíble como los dos pueden pensar lo mismo uno de otro – dijo Hermione
- Bueno, ya vámonos – dijo la señora Weasley
- Que te vaya bien – dijo Ron
- Adiós – dijo Harry. Todos fueron hacía la puerta y salieron del pasillo
- Aún no puedo creer que lo logramos – dijo Melisa abriendo la puerta del cuarto de Sirius y entrando en él.
Voltearon a ver a la cama. Sirius estaba volteado y aparentemente dormido.
- O se durmió muy rápido o no está dormido – dijo Harry
- Despiértate, Arabella no regresara hasta mañana – dijo Melisa
- ¿En serio? – pregunto Sirius volteándose – se van a quedar ustedes
- Toda la noche así que nos podemos desvelar contándonos historias macabras y llenas de sangre – dijo Melisa. Tanto Harry como Sirius se le quedaron viendo como si estuviera loca
- Me das miedo – dijo Sirius
- No sabía que te gustaban las historias macabras y llenas de sangre – dijo Harry cogiendo una silla y acercándola a la cama de Sirius
- Era lo único que tenía en común con mi mamá – dijo Melisa – ella se sabía las mejores historias.
- Que por cierto eran demasiado sangrientas – dijo Sirius
- ¿Quieren que les cuente una que me contaba todas las noches? – pregunto Melisa
- La de la señora que se cae en un estanque lleno de pirañas – dijo Sirius - y que las pirañas se la van comiendo poco a po…
- Ya basta – dijo Melisa asustada – ya comprendí el concepto.
- Me alegra saber que aún te asusta esa historia – dijo Sirius con satisfacción – y eso que solo la había inventado para asustar a Regulus y a Narcisa.
- Mejor hablemos de otra cosa – dijo Harry que también se había asustado, claro que no tanto como Melisa pues él no conocía toda la historia
- De cualquier cosa que no sea lo que ocurrió en Hogwarts – dijo Sirius – ya estoy arto de oír lo mismo una y otra vez.
Después de minutos de deliberación, se pusieron a hablar sobre el quidditch. Platicaron hasta que el sueño se apodero de cada uno de ellos. La primera en dormirse fue Melisa, después Sirius y al final, como ya era costumbre, Harry.
Ya muy entrada la noche, Sirius se despertó. Desde hace dos días le era imposible conciliar el sueño y lo peor es que él sabía como solucionar eso. Volteo a ver a la pared de enfrente, ahí, en un sillón grande y aterciopelado, estaban acostados Harry y Melisa, las dos personas que más amaba en el mundo y pensar que eran las dos personas a las que más daño les había hecho. Y lo peor de eso es que había prometido, había jurado cuidarlas y nunca hacerles daño.
Flash back
Dos personas caminaban por una calle desierta, dos jóvenes; uno era alto, guapo, con el cabello revuelto y color azabache, ojos color café, tenía una expresión de preocupación, era James; el otro era un joven igualmente alto, guapo y apuesto, con el cabello negro y largo hasta los hombros, ojos color gris, era Sirius.
- Muy bien, muy bien – dijo Sirius – una vez al mes Lily nos deja salir juntos¿por qué no disfrutas este día como los demás?
- Estoy preocupado, Canuto – dijo James – presiento que algo va a pasar hoy
- ¿Y de qué se trata? – pregunto Sirius
- No lo sé – dijo James – solo sé que va a ser algo malo
- Exageraciones tuyas – dijo Sirius – no va a pasar nada.
- Sirius, puedo pedirte algo – pregunto James
- Tú sabes que me puedes pedir lo que quieras – dijo Sirius
- Si algún día cercano o lejano nos llega a pasar algo malo a Lily y a mí, quiero que cuides, protejas y quieras a Harry como un hijo – dijo James
- Eso, James, es la petición más ridícula que me haz hecho en toda tú vida – dijo Sirius – yo quiero a Harry como un hijo y te juro, cosa que nunca hago, que si a ti y a Lily les llegara a pasar algo nunca le faltara mi apoyo, mi cuidado, mi protección y mi cariño y te puedo asegurar que Alas también estará ahí y si me llega a pasar algo ella estará ahí
- Gracias, Sirius – dijo James
- Además también te puedo asegurar que a ti y a Lily no les va a pasar nada – dijo Sirius
- Espero que así sea – dijo James – aunque no estoy muy seguro de eso.
- No te preocupes – dijo Sirius
Fin del flash back
Si, le había hecho esa promesa a James el mismo día que murió y hasta ahora no la había cumplido. Había dejado solo a Harry durante doce años y todo gracias a su peor defecto, su forma vengativa de ser. Y también gracias a eso había roto otra promesa, una promesa de años más atrás.
Flash back
Cuatro personas se encontraban en la sala de espera de un hospital. Una de ellas miraba hacia una ventana, un muchacho de unos dieciocho años, al igual que sus compañeros, con el cabello castaño y canoso, con ojos de color café y con expresión de enfermo. Otro de ellos estaba acostado en uno de los sillones de la recepción, era bajito, con el cabello café igual que sus ojos. Y los otros dos jugaban ajedrez mágico. Uno era alto, guapo, cabello color azabache y demasiado desordenado con ojos de color café que veían con satisfacción a su adversario, un muchacho, parecía el más joven de todos, de cabello negro y largo hasta los hombros y ojos de color gris que veían al tablero. Se trataba de James, Sirius, Lupin y Colagusano.
- ¿Qué esperas? – pregunto Sirius a James – solo tienes que mover a la reina para ganar
- Lo sé pero me encanta verte sufrir – dijo James
- A veces me dan ganas de matarte – dijo Sirius
- No creen que ya se tardo mucho Melisa – dijo Colagusano
- Es cierto – dijo Sirius – ella dijo que nos veríamos aquí a las tres y media para ir a comer
- Vamos, lo que Melisa quiere es pasar tiempo con su padre – dijo Lupin
- Remus tiene razón – dijo James – creo que deberíamos de irnos
- Yo no voy a irme de aquí – dijo Sirius cogiendo las piezas del ajedrez y acomodándolas para jugar otra vez – no pienso dejar sola a Melisa
- Nadie piensa hacer eso – dijo Remus – lo único que hay que hacer es dejarla pasar más tiempo con su papá, además creo que ya están hartos de que estemos aquí – dijo señalando hacía uno de los sillones más alejados a ellos
Un muchacho de cabellos dorados, tez blanca, ojos azules y muy guapo estaba sentado ahí y veía con desprecio a James, Sirius, Remus y Colagusano.
- Pues si don "soy el americano más guapo del mundo" no le gusta vernos que se largue – dijo Sirius – en lo personal a mi tampoco me gusta su compañía
- Pues tiene mucho parecido con ustedes dos – dijo Colagusano a lo que James y Sirius lo voltearon a ver amenazadoramente – me refiero a lo arrogante y presumido.
- A mi nadie me compara con ese estúpido – dijo Sirius.
- De cierta manera Petter tiene razón – dijo una voz detrás de ellos. Los cuatro voltearon a ver y se toparon con una muchacha muy hermosa. Su cabello largo, lacio y de color negro estaba sujeto en una cola de caballo y combinaba con sus ojos color negro. Era Melisa que tenía una expresión de cansancio y preocupación y no dejaba de comer dulces que sacaba de una bolsita que llevaba amarrada al cinturón – mi papá quiere hablar con ustedes, uno por uno.
- ¿Y por qué no juntos? – pregunto Sirius
- No lo sé - dijo Melisa echándose en uno de los sillones al lado de Colagusano.
- Bueno, entonces yo seré el primero – dijo James parándose
- No, él quiere que Sirius vaya primero – dijo Melisa – no tengo idea de por qué
- Tal vez te quiere matar por acercarte tanto a su hija – dijo James – tal vez nos quiere matar a todos
- Estas loco – dijo Melisa
- Ahorita vengo – dijo Sirius parándose del suelo
- Solo ten cuidado porque ahí esta mi mamá – dijo Melisa
- Sé como tratar con personas como ella – dijo Sirius – no te preocupes.
Entro en un pasillo y camino un rato hasta llegar a la puerta de una habitación. La puerta se abrió y salio de la habitación una mujer muy hermosa, idéntica a Melisa, excepto por los ojos que eran color miel. Miró con desprecio a Sirius y fue hacía la sala de espera. Sirius abrió la puerta y entro en la habitación.
- Sirius, creí que te tardarías más – dijo un hombre que estaba acostado en una cama recargado en muchos cojines. Era un hombre con aspecto amable, su cabello era café con algunas canas y ojos del mismo color. Esa hermosa sonrisa que Melisa siempre tenía la había heredado de ese hombre.
- Bueno, señor, para qué me quería – dijo Sirius acercando una silla y sentándose en ella
- Te quería para hablar contigo – dijo el hombre – y para pedirte que me llames Leo, no me gusta que ustedes me llamen señor
- De acuerdo – dijo Sirius - ¿y de qué quiere hablar?
- De alguien que nos importa mucho a los dos – dijo Leo -, Melisa
- Pero no entiendo, a mi me importa mucho Melisa igual que a James y a los demás y a mi me llamo a parte – dijo Sirius
- Te llame aparte porque sé que lo que tú sientes por Melisa es más que un cariño de amigos, de hermanos – dijo Leo – yo sé que tú sientes por Melisa algo más que eso.
- Creo que se esta confundiendo – dijo Sirius – yo solo quiero a Melisa como una amiga
- Si fuera así, no la verías con esa mirada llena de amor – dijo Leo a lo que Sirius no respondió nada –. Desde que te conocí me di cuenta de que amas a Melisa.
- Señor, usted esta equivocado – dijo Sirius aunque su voz denotaba que estaba mintiendo.
- Hablémonos francamente, Sirius – dijo Leo
- De acuerdo, pero usted no dirá nada de lo que yo diga en esta habitación – dijo Sirius
- Yo nunca diría cosas que no me pertenecen – dijo Leo
- Amo a Melisa – dijo Sirius
- Y el tuyo si es un amor verdadero – dijo Leo
- ¿A qué se refiere? – pregunto Sirius
- A ese muchacho, Severus – dijo Leo – es un gran muchacho y hasta eso me cae bien pero no siente por Melisa el amor que tú sientes por ella, lo que él siente es una obsesión, por eso Melisa nunca lo ha tomado en serio. Pero tú eres muy diferente a él y si algún día Melisa se casa me gustaría que fuera contigo.
- Señor, no sé que decirle – dijo Sirius – empezando por el hecho de que Melisa nunca se fijara en mi más que como un amigo y que yo no pienso casarme nunca.
- Bueno, te traje aquí para pedirte algo, Sirius – dijo Leo
- Lo que usted quiera – dijo Sirius
- Sé que si me pasa algo las cosas no van ir muy bien aquí – dijo Leo -, Mónica y Melisa no saben convivir si yo no estoy ahí y en cuanto llegue a faltar va a estallar una bomba entre ellas dos. Mónica tiene a toda su familia de Estados Unidos y por ella no me preocupo porque sé que será feliz, pero Melisa no tiene nada más que a ustedes y en su mundo hay una batalla muy fuerte. Sirius, quiero pedirte que pase lo que pase estés ahí siempre para apoyar a Melisa, para cuidarla y protegerla, para que hagas lo que yo ya no voy a poder hacer.
- Señor a usted no le va a pasar nada – dijo Sirius – lo que le paso solo fue un sustito.
- Y una visión de lo que va a ocurrir – dijo Leo – promételo Sirius
- Se lo juro, señor, y créame que yo nunca hago eso – dijo Sirius – además yo nunca dejaría sola a Melisa pasara lo que pasara.
- Estoy seguro de que no lo harás – dijo Leo – ahora debo hablar con los demás antes de que se acabe la hora de las visitas
- Sabe que en el hospital de los magos, San Mungo, no hay horarios de visitas – dijo Sirius
- Si salgo de esta me iré a internar a San Mungo mejor – dijo Leo
- Esperando que no ocurra otra vez esto – dijo Sirius
- No ocurrirá – dijo Leo – te puedo asegurar que esta es la última vez que me pasara esto
- Bueno ya me voy - dijo Sirius - ¿a quién quiere que le hable?
- A James – respondió Leo
- Adiós – dijo Sirius abriendo la puerta
- Que lastima que no podré ver la familia que formaran tú y Melisa – dijo Leo. Sirius lo volteo a ver y salio de la habitación.
Fin del Flash Back
Y pensar que esa noche moriría el papá de Melisa. Lo había prometido y no lo había cumplido, ninguna de las dos. Pero pensándolo bien aún tenía tiempo para reparar eso, para hacerles la vida feliz a Harry y a Melisa y lo peor es que sabía como hacerlo. Al ver a Harry y a Melisa ahí esas palabras, las ultimas palabras que el papá de Melisa, Leo, le dijo aparecieron en su mente: "Que lastima que no podré ver la familia que formaran tú y Melisa". Leo tenía razón, Melisa y él formarían una familia solo que eso no implicaba que se casaran y que tuvieran hijos propios, pues ahora que lo pensaba Harry, Melisa y él eran una familia. Se recostó en uno de los tantos cojines y trato de dormir.
Espero que este capitulo les guste.
Gracias a Pedro I y a shinji kun112 por sus críticas.
Adiós
