Nota del Autor: Todos los personajes de Inuyasha, incluido el super sexy y misterioso Sesshoumaru y la tierna Rin, son propiedad de la talentosa Rumiko Takahashi!
Este fic se lo dedico a mi Diosa del Viento que me inspira a sacar mi lado oscuro, castigador, infame y cruel. Ella dice que nadie como yo para hacerla sufrir por la impotencia de no saber que va a suceder en el próximo capítulo.
Ella me quiere mucho, más de lo que merezco por lo que creo que exagera un poco en sus halagos pero yo también la quiero a morir y como fue ella la que me apoyó para publicar mi primera historia en no logro negarme...además no quiero jejeje.
Espero que con este fic sientan que necesitan hacerme daño físico para darle una salida a la impotencia.
La forma de dormir del príncipe se la debemos a Kumi que me regaló un fanart muy ilustrativo con el sexy youkai cubierto solo por una sábana blanca de seda. Gracias K!
Gracias a Naoko y Arline por su apoyo, las quiero mucho. También un agradecimiento a Fenixgirl por sus reviews tan expresivos.
Los pensamientos van entre (-) y los dialogos entre "-" Si han leido el Príncipe Enamorado reconoceran a Sukime que es la nana youkai de Rin.
Agonía
Zetus
Capitulo 1- Declaración
La esbelta figura que caminaba silenciosamente por los pasillos del castillo se movía muy despacio, como si así encontrara tranquilidad para su atormentado corazón. Mientras caminaba, jugaba con una flor entre sus dedos buscando en su mente las palabras adecuadas que lograran expresar adecuadamente la profundidad y seriedad de sus sentimientos.
Había dejado de ser una niña hacía mucho tiempo, pero su fidelidad y afecto permanecían intactos y reservados para la persona más importante en su vida: Sesshoumaru.
Rin estaba acostumbrada a estar sola esperando por un amo silencioso y esporádico, Sesshoumaru siempre viajaba dejando el castillo por días a veces hasta semanas. Ella había dejado de acompañarlo en sus viajes de forma espontánea y por decisión propia, motivada por el descubrimiento de sus sentimientos hacia su amo.
Ahora cuando el príncipe youkai emprendía sus viajes, Rin se contentaba con verlo partir desde su ventana con un suspiro atragantado en su garganta y deseando que no se demorara mucho.
No conocía más vida que la que tenía junto a Sesshoumaru y la verdad no deseaba que eso cambiara, lo único que tenía sentido para ella era estar junto a él, porque se habia dado cuenta que lo amaba.
Ese día se sentía especialmente abrumada por sus sentimientos. La necesidad de declarar lo que sentía se había vuelto una necesidad en los últimos días, debía hacerlo si quería tener paz.
Sesshoumaru tenía varios días de ausencia y Rin estaba decidida a decirle que lo amaba en cuanto regresara al castillo. Sabía muy bien que se arriesgaba a ser rechazada y su nana le había suplicado que desistiera de esa idea recordándole que Sesshoumaru no mostraba ningún interés por tener una compañera.
Aún cuando la razón por la que el príncipe mantenía a Rin a su lado seguía siendo un misterio, Sukime sabía que el príncipe consideraba a los humanos como seres inferiores.
Después de muchas discusiones y motivada por las súplicas de su nana, Rin había prometido no desmoronarse si una vez declarado su amor el príncipe la rechazaba. Deteniéndose en su paseo, recordó las palabras de su nana tratando de persuadirla de lo que la vieja youkai calificaba como un capricho.
Sukime estaba segura que Sesshoumaru desecharía aquella declaración de amor y quería evitarle el dolor y la humillación pero una de las cualidades de Rin era su perseverancia y lo único que quedaba era esperar que lo tomara con calma y que el tiempo le sanara aquella herida.
Dos días antes...
Rin y Sukime estaban cenando y ese día tal como los últimos, la youkai trataba de persuadirla que no le dijera al príncipe que lo amaba.
"Sukinana no es un capricho yo lo amo...!"
"Pero mi niña no conoces a nadie más, siempre lo has admirado y respetado no confundas esos sentimientos!"
"No estoy confundida, además no quiero conocer a nadie más, me gusta él"
"Rin ya sabes lo que piensa el príncipe de los humanos no quiero que te humille, eres como la hija que nunca tuve!"
Rin le sonrió tiernamente, ninguno de los sirvientes era grosero con ella pero la única que la quería sinceramente era Sukime que había cuidado de ella desde su llegada al castillo.
Dejando sus alimentos a un lado Rin se acurrucó en el pecho de su nana y con voz muy queda le dijo que si no confesaba lo que sentía se iba a enfermar y prefería una humillación a no saber lo que Sesshoumaru sentía por ella.
"Nana tampoco soy tonta, sé muy bien que hay una posibilidad de que me diga que no; pero no puedo controlar lo que siento. Además si no le importara ya me habría echado del castillo hace muchos años!"
Abrazándola, Sukime le sonrió para no despedazar la confianza de Rin, pero estaba segura que Sesshoumaru recibiría de mala gana aquel amor. Rin tenía razón al decir que no podía controlar sus sentimientos, pero una cosa era segura, cuando el príncipe la rechazara ella estaría ahí para consolar a su niña.
El paseo por el jardín se alargó hasta el anochecer y Sesshoumaru no regresó dejando a Rin en agonía. Desanimada, caminó hasta su habitación convencida que al día siguiente vería a su Amo.
Era un día soleado y mientras esperaba, Rin repasaba todo lo que tenía planeado decirle a Sesshoumaru. En su ingenuidad ella fantaseaba que al decirle que lo amaba, el príncipe la tomaría entre sus brazos para besarla apasionadamente y confesarle que sentía lo mismo.
Estaba perdida en aquel ensueño romántico cuando a lo lejos escuchó la voz de Jaken y sin pensarlo corrió para encontrarse con ellos. Justo antes de doblar la esquina del corredor aminoró el paso y apareció caminando por el pasillo.
Llevaba un kimono rosado con un fino estampado de flores amarillas y pequeñas hojas verdes, hacía tiempo que había decidido recoger su cabello en una cola según ella para parecer mayor y así dejar atrás su imagen infantil, todo con el propósito de ser atractiva a los ojos del youkai.
En el instante que Rin apareció caminando por el pasillo Sesshoumaru resopló imperceptiblemente fastidiado por su presencia, sabía que ella llegaría con un sin fin de preguntas sobre su viaje, al sentirla cerca se volvió y le dedicó una agria mirada que paralizaron a Rin sobre sus pasos. Ante aquel hostil recibimiento lo único que ella logró hacer fue reverenciar con todo el cuerpo.
"Que quieres?"
"S-solo quería saber como le fue en su viaje Amo Sesshoumaru?"
"Bien!"
Cuando Sesshoumaru le escupió su respuesta de forma seca y grosera, Rin sintió un escalofrío en todo el cuerpo, jamás en todos sus años de vivir junto a él, Sesshoumaru le había contestado de esa forma. Inclusive para Jaken aquella actitud le parecía en exceso brusca tratándose de Rin.
El sapo la observó a hurtadillas tratando de imaginar como se sentía en ese momento, era justo decir que con el pasar del tiempo el pequeño demonio había aprendido a querer a Rin muy a su manera.
Aún con la cabeza en reverencia Rin no salía de su asombro y tenía el estómago revuelto por la actitud tosca de su amo. Ingenuamente se consoló pensando que probablemente había tenido que pelear con algún feroz monstruo y por eso la trataba mal. Para desviar su malestar Rin saludó a Jaken e inmediatamente giró sobre sus talones dejándolos solos.
Sesshoumaru la observó mientras se alejaba torciendo la boca con desagrado, le exasperaba que cada vez que llegaba de uno de sus viajes Rin siempre lo esperaba para preguntarle mil cosas. Hablarle brusco era su forma de liberarse del molesto interrogatorio.
Una vez que la figura de Rin desapareció por el pasillo, el youkai le pidió a Jaken que mandara traer un poco de té, no estaba cansado, solo quería un poco de tranquilidad después de su viaje.
Con gracia y en silencio avanzó hasta su habitación, se despojó de su armadura y espadas y se recostó, una vez que probó el té cerró los ojos disfrutando de la calma que rodeaba su magnifico castillo.
En una habitación no muy lejos de ahí, estaba Rin, la decoración era sencilla, impecablemente ordenada y siempre con un jarrón lleno de flores frescas que ella misma había plantado en un rincón escondido del jardín. Con una de las flores pegada a su nariz Rin pensaba en lo que quería hacer, ahora ya no estaba tan convencida porque la forma ruda en que Sesshoumaru le había hablado la hacía dudar.
(Nunca me había hablado así...seguro estaba cansado, pero él nunca se cansa es invencible...habré hecho algo indebido? Pero yo siempre salgo a recibirlo...tengo que decirle lo que siento para bien o para mal, y si mi nana tiene razón?...yo le prometí a Sukime que no importaba lo que me dijera no me pondría triste y eso es mentira porque yo quiero que me ame como yo a él...)
Rin cerró los ojos y suspiró profundamente para darse ánimos, luego ajustando su cabello se incorporó para ir a cenar. Aprovecharía la quietud de la cena para terminar con su agonía.
No saber que sentía Sesshoumaru era como morirse cada día un poquito y había soportado aquel sufrimiento desde hacía meses, ahora estaba en camino de acabar con la incertidumbre y no adivinaba que sufrir en silencio resultaría mejor que la realidad que estaba a punto de descubrir.
Cuando llegó al comedor tanto Jaken con Sesshoumaru estaban ahí, mentalmente se regañó por siempre llegar tarde a cenar, no tenía la certeza pero sospechaba que eso molestaba a su Amo, sin embargo no podía saberlo porque el príncipe jamás le había dicho nada al respecto.
Así era Sesshoumaru, un ser intimidante, misterioso y callado. Alguien que rara vez expresaba algún sentimiento o emoción fuerte, su rostro siempre estaba impávido y controlado, nunca lo había visto sonreír de felicidad o decir nada más de lo necesario. Sin embargo y a pesar de su aparente frialdad, ella estaba enamorada de él con todas sus fuerzas.
En silencio se sentó e inmediatamente uno de los criados le acercó sus alimentos, después de dar gracias calladamente Rin empezó a comer lentamente. Mientras masticaba pensaba cual sería el momento indicado para hablar con su amo pero con Jaken y el sirviente a su alrededor las posibilidades de una conversación privada eran prácticamente nulas.
Reflexionando, se dio cuenta que no le podía decir abiertamente que lo amaba, así que optó por tomar la sugerencia de su nana y con preguntas tratar de averiguar lo que Sesshoumaru sentía. Un instante antes de empezar a hablar el recuerdo de su intercambio de horas antes parpadeó frente a sus ojos haciéndola titubear, pero eso duró muy poco dando paso a su determinación de saber si su amor era correspondido.
No muy segura de que hacer para romper el silencio, Rin tosió suavemente para llamar la atención.
"Ahem...amo?"
Mientras que Jaken la miraba desconcertado, Sesshoumaru no movió ni un solo músculo, por años la cena había sido silenciosa y sin complicaciones y ahora con aquella interrupción su protegida estaba resquebrajando la rutina a la estaba acostumbrado. Al sentir el peso de la mirada femenina, Sesshoumaru dudó un instante, tanto Jaken como el sirviente detrás de él, estaban como estatuas pendientes de lo que Rin podría decir.
"Que pasa?"
"Ahem...Sesshoumaru-sama porque usted no tiene esposa?"
En el comedor se hizo un silencio tan pesado que parecía difícil respirar normalmente, el youkai sentía los ojos de su protegida sobre él como dos llamas de curiosidad, tranquilamente dejó el pequeño tazón que sostenía entre sus dedos junto a sus alimentos y les ordenó a Jaken y al sirviente que salieran.
Ante la orden del príncipe ambos youkais abandonaron el recinto a empujones. Rin observó la atropellada salida con un poco de temor, sintiendo que su pecho iba a estallar por los nervios. No había imaginado que aquella, según ella, inocente pregunta lograría la privacidad que tanto quería.
Al verse a solas con su amo, la llama de la esperanza se agigantó dentro de Rin pero se extinguió tan pronto como Sesshoumaru fijó la mirada al frente y le habló con frialdad.
"Acaso crees que puedes preguntarme sobre mis cosas?"
"P-pero Amo yo no pretendía ofenderlo..."
"Ocúpate de tus asuntos y mantén tu lugar!"
Aquellas palabras le llegaron a Rin como una advertencia que no quiso considerar y en un susurro le preguntó a su Amo cual era su lugar. Al terminar de hablar comprendió que su nana tenía razón, pero dominada por los nervios y curiosidad decidió llevar aquella conversación hasta lo último; aún cuando presentía que su corazón iba a partirse en mil pedazos.
Sesshoumaru no se dignó verla y por un segundo reflexionó sobre aquella pregunta, que lugar ocupaba ella en su vida?, la única respuesta que encontró en su interior fue que ninguno de importancia suficiente como para preguntarle porque no tenía una esposa.
"Vives en este castillo y no te falta nada acaso no es suficiente?"
Rin bajó la mirada y fijo la mirada en su regazo sintiendo como su mundo se venía abajo. A su lado, Sesshoumaru se concentró en los latidos del corazón que palpitaba bajo aquella piel humana y supo que estaba al borde de un colapso.
En la mente de Rin desfilaban todas las veces que la había protegido y como había crecido junto a él, irónicamente comprendió que siempre había esperado más de lo que el youkai estaba dispuesto a darle. Con amargura comprendió que en la vida de Sesshoumaru ella no ocupaba ningún lugar especial.
Sin entender muy bien porque insistía en sumergirse más en la desilusión, Rin habló una vez más, esta vez para preguntarle porque no quería a los de su raza.
"Porque odia tanto a los humanos?"
"Porque envenenan todo con su debilidad y sentimientos volubles!"
"Pero su padre amó a un humana..."
El instante que sus labios terminaron de pronunciar aquellas palabras ella se arrepintió, porque los ojos de Sesshoumaru se iluminaron como dos ciénagas de odio y resentimiento que la hicieron temblar y perder toda esperanza de amor correspondido.
En ese momento cuando la vio a los ojos y reconoció el amor que ella trataba de expresar, Sesshoumaru comprendió el repentino interés de Rin en sus asuntos.
Viéndola directamente a los ojos, una sonrisa torcida se le dibujó al youkai en el rostro, al verlo Rin palideció porque aquel gesto era más bien una mueca de desprecio y burla. Abrumada, apartó sus ojos bajo el peso de la mirada ámbar, satisfecho con la innegable derrota de su protegida, Sesshoumaru pronunció palabras que ella jamás olvidaría.
"Ya veo...que ilusa, acaso creíste que soy tan débil como mi padre? Yo me merezco una pareja youkai pura, jamás me rebajaría a mezclar mi sangre con la de una humana pusilánime y como dije antes, mantén tu lugar!"
Con cada palabra que salía de la boca de su amo era como si le clavaran una espina y sangrara. Rin no quería decir nada y sin embargo se escuchó a si misma hablar sonando sumamente ecuánime, era como si la crueldad de Sesshoumaru la hubiera adormecido de golpe y aunque pensaba que no había nada más humillante que lo que acababa de escuchar, su corazón podría seguir recibiendo los embates del desprecio a su amor.
"Porque me dice esas cosas tan feas?"
"Porque es la verdad, tu aroma me sofoca y eres débil...acaso no entiendes? Tu apariencia quizás sea aceptable para los de tu raza pero ningún youkai digno posaría sus ojos en un ser tan insignificante como tú!"
Rin sintió que las fuerzas la abandonaban, ella no pretendía ser una diosa pero tampoco se consideraba insignificante y sin embargo ya lo sabía, a los ojos de su amo ella era menos que nada. Quería levantarse y salir corriendo pero era como si tuviera las piernas adormecidas.
(Soy fea? Ni siquiera eso, para él soy insignificante...no, no debo llorar...Kami-sama ayúdame a ser fuerte...)
Al buscar consuelo en el poder divino Rin sintió que aún le quedaban fuerzas para seguir hablando y así lo hizo, dentro de su pecho sentía los latidos de su corazón ir a un ritmo tan lento que por un instante vio borroso y sintió ganas de vomitar.
Apoyando una mano sobre el piso y con la otra sobre su boca, Rin cerró los ojos y tomó aire por la nariz para no desmoronarse frente al verdugo junto a ella. Sesshoumaru la miraba de soslayo, esperando ver como rompía en llanto y así acabar con aquella molesta e inútil discusión.
Sesshoumaru estaba a punto de irse cuando escuchó la voz de Rin, al borde de la histeria apretó los dientes dispuesto a terminar con la que poca dignidad que le quedaba a Rin. En su mente aquella actitud era solo una prueba más de lo innecesario de los sentimientos humanos.
"Sesshoumaru-sama yo lo amo...acaso no le importan mis sentimientos?"
"Por supuesto que no! Eres inferior a mí, los humanos son débiles y traicioneros...acaso alguna vez he hecho algo que te diera cabida para que tengas semejantes sentimientos... contéstame!"
"Nunca...pero eso es lo de menos, el amor nace del corazón de forma espontánea gracias al tiempo y la compañía...acaso usted es capaz de vivir sin amar a nadie?"
Sesshoumaru se crispó al escucharla, porque mientras ella hablaba de amor él solo podía pensar en lo que había tenido que soportar al ver a su padre enamorarse de la madre de Inuyasha. Las últimas palabras de su protegida lo enfurecieron al tal grado que cerró el puño para no estallar en cólera, porque representaban una debilidad de la que había prescindido toda su vida.
Jamás había tenido la ilusión de amar alguien porque lo consideraba vano y pasajero, para Sesshoumaru lo único valioso era el poder. Verse cuestionado por una humana común y corriente era motivo de furia. Controlando el enojo que sentía por lo que consideraba un irrespeto por parte de Rin, el youkai le habló con más frialdad que nunca.
"Y porque es tan importante para los humanos el amor? Eso es solo otra excusa para mostrar debilidad!"
"Querer a alguien no es debilidad...a usted no le importa nadie más que usted verdad?"
"Porque habría de hacerlo nadie jamás me ha dado nada!"
"Como dice? Yo siempre le he sido fiel y que me dice de Jaken? El es youkai, y lo seguiría hasta el mismo infierno si usted se lo pidiera, acaso eso no es importante para usted? Que pasaría si un día él muere, está seguro que no sentiría nada? Acaso su corazón es tan duro?"
"Basta ya, no seguiré escuchando argumentos insignificantes de una niña!"
"Si soy tan insignificante porque me salvó, porque no me dejó en aquel bosque? Contésteme!"
Como un relámpago de recuerdos olvidados Sesshoumaru vio la imagen de Rin muerta en aquel paraje del bosque y con frialdad y desprecio le respondió que solo había hecho eso para probar la espada de su padre.
Rin tragó saliva y respiró profundamente, por primera vez en su vida presenciaba una faceta de su amo que creía inexistente, frente a sus ojos estaba el youkai despiadado y cruel al que todos los demás temían.
Era como si ella hubiera estado ciega a todo eso, pero al conocer toda su frialdad y desprecio algo en su interior se marchitaba y moría, llevándose sus ilusiones.
Abatida y destrozada por dentro, Rin se quedó quieta y contuvo las ganas de llorar, sin embargo para Sesshoumaru el olor de sus lágrimas inundaron el lugar y hastiado se levantó dejándola sola.
En el instante que Rin se vio sola empezó a llorar desconsolada escuchando todas las palabras en su cabeza una y otra vez, era tal el dolor que sentía en su pecho que estaba segura que jamas iba encontrar consuelo. Cuando Sukime llegó buscándola, la encontró acostada en el suelo con la mirada perdida. Con amor, la anciana la abrazó en silencio dejando que se desahogara, después de un rato, Sukime escuchó la voz quebrada de Rin.
"Tenías razón nana...no me quiere, nunca lo ha hecho, solo me salvó cuando para probar la espada de su padre!"
"Ya pequeña, trata de tranquilizarte!"
"Fue horrible, me dijo cosas espantosas, me llamó pusilánime y pestilente...me dijo que era fea e insignificante!"
Sukime se cubrió la boca asombrada, aquellas palabras sonaban demasiado fuertes aún para el príncipe y solo podía imaginar lo que Rin había sentido al escucharlas de la persona que con tanto fervor, sinceridad y ternura amaba.
Con los ojos arrasados por las lágrimas Rin buscó el rostro de su nana y se aferró a ella por los hombros hablando con desesperación.
"Nana dime la verdad, los humanos somos tan repugnantes?"
"No pequeña!"
"Entonces porque fue tan cruel, yo lo único que he hecho es serle fiel toda mi vida, tu crees que amar a alguien es una debilidad?"
Sukime le acarició el rostro con cariño y luego le dio un beso en la frente para consolarla. Limpiándole las lágrimas le dijo que el príncipe había escogido odiar a los humanos hacia tantos años que probablemente ya ni el mismo recordaba sus motivos.
"El amor no es una debilidad, fuiste muy valiente al decirle lo que sentías. Los humanos son seres fascinantes, una mezcla de emociones y sentimientos que a veces los youkais no comprendemos muy bien. Ustedes tienen muchos matices en lo que sienten, pero no te desanimes, los seres humanos tienen una cualidad maravillosa y es que pueden llegar a tener una fortaleza de espíritu envidiable que los motiva a seguir aún en el peor de los casos. Tú eres el mejor ejemplo, has pasado por tantas cosas dolorosas y no tienes rencor, al contrario, buscas ver el lado positivo de las cosas!"
Rin se encongió de hombros como si no creyera nada de lo que acababa de escuchar, tenía una espina clavada en el pecho y viendo a su nana muy seria le preguntó si olía muy feo.
"Rin!"
Ella endureció la mirada mientras movía la cabeza negativamente, no quería palabras consuelo, quería la verdad, después de hablar con Sesshoumaru ser humana parecía la peor de las desgracias.
"...hubieras visto el odio y desprecio en sus ojos...debí hacerte caso, discúlpame por favor, fui una tonta al enamorarme de él..."
Sukime la abrazó tratando de transmitirle todo su cariño y luego la instó a que se levantara para poder ir a la habitación, al levantarse se dieron cuenta que Jaken las observaba con los ojos muy abiertos sosteniendo el báculo con ambas manos.
El pequeño había escuchado todo desde el principio y estaba conmovido por la franqueza de Rin, sobre todo al hablar de él. No esperaba que su Amo hubiera reaccionado diferente cuando Rin le preguntó que pasaría si él algún no estaba. Lo que le sorprendía era darse cuenta que Rin lo apreciaba sinceramente.
"Señor Jaken...ya nos íbamos!"
"Matte Rin!...Yo también me sentiría triste si tu no estuvieras más en este mundo...solo quería que lo supieras!"
Las dos mujeres se pararon en seco al escucharlo y con una expresión sorprendida Rin se agachó hasta donde Jaken para abrazarlo y entre sollozos darle las gracias. El pequeño demonio se sintió tan conmovido que poniendo el báculo a un lado le devolvió el gesto contagiado por la ternura de Rin.
De pie, Sukime sonrió porque sabía que a pesar de siempre pelear, Jaken quería a Rin y se preocupaba por ella al grado de confesarle su cariño cuando ella más lo necesitaba. Cuando se separaron Rin le dio beso en la mejilla, luego le acercó el báculo con cuidado y se alejó sin decir nada más.
Jaken se quedó como estatua con la mano sobre su mejilla, jamás nadie le había dado un beso y no podía negar que la sensación era extraña, aquel amor que era considerado una debilidad provocaba un bienestar invisible muy agradable y que provocaba dudas de si realmente se podía vivir sin una sensación tan peculiar.
(El Amo bonito fue muy cruel con ella, jamás lo había escuchado hablarle de esa forma...yo siempre pensé que él la apreciaba más y ahora me doy cuenta que solo utilizó esa poderosa espada para probarla. Sukime tiene razón, fue muy valiente al confesarle que lo amaba...me pregunto si después de hoy Rin podrá seguir viviendo aquí, espero que si!)
Al llegar a su habitación Rin se negó a entrar porque no quería dormir en el mismo lugar donde había soñado tantas veces con el amor de Sesshoumaru. Sukime lo adivinaba y esperó para saber que deseaba Rin.
"Sukinana puedo dormir contigo solo por esta noche? Mañana tendré que irme pero como ahora está oscuro me da miedo. Crees que talvez el señor Jaken me acompañe hasta algún poblado?"
"P-pero que te vas a ir?"
"Nana...claro que no quisiera irme, pero acaso piensas que va a permitir que me quede después de hoy?"
Sukime sintió un frío correr por su espalda porque Rin tenía razón, por un instante quiso ir en busca del príncipe para abogar por ella pero en ese momento Rin la necesitaba más. En silencio la ayudó a juntar las pocas posesiones que tenía, sus kimonos, un peine que ella le había dado cuando era pequeña, el jarrón donde ponía flores y varias herramientas de jardinería.
Con Rin caminando despacio detrás de ella, llegaron a la habitación de la anciana en la parte norte del castillo. Una vez ahí Rin dejó que su nana la arropara, tenía los ojos hinchados, enrojecidos y la mirada completamente ausente. No sentía frío o calor, solo un vacío enorme que le oprimía el pecho.
Se quedó inmóvil recordando una y otra vez las palabras de su Amo. Estaba segura que jamás olvidaría la mirada de desprecio y al recordar como le había dicho que ningún youkai digno posaría sus ojos en ella, las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas sin control.
Sukime estaba junto a ella tratando de consolarla, Rin emanaba tanta tristeza que parecía imposible que algún día fuera a superar aquel desengaño. La youkai estaba tan consumida en sus propios pensamientos para tratar de evitar que su niña se fuera de su lado, que se sorprendió cuando escuchó la voz de Rin hablando pausadamente.
"Sukinana dime a que olemos los humanos, es tan sofocante como él me dijo?"
La anciana parpadeó e hizo como que no había escuchado nada. No quería decirle que era un olor algo fuerte para los youkai, ella se había acostumbrado al aroma de Rin, pero no quería ni negar ni confirmar las palabras del príncipe.
Cuando su nana no le contestó Rin suspiró resignada y volvió a repetir la pregunta. Al no recibir respuesta ella comprendió que su amo no le había dicho ninguna mentira y empezó a moverse para levantarse.
"Entonces él dijo la verdad...creo que mejor dormiré en otro lugar, una de las habitaciones del ala sur, mas allá del establo de A-UN!"
Sukime trató de detenerla pero Rin se negó firmemente y tomando sus cosas salió de la habitación encaminandose al ala sur a toda prisa. Esa parte del castillo no se usaba porque quedaba demasiado lejos de todo, a pesar de eso, ella sabía que todo el castillo se mantenía limpio, incluidas las partes alejadas.
Caminó a oscuras guiándose solamente por las antorchas del corredor, al llegar a una parte que no estaba iluminada tomó la última antorcha y caminó hasta llegar al ala sur, buscando la habitación más alejada de todas. Dejando sus cosas en el piso abrió la puerta y entró adelantando la antorcha para ver que había en el interior.
Tal y como esperaba todo estaba limpio y como esperando por algún inquilino. Dio varios pasos buscando donde poder encender el fuego y cuando lo encontró y lo encendió, puso la antorcha en el pasillo, recogió sus cosas y se introdujo en el aposento.
Después de cambiarse de ropa, se quedó arrodillada en el piso viendo el fuego fijamente. Se sentía vacía y destrozada, recordando las palabras de Sesshoumaru movió sus ojos hasta encontrarse con sus manos y las extendió. Una vez extendidas las observó un instante y luego las olió, ella no lograba percibir nada, pero para el resto de los habitantes del castillo era sofocante.
Dejando caer las manos sobre su regazo Rin se quedó así, con aquel dolor sofocante en el pecho y llorando calladamente, cansada y con dolor de cabeza se acostó en el suelo dejando que el sueño la venciera justo antes del amanecer.
Sesshoumaru estaba en su habitación con los puños y los ojos cerrados, se sentía furioso por la audacia de su protegida al confesarle que lo amaba. Que lo hubiera comparado con su padre era lo que más le carcomía. Había luchado tanto con el recuerdo amargo de aquella época de su vida, que no podía creer que en un instante y por culpa de algo tan estúpido e innecesario como una declaración de amor tuviera que recordarlo.
(Que insolencia pensar que yo pudiera tener sentimientos por ella, es tan solo una niña y además humana, no, yo no soy como Inuyasha y mi padre, ellos se dejaron cautivar por algo tan vano como el amor. Sino puedo encontrar una pareja digna me quedaré solo, yo sí puedo vivir sin amor!)
Después de cambiarse, se acostó cubierto solo por una sábana de seda, así le gustaba dormir, sin nada disfrutando la sensacion de la seda contra su piel.
Con la mirada fija en el techo se quedó pensando en la cena, estaba a punto de quedarse dormido cuando escuchó alguien afuera de su habitación.
"Amo Sesshoumaru, por favor necesito hablar con usted!"
Lentamente Sesshoumaru se incorporó, y con tono áspero le preguntó a Sukime que era tan importante como para molestarlo a esa hora. La youkai respiró para darse fuerzas y con voz clara le habló sin titubear.
"Quiero que le permita a Rin quedarse en el castillo!"
Sesshoumaru hizo una mueca y se rascó el pecho distraído. Respetaba a la anciana y decidió no desechar aquel pedido sin antes hablar con ella.
"Porque?"
"No tiene a donde ir, ninguna aldea la recibirá. Sesshoumaru-sama lo que hizo no fue con intención de ofenderlo!"
"Te preocupas por ella?"
"Mucho y no quiero que se vaya, su compañía es mi felicidad. Amo ni siquiera tendrá que verla, ahora está en una de las habitaciones del ala sur"
"Que quieres decir con que ninguna aldea la recibirá?"
"No lo harán!"
Sesshoumaru frunció el ceño al notar la renuencia de Sukime por darle una respuesta clara pero no le dio mayor importancia al asunto. La idea de no tener que ver a Rin después de aquella noche fue suficiente para que cediera al pedido de la youkai.
"Bajo esas condiciones estoy dispuesto a permitirlo!"
"Domo Arigato, Sesshoumaru-sama!"
"No quiero más declaraciones está claro? Díselo!"
"Hai!"
Sukime se incorporó sintiéndose feliz, Rin se quedaba y no tendría que sufrir pensando que le iba a pasar lejos de ella. Sabía que en las aldeas cercanas todos los humanos conocían de la mujer que vivía con Sesshoumaru y la despreciaban por considerarla una traidora a su raza.
(Puede quedarse eso es lo importante, es un príncipe grosero y cruel! Ella jamás volverá a declararle su amor ni a él ni a ningún otro ser...)
La youkai quiso ir a buscarla pero desistió porque supuso que Rin prefería llorar a solas. De vuelta a su habitación el sirviente que se encargaba del comedor le salió al encuentro preguntando por Rin.
"Sukime-sama ella está bien?"
"Si Yoro, pero de ahora en adelante ella vivirá en el ala sur, quiero que vayas ahora mismo y retires el puesto de Rin del comedor!"
"Como usted diga Sukime-sama...ella fue muy valiente al declararle sus sentimientos...la niña no es insignificante, es graciosa con sus orejas raras y sus grandes ojos verdes y redondeados"
"Tienes razon, esos ojos tan llenos de vida aunque después de hoy...!"
Las palabras resbalaron fuera de los labios de la youkai y tanto ella como Yoro se sintieron desanimados al pensar por lo que estaba pasando Rin. El sirviente reaccionó con una sonrisa al ver la tristeza en el rostro de la anciana y se apresuró a darle ánimo.
"Sukime-sama no se preocupe, la pequeña pronto volverá a sonreír solo déle tiempo, seguirá viviendo aquí eso es lo mejor, es un castillo muy amplio"
Al escucharlo Sukime se sintió animada y decidió creer en el entusiasmo de Yoro. El youkai se despidió con una reverencia y fue a hacer lo que Sukime le había pedido.
En un par de minutos recogió las cosas del puesto de Rin y sacó todo guardándolo en un lugar visible de la cocina, para que ella pudiera encontrarlo con facilidad. Estando en la cocina Yoro fue sorprendido por su esposa Yuma que al verlo le preguntó que hacía.
Yoro le contó lo que había sucedido y la youkai sintió pena por la niña humana, siempre había creído como su esposo, que Rin era graciosa e inofensiva. Una vez que Yuma envolvió los utensilios en una tela azul el matrimonio youkai se fue a descansar.
Nota del Autor: Que piensan? Se acepta todos los comentarios y hasta tomatazos :)
