Han pasado los meses y con ellos las estaciones, para fijar el tiempo, es el mes de octubre, colores ocres y rojizos dominan la época, el otoño es la estación perfecta para los calidos hogares, pero aun se respira y quedan las huellas de la humedad de muerte y dolor, suplicas de las victimas y arrogancias de sus asesinos, la batalla esperada aun era escondida entre los protagonistas que hace tiempo estaban ocultos, aun el final de esa oscura era estaba siendo extendida, mientras la era de paz que reclamaban los demás era resguardada entre los ocultos y oscuros caminos del Bosque prohibido, todos vivían con temor y opresión, sus mentes le ponían juegos, el dolor que se hallaba en esos días era indescriptible, atraparon a una mujer, de belleza sutil y agradable, en su rostro se notaba el paso del tiempo y las huellas de la prisión de Azquaban, era buscada por muchos lugares, era una asesina a sangre fria, por su locura no fue llevada de nuevo a la lejana prisión, fue sometida a las drogas y amarres del psiquiátrico.

En un cuarto frío y luminoso, casi vacío y de un inmenso espacio, en un rincón se mantenía alejada una cama blanca de metal, a su lado una silla de plástico blanco, en ese lugar solo dos personas se encuentran, una mujer postrada en la cama y un hombre en la silla, parecía joven pero muy cansado, su ropa era un traje de color café, sus zapatos de piel carmesí hacían juego, observaba con su mirada agotada a esa mujer de la cama, veía que sus manos estaban atadas, en su brazo izquierdo un borroso tatuaje grotesco llevaba con recelo, su pelo negro era opaco y sin vida, el hombre buscaba en el expediente las características puestas ahí, todo concordaba, solo faltaban las palabras de locura, arrogancia y un olor hediondo a la muerte, eso era lo que su cuerpo casi inmóvil mostraba a la vista.

El hombre cerró aquel fólder y lo puso en su maletín, saco una libreta y su pluma negra de tinta suave y comenzó la entrevista, antes de soltar su primera pregunta, mojo sus labios y aclaro su garganta con un vaso de agua, encendió una grabadora de mano, se la acerco a los labios y dijo: Primera sesión.

-¿Como se llama?

-Bella...

-¿Solo así, tan simple?

-Me llamo Bellatrix Lestrange.

-Muy bien. ¿ Sabes por que estas aquí?

-Si, por matar.

-¿Sabes que es matar?

-Si, es lo por lo que vivo, matar es quitarle la vida a los que no la merecen, los que ensucian y contaminan mi camino.

-¿Puedes distinguir lo bueno de lo malo?

-Lo bueno es un beneficio y lo malo perjudica.

-¿Sabe porque esta amarrada?

-Me tiene miedo, patéticos!!!

-¿Me puede decir donde estamos ahora?

-En mi habitación de un hospital.

-¿Ser asesina es una profesión?

-Profesión...no lo creo, es un pasatiempo, así descanso, y si creo que puede ser un buen trabajo, libero a la sociedad de la suciedad que existe.

-Es mejor que me marche.

-Acaso me tiene miedo.

-Debo leer bien tu caso.

-Si le digo quien mato a su hermano se quedaría conmigo, a recordarlo.

-Conmigo no use su legeremancia y jamás vuelva a mencionar a mi hermano.

El hombre volvió a poner la grabadora en sus labios y dijo: Fin de la sesión. Salio de aquel lugar, cerrando la puerta a su espalda, se encontró con una mujer en el pasillo, su cabello castaño seguía igual desde hace tiempo atrás.

-Como le fue?

-Pienso que bien, pero le temo, puedo sentir la muerte en sus labios, puedo sentir en cada palabra cierto vacío de humanidad, pero debo descubrir que paso.

-Doctor, debe alejar los sentimientos a los de su trabajo.

-Deja de llamarme así, Hermione, tu sabes quien soy.

-Entonces, entenderás aun mejor que es bueno olvidar y continuar.

-¿Olvidar? si tu lo hubieras visto como yo, como estaba el lugar y su cuerpo, creo que jamás olvidarías, creo que implorarías todas las noches por tener descaso de aquellas imágenes de tu mente, pero debo vivir con ellas, pero haré lo posible para saber que dijo aquella noche.

-No te vayas así.

-Lo siento, debo ir a leer este caso.

El hombre partió de aquel lugar, con una débil y fingida sonrisa.