Saeth cabalgaba a toda velocidad. El dolor en sus heridas empeoraba con cada sacudida de Gorm, pero no pensaba detenerse. A cada momento sentía la preocupada mirada de Arya sobre ella, llevaban un buen tiempo siguiendo a los úrgalos, y estos parecían haberse dado cuenta de ello. En cada giro que daba el túnel, Saeth rogaba por encontrar a los úrgalos. No entendía por qué se los habían llevado; por una parte lo agradecía, de no haber sido así estarían muerto, como Ajihad y los otros, pero aún así seguía sin tener sentido. Como tampoco lo tenía aquella misteriosa nube de humo que lo había cubierto todo ¿Acaso los úrgalos tenían un mago con ellos? Todo aquello era muy extraño.

A su lado, una de las paredes desapareció dando lugar a un negro abismo que parecía no tener fondo. Una sensación de vértigo sacudió levemente a Saeth cuando Gorm se acercó peligrosamente al borde.

-¡Allí! ¡Hay algo más adelante! –le dijo Arya señalando al frente. Su voz sonaba fatigada, y el sudor cubría su frente.

El corazón de Saeth dio un brinco y aumentó la velocidad. Parecía que los violentos latidos le sacarían el corazón del pecho, no sabía si lo que sentía era preocupación o felicidad, y no quería descubrirlo. Sólo quería encontrar a Murtagh sano y salvo.

Al acercarse al bulto descubrió que no era una persona. Bajó de Gorm con ayuda de Arya, haciendo una mueca de dolor, pero rápidamente se separó de ella y se acercó a la ropa tirada. Reconoció la túnica y los guantes de piel de Murtagh junto a una rasgada y ensangrentada túnica morada.

Los dedos de Saeth aprisionaron la túnica y hundió su rostro en ella… No era posible, no quería creerlo.

Arya apoyó la mano en su hombro a toda respuesta.

-Invócalo –le dijo Saeth con voz apagada, no se sentía lo suficientemente fuerte como para hacerlo ella, la fuerza de decisión que había gobernado en ella las últimas horas la había abandonado completamente.

-Saeth… no creo que eso sirva de mucho… el abismo… -dudó la mujer.

-Dije: Invócalo –repitió con voz firme, ignorando la puntada en su corazón causada por ningún dolor físico.

Arya apretó su hombro, pero luego se separó de ella. Sacó una bota de agua y derramó un poco sobre el suelo de roca. Miró a Saeth un momento, pero ella tenía la vista fija en el agua, era una mirada intensa y a la vez desesperada. Soltó un suspiro y pronunció:

-Draumr kópa.

Una profunda oscuridad, tan negra como las profundidades del abismo junto a ellas, envolvió el agua. Nada, ni un solo rayo de luz, ni un solo movimiento.

-No… -fue lo único que salió de la boza de Saeth, como un ronco lamento.

Apartó la vista del líquido y se alejó casi arrastrándose, aferrándose a la túnica de Murtagh como si su vida dependiera de ello. Sentía las nubes de tormenta que comenzaban a acorralarla, pero no era verdad, Murtagh no estaba muerto, aquello era imposible.

Esbozó una sonrisa divertida. Arya la miró consternada.

-Esto es todo mentira –le explico sintiendo un nudo en su garganta –se que pronto despertaré y estaré en mi cama, junto a Murtagh. Ya he tenido esta clase de sueños. Siempre parecen reales, pero no lo son.

-Saeth, cariño –dijo Arya mirándola con tristeza. Estaba claro que la chica estaba haciendo lo esperado, negaba la muerte de Murtagh, se negaba a aceptarla, sin embargo, no creía que aquella delgada y frágil pantalla protectora le durara mucho, se estaba haciendo daño a ella misma con ello.

-Te he dicho que estoy soñando Arya –respondió cortante.

-Pero es que…

-¡Déjame despertar Arya!

-¡No estas soñando cariño! –dijo con lágrimas en los ojos, le dolía verla así. Se agachó a su lado mirándola compasivamente y la abrazó.

Saeth se apartó de ella con fuerza.

-No me trates así, no me mires así. No necesito compasión, no trates de curarme si no estoy herida. Murtagh no está muerto –dijo con firmeza pero con cierto tono de desesperación.

Algo dentro de ella le dijo que era mentira, pero la necesitaba, necesitaba la mentira para esconderse tras ella, no quería llorar, no quería sufrir ni quería enfrentar la verdad.

Arya la miró fijamente a los ojos, entonces pudo ver en ellos la temible verdad, aquella de la que estaba intentando huir. Se acababa de dar cuenta de algo que en el fondo ya sabía, no estaba soñando, la dura realidad la golpeó con la misma intensidad de años atrás.

Sus ojos brillaron y su cuerpo se sacudió levemente, al tiempo que volvía a retroceder.

-Esto no puede estar pasando. No de nuevo.

Arya seguía mirándola con aquella inquietante compasión, aquella mirada que le repetía una y otra vez que había perdido lo que más amaba, y esta vez el mensaje fue doblemente claro.

-¡Oh, no, por favor no! –gritó horrorizada.

Hundió el rostro en la túnica y rompió a llorar.

-Esto no está sucediendo –negó con voz ahogada, dirigiendo una mirada furtiva al abismo.

-Saeth… debemos irnos –le dijo Arya con tacto –vamos pequeña.

-Déjame sola –respondió sin mirarla.

-Saeth…

-¡DEJAME SOLA! –gritó con todas sus fuerzas.

Arya se puso de pie. Sabía que no podía reprocharle a Saeth que la tratara de aquella manera, pero no por ello dejaba de dolerle.

-Muy bien –fue todo lo que dijo. Esperó un momento, con la leve esperanza de que cambiara de opinión, pero Saeth parecía desconectada del mundo, con la mirada perdida, las lágrimas rodando incesantemente por sus ojos, y la túnica y los guantes aferrados contra su pecho. Tras lanzarle una última mirada preocupada salió caminando lentamente por el túnel.

Saeth ni se inmutó, miraba directamente al abismo, aquella oscuridad que le había arrebatado lo que más amaba. Sin embargo, en su mente miraba directamente a los ojos de Murtagh, cada rasgo de su rostro, su sonrisa, la manera en que el cabello le caía sobre el rostro.

-¿Qué he hecho para merecer esto? –preguntó a la oscuridad que parecía cerrarse alrededor de ella –Esto no es justo, nada de esto es justo –sollozó –Murtagh… no puedes dejarme, prometiste que no lo harías…

"-Murtagh… -Saeth jugueteó con el collar sin mirarlo –Tú nunca vas a abandonarme ¿Verdad?

-Por supuesto que no.

-¿Lo prometes?

Le sostuvo el mentón y la obligó delicadamente a mirarlo a los ojos.

-Lo prometo."

No pudo retener más las lágrimas y calló de costado, donde comenzó a llorar incontrolablemente. Le era imposible no recordar cada momento junto a él, desde el momento en que lo había visto por primera vez luego de tanto tiempo.

"-¿Murtagh? –pronunció casi sin voz.

Él le sonrió.

-¿Cómo estás princesa?"

Cuando descubrió que lo seguía amando.

"Se inclinó sobre el supuestamente dormido Murtagh y le dio un tierno beso en la mejilla.

-Buenas noches Murtagh –susurró con tristeza.

-Buenas noches princesa –le sobresaltó la voz del muchacho.

Ella se sonrojó hasta las orejas y se alejó rápidamente hasta la otra punta de la celda donde se acurrucó para dormir."

Su reconciliación.

"-Yo te amaba… –una solitaria ovación respondió al gesto de Eragon, Murtagh vaciló y miró hacia otro lado, dudoso, para luego mirarla directo a los ojos, con una intensidad que la chica nunca le había visto, entonces gritó: – ¡Te sigo amando! –Murtagh le tomó el rostro y la besó con fuerza."

La noche en que se había entregado a él como nunca lo había hecho con ningún otro hombre.

-Nunca te lo he dicho… pero –apoyó su frente contra la de Murtagh –te amo tanto –dijo con voz ahogada.

Murtagh sonrió tiernamente.

-Yo también te amo –acarició los labios de la chica con los suyos, disfrutando de aquel sencillo contacto.

Su reencuentro luego de la batalla.

"Murtagh y Saeth se miraron largamente, el le sonrió con ternura y una felicidad apenas contenida. Lentamente se acercó a ella y le acarició el rostro, para luego besarla con pasión.

-Te amo, nuca más vuelvas a dejarme –le susurró al oído reteniéndola en sus brazos.

-No lo haré si tú no lo haces –le respondió ella de igual forma"

Y por último recordó sus últimas palabras "Bien, no me digas nada" había dicho con voz ofendida y se había marchado, no lo había vuelto a ver hasta que los úrgalos se le echaron encima. Y ahora ya nunca lo volvería a ver.

-No –lloró -¡NO! –su gritó de protesta resonó por el túnel, amplificado.

Luego de que se apagara el eco de su grito sólo se oyó el sonido de su respiración ahogada, conteniendo el nudo monumental formado en su garganta, pero sin posibilidad de detener las lágrimas de puro dolor. No era posible que le hubieran quitado a Murtagh, el mundo no podía ser así de despiadado, no era posible. Ya había pasado por aquella situación, ya había estado allí y la había sobrevivido por la ira, pero en aquella ocasión no se sentía fuerte, no se sentía furiosa, sólo existía el dolor, el vacío y la inmensa pena que parecía drenar su vida con cada lágrima. Estaba fría y estaba rota y no creía que nada pudiera repararla.

Arqueó su espalda soltando un grito mudo que le hizo doler la garganta. Desesperada y llorando arañó la piedra queriendo descargar su dolor aferrándose a algo. No tenía ninguna almohada ni ningún hombro dónde llorar, sólo fría roca. Abrazó sus piernas y se quedó recostada, hecha un ovillo, sollozando e hipando incontrolablemente.

No podía creer que en algún momento de su vida hubiera existido la felicidad o algo que no fuera el dolor y la agonía. De seguro todo había sido una ilusión, no existía la alegría, el mundo no era así. No existía el color, era todo un negro abismo, frío y solitario, como el lugar donde Murtagh estaría en aquel momento.

Miró hacia el abismo, de haber tenido fuerzas se habría planteado seriamente el hecho de lanzarse en él, en un intento desesperado de reencontrarse con su amor, pero carecía completamente de fuerza. ¿Qué sentido podría tener su vida en aquel momento? Ninguno, si es que en algún momento lo había tenido. No tenía a Murtagh y no lo tendría ¿Qué bueno tenía seguir con vida? Era la hija del monstruo más grande de la historia de Algaësía, y ni siquiera confiaba n que fueran a derrotarlo, ya no importaba quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Lo único importante había dejado el mundo y la había dejado a ella.

¿Por qué no se habían llevado su vida y no la de él? Él se merecía vivir más que ella. Ella ahora estaba muerta de todas formas, así que no habría habido diferencia alguna.

Aquel vacío en sus brazos era insoportable, ni siquiera lo tenía en sus brazos para decirle que lo amaba, no había podido pedirle disculpas, no había podido recordarle su promesa de que siempre estarían juntos.

No supo cuanto tiempo pasó allí, tal vez horas, tal vez menos. Para cuando se puso de pie tenía los ojos hinchados por el llanto y le dolí el cuerpo. Si emitir sonido alguno emprendió el lúgubre camino de regreso seguida por el silencioso Gorm que se mantenía a distancia prudente. No lloraba más, tal vez sería por el hecho de que se le habían agotado las lágrimas, o quizá había llegado al punto en que su tristeza ya no se podía demostrar con lágrimas.