Saeth dio unos pasos en la enorme montaña hueca sin mirar a nadie. En su mente sólo se escuchaban los pasos de sus botas contra el suelo, los susurros a su alrededor parecían no tener sonido, no era consciente de las miradas de los habitantes de Farthen Dür clavadas en ella y los murmullos que levantaba su presencia luego de haber desaparecido por largas horas.
En sus manos llevaba la túnica y los guantes de Murtagh que acariciaba distraídamente mientras caminaba como una autómata.
Repentinamente un niño se le acercó.
-¿Señorita Saeth?–dijo el niño con cautela tocándole el hombro. Ella volteó a verlo sin ninguna expresión más que dolor en sus ojerosos e hinchados ojos y vio que era un chico pálido y de rodillas huesudas. - la han convocado ante el Consejo de Ancianos –anunció como si fuera la mejor noticia que podría darle.
De haber tenido humor, Saeth habría soltado una risotada ¿Ella, convocada ante el Consejo de Ancianos? No tenía ni quería tener nada que ver con ellos, ante el único que respondía era ante Eragon, y si creían que ella estaba allí por que admiraba su pequeña ciudadela subterránea estaban muy equivocados. Miró al niño de pies a cabeza.
-¿Cómo te llamas? –dijo con brusquedad.
-Jarsha señorita –respondió el niño.
-Bien Jarsha, dile al "Concejo de Ancianos" que no iré –tiró de las riendas de Gorm y siguió su camino.
Jarsha se quedó pasmado, pero al recuperarse se apresuró a seguirla.
-P… pero… señorita Saeth… es un gran honor… el concejo…
-No tengo nada que ver con ese montón de viejos, sean quienes sean –lo miró directamente a los ojos para demostrarle que no estaba bromeando, ni estaba de humor para insistencias. Sin embargo su expresión se ablandó al ver los enormes ojos castaños del niño. Torció la boca molesta con ella –mira, lo siento Jarsha. Pero diles eso, es mi mensaje y mi decisión, no es tu culpa. Has hecho bien tu trabajo, y no dejes que esos vejetes te digan lo contrario.
-Muy bien… pero no les va a gustar nada.
-Por supuesto que no, pero aquí hay una fiera que no van a poder domar, mi único respeto está ahora con Eragon, Saphira y Arya, y con nadie más –dio media vuelta y siguió su camino, dejando atrás al atónito Jarsha. De seguro nunca antes nadie había rechazado una invitación de aquel dichoso concejo.
Dejó a Gorm para que descansase en el establo, de seguro estaba tan exhausto como ella, y luego caminó a paso lento hacia su habitación. Mientras caminaba dirigió su vista hacia la izquierda y se encontró con unos conocidos ojos marrones.
Eragon casi corrió hacia ella, y antes de que pudiera decir nada la asfixió en un abrazo. Saeth se dejó abrazar, sin fuerzas para levantar los brazos, sintió que las emociones se le anudaban en la garganta como si estuviera ahogando un grito. Finalmente no pudo retener más el llanto y apoyó la cabeza en el hombro de Eragon, dando rienda suelta a su tristeza, por segunda vez. Él no dijo nada, pues sabía que sus palaras no podían surtir efecto alguno, en cambio, como buen amigo la consoló en silencio, acariciando su brillante cabellera negra.
-No quiero creerlo Eragon –dijo repentinamente con voz ahogada –Él… se ha ido.
-Lo sé, lo sé –la reconfortó con voz suave.
-Siento… -tragó saliva tratando de recuperar la voz –siento que mi peor temor se está haciendo realidad.
-¿Y cuál es ese temor?
-Temo quedarme sola, sin nadie a mi alrededor. Toda mi vida pretendí que no necesitaba de nadie… pero la verdad es que aún que no necesito de muchas personas, no sé que haría si perdiera a los pocos que significan el mundo para mi… -respiró entrecortadamente, con la angustia clavada en el pecho –Y ahora… siento que está sucediendo… primero Jaru, luego Brom, ahora… -soltó un sollozo retenido –ahora Murtagh… y Angela, ella dijo que esto sucedería. Estoy destinada a tener una vida de sufrimiento ¿Dime qué clase de vida es esa?
-No digas eso –la reprendió suavemente –Yo no permitiré que sufras más, nunca te dejaré sola.
Saeth se sintió agradecida, sin embargo se preguntó cuánto tiempo podría su amigo mantener su promesa. Murtagh no había decidido abandonarla ¿Qué evitaba que le arrebataran también a Eragon?
Se separó de su amigo e intentó sonreírle para demostrarle su agradecimiento, sin embargo sólo consiguió una mueca.
Nuevamente se encaminó a su habitación, esperando poder estar sola. Sin embargo, ya había alguien esperándola allí. Ella lo había conocido antes de la batalla de Farthen Dür, su nombre era Jórmundur, la mano derecha de Ajihad, un cargo que no lo dejaba muy bien parado ante sus ojos.
Saeth se freno frente a él, esperando que se apartase, sin embargo él habló.
-El Concejo te ha convocado y tú has ignorado el pedido ¿Sabes lo mal parada que te deja este hecho? –se veía muy molesto, pero parecía estar controlando su ira.
Saeth soltó un suspiro y sonrió hurañamente. Luego levantó la cabeza y clavó su mirada en los ojos de Jórmundur.
-No me importa… quedar bien parada –dijo firme y pausadamente –no me importa lo que piense tu bendito concejo, lo que piensen los enanos o los vardenos.
-Como no te has querido reunir con el concejo he tenido que venir yo a hablar contigo –dijo Jórmundur ignorando su declaración.
-Claro, por que somos los mejores amigos ¿Verdad? –lo ignoró y pasó a su habitación, donde se lavó la sangre de las manos en una pequeña fuente.
Jórmundur entró tras ella, cansado de su actitud.
-Necesitamos tu ayuda, tal como le pedimos a Eragon, para que quien obtenga el lugar de Ajihad lo haga con la mayor legitimidad posible.
Ella volvió a reír incrédulamente.
-¿De qué les serviría mi apoyo? Soy a quien deberían considerar su enemiga, soy la hija de Galbatorix –no lo dijo en forma de amenaza, era la verdad, según lo que creía, mas allá de todas las cortesías, era la hija de su enemigo. No comprendía de qué les podría servir su ayuda, y tampoco se encontraba con deseos de brindarla. Si el ambiente se volvía muy pesado se marcharía, tan fácil como lo habían hecho los úrgalos, y nadie lo notaría hasta que estuviera muy lejos.
-Aún que no lo creas, y tal vez no lo merezcas –agregó innecesariamente –tu opinión tiene mucho peso aquí, tanto vardenos como enanos te respetan, y eso le dará seguridad al sucesor.
-¿Y a quién tienen en mente?
-A Nasuada.
Saeth se quedó inmóvil, luego se secó las manos con tranquilidad y una sonrisa irónica en su rostro. Lentamente se dio vuelta y miró a Jormundur como si creyera que le estaba tomando el pelo.
-Tienes que estar bromeando. Esperas que YO de MI apoyo, el cual no estoy muy dispuesta a dar, para ayudar a Nasuada –se cruzó de brazos molesta –Dime que es una broma y puede que salgas de una pieza de esta habitación.
- Dentro de dos días se celebrará el funeral de Ajihad –dijo calmadamente Jórmundur -Justo después, planeamos designar a Nasuada como nuestra nueva líder. Queremos que estés presente en el nombramiento y que jures lealtad a los vardenos; así nadie, ni siquiera Hrothgar, podrá quejarse.
Esta vez la risa de Saeth fue una carcajada cargada de desprecio.
-Realmente tienes que estar bromeando.
- Eso devolverá a la gente la confianza que perdió por la muerte de Ajihad y evitará que nadie intente dividir esta organización.
-No –dijo rotundamente.
-¿Eres consciente…
-Sobre mi cadáver juraré lealtad alguna –estaba furiosa de que llegara a molestarla con aquellas tonterías, quería estar sola, necesitaba estar sola para intentar calmar el dolor que le quemaba en el pecho. No era suficientemente fuerte, no para soportar aquello, no sin Murtagh –Ahora vete.
-No seas irracional.
-¡VETE! No te quiero ver ni a ti, a tu concejo o a Nasuada –ya sentía que los ojos volvían a empañársele.
Jórmundur la miró un instante con una mirada imposible de descifrar, pero estaba claro que no le había agradado su decisión.
-Lamento tu perdida –dijo.
-No, no lo hace –respondió ella con ojos empañados.
Jórmundur no dijo más y se marchó.
Entonces Saeth calló de rodillas y rompió a llorar. Esta harta de la vida maldita que le había tocado.
