HoOOOOLA de nuevo )

Tanto tiempo jaj

Nah, lamento los aburridos capítulos anteriores, pero ahora les dejo algo ciertamente interesante

Amiyumi:hola mi primer reviewiera ) jaj, palabra complicada. Mi agente no me permite dar detalles acerca de la trama XD JAJAJAJ. Nah, según mi criterio, y los pedidos de los lectores, es posible que no desarrolle mucho la relación EragonXArya, me cae bien Arya, pero no me agrada lo que le hizo a Eragon, así que la voy a dejar sin el pan y sin al torta… (tiene torta? No, no tiene… entonces por que digo pavadas?) (No me hagas caso, dichos mal usados jaj) Si, como ya dije los primeros son medio emboles, pero bue, ya comienzan las cosas raras, les recomendaría que se acuerden de ellas por que más adelante se explican. Sobre Saeth en Ellesmera jaj, les espera un GRAN sorpresa, la reina se va a caer de (piiiiiiiiiiiiiiiiiiiip) jaj. No te preocupes por el review largo, yo soy peor, en las N/A, las respuestas, los reviews, TODO jaj

Chuicks a todos

ValLLLLL!

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

Para aquellos que aman siempre es demasiado pronto. Demasiado pronto para dejar ir, demasiado pronto para decir adiós. Demasiado pronto para decir "esta vida ha terminado, y no hay más"

Saeth recordaba estas palabras mientras permanecía parada frente a la entrada del túnel por el que había perseguido a los úrgalos, eran las mismas que le había dicho Brom al perder a Jaru, se sentía de la misma desesperante manera, sólo que esta vez no tenía cuerpo sobre el que llorar, sólo le restaba dar su último adiós al viento, con la esperanza de que en algún lugar, estuviera donde estuviera, Murtagh supiera que había alguien que realmente le echaría de menos, y que lloraba su pérdida con amargas lágrimas. Estaba vestido con ropa de duelo, como todos en Frathen Dür, sólo que ella guardaba duelo por una persona completamente distinta.

Se había dado cuenta de que existía en su corazón una herida, una herida que desde la muerta de Jaru no había logrado sanar, y ahora, que la sombra de la muerte volvía a alzar vuelo sobre ella, la herida sangraba una vez más, como ya había sangrado con cada pérdida

Desde la lejanía se escuchó un BUM, proveniente de los tambores del funeral de Ajihad. Probablemente sería la única en todo Tronjheim que no estaba presente.

BUM

Sintió que su corazón se sacudía, aún no podía creer que Murtagh ya no estuviera allí para ella, ni que nunca más lo estaría. Durante el tiempo en el que habían estado separados, aún que había perdido las esperanzas de encontrarlo, seguía cabiendo una posibilidad, sabía que estaba vivo, pero en aquel momento… simplemente era imposible, y lo más duro era aceptarlo.

BUM

Nuevamente su corazón pareció sacudirse con los tambores. Cerró los ojos y susurró unas palabras en el idioma antiguo, una porción de roca se alzó, como si fuera una lápida, pero pronto tomó una forma más compleja, llena de tallados, y con sólo un nombre en ella: Murtagh.

BUM

Se arrodilló, besó la túnica y los guantes cuidadosamente doblados y los dejó frente a la tumba. Luego se puso de pie y contempló lo que había hecho

BUM

Era todo, aquella era la última prueba para aceptar la muerte de Murtagh, sintió una sensación extraña en ella, era como si al escribir su nombre significaba que realmente había muerto, como si ya no hubiera vuelta atrás. Apartó la vista, tratando de evitar el sentimiento de que de cierta forma había matado a Murtagh dándolo por muerto.

Suavemente le llegó una canción, como un triste lamento en un quejumbroso lenguaje. Se colocó la negra capucha y se unió al lamento, tiñendo cada nota con su dolor y su pena. Al terminar la canción cerró los ojos y las lágrimas rodaron por sus mejillas.

No supo cuentas horas pasó allí, de seguro fueron muchas, cuando oyó unos pasos tras ella. No volteó a ver, a pesar de que sabía perfectamente quien era la mujer a sus espaldas.

-Realmente lo voy a echar de menos –dijo Nasuada con voz afectada –era un buen hombre, me entristece que haya desaparecido.

Saeth no contestó inmediatamente, contuvo las lágrimas de cólera que se agolpaban en sus ojos y volteó a ver a Nasuada con una mirada cargada de ira e incredulidad.

-¿Sabes? –Dijo tratando de calmarse –hace unos días, casi había creído que amabas a Murtagh. Estuve a punto, casi de creer que existía alguien más en el mundo que se preocupara por Murtagh de la manera en que yo lo hacía –soltó un suspiro y miró al techo para luego volver a bajar la cabeza –pero me di cuenta de que no te interesa. Nunca lo amaste, su muerte no te importó demasiado ¿Te entristeces? ¿Cómo, de la manera en que uno ve un perro y dice: me entristece que haya muerto? ¿Es esa tu tristeza? Y no me digas que es por mantener la compostura, por que él se merece más que eso. No era un solo hombre, era al hombre que amaba. Y cuando desapareció… no hiciste nada. Fui yo quien tomó su caballo y persiguió a los úrgalos, mientras tú estabas quien sabe donde. Fui yo quien lamentó su pérdida.

-Estaba llorando a mi padre. Preparando su funeral –Nasuada dio un paso hacia ella, visiblemente dolida de sus palabras. Pero Saeth no iba a retractarse –funeral al que no asististe.

-Tal vez tú y todo Tronjheim consideren a tu padre como un gran héroe –los ojos de ambas brillaban con dolor, y ambas miraban a la otra con enojo, sin embargo hablaban calmadamente -No me importa. Puedo ser muchas cosas, no lo niego, pero no soy hipócrita. No voy a presentar mis respetos a un hombre que no respeto. Tu padre asesinó a Jaru, con o sin intención, y en mi mente quedará marcado con ello para siempre. Tú estabas llorando a tu padre, y yo al hombre que amaba. Supongo que estamos a mano.

-Entonces creo que es inútil que te pida que me des tu aprobación para gobernar a los vardenos.

A diferencia de lo que esperaba Nasuada, Saeth no rió ante aquella ridícula idea. Soltó un suspiro y clavó su vista en la tumba de Murtagh.

-Mi vida fue perfecta hasta que cumplí doce años, desde entonces, todo comenzó a derrumbarse –su voz sonaba apagada y distante –es como si me hubieran maldecido. Cada cosa que llego a amar demasiado me la arrebatan. Creo que he llegado al punto en que realmente no vivo, la única razón que me mantiene en pie es mi lealtad hacia Eragon. Él es un gran hombre, pero yo no soy como él. Y no importa lo que digas, mi opinión no pesa en este lugar ni en ningún otro –se dio vuelta y la miró a los ojos –Así que dime ¿Por qué quieres mi aprobación?

Nasuada entrelazó sus manos y bajó la mirada respirando profundamente, al parecer cobrando coraje. Al alzar la vista había cierto brillo en sus ojos.

-Por que he perdido a mi padre, y siento que las fuerzas me flaquean. Sin embargo tú, como has dicho, has pasado por mi situación demasiadas veces y sigues en pie, sigues con tu camino. Eres más fuerte de lo que crees y te admiro por ello, tal como lo hacen todos a tu alrededor.

Saeth no creía sus palabras ¿Nasuada, su enemiga declarada, la admiraba? Todo estaba realmente de cabeza. La miró en busca de una señal de mentira en sus ojos, pero se sorprendió al comprobar que no mentía. Finalmente bajó la cabeza y dijo con terquedad:

-Por mi has lo que quieras, yo no me quedaré aquí por mucho tiempo –pasó por su lado y siguió su camino.

No había dado unos pasos cuando se detuvo y volteó a ver la tumba de Murtagh. Lo siguiente que ocurrió sucedió demasiado rápido como para que pudiera asimilarlo.

Al volver la vista al frente algo la golpeó con fuerza, pero no físicamente, o al menos eso parecía. Era una mente, increíblemente poderosa que chocó contra ella con una fuerza increíble. Y luego, nuevamente el dolor agonizante que ya había logrado olvidar, sólo que esta vez era más fuerte, más intenso. Sintió como si un inmenso poder la abrasara por dentro, abrió los brazos y soltó un grito desgarrador.

Nasuada volteó a verla aterrada, y lo que vio la horrorizó aún más. Saeth estaba rodeada de fuego, un fuego que no parecía quemarla. Lentamente volteó a verla, una sensación de encontrarse ante un ser inmensamente poderoso la abatió al ver sus ojos, que en aquel momento eran completamente blancos y sobrenaturales. Entonces pareció volver a ser ella, gritando por un agonizante dolor.

El fuego se esfumó y calló de rodillas, el collar de Murtagh se desprendió de su cuello para caer al suelo donde se hizo añicos. Fue entonces cuando Saeth perdió el conocimiento, cobrando su verdadera forma, de cabello negro y rasgos élficos.