Como si el aire acabara de regresarle, Saeth se sentó jadeante, e inmediatamente le sobrevino un acceso de tos. Se cubrió la boca con la manga del blanco camisón y cerró los ojos dolorida.
Inmediatamente Arya se acercó a ella, levantándose de su silla cercana a cama. Evidentemente estaban en la habitación de Arya, aún que resultaba difícil diferenciar entre un lugar y otro, todos eran para ella cuevas oscuras.
-Calma, recuéstate –le dijo suavemente, ayudándola a sentarse apoyada en un montón de almohadas. Su semblante era preocupado, era la primera vez que Saeth la veía de aquella forma, siempre parecía ocultar sus emociones a la perfección.
Saeth hizo caso, se encontraba demasiado débil como para protestar. Desde el otro lado llegaban unos gritos, que sólo entonces, con su mente más clara pudo escuchar.
-¡Déjenme pasar!
-Lo siento Asesino de las Sombras, por orden de Arya, nadie puede entrar.
-¡Debo pasar! –Gritaba Eragon enojado -¡Saphira, déjame!
Saeth se quedó sorprendida, Eragon nunca perdía los estribos, al menos no de aquella manera, y casi siempre, por mucho que le molestara solía seguir las órdenes que le daban.
-No es el único que ha reaccionado así –dijo Arya mirando hacia la puerta cerrada –para este momento todos en Farthen Dür deben de saber tu secreto.
-¿Qué sucedió? –preguntó tratando de recordar, le llegó a la mente el recuerdo de un dolor agonizante, lo que hizo que le temblaran las piernas.
-Lo único que se es que al parecer sufriste uno de tus ataques, frente a Nasuada, y el collar de Murtagh se hizo añicos, regresándote tu verdadera forma.
En un acto reflejo, Saeth se llevó una mano a las puntiagudas orejas. Aquello era terrible, si todos sabían la verdad, entonces buscarían respuestas que ni ella misma conocía, ni sabía si quería conocer.
-Fue peor que en las otras ocasiones… -sus ojos se clavaron en la nada –pero hubo algo más, una poderosa mente colisionó contra la mía… fue… -se le apagó la voz al no encontrar palabras para describir lo que había sucedido. Entonces la miró fijamente –Necesito respuestas Arya. Prometiste que me las darías, no puedo pasar un día más con los ojos vendados.
Ella la miró, al parecer buscando la manera de escabullirse de la situación. Finalmente bajó la vista y miró sus manos, respirando tranquilamente, organizando sus pensamientos. Cuando volvió a mirarla, había un brillo de tristeza en sus ojos.
-Tu madre era una elfa. Ella… se enamoró del hombre equivocado, un poderoso jinete. Cuando Esmerelle conoció a tu padre, él era un buen hombre, sus maestros lo alababan, todo parecía perfecto, muchos la juzgaron por estar enamorada de un jinete, pero ella tenía… esa fuerza de carácter, esa motivación para luchar por lo que amaba y por lo que creía –una sola lágrima rodó por la mejilla de Arya –Tanto era el amor que sentía por él… que aún lugo de haber estado separados por años, a pesar de que sabía que él se había convertido en un tirano, ella se marchó a buscarlo. Dijo que cabía la esperanza de que hacerlo cambiar de opinión –sonrió tristemente –Luego me enteré de que había sido madre… aquella noticia me llenó de tanta alegría como de tristeza ¿Qué futuro le esperaba a una niña creciendo en Uru'baen?
-Esa niña… ¿Era yo?
-Si, eras tú, y no tenías ni un año, cuando tu madre quiso sacarte de allí. Darte una mejor vida –Arya tomó aire, su voz parecía a punto de quebrarse –Acordamos encontrarnos a las afueras de Uru'baen, ella te entregaría, y yo sería la encargada de llevarte a Ellesmera, donde podrías estar con tu gente. Pero como ya sabes no terminó nada bien, Durza la siguió, él le tenía tanto odio… tu madre siempre se entrometía en sus planes, siempre aprovechaba la oportunidad de causar algún bien sin levantar sospechas, y lo peor era que tu padre la escuchaba, o al menos eso decía ella. Vi… vi como mataba a tu madre frente a mis ojos y yo... yo… no pude hacer nada, me paralicé y no pude ayudarte, no pude salvarte ni salvarla a ella, al ver su cuerpo sin vida… ella era mi hermana –dijo con voz ahogada.
Saeth se quedó helada al oír último, hasta las lágrimas que habían estado rodando por sus mejillas parecieron congelarse en el aire. Su madre era hermana de Arya. Aquel pensamiento resonó varias veces en su mente antes de que llegara a entender lo que significaba. Eso explicaba el parecido.
Se quedó sin habla, sin saber cómo reaccionar, ahora comprendía el trato de Arya hacia ella y su amabilidad. Y ahora se explicaba por que le habían permitido salir de la celda ¿Tener a una elfa encerrada, y nada más y nada menos que a la sobrina de Arya? Aquello sonaba ridículo.
-Dijiste que Ajihad conocía a mi madre…
-Si, luego de que tu padre perdiera a su dragón ella se quedó un tiempo en Farthen Dür, y luego me ayudó en mi tarea de transportar el huevo, hasta decidió regresar con Galbatorix.
-Ah… -fue lo único que salió de sus labios, como un apagado murmullo. El aire se volvió incómodo y silencioso. Hacía un buen rato que no se oían los gritos de Eragon.
Entonces Saeth vio las pertenencias de Arya, preparadas sobre una silla -¿Ya nos vamos? –dijo sobresaltando a la elfa, que rápidamente areció animarse por el cambio de conversación.
-No, no hasta que te encuentres en condiciones, has sufrido algo muy traumático…
Si dejarle tiempo de terminar, Saeth se puso de pie y se cubrió con una capa.
-No voy a pasar ni un segundo más aquí si cabe la posibilidad de poderme ir.
-No seas terca, aún estás muy débil.
-Necesito salir de aquí Arya, por favor –clavó en ella sus ojos lilas, había urgencia en ellos, tenía que salir de Farthen Dür, escapar de la tragedia.
Arya soltó un suspiro de resignación.
-Muy bien, ve a preparar tus cosas… -ninguna dijo nada, pero quedaba claro que en cuanto Saeth hubiera llegado a asimilar lo sucedido tendrían que hablar de ello.
La chica se cubrió con la capucha y salió de la habitación, inmediatamente Eragon la abordó. Sin embargo ella no se detuvo, agradeció que su habitación fuera contigua a la de Arya, no tenía deseos de atravesar todo Farthen Dür luego de que todos descubrieran su pequeño secreto.
-¿Estás bien? –fue lo primero que dijo Eragon caminando a su lado, preguntando tanto por Saphira como por él.
-Si, sólo cansada.
-¿Qué es todo eso de que eres una elfa? –continuó, urgiendo respuestas.
-Lo que oyes, mi madre era… la hermana de Arya –contestó con franqueza, si ganas de dar rodeos.
Cuando entró a su habitación, se dio cuenta de que Eragon se había paralizado unos pasos más atrás, incapaz de decir palabra alguna debido a la impresión de su declaración.
Saeth no le hizo caso, segura de que necesitaba tiempo como ella, para digerir la verdad. Al entrar en su habitación, empacó sus pocas pertenencias y se sentó en la cama, luego se quitó la capa y miró la manga del camisón con temor, estaba manchada de sangre.
