HELLOOOOOOOOOOO!!!!! Mis disculpas por la tardanza, y yo que creía que ya había subido el 5 y 6 ¬¬ diossss, esta cabeza mía. Bueno, tmb tardé por que estoy castigada jej, claro que ahora no debería estar en la compu, PERO DESDE CUANDO SIGLO LAS REGLAS, decididamente no voy a empezar ahora.
Ayer discutí con el de música COMO LO ODIO; LO DETESTO Y LO ABORRESCOOOOOOOOOOOO (histeria) le voy a hacer una sentada como a la Plachi (ex profesora de naturales en noveno, es una historia muy graciosa) aún que eso no resultó ser muy buena idea…
Volviendo al castigo hmmm… jej, la razón por la que estoy castigada de por vida jejejejejejejejej…. '
Eh… es por que… esteeeeeee…. (silbido) me he llevado un par de materias… poquiiiiiiiiiitas. Eso si, no me crean burra, pasa que llevé demasiado lejos mi filosofía de no estudiar, a un paso más adelantado de no hacer la prueba de música, no entregar los trabajos y faltar a la evaluación de filosofía jejejejej. Pero mi hermosa filosofía funcionaba tal como estaba, no por nada salí mejor alumna el año pasado )… aún que este (
Mejor me pongo a contestar los reviews:
Azamy-Delacour: Yo también lamento no haber subido mis caps antes… y creo que lo de las materias lo voy a lamentar durante todo el trimestre ¡Hoy no pude ir a coyoteeee!! Noooo TTTT . Hablando de cosas más felices, no te preocupes, Saeth va a hallar la felicidad muy pronto (cara pícara)Pero como ya he dicho, mi agente Nowe no me permite revelar detalles de la trama jajajajja.
Raihen/ l ) D XD ESSSSTOY EN LOS FAVORITOS DE ALGUIEN (emoción, emoción, emoción) Gracias, gracias, gracias. Me sonrojooooooooooooooooooO jajajaj.
Nada más que decir excepto que gracias por los reviews ) gracias por leer ) y gracias por bancar mis pavadas X) Sigan en sintonía que pronto volveremos con más reencarnación.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………..
Durante el resto del viaje Saeth se volvió más y más cerrada. No hablaba a menos que le dirigieran la palabra, e incluso en esas ocasiones sólo respondía con monosílabos. Era como si el luto se hubiera asentado permanentemente en su rostro, día y noche el recuerdo de Murtagh viajaba con ella hasta el punto en que creía que enloquecería. Lo extrañaba demasiado.
Se sentía fuerte nuevamente, pero no así su corazón. Por dentro se sentía caer a pedazos. Una vez en Du Weldenvarden llegaron a un pequeño prado abierto entre el río y el bosque.
-Paremos aquí -dijo Arya en voz baja. Se adelantó y se quedó sola en medio de la lustrosa hierba, y luego gritó en el idioma antiguo-: ¡Salid, hermanos! No tenéis nada que temer. Soy Arya, de Ellesméra. Mis compañeros son amigos y aliados; no pretenden haceros ningún daño.
Durante unos cuantos minutos, sólo se oyó el río que discurría tras ellos, hasta que entre las hojas salió una voz élfica, rápida y breve. Arya respondió:
-Sí.
Con un susurro, dos elfos se plantaron al borde del bosque y otros dos corrieron con ligereza por las ramas de un roble retorcido. Los que iban por tierra llevaban largas lanzas de filos blancos, mientras que los otros iban armados con arcos. Todos llevaban túnicas del color del musgo y de corteza, bajo capas volantes atadas en los hombros con broches de marfil.
Los elfos saltaron de los árboles y abrazaron a Arya, riendo con voces claras y puras. Se estrecharon las manos y bailaron en círculo como niños, cantando felices mientras rodaban por la hierba.
Entonces Saphira bajó hacia el río y se instaló junto a Eragon. Al ver que se acercaba, los elfos gritaron asustados y la apuntaron con sus armas. Arya habló deprisa en tono tranquilizador, señalando primero a Saphira y luego a Eragon. Cuando se detuvo para tomar aliento, Eragon se quitó el guante que llevaba en la mano derecha, agitó la mano para que la luz de la luna iluminara el gedwéy ignasia y dijo:
-Eka fricai un Shur'tugal. -Soy un Jinete y un amigo. Luego se tocó los labios antes de añadir-: Atra esterní ono thelduin. –parte de la cortesía élfica que Arya le había enseñado.
Los elfos bajaron las armas y la alegría irradió sus rostros angulosos. Se llevaron los índices a los labios e hicieron una reverencia dedicada a Eragon y Saphira, al tiempo que murmuraban su respuesta en el lenguaje antiguo.
Luego se levantaron, señalaron a los enanos y se rieron como si alguien hubiera hecho una broma, cuando uno de ellos se fijó en Saeth. La muchacha como siempre se mantenía al margen, pero el otro no tardó en reconocerla, puesto que era la viva imagen de su madre.
Se quedó mirándola boquiabierto y luego intercambió unas palabras con Arya. Finalmente se le acercó.
-Es un placer tenerte entre nosotros Saeth, mi nombre es Lifaen –le sonrió abiertamente y ella intentó responderle de igual forma, pero el rostro del elfo se entristeció al ver el dolor en el suyo.
Lifaen se separó de ella y junto con los otros elfos los dirigieron hacia sus cabañas que estaban apiñadas alrededor de un gran roble.
Los cuatro elfos desaparecieron dentro de las cabañas, volvieron a salir con los brazos cargados de frutas y verduras y empezaron a preparar una comida para sus invitados. Canturreaban mientras trabajaban y pasaban de una tonada a la siguiente según les venía en gana.
En cierto momento, Lifaen se dirigió a Eragon mientras preparaba la comida.
-¿Cuál es la razón del dolor que aflige a la joven Saeth? –preguntó preocupado.
Eragon miró a su amiga que estaba sentada entre las sombras en silencio, apartada del resto y de la felicidad contagiosa de los elfos.
-Hace poco tiempo perdimos a nuestro amigo, ellos estaban muy enamorados y Saeth ha sufrido demasiado a lo largo de su vida.
Lifaen suspiró.
-Perder a un ser amado es uno de los golpes más duros que podemos sufrir. Pero no te preocupes por ella. Du Weldenvarden es un lugar de alegría, alejado del resto del mundo y es también el lugar perfecto para que, con el tiempo, su corazón sane. Sólo debes tener paciencia y no tardaras en ver a tu amiga sonreír nuevamente.
Eragon le devolvió la sonrisa pero al volver la vista a Saeth se preguntó si en verdad llegaría a sanar.
----
A la mañana siguiente, Thorv y el resto de los guardias enanos se marcharon, llevando consigo a Nieve de fuego y Gorm, puesto que el resto del camino lo harían en botes. A Saeth le costó mucho despedirse de su fiel amigo, y le hizo prometer varias veces a Thorv que cuidaría de él.
El resto del camino Saeth continuó tan taciturna como al comienzos de su viaje con Eragon y Brom, sólo cuando la hermosa ciudad de Ellesméra apareció ante ellos, su semblante cambió, trasluciendo la sorpresa que experimentaba. Sin duda parecía una ciudad viviente, adaptándose ella a la forma de la naturaleza, en vez de intentar moldearla como solía hacer el resto de las razas.
Seguidos de cerca por los ojos almendrados de los habitantes de la ciudad, Eragon, Saphira, Arya, Saeth, Orik y los cuatro elfos se encaminaron por un sendero hecho de adoquines, mientras que en alguna parte sonaba una hermosa canción. Saeth sintió una extraña sensación, al comprender que ella podría haber pasado toda su vida en Ellesméra, ser una de las caras sonrientes que los recibían. Tantas cosas habrían sido diferentes, se habría ahorrado tantos sufrimientos, y sin embargo se dio cuenta de que, de no haber fallado el plan de su madre, y Arya la hubiera llevado a Ellesméra de pequeña, nunca habría conocido a Jaru, tal vez tampoco a Brom, Saphira o Eragon, y definitivamente no a Murtagh. Se habría perdido tantos momentos felices. No podía imaginarse la vida que habría llevado, le parecía terrible el no haber tenido a sus amigos, ni siquiera por un corto tiempo, pero a la vez le parecía maravilloso nunca haber sufrido lo que le había tocado sufrir. Por primera vez en su vida se preguntó si aquellos momentos felices habían valido todo el sufrimiento, era fácil decirlo ¿Pero de veras prefería unos pocos días disfrutados con Murtagh que toda una vida sin él? O lo que había aprendido de Borm, el hermoso lazo que tenía con Jaru, ver la felicidad en el rostro de Eragon a pesar de saber que estaba marcado a correr un gran peligro ¿Acaso todo ello había valido la pena?
Aquella duda se instaló en su mente. Necesitaba paz y tranquilidad para meditarlo, no quería vivir con ello y necesitaba resolverlo. Pero no allí y no en aquel momento.
El sendero terminaba entre una red de raíces que conformaban escalones, como charcos limpios de tierra. Ascendían hasta una puerta encastrada en un muro de pimpollos, aparentemente por su propia voluntad, esta se abrió y reveló una plaza arbolada. Cientos de ramas se fundían para formar un techo de celosía. Debajo había doce sillas alineadas a lo largo de las paredes laterales, sobre las que reposaban caballeros y damas. Sabios, hermosos y puros, parecían ser más importantes que el resto, puesto que sus frentes estaban coronadas con diademas.
A la cabeza de la asamblea había un pabellón blanco que daba sombra a un trono de raíces nudosas. En él estaba sentada la reina Islanzadí. Era bella como un ocaso de otoño, orgullosa e imperial, con dos cejas oscuras rasgadas como alas alzadas al viento, los labios brillantes y rojos como zarzas y una melena de medianoche recogida bajo una diadema de diamantes. La túnica era carmesí. Rodeaba sus caderas una faja de oro trenzado. Y la capa de terciopelo que se cerraba en torno al cuello caía hasta el suelo en lánguidos pliegues. Pese a su planta imponente, la reina parecía frágil, como si escondiera un gran dolor.
Junto a su mano había un cilindro curvado con una cruceta grabada. Un cuervo blanco se aposentaba en ella y cambiaba la garra de apoyo una y otra vez con impaciencia. El pájaro alzó la cabeza y soltó un largo y grave graznido y aulló:
-¡Wyrda!
La puerta se cerró tras ellos seis cuando entraron en el vestíbulo y se acercaron a la reina. Arya se arrodilló en el suelo cubierto de musgo y fue la primera en hacer una reverencia; la siguieron Eragon, Orik, Lifaen y Narí, e incluso Saeth y Saphira, que jamás habían hecho reverencias ante nadie, agacharon la cabeza. La chica sentía que le debía algo de respeto, ella era una elfa, y su madre lo había sido. Islanzandí era su reina, y aún que estaba segura de que nunca llegaría a considerarla como tal, era lo correcto que se inclinara ante ella, al menos una vez.
Islanzadí se levantó y descendió del trono, arrastrando la capa tras ella. Se detuvo delante de Arya, apoyó sus manos temblorosas en sus hombros y dijo con un potente vibrato:
-Levántate.
Arya se levantó, y la reina estudió su cara con creciente intensidad, hasta tal punto que pareció que intentara descifrar un oscuro texto.
Al fin, Islanzadí soltó una exclamación, abrazó a Arya y le dijo:
-Ah, hija mía, qué males te he causado.
Saeth se quedó helada, y pareció que Eragon, Saphira y Orik también. Pronto la sorpresa de Saeth dio paso a la indignación. ¿Cómo era posible que Arya no considerase oportuno hacerle saber que su madre había sido hija de la reina de los elfos? No estaba preparada para ello, tal vez nuca lo estaría, pero al menos podría haber ensayado una cara para poner. No esperaba encontrar en Ellesméra ningún pariente vivo, mucho menos que aquel pariente fuera de la realeza ¿Qué creía Arya, que ella correría a los brazos de Islanzandí gritando "abuela"? ¿Qué se había propuesto con todo aquello? Era verdad que de haberlo sabido era posible que se negara a viajar a Ellesméra, pero eso no dejaba de lado el hecho de haber sido engañada.
Estaba nerviosa, terriblemente nerviosa, deseaba correr y esconderse antes de que la reina la reconociera ¿Y que si la detestaba? Su madre había abandonado su pueblo para reunirse con el mayor tirano de Algaesía, ella misma era la hija de Galbatorix. No le extrañaría que la mandaran a encerrar como en Farthen Dür, o algo mucho peor. Comenzó a sentir más furia contra Arya por haberla puesto en una situación tan comprometedora, su mente comenzó a divagar, e incluso a buscar un posible escape en caso de emergencia. Todo sucedía muy rápido, no escuchó el intercambio de serias palabras entre su tía y su abuela, sólo registró el hecho de lo extraño que sonaba aquello. Para cuando intentó ocultarse detrás de Saphira ya era demasiado tarde, Arya estaba hablando.
-Madre, hace muchos años perdiste una hija, tu primogénita.
La tristeza fue clara en los rasgos de Islanzandí, pero Arya continuó hablando.
-Durante largo tiempo creímos que su niña había muerto también, cubrimos nuestros corazones con un velo de luto. Sin embargo –continuó –mientras me encontraba ausente, el destino puso en mi camino el fruto del vientre de mi amada hermana, me e encargado de protegerla, aún que no he logrado proteger su corazón, para que el día de hoy regresara a su pueblo, a los brazos de su familia que nunca debería haberla perdido. Madre, te presento a tu nieta, Saeth –Arya se hizo a un lado dejando a Saeth frente a la reina.
La muchacha sintió el estómago vacío, lentamente levantó la cabeza para enfrentar a Islanzandí, quitándose a la vez su capucha. Pudo ver cada leve cambio en el rostro de su abuela, hasta que su semblante de sorpresa se dulcificó y abrió los brazos. Antes de que Saeth pudiera reaccionar, la reina la encerraba en un afectuoso abrazo, con cierto aire maternal que nunca había experimentado. Incómoda intentó corresponderle torpemente.
-Me alegra que estés en casa nuevamente –le susurró la reina al oído –mi niña.
