Como no tengo nada que decir voy a contestar la oleada de reviews ) que me poner re feliiiiiizzzz. Si, ya se que puedo responderlos en el de los reviews, pero prefiero responderlos acá ) ) ) por que soy re rebelde XP jajajaj

AzamyDelacour: JAJAJ, seguro que todos se cayeron redonditos cuando descubrieron que Saeth era sobrina de Arya jajaja, y no saben lo que les esperaaaa jajajaj

Raihen: Graciassssss! Me alegra que te agrade mi forma de escribir, muchos no se dan cuenta, pero está en la forma de escribir del autor, gran parte del poder de lo que está contando. Así que si les gusta es que estoy haciendo algo bien ¿Verdad? Hablando de formas de escribir, creo que muchos, aparte de mi se habrán dado cuenta de cuan distinta era la forma de escribir de Rowling en el sexto libro comparación con el primero ¿No les parece? Es como si lo hubiera escrito pensando en la película, creo que no tiene nada que ver, pero quería comentarlo jajaja

Silent-movie: SIIIIIIII jajaja, todo el mundo le tiene pena pobre chica, antes de que me de cuenta van a crear una asociación "salven a Saeth" y a mi me van a linchar por perversa. No te preocupes, a mi tampoco me agradan los políticos ¬¬ maldita reina. Ahora por eso me voy a pelear con Islanzandí, por que… por que… TIENE UN NOMBRE MUY COMPLICADO DE ESCRIBIR!!!

De en serio voy tan rápido?? Y a mí que me parecía lento mi ritmo… Ya me sentía culpable por no haber podido actualizar antes…

Bueno, con autorización de mi representante voy a responder tus preguntas jjajjajajaja XD:

-La verdad es que, siendo honestos, no lo había pensado…

-… decías? (cri cri) jaj

-nooooooooooooo, bah… no creooO, ya veré que le hago.

-Aún non non, pero si, con el tiempo. MUUUUUUUUUURRRRTAAAAAAAAAAAAGGGGHHH, lo siento, la emoción jaajjajaj.

-Oooooooh jojojojojo, ahí empieza la mejor parte

Gracias por los deseos ) ) ) me anima mucho que pienses eso.

Y si, seguiré actualizando a velocidad rayo… bueno, de contrabando, pero seguiré actualizando )

Ah, y yo nunca olvido a mis revieweadores D

Besossssss

Como dice nowe, aplausos, premios y medallas.

… ahora que me doy cuenta… el símbolo igual no aparece en el texto… noooooooooo!!! Mis caritaaaaaaaaassssss.

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Cuando ya tenía a casi todo Tensó el puño izquierdo de tal modo que se le clavaron las uñas en la palma. Alzó la mano, la abrió y mostró a todo el mundo las lágrimas encarnadas que goteaban por su brazo.

-Esto -les dijo- es mi dolor. Miradlo bien, porque será vuestro si no derrotamos la maldición que nos ha enviado el caprichoso destino. Atarán a vuestros amigos y parientes con cadenas y los destinarán a la esclavitud en tierras extranjeras, o los matarán ante vuestros ojos, abiertos en canal por los filos despiadados de las armas de los soldados. Galbatorix sembrará nuestra tierra con sal para que quede estéril para siempre. Lo he visto. Lo sé.

Caminaba de un lado a otro como un lobo enjaulado, con el ceño fruncido, y meneaba la cabeza. Saeth lo miraba admirada, jamás había visto tal fuerza, tal decisión en un hombre, tanto dolor había en sus ojos que le recordó al suyo propio. Sabía que había pasado por lo mismo que ella, de alguna forma sabía que era así, tal vez debido a las lágrimas en su rostro, los ojos enrojecidos o las emociones plasmadas en ellos, como una ventana a su dolor.

Repentinamente despertó sobresaltada con un nombre resonando en su mente, como un lamento enviado por el viento. Katrina.

No estaba más en aquel pueblo destruido de su sueño, rodeada de esos rostros cansados, tan admirados por la fuerza de su líder como lo estaba ella. Aquella fuerza, el poder en su mirada, le recordaba a alguien más, sin embargo no recordaba a quién.

No tardó en aparecer Arya, que le pidió que la acompañara por que la reina solicitaba la presencia de todos. Fuera se encontró con Eragon, Orik y la reina, juntos se encaminaron por un sendero que los llevó al borde de Ellesméra, donde había pocos edificios y los caminos, de poco usados, apenas se veían. En la base de un montículo arbolado, Islanzandí se detuvo y anunció con voz terrible que debían de jurar nunca revelar lo que verían a continuación, no teniendo otra opción, todos aceptaron.

Saeth estaba nerviosa por tanto secreto, no le agradaban los juramentos ni la desconfianza que le tenían.

-Gracias -dijo Islanzadí-. Ahora podemos proceder.

En lo alto del montículo, los árboles cedían su lugar a un lecho de tréboles rojos que se extendían unos cuantos metros hasta el borde de un precipicio de piedra. El precipicio se alargaba cinco kilómetros en cada dirección y caía unos trescientos metros hacia el bosque, que luego se extendía hasta fundirse con el cielo. Parecía que estuvieran en el límite del mundo y contemplaran una infinita vastedad de bosques.

Zum. El aire tembló por la fuerza de la sacudida. Zum. Otro golpe seco y Saeth se tambaleó.

Zum. Se tapó los oídos con los dedos para protegerlos de la presión de aquel sonido. Los elfos permanecían inmóviles. Zum. Los tréboles se cimbrearon bajo una repentina ráfaga de viento.

Zum. Desde la parte baja del precipicio ascendió un enorme dragón dorado con un Jinete a su espalda.

-Imposible… -fue lo único que pudo decir al ver el descomunal dragón dorado. Era enorme, como ninguno que hubiera visto antes, aún que sólo había tenido la suerte de conocer a Saphira y Jaru. Era imponente como una montaña y brillaba como oro puro. Sus ojos eran tan sabios e himnotizantes que apenas le hizo caso al elfo sobre su lomo. Un dolor que sólo un jinete podría haber experimentado la recorrió al ver un muñón blanquecino en donde en algún tiempo habría estado la poderosa pata izquierda delantera.

Se sorprendió aún más al ver a Eragon arrodillarse ante el jinete cuando este dewcendió cn cuidad por la pierna intacta.

-Osthato Chetowá –dijo - El Sabio Doliente... He venido como me pediste. –Se llevó dos dedos a los labios-. Atra esterní ono thelduin.

El Jinete sonrió. Tomó a Eragon por los hombros, lo levantó y lo miró con bondad. Saeth no se explicaba cómo era posible que Eragon lo onociera. Entonces recordó lo que él había dicho luego de haber estado grabe tras la batalla de Farthen Dür "he recibido ayuda". No podía pensar en otra ayuda tan poderosa como para mantenerlo con vida.

-Mi verdadero nombre es Oromis, Eragon Asesino de Sombras –dijo el jinete. Era un elfo de cabello plateado, vestido con una brillante túnica blanca que contrastaba con los destellos que arrancaba la luz del amanecer sobre las escamas doradas del dragón.

-Lo sabías -murmuró Islanzadí con una expresión herida que pronto se transformó en una tormenta de rabia-. ¿Sabías de la existencia de Eragon y no me lo dijiste? ¿Por qué me has traicionado, Shur'tugal?

-Guardé silencio porque no estaba seguro de que Eragon, Saeth y Arya vivieran lo suficiente para llegar hasta aquí; no tenía intención de proporcionarte una frágil esperanza que en cualquier momento podía truncarse.

Islanzadí se dio la vuelta con brusquedad. Su capa de plumas de cisne se inflaba como si tuviera alas.

-¡No tenías ningún derecho a ocultarme esa información! Podía haber enviado guerreros para proteger a Arya, Saeth, Eragon y Saphira en Farthen Dür y para escoltarlos a salvo hasta aquí.

Oromis sonrió con tristeza.

-No te he escondido nada, Islanzadí, salvo lo que tú misma escogiste no ver. Si hubieras escrutado la tierra, como es tu obligación, habrías detectado la causa del caos que recorría Alagaésia y habrías descubierto la verdad sobre Arya y Eragon. Que en tu dolor te olvidaras de los vardenos y los enanos es comprensible, pero ¿de Brom? ¿De Vinr Álfakyn? ¿Del último amigo de los elfos? Has permanecido ciega al mundo, Islanzadí, y te has relajado en el trono. No podía arriesgarme a alejarte todavía más sometiéndote a otra pérdida.

La furia de Islanzadí amainó y la reina quedó con el rostro blanco y los hombros caídos.

-Ya no soy nada -susurró.

Saeth no dijo nada, sino que miró a su abuela por un instante, repentinamente parecía muy disminuida y frágil, como la primera vez que la habían visto.

El dragón se agachó para enfrentar a Eragon, y entonces Saeth notó los ojos de Oromis clavados en ella. Aquella mirada la hizo sentir incómoda, como si le reprochara crímenes aún no cometidos, sin embargo a la vez parecía haber cierta compasión en ellos. Aquella mirada bastó para derrumbarla, hacerla sentir pequeña e insignificante ante alguien tan sabio. Se enfureció al notar nuevamente la sensación que había tenido al encontrarse por primera vez frente a la inmensidad de Algaesía, una niña sola e inexperta.

Le llegó el destello de unos ojos enormes y la voz masculina del dragón resonó en su mente, como un trueno. Sólo dijo una cosa:

Confío en que tomarás la decisión correcta.

Saeth trató de no temblar ante el poder de aquella declaración. La advertencia de Brom regresó a ella, junto con la de Angela, aquella inminente decisión se acercaba a toda velocidad como un alud cayendo de una montaña, y no había nada que ella pudiera hacer para detenerla.

Luego Glaedr centró su atención en Saphira. Ella se quedó quieta por completo, con el cuello rígidamente arqueado mientras Glaedr le olisqueaba la mejilla y el borde de un ala.

Durante ese silencioso intercambio, Orik se presentó a Oromis.

-Ciertamente, esto va más allá de lo que me hubiera atrevido a esperar o desear. Eres una agradable sorpresa en estos tiempos oscuros, Jinete. -Se llevó un puño al corazón-. Si no es demasiado presuntuoso, quiero pedirte un gran favor en nombre de mi rey y mi clan, tal como es costumbre entre los nuestros. Oromis asintió.

-Y yo te lo concedo si está en mi poder.

-Entonces, dime: ¿por qué has permanecido escondido tantos años? Te necesitábamos mucho, Argetlam.

-Ah -dijo Oromis-. Hay muchas penurias en el mundo, y una de las mayores es no ser capaz de ayudar a los que sufren. No podía arriesgarme a abandonar este santuario, pues si hubiera muerto antes de que prendiera alguno de los huevos de Galbatorix, no habría quedado nadie que pudiera pasar nuestros secretos al nuevo Jinete y aún hubiese resultado más difícil derrotar a Galbatorix.

-¿Ésa fue tu razón? -espetó Orik-. ¡Ésas son las palabras de un cobarde! Los huevos podrían no haber prendido nunca.

Todo el mundo guardó un silencio absoluto, salvo por un leve gruñido que brotó de entre los dientes de Glaedr.

-Si no fueras mi huésped -dijo Islanzadí-, yo misma te golpearía por este insulto.

Oromis abrió los brazos.

-No, no me ofende. Es una reacción válida. Entiende, Orik, que Glaedr y yo no podemos pelear. Glaedr está discapacitado, y yo -se tocó un lado de la cabeza- también estoy mutilado. Los Apóstatas me partieron algo por dentro cuando era su cautivo y, aunque todavía puedo enseñar y aprender, ya no controlo la magia, salvo algunos hechizos menores. El poder se me escapa, por mucho que me esfuerce. En una batalla sería algo peor que un inútil, alguien fácil de capturar, y luego podrían usarme contra vosotros. Por eso me alejé de la influencia de Galbatorix, por el bien de la mayoría, pese a que ansiaba enfrentarme a él abiertamente.

-El Lisiado que está Ileso —murmuró Eragon y Saeth lo miró con curiosidad.

-Perdóname -dijo Orik. Parecía golpeado.

-No tiene ninguna importancia. -Oromis apoyó una mano en el hombro de Saeth –Así que tú eres la hija de Esmerelle.

Saeth no dijo nada, sino que lo miró fijamente.

-Hay mucho poder en tu mirada, y aún más en ti del que conoces. Eres parecida a tu madre, pero o olvides que si pierdes el rumbo puedes parecerte a tu padre.

Todos silenciaron ante las palabras de Oromis que tranquilamente podrían haberse considerado una agresión contra Saeth, o una muestra de desconfianza. Sin embargo Oromis esperó una respuesta a ello, Saeth sabía que la juzgaría en base a lo que dijera a continuación.

-Lo sé Oromis-Elda. Pero he jurado jamás ser como él. No importa el rumbo que tome mi vida, ni lo que parezca ante los ojos de la gente. Soltaré mi último respiro antes de que mi vida acabe como la suya.

Oromis asintió y sonrió.

-Tu corazón sanará princesa Saeth, más pronto de lo que crees. No te asustes cuando ello suceda –se separó de ella y miró a la reina -Islanzadí Dróttning, con tu permiso...

-Id -dijo ella, cansada—. Id y dejadme sola.

Glaedr se agachó hasta el suelo y Oromis trepó con agilidad por la pierna hasta la silla de la grupa.

-Venid, Eragon y Saphira. Tenemos mucho que hablar.

El dragón dorado abandonó el risco de un salto y trazó un círculo en lo alto, llevado por una corriente de aire.

Eragon y Orik entrechocaron los brazos con solemnidad:

-Honra a tu clan -dijo el enano.

Mientras montaba en Saphira, Eragon miró a Saeth y le sonrió, con una mescla de alegría y asombro. Ella sólo le sonrió tristemente pero bajó la vista al instante, levemente preocupada.

Los dragones se alejaron poco a poco, hasta que Saeth dio media vuelta y se marchó por el sendero. Su mente regresó al muchacho que había perdido a su amada ¿Quién era? Tenía que ser real. Y aquellos ojos castaños, cansados, pero a la vez tan vigorosos, sabía que los había visto en otro lugar, como una luz en medio de la oscuridad.

Sacudió la cabeza y sus manos se deslizaron por la cadena de Murtagh, mientras sus ojos se perdieron en el infinito cielo oculto tras las copas color esmeralda de los árboles que se entrelazaban creando una especie de techo calado.