Me demoré por que tuve que hacer un par de cosas, pero aquí está, tal como lo he premetido. El capítulo más esperado
Azamy-Delacour: Jej, fue divertido ver sus reacciones jajaj,… UU perdón… jaj. Ahora en instantes podr´qas ver la sorpresita de Saeth .
silent-movie: Jej Eragon es transparente pobrecillo mi pequeño. Como le dije a Azami, faltan sólo instantes para que descubras lo del Agaethi Blodhrem o como sea Que todavía no me lo aprendo!!!
He actualizado en… veamos unas 15 horas jaj, mas o menos, no es exacto. No puedo creer que lo releas que emoción jajajaj :D
Por lo de Roran no te sientas mal, ahora soy yo la que se siente culpable por haberles hecho creer a todos… UU'. Me acabás de arruinar la sorpresa! Y yo que quería que la piedra filosofal fuera sorpresa jajajaj, naaaaaaaaaaaaa, mentira, no es la piedra filosofal, pero estuvo cerca jaj. El café no me hace efecto jajaja, soy indestructible jajajja. En cuanto al lemon, me gusta complacer a mis lectores, pero me temo que en eso no voy a poder, me alaga que me creas tan buena escritora y me tengas tanta confianza para ello, pero nunca he escrito un lemon y temo que no lo haría bien. Cualquier cosa después hago una versión adultos de mi fic jajajajaj.
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Terminando con los reviews, quiero comentar algo colgado para hacerles perder el tiempo jaj. La primera vez que leí el capítulo del Agaetí Blódhren (pongo copiar y pegar para escribirlo jjajajja) me hizo acordar a la vez en Coyote en que me puse moooooooooy en pedo, lo juro, la cosa es así, y al otro día te despertás y decís OIA! Dónde toy? Jajaj Para mi que Paolini se tomó unos cuantos tekilas, un séptimo regimiento y después de ver lo que pasaba se puso a escribir jajajajjujujujujujjajajajaj XD Xx
Bueno mejor los dejo que estoy tentada y me voy a estar riendo por un buen rato.
Aplausos, premios y medallas
Val
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Saeth Arya y Eragon llegaron junto al árbol de Menoa, allí ya esperaban todos los elfos. Pasaron unos momentos de emoción contenida hasta que finalmente llegó la media noche.
Entonces Islanzadí alzó el brazo izquierdo de tal manera que señalaba la luna nueva como una lanza de mármol. Una leve esfera blanca se formó sobre la palma de su mano a partir de la luz que emitían las linternas diseminadas por el árbol Menoa. Entonces Islanzadí caminó por la raíz hacia el gigantesco tronco y depositó la esfera en un hueco de la corteza, donde permaneció con un latido.
Eragon se volvió a Arya.
-¿Ha empezado?
-¡Ha empezado! -Se rió-. Y terminará cuando esa luz se extinga.
Los elfos se dividieron en campamentos informales a lo largo del bosque y del claro que rodeaba al árbol Menoa. Hicieron aparecer, aparentemente de la nada, mesas cargadas con fantásticas viandas que, por su fantasmagórico aspecto, eran obra del trabajo de los hechice-ros tanto como de los cocineros.
Luego los elfos empezaron a cantar con voces claras que sonaban como flautas. Entonaron muchas canciones, pero cada una era parte de una melodía mayor que trazaba un hechizo en la noche soñolienta, potenciaba los sentidos, eliminaba las inhibiciones y traía la diversión con una mágica fantasía. Sus versos hablaban de gestas heroicas, de expediciones en barco y a caballo a tierras olvidadas y del dolor de la belleza perdida. Saeth sonrió, la música comenzaba a apoderarse de ella, casi parecía que los latidos de su corazón acompañaban el ritmo. Miró a Saphira a su lado que tarareaba y la dragona le devolvió la sonrisa.
Hora de divertirse –dijo la dragona con ojos vidriosos.
Hora de divertirse –corroboró la chica.
A partir de ese entonces todo fue brumoso, no recordaba el orden en que cada cosa había sucedido, ni si en verdad había sucedido o sólo lo había imaginado. Impulsada por la alegría a su alrededor dejó que la música guiara sus pies, se abandonó al baile como nunca lo había hecho. Continuamente le llegaban imágenes de risa, mucha risa. Había momentos que perdía la noción de dónde estaba, y había otros en los que parecía recuperar la lucidez, pero nunca abandonaba el júbilo. No había disfrutado tanto en mucho tiempo, y se alegro de que la música élfica tuviera tal poder como para hacerle olvidar sus preocupaciones, todo era perfecto, no existía nada más que sus pies descalzos danzando sobre la suave hierba.
Recordaba que en un momento, sin dejar de reír había arrancado a Eragon de su lugar, sentado junto un árbol y lo había hecho bailar con ella. Se recordaba también riendo junto a Saphira. Era como si todas las risas que no había tenido se le fueran otorgadas en aquella celebración.
Recordaba las presentaciones de los elfos, objetos maravillosos, de colores inimaginables y los sonidos más hermosos, los poemas parecían cada vez más emotivos. El poema de Arya había sido precioso y también el de su abuela, Eragon había interpretado una balada inspirada en sus experiencias que maravilló a todos. Sin embargo, cuando ya comenzaba a disfrutar fue su turno, y el nerviosismo se apoderó de ella.
Separándose de Saphira avanzó hacia el centro, con el cofre firmemente aferrado en sus manos. Tomó aire y miró a los elfos a su alrededor.
-Cuando llegué aquí mi corazón estaba roto. He perdido a demasiados seres amados y ese dolor me ha seguido como un estigma desde entonces –les echó una mirada a Eragon, Saphira y Arya que la miraban seriamente, pero a la vez le infundían ánimos para seguir –Pero aquí, en Ellesméra, las piezas de mi corazón se han ido recomponiendo una a una. Así que he decidido hacer algo en homenaje a lo que amo y lo que he perdido.
Depositó el cofre en el suelo y susurró unas palabras en idioma antiguo que nadie alcanzó a oír. La tapa del cofre se abrió y entonces Saeth entonó con suave voz, de una manera que nunca había cantado.
Cuando
llegue el frío del invierno
Una noche sin estrellas cubrirá
el día
Cuando caiga el velo sobre el sol
Caminaremos
en una lluvia helada
De la caja salió un pequeño dragón violeta, sus escamas brillaban bajo la permanente luz del crepúsculo. Parecía casi real, pero estaba hecho con los fragmentos del collar de Murtagh. Se escuchó el suspiro contenido de todos que rápidamente estallaron en exclamaciones de admiración. El pequeño dragón alzó la cabeza y soltó una llamarada de fuego color espliego en el que se podían distinguir distintas figuras, entre ellas el contorno de un anciano con sombrero en punta. Prácticamente las figuras parecían un corto relato de las personas en la vida de Saeth.
Pero en
sueños... puedo escuchar tu nombre
Y en sueños...
nos encontraremos nuevamente
Del cofre estalló una explosión de tonos de violeta y lila, y unas mariposas de luz salieron de él. El dragón alzó vuelo entre las estelas de luz que arrancaban destellos lilas de sus escamas de piedra preciosa.
Cuando
los mares y las montañas caigan
Y lleguemos al fin de los
días
En la oscuridad escucho un llamado
pidiéndome
que vaya, iré hasta allí
Y volveré nuevamente
Con la última nota el dragón se quedó inmóvil, convertido en una estatuilla de piedra lila. Las luz se apagó y entonces os elfos estallaron en vítores.
-Querida niña, ese ha sido uno de los espectáculos más hermosos que he visto, tienes la misma voz de tu madre –la felicitó Islanzandí.
Así continuó la oleada de halagos de los elfos y sus amigos que insistían en ver de cerca la estatua del dragón que cobraba vida con su canto. Finalmente se tiró contra el tronco del árbol de Menoa, cerrando los ojos, mientras la música estallaba nuevamente, hechizando sus sentidos. No supo si se había dormido, pues nunca sabía si estaba soñando o no, cuando sintió que alguien se acercaba y se paraba frente a ella.
Lentamente abrió los ojos, con la sonrisa siempre en su rostro. Sin embargo la sonrisa se borró por primera vez, dejando sólo una expresión pasmada. Allí estaba, parado frente a ella, con una sonrisa dibujada en su apuesto rostro, los mechones de cabello oscuro cayendo sobre su rostro, era imposible, pero allí estaba, era Murtagh. Él sólo la miró a los ojos y le tendió una mano para ayudarla a ponerse de pie. Ella aceptó la ayuda, todo el tiempo como si estuviese en un sueño. Ya la música parecía haber perdido sonido, aún que no efecto, mientras permanecía tomada de las manos de Murtagh.
Intentó decir algo, pero las palabras simplemente no salieron de su boca. Para corregir el hecho de haberse quedado boquiabierta soltó una risa, y lo abrazó. No importaba que fuera un sueño, estaba allí. Mientras lo abrazaba cerró los ojos y sintió su masculino aroma. Con sus dedos recorrió tímidamente la cicatriz en su espalda, aquello lo dejaba todo en claro, era la prueba de que tenía a Murtagh frente a ella.
Él le besó la mejilla, muy cerca de la oreja y sintió que un cosquilleo la recorría. Ambos rieron y él le tomó la mano, separándola del resto. Entre carcajadas se alejaron como dos niños alegres corriendo entre los árboles. Saeth permanecía con los ojos cerrados, guiada por él y por su instinto. Poco a poco la música se escuchaba más lejana, todo parecía cobrar claridad.
Él, sin dejar de reír se detuvo y la acorraló contra un árbol, dónde se abrazaron con fuerza. Apoyaron una frente contra otra, sus narices rosándose entre si, sus respiraciones confundiéndose en una sola cálida brisa, y sus labios a sólo unos centímetros de distancia.
Lentamente Saeth abrió los ojos, al mismo tiempo que los otros se abrían. Frente a ella encontró unos cálidos ojos castaños que parecían mirar dentro de su alma. Sin el hechizo de la música descubrió que quien tenía en frente no era Murtagh. Levantó una mano y acarició el rostro frente a ella, no estaba ni sorprendida ni decepcionada, rodeada por unos fuertes brazos se sentía cálida.
Eragon sonrió levemente y ella lo abrazó con fuerza, uniendo sus labios a los de él. Era un beso como nunca había experimentado, sus labios eran dulces, suaves y cariñosos. Sus manos se deslizaban por su espalda con gentileza y cuidado, como si ella fuera una frágil muñeca de porcelana que temiera quebrar. Suavemente sus labios se separaron y Eragon la abrazó con delicadeza.
Saeth nunca había experimentado algo tan íntimo y tibio. Cerró los ojos y descansó la cabeza en el pecho de Eragon, sintiendo su respiración acariciando su cuello, se sentía a salvo y protegida.
Eragon acercó sus labios a su oreja y susurró de forma única, sólo para que ella escuchara, como si se tratara del más hermoso de los secretos.
-Te amo.
Saeth sólo lo abrazó con más fuerza.
No supieron cuanto tiempo estuvieron allí, cuando regresaron al claro, donde la bienvenida de Saphira los acogió alegremente. En torno al árbol se reunía una gran cantidad de elfos, con los rostros brillantes de ansiosa anticipación. Con gran dignidad, Islanzadí salió de entre la bruma y caminó por una raíz tan ancha como un sendero hasta el punto en que trazaba un ángulo hacia arriba y se doblaba sobre sí misma. Se quedó sobre aquel saliente retorcido, mirando a los esbeltos elfos que la esperaban. Comenzó a relatar la historia del Agaetí Blódhren.
Tras una señal de la reina, los elfos despejaron una amplia zona alrededor de la base del árbol Menoa. En torno a ese perímetro clavaron un anillo de antorchas montadas en pértigas talladas, mientras los músicos se reunían a lo largo de una larga raíz con sus flautas, arpas y tambores. Se sentaron todos en el suelo, junto con los dragones que semejaban a montículos de piedras preciosas.
Cuando todos los elfos estuvieron instalados, dos doncellas élficas caminaron hasta el centro y se situaron con las espaldas en contacto. Eran exageradamente bellas e idénticas en todos los aspectos, salvo por sus cabellos: una tenía mechones negros como una balsa remota, mientras que la melena de la otra brillaba como alambres de plata bruñida.
-Las cuidadoras, Iduna y Néya -susurró Oromis.
Desde el hombro de Islanzadí, Blagden aulló:
-¡Wyrda!
Moviéndose a la vez, las dos elfas alzaron las manos hacia los broches que llevaban en el cuello, los soltaron y dejaron caer sus túnicas blancas. Aunque no llevaban más prendas, las mujeres se adornaban con el tatuaje iridiscente de un dragón. El tatuaje empezaba con la cola del dragón enroscada en torno al tobillo izquierdo de Iduna, subía por su pierna izquierda hasta el muslo, se alargaba por el torso y entonces pasaba a la espalda de Néya, en cuyo pecho terminaba, con la cabeza del dragón. Cada escama estaba pintada con un color distinto; los halos vibrantes daban al tatuaje la apariencia de un arco iris.
Las doncellas élficas entrelazaron sus manos y sus brazos de tal modo que el dragón adquiría continuidad y pasaba de un cuerpo a otro sin interrupción. Poco a poco comenzaron su danza en cámara lenta que fue tomando velocidad, acompañada por los instrumentos de los músicos. La velocidad aceleró hasta volverse inhumana, una danza frenética. Entonces un rayo de luz recorrió todo el tatuaje de dragón en su totalidad y éste se agitó. Saeth creyó que la música estaba volviendo a engañar sus sentidos, pero en efecto, el dragón alzó las alas.
Un estallido de llamas salió de las fauces del dragón, que se lanzó hacia delante y se liberó de la piel de las elfas para alzarse por el aire, donde quedó suspendido, agitando las alas. La punta de la cola seguía conectada con las gemelas, como un brillante cordón umbilical. La bestia gigantesca se estiró hacia la luna negra y soltó un salvaje rugido de tiempos pasados, y luego se volvió y repasó con la mirada a los elfos allí reunidos. Cuando la mirada pasó por ella, Saeth sintió que algo cobraba fuerza dentro de ella, como un rugido poderoso que cobraba vida haciendo temblar la tierra.
Entonces cerró los ojos, agotada por el poder de la magia.
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He desplegado todo mi poder cursi jajaj.
A que están emocionados, es el momento que me vengo aguantando desde que comencé el fic. El primero era el reencuentro Saeth Murtagh, luego este y el otro es… Sorry, casi lo digo ajjajajja.
A que ustedes también habían estado esperando este momento (L) que lindossssssss!!!!
Denme unos instantes para calmarme….
…
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAaHHH!
…
Listo, jajaj
Era medio molesto, pero tenía que poner lo del dragón ¬¬ medio que me arruinó el climax pero bue.
La canción aclaro que no es mía, es una hermosa canción llamada "In Dreams" del señor de los anillos, incluida en el tema "The Breaking of the Fellowship" de Edward RossOjalá la hubiera escrito yo jjajaj, bueno, les dejo la original:
When the cold of
winter comes
Starless night will cover day
In the veiling of
the sun
We will walk in bitter rain
But in dreams... I
can hear your name
And in dreams... We will meet again
When the seas and
mountains fall
And we come, to end of days
In the dark I hear
a call
Calling me there, I will go there
And back again
Bueno, los dejo y espero que les haya gustado.
