Folkvír y Saeth atravesaron Du Weldenvarden en tan sólo tres días de carrera imparable. Al salir de la espesura del bosque continuaron su carrera pasando por una enorme montaña llamada Marna, cerca a Gil'ead, cuidando en todo momento no ser vistos, siguiendo el curso del río Ranar en dirección al sur. Poco antes de que un afluente se uniera a la corriente del río, llegaron a la ciudad de Grian, vecina de Bullridge y peligrosamente cercana a Uru'baen.
-Blóthr –le dijo suavemente al corcel para que se detuviera. Este le hizo caso y se quedó resoplando inquieto, a tan solo unos metros de las negras puertas sin guardias.
-Lo sé amigo, no es el mejor lugar, pero debemos entrar –le susurró –Ganga fram –agregó para que avanzara, y así lo hizo, aún que no sin cautela.
Una vez frente a la puerta Saeth descendió de Folkvír, convenientemente cubierta con la capucha color violeta oscuro. Pero no se dirigió al enorme portón, sino que caminó hacia el costado y buscó un ladrillo hundido levemente.
-Ladrones astutos –murmuró con una leve sonrisa y terminó de hundir el ladrillo. Con un ruido sordo, un rectángulo de piedra se hundió y se hizo a un lado, dejando a la vista una entrada –Medidas anti guardia, parece que las cosas con el rey están tensas –le comentó a Folkvír que la miró con inteligencia –mejor para nosotros –agregó con una sonrisa y se internó en el pasadizo seguida del corcel.
Continuaron por un húmedo y corto túnel que los llevó del otro lado de la muralla. Agradeció las costumbres de los ladrones y asesinos, ya que le permitían llegar sin ser vista por aquellos que no deseaba que supieran de su presencia.
Los primeros tres locales de la calle eran posadas oscuras y destartalados. Dentro de dos de ellas se escuchaba un ruido que superaba incluso el de la calle, cristales rotos, insultos e incluso de una de ellas fue arrojado un hombre semi-inconsciente, la otra era silenciosa como un cementerio, muy oscura por dentro y casi parecía vacía, aún que Saeth estaba segura que estaba repleta de gente. El resto de la calle era un espectáculo, la mitad estaba encapuchada y la otra mitad miraba a su alrededor con recelo o expresión amenazante.
Grian tenía la reputación de ser una cofradía de ladrones, asesinos y espías, pero sólo los que vivían en ella sabían que aquello era en realidad una mascarada para ocultar a una segunda rebelión contra el rey, justo en frente de las narices de Gabatorix. El Súndabar Andlát, era una organización secreta de moral gris que se oponía a Galbatorix, aún que estaba a favor del sistema monárquico. Era verdad que eran en su mayoría lo que podría llamarse gente turbia, pero no perdonaban las traiciones. En toda su historia no tenían ni un solo traidor. Eso era, en parte, debido a que para ser aceptado se debía hacer un juramento en idioma antiguo, en parte a que el castigo a los delatores era terrible y en parte a que es prácticamente imposible traicionar a una organización conformada puramente por espías paranoicos que no dejan de sospechar unos de otros. A la hora de actuar solían encubrir sus ataques haciéndose pasar por vardenos, de manera que nadie sabía de su existencia. Sin embargo, a pesar de todo seguían siendo un montón de ladrones desorganizados, o al menos eso serían hasta aquel momento.
Pasó sobre el hombre inconsciente y se encaminó por la calle mirando los edificios, buscando el que necesitaba. Finalmente llegó frente a una desvencijada casucha que no se diferenciaba en nada de las demás, sólo que tenía un aro plateado en la puerta. Golpeó tres veces, se detuvo y tocó unas dos más, esta vez con el aro, produciendo un sonido muy diferente.
Por un momento no hubo más que silencio del otro lado de la puerta, Saeth creyó que tal vez había cambiado de dueño, si era así estaba en serios problemas. Temerariamente volvió a repetir el llamado de la misma forma.
Entonces se escucharon unas apresuradas pisadas y la puerta se abrió con brusquedad, de tal forma que casi se sale de sus bisagras. Un hombre alto, de cabello castaño y rasgos levemente élficos la miró boquiabierto. Tenía un par de arrugas de cansancio en el rostro, pero aquello no hacía dudar de que fuera peligroso, al menos para cualquiera que se metiera en su camino.
-¿Saeth? –preguntó reconociendo la capa violeta y el llamado.
-Hazme entrar, es peligroso estar afuera –se limitó a decir –Y el caballo también entra, no pienso dejarlo afuera para que mandes a uno de tus chicos a por él.
El hombre soltó una carcajada nerviosa.
-Vamos, no pensaras que yo…
Saeth lo ignoró y lo apartó de un empujón para poder pasar. Folkvír entró tras ella.
Entonces el semielfo cerró la puerta y se cruzó de brazos con expresión preocupada.
-¿Qué te trae por aquí? ¿Sabías que te relacionan con los rumores de un nuevo jinete?
La chica se sacó la capucha.
-Los rumores no tienen importancia, Darien. Lo que importa es que me digas cuál es la situación con Galbatorix –le cortó sentándose en una silla junto al fuego.
-Bien te valdría no decir ese nombre en voz alta. El nombre de Galbatorix no es bienvenido aquí.
-¿Por qué?
-¿Cómo es…? ¿Desde cuando eres elfa? –inquirió confundido.
-Desde que nací, larga historia, luego te lo contaré, ahora necesito que me digas que sucede con Galbatorix.
-Nos ha querido reclutar para el ejército y hemos tenido que hacer malabares para no ser descubiertos. Muchos de los que no pertenecen a la organización han aceptado, pero la mayoría de los de aquí tenemos nuestro orgullo, y aún que no lo creas no interesa lo que suceda en Algaësia. Principalmente al Súndavar Andlát, o al menos a los viejos miembros de él seguimos en contra de Galbatorix.
-El sistema es bueno, el defectuoso es él –murmuró Saeth recordando las palabras de Murtagh.
-Exacto –concedió Darien sentándose frente a ella –Ahora, dime qué te trae aquí.
-Es hora de poner en práctica el plan -dijo con simpleza y una sonrisa de un niño con juguete nuevo .
-¿Qué plan? –preguntó confundido.
-El Plan –repitió poniendo énfasis en cada letra –y parece que llegué justo a tiempo, ya no deberán ocultarse más.
El rostro de Darien se volvió preocupado.
-En verdad estás demente. Eso no dará resultado, al menos no ahora.
-¿Y por qué es eso? Todos estuvieron de acuerdo cuando lo propuse.
-Mira, una cosa es decirlo, otra muy distinta es ponerlo en práctica, además, aún que los hombres te seguirían al fin del mundo… -se rascó la nuca incómodo.
-¿Qué?
-Alguien más se ha hecho con el poder.
-¿Qué? –Saeth se puso de pie furiosa.
-Lo que oyes, cuando te marchaste Lorne aprovechó y reclamó el mando, ha estado cambiando las reglas y planea unirse a Galbatorix. Quien sabe lo que ese viejo chiflado le ha ofrecido.
-¿Por qué tomo el mando?
-Corría el rumor de que estabas muerta. Desapareciste por un largo tiempo.
-Estaba… estaba en Du Weldenvarden.
-¿Con los elfos?
-No, en Du Weldenvarden.
-Como sea, ahora si quieres el liderazgo tendrás que ganártelo de la forma tradicional.
-¿Qué? No tengo tiempo para jugar con Lorne.
-Pues tendrás que hacértelo.
-Ese hombre es invencible, me hará picadillo.
-Por alguna razón se ha hacho con el poder sólo por que tú no estabas. Eres una jinete, puedes con él.
-Claro, la magia me servirá de mucho en una competencia en la que está prohibida la magia ofensiva –dijo sarcásticamente.
-Tú puedes vencerlo, y más si cuentas con esto. Espera aquí –se puso de pie y salió de la habitación.
Por un momento no se escuchó más que a Darien revolviendo toda la habitación contigua. Hasta que el sonido se detuvo y el semielfo regresó con una espada en sus manos y una expresión de orgullo en su rostro.
-La lengua de fuego –dijo dejando la espada sobre la desgastada mesa de madera –la espada de tu madre –se sentó y soltó una carcajada –la hemos robado delante de las narices de el rey ni se ha dado cuenta.
Saeth admiró la espada y la desenvainó, dejando relucir una hoja que brillaba como si estuviera al rojo vivo, rodeada de una leve llama que no quemaba a su portador.
-No puedo creerlo…
-Pues créelo, mañana te llevaré ante el coliseo y te enfrentarás a Lorne. Sólo imagina su cara al saber que estás viva, temblará tanto que tal vez ni siquiera se atreva a enfrentarte.
Saeth negó con la cabeza, segura de que Darien exageraba. Estuvieron charlando hasta largas horas dela noche, poniéndose al tanto de lo sucedido el último tiempo.
Finalmente Darien le mostró su habitación y la dejó para que descansara. Sin embargo, aquella noche, Saeth recordó lo que era dormir con un ojo abierto, y agradeció que sólo aquel día tuviera que pasar la noche en Grian, al menos si sobrevivía al enfrentamiento con Lorne.
