Humor de perros, pero bue, conste que subo un capítulo
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Nada más que decir
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Chau
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-¡Lo has vencido! –Exclamó Darien radiante de felicidad – ¡Ha sido una de las mejores carnicerías que he visto! Y toda esa cosa del fuego violeta los ha dejado a todos a tus pies.
-Me alegra que te divirtieras –contestó molesta mientras se tocaba con cuidado un enorme moretón negro a la altura de las costillas.
-¿Cuál es el problema ahora? Has conseguido lo que querías, tan sólo diles lo que quieres que hagan y se pelearán por ser los primeros en complacerte –se acercó a ella con unas vendas –haber, déjame arreglar eso… -chasqueó la lengua -tiene mal aspecto.
-Es que… ouch! ¡Ten más cuidado! –Se quejó, Darien sólo se encogió de hombros –es que hay algo más que esto Darien, la forma de vencer a Galbatorix no es comportarse como un montón de bárbaros sedientos de sangre. Acabo de matar a un hombre y no estoy feliz por ello.
-Es la ley de la vida Saeth, matar o morir, creí que habías entendido ese concepto hace tiempo –le dirigió una mirada de sospecha -¿Quién te ha estado lavando la mente?
-Sólo digo que no le encuentro motivo de celebración al hecho de acabar con la vida de alguien.
Darien negó con la cabeza y ajustó las vendas más de lo necesario, haciendo que Saeth soltará una sarta de palabrotas en su contra.
-Lo siento –masculló en un tono que daba a entender lo contrario –Pero no es recomendable que te estés lamentando por cada muerte, terminarás enloqueciendo. Es un mundo duro Saeth, amóldate a él y deja de decir tonterías, las cosas no son justas, pero no puedes hacer nada para cambiarlo, ahora cámbiate que la elite te espera en el salón principal para que des un discursito enternecedor –dijo esto y le arrojó en la cara un montón de ropa de calidad para luego marcharse dando un portazo.
-Y luego dice que yo soy la demente –murmuró enojada y se colocó la ropa negra con bordados rojos, seguramente comprada con dinero robado.
-Galbatorix se prepara para asestar el gran golpe –Saeth apoyó las manos en la mesa, clavando sus ojos lilas en los diez hombres sentados en ella, entre ellos Darien –Una gran tormenta se acerca y no podemos quedarnos cruzados de brazos, quiéranlo o no la guerra está encima de nosotros y seremos obligados a tomar un bando –alzó el mentón –No les estoy pidiendo que luchen en nombre del bien y la justicia, y todas esas tonterías que no los convencerán. Les estoy pidiendo que se armen y marchen a combatir por sus vidas, a luchar por lo que es suyo y a no dejarse pisotear por un demente. El tiempo de Galbatorix ha acabado, y su imperio no se mantendrá en pie por mucho tiempo. Es hora de que seamos nosotros los que asestemos el golpe mortal, que derrumbemos sus fuerzas.
-Lo haces sonar muy fácil, como si Galbatorix ya estuviera derrotado –refutó un hombre de cejas pobladas que acentuaban más su expresión ceñuda.
Saeth soltó un suspiro, esperaba no tener que usar ese as, no aún, pero no le dejaban otra opción.
-Tenemos un poderoso jinete de nuestro lado –dijo con firmeza.
Los susurros estallaron como si acabara de golpear un panal de abejas.
-Entonces… ¿Son ciertos los rumores? ¿El tal Eragon es un jinete? –inquirió un hombre delgado, de cabello rojizo.
-¿Cómo…?
-Venga Saeth, no esperarás que estemos desinformados del todo ¿Te olvidas de lo que es el Súndavar Andlát? –Darien le dirigió una sonrisa cínica.
Ella frunció el ceño, esperaba contar con la ayuda de Darien para convencer a los testarudos hombres de la elite del Súndavar Andlát. No importaba, podía sola y se lo probaría.
Se quitó uno de sus anillos, plateado con una piedra en él, completamente negra, sin brillo, oscura y opaca como una sombra y lo colocó lo más cerca del centro de la larga mesa que pudo que estaba sentada. Era el anillo de la organización, simple y lo llevaban todos los que pertenecían a ella. Pero al colocarlo en medio de todos cobró cierto poder intimidatorio, como un reclamo.
-Hace unos años nos planteamos la posibilidad de, algún día enfrentarnos a Galbatorix, esperar pacientemente para que llegara el momento indicado en que pudiéramos hacer pública nuestra oposición y nuestra organización –los ojos de todos estaban clavados en el anillo, como si fuera este el que hablaba –el momento ha llegado, no habrá más oportunidades, Surda, los vardenos, los enanos, los elfos –unos soltaron un leve respingo –todos se están preparando para enfrentarse a Galbatorix. Piensen en nuca más tener que ocultarse en las sombras ¿No extrañan los rayos del sol sobre su rostro? -aquello por supuesto era una metáfora, pero todos la comprendieron –Yo estuve allí y vi sus rostros llenos de orgullo al asegurar que no le temían al rey, que pelearían hasta la muerte por lo que valiera la pena. Y esto, señores, vale la pena, su libertad vale la pena, sus vidas valen la pena. Cuando llegue el momento partiré hacia Uru'baen y espero contar con ustedes para que cabalguen a mi lado. Para acabar de una vez por todas con ese bastardo –golpeó la mesa con el puño.
La mayoría de las cabezas asintieron complacidas, sin embargo aún había algunos dudosos. Saeth conocía a aquella gente, era lo más parecido a ella que había en Algaesía, y por lo tanto conocía sus puntos débiles.
-¿Entonces qué dicen? ¿Cuento con ustedes? ¿O es que le dejarán todo el crédito a los vardenos?
Los que estaban en duda inmediatamente exclamaron protestas, asegurando que no eran ningunos cobardes. En otras palabras los tenía en la palma de su mano. Le dirigió una fugaz mirada a Darien que estaba ceñudo y cruzado de brazos ¿Qué demonios sucedía con él? Se estaba comportando como un completo idiota.
Un par de saludos, despedidas y apretones de mano, y se encaminó a su habitación a preparar todo, no tenía tiempo que perder, ya había perdido demasiado, y Roran no la esperaría.
Cruzó los túneles bajo Grian que conectaban la sede de la organización. Sin embargo alguien la detuvo por el brazo, volteó a ver con la guardia alta, lista para pegarle un puñetazo a quien fuera. Sin embargo se encontró frente a frente con el rostro de Darien. Tenía una expresión grave plasmada en el rostro de leves facciones élficas.
-¿Qué…
-Tenemos que hablar fue todo lo que dijo.
