Affff!!! Toy engripada!!!!!!!!! Y tengo voz nasal ¬¬
Bue, en el cap anterior estuvo el casi suicidio de Saeth, aún que usando esa palabra se escucha más terrible y trágico, digámosle la casi huid de Saeth. Y bue, tenía que pasar por esa etapa en algún momento y si, estuve escuchando muchas canciones tristes y si, me encanta el drama.
Ahora que me puse a anotar las ideas me doy cuenta de que tengo un montón, tal vez demasiada y temo que la historia quede sobrecargada, pero bue, yo pruebo jaj. Tengo ideas sobre Arya, Ajihad, Brom, Nasuada, Esmerelle, Eragon, Saeth, Jarsha? Elva, Darien, y muchos más, incluso una sobre Tornac ta ahí, que entro, que no entro jaj. Déjenme decirles que esto recién comienza, mi mente rebosa de imaginación y no tengo intención de aburrirlos jajaja
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-¡Murtagh! –gritó Saeth despertando repentinamente. Estaba cubierta en sudor frío y lágrimas, con la respiración jadeante.
Tardó en ubicarse en el mundo. Iba montada en Folkvír, atravesando el último trecho hacia Teirm. Al caer en la cuenta si hizo un ovillo y rompió a llorar.
Le hubiera gustado poder tranquilizarse con el típico pensamiento de "es sólo un sueño", pero sabía que no era así, y era aquello por lo que lloraba.
Había soñado con la muerte de Murtagh. De nuevo. Veía los úrgalos echarse sobre él, sus prendas al borde el abismo, incluso su mente la torturaba imaginando a Murtagh cayendo a la nada. Era como si al partir de Ellesmera, la burbuja que protegía su corazón del dolor hubiese desaparecido, dejándola nuevamente indefensa ante la realidad de la perdida de Murtagh.
Dudaba que algún día pudiera sobreponerse, y ello la inquietaba. Le dolía no poder corresponder a Eragon de la misma forma, entregarse completamente a él, no importaba lo que hiciera, el sentimiento de traición seguía allí, mirándola acusadoramente. Por supuesto que lo amaba, pero el dolor de Murtagh… no podía sino sentirse una traidora.
Además, el amor por Murtagh era muy diferente al que sentía por Eragon, uno completamente distinto del otro, tanto que no eran comparables.
Era posible que Glaedr tuviera razón, ella había huido, pero no de la felicidad, ni siquiera sabíad e que era. Tal vez temía que Eragon descubriera que ell aún no había olvidado a Murtagh. No, eso era imposible, él lo sabí, tan sólo habían pasado meses, era imposible olvidar una pérdida en tan corto tiempo, era imposible olvidar a Murtagh jamás.
Quizás era su deseo de libertad, se había acostumbrado a la soledad y a vivir entre as sombras, a no luchar por otra cosa que su propia vida en los momentos indispensables, mantenerse la margen de las batallas ajenas. Incluso en Uru'baen solía escaparse a dar caminatas por su cuenta, sin la presencia asfixiante de los guardias. También descartada, esta era también su batalla y podría haber dado todos los paseos que quisiera a solas en los bosques de Ellesmera.
No, tenía que ser su dolor lo que la había impulsado a marcharse, aquel dolor que creía superado seguía allí, ese dolor con tantos nombres: Esmerelle, Jaru, Brom, pero ahora, sobre todo, Murtagh. La necesidad de correr, de intentar alejarse de su angustia desgarrante, de temer a los afectos que tanto dolían, de huir de aquel abrazo que sabía, lastimaría cuando se rompiera ¿Por qué exponerse a si misma a seguir sufriendo? Necesitaba os afectos, pero era mejor permanecer a solas con sus pérdidas que agregarle más. Tratar de evadir el destino anunciado por la runa de la lágrima, la vida llena de dolor, eso era lo que hacía, y de alguna forma no podía hacer otra cosa, su instinto la guiaba junto esa niña a la que no le habían permitido disfrutar de su infancia, que quería estar sola para poder llorar tranquila, llorar todo lo que quisiera sin que nadie le preguntara por qué o intentara inútilmente hacerle superar algo que, sabía, estaría allí por siempre.
Saeth meditó sobre esto mientras que se acercaba a la ciudad de Teirm. En las puertas de la ciudad había mucho transito, por lo que nadie le presto demasiada atención, agradeció que su color de cabello fuera distinto a la última vez que había estado en Teirm, y de cierta forma a que sus padecimientos hubieran sido tan fuertes como para cambiarla físicamente. Sin embargo no se quitó la capucha, las orejas puntiagudas habrían llamado la atención como si llevara puesto un cartel que dijera "Galbatorix, captúrame".
Una vez dentro de las murallas se enfrentó a la realidad ¿Cómo demonios pensaba encontrar a Roran en aquella enorme ciudad? Y lo más divertido, sin ser descubierta. No creía que Martillazos fuera tan idiota como para llevarse a toda la aldea dentro de las murallas, a etas alturas deberían de estar entre los más buscados del imperio caro, sin contarla a ella, Eragon, Saphira, Arya y Murtagh…
Caminando las calles, sosteniendo las riendas de Folkvír, dejó escapar una sonrisa con poco humor al pasar frente a El Castaño Verde. Todo era tan diferente en aquel entonces, se podría haber dicho que era feliz, no completamente, pero al menos no sentía dolor, ahora estaba desgarrada.
Decidió que al no tener ninguna otra opción podría ir a visitar a Jeod, después de todo tal vez tendría alguna noticia sobre una aldea entera fugada del imperio. Inclusive tal vez podría sonsacarle algo de información acerca de los vardenos, antes de marcharse había oído a Eragon comentar que se marchaban a Surda… ¿Y por qué razón se interesaba ella por los vardenos? Que se pudrieran en sus cuevas mohosas. No podía importarle menos lo que hiciera Nasuada y su grupito de rebeldes anarquistas.
Se aferró más a su capa casi con paranoia, sintiendo la respiración de Folkvír que le acariciaba el brazo. Agradeció haber pasado el tiempo suficiente en Teirm como para poder ubicar la casa de Jeod, no le agradaba nada la idea de andar pidiendo indicaciones, demasiado riesgoso y probablemente metería en un aprieto al pobre viejo.
Al fin visualizó la enorme mansión junto a la tienda ya abandonada de Angela. Levantó la mano y golpeó la puerta delantera sin dejar de lanzar miradas furtivas alrededor.
No hubo respuesta.
Volvió a golpear, esta vez con más urgencia "Vamos Jeod, apresúrate" pensó. Vio un grupo de guardias acercarse a lo lejos y la alarma se encendió en su cabeza ¡Por un demonio, que abriera la maldita puerta o no iban a encontrar ni sus pedazos!
El sonido metálico de las armaduras de los guardias se hizo más fuerte.
"Mejor pedir perdón que permiso" pensó colándose por una puerta lateral, la misma que solía usar durante el tiempo que Brom, Eragon y ella habían pasado en la casa de Jeod. Siguió avanzando hacia el patio trasero mientras escuchaba a los soldados pasar frente a la mansión, sin siquiera notar su presencia.
Cautelosamente avanzó mirando a todos lados, casi pidiendo disculpas por cada pisada, una cosa era colarse en la casa de un extraño en tiempos de necesidad, pero en aquel momento casi se sentía profanando la casa del hombre. "Que idiotez" pensó abandonando todo rastro de duda mientras se asomaba en la ventana que daba al estudio de Jeod, si estaba en algún lugar de la casa debería de ser aquel. Durante su estadía descubrió que el hombre pasaba largas horas allí haciendo quien sabe qué.
En efecto, sentado tras su escritorio estaba Jeod, pero al parecer no estaba solo, empuñando rústicas armas estaban una mujer, un chico y dos hombres, uno de ellos sentado frente a la puerta, bloqueando la entrada.
"Excelente, vengo a buscar ayuda y ahora tengo que ser yo la que presta su ayuda" rezongó la chica colándose por la ventana con su habitual sigilo, gracias a la gruesa cortina nadie la vio, ni siquiera el hombre frente a la puerta que parecía muy sagaz y tan paranoico como ella.
Todos menos el hombre de la puerta y Jeod estaban de espaldas a ella. Rogo por que Jeod no la delatara con alguna inoportuna mirada de sorpresa y que el otro no la viera. Tenía casi completa confianza en sus habilidades como para arriesgarse, sin embargo siempre existía el miedo.
Se agachó y caminó a gatas tras el enorme sofá, desenvainando su daga y sosteniéndola en sus dientes. Alcanzó a ver una fugaz mirada de Jeod directo hacia ella, pero el hombre no dio más señales de verla, al menos no era un idiota. Contuvo la respiración, a sólo unos centímetros de ella estaban la mujer, el chico y el hombre, y a sólo unos pasos, de perfil a ella estaba el otro.
Excelente, estaba en posición, sin embargo un pensamiento cruzó su cabeza "¿Ahora qué?" Contuvo un resoplido al descubrir que hasta allí llegaba su plan ¿Ahora qué? Bueno, sólo quedaba una cosa por hacer, algo desesperado. Se agazapó, lista para saltar y eligió su presa con cuidado. El que parecía el líder, era perfecto, si lo tenía a él bajo su daga los otros no sabrían que hacer, era como dejarlos sordos y ciegos.
A la cuenta de tres.
"Uno" quitó la daga de su boca y la sostuvo en la mano derecha.
"Dos" se preparó, lista para dar el gran salto.
"¡Tres!" Salió de su escondite con rapidez y se arrojó sobre el líder, cayendo los dos al suelo. No prestó atención a las miradas de sorpresa de los demás, sólo al vulnerable cuello contra su daga. Lo tenía… ¿O no?
El hombre rodó sobre si con una rapidez de reacción que ella no habría esperado teniendo en cuenta lo cansado que lucía su rostro.
"Maldición" Pensó al notar que le arrebataban la daga y que esta vez era ella la que estaba bajo su filo.
-¿Quién eres? –exigió saber el hombre con voz grave.
Saeth meditó sus posibilidades, no había vía de escape. Sin que pudiera evitarlo su capucha se deslizó dejando a la vista sus orejas puntiagudas.
-¿Una elfa? –dejó escapar el chico.
-Esto ciertamente no me lo esperaba –comentó Jeod casi como si le hiciera gracia.
Saeth no le prestó atención y clavó una mirada de hierro en el hombre que la amenazaba, se sorprendió al encontrar una mirada del mismo poder en regreso ¿Dónde había visto antes esa mirada?
La imagen de un joven hombre lleno de dolor alzando el brazo frente a la muchedumbre, mostrándoles sus lágrimas "Esto es mi dolor" La frase resonó en su mente mientras intentaba descifrar el barbudo rostro del hombre.
-¿Roran? –preguntó sin poderlo creer. Bueno, al menos lo había encontrado, aún que claro no era la situación que esperaba, a decir verdad si esperaba algo así, pero sin que la tomara por sopresa.
-¿La conoces? –preguntó la mujer con seriedad.
Roran negó con la cabeza.
-Calma –dijo Jeod -yo si la conozco, Martillazos te presento a Saeth.
-¿Ella es la chica de la que nos hablaste? –inquirió el hombre que permanecía de pie.
-Si.
-¿La que viajaba con Eragon? –esta vez fue Roran el que habló, y Saeth no pasó por alto el leve tono de rencor al nombrar al jinete.
-Si –concedió Jeod una vez más –es de confianza, bueno, al menos para nosotros.
-¿Qué es lo que quieres? –Roran bajó la vista hacia Saeth, aún sin apartar la daga, aún que claro, sosteniéndola menos fuerte.
-Primero agradecería que quitaras MI daga de MI cuello. No hay nada más vergonzoso que ser asesinado con l apropia arma –lo quitó de encima de un manotazo y se puso de pie de un salto –luego agradecería que no le dijeras de esto a nadie, para este entonces deberías estar tú en el suelo, aún no figuro que salió mal…
-Sin rodeos –le cortó Roran con antipatía.
Saeth frunció el ceño, daría todos los rodeos que quisiera, estaba aquí para ayudarlo ¿no? ¿Qué forma de retribuirle era aquella? Podría ser tan familiar de Eragon como quisiera, pero nada la detenía de darle una buena lección si se pasaba. Nadie le hablaba así.
-Estoy aquí para ayudarte Martillo –dijo en tono venenoso.
-Martillazos –dejo escapar el chico.
-Como sea –dijo Saeth, lo que faltaba, un granjero la desarmaba y ahora un crío la corregía ¿Qué seguía, un cerdo le enseñaba modales? Lo examinó, no era mucho menor que él, si era un crío entonces ella también lo era, claro que no mentalmente.
-¿Por qué querrías ayudarme?
-Tengo mis razones ¿Qué te interesa? No vine a pedir tu permiso, sino a actuar. La opción es simple o me llevas contigo y tu grupo de aldeanos fugitivos o me voy contigo y tu grupo de aldeanos fugitivos sin que siquiera lo notes.
-Te recomendaría tenerla donde puedas verla –opinó Jeod.
Roran le hizo un ademán con la mano a sus compañeros y se apiñaron junto a él.
Luego de un momento de discusión Roran se dirigió hacia ella.
-Muy bien, pero en cuanto des un paso infalso…
-No lo haré –le cortó demostrándole que no le tenía miedo, comenzaba a desagradarle el querido primo de Eragon.
