Lady Alarice abrió la puerta de la última habitación y la invitó a pasar, era amplia y bien iluminada, decorada con tonos pastel y dorado. Una gran cama ocupaba gran pate del espacio, y por la derecha se veía una puerta que seguramente conectaba con el baño privado.

Ese mismo día habían llegado a Dauth, y la gobernadora los había recibido gustosa a todos ellos. Parecía que los aldeanos finalmente se instalarían en la ciudad, y entonces ella pensaría su siguiente paso ¿Volvería a Ellesmera¿O esperaría en Aberon a que llegaran Darien y el resto del Súndavar Andlát?

-Siéntete como en tu casa –dijo Lady Alarice –en el cuarto de baño hay un vestido que puedes usar.

-Gracias –fue todo lo que pudo decir, dejó su mochila a un lado y se dirigió a bañarse cerrando la puerta tras de si, finalmente se quitaría las sucias ropas de viaje.

El cuarto de baño era simple, pero mucho más lujoso a lo que estaba acostumbrada, al menos en el último tiempo. Una gran tina humeante la esperaba en el centro de la pequeña habitación y sobre una silla, junto a un gran espejo descansaba un vestido color aguamarina.

Por un buen tiempo se relajó en el agua cálida, cerrando los ojos, disfrutando de la tranquilidad bien merecida luego te tan abrupto viaje. Sintiendo el aroma de las especias trató de pensar en su salvador, en dónde había escuchado aquella voz, aquel carácter ¿Brom? No, una tontería pensar en ello, y tan sólo servía para ahondar en una herida ya de por si dolorosa.

Goteando considerablemente salió del agua, se secó y se colocó el vestido, era algo simple y cómodo, aún que no si tenía que luchar. Se miró en el espejo y se sorprendió al ver hasta que punto el sol y el mar habían modificado su piel hasta dejarla de un color tostado. Sus sensibles hombros estavan algo descascarados y la piel alrededor de su nariz resaquebrajada, los ojos lilas brillaban con mayor intensidad, aún uqe tan vez era sólo el hecho de que ahora resaltaban más en contraste con su cabello y su cuerpo. Se dirigió a su habitación, donde buscó en su mochila hasta encontrar el cuadro de su madre, tenía la necesidad de compararse con ella.

-Te ves bien, y las cicatrices hacen juego –comentó Roran apareciendo en el umbral de la puerta –muy femenino ¿Te han obligado a ponértelo o fue por propia voluntad?

-¿No te han enseñado que no debes entrar en la habitación de una dama sin golpear primero?

-Por supuesto, en cuanto esté por entrar a la habitación de una dama recordaré golpear.

Saeth simuló una expresión de sorpresa y se tapó la boca con una mano.

-¡Por todos los dioses¿Fue eso una segunda broma? –Se burló –creo que estás sufriendo una enfermedad grave Roran ¡Será mejor que vallas a ver a Gertrude! –simuló que le tomaba la temperatura colocándole una mano en la frente.

-Muy divertido –le quitó la palma de un manotazo y se sentó en el borde de la cama –Y dime ¿Te quedarás aquí unos días y luego partirás a ayudar a otros aldeanos que escapan del imperio?

-¿Acaso han sido tres? –Volvió a simular asombro –aún que creo que tan sólo fue un mal intento ¡Vas a acabar con tu cuota de chistes para toda tu vida!

Roran le arrojó un almohadón en la cara.

-¡Hey! –se quejó volviéndoselo a lanzar, sin embargo, por el bruco movimiento en cuadro se deslizó de su mano y calló al suelo, con un ruido de cristales rotos –Oh no –se arrodilló y comenzó a juntar los trozos de cristal.

Roran se levantó para ayudarle, con cuidado tomó la pintura sin marco.

-¿Eres tú? –preguntó observándola.

-No, es mi madre -dijo levantando la vista.

-Creo… creo que está cortada –comentó Roran.

-¿Se rompió? –preguntó alarmada.

-No… estaba cortada desde antes ¿Ves? –Señaló le borde derecho –Además creo que había alguien a su lado, tal vez un hombre. Creo que esto rojo es una armadura.

-¿Qué? –le arrebató la pintura y la observó. En efecto, en el extremo derecho, antes cubierto por el marco se veía lo que podía ser una porción del brazo y el hombro de alguien, cubierto en una armadura rojiza –Tal vez era mi padre… era de Farthen Dür, así que probablemente la cortaron por que… -miró a Roran, había estado a punto de hablar más de la cuenta. Había estado a punto de decir que Galbatorix era su padre –por que… mi padre y Ajihad; el líder de los vardenos, ex líder; se pelearon –soltó lo primero que se le cruzó por la mente, no estaba mintiendo, bueno, no del todo.

Roran pareció darse por satisfecho y bajó la vista para continuar juntando los restos del marco, sin embargo pareció sorprendido nuevamente.

-Creo que hay algo más –levantó un sobre aplastado que aparentemente había estado oculto tras la pintura.

Casi con desesperación –Saeth se lo arrebató de las manos, tal vez era una nota de su madre...

-¿Quieres que te deje sola? –dijo Roran.

Saeth iba a asentir, pero en ese momento uno de los sirvientes golpeó la puerta abierta.

-Lady Alarice pide que les informe que la cena está servida –informó en tono solemne –Síganme por favor.

La chica resopló y dejó la carta con mucho cuidado sobre un mueble, junto con la pintura de su madre, luego ella y Roran lo siguieron.

………………………………………………………………………………………….

-Debo admitir que estoy muy sorprendida de sus hazañas, jamás había escuchado una historia más sorprendente, enfrentarse a los soldados del rey y los ra'zac con tan sólo herramientas, recorrer las vertebradas, todo un pueblo. Viajar hasta Teirm, robar el mejor barco a su disposición, volver a escapar del imperio, atravesar el Ojo del Jabalí… es… sorprendente –dijo muy animada Lady Alarice –Tienen mucho valor, todos ustedes y sus compañeros.

En la mesa estaban sentados Jeod, junto con su esposa, Uthar, Roran y Saeth, que habían sido especialmente invitados por la gobernadora.

-Muchas gracias por los elogios mi Lady –respondió humildemente Jeod con una leve inclinación de la cabeza.

Saeth permaneció ausente por el resto de la velada, su mente estaba en su habitación, junto a la carta. Tenía que ser una nota de su madre, estaba segura de ello, tal vez diciendole aquellas cosas que ella siempre había querído oír de sus labios.

-Nasuada me ha hablado mucho de ti Saeth –dijo repentinamente la dama.

Ella no ontestó y siiguió haciendo rodar una poapa en el plato con aire distraído, Roran le pegó un codazo para que reaccionara.

-¿Qué? –dijo volviendo a la realidad, un tanto avergonzada.

-Decía que Nasuada me ha hablado mucho de ti cuando fui a visitar al rey Orrin.

-¿Nasuda¿De mi? –no pudo evitar reír, sin embargo las caras de los comensales dejaban en claro que no comprendían la gracia.

-Por supuesto, dice que la envidia, "Es una chica libre y valiente" esas fueron sus palabras. Aún que claro, no pudimos hablar mucho, estaba muy ajetreada con algún tema de comercio de encajes para financiar los gastos de su pueblo, una idea muy original debo decir. Y ahora la pobre muchacha ha de estar mucho peor, con todo esto del ejército del imperio marchando hacia los llanos ardientes.

Saeth se atragantó y la miró sorprendida.

-¿Qué ejército?

-¿Es que no lo sabían? El rey ha mandado sus ejércitos hacia los llanos ardientes, yo misma le he enviado parte de mis soldados a Orrin para ayudar con la batalla, pero como imaginarás no soy una experta en estos temas, prefiero dejarlos a manos de los hombres ya que...

Roran y Saeth cruzaron una mirada alarmada y algo decidida, sin prestar demasiada atención al resto del discurso de la muejer, luego él miró a Jeod y Uthar.

-Debemos ir para allá –declaró firmemente.

-Estás completamente loco –dijo Uthar que parecía haberse estado preparando para contrarrestar lo que Roran decía –No, definitivamente no, te hice caso con los del Ojo del Jabalí, pero no con esto.

-Si los vardenos caen derrotados no tendrá sentido nada de lo que hicimos. Todo será por nada, terminaremos en las garras del rey.

-Sinceramente sigo asombrándome de su valor –comentó Lady Alarice.

Jeod guardó silencio y evaluó la decisión en los rostros de ambos jóvenes, acosado por la mirada de Helen.

-Todos son grandes combatientes, de los aldeanos mas duros que haya visto y tus hombres, Uthar, parecen aún más rudos –los animó Saeth algo impulsada por el deseo de una batalla -¿Jeod? Vamos, sabes que tenemos razón.

El mercader se tomó su tiempo para contestar.

-Si logran convencerlos a todos yo no me opondré –dijo al fin ganándose una mirada de reproche de su mujer, de seguro esa noche tendrían una larga discución.

-Gracias –Saeth se puso de pie con una sonrisa –Roran, será mejor que reúnas a los de Carvahall.

-Discúlpenos Lady Alarice –dijo el hombre y tras una torpe reverencia se marchó a buscar a sus compañeros.

Saeth lo siguió, pero luego se dirigió a su habitación, ansiosa por leer la carta. Tomó el papel de la repisa y se arrojó a la cama sin poder contener la emoción. Tomó aire y contempló el gastado, parecía bastante viejo.

Con una temblorosa mano despegó el sello de cera. Parecía que nunca había sido leída, esperanzada pensó que tal vez era una carta que su madre nunca había podido darle.

Estaba escrita con una prolija caligrafía de trazos rasgados, como si fuera de alguien acostumbrado a escribir mucho. Inmediatamente, y algo desilusionada descubrió que no era departe de su madre, sino que iba dirigida a ella.

Querida Esmerelle:

Te escribía para contarte que tu niña está creciendo sana y fuerte. No tiene tantos rasgos élficos como cabría de esperar, pero sin duda ha heredado tu belleza y tu carácter. Tiene tan sólo cuatro años y ya quiere entrenar junto con los soldados, hasta me ha pedido una espada, tenías razón, algún día será una gran guerrera, una digna líder, y espero estar allí para verlo. Si pudieras verla, tiene ese porte noble que te caracteriza y también la forma de tus ojos y tus labios.

Esmerelle, ahora déjame hablarte de algo más serio, como tu amigo y como quien alguna vez fue tu amante y te amará hasta que se derrame la última gota de su sangre. Márchate, márchate mientras puedas. Sé que dices que puede cambiar su corazón, pero debo decirte que ese corazón es de hierro y roca, el hombre que alguna vez amaste ha enloquecido, es un tirano.

Tu hermana, Arya irá a buscarte en unas noches, sé que encontrará la forma de comunicarse contigo. Toma a Saeth y escapen juntas, esa niña puede ser salvada de ser corrompida por su padre. Siempre dijiste que te habría gustado que crecieran juntas, pues bien, ahora pueden hacerlo, ven con nosotros, te protegeremos, podrás estar con ambas, a salvo. Ellas podrían ser grandes amigas, acompañarse mutuamente. Yo la aceptaría como mi propia hija. Una vez me dijiste que tu mayor deseo era que fuéramos una familia. Todo lo que tienes que hacer es dejarlo ir.

Prométeme que te salvarás y salvarás a tu niña.

Te amaré por siempre

Ajihad

Saeth levantó la vista y releyó la carta una y otra vez. Sintió que se paralizaba al comprender lo que esto implicaba, ahora podía imaginar quien era el hombre en la pintura y por que había sido cortada. Levantó la vista hacia la pared y se quedó allí, mirando a la nada, tratando de descubrir de qué forma debía reaccionar.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

Oo no comments…

Hasta yo me sorprendo por esto…

¡Quién fue el demente que escribió esto!!!!!!

Discúlpenme, pero me voy a internar en un manicomio por un rato...