Saeth miraba las tierras más allá del río que transitaban, la carta giraba entre sus dedos. Ajihad había amado a su madre… Una gran cantidad de piezas comenzaron a encajar, como por ejemplo el hecho de que hubiera accedido a liberarla instantáneamente, la mirada de tristeza en sus ojos al mirarla, la facilidad con que había perdonado cada uno de sus errores, las palabras de Arya al decir que Ajihad había apreciado mucho a su madre.
Un extraño sentimiento comenzó a florecer dentro de ella, algo que la hacía sentir malvada, insensible, una terrible persona. Era culpa… fragmentos de la carta la pichaban como agujas, torturaban su conciencia. "Ellas podrían ser grandes amigas, acompañarse mutuamente" "Yo la aceptaría como mi propia hija" "Una vez me dijiste que tu mayor deseo era que fuéramos una familia" Ajihad había dicho que la aceptaría como una hija… y ella había sido terrible con él… le había odiado tanto…
Una lágrima rodó por su mejilla y se perdió en las aguas del río Jiet.
-Lo siento –susurró al viento, como si esperara que Ajihad pudiera oírla.
Si tan sólo hubiera leído la carta tiempo atrás… pero ahora era demasiado tarde, como siempre, había estado a punto de poder tener una extraña familia, pero todo se había disuelto como un espejismo, Ajihad estaba muerto. De cierta forma agradecía no haber leído la carta antes, de haber sido así no sólo habría llorado a Murtagh. Sin embargo de aún luego de tanto tiempo sentía un pequeño dolor por la muerte de quien podría haber sido su padrastro. Y aún que tiempo atrás le hubiera costado un terriblke esfuerzo admitirlo... habría sido un buen padrastro.
Se preguntó si de alguna manera podría haber funcionado su pequeña familia disfuncianal. Todo aquello no terminaba de quitar el rencor hacia Ajihad, aún que ahora que estaba muerto era más fácil perdonarlo. Tampoco podía omitir la rivalidad con Nasuada "rivalidades de hermanas" pensó casi divertida por la idea.
"Eres más fuerte de lo que crees y te admiro por ello" Eso era lo que Nasuada había dicho cuando le había preguntado por qué quería su aprobación para gobernar a los vardenos… ¿Acaso ella lo sabía¿Lo sabía y no se lo había dicho?
La indignación cesó al pensar en cómo habría reaccionado si Nasuada le hubiera dicho que eran hermanas. No podía culparla por no haber sido honesta, tal vez ni siquiera le habría creído, o quizá habría enfurecido terriblemente por siquiera atreverse a sugerirlo.
Regresó su atención la barco y vio a Roran hablando con Elain con expresión seria. El leve humor que había presenciado en él durante su estadía en Dauth se había esfumado completamente mientras continuaban internándose en las siniestras aguas del río Jiet.
Les había costado mucho convencer al resto de que debían viajar a los Llanos Ardientes, pero tras un discurso; acerca del honor de la batalla y de cómo los ayudarían los vardenos si demostraban su valía; en el que había participado el carisma de ambos. Partieron por el río Jiet cagados con las provisiones que Lady Alarice les había otorgado gentilmente.
Cruzó una mirada con Roran y le sonrió levemente, él respondió de igual forma aún que estaba claro que su mente estaba llena de preocupaciones. Durante el último tiempo se había llegado a formar entre ambos una relación más bien comparable con la que podría haber entre dos hermanos, eso incluía también las peleas, pero tenían sus momentos de paz.
Entonces escuchó el chasquido lejano de metal contra metal, el sonido de la batalla.
Roran miró ahcia atrás y gritó por encima del hombro:
-¡Capitán, ahí delante están peleando!
-¡Los hombres, a las catapultas! -rugió Uthar-. Redobla el ritmo de los remeros, Bonden. Y que todos los hombres en condiciones se preparen, si no quieren usar sus tripas de almohada.
"Muy alentador" pensó Saeth, sin embargo preparó sus armas y guardó la carta con el resto de sus pertenencias. Escuchando el entrechocar de los aceros esperó tensa, casi con emoción contenida, ahora podía escuchar los gritos de los hombres a medida que se acercaban, y entonces lo escuchó, un rugido familiar que a pesar de sonar terrible a los oídos del resto en ella producía una sensación de calidez: El rugido de un dragón, el rugido de Saphira.
Jeod se les unió, con la cara pálida como la cera.
-¿Has participado en alguna batalla? -le preguntó Roran.
Jeod negó con la cabeza y tragó saliva, y el nudo que tenía en la garganta se movió.
-Participé en muchas peleas con Brom, pero nunca en una de este calibre.
-Calma Jeod, ya verás que comenzarás a divertirte –bromeó Saeth para aliviar la tensión en sus músculos.
La masa de humo se aclaró por la derecha y les permitió atisbar la tierra oscura que escupía fuego y un pútrido vapor naranja, cubierta por masas de hombres en plena lucha. Era imposible distinguir quién pertenecía al Imperio y quién a los vardenos. Entonces el agua les trajo el eco del grito de un hombre:
-¡Un barco¡Viene un barco por el río Jiet!
-Tendrías que irte bajo cubierta -dijo Roran a Elain-. Aquí no estarás a salvo.
Ella asintió, se fue corriendo a la escotilla de proa, descendió la escala y cerró la apertura tras ella. Un instante después Horst saltó a la proa y pasó a Roran un escudo.
-Me ha parecido que podía hacerte falta.
-Gracias. Yo...
Roran se calló repentinamente al escuchar un fuerte Zum acompañado de una ráfaga de viento.
Zum. Se escuchó un grito salvaje que Saeth conocía muy bien.
Zum. Alzó la mirada y vio a Saphira descendía desde las nubes agitadas, sus escamas brillando con cada llama que escupía la tierra. Y en su lomo, donde se unían el cuello y los hombros, iba sentado Eragon, ataviado con finas ropas y armadura - aunque manchada por la mugre de la guerra- y llevaba en la mano a Zar'roc.
Saphira se quedó suspendida delante del barco. Saeth vio que Eragon cruzaba una tensa mirada con Roran, y luego parecía que hablaban mentalmente, luego la miró a ella, sorprendido.
¿Saeth?
Hola chico dragón, tiempo sin verte –no pudo evitar sonreír al ver su cara pasmada.
¿Eso era lo que tenías que hacer¿Ayudar a Roran?
Si, hablaremos de ello luego.
Saeth… gracias.
Ella asintió y cortó el contacto mental tras escuchar un "Que bueno verte pequeñaja" por parte de Saphira. Ella había sabido el plan desde el principio, había necesitado decírselo a alguien y Saphira era perfecta para ello, no iba a intentar detenerla e iba a considerar tal como ella que era mejor no preocupar a Eragon con ello.
La dragona sacudió sus alas y se alejó volando.
Al parecer tras una orden de Roran el barco atracó abruptamente, sin esperar más, Saeth bajó por la una cuerda y llegó a tierra con un salto, corriendo hacia la batalla. Desenvainó a la Lengua de Fuego se unió a la lucha.
Soltó un grito poderoso y la Lengua de Fuego atravesó la armadura y el pecho de un soldado del imperio. Sacando la espada de Vrael giró para esquivar otro soldado y le partió el yelmo al medio.
Valiéndose de estocadas, finitas y golpes brutales se abrió paso entre las filas enemigas. Y entonces lo vio, uno de los Gemelos ¡Malditos traidores¡Por su culpa había muerto Murtagh! En lo que ella constaba eran sus asesinos. Rugió furiosa y se plantó frente al mago, quería ver la vida abandonando sus ojos, quería que viera quien lo asesinaba y que supiera por qué, que se arrepintiera por haberle arrebatado lo que más amaba.
-¡Esto es por Murtagh! –gritó y le atravesó el estómago con una de sus espadas. Lo miró a los ojos y entonces le clavó la Lengua de Fuego, escuchó el grito desgarrador del hombre, pero no sintió piedad como él no había sentido piedad por Murtagh. Era un ser despreciable y se merecía que su espada llameante le abrasara las entrañas -¡Tú me lo quitaste, y ahora arderás en el infierno por ello!
Otro grito, que no provenía del gemelo que ahora caía a sus pies, le llegó desde atrás. Quitó sus espadas del hombre ya muerto y volteó a ver. Otro de los gemelos alzaba su espada contra ella, listo para dar el golpe mortal.
Demasiado tarde para detener el golpe levantó su espada, si iba a morir entonces se llevaría al bastardo consigo. Sin embargo un martillo partió la cabeza del hombre antes de que pudiera asestar el golpe, el Gemelo cayo al piso pesadamente y detrás de él apareció Roran.
"Es la segunda vez que me salva la vida…" pensó Saeth "Maldito granjero" refunfuñó sin poder evitar una sonrisa. Roran sólo le hizo una seña con la cabeza y siguió combatiendo. Ella corrió por un espacio libre entre un reguero de cuerpos de ambos bandos y entonces vio a Nasuada luchando contra un soldado, toda su escolta ocupada con otros enemigos. No supo bien que era lo que se removió en su interior al recordar a carta, pero no tuvo tiempo de meditarlo. A espaldas de la mujer vio un hombre que le apuntaba con un arco.
-¡Nasuada! –gritó, pero ella no la escuchó "Necia" pensó al ver que tenía tres enemigos en su espalda y no lo había notado. Apartó a un soldado de un espadazo y no se detuvo a mirar si había caído, corrió con todas sus fuerzas y tuvo que saltar sobre unos cuantos cuerpos mutilados para llegar junto a la líder de los vardenos.
Por el rabillo del ojo captó un rápido movimiento y antes de que pudiera reaccionar la flecha estaba clavada en su hombro. Soltó un grito de dolor al sentir la punta penetrar su piel sin armadura pero no se detuvo, aún quedaban los soldados.
Se agachó para esquiva el arma del que tenía enfrente y al levantarse lo liquidó de un solo golpe, giró levemente y su espada se clavó en la garganta del de la derecha. Otro grito de dolor, pero este provenía de sus labios, no de los del hombre que acababa de matar. Algo filoso y frío había provocado un profundo tajo en su espalda, bañando su camisa en sangre, el otro soldado había aprovechado la oportunidad para ganar ventaja.
-¡Jierda! –gritó incapaz de girarse para atacarlo, y el cuello del soldado hizo un fuerte crac al quebrarse.
Nasuada volteó a ver y miró entre sorprendida e impresionada a la chica.
-¡Saeth¿Qué…¡Tu herida! –alarmada la sostuvo antes de que callera. Saeth se zafó de ella e intentó mantenerse de pie sin sostenerse de nada –Tú… salvaste mi vida.
-Si, por favor nunca me lo recuerdes –cerró los ojos y tiró de la flecha soltando un grito.
-¿Qué haces aquí¿Cómo es que…?
Como toda respuesta ella señaló el barco atracado que lanzaba misiles en llamas hacia el campo de batalla.
-Waíse heill –masculló colocando su palma en la herida del brazo que comenzó a cicatrizar.
-Gracias –dijo Nasuda recuperándose de la sorpresa.
Saeth iba a abrir la boca para protestar, pero en ese momento un rugido más grave que el de Saphira pareció detener la batalla. Lentamente alzó la cabeza para ver la enorme sombra de un dragón alzarse sobre el perpetuo humo de los Llanos Ardientes.
Sintió que el corazón se le detenía… ¿Era acaso su padre? Pero un chorro de fuego que iluminó las escamas del dragón las mostró rojas como rubíes, brillando con el color de la sangre.
-Oh por Dios… -escuchó que decía Nasuada casi sin voz. Entonces pensó que no sabía que era peor, que su padre se hubiera presentado o que ahora hubiera dos jinetes de dragón en el bando enemigo.
Un impulso inexplicable la obligó a correr en dirección al jinete. Sentía la sangre bañar su espalda, pero no había tiempo, tenía que legar, tenía que saber quien era. En su carrera intentó tocar la conciencia del jinete y la encontró fortificada, pero algo más, se sentía un extraño eco, como un espíritu encerrado luchando por escapar, confundido, furioso y frustrado.
Volvió a mirar al cielo y vio como Saphira y el dragó colisionaban brutalmente. Los dragones forcejearon, se dieron mutuas patadas en el vientre con las patas traseras, luego comenzaron a desplomarse hacia el suelo, atacándose el uno al otro incesantemente. Apenas a cincuenta metros de los Llanos Ardientes, Saphira y el dragón rojo se soltaron y lucharon por recuperar altura.
Saeth observó boquiabierta cómo los dragones libraban su duelo con acrobacias cada vez más complejas, jamás en su vida había visto algo parecido, eran hermosos y terribles, parecían enfrentarse en una danza mortal, rojo y azul, como fuego y agua.
Saeth apartó desesperadamente los guerreros a su alrededor al ver que los dragones aterrizaban. Tenía que llegar, tenía que llegar allí costara lo que costara, lo sentía, era como una extraña premonición, no sabía por qué, sólo sabía que tenía que llegar junto a los jinetes, aún si se desangraba en el intento.
Pasó un buen tiempo hasta que al fin se separó de la masa uniforme de soldados que estaban concentrados en la encarnizada batalla. Miró al frente y vio a Eragon Y Saphira inmovilizados, de espaldas a ella el jinete apuntaba con su espada al cuello de su contrincante y su dragón esperaba pacientemente a unos metros más allá.
Iba a matarlo, iba a matar a Eragon, ella no podía permitirlo. Echó a correr, pero el jinete bajó su arma y tomó la de Eragon de su puño.
-Tomo mi legado hermano –dijo el jinete.
Saeth se detuvo tan abruptamente al reconocer la voz que cayó al suelo con fuerza raspando sus rodillas, sus codos y las palmas de sus manos que habían intentado detener el golpe. Era imposible, no quería ilusionarse, pero lo había escuchado, era su voz. Era su…
Al escuchar el estrépito de su caída el jinete miró en dirección a ella. Saeth levantó la vista y entonces todo pareció desaparecer, ya nada tenía sonido, nada su movía, todo era inexistente alrededor. Nada en ella reaccionaba, ni siquiera sabía si ella existía, tan sólo sus ojos respondían, clavados en la figura frente a ella.
El jinete bajó las espadas mirándola con la misma intensidad que ella, estaba parado en medio de la nada, sólo estaba él, como un espejismo.
-Murtagh…
AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!!!!!! MURTAGH!!!
No sé ustedes, pero yo lo extrañé mucho : D
Y ya superé la impresión del cap anterior jajaja. Les dije que tenía muchas ideas disparatadas... y muchos líos familiares ahora que me doy cuenta...
Bueno, volví a mi ritmo de escribir mucho! Yes, yes, ayer subí dos y hoy seguro que también, creo que es principalmente por que mis padres, ambos dos (jaj) se fueron a Entre Ríos y tengo la casa PARA MÍ SOLA... bueno, para mí sola y mi hermano, pero él trabaja y no está casi en todo el día, así que no cuenta (a re jaja). Como sea, acá estoy con Akiko, que cada tanto le agarra la loca y empieza a llorar o a moverse en sueños ¬ ¬ creo que nuca ví un poerro que sueñe tanto, pancha de mier.. ta metida en mi cama con la cabeza en la almohada ¡Me usurpó mi cama! Aff, como sea, los dejo que voy a despertarla por que está llorando ¬¬
Silent grax por el review, igual ya te lo conteste jaj.
