Imágenes confusas cruzaban la mente de Saeth, una tras otra. Un enorme dragón rojo se alzaba sobre los Llanos Ardientes, pero entonces el escenario cambiaba y las escamas del dragón se volvían violetas, brillando como gemas preciosas.

Jarsha, el niño de Farthen Dúr estaba parado en medio de tinieblas, ella intentaba acercarse a él, pero un muro invisible se lo impedía, entonces Jarsha gritaba de dolor y caía de rodillas, las sombras lo cubrían, Saeth lograba atravesar el muro y al llegar al niño descubría que ahora era ella de niña, llorando sobre el cuerpo de Jaru. Un elfo la miraba y decía "Protégelo", ella volvía a mirar a la niña y era Jarsha nuevamente, sólo que sus rasgos comenzaban a tomar forma élfica. Un rugido poderoso resonó en su mente y entonces alguien la llamó.

-¡Saeth¡Saeth! Despierta.

Abrió los ojos y se encontró frente a un rostro familiar. Murtagh la miraba con preocupación.

Murtagh… entonces no lo había soñado, él en verdad estaba vivo, estaba con ella. Aún con su corazón latiendo fuertemente lo abrazó, feliz de tenerlo con ella, de que fuera su rostro quien la despertaba de su pesadilla, y de la pesadilla que había estado viviendo desde su muerte.

-Estás vivo –dijo sintiendo que volvía a llorar, pero no se avergonzaba de ello, no eran lágrimas de tristeza, eran lágrimas de alegría –Te amo, no me dejes nunca más.

Murtagh sonrió y se separó de ella tomándole el rostro con las manos aún enguantadas, seguía teniendo la armadura. Acercó sus labios a los de ella y los acarició sin llegar a besarla, como siempre hacía, entonces la besó.

Saeth cerró los ojos y correspondió al beso, aquel beso tan anhelado, tan extrañado, aquel que había creído nunca más poder sentir.

-Yo también te amo –susurró Murtagh en su oído.

-Creí que… la ropa… creí que te había perdido. Pero estás aquí –sonrió y le acarició el rostro, sin embargo la expresión de Mutagh se volvió seria y evitó su mirada.

-Nunca morí… fue todo una trampa de los gemelos, ellos simularon su muerte y la mía… luego me embrujaron y me llevaron a Uru'baen.

Saeth volvió a abrazarlo y recorrió con la mirada la habitación era lujosa y le parecía extrañamente familiar. La cama adoselada en la que estaba recostada tenía cortinas de tul lila, la habitación tenía una gran cantidad de adornos en la gama de los violetas y lilas, y contaba con cierto aire infantil, como si fuera el cuarto de una niña. En un rincón, sobre una estantería vio una muñeca de tela muy remendada y una serie de juguetes tallados en madera, dragones en su mayoría. Se separó levemente de Murtagh y siguió contemplando la habitación, cada vez con más aprensión. Todo lucía impecable, pero aún así tenía un aspecto de abandono, como si no hubiese sido tocado en mucho tiempo.

Sobre la mesa de luz descansaba un libro de cuentos infantiles, y de la pared colgaba un fairth con un pequeño dragón violeta. Para contradecir el esquema infantil había, sobre una mesa, una colección de armas, listas para ser usadas, junto a esta, sobre una silla, una armadura pequeña. Sabía por qué aquel cuarto le había parecido tan familiar en un principio.

-Murtagh… -el hecho de que apareciera montado en un dragón rojo comenzaba a cobrar importancia, luego de recuperarse de la alegría de verlo con vida.

El muchacho bajó la cabeza y siguió evitando su mirada.

-¿Eres un jinete de mi padre? –dijo intentando controlarse.

-Él sabe nuestros nombres verdaderos Saeth, el mío y el de Espina –clavó sus ojos en ella y le dejó entrar en su mente, mostrándole todo lo que había sucedido desde que fuera capturado. Las torturas por haber escapado de Uru'baen, el momento en que Espina nació, los entrenamientos, los duros entrenamientos, mucho más violentos de los que los suyos jamás habían sido.

Saeth cerró los ojos y pegó su frente a la de Murtagh, sentía una terrible pena por su situación.

-Has caído en lo mismo que yo años atrás. Pero la diferencia es que a mi no me obligaban.

-Lamento haberte traído aquí –susurró besando sus manos.

Saeth no respondió inmediatamente, sino que tomó las manos de Murtagh para ganar tiempo. Era verdad que le aterraba regresar a Uru'baen, pero hacía tiempo que había aceptado que su niñez no había sido tan terrible como quería hacerse creer, habría sido inmensamente peor despertar y no encontrar a Murtagh a su lado, descubrir que había vuelto a perderlo

-Yo habría lamentado que no me trajeras contigo, a dónde sea –respondió –Tarde o temprano tendría que enfrentarme a esto…

Alguien golpeó la puerta. El corazón de Saeth se detuvo, demasiados recuerdos recurrían a su mente al estar en su habitación, en su verdadera habitación.

-Adelante –comandó Murtagh, igual de tenso que ella.

Un hombre de baja estatura, delgado y con el cabello negro atado en una prolija coleta abrió la puerta.

-El rey pide que la princesa se aliste y vaya a verlo a la sala del trono –dejó un hermoso vestido negro y algo más de ropa sobre el mueble más cercano e hizo una reverencia entes de marcharse.

El rey… ¿Hacía cuanto tiempo que no era llamada ante su presencia? Sintiendo las piernas de gelatina se puso de pie y caminó hasta el vestido. Volvió a mirar el fairth de Jaru y sintió que se le empañaban los ojos. La última vez que había sido llamada ante su presencia su dragón había estado con ella.

Dejó a Murtagh en la habitación y se dirigió a su cuarto de baño, donde la esperaba una enorme tina llena de agua tibia. Esta vez ni siquiera se tomó su tiempo, no prestó atención a las especias y los perfumes, ni disfrutó del agua cálida, tan sólo procuró quitarse la suciedad de la batalla de su cuerpo ya sanado, de seguro gracias a Murtagh, se secó y se colocó el vestido.

A diferencia de lo que habría esperado no estaba aterrada, estaba nerviosa, muy inquieta. Secó su cabello con magia, tal como solía hacer de niña, cuando se preparaba cada mañana con ayuda de su nana. Dejó que el cabello callera sobre sus hombros, sin hacerle ningún retoque, no quería prepararse, quería reprimir sus viejas rutinas que amenazaban con controlarla. Salió del cuarto de baño a toda velocidad y sin poderlo evitar, abrazó a Murtagh con fuerza, necesitaba sentirlo cerca a cada momento, y en aquel instante necesitaba de la seguridad que le daba su presencia.

-¿Lista?

Saeth asintió y le tomó del brazo, dejando que el la guiara fuera de la habitación, a través de los corredores del castillo levemente iluminados con magia similar a la que había en Farthen Dür. Bajaron por una escalera de caracol y finalmente llagaron frente a las labradas puertas de entrada a la sala del trono. De color ébano y con picoportes de oro con forma de dragón, tan imponentes como las recordaba, aún que un poco menos grandes de lo que parecían cuando era sólo una niña.

Los soldados apostados a cada lado hicieron una reverencia y sin decir palabra ni quebrar su postura firme abrieron las puertas con un fuerte ruido chirriante.

Levantando la vista lentamente Saeth dio un paso, finalmente estaba allí, en Uru'baen, se enfrentaría a su padre luego de tantos años ¿Qué e haría¿La torturaría¿La encarcelaría¿O la obligaría a servirle tal como había hecho con Murtagh?

Otro paso. Su calzado resonó en el salón. Un paso más. Presionó un poco más el brazo de Murtagh. La fuerza que la detenía pareció ceder y sus pasos se volvieron algo más ligeros, sin embargo evitaba mirar al frente.

Se detuvieron frente al trono cincelado en alguna clase de roca color oscuro con una enorme ala de respaldo y dos cabezas de dragón como apoyabrazos, resaltando el ala, las garras y las cabezas amenazantes con oro.

-Me alegra ver que has regresado a casa hija mía –dijo una engañosamente amable y familiar voz –Cuanto sufrimiento le has traído a tu padre con tu partida.

Saeth alzó la vista y sus ojos se encontraron con los oscuros ojos de Galbatorix que sonreía con los brazos abiertos, tenía aquella mirada tan atrayente, controladora, irresistible. Vestía un traje oscuro de cuello alto y una capa negra, y su barba, que según Saeth recordaba era negra, estaba salpicada con algunas canas, sin embargo lucía tan vigoroso como antes.

-Pero eso ya no importa –continuó, bajando del trono –estás aquí ahora –miró a Murtagh –gracias por traerme a mi hija de regreso Murtagh hijo de Morzan.

Murtagh hizo una tiesa reverencia, al llegar había sido castigado por dejar escapar a Eragon y Saphira.

-Has cambiado Saeth –dijo Galbatorix contemplándola –la última vez que te vi eran tan sólo una niña, pero ahora eres una mujer, radiante, poderosa.

-Ha pasado un largo tiempo padre –respondió tensamente, sin saber cómo reaccionar ante la amabilidad del rey, ni el poder de sus ojos oscuros. Si que sabía hacer como si nada hubiera sucedido, y lo peor era que comenzaba a engañarla.

-Oh, no me trates como si no conocieras a tu padre –La tomó por los hombros, sin dejar de mirarla a los ojos –Te pareces tanto a tu madre… -por primera vez Saeth vio flaquear la imagen de su padre, pero sólo un segundo, luego la creíble pantalla de felicidad actuada volvió a interponerse ente ambos, era como si por un segundo su máscara se hubiera deslizado por su rostro para luego regresar a la posición inicial –Me he enterado que has sufrido cierta debilidad durante el último año –continuó colocando los brazos en su espalda -Me temo que eso en gran parte es mi culpa, pero todo ha sido por tu bien, por el amor de un padre a su hija. Del rey a su pequeña princesa.

Saeth recordó entonces lo que había dicho Durza "Esto es obra de tu padre. En parte. Aún que supongo que deberías agradecerle"

Iba a descubrirlo, realmente iba a descubrirlo, lo que su padre le había hecho, la razón por la que aquel desgarrante dolor azotaba su cuerpo mientras viajaba con Eragon.

-¿Qué me ha sucedido¿Por qué…?

-Eso lo averiguarás muy pronto, paciencia hija mía.

Paciencia hija mía… a su mente acudió la imagen de su padre enseñándole magia y diciendo "Paciencia hija mía, paciencia". Luchó por evadir el recuerdo de lo que había visto tras la batalla de Farthen Dür: Ella, de niña, corriendo felizmente a los brazos de su padre, besándolo en la mejilla y diciéndole cuánto lo quería, jamás olvidaría la sonrisa de su padre, una sonrisa real, como nunca vería en la realidad.

-Murtagh, espera aquí, esto es algo que sólo mi hija puede ver.

Murtagh volvió a tensarse y cruzó una mirada con Saeth. Ella asintió levemente y soltó su brazo avanzando hacia su padre.

-Como usted ordene, mi rey –respondió el jinete.

Galbatorix lo ignoró y colocó una mano en la espalda de su hija, guiándola a través de una cortina tras el trono. El siguiente pasillo era más oscuro que el resto y Saeth no pudo evitar pensar que tal vez había cometido un error al acceder, sin embargo ¿Qué otra opción habría tenido? Siempre estaba indefensa bajo aquellos ojos oscuros y manipuladores.

-Como ya sabes la magia de tu padre es poderosa, conozco secretos mi niña y los he utilizado en tu beneficio, por que se que has sufrido mucho. Y como tu padre estoy aquí para sanar tu heridas y secar tus lágrimas.

Saeth asintió ante la gentil sonrisa que le dedicó el rey. Entonces miró al frente, habían llegado a una enorme sala, cubierta en penumbras, a excepción de un ancho rayo de luz proveniente de una gran abertura en el techo. Se escucharon ruidos entre la oscuridad. La chica sintió que Galbatorix, parado tras ella colocaba sus manos en sus hombros.

Una voz familiar resonó en su mente, más potente de lo que nunca la había oído.

"¿No puedes dejar de meterte en problemas?"

Saeth miró sorprendida, su corazón latiendo furiosamente en su pecho. Sabría quien era, finalmente sabría quien era. Hubo movimiento en las sombras frente a ellos, hasta que lentamente la figura comenzó a acercarse. Una enorme garra entró en la zona iluminada, a la que le siguió el resto del cuerpo del dragón violeta, las escamas brillando incandescentemente.

-Jaru…


QueeeeeeeeeeeeeeEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE FIN!

A re jajaja. ¿Les gustó o no¿Se lo esperaban? Ahora tiene sentido el título, a que siiiiiiiiiiiiii.

Bueno, tengo que dar mis agradecimientos a todos los buenos que me dejaron reviews:

Azamy-Delacour

Raihen

silent-movie

Nyirvis M'erri

ale!!

Y la boba de Mey a re jajajaj mentiiiiiiiiiiiiraaaaaaa

les agradesco sus muestras de apoyo y que sigan el fic tan fielmente, es emocionante abrir mi bandeja de correo electrónico y descubrir que hay un nuevo mensaje que dice "Nuevo review" Bueeeeeno, no dice específicamente así, pero creo que mi punto está aclarado. Y no teman mis fieles lectores!!! Pronto encontrarán la continuación, Empire (aún que no se si se va a llamar así...)( SIN AYUDA DE PAOLINI!! po que todabía no publicó el libro ¬¬.

Y seeeeeee, no se van a librar de mi tan fácilmente.

Les esperanmuchas sorpresas. ¿Que sucede con esta extraña enfermedad de Saeth¿Permanecerá Saeth junto a Galbatorix¿Se casará finalmente con Orik? jajajaja eso no iba jajaja ¿Cómo reaccionarán ustedes al encontrar una Saeth No loca y de muy buen humor¿Qué papel pinta Jarsha en todo esto¿Quien es el elfo del sueño de Saeth¿Me cansaré y entraré a reevivir a Brom, Ajihad Durza y todos los que se murieron¿Cuál es el gran secreto de Selene¿O era Selena? afff, que desastre. ¿Galbatorix seguirá así de bueno y empezará a saltar por el bosque juntando flores para llevárselas a Eragon¿Qué pasa con la profecía del hombre gato? jajaja, sory pero es muy gracioso, hombre gato XD ¿Habrá un enfrentamiento entre Murtagh y Eragon¿Saeth tendrá que finalmente ELEGIR ENTRE MURTAGH Y ERAGON¿Se acordará alguien de Katrina? jaja ¿El cielo es azul¿O es celeste o negro? afff, me voyyyyy. Les dejo un adelanto... pera que improviso...

-¡Puedo salvarlo¡Tiene que haber alguna forma! –rugió Saeth entre desesperada y furiosa, estaba tan claro para ella ¿Por qué no lo podían comprender?

El hombre la miró seriamente, con una mirada levemente compasiva.

-Has caído en lo mismo que tu madre.

El rostro de la chica perdió todo rastro de aquella fogosa decisión y pareció que su cuerpo se aflojaba. Era verdad, había caído en lo mismo de su madre.

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-¡No te dejaré hacerle lo mimo que hiciste conmigo! –gritó Saeth furiosa.

Galbatorix no le respondió, sino que le dio la espalda, caminando hacia la puerta con la espalda erguida.

-¡Escúchame¡No dejaré que arruines su vida¡Antes tendrás que pasar por mi cadáver!

Su padre se detuvo, con una mano en el marco de la puerta, agachó la cabeza, para luego enfrentar sus refulgentes ojos lilas.

-No tienes mucho tiempo –dijo con voz ronca. Su mano se deslizó por la madera entonces volvió a darle ala espalda y se marchó, dejándola sola, con la realidad de su respuesta pesando sobre sus frágiles hombros.

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¡Este es el día! –anunció Saeth y su voz se elevó por sobre las filas de sus hombres. Montada sobre Jaru recorrieron la primera fila de soldados -¡Aquí, al final, luego de todo lo que hemos pasado¡Aquí aún puedo ver en sus rostros el miedo que ha desconsolado a muchos! –Continuó -¡Mis hermanos, aquellos que me tendieron una mano en mi peor momento¡Todos sabemos que existe la libertad en este mundo¡Pero hemos aprendido que vale la pena luchar por ella! –Recorrió con los ojos los rostros de sus compañeros, aquellos que la seguirían hasta su último respiro -¡Y yo les digo, futuros héroes de Algaësía¡Qué prefiero morir como una mujer libre! –Vociferó y se oyó un bramido de miles de voces y el sonido de los puños enguantados en metal golpeando las armaduras, a los que se unió un poderoso rugido de Jaru -¡Estamos aquí para hacer historia¡Todos ustedes han crecido en esta tierra¡No permitan que se las arrebaten!

QUE PODER DE IMPROVISACIÓN JAJAJAJJA ammmmmmmm

bueno gente, los dejooooooooooooo

adiosessssss

xValx