Luz, eso fue lo primero que vi. Luego vino la sensación de mareo al intentar incorporarme, mucho más fuerte de lo normal, mi cuerpo estaba tan rígido que cualquier movimiento desencadenaba punzadas de dolor que bajaban desde la cabeza hasta la espalda. Antes de conseguir abrir los ojos me vino a la mente el río, el autobús a mi espalda y Michael aún en el…
-¡ MICHAEL !
Grité a todo pulmón mientras me incorporaba violentamente. Me di cuenta que estaba en una cama y en la de al lado estaba mi hermano, dormido o inconsciente…
Salté de la cama, estaba completamente desnudo. No había nadie mas en la habitación, no estábamos en un hospital, lo cual me tranquilizó en seguida, era una casa privada, seguramente de alguien de la zona que nos habría encontrado en el río.
Me senté a su lado y coloqué mi mano sobre su corazón, al sentir sus latidos le abracé de alegría. Las vendas de la cabeza le cubrían la frente pero tenía una expresión tranquila, le destapé para comprobar si estaba bien y me sorprendió la cantidad de moratones que tenía por todo el cuerpo, en algunas partes incluso tenía suturas, fue cuando de una rápida ojeada vi que a mí también me habían cosido en un par de sitios.
Aun hipnotizado por la situación no oí como la puerta se abría tras de mí.
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Mientras preparaba la sopa oí gritar el nombre de Michael, sin duda Lincoln se había despertado. Me acerqué a la habitación pero al principio no me atreví a abrir la puerta, creo que estaba nerviosa, había sido fácil ayudarles estando ellos inconscientes, pero cara a cara, enfrentarme de nuevo a esa parte de mi vida que ya había superado… enfrentarme a Michael… me daba miedo… No sé qué iba a pasar y no tenía ganas de averiguarlo. No escuché ningún ruido más, quizá Lincoln había tenido una pesadilla…
Abrí la puerta sin querer abrirla y me encontré a Lincoln desnudo, apoyando su mano en el pecho de Michael. Debería haber vuelto a cerrar la puerta inmediatamente o decir algo, cualquier cosa menos quedarme ahí de pie pasmada sin poder reaccionar. No dejaba de repetirme, "da un paso atrás y cierra la puerta", pero mi cuerpo no me respondía. Fue tan solo cuestión de tiempo que Lincoln se levantara y se girara hacia la puerta para verme allí totalmente cohibida.
-¿Sara?
Su mirada llena de incredulidad se posó en mi rostro y noté como me ponía roja. Él miró hacia los lados desorientado. Vacilante, empezó a acercárseme. Seguía sin moverme, con la boca abierta pero sin decir nada. Cuando estaba a tan solo un paso de mí, me tocó el hombro para comprobar que era real y en ese momento miró hacia su cuerpo, me pareció que reparaba en su desnudez, pensé que se iba a volver para cubrirse pero volvió a levantar la vista hacia mí.
-Tú nos has curado – afirmó mirándose de nuevo las heridas.
Que un hombre como Lincoln, estuviera enfrente mío, desnudo, hablándome con tanta naturalidad me provocó una sensación extrañísima. De nada me servía haber observado su cuerpo durante horas, mientras le desvestía, le lavaba, le curaba… Algo tenía ahora ese cuerpo, tan diferente a cuando él estaba inconsciente, que me hacía mirarlo de arriba abajo, descubriendo cada uno de sus músculos… Me atraía como un imán, deseé notar su brillante piel contra la mía, que me rodeara con sus brazos, notar la seguridad de tenerle a mi lado…
¿Por qué al mismo tiempo me resultaba antinatural imaginarme a su lado? Tenía que alejarlo de mí.
-Tienes ropa limpia en esa silla, espero que te sirva. – le dije.
Ni siquiera miró hacia la silla, seguía ahí, de pie, mirándome, esperando respuestas.
-Pero… ¿Qué estas haciendo aquí¿Cómo…¿Dónde estamos?
-Todo está bien, vístete y ahora te explico lo que ha ocurrido.
No se mueve. Continúa a escasos centímetros de mí interrogándome con la mirada. Tras unos segundos eternos gira el cuerpo hacia su hermano y me encuentro pensando en lo redondo y firme que tiene el culo, sin marca de ese sol que ha tenido que estar tomando una larga temporada a juzgar por lo moreno que está… La imagen de él desnudo en la playa me puede… "Sara¡ya basta!" me digo, "No sigas por ahí". Hablo para dejar de pensar en lo que no debo.
-Michael está bien, sólo necesita dormir un poco, si le despertamos ahora le dolerá demasiado la cabeza. – No sé si me escucha¿hacia dónde estoy mirando? – Te… eh… te espero en la cocina, es la puerta de aquí al lado, estaba haciendo algo de comer…
Sin más me voy y cierro la puerta. Al salir de allí vuelvo a estar en posesión de mi misma. Doy un respiro y me prohíbo volver a dejarme seducir por su cuerpo.
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Mientras me pongo la ropa aun con la sensación de irrealidad flotando en el ambiente, huelo la comida y mentiría si no dijera que eso me devuelve a la vida. Poso mi mano en el hombro de Michael y me dirijo a la cocina ansioso por saber cómo hemos llegado hasta aquí.
Observo a Sara desde la puerta. Está terminando de preparar la comida. Echa un vistazo rápido a una pota humeante, tira los restos de haber estado pelando verduras a la basura, friega algún cacharro y agarra un par de platos que pone en la encimera.
Vuelve a ser la doctora que conocí en prisión, controlando la situación, tan diferente a la Sara intimidada que acabo de ver en la habitación… Esa dualidad me hace sonreír.
Me apoyo en el marco de la puerta con las manos metidas en los bolsos del pantalón y curioseo un ratito mas, es divertido verla cocinar, va comiendo cositas aquí y allá mientras prepara la ensalada, cuando la sensación de estar abusando de la situación es muy grande llamo su atención.
-¡Hey! Que bien huele.
-Oh, gracias – Se gira hacia mí… ¿me está mirando de arriba abajo? – ¡Pasa! – dice sonriendo, haciéndome un gesto con la mano para que entre.
-Siento, eh… lo de antes – interrogación en su rostro – Ya sabes, en la habitación, de pie desnudo – le digo encogiéndome de hombros.
-Ah! No pasa nada – se ruboriza y se da la vuelta para que no vea que he conseguido ponerla nerviosa. Sonrió.
-Estaba… desconcertado, o en shock…- le digo.
-Si, es normal – dice aun sin mirarme.
Me empieza a divertir la situación, me recuerda muchísimo a Michael. Los dos parecen no saber afrontar bien su timidez en momentos comprometedores. Decido jugar un poco más, tal como lo haría con mi hermano.
-Pero tú ya sabías que estábamos aquí. ¿Cómo es que te quedaste tan azorada frente a mí? – no me mira pero noto como todo su cuerpo se queda paralizado. No digo nada durante unos minutos, ella tampoco – Parecía que no me hubieras visto desnudo antes, lo cual a juzgar por todas estas curas que llevo encima, no es así… - Me acerco a ella muy lentamente y me apoyo en el mueble de la cocina enfrentándola, no le queda mas remedio que mirarme y encontrarse con mi engreída sonrisa.
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Toda la rabia que me produce su vanidosa sonrisa se desvanece al mirarle a los ojos. Tiene una mirada dulce, llena de comprensión y franqueza. Hace que quiera contarle toda la verdad, lo que pensé, lo estúpida que me sentí pensándolo, el miedo que tengo de que mi vida se desmorone con ellos aquí… Debe de haber notado mi inquietud y cambia totalmente su actitud. Se me acerca y me besa en la frente.
-Gracias por todo, Sara… Por todo lo que siempre has hecho por nosotros, nunca me cansaré de agradecértelo.- me lo dice con su frente pegada a la mía, sin dejar un segundo de mirarme.
Por primera vez en mucho tiempo hace que todo por lo que he pasado haya merecido la pena, que no me arrepienta, que no me parezca estúpido y lo más importante, hace que esa detestable sensación de haberme comportado como una niña idiota se desvanezca. Me abraza y siento su abrazo como el del padre que nunca estuvo a mi lado. Me pierdo en su abrazo hasta que todas las viejas heridas cicatrizan.
Al separarnos soy una mujer nueva, él me sonríe notándolo y me guiña un ojo.
-¿Comemos?- pregunta con una mirada pícara.
-Claro- le digo riéndome – pon esto en la mesa del salón que ahora llevo yo el resto – le paso la sopa y la ensalada.
-Muy bien – mientras se aleja le oigo decir – no tardes o no quedará comida para cuando llegues.
Me río mientras saco la bebida, los platos y el pan y me encamino al salón. Después de todo quizá no sea tan malo tenerles aquí unos días.
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Pienso en lo rica que está la sopa, un poco picante como a mí me gusta. Ya me he zampado dos platos y Sara me mira divertida.
-¿Entonces yo ya estaba inconsciente cuando tú me encontraste?
-Si, no sé como llegaste ahí. Michael estaba pidiendo ayuda y me llevó hasta ti, cuando volvía a por vosotros se cayó un árbol y una de sus ramas fue a desplomarse en la cabeza de tu hermano.
Sara hizo una pausa y bajó la mirada, creo que le costaba enfrentarse al dolor que debió de sentir viendo a mi hermano caerse casi muerto al suelo. Durante unos minutos nadie habló.
-Al principio os llevé al hospital con las otras personas que viajaban en el autobús. Cuando al cabo de unas horas me llamaron de un periódico local para pasarse a hacer unas entrevistas a los heridos y sacar unas cuantas fotos, juzgué más oportuno esconderos en mi casa, lejos de las cámaras. Supuse que seguíais huyendo…
-¿Cuánto hace que vives aquí?
-Un año. Sobre esta época siempre suele haber bastantes lluvias en la zona y el año pasado la aldea quedó devastada. Vine tan solo por unos meses para ayudar y aquí me quedé.
Mientras escuchaba a Sara no podía creer en las coincidencias de la vida. Era como si de una forma u otra su camino, y el mío y de mi hermano, siempre se cruzaran. Encontrarse con nosotros en medio del Perú era algo insólito. Rozaba lo imposible.
Incomprensiblemente ella era la única persona en la que sentía que podía confiar a parte de mi hermano.
- No vine sólo para ayudar – me dijo entonces fijando sus ojos en los míos – también vine para huir de todo… de… de vosotros – me quedé con la boca abierta. Su ojos quedaron vacíos y su rostro sin expresión alguna.
-¡¡LINCOLN!! – oí gritar a Michael desde la habitación.
Me levanté de la mesa. Sara parecía una estatua.
CONTINUARÁ...
