No debería de haber gritado, me llevo las manos a la cabeza que aun me retumba, casi no puedo abrir los ojos del dolor. Palpo la venda y me la empiezo a desenrollar.
Lincoln abre la puerta de la habitación.
-Linc…
Al verle, toda la angustia sentida en el río desaparece de mi cuerpo y me siento eufórico.
En un primer momento su mirada desborda felicidad, luego, poco a poco se va volviendo más grave y lastimosa… Sé que piensa que si estoy herido es por su culpa.
Me levanto de la cama y me abraza más fuerte de lo que yo puedo abrazarle a él. Me vuelvo emotivo en su abrazo. Es capaz de hacerme descargar toda la tensión y ponerme al borde de las lágrimas.
Suspiro entrecortadamente mientras intento coger aire. Nunca he conocido a nadie que abrace con tanto corazón como mi hermano. Siento que me protege, que me calma y que no se apartará de mí, que no romperá su abrazo, hasta que me haya sosegado.
Su respiración es profunda, la mía más nerviosa e irregular.
-¿Estás bien? - susurra a mi oído.
Afirmo con la cabeza y le abrazo un poco más fuerte. Consigo serenarme y nos separamos.
Coge con cuidado mi cara entre sus manos y observa la herida.
-Vaya golpe – dice preocupado – si vieras el aspecto que tiene no te hubieras atrevido a quitarte la venda, idiota – me riñe - ¡SARA!
Me quedo helado, preguntando a mi hermano con los ojos si realmente es ella. Sin palabras, asiente con la cabeza con una mirada que no deja lugar a dudas.
Sin estar listo para verla oigo su voz.
-¿Qué pasa? – dice entrando en la habitación.
Me ve de pie, aturdido y dirige sus ojos a la venda en la mano de lincoln.
Estoy desnudo, joder… Ella se aproxima a mí y yo me muevo hacia atrás. Se para y me mira como si estuviera estudiando mi reacción. Vuelve a intentar acercarse y estiro el brazo para pararla.
¿Es que nadie se da cuenta de que estoy desnudo? Debo estar alucinando o algo…Miro a mi hermano que está apoyado en la pared, detrás de Sara, mirándome extrañado. Gesticulando me dice "¿Qué haces?" sin entender mi rechazo.
-Michael, siéntate en la cama para que pueda volver a ponerte la venda – me habla como si creyera que aun estoy algo desequilibrado por el golpe.
Me siento, y aprovecho para cubrir mis partes con la sábana.
Lincoln el muy listo ya lo ha intuido y se está muriendo de la risa. Sara lo mira divertida aunque no sabe por qué ríe. Coge la venda de sus manos pero como está sucia sale de la habitación a buscar otra.
Lincoln aprovecha y se ríe aun más fuerte. Cojo la almohada y se la lanzo para que pare, no me quiero levantar no sea que vuelva a entrar Sara y yo por ahí en bolas. Linc sigue riendo a carcajada limpia. Cuando entra Sara intenta aguantar la risa, mordiéndose los labios pero es aun peor y encima el muy bobo aun tiene la almohada en la mano.
Ella nos lanza una mirada que me hace suponer que se imagina por donde van los tiros Automáticamente me pongo a la defensiva, mi semblante serio procurando defender mi orgullo.
Según va enrollando la venda sus brazos pasan a escasos centímetros de mi boca, sus ojos me miran para comprobar que está quedando bien y yo no puedo apartar los míos de los suyos, huelo su piel, está tan cerca… su pecho, su pelo me roza la cara…
Lo complicado es no moverme cuando inclina su cabeza detrás de la mía para comprobar la venda, su cuello casi, casi, roza mi boca… su aroma me cautiva, me seduce…
Nervioso es poco decir, esto es un suplicio¿cuántas vueltas más va a dar?
Agarro las sabanas y las oprimo en un puño. Mis brazos se ponen tensos. No voy a poder aguantar mucho…
Miro a mi hermano por debajo de la axila de ella y con un gesto le suplico que me ayude. Me hace una mueca fingiendo no entenderme.
Cierro los ojos y aprieto los labios, los vuelvo a abrir y veo a Linc mirando a la sabana que me cubre, se recrea gesticulando que seguramente no tardare mucho en pasar la mayor vergüenza de mi vida.
Sara para y me mira fijamente. Sólo tropezarme con sus ojos acciona algo en mi interior y las cosas se precipitan.
-¿Estas bien?– afirmo rápido con la cabeza y como un niño intento influenciarla repitiendo mentalmente "no te pares, no te pares,"– ¿Te hago daño? Si te aprieta mucho la venda dímelo, no te tiene que doler… - me dice dudando.
-No… hm – toso – no, no me duele, está perfecta, sigue – la apremio.
Continúa colocándome la venda y Linc empieza a caminar por la habitación con una sonrisa burlona. No quiero ni imaginarme lo que va a hacer.
Intento concentrarme en las paredes, en cualquier cosa menos en Sara… es tan difícil no verla, no sentirla en cada poro de mi piel… me toca la cara tan suave que es imposible no levantar la mirada y quedarme enganchado en sus ojos, cuando su rostro pasa tan cerca del mío tengo unos deseos irrefrenables de girarme y besarla, ya no calculo lo cerca que estamos, una especie de fuerza magnética me inclina hacia sus labios…
Recuerdo el beso de la enfermería y noto como ya no puedo resistir más, mi boca está medio abierta y mis ojos la miran hipnotizados…
Pierdo el dominio sobre otra parte de mi cuerpo que me gustaría mantener controlada.
Cierro los ojos y suspiro profundamente sabiendo que en cuanto los abra no podré evitar besarla.
Poso mis ojos en los suyos y me inclino suave hacia ella…
-Toma la ropa hermanito – oigo decir a Linc mientras la deja caer encima de mi regazo haciendo que suelte un gemido. – ah - Le miro y se encoge de hombros como si nada.
-Listo – dice Sara
-Gracias – respondo bajando la mirada.
-Si te encuentras bien, hay comida si te apetece. – dice sonriendo.
Sale de la habitación y cierra la puerta tras ella.
Suspiro aliviado, aun sentado en la cama y con las manos apoyadas en el colchón inclino la cabeza y me relajo.
-Ha estado cerca¿eh hermanito? – dice jocoso
-Linc… - sin levantar la cabeza – como puedes ser tan… cabrón.
-Venga hermanito, no te enfades, si ha sido muy divertido- dice dándome un capón cariñoso en la cabeza.
-Me va a estallar la cabeza – acerco la mano a la venda y le miro enfurruñado.
-No, lo que te va a estallar es otra cosa – suelta dirigiendo su mirada a mi entrepierna. Antes de que pueda darle un codazo se levanta y se empieza a desternillar de la risa. Me levanto rápido para pillarle.
-¿Ves? – dice señalándome ahí.
Sale de la habitación esparciendo por toda la casa esa risita suya. Veo como Sara al fondo se gira para ver que está ocurriendo. Le lanzo una sonrisa turbada mientras cierro.
Me apoyo de espaldas en la puerta.
Sara… Sara está aquí… O nos vamos pronto o no podré separarme de ella otra vez…
