Llevo hablando sin parar durante horas. Todo por culpa de estos dos que están demasiado cortados como para hablar entre ellos y me usan a mí de comodín. De vez en cuando uno pregunta algo y el otro responde con monosílabos. Me desespera ver esas caras tan serias que ni se miran. Lo ponen todo tan difícil...
Quizá soy mas crítico con mi hermano que con Sara, ella al fin y al cabo ya se mostró como era cuando se conocieron por primera vez y tal como terminaron las cosas es normal que ahora no mueva ficha… aun así se muestra más natural pero Michael… hace unas horas parecía decidido a besarla y ahora se disfraza con una fría indiferencia que soy incapaz de tirar abajo con mis burlas. Me gustaría zarandearle hasta que volviera a ser él.
Centro mi atención en Sara, hablo con ella, le sonrío, la toco para que note que estoy a su lado, le hago bromitas de las que se ríe encantada, todo para compensar el mal que le pueda estar causando Michael con su desdén…
El tiempo pasa y nada cambia. Me voy a ir, estoy cansado de verles así, puede que estando ellos dos a solas la cosa mejore.
- Bueno gente, me voy a dar una vuelta – quito mi brazo de encima de los hombros de Sara y me levanto del Sofá. Aunque veo en sus ojos una pizca de desilusión me sonríe.
- No pases por la clínica no sea que aun estén por ahí los reporteros - su voz es suave pero llena de preocupación - Hay un camino a la derecha de la casa que se adentra en el bosque, te gustará… si llegas al final encontrarás una sorpresa. – dice guiñándome un ojo.
- Ya me has intrigado - le lanzo una miradita desvergonzada. Se ríe. Me da pena dejarla sola con el enrevesado de mi hermano.
Veo el miedo en los ojos de Michael, teme que me pase algo, que no vuelva… cuando cruzo a su lado me coge del brazo, impidiéndome que me vaya, le miro y sus ojos le brillan.
Cierto que muchas veces tiene que ser él el hermano mayor, pero otras, como en esta, vuelve a ser ese niño pequeño que perdió a su madre. Tan indefenso… Le quiero más que a nada. Le levanto y le rodeo con mis brazos.
- Tranquilo, estaré aquí para cenar - susurro calmándole – no me pasará nada… – continuo diciéndo hasta que está conforme.
Me suelta, pero no se queda convencido, sabe que siempre puede pasar algo.
Salgo por fin a la calle, respirar el aire puro me hace olvidar todo el drama y lanzarme feliz a la aventura.
Michael se sienta a mi lado en el sofá, sin invadir mi espacio para que no me sienta incómoda. Me sorprende, porque lleva todo el rato a la defensiva, casi sin dirigirme la palabra. Reclina la cabeza hacia atrás y cierra los ojos.
Sus piernas están placidamente estiradas y los brazos apoyados en la parte superior del respaldo. Si giro la cabeza, podría morderle los dedos de su mano derecha con mis dientes. Sería divertido comprobar que pasaría si lo hiciera, pero sé que no es el momento.
No habla y yo no le quito ojo de encima. Curioseo como si quisiera acordarme siempre de él en esta postura, le espío, con miedo a que abra los ojos y me descubra, aunque eso lo hace aun mas emocionante.
No le quedan nada mal los tejanos, sus caderas hacen que tenga que tragar saliva y mirar rápido hacia su barriguita. Me excita notar su figura a través de la fina tela de la camiseta.
Está respirando profundamente. Mantiene su cuello recostado hacia atrás, sin esconder nada, lo que me concede una visión magnífica. Sus poderosos hombros relajados pero evidentes descienden hasta la silueta bien definida del brazo y de nuevo la mano, libre de vestimentas.
De vez en cuando mueve levemente los dedos y el sonido que producen al rozar con la textura del sofá vuela directo a mi oído que lo propaga por cada fibra de mi cuerpo estremeciéndome y dejándome inmóvil.
¿Cuánto tiempo llevamos callados?
Sé que debería decir algo pero lo que en realidad me gustaría es apoyar mi cabeza en su hombro y que me rodeara con su brazo. No debo pensar eso. Ya no. He rehecho mi vida y él no forma parte de ella.
¿Por qué ha tenido que pasar esto¿Qué clase de vida te golpea con el pasado en la cara cuando ya creías haberlo superado¿Por qué siento lo mismo hacia él que cuando lo conocí?. Es que todos los cambios y sensaciones que he vivido durante este último año ¿no eran reales?.
Quisiera que alguien me respondiera qué es lo que está haciendo Michael Scofield sentado a mi lado.
Inspiro profundamente… y espiro indignada…
- ¿Estás bien, Michael? – pregunto para apartar todas las demás cuestiones de mi mente.
Mueve su cabeza afirmativamente varias veces, luego se rinde en un quejido inapreciable y empieza a sacudirla negativamente. Con semblante serio y pensativo se incorpora ladeándose un poco para mirarme con esos ojos suyos que me atraviesan el alma.
- Cada vez que veo marchar a mi hermano, a cualquier lugar, me asfixio. Al principio, tras escapar, era aun peor. He hecho progresos desde entonces, aunque no te lo parezca – dice con una tierna sonrisa – ahora, al comienzo me entra el pánico, luego consigo dominar el miedo… no, dominarlo no, más bien aceptarlo… – pensativo baja la mirada – No entiendo como Lincoln conseguía aguantarme – sonríe como un chiquillo encogiéndose de hombros – con lo rápido que suele perder la paciencia cuando alguien se le pone delante… Me cuida. Me cuida con el corazón en la mano. – reflexiona y puedo ver todo el amor que siente por su hermano - Me gusta que lo haga. Ojala yo pudiera hacerlo como él, pero mi parte mental aparta a la sentimental… – levanta su mirada directamente a mis ojos - estoy intentando cambiarlo, pero es difícil…
Nuestras miradas se envuelven. Su brazo sigue encima del respaldo del sofá, muy cerca de mi barbilla. Cierra la mano en un puño, la vuelve a extender y mueve periódicamente el pulgar acariciando la tela.
- ¿Y tú – su voz suena nerviosa y seria - cómo estas, Sara…?
Expresa culpa y remordimiento en cada uno de sus gestos.
- Bien – Es lo único que consigo decirle.
Espera que continúe hablando, pero no puedo. Él no se impacienta, me da tiempo a expresarme... Quisiera poder decirle cómo me siento, lo perdida y confusa que estoy… Sé que actúo mal callándome pero mi orgullo esta herido y no me deja dar más.
- ¿Eres feliz? – pregunta esperanzado.
A mi me duele su esperanza. Siento como si el que yo fuera feliz, le diera una excusa para sentirse bien aunque no hubiera intentado nunca que lo nuestro funcionara.
Vuelvo a pensar en su pregunta… ¿Feliz? Me gustaría gritarle "¡NO¡YA NO!, no lo soy, apareces y me doy cuenta de que he estado viviendo una mentira y en cuanto te marches tendré que volver a tragarme la misma mentira¿Cuántas veces más voy a tener que soportar esto?. Ya no puedo, por una vez, me gustaría sentirme descansada y no llevar dentro todo este tormento angustioso. ¡Ah! y por si no te habías dado cuenta, en cuanto te largues, lo único que hará que no me duela nada, será un poquito de morfina que dudo mucho pueda evitar tomar. Me odio cuando la tomo, pero prefiero odiarme a sufrir por ti".
- A veces – acabo diciendo y me levanto del sofá directa a por una cerveza.
No es sincera conmigo, no la culpo. Pocas veces he sido franco con ella… y cuando lo fui ya era demasiado tarde… Tengo que ser yo el que hable sin rodeos… "si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo"… No más disfraces.
- ¿Quieres una? – me pregunta cuando abre la puerta de la nevera.
- Por favor.
Trae algunos frutos secos y las dos cervezas. Están heladas. Cuando vuelve a sentarse a mi lado la miro con miedo de volver a ver ese dolor en su rostro que suscité hace unos instantes.
Levanto la cerveza para brindar con ella, divertida se prepara para golpear su cerveza contra la mía. Propongo un brindis.
- Porque las cosas entre tú y yo sean sencillas – espero anhelante su reacción.
Sara aparta su botella antes de que pueda golpearla, me mira con el ceño fruncido y vacilante.
- ¿No quieres que sean sencillas? – le digo acercándome un poco más a ella y agudizando el oído mientras vigilo sus gestos con ojos revoltosos.
Mantiene una pequeña lucha interna, me pongo nervioso ya que su expresión no es todo lo simpática que me gustaría.
- ¿Qué cosas, Michael? – me dice desafiante.
Indiscutiblemente no estaba preparado para esta contestación. No puedo evitar exteriorizar mi sentimiento de derrota. Sé, por su media sonrisa, escondida tras esa cara que me está volviendo loco, que cree haber vuelto a formular una de esas preguntas a las que no doy respuesta… No me rindo tan fácilmente Sara, deberías saberlo…
- Cosas como… - estiro la mano para acariciarle el cuello y antes de hacerlo la vuelvo a posar sobre el sofá… consciente de que vuelvo a reprimirme – estar aquí sentado a tu lado y no tener que refrenarme en todos mis actos - su mirada me perfora – me gustaría dejar de sentir que no merezco poder ser yo mismo a tu lado – cada vez está más enfadada, el ambiente se hace terriblemente denso, trago saliva y continúo – quiero no tener que esconderte nada – no deja que continúe hablando.
- Ya es tarde para todo eso – asevera malhumorada mientras se levanta y me arroja una mirada llena de desprecio.
Durante unos segundos no reacciono, me ahogo pensando en lo que puedo decir para arreglar todo esto, pero las palabras no llegan, nada llega…
- Sara… – pasa por delante de mí sin hacerme el menor caso, le agarro fuerte de la muñeca, tiene que pararse, darme tiempo para poder arreglarlo todo.
Forcejea para soltarse pero no puedo dejarla ir, se siente ultrajada. Al fin se detiene encolerizada.
- Sara, nunca es tarde… - es lo único que consigo decir.
Aferro su brazo con más fuerza porque sé que su siguiente movimiento va a ser intentar zafarse de mí. Lo intenta y falla. Su mirada me agarrota, me quema, me mortifica…
- Suéltame – me ordena muy lentamente con voz grave y seca.
- Por favor, no te vayas – le pido - si sales ahora no volveremos a hablar del tema… por favor… - respiro hondo y espero lo peor mientras suelto su muñeca. Espero su reacción con e alma en vilo.
- ¿A h o r a? – remarcando la palabra – ¿Ahora es cuando quieres hablar? – dice recelosa - llevo años esperando que intentaras hablar conmigo, Michael, esperando que me explicaras porqué incluso en el único momento que yo creía estabas siendo sincero conmigo no me contaste toda la verdad - se ríe mofándose del pasado - aun te recuerdo desarmado frente a mí, confesándome que te ibas a escapar, confiando en mí… y te creí, Michael – mueve la cabeza reprochándoselo - en aquel momento, tras todas las mentiras, te creí, no dude que me decías la verdad… - trato de decir algo – no, cállate Michael, escúchame – me observa con amargura y tras unos segundos sigue hablando – imagínate mi sorpresa cuando descubro que ni siquiera en ese momento me decías la verdad, lo que tenía por el único momento sincero de nuestra relación, no lo era… - no sé donde meterme, quiero abrazarla y arrojar fuera de ella todo ese dolor que he causado - No tuviste la decencia de decirme realmente a quienes estaba abriendo la puerta… ¿Cómo voy a comportarme frente a alguien como tú?. ¿Cómo voy a poder ser yo misma frente a ti?. Cuando me das confianza, me pongo a la defensiva, haces que me vuelva loca sin saber si lo que veo es cierto o no. ¡Te odio por no haber sido honesto ni una sola vez!
Brinda en el aire con la cerveza.
- Por Michael, el sincero – y bebe un trago…
Sus ojos siguen fijos en los míos mortificándome, de vez en cuando bajo la mirada pero al subirlos ella sigue ahí, sin darme tregua. Me siento morir, tengo un nudo en el estómago que estrangula mi ánimo. Bueno, si lo que quería es que ella me hablara en serio lo he conseguido.
- Siento mucho haber sido un cretino, Sara. Me atormenta haberlo sido contigo. Nunca estaré orgulloso de lo que hice, desde el día en que nos fugamos me lo he reprochado…
- Ya – me interrumpe incrédula mientras bebe otro trago
- Me gustaría que pudieras perdonarme, sabes que lo siento – de alguna manera sus ojos me demuestran que me ha perdonado pero están llenos de desconfianza - por desgracia no puedo volver atrás y arreglarlo, permíteme que lo arregle ahora, no te defraudaré jamás. – me cree pero al instante se riñe por hacerlo.
- Michael… yo… no se que creer…
- No creas nada, partamos de cero o al menos olvidemos los malos momentos, recordemos sólo los buenos… - pienso en ese beso que no olvidaré jamás, ella suaviza su semblante, deseo tanto mimarla.
- No.
- ¿No? – mi voz se tiñe de negro, me siento hundido, cierro los ojos inmovilizado frente a ella.
- No – declara con pena en cuanto vuelvo a tener fuerzas para mirarla.
- ¿Por qué? – lo digo sospechando que no voy a conseguir ninguna respuesta.
- No vas a conseguir nada en un par de días, como mucho darme esperanzas para luego llevártelas de nuevo contigo. Estoy cansada… - oigo el cansancio en su voz y lo veo en sus ojos, en sus gestos…
- ¿Un par de días? – la cuestiono perdido - yo hablaba de… - me mira sin interés - de… de toda la vida, Sara.
El asombro se posa en todas sus facciones, sin poder moverse me mira fuera de sí. En su boca se dibuja una mueca de desconcierto. Está nerviosa. Tiembla sutilmente mientras deja la cerveza encima de la mesa y se pasa la mano fría por la frente.
Quiero agarrarle la mano pero me detengo antes de que tema que vuelvo sujetarla contra su voluntad. De pie a su lado la miro apasionado a los ojos. Me duele tanto haberle causado tanto daño…
- Sara… dame la oportunidad de intentarlo. – Apoyo mis manos muy despacio en sus hombros y agacho un poquito la cabeza para fijar mi mirada en la suya.
- ¿Si? – le pregunto asintiendo con mi cabeza como si le hablara a una niña pequeña.
Abre la boca para responderme, estoy esperanzado. Quiero empezar una vida nueva con ella, si dijera que sí, me haría la persona más feliz del mundo. Me pongo tierno y me da igual que lo vea en mis ojos.
- ...…… - venga Sara danos una oportunidad rezo en mi interior - hh…..
Se abre la puerta de la casa y perdido en ella, sin querer apartar mis ojos de ella, sin querer soltarla escucho una voz extraña decir:
- Hola cariño, ya he vuelto.
¿Es su novio? Es lo primero que pasa por mi cabeza. Sigo admirándola, notándola, sintiéndola sin querer hacer caso a esa voz… hasta que localizo la vergüenza y la disculpa en sus ojos.
Mientras ella va a su encuentro me dejo caer muerto al sofá.
- Mierda…- digo totalmente devastado.
Cierro los ojos y suspiro profundamente.
