Caminar por este bosque de noche me relaja. A lo lejos veo las luces amarillentas de las casas del pueblo. Sale humo de algunas chimeneas y mi estómago hambriento empieza a rugir.
Delante de la puerta de la casa, una sonrisa maliciosa cruza mi rostro, espero no estar interrumpiendo nada entre estos dos. Alzo la mano y doy unos golpecitos suaves. Oigo unos pasos viniendo hacia la puerta. Abre Sara, la agarro de la cintura y doy una vuelta en redondo con ella en brazos, luego la deposito en el suelo dándole un beso en la mejilla.
- Veo que has llegado hasta el final del camino¿eh? – me dice sonrojada pero contenta.
Una amplia sonrisa se adueña de mi rostro mientras entro para contárselo a mi hermano.
- Hey Michael, mañana tienes que venir conmigo a ver… - en cuanto observo la cara pálida de mi hermano sé que algo va mal. Me asusto y mi felicidad se evapora en un instante. Camino rápido hacia él, que está sentado en el sofá y me agacho a su lado – ¿Qué es lo que pasa¿Estás bien? – sin decirme nada dirige su mirada hacia Sara que sigue de pie en la entrada. Giro la cabeza sin entender, ella se pone casi tan blanca como él y no dice nada.
- Linc, estoy bien… - Apoya su mano en mi hombro. Le miro pero sigue mirando a Sara.
Me levanto. Quizás lo de dejarlos a solas no fue buena idea. Empiezo a preguntar de nuevo qué es lo que va mal y veo a un tío salir recién duchado de la habitación de Sara.
Así que era eso…
Acercándose me ofrece su mano. Me dice que se llama Ramón, le miro desconfiado, me ha pillado totalmente por sorpresa, digo el primer nombre que pasa por mi cabeza y estrecho su mano.
- Voy a preparar una buena cena que vengo hambriento¿os apetece?
- Claro – responde Sara pendiente de nosotros.
- Cómo rechazar una oferta así – respondo llevándome una mano a la barriga riéndome.
- A mi, si me disculpáis… la cabeza aun me da vueltas, creo que necesito dormir un poco. Muchas gracias de todas formas, Ramón. – dice Mike levantándose del sofá.
- No hay problema, descansa. Si me hubiera dado yo un golpe como ese no me levantaría de la cama en semanas – se ríe – además, así tendría una excusa para tener a la buena de Sara cuidándome todo el día – le guiña un ojo a Mike
Sara se le acerca enfurruñada, Ramón la agarra y le da un beso en los labios con naturalidad.
-Hasta mañana –dice Mike antes de que rompan el beso. Entra en la habitación.
Sara y yo nos miramos de reojo. Ramón pasa a la cocina. Silencio. Sara centra su atención en mí. Nuestras caras están tiesas, sin palabras me trasmite su preocupación por Michael y la verdad que no sé que leería ella en mi agria mirada.
He de reconocer que me jode que tenga novio, pero también me parece natural. Lo que pasa es que ahora que Michael tenía por fin la oportunidad de centrarse en su vida, recuperar lo perdido, ser feliz, se le han vuelto a complicar las cosas. Me aflige ver que nada se le pone fácil. Necesito hablar con mi hermano a solas.
Me lo encuentro de pie junto a la ventana, fuera está oscuro y veo su reflejo en el cristal. Tiene la misma cara que cuando me vino a ver a la cárcel y con ojos llorosos me dijo que le jurara que no lo había hecho yo. Me acerco, pero no le toco, me quedo a un paso, observando su reflejo.
Cuando decide hablar, gira la cabeza y dolido dice:
- Mañana nos vamos.- Es de las primeras veces que decide algo sin ponderar todas las opciones. Realmente no puede con la situación. Me gustaría poder protegerle del dolor que está sintiendo.
- Michael, no puedes ir por ahí con esa herida en la cabeza, llamarías demasiado la atención, este pueblo es perfecto para escondernos, no nos conoce nadie, no llega ningún autobús, casi nadie tiene teléfono y la única que tiene acceso a Internet aquí es Sara… - me arrepiento nada mas decir su nombre. Michael se vuelve a girar hacia la ventana y cierra los ojos - sería mejor que esperásemos unos días, al menos hasta que pudieras esconder la herida con un gorro o algo.
- No puedo quedarme aquí.
- Entonces mañana buscaré una casa en la que podamos estar los dos solos.
- NO… no sirve con cambiar de casa, Linc, quiero saber que Sara no está - levanta su dolor hacia mí.
Se cruza de brazos y de nuevo pierde su vista en la noche. Está demasiado dolido para razonar. Aunque escape de ella no va a hallar la paz y por experiencia se que la cosas no serán más fáciles haciéndolo. Querría explicárselo pero ahora está demasiado alterado.
Pican en la puerta.
-¿Puedo pasar? – es Sara
- No – dice Michael con firmeza.
Le lanzo una mirada de desaprobación y me acerco a abrir la puerta.
- Pasa
Michael no se gira cuando entra.
- Estas pastillas son para que puedas descansar y no te moleste la cabeza por la noche. – las deja encima de la cama al ver que Michael sigue mirando por la ventana - Como supongo que no querrás que lo haga yo, te dejo también esto para que te limpies algunas de las heridas, hay un par de ellas que de verdad lo necesitan – deja el resto en la cama y me mira para que lo tenga en cuenta.
Durante unos segundos se queda de pie, mirándole aunque no la mire. Sara, queriendo arreglar las cosas, se aproxima a él pero no consigue dar más de un paso. En cuanto Michael descubre la intención que tiene de acercarse, la fulmina con la mirada a través del reflejo del cristal. El brillo de sus ojos es feroz. Sara se detiene. Mi hermano esconde sus ojos en la oscuridad y ella sale de la habitación dolida.
No consigo dormir, no dejo de darle vueltas a las palabras que Michael me dijo, "hablaba de toda la vida". Recreo la escena una y otra vez, volviendo sobre nuestras palabras, nuestros gestos, sus manos aferrándome, su mirada… hasta que vuelvo a ver sus ojos en el reflejo de la ventana estrangulándome. Me estoy volviendo loca pensando que está en la habitación de enfrente y que de nuevo todo se ha estropeado entre nosotros. Necesito un vaso de agua.
Con las luces apagadas me acerco a la cocina y distingo a Michael dentro, de pie, con las manos apoyadas en la mesa y la cabeza inclinada hacia abajo. No me muevo, ni respiro. Le deseo, nada me atrae mas en estos momentos que su cuerpo, memorizo cada uno de sus músculos, bien definidos en la oscuridad al no confundirse con los tatuajes. Comprendo que nunca encontraré a otro como él y esa sensación me hunde en la impotencia. ¿Cómo arreglar esto?. No sé cuanto tiempo llevo en la puerta anhelándole, no quiero que me descubra y encontrarme con su repulsa. Quiero seguir escuchando su respiración, oliendo su aroma, viendo su tristeza incrustarse en mi corazón con deleite…
Verle tan afectado por lo de Ramón me seduce, me da esperanzas. Soy una persona horrible. Dudo si inconscientemente no le comenté que había alguien más en mi vida para provocar este choque y descubrir su reacción. Maliciosamente casi sonrío al saber que este arrepentimiento de haberle hecho daño, es igual al suyo por habérmelo hecho a mí. Ahora ya compartimos algo, ya tenemos algo en común.
Con Ramón todo es sinceridad, los dos tenemos claro como de involucrados estamos en la relación, sin embargo con Michael todo eran y siguen siendo secretos. Orgullo. Enfurezco al pensar que lo dejaría todo por Michael. Temerosa codicio que me descubra, que me encare, que me grite, que me juzgue¡lo que sea!. Así volveré a la habitación a repasar mil veces mas nuestro encuentro, tendré algo de lo que alimentarme.
- ¿Vas a pasar o te vas a quedar ahí mirando toda la noche?-levanta su mirada derechamente a mis ojos.
- Eh…yo… no quería molestar.
- Es tu casa, no molestas - sonríe afligido.
- Ya - sin creer sus palabras, me acerco a la nevera, apocada.
Al abrirla mi mirada se pierde mas allá de los estantes, el tiempo parece haberse detenido y no sé que hago ahí de pie, no sé que miro, mi mente detiene todo razonamiento y me acorrala la sensación de sus ojos clavados en mi espalda, no consigo vencerla y reaccionar, solo existe su presencia envuelta en la sombra.
- Sara…
Su voz me hace vibrar. Doy la vuelta y está pegado a mí, su mano al lado de la mía en la puerta abierta del frigorífico. Está tan cerca que por un segundo me cuesta mantener el equilibrio. El reflejo de la tenue luz hace que su cuerpo cautive mi atención y me hechicen todas las sombras que se cuelan en él. Las envidio.
Su mirada es seria pero suave y está libre de odio. Me observa íntimamente.
- Estoy celoso - afirma adictamente a ridículos centímetros de mí.
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