Notas previas:
Michael y Sara en la cocina,
- Sara…
Su voz me hace vibrar. Doy la vuelta y está pegado a mí, su mano al lado de la mía en la puerta abierta del frigorífico. Está tan cerca que por un segundo me cuesta mantener el equilibrio. El reflejo de la tenue luz hace que su cuerpo cautive mi atención y me hechicen todas las sombras que se cuelan en él. Las envidio.
Su mirada es seria pero suave y está libre de odio. Me observa íntimamente.
- Estoy celoso - afirma adictamente a ridículos centímetros de mí.
Comienzo:
La cruda sinceridad de su afirmación me recorre las venas como un veneno. No sé qué responder y aunque lo supiera no podría… Sus ojos entrecerrados por el dolor y brillando con deseo encarcelan mis palabras. Acerca su mano libre a mi cuello. Inclino la cabeza hacia el lado opuesto preparándome para su caricia pero no me toca. Se detiene, como si estuviera haciendo algo malo, como si no debiera tocarme. Su acuosa mirada empaña la mía. Baja su mano rozándome sutilmente el brazo, lo siento tan intenso que tengo miedo de que escuche los latidos de mi corazón y que el deseo se marque demasiado en mi rostro, tanto como se marca el suyo.
Mas seria, mantengo su mirada con firmeza pero sus ojos parecen tirar de mí y sujeto fuerte la puerta de la nevera para asegurarme de no estar moviéndome hacia él…
Presto especial interés a sus carnosos labios e involuntariamente humedezco los míos. No puedo dejar de mandarle señales de mi excitación. Me sonrojo y bajo la mirada. Me encuentro con su pecho, sus abdominales, las líneas de su tatuaje me guían hasta donde su cintura se esconde bajo el pantalón…
Levanto la vista y se me aproxima aun más, nuestros cuerpos se tocan, su tejano se cuela entre mis piernas y presiona mi cintura. Respiro y mis pechos chocan contra su piel. Simultáneamente ahogamos un par de gemidos.
La vista se me nubla y tan solo noto como me atrae aún más hacia sí posando su mano en la parte baja de mi espalda. Noto su abdomen inflarse y desinflarse descompasadamente, empujando al mío… El calor que desprenden nuestros cuerpos se acentúa.
La mano que mantenía al lado de la mía ahora está encima. Me aprieta fuerte para relajarla después y seguir acariciándome con el pulgar. No es una caricia cariñosa, sino urgente y atrevida.
La visión de nuestras manos unidas me devuelve a la vida real y me siento culpable, Ramón está esperándome en la habitación… me asusto e intento deslizarla y liberarla de la suya. No me deja, me detiene agarrándome por la muñeca. Protesto con la mirada pero por dentro el que haya paralizado mi mano contra mi voluntad me excita aun más. Arroja contra mí su decisión inequívoca de que ha dejado de escapar. Todo su cuerpo parece gritar basta ya de huir el uno del otro.
Su decisión me aporta la seguridad que necesito y todo parece estar bien, de hecho comprendo durante un instante fugaz que lo único que está bien es esto, lo que sea que estemos haciendo. Pero tan pronto arrima su cara a la mía la sensación se evapora y vuelven los titubeos al notar descender sobre mis labios el dulce y cálido aliento de los suyos.
-No… - Susurro. Al instante me arrepiento. Odio ese no. ¿De dónde ha salido?.
Separa su cara lo necesario para verme enfocada. Mis ojos bailan indecisos. Los suyos, apasionados, miran mi rostro entero. Observa mi pelo… mi cuello… mis mejillas… mis labios y vuelve a inclinarse hacia mí entregado. Los remordimientos hacen mella en mí de nuevo y justo cuando vuelve a rozarme un "no" ahogado sale de mi garganta. Él esta vez no se separa.
-Shhhh – sisea sobre mi boca a la vez que su mano me agarra por detrás la cabeza para que no me aleje. Ardo. Resbala sus labios por mi piel mientras los conduce hasta mi oído. Su suavidad me abrasa.
-Tranquila, no voy a besarte – me dice con voz contradictoria.
Me quedo inerte. Ya no empujo mi cabeza hacia atrás ni opongo resistencia, no porque sus palabras me hayan tranquilizado sino por todo lo contrario. Me han hundido en la desesperación. No va a besarme. Ya no escucho su respiración ni siento su aliento ni veo sus ojos, todo está gris mientras caigo en el pozo de la desolación. Lo he vuelto a estropear. Quiero que me bese. Estoy helada, aunque él siga recorriendo mi cara, inspirando mi olor… Tengo que besarle yo... Sí…. Pero me quedo quieta cuando me roza la comisura de los labios y se escurre hacia mi barbilla apretándomela con sus dientes. Baja hasta mi cuello y se deleita en mi clavícula. Se detiene en mis pechos y vuelve a poner su rostro frente al mío.
Algo ha cambiado en él. Está frenando la ocasión.
Dios cómo la deseo, me encuentro encima de sus pechos y no hay nada que anhele más que agarrarla, besarla, desnudarla con la boca… Tengo que contenerme, esto no está bien, ella me odiará por esto y yo también me odiaré. Ojala ese tal Ramón no existiera... Quiero tanto estar con ella. Supongo que esta no es la manera.
La miro y veo su preocupación, su indecisión… Me separo y suelto su nuca. Me cuesta tanto que se cuelen centímetros entre nosotros, cada uno de ellos se clava dolorosamente en mi sangre. Veo en su mirada que tampoco le apetece que me separe.
-Sara, yo no quiero…robar momentos para estar contigo.
Me contempla pero no habla, no demuestra ningún destello de enfado o alivio.
-No puedo tomarte a escondidas y por la mañana hacer como que no pasó y volverme loco intentando idear mas ocasiones como esta… No sería justo para nadie.
Sara mantiene su actitud reflexiva.
- Siento lo de esta tarde, haberte mirado con tanto odio y reproche… no volveré a descargar encima tuyo mis celos, perdóname.
Dibuja una suave sonrisa y no me echa en cara nada. Me pierdo en sus dulces ojos. Decido a preguntarle lo que me da miedo preguntar.
-Él… … Ramón es... tu y él… hace... ¿es bueno contigo?- me tortura hacer las preguntas y aun temo mas oír las respuestas. Levanto una mirada llorosa hacia ella y tras instantes infinitos sonrío con una mueca cobarde y le digo –… creo que en estos momentos no podría llevar bien las respuestas…
Me separo de ella y vuelvo a la mesa apretando mis manos contra los tejanos, me tiemblan de tensión. Bebo un poco de agua dándole la espalda. Al girarme ella ha cerrado la nevera y está apoyada en la puerta escudriñándome meticulosamente. La oscuridad nos engulle, parece decirnos que estamos solos y que a nadie le importa lo que hagamos. Quiero agarrarla por la cintura, subirla en la mesa y…
-Es tarde… mejor hablar mañana… - decido decir antes de caer preso de mis deseos.
-Si…
Camino hacia la puerta de la cocina.
-Buenas noches Sara - digo deteniéndome.
-Buenas noches Michael - cierro los ojos al oír mi nombre en sus labios.
Salgo y me quedo pasmado al ver a Ramón apoyado en la pared. Sin desafiarme me mira de arriba a abajo. Me estudia haciéndose cargo de la situación, de la mía, la suya, la de Sara…
Abro la boca para decirle algo aunque sin saber bien el qué y él inoportunado niega con su cabeza. Otra persona más a la que he hecho daño pienso. Bajo los párpados en señal de perdón y entro en la habitación hundido.
Descanso apoyado en la puerta unos segundos y me tranquilizo escuchando la rítmica respiración de Lincoln. Sentado en mi cama le observo, me va a ser imposible conciliar el sueño. Me encuentro mal. Quiero despertarle y contárselo todo. Me acomodo en un pequeño espacio libre de su cama y se mueve gruñendo. Sonrío, poso mi mano en su hombro y él apoya su cara en mi mano y sigue durmiendo. Vuelvo a sonreír. Le muevo y murmuro su nombre. Va reaccionando y al verme a su lado se incorpora rápido y alerta.
-¿Que pasa?- pregunta preocupado.
- Tranquilo… – respondo colocando la palma de mi mano en su pecho y volviéndolo a tumbar en la cama. –Sólo necesitaba hablar contigo –sonrió avergonzado.
Bosteza ampliamente, se despereza y se recuesta sobre el brazo doblado detrás de su cabeza. Me mira sereno y con una mueca empuja su labio superior con el inferior.
- ¿Estás mejor?
Me cubro la cara con las manos.
- Aun no lo has aceptado. Es normal, date algo de tiempo –dice Linc comprensivo.
Le cuento todo, lo de esta tarde, lo que acaba de pasar y también lo de Ramón en la puerta.
Cuando acabo, Lincoln sigue pensando en mis palabras.
- O sea que ni la besaste – termina diciendo con los ojos bien abiertos y levantando las cejas incrédulo.
- Cómo iba a hacerlo – me quejo molesto - está con otro.
Lincoln suelta una áspera carcajada.
– Después de todas las leyes que quebrantaste para salvar nuestro culo, incluso las que te saltaste con ella… ¿me vienes con que te frenó que tuviera novio?.
- Si
- Mike, de verdad que no sé donde encuentras la lógica. Estás lleno de contradicciones.
Lincoln tiene razón y me sorprende que lo haya visto tan claramente y yo no.
- Tienes que decidirte por un camino y tomarlo.-continúa
Es verdad, no puedo andar columpiándome de un lado a otro. Sara ya está bastante confundida como para que yo la desoriente aun más. Tengo que decidir que dirección seguir.
- Y… no quiero influir en tu decisión – sigue diciendo Linconln - pero creo hermanito que de vez en cuando deberías aprender de mí y ser un poquito cabrón – me advierte.
Río por sus palabras y para liberar mi tensión.
- Si, claro… no tienes ni idea – respondo dirigiéndole una mirada por encima del hombro.
- El que no tiene ni idea eres tú. ¿Acaso crees que ella no deseaba que la besaras?
Me hace dudar, en mi rostro se refleja la conmoción, sé que lo deseaba pero…
- ¡Dios Mike! Si llego a ser yo, atrapo a Sara como debe ser y le demuestro porqué tiene que estar conmigo… No hubiera dudado en entregarme a ella por completo. – dice seguro de sí mismo.
- Linc - con las manos en la cabeza - por favor, haz los ejemplos con otra, la idea de imaginarte a ti y a ella…- le miro espantado y él estalla de la risa.
- Pues quizás – complicidad en sus ojos - si hubieras hecho lo que debías al menos esta noche ella no se iría a la cama con ese otro tío – dice ridiculizándome.
Sus palabras sacan a la luz de mi mente ácidas visiones de Ramón y ella en la cama. Me toco el cuello con la mano e inclino la cabeza hacia los lados. Respiro desbordado por la tensión.
- No van a… hacer nada esta noche, no después de que él nos viera…- me convenzo esperanzado.
- Claro – dice Linc indiferente – pueden optar por enfadarse toda la noche o… por perdonarse… y todos sabemos cual es la mejor forma de reconciliarse. – el tono irónico de su voz me destruye.
- Linc… basta – le ruego también con la mirada - lo estoy pasando mal, deja de poner ideas en mi cabeza.
- Solo intentaba que despertaras, que te arriesgaras, que no esperes a ver si ella se deshace de él o no. Lucha por lo que quieres, no lo dejes todo en sus manos. Expón claramente lo que pretendes y así ella no se sentirá culpable al tomar una decisión.
Pensando en sus palabras y en lo que hacer mañana, me voy a mi cama. Intento no imaginar en lo que puede estar sucediendo dentro de la habitación de Sara.
- ¿Linc?
- ¿Hum? – musita volviendo a acomodarse en la cama.
-¿Crees que mañana deberíamos cambiarnos de casa?
- Lo que creo es que tienes que hablar con ella, Michael. Quizás no le guste la idea de tenerte cerca trastocando toda su nueva vida, o tal vez sí, pero lo menos que puedes hacer es preguntarle. Por una vez hazla partícipe de tus planes antes de que ocurran. No deberías decidir si irnos o quedarnos sin conocer su opinión.
- Extrañas palabras viniendo de ti. – digo recordando su comportamiento antes de lo de Fox River.
Me mira seriamente y lamento haber sacado el tema.
-Nunca me he perdonado haberos abandonado, en aquellos días creía que era lo mejor para vosotros… tenía miedo a arrastraros conmigo. Ahora estoy seguro que tanto tú como Verónica o LJ hubierais agradecido poder expresar vuestra opinión y apoyarme. No me di cuenta que mi decisión de apartarme afectaba tanto a vuestras vidas como a la mía.
-Todos, incluida Verónica te hemos perdonado por eso Linc. Fue un error, todos los cometemos y mas en momentos difíciles.
- Entonces no hagas tú lo mismo, hermanito.
Tras un rato callados…
- ¿Sabes lo que hecho de menos Linc?
- ¿Qué? – adormilado se gira hacia el otro lado de la cama dándome la espalda.
- De niño, cuando llegabas tarde a casa del trabajo y yo ya dormía, venías y me acariciabas la cabeza todas las noches, pero había algunas en las que también apoyabas tu frente en la mía y te quedabas así un rato… Sentía que la vida estaba siendo dura, mas contigo por tener que preocuparte por mí pero me hacías sentir que por nada del mundo dejarías de compartirla conmigo…. – sonrió cariñosamente mirando al techo - No me movía para que no supieras que estaba despierto… no quería que te fueras… muchos días volvía a dormirme contigo aun al lado.
-Lo sé Mike, te esforzabas tanto por no moverte que durante algunos segundos no respirabas – escucho su sonrisa en el tono de su voz - luego sin remedio, volvías a empezar a respirar – dice riéndose - hasta que tu respiración volvía a ser suave y te dormías…. – Se gira y me mira. Le miro con cariño. Me vuelve a dar la espalda - Pero por muy mal que lo estés pasando por lo de Sara no pienso levantarme de la cama a consolarte – me dice burlándose – Ala, duérmete ya o al menos cállate y déjame dormir.
Sonrió y me giro en la cama. La noche es intensa y sólo se escuchan algunos grillos y el confortable sonido del riachuelo. Tras una larga pausa el sueño empieza a invadirme con su dulce calma.
- Eras pequeño… bueno yo también, pero era el mayor y temía no estar haciendo lo suficiente, no poder darte lo que necesitabas. – oigo decir a Lincoln con voz espesa.
- Lo que necesitaba es que estuvieras a mi lado y lo estabas Linc, lo sigues estando.
Al final consigo dormirme.
A la mañana siguiente veo a Linc vistiéndose, nos vamos a la cocina y al entrar todo lo que pasó la noche anterior me recorre el cuerpo poniendo mi piel de gallina. Encontramos una nota de Sara encima de la mesa.
"Buenos días, he tenido que salir pronto para la clínica,
hay fruta y mas cosas en la nevera,
comer lo que queráis, como si estuvierais en vuestra casa.
Alex, Ramón me ha dicho que si le necesitáis estará en casa de su hermana,
la naranja mas cercana a la nuestra y que aunque no le necesitéis os invita a comer.
Pasaros antes por la clínica para que pueda echar un ojo a vuestras heridas. Sara."
Lincoln repite un par de veces Alex en alto, es el nombre que le dio al tipo cuando lo conoció. Me mira sonriendo. Está encantado en este sitio. Disfruta como un niño.
A dos pasos de la puerta de la clínica me detengo. Linc abre la puerta y me mira serio, intentando darme fuerzas para entrar. Pero en cuanto doy el primer paso empieza a reírse como un tonto.
La clínica es una casita blanca pequeña, fuera hay un cartel pintado a mano que trae Doctor. La puerta de madera donde me espera Lincoln es verde pastel. Es un día soleado, pero la tierra aun está llena de charcos, hay mucha humedad y la camiseta se me pega al cuerpo.
Entramos agachando un poco la cabeza aunque ninguno tocamos con el marco. Sara está en cuclillas con una bata corta blanca acabando de poner una venda en el pie de un anciano. Él señor habla con ella en español y ella le responde con cariño, él sonríe agradecido y da unos golpecitos afectuosos con su mano llena de arrugas en la cabeza de Sara. Ella le coge la mano y le regala un beso en la mejilla.
Sara viene hasta nosotros acompañando al viejecito hasta la puerta. Nos apartamos para dejarle paso y ella se vuelve.
- Sentaros allí, en seguida estoy con vosotros. – nos señala una especie de cama con un pequeño colchón colocado encima de una superficie de cemento.
Al hablar se dirige a Lincoln y yo tengo que conformarme con su mirada esquivadiza.
Nos sentamos en la especie de cama y el resto de pacientes nos miran curiosos y sonrientes. Lincoln no hace nada, yo devuelvo algunas de las miradas sociablemente.
Sara viene hacia nosotros con un carrito lleno de vendas, agujas, botellitas de todo tipo… Se sienta enfrente de Linc.
- Quítate la camiseta –le dice a Lincoln.
- Como no – dice Linc dirigiéndome una mueca obscena. Corto su diversión asestándole una mirada tirante.
Le observa por todos lados, le levanta sus brazos para verle el costado y le dice que se gire. Empieza a tocarle la espalda donde tiene el golpe del autobús, Linc mirándome cierra los ojos con una sonrisita de placer en sus labios. Es un idiota. Le empieza a curar y desinfectar algunas heridas, le pone antibióticos…
- Quítate los pantalones, necesito cambiarte la venda de la pierna. – Sara se gira para tirar los algodones a la papelera y no ve la cara de apuro de Linc. Ahora sonrío yo porque sea Linc el turbado.
- No puedo.
- ¿No puedes? – le mira extrañada sin comprender
- No llevo ropa interior... – responde con una mueca ñoña.
Cierro los ojos y paso mi mano desesperado por la frente. Sara se ríe ojeando los pantalones de Linc.
- Debí de habérmelo imaginado – menciona poniéndose un poquito colorada y sin parar de reír - espera…- va hacia una pared donde hay unas cuantas toallas dobladas y le trae una – aquí tienes.
Se quedan frente a frente y Linc empieza a desabrocharse el pantalón. Sara le contempla.
- Doctora, no debería mirar – se mofa Linc travieso mientras enrolla la toalla a su cintura sin apartar sus ojos de los de ella.
- ¿Por qué? No escondes nada que no haya visto antes – indica Sara aun más chula levantando las cejas.
Mi hermano y su jueguecito me irritan. Lincoln esparce sus risotadas por la sala atrayendo todas las miradas hacia nosotros. La gente participa del jolgorio contagiados.
Por fin Linc se sienta con la toalla alrededor y el vendaje en la pierna. Sara se lo quita y tras curarle la herida le empieza a poner otro. No aguanto la sonrisa de angelito que tiene mi hermano en la cara.
-¿Y… Qué tal pasaste la noche, doctora? – dispara Linc.
Reacciono dándole un codazo.
- ¡Ah! – se queja porque justo mi codo fue a caer en una de sus heridas.
Sara nos mira a los dos calándonos. Me quedo serio y muy quieto en sus ojos pero ella vuelve a dirigir su atención a mi hermano.
-Ya estás listo – anuncia terminando de ponerle la venda.
Él se pone los pantalones y la camiseta y mientras ella guarda las cosas en el carrito le da unos golpecitos en la cabeza justo como había hecho antes el anciano. Ella le mira suspicaz y Lincoln cierra los ojos y se queda quieto ofreciéndole su mejilla para que le bese.
Sara se ríe, esta vez en alto y cuando se inclina para besarle en la mejilla el muy cabrón gira la rápidamente la cabeza y le da un beso en los labios. Sara se queda desconcertada por unos segundos los cuales aprovecha Lincoln para salir de allí corriendo con cara de velocidad y los ojos abiertos como platos.
A linc lo voy a matar en cuanto lo pille y Sara me mira entretenida.
- ¡¡Perdona Mike!! No pude resistirlo – escucho gritar a Linc desde la puerta desapareciendo antes de que Sara pueda girarse y verle.
Ahora se coloca enfrente de mí y me hace un gesto con las manos para que me quite la camiseta. Noto como solo el quitármela me pone la piel de gallina. Sara vuelve a estar seria, soy consciente que soy yo el que la pone en ese estado. Tengo mucho de lo que hablar con ella.
- Lincoln cuando está feliz siempre acaba comportándose como un niño pequeño. – reconozco en mi voz un tono de disculpa no intencionado.
-¿Y cómo te comportas tú cuando estás feliz? – pregunta interesada con sus manos sobre mi cuerpo y sus ojos, ahora sí, clavados en los míos.
