Gracias a todos por vuestros reviews, me encantan y me animan a seguir escribiendo!!!
Suelto su mano con desgana y nos sentamos el uno frente al otro. El sol incrementa el brillo de sus ojos y dulcifica su color haciendo que su mirada verde azulada se vuelva aun más estimulante. Me ofrece una sonrisa suave pero jugosa y su aparente calma, con un brazo estirado encima de la mesa y el otro reposando tranquilo en la pierna que tiene doblada, subraya mi nerviosismo el cual intento vencer manteniendo las manos agarradas al banco, bien pegaditas a mis muslos mientras mezo mi cuerpo en un leve balanceo. Sin escondernos, nos estudiamos con sumo interés y así conociéndonos en silencio pasa el tiempo.
-¡Hola Doctora!
Inmersa como estoy en Michael oigo al dueño hablar y sonrío sin mirarle. Las amables conversaciones que mantenemos todos los días no se presentan.
-Os traeré el plato del día, mi mujer me ha dicho que hoy ha salido riquísimo.
-Gracias Juan – digo agradecida girándome por fin a mirarle.
-¿Algo de beber? – su mirada es discreta.
-Para mí agua que luego tengo que ir a visitar a un par de pacientes.
Michael parece haber despertado también de su ensoñación.
-Una cerveza – le pide cordial.
-Muy bien
Se marcha aliviado dejando un olor a aceite, sal y patatas tras de sí.
Michael cambia de postura y pone las dos manos sobre la madera vieja. Se arrima y noto sus rodillas descansar en mis piernas. Mi cuerpo se inmoviliza. No las aparto y tampoco las acerco. Actúo con toda la naturalidad posible. Una de sus manos acaricia inocentemente el codo que tengo apoyado en la mesa. Empieza a hablar. De lo concentrada que estoy en todos los puntos que su cuerpo toca al mío no oigo nada de lo que me dice. Le miro fijamente sin verle.
- ¿Sara?
-¿Si? – balbuceo perdida sin saber por qué sigue mirándome sin decir nada.
-¿Qué dices? – está esperando una respuesta… ¿pero a qué?
-¿De qué? – dios espero que se termine pronto esta conversación de monosílabos. Michael duda temeroso y tras lanzarme una mirada escrutadora respira vencido.
-¿Qué respondes a lo que te acabo de preguntar? – vaya seguimos igual, ahora me toca admitir a mí que no sé de que me habla.
-Perdona Michael, tenía la cabeza en otro lugar… – en tus piernas que rozas contra las mías moviéndolas tan suavemente que me estas volviendo loca.
Estrecha sus ojos al observarme y noto como la presión de su mano aumenta. De reojo vislumbro sus dedos entrelazados con mi brazo, el que casi ya ni siento, de tanto intentar mantenerlo quieto.
-¿Tengo ahora toda tu atención? – pregunta con los ojos bien abiertos. Trago saliva y la seriedad de su rostro hace que quiera saber lo que tiene que decir.
-Si – de una manera u otra siempre tiene mi atención, sonrió decidida a relajarme.
-Te preguntaba… - baja los ojos a la mesa y vuelve a los míos - ¿Te resulta incómodo que Lincoln y yo estemos en tu casa?
Me quedo pensativa, sé que lo que realmente me quiere preguntar no es eso. Baja la mirada llena de inquietud. Retira su mano y la coloca frente a él cubriéndola con la otra.
-Quizás deberíamos cambiarnos de casa y no molestarte…
El dolor de sus ojos se inyecta en mi garganta y no respondo, traspaso esa máscara suya de agonía y lo que encuentro es un Michael que en vez de decirme claramente lo que le gustaría, espera que yo se lo diga primero. Me duele su actitud.
-No molestáis, esa habitación no la uso y tengo otra vacía en la casa de atrás, por mí no os preocupéis. Ahora, vosotros mismos, lo que más cómodo os resulte.
Juan acaba de llegar con la comida y mientras la coloca nadie habla. Cojo los cubiertos y me dispongo a comer.
- De todas formas tampoco es que os vayáis a quedar mucho tiempo¿no? – digo casual, agachando ya un poco la cabeza para saborear la primera cucharada y ocultar mi espabilada sonrisa.
Michael ni siquiera ha cogido los cubiertos. Se frota las manos y su mirada está perdida en algún lugar de la mesa.
-¿Y si nos quedáramos?
La boca se me seca y la comida se hace imposible tragar. Mirándola asustada bebo un poco de agua.
-¿Cómo… tanto os gusta… esto?
- Linc parece feliz… - su tono de disculpa hace que tenga que cortarle inmediatamente.
-¿Hablas en serio? – no acabo de procesar lo que me está diciendo
- Siempre. - Su seguridad me apabulla. Tiemblo.
-Pero… yo pensé que... – estoy confusa y se nota en cada uno de mis gestos. El tono de mi voz cambia sin poder evitarlo.
-Sara…
Levanto la vista confundida hacia él que me agarra las manos intentando calmar mi desconcierto.
-Solo nos quedaremos si a ti te parece bien, si prefieres que nos vayamos solo tienes que decirlo y nos iremos. Buscaremos otro lugar.
¿Que intenta ahora, consolarme?. Me exaspera verle frente a mí con esa culpa en sus ojos, intentando expiar sus errores, dejando su destino en mis manos.
-Michael, yo tengo aquí una vida, que os quedéis o no, no la cambiará mucho. Te agradezco que lo consultes conmigo pero podéis decidir con toda la libertad del mundo lo que mejor os convenga a vosotros.
Mentira, mentira y mentira… ya lo ha cambiado todo! Pero es la única forma que tengo de expresarle que se quede sin decírselo. No puedo admitir que desde que lo vi en el río la idea de que vuelva a desaparecer de mi vida me da miedo, ni admitir que la ansiedad producida por no saber el tiempo que me queda para estar con él me ahoga.
Quiero que se quede porque el irse ya no tenga sentido para él, no porque yo se lo pida.
Me observa con gravedad, intentando entrever que parte de lo que afirmo es cierto… buscando mas allá de mis palabras insinceras…
-¿Me estas diciendo que estarás bien tanto si me quedo como si me voy?
Parece decepcionado pero al menos ya ha dejado de hablar de el y su hermano y lo ha vuelto más personal.
-Si… -bajo la mirada al plato para que mis ojos no me delaten, solo pensar que pueda marcharse hace que mis lágrimas se precipiten.
Estiro la mano para coger el vaso de agua y el me la sujeta con la suya. Nos miramos a los ojos. Su mano es tan cálida…
-Sara, solo… dime la verdad… dime lo que sientes… por favor… - contengo las lágrimas a toda prisa cerrando un momento los ojos. Michael retira un mechón de pelo de mi rostro y percibo su cariño en la dulce pausa que hace antes de retirar su mano. Al volver a mirarle sus ojos se han humedecido y se adhieren a los míos.
-Estoy bien Michael, no te preocupes. Claro que me gusta veros por aquí, es como pasar un buen rato con viejos amigos… es estimulante, pero no ocurrirá nada si os vais, me despediré de vosotros y seguiré estando bien, no te guardaré rencor si eso te preocupa… - hago una pausa perdida en la realidad de mis sentimientos tan contrarios a lo que digo y vuelvo a dejarme arrastrar por mi falso testimonio - No estoy obsesionada contigo – río falsamente – hubo un tiempo en el que creí estarlo, pero me obsesionaba la idea que tenía de ti en mi cabeza, no tú. Tú no eras real porque nunca llegué a conocerte, – Acerco mi mano a su antebrazo y le rozo un par de veces para dar credibilidad a lo que digo- No me debes nada. – termino sonriéndole pero él no parece tener ganas de devolverme la mirada. Sus ojos están grises y ya no muestran su fulgor.
Desde que nos trajeron la comida Michael no ha probado bocado.
-¿No vas a probar la comida?
-Supongo que he dejado pasar demasiado tiempo… pensé que lo nuestro era infinito. – sonríe desengañado. Mi corazón se detiene bruscamente. Quiero decirle, pedirle, rogarle si hace falta que se quede… Quédate conmigo… pero esas palabras no brotan de mis labios. Paralizada observo como su actitud cambia y se vuelve más cínica.
Bebe un largo trago de cerveza y luego otro. Sonríe insolente y su actitud desenvuelta vuelve a poseerle.
-Entonces me ahorraré el pedirte que dejes a ese tal Ramón y te vengas conmigo. – dice inclinándose de manera seductora hacia mí.
Siento escalofríos. Mi corazón se encoge y sin poder reaccionar le veo levantarse y venir a sentarse a mi lado. Me rodea tiernamente con sus brazos y quiero murmurarle al oído que le quiero, que siento haberle mentido, que deseo estar con él… Le abrazo de verdad y cuando advierto que su abrazo disminuye le atraigo hacia mi con mas fuerza. Necesito más tiempo para poder revelarle lo que siento.
-Michael yo no… - y me quedo sin voz para decirle que no quiero que se vaya.
-Lo sé, sé que no dejarías esto por mi… - me habla bajito apoyando su cabeza en la mía - Me alegra que tengas aquí tu vida, es un hermoso lugar… - me susurra sin separarse de mi, su aliento me produce suaves cosquillas en el lóbulo de la oreja - Yo… desearía quedarme, pero tenerte tan cerca y no poder estar contigo… Lo que siento es demasiado intenso… debería alejarme, poner una distancia prudencial… – su voz se vuelve un hilo quebradizo y por primera vez le escucho decir – No sé qué hacer…
Por un momento se agarra más fuerte a mí y enseguida se separa posando un beso en mi mejilla. Con el codo apoyado en la mesa y su mano soportando su cabeza me mira humilde.
-Haga lo que haga, esta vez mantendré el contacto.
-¡Hey! Mike, Sara. – la gruesa voz de Lincoln nos distrae a nuestra espalda.
Nos giramos pero el ya se las ha apañado para sentarse en medio de los dos con sus brazos sobre nuestros hombros. Mira a Mike y luego hacia mí, vuelve a dirigir la mirada a Michael y de nuevo hacia mí.
- Dejaros ya de esas tristes y patéticas miradas y follar de una vez, eso os devolverá la alegría y lo solucionará todo.
Lincoln es incorregible. Sara se levanta de la mesa intimidada y nos dice que tiene que volver al trabajo. La observo mientras se va y todos los movimientos de su cuerpo me trastornan. Tocado no tengo ni fuerzas para recriminar a mi hermanito su intervención.
-Linc…
-Mike, de esta noche que no pase, yo ya me las arreglaré para llegar tarde – dice guiñándome un ojo como si me hiciese un gran favor de hermano mayor.
-No va a pasar.
-¿Por qué no? Es preciosa – dice señalándome lo poco que se ve ya de Sara- y mírate, si se te cae la baba por ella.
- No me quiere Linc, déjalo ya. – le digo empezando a cabrearme.
-Si que te quiere, tanto como tú a ella por eso no eres capaz de verlo.
-No... Me lo ha dejado bien claro, sus sentimientos estaban equivocados… creo que hasta pretendía consolarme…
-A ver hermanito, una mujer es lo mas complejo que te puedas encontrar en este mundo, si sólo escuchas sus palabras nunca sabrás lo que de verdad intenta decirte.- se ríe con suspicacia - No es como la ingeniería, con sus reglas las cuales puedes seguir. En esto no hay reglas, así que deja de decir que no te desea porque os deseáis tanto que si no fuera porque eres mi hermano me hubiera repugnado sentarme en medio de tanta tensión sexual… - mira alrededor pensativo - Bueno, a no ser que hubierais sido dos chicas – ríe y noto la felicidad salir a borbotones de su garganta.
-Eres incorregible –Linc pasa por alto mi comentario y me arrastra fuera del restaurante.
-Vamos, te llevaré a la cascada, seguro que te apetece darte un baño después del calorón¿eh?
Su risa brilla discreta entre sus labios mientras se pone las gafas de sol y empieza a caminar. Camino a su lado y empieza a gustarme la idea de darme un baño. Tras unos quince minutos de paseo me parece entrever que alguien nos sigue.
- Linc, sigue mirando al frente, creo que alguien nos está siguiendo. – digo con la voz en suspenso
-Lo sé… por ahora sigue adelante, un poco mas arriba hay un sitio donde creo que podremos darle la vuelta a la situación.
Me acerco a Lincoln para estar atento a sus gestos. Se aproxima una curva cerrada con muy poca visibilidad y cuando estamos ocultos Linc me indica que descienda por el precipicio. Nos descolgamos y nos quedamos pegados contra la pared de rocas verticales para que no nos vean. Oímos unas pisadas, parece que tan solo viene una persona tras nosotros. Desde nuestra posición no podemos saber quién es. Esperamos un tiempo prudencial y volvemos a subir hasta el camino con cuidado. Sin hablarnos decidimos seguir para descubrir quien iba detrás de nosotros. No encontramos a nadie, andamos durante quince minutos o mas y seguimos sin ver a nadie, ni por delante nuestro ni por detrás. Las venas se marcan en la frente de mi hermano y en la mía. La tensión empieza a hacernos sudar, cada vez caminamos más despacio. Cualquier ruido hace que giremos rápidamente la cabeza en esa dirección. Nada.
- ¿Es este tu hermano?
Una chica joven detrás nuestro con una sonrisa endiablada mira a Lincoln de manera engreída. Luego durante unos segundos sus ojos se posan en mí para volver a los de Lincoln que ya está frente a ella. La agarra del hombro y ella mantiene su sonrisa altiva.
-No deberías andar por ahí siguiendo a la gente.
-¿Te has enfadado porque no me descubriste? – la chica le toca la nariz con uno de sus dedos y Linc echa la cabeza hacia atrás.
Me río porque no le tiene ningún miedo. Él pone su brazo por encima de los hombros de la chica y la trae hacia mí. Ella le rodea la cintura con el brazo y Lincoln le dirige una mirada amenazadora para que no coja demasiada confianza. Se ríe.
-Tranquilo, tu hermano es mucho más guapo. – afirma orientando su cuerpo hacia mí.
Lincoln le da un golpecito en la cabeza mientras se suelta de ella.
- Esta pequeña arpía es Marta.
-¡Hola! – Acercándose me da dos besos – Siento haberte asustado… – sonrío
-No te hagas la buena con él. – dice Lincoln
-¿A dónde vais? – me pregunta haciendo caso omiso de Lincoln
Miro a mi hermano que asiente con la mirada.
-Vamos a darnos un baño. – sonríe encantada con las mejillas teñidas de rojo.
-Voy con vosotros – dice girándose y cogiéndose de la mano de linc.
-Hace calor, no me des la mano, conoces el camino mejor que yo así que tira.
Marta le suelta con el ceño fruncido y por unos segundos pienso que va a venir hacia mi a cogerse de mi mano pero titubea y opta por ir delante nuestro sola.
Me giro hacia mi hermano para que me explique quién es.
- Es la hermana pequeña de Ramón. – dice echándole una mirada divertido ahora que ella no le ve.
-Deberías ver a su hermana, es preciosa.
-Te he oído – dice Marta dando una vuelta en redondo sonriéndole y volviendo a mirar al frente.
-No como ella que es una descarada. – responde Lincoln en alto lo que provoca que ella aun riéndose lance hacia atrás una piedra del camino con el talón. Lincoln la logra esquivar por los pelos.
Al ver a mi hermano correr tras Marta pienso en que debe de echar mucho de menos a LJ. Menos mal que pronto podrá estar con nosotros indefinidamente. Oigo sus gritos mezclados con los de mi hermano y empiezo a ver la inmensa cascada que aparecer en el horizonte del camino. Todo me indica que debería quedarme en este lugar y disfrutarlo con Sara… si ella quisiera… debo irme antes de que haga algo de lo que me arrepienta. Marta y Lincoln están empapados, él la sostiene con sus brazos y ella intenta agarrarse a él sin conseguirlo y al tercer vaivén la lanza por los aires. Sale del agua empapada y va furiosa hacia él. Linc no para de reír y cuando se le acerca él resbala al agua. Ella se tira de nuevo tras él. Hago un gesto a mi hermano para que sepa que doy la vuelta. Tengo que preparar unas cuantas cosas antes de que sea tarde.
Estoy frente a la puerta de mi casa y respiro profundamente. No veo luces dentro y temo encontrarme con Michael a oscuras. Los recuerdos de la comida aun son muy fuertes. Llevo toda la tarde convenciéndome para contarle la verdad. Aclarar las cosas... Pero aquí frente a la puerta las fuerzas me abandonan y vuelvo a respirar hondamente para recuperarlas. Abro y como me temía todo está a oscuras. Enciendo la luz de la estancia principal y veo que la puerta de su habitación está cerrada. Me acerco temerosa y dándome igual todo la golpeo dos veces. Nadie responde así que giro el pomo y entro. La oscuridad mas espesa oprime mi corazón. No hay nadie, las camas están hechas, sus cosas ya no están… Doy la luz y las lágrimas caen desconsoladas por mis mejillas, me siento en su cama, la toco como si pudiera así sentir de nuevo su calor. Veo un pajarito de papel encima de la mesita y no quiero leerlo… no… he vuelto a perderle… agarro la almohada y la acerco a mi cara para rescatar parte de su olor y entonces se desencadena la tormenta. Abrazada a la almohada lloro por todo lo que no había llorado hasta ahora, necesito llorar sino no me recuperaré jamás de este golpe… Mi vida vuelve a estar vacía, inmensamente vacía. Lloro desolada sabiendo que en los próximos días también seguiré llorando inconsolablemente.
Miro a mí alrededor, creo que ya he sacado todos los bártulos de Lincoln y míos de casa de Sara. Vuelvo para comprobarlo, quiero salir de aquí antes de que ella llegue. Entro una vez más en la casa para dejarle las llaves dentro y me acerco a apagar la luz de la habitación que está encendida. Veo el bolso de Sara en la entrada y me quedo quieto, sin saber por donde va a aparecer. Escucho y oigo algunos gemidos que vienen de la habitación. Me acerco sigilosamente y agarrado al marco de la puerta veo a Sara en mi cama, llorando sueltamente, en silencio, con la almohada entre sus brazos. Mi corazón, mi cuerpo, mi alma, todo se dispara.
continuará...
Espero que os haya gustado!! (comentarios please buenos y malos)
