Os dejo con el capi 9, que disfruteis leyéndolo!
Enseguida comprendo porqué cree que me he ido, no ha leído la nota… quizás no le evoque buenos recuerdos, debería haberle hecho una flor de papel como pensé…
Mi primer impulso es entrar en la habitación y consolarla, estrechar su descorazonado cuerpo entre mis brazos, secar sus lágrimas con mis labios y librarla de sus lamentos…
Pero también me siento engañado. Me ha mentido. Le dije lo que sentía y ella siguió mintiéndome.
Mi segundo impulso no es acercarme, sino gritarle desde la puerta "Así que todo eran mentiras" y escuchar sus pretextos. Ella sigue llorando, ajena a mi presencia y respira con dificultad en entrecortados gimoteos… Posa su cabeza mimosamente en mi almohada y siento como si inhalara el aroma de mi cuello. El calor invade mis venas y me estremezco.
Mi tercer impulso es tomarla ahí mismo, sin pensar en nada más que en poder explorar su cuerpo desnudo con el mío, si…
Oigo ruido a la entrada de la casa, antes de que me vean, me escondo.
-¡Hola Sara! – oigo decir a Ramón.
Sara se limpia las lágrimas pero se mantiene sentada sobre la cama sin importarle nada más. El, al verla, se le acerca rápidamente y la abraza con mucho cariño.
-Shhh… Cuéntame que te ocurre.
Sara llora ahora en su hombro arropada por la confianza que él le da.
-Se… se ha ido… se ha ido por mi culpa. – dice intentando hacerse entender.
Sus palabras se clavan acusadoramente en mi corazón. Hacen que me sienta mala persona por no poder fin de una vez a su sufrimiento.
-No digas tonterías…- la besa en la frente mientras le acaricia el pelo deseando serenarla - tú no tienes la culpa de nada…
-Si, esta vez sí… él quería quedarse aquí conmigo pero yo no… yo le hice entender que lo había superado…
-Sara… - la riñe con amor y de nuevo la abraza fuerte contra sí queriendo aliviarla.
-Iba a hablar con él ahora, decirle la verdad pero ya… ¡ya no estaba!. Lo he vuelto a estropear…
La desesperación se cuela en sus sollozos cada vez más audibles.
-¿Cómo no se lo dijiste al despediros? –Acaba preguntando Ramón.
Sara le señala el origami.
-¡Esa es su forma de despedirse! - vuelve a romper a llorar.
Ramón se levanta de la cama y mirándola dice.
-No pueden estar muy lejos, Marta llegó hace una hora con Linc de la cascada. ¡Voy a buscarlos!.
-No...-responde ahogada en lágrimas agarrándole de la manga de la camisa.
-Mira, no podría verte así sabiendo que pude hacer algo para que fueras feliz. Tú me ayudaste a mí, ahora es mi turno.– Ramón se suelta con suavidad de la mano de Sara – No te preocupes, los encontraré y esta vez más te vale decirle lo que le tienes que decir.
Ramón sale de la casa rápidamente y cierra la puerta de un portazo. Los remordimientos por permanecer escondido hacen que me sienta mareado, me confieso tan culpable que mi cuarto impulso es levantarme y pedirle perdón por todo esto.
-Dios, no permitas que lo encuentre... que no lo traiga de vuelta…– la oigo suplicar.
Sus palabras me hacen mucho daño… tanto que me nublan la vista y ya no puedo levantarme y dar la cara. "¿Por qué no quiere que nos encuentre¿Por qué no quiere que vuelva?"
Escucho el ruido del papel desdoblándose. Está leyendo el mensaje que le había dejado.
"Sara,
Me he tomado la libertad de trasladar nuestras cosas a la habitación trasera de tu casa, devolviéndote tu intimidad. Mi hermano es feliz aquí y yo… yo no puedo irme, prefiero poder verte sin estar juntos a no verte. "
Mira a su alrededor y deja de llorar, se limpia las lágrimas con las manos y respira profundamente para calmarse. Sale de la habitación y yo acurrucado tras el sofá ni respiro, si me descubre ahora todo volaría por los aires. Entra en el baño dejando la puerta entreabierta y en cuanto oigo el agua de la ducha correr salgo de mi escondite. Alcanzo a ver un par de prendas en el suelo y la mampara de la ducha llena de vapor, no me detengo, salgo sigilosamente de la casa y noto el frío aire de la noche en mi rostro. Empujo la puerta de la casita de atrás. En mi nueva habitación, espero inquieto intentando poner en orden todas las sensaciones que acabo de experimentar.
Oigo que pican a la puerta, mi cuerpo se tensa y durante un segundo no se que hacer, me quedo mirando en la dirección de la que viene el sonido y lleno mis pulmones de aire serenándome, ella no sabe que he visto lo que he visto.
-¿Mike, estas ahí? – es la voz de Lincoln.
-Si, ya voy – vuelvo a ser dueño de mí pero también un pinchazo de decepción se clava en mi estómago. Abro la puerta.
-¿Hey, que hacías?
-Me estaba cambiando.
Empieza a mirar a su alrededor, observando cómo ha quedado el cuarto.
-Me gusta, me quedo la cama de la ventana. – odio cuando mi hermano hace eso.
-Linc, este espacio lo arreglé yo, así que debería elegir la cama que quisiera.
-Pero yo voy a ser el que más la use, así que tendría que poder elegir primero.
-¿Qué? –pregunto perdido en los giros de su conversación sin creer que estemos discutiendo sobre esto.
-Ya sabes, en cuanto Sara te deje entrar en su habitación dudo mucho que vuelvas por aquí y este fantástico espacio será sólo mío. – Le miro perplejo mientras sonríe de oreja a oreja – Venga hermanito, no seas crío y quédate la otra cama. – dice dándome un toquecito en el hombro y empezando a colocar parte de sus cosas en su nueva cama antes de que yo pueda responder.
De un salto se tumba encima, a la larga, con sus dos manos bajo la cabeza mirándome sonriente. Cambio de tema antes de que me consiga exasperarme.
-¿Que tal el baño? – se le ilumina la cara e incorporándose se sienta en el borde de la cama mirándome entusiasmado.
-Estupendo, la niña esa es tan mala que me encanta –ríe fascinado – al llevarla a casa tenía la esperanza de poder volver a ver a su hermana Lucía pero aun no había llegado… Me he dado un paseo por el pueblo a ver si la encontraba pero nada…- con una mueca de impotencia se encoge de hombros – Así que volví a casa y Sara, recién salida de la ducha –dice recalcando la palabra "ducha" guiñándome un ojo mostrándo su traviesa sonrisa – me ha dicho que debías estar aquí.
-¿Estaba bien?
-¿Quién Sara? – asiento impaciente.
-Tampoco vi demasiado… unos hombros suaves, un blanquísimo cuello y un escote en el que se entreveía el comienzo de sus pechos, bien marcados por la toalla que llevaba enrollada alrededor del cuerpo… ¡madre mía si prometía¡Ah! y las piernas con esos delicados pies descalzos – se ríe mientras lo piensa - aun llevaba el vaho húmedo por toda su piel - Lincoln hace una pausa para coger aliento – tenía los ojos vidriosos… mmm… si¡ya lo creo que estaba bien hermanito! – pasa a mi lado dándome unas palmaditas en la espalda.
-¡Linc!
-¿Qué?
-¡No me refería a eso!
-¿Entonces a qué?
-A si estaba contenta, triste, enfadada… - Lincoln me mira como si no acabara de creer que compartimos los mismos padres.
-Joder Mike¡yo que sé!. ¿Crees que me fijaría en eso pudiéndome haber fijado en todo lo demás? – me llevo las manos a la cabeza desesperado y le doy la espalda.
- Además… en ningún momento vi tu intención de detener mi descripción, mas bien todo lo contrario a juzgar por tu boca abierta y esa expresión de tonto enamorado que ponías. – no continúa porque no puede aguantar mas la risa, me da un golpe en la cabeza y se tira de nuevo a la cama mirándome de reojo
-Estúpido – Le lanzo fastidiado el zapato que me estaba calzando.
Linc lo caza en el aire riéndose e incorporándose me lanza esa mirada que pone siempre que va a empezar una pelea que sabe de antemano que tiene ganada. Una risita nerviosa fluye por mi garganta al ver su reacción y cubriéndome con las manos le miro a él y al zapato con el que juega en su mano, recreándose.
-No, no, no, no…
-¿No qué, Mike?- dice simulando soltar el zapato en mi dirección y regocijándose cada una de las veces que intento esquivarlo engañado.
-No lo – esta vez suelta el zapato que pasa rozándome el hombro y vuela por toda la habitación en dirección a la puerta - tires…
Pican en la puerta unos dos segundos antes que el zapato se estrelle contra ella. Lincoln tiene la mano en la boca con la sonrisa congelada debajo de ella y yo aun estoy inclinando tras haberlo esquivado. Callados le miro riñéndole y me levanto a abrir apartando el zapato de un golpe que lo envía debajo de la cama. Sara está quieta al otro lado con ojos merodeadores.
-Hola Sara – mi acento neutral- ¿Quieres pasar?
-¿Estáis bien? – Pregunta suspicaz desde la puerta sin apartar su mirada de las nuestras.
-Si – Me aparto a un lado y ella entra cautelosa.
-Espero no haber interrumpido nada – Lincoln sonríe y por detrás le hago un gesto pasándome un dedo por el cuello para que no diga ni una sola palabra. Cierro la puerta y al girarme mi hermano se las ha arreglado para tener a Sara sentada a su lado en la cama. Los dos clavan sus ojos en mí.
-No, sólo discutíamos que cama quedarnos cada uno – le explica Linc mirándome con malicia.
-Ya veo – responde divertida sin darle importancia - ¡Vaya como has dejado todo esto, parece tan grande! – dice dirigiendo sus ojos hacia mi después de haberlos arrastrado por todo el cuarto.
- Gracias – no dejo de ver una y otra vez la imagen de ella llorando – Espero que te parezca bien, como dijiste que esta parte de la casa no la usabas…
-Claro, no hay problema Michael. – Su rostro está cansado y permanece sentada en la cama de lincoln frente a mí.
-No te pongas tan seria que pronto encontraremos una casa y te dejaremos tranquila – asegura Linc poniendo su brazo por encima de los hombros de Sara y estrechándola contra sí.
- ¡Por los alrededores! – Las palabras salen desbandadas en un tono muy agudo e incómodo de mi boca dejando ver todo el nerviosismo que llevo dentro.
Inmediatamente los dos giran sus cabezas en mi dirección. Sara me observa entre intrigada y extrañada. En los ojos de Lincoln descubro que sabe que me ocurre algo y se ha dado cuenta por tanto que no le he dicho nada. Se siente contrariado y arruga su entrecejo intentando adivinar lo que está ocurriendo. Fugazmente se gira hacia Sara y el orgullo rebelde de sus ojos se posa de nuevo en mí.
- Espero – comienza Linc inclinándose hacia Sara como si le fuera a contar un secreto al oído – que cuando ff... estéis juntitos, no hable así.
Me quedo inmóvil mas pendiente de como pueden haberle sentado a Sara sus palabras que de lo mucho que me han fastidiado a mí. Sara mantiene su sonrisa pero creo que oculta su turbación. La risa inagotable de Linc hace que la situación crezca mas tensa por momentos. Ni Sara ni yo podemos dirigirnos la mirada.
-Bueno pareja, os dejo, me voy a dar una vuelta a ver si encuentro a Lucía. - se levanta y cuando está saliendo por la puerta – ¡Ah! y… no voy a volver pronto así que… haced lo que queráis. – Cierra de un golpe haciéndonos un guiño y dejándonos a los dos solos.
Permanecemos callados dejando que el silencio teja recelos en nuestros sueños.
-¿Que tal te ha ido el día, Sara?
Sara sigue ausente. Harto de tiranteces, de darle vueltas a todo en la cabeza, de dominar mis instintos, de prohibirme amarla me acerco a ella y cojo sus manos entre las mías. La intensidad de su mirada me arranca un suspiro. El roce inocente de nuestras manos inflama nuestros sentidos y el tiempo se detiene para ambos.
Sin soltarla la levanto y la abrazo contra mi pecho. Ella se deja llevar. Noto sorprendido sus brazos rodeándome la cintura y mi corazón se acelera. ¡La espalda me arde!. Mi deseo es feroz pero titubeo… quizás ella tan solo necesite consuelo.
Acaricio su pelo delicadamente no dejándome embelesar por su suavidad. Deslizo mis dedos por su tierna nuca, evitando caer cautivado. Escondo mi cara entre su cuello procurando que su olor no me hipnotice… Mis labios sienten la piel aterciopelada de sus mejillas y también su calor.
Irremediablemente seducido, torno el abrazo cariñoso en uno apasionado. Presiono la curva de su cintura contra mí enérgicamente haciéndose más que evidente mi excitación y la beso en el cuello apoyando de lleno mi pecho en el suyo. La delgadez de su cuerpo me permite levantarla del suelo y llevarla hasta la pared. Apoyo su espalda con cuidado.
No quiero que se escape, esta vez no haré caso de sus mentiras, esta vez no podrá evitarme.
Abro los ojos casi en delirio y su deseo se hace audible. Sara mueve sus manos bajo mi camiseta acariciándome la espalda. Tiemblo de placer cuando las desliza hasta mi pecho. Una de ellas sube cariñosamente hasta mi garganta y la otra baja mordazmente veloz hacia mi cintura, agarrándose al borde del pantalón y presionando peligrosamente hacia abajo. Puedo notar sus dedos tan cerca que mi cuerpo vuelve a palpitar y lo único que sale de mi son jadeos.
Nos observamos incrédulos, incluso nos sonreímos durante un hermoso momento fugaz, antes de recuperar nuestros semblantes ávidos de deseo. Nuestras bocas sedientas se unen por fin al unísono, agónicas, viciosas… la esperanza perfora nuestras almas y nuestras manos recorren el cuerpo del otro con empeño, incapaces de detenerlas las sentimos ocultarse secretamente entre nuestra piel.
-Necesito… necesito hablarte – logra balbucir entre beso y beso.
Mis manos ya han desabrochado su camisa. La miro y no dudo que me encantaría escuchar de sus labios que me quiere, preguntarle qué le impedía decírmelo antes, pero no me parece justo, ya le he robado esas palabras a hurtadillas y debo ponérselo fácil.
-Sara… yo también necesito hablarte. – ella me quita la camiseta, nuestros cuerpos medio desnudos se palpan el uno al otro con tal fervor y necesidad que es imposible separarlos, pertenecen juntos. Tras besarme en el corazón y en la boca acerca sus labios húmedos a mi oreja.
-¿Hablamos mañana? – susurra astutamente
-Mañana – afirmo alzándola y llevándola hasta la cama.
Continuará... : )
