Hola!! Muchísimas gracias a todos los que habeis mandado comentarios, me hacen feliz!!

A los que andais siguiendo la historia siento la tardanza, las vacaciones son las culpables jaja y la falta de concentración, asi que para compensar este capi es largo. Espero que os guste, ya me direis.

Os dejo con Linc! Chao!


La comida aquí es deliciosa. Estoy terminando de cenar en el bar que había encontrado esta tarde a Sara y Michael y lo único que deseo es que llegue de nuevo la hora de comer para poder volver y ponerme las botas. No tardo nada en terminar el plato y pedir un postre.

Mientras espero, escucho una voz familiar a mi espalda y me quedo quieto. No soy capaz de captar toda la conversación pero parece una charla amigable y tranquila. Me mantengo a la escucha y estoy tan seguro de que es la voz de Lucía que el calor invade todo mi cuerpo.

El camarero deja el postre en la mesa y le doy las gracias muy bajito sin querer ser descubierto. No acabo de entender mi comportamiento, llevo toda la tarde buscándola y ahora mi primer impulso es esconderme. Tengo que hacer algo. Al menos relajarme un poco. Giro la cabeza para asegurarme de que es ella. Si, sin duda lo es. No me ha visto.

Me parece que la temperatura en mi nuca y pecho ha subido un par de grados más. Respiro pero el calor no se va.

Está sentada detrás de mí con dos chicos. Una punzada de celos me recorre los puños. Comienzo a comer el postre lentamente con el ceño fruncido y manteniendo la calma. Agudizo al máximo el oído. Toda mi atención concentrada en su voz, ese delicado sonido hace que todo lo demás se vuelva vago e impreciso.

Al escuchar su risa sonrío involuntariamente pero rugiría de rabia por no estar entre las personas a las que presta su atención. Decido terminar rápido el postre para acercarme a hablar con ella antes de que estas tonterías que cruzan por mi cabeza ganen fuerza y me pongan más nervioso. "Si es que se puede estar mas nervioso". ¡Ya ni siquiera tengo hambre!

Una mano se apoya graciosamente en mi hombro. Las yemas tocan la piel desnuda cercana a mi cuello que no cubre mi camisa.

-¡Hola Alex!

Veo a Lucía sentarse grácilmente a mi lado. La comida se me atraganta en la boca y toso disimulando antes de responder. Agradecería poderla escuchar pronunciar mi nombre verdadero. ¿Cómo sonará en sus labios?

-Hey, Lucía.

Esboza una sonrisita azucarada y se queda mirándome segura de sí misma. Trato de parecer lo más clamado posible pero me cuesta. Para que no se de cuenta transformo mi insegura mirada en una seca y desafiante.

-Te he visto charlando, parecías divertirte.

-Si… pero no tanto como ahora – sus ojos revolotean inclementes sobre mí.

Otro trozo de comida que no consigo digerir. Su pose provocativa tan cercana me aturde. ¿Pero qué me está pasando? Llevo demasiado tiempo con Mike, ese es el problema.

Lucía se ríe, creo que por culpa de mi cara de desconcierto. "Lincoln reacciona"

Saco del bolsillo trasero del pantalón el dinero y lo deposito encima de la mesa, me levanto y ella aun sentada levanta la vista hacia mí. La perspectiva que tengo desde arriba me obliga a deslizar mi atención por la suave piel de su cuello, hasta colarme entre sus pechos donde me detengo. No vuelvo a sus ojos tan rápido como hubiese sido decente. En un acto reflejo me aclaro la garganta.

-¿Vienes? – pregunto tendiéndole la mano.

Se lo piensa entrecerrando un poquito los párpados y cogiendo la mano que le ofrezco. Me pongo aun más serio por su contacto, quizás demasiado, mientras tiro suavemente de ella ayudándola a levantarse. Nos quedamos de pie uno frente al otro. La deseo.

- Quizás otro día, había pedido ya la comida. - Me señala la mesa en la que se había sentado.

-Claro – Intento no reflejar el dolor de su negativa e introduzco las manos en los bolsillos traseros del tejano. Mi nerviosismo hace que empuje con demasiada fuerza hacia abajo y noto colarse el frío aire de la noche por la parte baja de mi espalda.

Indeciso, comienzo a darme la vuelta para marcharme cuando ella me agarra de los hombros y se acerca a darme dos besitos en las mejillas. Huele a vainilla y rosas.

- ¡Hasta luego, Alex! – de nuevo ese nombre que no significa nada.

Me despido con una sonrisa y camino sin rumbo durante un tiempo hasta que su influencia sobre mí va desapareciendo y liberando mi consciencia. Paro y al mirar alrededor me encuentro en medio de una solitaria carretera medio asfaltada que sale del pueblo. Al fondo, se ven las luces de un coche que se aproxima. Cuando está a unos cien metros, toca el claxon, me aparto y deslumbrado me llevo la mano a la cara para ver quién es.

-¡Alex¿Qué estás haciendo aquí¿Y tu hermano?

Ramón está dentro del coche con una cara de preocupación terrible.

-¿Estas bien Ramón? – agarro su brazo que está apoyado en el hueco de la ventanilla para intentar que se centre en mí y se tranquilice.

-Si, yo si. ¿Que haces tú aquí?

-¿A que te refieres?

-¿No os ibais?

-¿Irnos?

-Si, Sara…me dijo hace unas horas que os habíais ido – su voz irritada parece empezar a templarse.

-¿Eh? No… Michael trasladó nuestras cosas a la parte trasera de la casa.

Nos miramos callados, no entiendo muy bien de lo que me está hablando pero veo como su cara cambia y se relaja.

-Sube que te llevo – me dice volviendo a arrancar el coche.

Me cuelo dentro y desplazo el asiento del copiloto hacia atrás todo lo que puedo poniéndome cómodo. No tardamos ni un minuto en llegar al pueblo.

- ¿De donde venías? – le pregunto observando con cuidado su reacción.

Me muestras sus blancos dientes.

- De buscaros – responde, volviendo a mirar hacia delante mientras aparca el coche.

Se ríe viendo que no comprendo de qué me está hablando.

-Vamos, te lo explicaré mientras nos tomamos un vinito. – exclama encaminándose hacia la casa de su hermana y arrastrándome tras él.


Los brazos de Marta se me agarran a la cintura en cuanto entro dentro de la casa, le acaricio cariñosamente la cabecita mientras saludo.

-Ramón¿Sabes que a él le gusta Lucía? – revela la endiablada sin esperármelo mientras se escurre de mi abrazo. La agarro fuerte sin dejarla escapar y le doy un capote en la cabeza.

Ramón se ríe volviéndose hacia nosotros. Se quita la chaqueta y trae un par de copas y el vino.

- ¿Dentro o fuera?

No sé si es por el comentario de Marta o qué pero tengo calor, así que salimos fuera.

Nos sentamos en unos taburetes de madera, uno a cada lado de la puerta y dejamos la botella en el suelo apoyada contra la pared. Brindamos y degustamos sin prisas el vino.

Por fin, me cuenta por qué creía que nos habíamos ido y yo le revelo que hace un par de horas dejé a Sara y Michael solos a ver que ocurría. Nos reímos y brindamos otra vez.

-Mira quien viene por ahí. – Señala al fondo de la calle ocultando su sonrisa con la copa.

Me giro y veo acercarse a Lucía, la idea de que venga sola y no acompañada por alguno de sus amigos me anima. Bebo rápido el resto del vino que queda en mi copa de un trago y Ramón suelta una carcajada agarrando la botella para servirme más, pero se ha terminado el vino.

-¿Marta? – Nadie responde - Sé que estás escuchando tras la ventana – afirma Ramón alzando la voz.

Vemos asomar la cabeza de Marta enfadada por haber sido descubierta.

- Anda hermanita, tráenos una botella de vino y otro vaso.

Al poco, reaparece por la puerta con una gran sonrisa, le entrega la botella a su hermano y se sienta en el suelo a mi lado jugando con el vaso. Ajeno a todo este movimiento, mantengo la vista fija en Lucía, en sus silenciosos pasos acercándose airosamente y en sus finas piernas. Muy difícil me resulta apartar mis ojos de sus exquisitas caderas y aun más no dejarme marear por el movimiento acompasado de sus pechos. Su pelo ondulado serpentea entre ellos y mi imaginación se dispara. Una repentina ráfaga de viento sacude su vestido y cruza los brazos protegiéndose. Tengo que dominarme para no levantarme y abrazarla. Haría desaparecer el frío rápidamente de cada pedacito de su cuerpo. Ramón me ha vuelto a llenar el vaso y trago de golpe la mitad. Está a tan solo cuatro pasos y posa su mirada en todos nosotros, hasta en la pequeña Marta. "Marta…" pienso y esta vez reacciono.

-Lucía, sabes que a – le tapo la boca con mi mano.

En realidad mi mano le tapa casi toda la cara y ella me baba la palma al morderme entre risas para que la aparte. Presiono un poco más fuerte hasta que para quieta. La pequeñita y yo nos escudriñamos, desafiándonos hasta que queda claro que si aparto la mano no dirá ninguna estupidez. La suelto y durante un tiempo la sigo vigilando para que permanezca callada.

-¿Quieres unirte a nosotros? – pregunta Ramón a su hermana.

-¡Claro!

Me siento feliz. Sale de la casa con un taburete más y Marta le pasa el vaso quedándose sentada a sus pies sin perderme de vista.

Hablamos durante una hora o así, hasta que se vuelve a acabar el vino y Ramón se despide llevándose consigo a Marta dentro de la casa.

Nos quedamos los dos solos. Ella está sentada al otro lado de la puerta y nos miramos durante un buen rato sin necesidad de rellenar los silencios. Sus ojos brillan de tal forma que secan mi boca. Me seduce. Tomo un sorbo pequeño de vino para humedecer mis labios sin dejar de observarla. Su mirada es dulce y la mía cada vez mas grave. La deseo y lo sabe. Apoya la espalda en la pared de la casa y cierra los ojos.

Respiro profundamente ahora que no me ve. Me levanto y me siento a su lado, donde estaba Ramón. Noto su calor.

Me mira por el rabillo del ojo de la manera más sensual que me hayan mirado en toda mi vida. Imitándola, dejo que la pared me sujete y entrecierro mis ojos. Es un momento perfecto. Un airecito suave revolotea entre nuestras piernas y un sedoso silencio parece envolverlo todo.

-¿Puedo besarte? – pregunto muy bajito, con la voz rota, casi deseando que no lo escuche…

Se gira manteniendo la cabeza apoyada en la pared y yo me giro hacia ella. Su boca a escasos centímetros de la mía. Sus ojos mirándome generosos. No consigo apartar los míos de sus ardientes labios.

-No pareces de los que preguntan. – dice con una atrevida sonrisa, lo cual tomo por una buena señal.

-Tienes razón, no soy de los que preguntan.

Y sin mas, me inclino hacia ella decidido a besarla pero que iba a saber yo que en esta mierda de taburetes de tres patas en cuanto te inclinas estas perdido. Me caigo y me pillo los dedos de la mano con el mismo taburete además de tener que evitar con la otra aplastar a la pobre chica… Aunque mientras la veo reírse a todo trapo sin disimulo alguno, desearía haberla aplastado aunque fuera tan solo un poquito. Tras este espantoso ridículo y su interminable risa, ya ni siquiera puede contener las lágrimas, me levanto totalmente herido en mi orgullo y fingiendo una sonrisa doy por terminada la velada.

-Nos vemos. – me encamino hacia la casa de Sara.

-¡Hasta mañana! – Ahogada en sus risas Lucía me dice adiós con la mano y entra dentro. Aun oigo su risa desde el otro lado de la calle. ¡Si seré imbécil, vaya mala suerte!

Me asomo a nuestra ventana por si acaso y veo a mi hermanito y Sara durmiendo en mi cama. No puede ser que estos dos hayan follado y yo sea tan patético.

Me giro y veo luz en la casa de Lucía. Cierro los ojos, vaya ridículo. Su hermano sale y se dirige hacia el coche y aunque estoy lejos y está oscuro juraría que se despide de él aun riéndose. Me gustaría tanto arrancarle esa risita de la cara. Esto no puede ser. En cuanto Lucía cierra la puerta, atravieso la calle corriendo y pico muy suavemente, respiro hondo. Abre y se sorprende al verme, antes de que sus labios empiecen a dibujar de nuevo una sonrisa la agarro de la cintura con una mano y de la nuca con la otra atrayéndola hacia mí. La beso enérgicamente. Al principio sus carnosos labios no se mueven pero en cuanto mi lengua se adentra invadiendo su boca, reacciona y me engulle con urgencia. ¡Dios! Sus manos en mi pelo, en mi nuca, en mi culo. La aprieto con fuerza. Nuestros cuerpos no paran quietos están tensos y excitados. Al separarnos lo único que se escucha son nuestros graves jadeos. Nuestros aromas se mezclan y la tomaría aquí mismo, en esta puerta pero sé que están sus padres en la casa y en la mía está la parejita. Antes de ir mas allá y no poder parar me separo y sonrío con el corazón acelerado.

-Hasta mañana entonces – Estimulado vuelvo a recuperar mi orgullo y mi insolente arrogancia.

Le doy la espalda riéndome y justo al echar a andar noto su mano agarrándome del pantalón y atrayéndome de nuevo hacia ella. Río a carcajadas hasta que la tengo enfrente introduciendo sus dos manos dentro de mis bolsillos delanteros para sujetarme. En una milésima de segundo se me borra la sonrisa y me excito. Se me pega. Suelto un gemido ronco. Mi cabeza perdida en los sitios que toca con sus manos. No respiro.

-Que duermas bien – susurra a mi oído mientras su lengua me acaricia la oreja.

Se separa y cierra la puerta en mis narices. ¡No!. Apoyo abatido mis manos en la madera y con la cabeza gacha me tomo mi tiempo antes de volver hacia la casa. Me gusta, es mala. Me vuelve loco.

La sonrisa no se me va a quitar en días. Con una nueva sensación en el cuerpo abro la puerta sigilosamente y lo primero que noto es el olor a sexo que inunda la habitación. Toco a Mike en el hombro, para despertarlo. Sara duerme boca abajo, desnuda diría yo, apoyada en él, con la cabeza en su pecho y abrazándole con un brazo. La silueta de su pierna entrelazada con las de mi hermano se aprecia bajo la fina sábana que la cubre tan solo hasta la cintura. Sí y también vislumbro el redondo pecho que descansa apoyado contra la piel tatuada de mi hermano, pero intento no fijarme demasiado en eso.

Cuando mi hermano abre los ojos no repara en mi presencia y eso que estoy de pie a la altura de su cara. Lo primero que ve es a Sara encima de él y con ojos de tortolito la abraza contra sí totalmente extasiado. Me llena de felicidad poder haber visto ese gesto, difícilmente lo podré olvidar. Se altera en cuanto me ve y sin decir nada arruga sus cejas preguntándome que quiero. Sonrió, miro a Sara y luego a él y le comunico con complicidad que me alegra que al final hayan follado, esto último con gestos.

Michael me responde también con un gesto inconfundible de su mano que me largue mientras con la otra intenta cubrir a su novia con la manta. Gesticulo, dándome la risa, que están en mi cama y él parece querer matarme con la mirada. Fastidiado vuelve a indicarme con la mano que me largue, esta vez de manera mas cortés, mientras mira por encima de la cabeza de Sara a ver si la ha tapado bien.

- No te molestes, esa sábana es medio transparente –susurro guiñándole un ojo.

Sin duda le he sacado de sus casillas y sin hacer ningún ruido veo como su boca dibuja las palabras FUERA YA y me señala la puerta. Le paso la mano por el pelo afectuosamente y mientras él me mira furioso yo no puedo más que sonreír. Él acaba por sonreírme también. Cojo un par de cosas y salgo sin hacer ruido.

En casa de Sara voy hacia la habitación que habíamos usado pero pienso que como ellos están durmiendo en mi cama hoy me voy a dar el lujo y ocupar la cama grande de Sara. Entro en su cuarto y en cuanto me dejo caer a la cama me duermo profundamente.


El grato olor a tostadas me despierta y noto como mis tripas empiezan a quejarse antes de que pueda abrir los ojos. Salto de la cama en gayumbos y me encamino a la cocina.

Michael está haciendo el desayuno.

-Mmm.. ¡Que bien huele! – digo robando una de las tostadas del plato.

-¡Linc!

-¿Has dormido bien, hermanito? – Le doy un golpecito en las cosquillas.

Se ríe mirándome e indicándome con el tenedor que tiene en la mano que me esté quieto. Sigue haciendo tostadas, tostadas y más tostadas eludiendo mi pregunta así que insisto.

-Bueno… ¿Y cómo fue? – le pregunto indiscreto.

Hallo como respuesta otra de sus miraditas de "no preguntes que no pienso responder".

-Por la cantidad de tostadas que estas haciendo… diría que fue bastantes veces y muy bien¿eh? – sugiero mientras mastico la apetitosa tostada.

Sin girarse a mirarme se empieza a reír. Se le ve tan feliz que no puedo resistir acercarme a él por detrás y abrazarle fuerte.

-Linc suéltame, pareces idiota. – dice revolviéndose para que le deje en paz.

-¿Que pasa¿Ahora ya sólo quieres los abracitos de Sara? Porque antes de tenerla, bien que te abrazabas a mí – le digo caricaturizando su forma de abrazarme cuando teme perderme, mientras sujeto la tostada con los dientes.

Al burlarme de él con los ojos cerrados aprovecha y me lanza directamente de la sartén un tostada recién hecha que me da de lleno en la cara.

-¡Imbécil!

-Pero mírate, si no paras de lanzarme cosas e insultarme¿qué pasa que Sara ha hecho que ya no te sepas defender con palabras?

Oigo como resopla y me siento a la mesa divertido. Es genial tomarle el pelo. Pobrecillo.

-De todas formas, hermanito, sospecho que has hecho trampas.

Esta vez se gira, apoya la parte baja de la espalda y las manos en la encimera y olvida las tostadas.

-¿Que?

-¡Que eres un tramposo, tío! – su rostro se endurece, como cuando estaba encerrado tras las rejas y no sabía a qué atenerse pero su cara trasmitía la seguridad de saber más que los demás. Sabe bien por donde van los tiros pero no lo dice.

-¿Quieres que me crea que tú, Michael, has entrado a Sara?. Esa mujer que te impone como ninguna, que trastoca tus planes, que te vuelve loco y que además creías que no te quería…

-Linc, cree lo que quieras… - Se gira hacia la sartén, dándome la espalda.

La tostada carbonizada que se estaba haciendo va directa a la basura. El olor a quemado inunda la cocina hasta que Michael abre la ventana.

-Venga va, confiesa. Sabes que no me puedes ocultar nada.

Se ríe como si no pensara que es cierto lo que digo.

-Linc, no te entiendo, no tengo nada que confesar. – Su voz juguetona.

-Pues te haré la misma pregunta que me hiciste tú ayer a ver si entiendes mejor lo que quiero decir.

Intencionadamente le dejo en suspenso un tiempo, mientras me acabo el desayuno y bebo mi zumo.

-¿Ayer… estaba bien Sara?

Durante unos instantes se queda quieto y luego todo parece encajar en su complicado cerebro.

-Ramón dio contigo… - deduce encontrando la lógica.

-Lo que me hace suponer que si sabes que Ramón nos buscaba… Tú estabas presente cuando Sara creía que nos habíamos ido del pueblo… ¿Se lo has dicho o has hecho trampa?- Sé que he vencido esta pequeña batalla. Mi hermano me mira molesto a punto de admitir su derrota pero de repente su cara se pone tan blanca como la nieve al desviar sus ojos por encima de mi cabeza.

Al girarme distingo a Sara quieta como una estatua en el marco de la cocina a la vez que su sonrisa empieza a desvanecerse. Esto confirma sin duda alguna que no se lo dijo.

-¿Que?- es el único sonido ahogado que sale de la garganta de Sara antes de que desaparezca dando un portazo al entrar en su habitación.

Michael sale corriendo tras ella. Escucho picar mil veces en la puerta pero ella no contesta. Ninguna de sus súplicas, sollozos, ruegos o te quiero hacen que abra. Al observar la escena y ver a Michael caminando hacia mí, mortificado, dándose por vencido siento que la culpabilidad me invade hasta casi asfixiarme. A mitad de camino se detiene y en su amargo semblante puedo distinguir un par de lágrimas. Vuelve la cabeza hacia la habitación de Sara.

-¡Sara, si no abres la puerta la echo abajo! – Grita sorprendiéndome. En su voz no hay ni rastro de congoja, más bien impaciencia.

-¡Lo digo en serio! – Vuelve a gritar frustrado por el comportamiento de ella.

-¡Vete a la mierda! – esta vez es la voz de Sara la que se escucha llena de odio.

-Ayer los dos teníamos cosas que decirnos y lo pospusimos para mañana, o sea hoy. Tenemos que hablar, abre la maldita puerta.- Termina la frase dando un golpe seco con el pie en la puerta.

-¡No!

Entonces el loco de mi hermano se separa unos pasos y hecha a correr hacia la puerta golpeándola con el costado pero sin conseguir nada excepto caer al suelo volviéndose a golpear en la cabeza. Tras el estrépito del golpe lo primero que se escucha es su grito de dolor. Corro en su ayuda pero Sara abre la puerta y al verle tirado en el suelo se arrodilla a su lado preocupada.

-¿Michael¿Me oyes? – las manos de ella le recorren una y otra vez la cara, el cuello el pecho mientras mi hermanito empieza a abrir los ojos.

-Sara… - murmura el grogui endeble de mi hermano

Aprovecho para recuperar mi ropa de la habitación de Sara y salgo de la casa suspirando irónicamente "ah, el amor".

Distingo a Lucía ojeándome desde la puerta de su casa.


Continuará...

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