Gracias por las reviews que andais dejando!! Me encantan!!
Bueno... a ver si este os gusta...
Os dejo con Sarita... y con Michael en el suelo tras el fallido intento de tirar la puerta abajo ;)
-Sara…
Al ver que Michael está bien me levanto, pero él agarra mi mano y la sujeta contra su pecho.
-Suéltame!
Niega con la cabeza y me sujeta aun más fuerte. Su lastimosa respiración y sus acelerados latidos me ablandan y permanezco a su lado sin resistirme aunque mi rostro acusador no le da tregua y no dudo en trasmitirle todo el rechazo que me provoca.
Las lágrimas se acumulan en sus deslumbrantes ojos pero él no pestañea ni baja la vista. Distraída en su mirada empieza a acariciarme el brazo con la otra mano. No puede ser que haya conseguido engatusarme tan pronto. Aparto el brazo bruscamente y se queda boquiabierto. Su dolor se hace patente. Me suelta y se incorpora, introduce sus manos en los bolsos del pantalón y se queda callado frente a mí.
Al verle tan quieto, desprovisto de engaño, como si no pudiera mas, sin decirme ni una sola palabra, tengo miedo perderle. Parece cansado de luchar y temo que se vaya. Me pongo de pie y sus ojos siguen tan firmes en mí que dudo si me está mirando o si por el contrario tiene la vista perdida. Le veo bajar los párpados y suspirar profundamente.
Si se diera la vuelta para irse saldría corriendo tras él, pero mientras tanto, sigo echándole en cara haberme espiado.
Me lo figuro curioseando cómo lloraba, lo que hacía, lo que decía y me inunda la rabia. Mi corazón se tiñe de vergüenza por todo lo que ha podido ver y de dolor porque no hiciera nada. Seguro que sintió pena por mí y odio esa sensación. Pensará que le necesito y detesto que me crea débil. Sé muy bien como cuidarme sola, no quiero que conciba la idea de ser él el que deba cuidar de mí.
Imaginármelo una y otra vez escuchándome a escondidas no me ayuda a expulsar la sensación de repulsa que crece a pasos gigantescos dentro de mí. El rencor intoxica los aun palpitantes recuerdos de esta noche que compartimos… la piel desnuda enredándose, la humedad de nuestros cuerpos, el sabor salado en los labios de ambos, él en mí… No puedo más que digerir una mezcla enfermiza de amor y odio.
- Me equivoqué… - Menciona moviendo sus labios sin demostrar ninguna emoción.
Un horrible temor se agarra con fuerza de mis ojos no sabiendo cómo interpretar sus palabras. Asustada por lo que trata de decirme cruzo los brazos y espero molesta a que se explique. Michael da un paso hacia mí y yo doy otro hacia atrás, alejándome de él. Contrariado no se acerca más.
-No deberíamos haber hecho el amor sin haber hablado antes, ahora todo esto nos puede llevar a malentendidos. – opina volviendo a introducir sus manos en los bolsillos.
-Lo único que tenía que decirte, Michael, era que te quería, y aunque no te lo dijera con palabra,s creo que quedó mas que confirmado cuando me entregué a ti¿no?. – de nuevo le veo desnudo, apoyando parte de su peso sobre mi cuerpo y a punto de adentrarse en mí... Espero a que los escalofríos desaparezcan… pero parece que les cuesta abandonarme, por su expresión, él está sintiendo lo mismo.
-Aunque no hubieses visto todo lo que viste, Michael, te hubiera quedado más que claro que te quería!
Baja la mirada al suelo, avergonzado, y de nuevo, otra imagen de él bajando la mirada a mis ojos, mientras le lamía con osadía, probando por primera vez su sabor, me lleva al séptimo cielo. Vuelvo al presente tras unos minutos. Sigue sin decir nada.
-Tendrías que haber sabido que lo que tú no dijiste… - las lágrimas caen por mi rostro y no hay nada que desee menos que me vea llorar…
-Sara… - viene a abrazarme pero lo aparto.
-No me toques – se queda destrozado, sus brazos suspendidos en el aire en shock antes de que caigan a ambos lados de su cuerpo con los puños apretados.
-Qué es lo que oíste o… viste cuando me espiabas? - no negaré que lo pregunto con miedo de saber qué sabe. Si no fuera mucho podría sentirme mejor… menos ultrajada.
-Todo – revela sinceramente.
Me quedo helada. A él le cuesta respirar pero no tanto como a mí.
-Lo ví y escuché todo Sara…
Si me lo repite para que reaccione está consiguiendo justo lo contrario. ¡Dios¿Todo?
Como si hubiera leído mis pensamientos o si creyera que necesito una explicación mejor continúa hablando.
-Te vi en la cama antes de que llegara Ramón, os escuché hablar cuando vino y te observé de nuevo al irse, hasta que te metiste en la ducha…
Me hubiera gustado darle una bofetada en toda la cara, es lo que me pedía el cuerpo, pero estaba tan petrificada tras sus palabras que no pude. Ahora, era yo la que tenía la mirada perdida en sus ojos sin verle, al mismo tiempo que mi mente viajaba, recordando cada una de las cosas que hice o dije cuando pensé que se había ido… Cada vez me siento más expuesta a él.
-¿Qué quieres que piense, Michael? Porque lo que has conseguido es que me pregunte si me follaste porque creíste que debías darme lo que quería… o si fue por pena al verme llorar por ti… ¿Tal vez porque sabías que podrías?
-Sé que metí la pata espiándote y no diciéndotelo en el momento, Sara, y comprendo que ahora me odies, pero de ahí a pensar que pude… - coloca sus dos manos en la frente y se aleja de mí unos pasos para tranquilizarse. Al volverse a acercar veo que casi ha perdido la calma.
-Tú también estabas allí cuando hacíamos el amor!... viste y sentiste lo que yo sentía! ¿Ahora quieres creer que lo hice por pena o… por poder o… esas gilipolleces de inseguridades que se te ocurren en vez de amor? – me grita indignado. Su duro semblante detiene mi corazón. Nunca le había visto tan enfadado.
– ¿Sabes lo que te digo? Cree lo que quieras.
Se da media vuelta y se marcha. Le alcanzo cuando está entrando en su habitación y sujeto la puerta para que no la cierre. Cabreado se gira y me mira haciéndome daño.
-¿Qué¿Ahora me vas a decir que eso que has dicho era mentira¿Y quieres que me lo crea como cuando me dijiste que habías superado lo nuestro?- masculla ofendido.
Sus palabras retienen mi perdón. Entra en la habitación sin cerrarme la puerta y se sienta con la cabeza entre las manos en la cama de Lincoln, en la misma cama que pasamos la noche.
Me siento frente a él.
-Creo que he exagerado un poco… - Michael levanta la cabeza crucificándome con su agridulce mirada - cuando escuché a Linc decir que me habías visto… Me dio rabia y muchísima vergüenza. – le explico en tono de súplica. Él me escucha paciente.
-Luego… me dejé llevar por la discusión y… dije esas cosas… - poso mi mano derecha en su rodilla izquierda y él sigue su movimiento.
-¿Así que tenías ganas de que tuviéramos nuestra primera pelea, eh?
-Puede… – Sonrío y me devuelve la sonrisa negando con la cabeza.
-Me has hecho daño, Sara.
-Lo sé – respondo mordiéndome el labio inferior – es que pensé que tu tolerancia al dolor, de la que tanto alardeas, era mayor… - Michael oculta su curiosa sonrisa en la comisura del labio y adquiere una expresión grave.
-Sara… ese dolor, es extremadamente difícil de soportar hasta para mí.
-Te… te quiero, Michael.
-¿Me quieres?- Su traviesa voz me llena de ilusión.
-Si.
-¿Entonces me demostrarás de nuevo cuánto me quieres?
Nos reímos juntos un buen rato, luego, queriendo terminar con las risas, me pongo de pie frente a él y me voy quitando poco a poco toda la ropa, primero la camiseta… luego el pantalón… La mirada codiciosa de Michael no deja de jugar con mis braguitas y mi sujetador. Estira las manos para tocarme pero no le dejo que lo haga. Desabrocho el sujetador y me desprendo desafiándole de la última prenda que me queda.
La temperatura de mi cuerpo se eleva mientras recorre mi cuerpo desnudo con sus manos. Pero al poco, noto como intenta aguantar la risa sin ningún éxito.
-¿Qué? – le digo sin cubrirme, acercándome un poquito más, a ver si así consigo intimidarle y acallarle.
-Mmm…Es que no sabes la de veces que fantaseé con que te desnudases para mí en la enfermería cuando estábamos en la cárcel.
Le empujo en el pecho y me abraza con los brazos y las piernas. Caemos juntos en la cama, besándonos. Sus manos atrapan mi desnudez enviando mil cosquilleos por todos y cada uno de mis huesos.
-¿Qué más fantasías tenías? – le pregunto rompiendo el beso con voz melosa y febril.
Remango las mangas de la camisa azul que llevo sin dejar de mirar a Lucía. No deja de sonreír mientras vigila como la sigo desde la acera de enfrente.
Me escondo y al volverse ya no me ve, gira en redondo y se adentra en medio de la carretera buscándome pero no da conmigo. Vuelve a la acera y sigue caminando, gira un par de veces más la cabeza sin localizarme. Sin mucho miramiento sigue su camino sin voltearse. Me encanta. La sigo durante un par de calles y se para frente a una casa a la que parece dirigirse también más gente. En la entrada hay un grupo de personas que la saludan con confianza. Un par de chicas empiezan a hablar con ella y entran dentro las tres juntas.
No es una iglesia y tampoco veo ningún cartel que me pueda dar una idea de qué es ese sitio.
-¡Pensé que estaba mal seguir a la gente!
Cubriéndome de ser visto tras los cristales de una camioneta roja, me sobresalto al escuchar esas palabras a mis espaldas.
-¡Marta! – le recrimino enfadado llevándome una mano al pecho.
- ¡Te he vuelto a asustar! – Se ríe en mi cara mientras me señala con el dedo. Odiosa niña.
Su pelo brilla bajo el sol y se mueve por culpa de su risa. Con la otra mano se sujeta la barriga. Lleva un vestido verde de tirantes que cae suelto sobre su cuerpo hasta sus rodillas. Sus pies están enfundados en unas chanclas de goma naranja, uno de sus talones descansa sobre el suelo terroso y el otro mas formal se mantiene sobre la zapatilla.
Le devuelvo una sonrisa astuta.
-¿Qué es ese sitio? – pregunto señalándole la puerta por donde acaba de colarse su hermana.
Ella frena su risa y mira hacia donde le indico. Rápido vuelve a girarse hacia mí con ese brillo malvado que la caracteriza en los ojos. Frunzo el ceño y con un gesto le demuestro mi impaciencia por su respuesta.
-Ayer te vi besando a mi hermana – afirma desviando el tema de manera protectora.
Ahora soy yo el que empieza a reírse a carcajadas. Su carita morena cada vez adquiere un gesto más serio y acaba cruzando los brazos esperando a que termine, pero verla entrecerrar sus ojitos amenazadoramente hace que me vuelva a reír. Su pie derecho, empieza a dar pequeños golpecitos levantando una fina nube de polvo naranja a su alrededor. Está perdiendo la paciencia. Que graciosa.
-¿Qué pasa Marta, tengo que pedirte permiso? – le pregunto en tono cantarín burlándome de ella.
Aprieta sus ricos labios y desentrelazando los brazos al mismo tiempo que retuerce sus puños la condenada me da un puntapié en toda la espinilla. Se escucha un pequeño crujido y me doblo sin quejarme para pasar la mano por donde me ha golpeado, en cuanto levanto la vista hacia ella veo que intenta ocultar su dolor. Apoya el pie delicadamente en el suelo mientras se muerde los labios y sus ojos empiezan a brillar más de lo normal. No dice nada. Me ha dado fuerte así que si sus deditos han topado con mi hueso se ha debido hacer bastante daño.
-¿Estas bien?
Sólo afirma con la cabeza. Si será testaruda.
-¿Te duele? – señalo preocupado.
No dice nada. Dirijo mi mano hacia su pie y ella lo aparta.
-Un… un poco – su voz tímida me llega al alma.
-Déjame ver, no te tocaré el pie, te lo prometo.
Me acerca el pie poco a poco apoyando su mano en mi hombro para no caerse. Parece suavizar un poco su actitud. Lo tiene rojo y algo hinchado pero sin poder tocarlo no sé si es sólo un golpe o si se lo ha roto.
-Intenta mover los dedos – Alguno de ellos se mueve casi imperceptiblemente y ella suelta un grito.
La miro y ella niega dolorida con la cabeza.
-¿Y caminar?
Con mucha lentitud apoya completamente su pie en el suelo y me mira con confianza. Le indico con la cabeza que intente dar un paso. Mas segura de sí misma, adelanta el otro pie primero, y cuando el dañado se queda atrás apoyado en los deditos, vuelve a ahogar un grito, cayéndose al suelo sobre su rodilla frenándose con las manos. Me mira algo avergonzada y con los ojos acuosos. Acercándome, le doy un beso en la frente antes de cogerla en brazos para llevarla a la clínica.
En la clínica no hay nadie, ni siquiera está abierta. Sara debe estar aun peleándose con mi hermano. Entro con Marta en la casa pero no hay nadie. Voy en busca de Mike, a ver si él sabe donde está. Abro de un puntapié la puerta de nuestra habitación.
-Mike… - digo entrando dentro con Marta en mis brazos.
Ni Marta ni yo podemos evitar ver a Sara desnuda bajo Michael mientras ella le baja los pantalones, que por culpa de nuestra interrupción, se quedan a medio camino. Me quedo con la boca abierta sin poder reaccionar durante unos segundos en los cuales los dos nos miran incómodos y violentados por la intrusión. El primero en reaccionar es Mike.
-¡Fuera!
La segunda es Marta, que ha empezado a reírse a todo trapo agarrada a mi cuello, escondiendo la cabeza en mi pecho. Sara se oculta como puede, no consigo apartar mis ojos de ella y fijarme de nuevo en Mike, que no me pierde de vista todo cabreado. Salgo de la casa y ya desde fuera grito.
-¡Perdón por la interrupción!
No responden. Marta y yo nos miramos en silencio intentando escuchar algún ruido que nos dé una idea de lo que van a hacer. No oímos nada. Tras un rato.
-¿Vais a seguir con lo vuestro o… vais a salir de ahí? – Marta luce una mueca divertida y le hago un guiño. Se coloca la mano en la boca para contener su risa. Siguen sin responder, pero me parece oírlos cuchichear.
-Lo digo porque Sara tiene una paciente que atender… - Marta me da un pícaro puñetazo en el costado derecho, a la altura de las costillas y me mira ofendida.
-¡Au!.. ¿Qué pasa? – muestro mi cara de inocente
-Puedo esperar…- dice en plan sabiondo – además… me gusta que me lleves en brazos – y me saca la lengua.
A punto de tirarla al suelo, oigo que se acerca alguien.
-¿Qué pasa? – Mike está en la puerta tan solo con los pantalones puestos, pero ya colocados en su sitio.
-Hermanito… – digo serio, aunque no puedo evitar morirme de la risa y Marta se contagia.
Como cree que no tenemos la intención de parar empieza a cerrar la puerta.
-¡No! - exclamo deteniéndole - perdona lo de… - la risa de nuevo no me deja terminar.
-¿Que coño quieres?. Hola Marta, siento lo que…
-No, nosotros lo sentimos. – Respondo por fin haciéndome un poco cargo de la situación – Creo que se ha roto algún dedo y estábamos buscando a Sara para que le echara un vistazo al pie.
Los dedos de Marta cada vez parecen estar más hinchados. Mike se queda un momento examinándolos y Marta desliza los dedos de su mano por la piel tatuada del brazo de mi hermano hasta llegar a su hombro. Él la mira, pero ella esta demasiado absorta en su tatuaje como para darse cuenta, sus dedos bajan por el hombro hacia su pecho.
Mike me mira para que haga algo y yo me encojo de hombros divertido.
-¿Por qué te lo hiciste? – pregunta Marta.
-Era joven y estúpido – responde Michael sin más.
-¿Qué significa esto? – su dedo se apoya insistentemente en la piel de él.
-No significa nada – Michael, ni siquiera mira donde ella le señala
-¡Hola! - Saluda Sara saliendo vestida de la habitación.
-¡Hola Sara! Perdona que…
-No importa – Michael la agarra cariñosamente y ella, por fin, levanta la mirada hacia nosotros.
Le pido perdón silenciosamente. Sara esboza una sencilla sonrisa. Recoloco a Marta entre mis brazos que ya empieza a pesarme.
-Ahora que estáis… presentables… - noto sus miradas clavándose en mí con hostilidad, Marta se empapiza con la risa y también es asediada por sus miradas.
- Creo que se ha roto algo – giro a Marta para que Sara observe su pie.
-Déjala en el sofá – Nos dirige al sofá de su salón
Marta, sola en el sillón, por primera vez parece un poco intimidada ante nuestras miradas. Sara se agacha y cogiendo el pie con cuidado la empieza a examinar. Michael y yo nos separamos dejándolas tranquilas. Le miro de reojo y él a mí. No consigo disimular la ancha sonrisa que me provoca el haberlos pillado con las manos en la masa.
-Deja ya de poner esa cara Linc –susurra sin que Sara nos oiga
-Eso te pasa por querer follar en mi cama una y otra vez…
-No era difícil imaginarse lo que podíamos estar haciendo.
-¿Sabes que la cama de ella es mas grande y estaríais mucho mas cómodos? Además no correrías el riesgo de que yo entrara.
-Deberías haber picado a la puerta antes de pasar.
-Y tú haber terminado lo que habíais empezado antes de salir...- digo lanzándole una mirada directamente a sus partes para que observe por qué lo digo.
Me mira de reojo y me empuja con su hombro y yo le devuelvo el empujón.
-¿Cómo te lo has hecho?
Marta se muerde el labio y tras mucho vacilar me señala.
-¿Le has roto los dedos a la chica? – dice Michael burlándose de mí – Que bestia eres, ahora entiendo esa urgencia tuya por encontrar a Sara.
-No, yo… le di una patada y… - empieza a contar Marta
No sé que tiene de raro que me haya pateado pero tanto a Sara como a Michael parece haberles maravillado.
-No me extraña, no hay día que pase que no quiera golpearle – Michael se acerca a Marta y le da la mano – Muy bien hecho, pero aunque pareces fuerte, la próxima vez me avisas y le doy yo por ti.
-No creo que necesite tu ayuda Mike, sabe muy bien por donde cogerme. Lo que pasa que traía estas chanclas y claro se hizo daño.
Saco las zapatillas de goma de mi bolsillo trasero, las dejo en el suelo bajo sus pies y me siento al lado de ella.
-Voy a tener que entablillarte estos dos dedos juntos, pero antes quiero hacerte una radiografía, tenemos que ir a la clínica.
-Vale.
-Me cambio de ropa y enseguida vamos - dice Sara.
-Yo también me voy a cambiar – dice Mike alejándose.
- Podéis daros una ducha si queréis – les aconsejo antes de que desaparezcan de nuestra vista, cada uno se va por su lado.
Sentado al lado de ella, paso el brazo a su alrededor trayéndola hacia mí. Recuesta su cabeza en mi hombro.
-Es la casa de Reuniones. – me concede.
-¿Reuniones?
-Si, cuando se acerca algún evento la gente del pueblo se reúne ahí los fines de semana para ayudar a prepararlo. La próxima semana son las fiestas del pueblo y llevan ya un par de semanas haciendo los preparativos… Perdona por el puntapié. – dice mirando hacia otro lado
-Siento que te hicieras daño. Gracias por la información.
-Deberías ir y ofrecerte para ayudar, a la gente le gustará.
Le muestro mi rechazo y sus dedos empiezan a jugar con los huesos de mi clavícula
-A mi hermana le gustará…
Nos quedamos callados cada uno pensando es sus cosas.
-Tu hermano ha debido pasarlo mal.- La miro intrigado por su comentario.
-Lo digo, porque para hacerte todos esos tatuajes sin que te gusten… tienes que haberlo pasado mal¿no?
Sus palabras me devuelven al pasado y por unos instantes estoy de nuevo en la cárcel con Michael dentro, destapando su torso para mostrarme cómo me va a sacar de allí. En aquel momento me dio esperanzas y ni siquiera pensé en lo que le debió costar hacer todo eso por mí, no los tatuajes, sino, abandonar su vida para salvarme.
-A mí me gusta como le quedan.
-Tiene novia, como bien has podido observar, así que lo siento por ti pequeña. – la pico
Vuelve a arrugar su naricilla dispuesta a vengarse de mi comentario.
-No es mi tipo, pero es mas guapo que tú… aunque tú tienes mejor culo que él – responde sonrojándose y apartándose de mi lado plantando las dos manos sobre su boca.
-¿Qué sabrás tú como tengo yo el culo? – le doy un capón.
-Te lo toqué en la cascada y bueno, se te pegaba la ropa al cuerpo así que dejaba poco para la imaginación.- gesticula con las manos moldeando la forma de mi trasero en el aire.
-¿En eso te fijabas en la cascada?
-En eso y en… - Empieza a reírse. Si será retorcida!. La acoso a cosquillas antes de que continúe hablando.
Cuando ya no puede soportar mas cosquillas empieza a pellizcarme en sitios estratégicos para que la deje. Su mano con los dedos en pinza se acerca peligrosamente a mi entrepierna así que la suelto rápidamente. Se ríe sintiéndose la ganadora de nuestro pequeño duelo.
- Joder niña, no tienes nada de inocente!.
-Será porque no soy tan niña como tú te crees.
Estoy aplastando su cabeza contra el respaldo del sofá cuando Michael entra en el salón.
-¡Pero suelta a la pobre chica! – exige sentándose a mi lado.
-Listo¿nos vamos? – dice Sara saliendo de la habitación.
Michael se levanta y me agacho para coger a Marta en mis brazos y llevarla a la clínica.
-No, tú ibas a ir a ayudar con los preparativos de las fiestas,¿te acuerdas? Vete o llegarás tarde. ¿Me puedes llevar tú? – dice dirigiéndose a Michael.
-Manipuladora – murmullo en su oreja volviéndola a depositar en el sillón.
-Bueno, pues llévala tú. – Digo a mi hermanito. - Gracias Sara y perdón por...
-Lárgate ya – me corta Michael mientras coge a Marta que ya está ensanchando el cuello de su camiseta para seguir viendo los tatuajes.
-¡Adiós a los tres! Pórtate bien!.- digo dirigiéndome a Marta muy seriamente.
-¡Y tú! – indica asignando toda la madurez de la que es capaz a sus palabras.
Entro en la sala y aunque está llena de gente, al fondo distingo a Lucía, al lado de una mesa en la que están varias personas sentadas apuntando cosas y distribuyendo papeles.
Antes de que de un solo paso, me descubre, y se queda enganchada a mis ojos, humedece sus labios y despliega una tentadora sonrisa.
Hay una persona a su lado hablándole y tocándole el hombro para llamar su atención pero ella sigue atenta mis movimientos por la sala, no me da descanso y cada paso que doy hacia ella, me cuesta un mundo. Creo que nunca me había sentido tan torpe. Lo único que pido es no tropezar, no caerme de nuevo… Pasan unos quince segundos, claro que a mi me ha parecido media hora, y estoy a medio metro de ella… sigo acercándome, no pienso parar hasta estar pegadito a ella, pero antes de que nuestros cuerpos choquen, Lucía empieza a dar pasos hacia atrás, contrarrestando los que yo doy en su dirección.
La confianza de su rostro y esa desafiante sonrisa que exhibe, van desapareciendo en cada paso que retrocede. Cuando la pared la frena, soy yo el que desborda una seguridad salvaje, y presionando ya su cuerpo con el mío, humedezco los labios borrando mi maliciosa sonrisa.
Continuará... :P
