Gracias por las reviews!! Este capi es aun mas largo, lo siento, es que se me ha ido completamente la mano... y la cabeza tambien!! jaja
Besos, espero que al menos os divirtais :)
Advierto el nerviosismo de Lucía y me estremezco excitado. Mi rodilla derecha se intercala entre sus piernas, que se separan. Cada parte de su cuerpo es doblegado por el mío y sus brillantes labios incitan carnalmente a los míos. La beso y cierro los ojos al sentir la electricidad que me trasmite el roce de nuestras lenguas.
Una mano desconocida me agarra de la garganta y me hunde la nuez, separándome de Lucía con robustez.
Toso mosqueado un par de veces hasta que levanto la vista y veo a Ramón frente a mí sonriéndome vacilante. Le voy a borrar esa sonrisa de la cara.
-¿Qué coño haces? – digo atacado de rabia
-Alex, tranquilo… te he llamado como cien veces pero no me hacías ningún caso.
-¿No te hacías una idea del porqué?
-No puedes besarla de esa manera delante de toda la gente, si hasta nuestros padres podrían estar por aquí… esto es un pueblo y la gente mayor es bastante conservadora. ¡Sólo quería avisarte!.
Le miro mientras mi ritmo de respiración se tranquiliza. Lucía tiene una actitud dubitativa, como si no acabara de tener claro qué hacer.
-¿Y tú Lucía, en qué pensabas? – le recrimina Ramón acercándose a ella.
-¡Hey! – Exclamo poniendo mi mano en su pecho para detenerle – yo la abordé, así que lo que le tengas que decir me lo dices a mí.
Lucía se me acerca y me da la mano, mostrándome una sonrisa llena de confianza.
-Salgamos de aquí – susurra encendida en mi oído.
Sólo con sus palabras ha conseguido que vuelva a ponerme cachondo. Nos largamos a toda prisa, agarrados de la mano y dejando a Ramón ahí plantado.
-¡Si seréis descarados! – dice desplomando las manos en un gesto de impotencia entre suaves restos de risas a nuestras espaldas.
Lucía y yo no dejamos de lanzarnos miraditas al escapar a paso ligero por el pueblo, hasta que la gente de las calles parece haber desaparecido. Nos adentramos solos en una soleada callejuela. Al llegar a la esquina, se detiene y me suelta la mano.
-¿Vas a seguir caminando durante mucho tiempo más o… piensas terminar ese apasionante beso que habías empezado?
No puede ser… Otra vez vuelve ella a ser más rápida que yo… ¿Qué me pasa? Si esa frase es más mía que suya…
-¿De verdad necesitas pensártelo? – dice riéndose de mí abiertamente.
Soy un idiota. Lo ha vuelto a hacer. ¿Por qué no estoy ya encima suyo mordiéndole los labios?
Vuelve a abrir la boca pero antes de que suelte otra de las suyas acerco mis labios, y con ellos todo el cuerpo, a los suyos. La peligrosa proximidad hace que se trague sus palabras. Justo cuando comienza a cerrar los ojos pensando que voy a besarla, aprieto frenéticamente mi cuerpo al suyo para que advierta bien lo loco que me tiene.
-Creo… que para ser justos, esta vez, te toca a ti besarme…- murmuro en su oído mientras deslizo casi imperceptiblemente mi mano por uno de sus pechos.
Antes de que reaccione a mis palabras doy un paso atrás y la miro enloquecido, casi delirando del placer que me proporciona volver a ser dueño de la situación.
Lucía abre los ojos muy lentamente, con una sonrisa nada piadosa esparciéndose en ellos. Se separa de la soleada pared en la que estaba apoyada y me observa con detenimiento. Está tanteando la nueva dirección que han tomado las cosas. Me está estudiando. Cuando se me acerca decidida y notoriamente insatisfecha sé que trama algo.
- Meh ehstás ahoghando…
Encaramada a mis hombros, Marta observa el tatuaje de mi espalda mientras tira hacia abajo del cuello de la camiseta que llevo puesta.
- ¡Oh! Perdón – dice distraída soltando el cuello.
La niña agarra la parte de atrás de la camiseta y la sube, dejando al descubierto toda mi espalda.
-¿Mejor así? – pregunta inocentemente.
-Sara¿Se puede saber cuánto tiempo vas a tardar en abrir esa puerta? – la impaciencia se lee a gritos en mis ojos.
Sara me mira divertida dando vueltas al manojo de llaves que lleva con ella y con toda la calma del mundo abre cediéndonos el paso.
-Déjala ahí encima y que ponga el pie sobre la placa. Ahora mismo vengo. – y desaparece en la pequeña oficina.
Poso a Marta donde ha dicho y le estiro la pierna hasta que su pie malo queda apoyado en la superficie negra. Aliviado, noto como mi camiseta vuelve a colocarse en su sitio.
-¿Por qué ocultas tus tatuajes?
-Porque no quiero que la gente curiosa, como tú, me de la lata – replico acercando mi nariz a la suya.
-¿Sabes que tu hermano es más simpático que tú?
-Hay muchas cosas que mi hermano es más que yo. – me giro para ver qué es lo que está haciendo Sara.
Marta me agarra de la muñeca y justo cuando estoy a punto de retirarla, me choco con una de sus miraditas de incomprensión, seguramente bien ensayada, con las cejas levantadas en un gesto triste… Acabo por dejar que me suba la manga hasta el codo. Retorciéndome el brazo toscamente, pero sin hacerme daño, se pone a leer en alto todo lo que encuentra escrito en mi piel, hasta que aparece Sara.
-Tienes que apoyar bien los dedos del pie.
-No puedo apoyarlos más…
-Te ayudo, pero atenta que te dolerá un poquito¿vale?
Su mano se cierra nerviosamente en mi antebrazo y no aparta la vista de Sara, que le coloca bien rectos los deditos. No se queja, pero cada vez me aprieta con más fuerza.
-Ya está, ahora no te muevas. – Sara vuelve a desaparecer en la oficina no sin antes dirigirme una mirada dulce. ¡Dios, cómo la amo!.
Vuelve diciendo que hay que esperar un rato por los resultados, en cuanto pasa a mi lado la agarro del brazo atrayéndola hacia mí y rodeando su cintura, la beso. Ella sigue el beso sin intención de detenerme. Nuestros gemidos traspasan la piel. Sara desliza sus manos por debajo de mi camiseta y me quedo suspendido en los escalofríos que me recorren.
Marta, aprovechando que le doy la espalda, levanta mi camiseta por detrás. Muevo la espalda para que la suelte pero no se da por aludida. Como no quiero romper el momento, sigo besando a Sara y peco, hundiendo mis manos con vicio, entre sus ropas. El calor se empieza a notar en nuestros rostros. No tardamos ni dos segundos en estar completamente excitados, sobretodo, tras haber dejado antes las cosas a medias. Una de las manos de Sara acaricia mi cara, acompañando el beso y la otra se desliza por mi costado izquierdo suavemente hacia mi cintura. De repente, siento como Marta, me baja un poco los pantalones.
-¿Qué haces? – interrogo girándome bruscamente hacia ella.
-Sólo quería mirar hasta dónde llegaba el tatuaje – aclara entre asustada y desconcertada.
-¡Pregunta y te lo digo! Y te agradecería que dejaras de enredar con mi ropa!
-Pero tenías a Sara en tu boca y se veía que necesitabas ese beso… e incluso más… - la fulmino con una mirada y ella no puede más que bajar la suya al suelo.
- No quería molestaros… - se disculpa.
Me giro volviendo a mirar a Sara, que no ha dejado de esperar pacientemente. La tomo en mis brazos, deseoso de recuperar el momento interrumpido.
-Sara me dejaba jugar con su pelo… cuando besaba a mi hermano. – susurra con desdén.
Mis ojos están fijos en los de Sara, que al oír las palabras de Marta se muerde un labio, yo aprieto los míos conteniendo una mala contestación. ¿Cómo puede ser tan entrometida?
-Voy… voy a ver si las radiografías ya están. – Estupendo, encima se larga dejándome solo con la mequetrefe esta.
Marta se queda callada, mirándome, afectada por la tensión que brota entre ella y yo. No mueve ni un solo dedo. Me acabo riendo a carcajadas de su cara, porque hasta consigue ponerme tierno. Me quito la camiseta para ella, también bajo con cuidado mis pantalones, hasta que se ve la línea donde termina el tatuaje. Me coloco de espaldas a ella y extiendo los brazos hacia los lados para que pueda verlo bien, espero un tiempo y luego me doy la vuelta para que vea la parte de delante. Sus ojos se mueven intensamente agitados por todo el tatuaje.
-¿Contenta?
-Si… - me dice sonrosada con una gran sonrisa en la cara – y creo que no soy la única. – señala hacia la puerta.
Volteándome descubro a Sara mirándome el cuerpo lascivamente sin decir ni una sola palabra, sus ojos se desprenden de mi tórax a regañadientes y se encuentran con los míos que la sonríen golfamente.
-¿Espiándome doctora?
-¡Idiota!- veo como se pone colorada y quiero tomarla allí mismo.
-Tenemos que… - no sigo porque es evidente lo que tenemos que hacer.
-Si…
Pasa a mi lado tímidamente y me cuesta tanto dejarla ir sin tocarla…
No digo nada mientras venda el pie de Marta y le da las instrucciones necesarias para que se le cure. No escucho lo que dice, sólo me fijo en sus movimientos, en su cuerpo, en su cintura, en sus piernas, en su culo y una vez ahí ya no puedo apartar la vista. Al terminar, le alcanza unas muletas que Marta coge con destreza saltando de la camilla sin más dilación.
-Muchas gracias Sara – Sara le da un beso en la frente con mucho cariño.
-Ten cuidado y no hagas tonterías¿vale? – Marta asiente silenciosamente varias veces.
-Gracias – dice mirándome de reojo al pasar a mi lado sin atreverse a nada más.
Cuando sale de la clínica se gira y los dos la miramos. Ella nos sonríe juguetonamente.
-Os cierro la puerta para que podáis continuar donde lo dejasteis – Cierra y nos deja a los dos solos.
Cuando dirijo mi mirada hacia Sara, ya ha empezado a desabrocharse los botones de su bata blanca. Dejo caer mis pantalones al suelo y me acerco a ella…
No sé bien qué esperar al ver a Lucía recortando la absurda distancia que hay entre nosotros. Mi estúpida sonrisa, oculta mis nervios y estoy decidido a no moverme del sitio haga lo que haga… pero ella se pega a mí urgentemente y mete sus manos en los bolsillos traseros de mi pantalón… y claro, no puedo mas que acabar besándola yo. Mis manos a ambos lados de su rostro... Noto su risa en mi lengua, sus dientes en mis labios mientras sigue riendo, pero yo la beso… y la lamo y lamo hasta que ninguno de los dos puede hacer otra cosa que engullir frenéticamente al otro.
El beso crea un vacío a nuestro alrededor en donde se desdibujan las formas y todo se vuelve espeso, todo menos nosotros, que nos mantenemos justo en el centro de ese vacío, donde todo adquiere mayor intensidad de lo habitual, excepto el tiempo, que se detiene. Nuestros sentidos nos espolean con nuevas sensaciones, estimulando indómitamente nuestros cuerpos, haciéndonos perder todo el control.
Como el despertar brusco de un sueño, Lucía se aparta de mí.
- Tengo que irme. – Cuando lo dice ya se ha ido, ya me está dando la espalda, alejándose casi corriendo de mí.
Yo aun no he podido reaccionar. He visto sus tirantes caídos y su falda torcida y arrugada en ciertos lugares... Mi camisa azul está en el suelo, a mis pies.
-Esta noche, a las doce, es la inauguración de las fiestas. Búscame. – grita desde el final de la calle, antes de desaparecer diciéndome adiós con la mano.
Me agacho a por la camisa y la sacudo en el aire, me la pongo como un autómata y subo un poco mis pantalones. Camino sin poder salir de esta sorda sensación que me envuelve. Pienso en todo y en nada y luego en ella, obsesivamente. No reparo en la figura de mi hermano acercándose.
-¡Hey Linc! – exclama contento, colocando su distendido brazo sobre mis tensos hombros.
Meto las manos en los bolsos del pantalón intentando que mi cuerpo se relaje. Miro a Mike y sigue sonriendo abiertamente.
-¡Acabas de follar! – afirmo seguro.
Su sonrisita torcida y ese azul más claro de lo normal en sus ojos me lo confirman. Además, la diferencia abismal entre su actitud relajada y tontamente feliz frente a la mía no deja lugar a dudas y menos ahora que busco justo lo que él acaba de obtener. ¡Es tan evidente!.
-¡Veo que tu no! – replica echándose a reír.
Y como si eso no fuera suficientemente irritante para mí, coge y me aprieta el hombro con su mano, "¿Qué hace, darme ánimos?". Le miro de reojo dejándole claro que no quiero bromitas sobre el tema. Me suelta, pero su dicha sigue expuesta atrevidamente en su cara.
-¡Me voy al río a darme un baño, lo necesito! – digo acelerando el paso y dejándole atrás.
Escucho su risa y sus pasos acelerados dándome alcance antes de sentir su mano de nuevo en mi hombro. Resoplo sin poder evitarlo.
-¿Qué? – pregunto parándome en seco.
-Voy contigo Linc.
Salimos de las pequeñas calles y caminamos callados entre los árboles, cada uno pensando en sus cosas, siguiendo el camino. No es difícil imaginar qué está pensando Mike, ya que entre sus suspiros, esas risas esporádicas, sus miranditas al cielo y ese andar despreocupado me está sacando de mis casillas.
-Tengo muchas ganas de conocer a esa chica, Lucía.
Le miro pero no digo nada. Michael ríe.
-¡Madre mía Linc! Si sólo oír pronunciar su nombre ya te vuelve loco… Estás perdido hermanito. – Esto último lo dice dándome unas palmaditas en la espalda.
-Muy gracioso Mike – la seriedad de mi voz le da toda la razón.
Seguimos caminando y veo como gira su cabeza varias veces observándome. Intento que no me afecte.
-Me huele… que mi hermano mayor se ha enamorado – me toma el pelo con ese melindroso tono de voz, sabiendo que su actitud está a punto de hacerme perder los estribos.
-Hablando de oler… - le miro desafiándolo y sabiendo que me voy a tomar la revancha - ¿Sabes que puedo oler a Sara en tu boca? – cierro los ojos y olfateo en círculo cerca de su cara.
Mi rostro se cubre de goce mientras él se empapiza con su risa. Manoseo su pelo y lanza un par de manotazos al aire, demasiado tarde, para apartar mi manaza de su cabeza. Cuando empieza a correr hacia mí, yo ya estoy lanzándome de un salto al agua.
- ¡Lincoln, te has tirado con la ropa puesta! – Michael está al borde de la piedra desde donde me lancé.
Buceo hasta llegar a él, y saliendo con impulso, le agarro de las dos piernas y le tiro conmigo al agua, también vestido. Me sumerjo para que no oiga mis carcajadas. Tal y como es Mike, esto le va a cabrear. Al salir de nuevo a la superficie y verle con cara de amargado y toda la ropa pegada al cuerpo caminando hacia la orilla me muero de la risa. Mis carcajadas son devueltas por el eco que hay en la cascada. Parecen venir de todas partes.
- ¡Linc! – Michael se mira al cuerpo reprochándomelo.
Se sienta en una roca al sol y no para de chorrear por todos lados. Pienso en LJ y en las risas que compartiríamos viendo al tío Mike de estas pintas. Bueno, ya falta menos para poder verle, el verano está cerca. No salgo del agua, me acerco a mi hermanito y me quito toda la ropa, dejándola amontonada en una roca. Nado liberado hasta que todo mi cuerpo se relaja. Lo necesitaba. Antes de tenderme al sol, extiendo las prendas para que se sequen, luego, me voy a la piedra plana situada al lado de Mike. Él mira enfurruñado al cielo. Cuando me ve desnudo, casi seco, gracias al sol y al calorcito de la piedra, me imita, y tras dejar la ropa secando, se extiende en otra piedra soleada.
-Mejor¿no? – pregunto medio adormilado.
-Vete a la mierda, Linc. – sigo durmiendo, haciendo oídos sordos a su respuesta, pero con una gran sonrisa en los labios.
La suave brisa de la tarde me despierta. Tengo la espalda algo dolorida de haber dormido sobre la roca. Con una agradable sensación de paz envolviéndome, me incorporo. Michael yace rendido sobre la dura superficie. Descansa la cabeza en la curva del brazo y su cuerpo, ladeado, bien extendido, se acomoda siguiendo las desiguales ondulaciones de la piedra. Mis ojos se clavan en su tatuaje, trayendo a mi memoria duros recuerdos. Él abre los ojos muy despacio, y al verme, sonríe plácidamente. Se despereza y comienzan a hacer mella en él los pequeños dolores de haber dormido en mala postura sobre el sólido suelo. Sentado, echa un vistazo a su alrededor disfrutando de la belleza y tranquilidad que inundan este lugar.
-¿Alguna vez piensas en todo lo malo de nuestra vida? – le pregunto
-Constantemente…
-Ojala hubiera hecho las cosas de otra manera… - le digo pasándome una mano por la cabeza.
-Linc, tú lo has sido todo en mi vida, el hermano mayor, el pequeño – me guiña un ojo - Has sido mi mejor amigo e incluso un padre… Sé que siempre encontraré todo el apoyo que necesite en ti, Linc.
- ¿Comprendes realmente que estaría muerto de no ser por ti, Mike?
-Yo también lo estaría, Linc… ¿Lo entiendes tú?
Perdemos las miradas en la cascada, entre los verdes árboles y nuestra mente se inunda del sonido del agua cayendo desde tanta altura.
-¿Así que ya os habéis despertado, eh?
Nos giramos hacia la alta roca desde la cual proviene la inconfundible voz de la revoltosa de Marta, no sin antes cruzar una mirada de complicidad entre nosotros.
Marta está sentada al borde del pedrusco con las piernas colgando. Tiene el pelo mojado, como si se hubiera bañado hace un rato.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí? – le pregunto
-El suficiente como para haber estudiado bien cerca y a gusto el tatuaje de tu hermano. –clava sus ojos en Mike.
-Baja aquí y déjame ver tu pie – le pido
Aparece con las muletas entre las piedras y se cruza con Mike que va por su ropa.
Coloca su pie delante de mi cara haciendo equilibrio como puede.
-Anda, siéntate – ofrezco desplazándome un poco hacia atrás para que se pueda sentar cómodamente.
Deja las muletas y se sienta en la losa apoyando su espalda en mi pecho. La abrazo contra mí cruzando mis brazos por delante de ella y apoyo mi barbilla en su cabeza.
-He vuelto a besar a tu hermana – le cuento sin poder retenerlo por mas tiempo.
Se ríe.
-Lo sé, me ha dicho que te vería esta noche. – gira su cabeza y me mira con una amplia sonrisa. La abrazo un poquito más fuerte.
Un poco más allá, Mike acaba de ponerse los pantalones.
-¿Qué hacías mientras dormíamos?
-Observaros…– responde riéndose –
Michael se nos acerca con la camiseta en la mano.
-¿Sólo observarnos?
-Bueno… – Michael se sienta junto a nosotros y ella le señala con el dedo - Miré su tatuaje lo menos una hora, hipnotiza o algo… Lo miraba con mucho cuidado y respirando muy suave porque tenía miedo que se despertara y se enfadara por encontrarme aquí…
Michael esboza una sonrisa y pasa una des sus manos por la cabeza de Marta.
-¡Ah! bueno, temía que te hubieras portado peor… después de lo que me dijiste esta mañana, pensaba que te habrías puesto a meternos mano.
-Muy gracioso, pero para comparar cada parte de vuestros cuerpos no me hizo ni falta tocaros.
Me río mirándola y empiezo a hacerle cosquillas.
-¿Tú irás a la fiesta? – Le pregunta a Mike
-¿Qué fiesta?
-Es la inauguración de las fiestas del pueblo que comienzan esta semana, es decir hoy a las doce de la noche. Estará todo el mundo, es muy divertido.
- Supongo que sí.
-Además, es en un claro del bosque, siempre te podrás perder entre los árboles con Sara para…
-follar – remato yo.
-Sois lo peor.
Nos reímos los tres. Me levanto para vestirme y Marta no me aparta ojo.
-¿Qué miras?
-Eso… luego crece¿no? – pregunta mofándose mientras señala mi entrepierna.
Michael está a su lado muerto de la risa. Hacía tiempo que no le veía reírse de esa manera.
Alcanzo a la mentecata de Marta y la llevo hasta el agua. Se revuelve en mis brazos y me mira con los ojos desorbitados, creyendo que la voy a lanzar, tanto se lo cree, que yo también lo acabo creyendo.
-No me tires, suéltame… por favor, por favor, no… suéltame, no, por favor… no me puedes tirar¡No me puedo mojar la venda! – las palabras salen a borbotones de su boca.
-Que excusas mas pobres – respondo con los ojos llenos de malicia.
-No, no! Noo! Noooo! Suéltame, te odio te odio te odio!
Se calla, por fin, durante unos instantes, aunque en ningún momento deja de retorcerse e intentar zafarse de mí. Sus pellizcos y mordiscos empiezan a ser insoportables.
-Se lo diré a Lucía. – Lloriquea rabiosa.
Obviamente tras estas últimas palabras la tiro al agua.
Cuando saca la cabeza, tiene los ojos llorosos y me mira con tanto odio que me hace gracia. Intenta salir del agua pero como tiene el pie malo le cuesta. Mike se acerca a echarle una mano que ella coge agradecida sin dejar de lanzarme ardientes puñales con su mirada. Me acerco.
-¿Que vas a ponerte a llorar? – digo justo cuando las lágrimas están a punto de brotar de sus ojitos.
Marta, hinchada de ira aprieta los labios. Coge las muletas y cuando pasa a mi lado las agarra con tanta fuerza que sus nudillos se ponen blancos. Sin mirarme, continúa su camino chorreando. No tiene intención de esperarnos. Viéndola marchar con ese cabreo me produce algún que otro remordimiento.
Michael se pone a mi lado y sonríe mientras la ve marchar, luego me mira y niega con su cabeza como diciéndome que soy tan niño como ella. Le veo alcanzarla y colocarse frente a ella. Acabo de ponerme la camisa y voy caminando hacia ellos muy lentamente.
-Tienes que quitarte el vestido, cogerás frío.
Me detengo un metro por detrás de ella y toda su piel está respigada. Marta me nota tras ella.
-No, déjame.
-Falta aun un buen trecho para llegar, toma mi camiseta, estarás mas a gusto.
Ella le mira dudosa. Michael la consuela.
-No puedo ir sólo con una camiseta – se queja cuando Michael intenta quitarle el vestido.
-Déjame tus gayumbos. – me dice
-¡Pero si no llevo! – exclamo entre carcajadas. Con un gesto me dice que deje de reírme.
-¿Qué pasa ahora te da vergüenza enseñar el culito? – le digo a Marta burlándome.
La mirada asesina que me clava Mike no es nada en comparación con la de Marta.
-Toma – Mike se quita los pantalones y le pasa sus shorts a la chica.
Marta los coge con la punta de los dedos algo insegura.
-Venga, no seas tonta que están limpios, gracias también a él – responde señalándome -que tiene la odiosa manía de empujar a la gente al agua con ropa. – Sonríe y la convence.
Se desnuda y rápidamente se pone los calzoncillos de mi hermano que le llegan hasta las rodillas. Se enfunda su camiseta y se saca el pelo mojado por fuera. Mike recoge su ropa y la escurre bien toda junta.
-Préstame tu camisa – me pide
Enseguida comprendo que es para tapar su cuerpo tatuado, la saco por la cabeza y se la doy. Verle con mi camisa desabrochada y remangada le da un aire extrañísimo. Me río. Mike tampoco puede contener la risa al observarse. El muy imbécil imita para Marta en plan gracioso, unas cuantas de mis posturas, con los brazos cruzados, las manos en los bolsillos, hasta mi manera de caminar!. La niña no puede parar de reír. Luego, me hace un gesto para que le preste atención mientras se abrocha los botones. No puedo contener una carcajada. Ellos dos doblados de la risa no pueden ni caminar.
De estas fachas caminamos los tres hacia el pueblo. Marta va en muletas al lado izquierdo de Mike y yo al derecho. Como Marta no está de humor es un paseo tranquilo, cuando llegamos, ya ha oscurecido.
-¿Qué harás ahora? – me pregunta Mike
-Me voy a ir a cenar al bar ese, sueño con esa comida hermanito – respondo a la vez que se escucha a mis tripas darme la razón – Le diría a la enana esta que viniera conmigo, pero como no me habla, prefiero ir solo. – lo digo a ver si ella da alguna señal de conciliación.
Parece que está indecisa.
-Yo voy a ver si está Sara en casa. – se le ilumina la cara.
-Te acompaño que me voy a cambiar.
Nos quedamos los dos mirando a Marta en sus muletas. Michael le pasa la ropa húmeda pero no sabe como cogerla e ir en las muletas al mismo tiempo.
-Trae, yo la acompaño - digo quitándole la ropa de las manos. "Bien", pienso, al menos no se ha puesto a protestar.
-De acuerdo, quizá nos veamos ahora en el bar. Hasta luego Marta – Se agacha y le da un besito.
Solos, la tensión empieza a crecer. Ella se prepara para cruzar la calle que nos separa de la puerta de su casa, pero la detengo.
-Espera – me coloco delante de ella mirándola a los ojos - ¿Cómo es que te has enfadado por una tontería? –Su gesto vuelve a ser el de siempre. Quizá ya se le haya pasado el enfado.
-¿Cómo es que tú me has tirado al agua por la tontería que dije? – dice desafiante.
-Sólo estaba siguiendo tu juego, Marta.
-Ya pero…
Se calla, espero paciente pero parece haberse quedado pensando en otra cosa.
-Marta, dime…
-Te vas a reír… pero es que esta noche… quería llevar ese vestido…
Se me ocurren mil maneras de tomarle el pelo tras esa frase pero decido darle un poquito de tregua y dejarlo por el momento.
-Vaya, lo siento.
-No, si es una tontería pero… me dio rabia…
-Está bien, perdona¿vale?. Siento que tengas que ponerte otra cosa y también que vayas en muletas. Parece que te he estropeado la fiesta¿eh pequeña? – se piensa su respuesta.
-¡Que va!. Me divertiré igual, ya verás. – afirma tras llegar a la conclusión que no lo digo para tomarle el pelo.
-Eso espero – la abrazo con cariño frente a su puerta – Lo de la cena sigue en pie, por si quieres venir… ¡Antes parecías desearlo!- recalco provocándola.
-¡Mentira! – miente – Es que… es que me entró hambre.
-¡Di que querías venir, mentirosa!.
-¡No quería ir!
-Bueno, pues ya nos veremos. – doy media vuelta contento y me voy – Por cierto… -mascullo cuando está entrando dentro de la casa – ¡Tú eres la que mejor culo tiene!.
Por su expresión, la he pillado totalmente por sorpresa. Siendo como es no me deja irme sin decir ella la última palabra.
-Pues que sepas que a ti, sí que te toqué el culo mientras dormías. – y cerrando de un portazo me deja ahí plantado con ganas de revancha.
Voy riendo hacia casa y me topo con Lucía que sale de la casa de Sara. Quieto en la oscuridad, espero a que ella, que ya me ha visto, se acerque. Trago con dificultad. Me sonríe y desliza una mano por mi pecho. En ese momento recuerdo que no llevo nada arriba. Su mano ya está tonteando por debajo de mi ombligo.
-Siento haberme ido corriendo antes – su voz me trastorna.
-Siento no dejarte ir esta vez - remarco decidido, agarrándola de la cintura y empujándola con apetito contra la puerta del cuarto, lo abro, besándola sediento. La empujo de nuevo contra la puerta para cerrarla y aprovecho para meterle mano sin miedo, subiéndole la fina camiseta.
Ella anhelosa, deja de jugar con su mano en mi vientre y la entierra bajo mis pantalones. Respondo con un grueso gemido de placer al notar su mano agarrándome.
-Ejem… - escuchamos al fondo de la habitación.
-¿Qué… - comienzo a decir cuando vemos a Mike y a Sara de nuevo desnudos y en acción bajo las sábanas de mi cama.
No me lo puedo creer. Esto debe ser una broma pesada.
-¡Joder! – grito.
Esta vez parece que ellos dos lo llevan mejor que yo. Lucía se disculpa y se va.
-¿Queréis dejar de follar en mi cama y largaros a la vuestra? – grito molesto y los muy cabrones se ríen.
Continuará...
Enhorabuena a los que habeis llegado hasta el final... no estoy yo muy convencida de este capítulo... en el próximo la fiestecilla!! Cualquier sugerencia será del todo agradecida :)
