Hola a todos los que andáis por aquí siguiendo la historia, siento mucho la tardanza, culparé a las vacaciones y al calor, que contribuyen a que no pare en casa ni un momento... Hoy por fin puedo postear el siguiente capi, que tras tanto tiempo espero que os guste!!! Gracias por los comentarios!!!
Por si alguien no se acuerda y no tiene ganas de mirarlo, el capítulo anterior terminaba cuando Marta le decía a Linc que había descubierto su nombre.
Que disfruteis!!
Durante unos minutos no decimos nada.
Al escuchar las voces de Lucía y LJ acercarse, agarro a Marta por el cuello y reacciono llevándomela en dirección contraria. Intento alejarla de Lucía lo antes posible.
- Id desayunando vosotros, no nos esperéis. – Les grito ahuyentándonos.
Cada tres pasos, Marta gira la cabeza con el ceño fruncido y me lanza una de sus oscuras miradas. El gato se acurruca asustado entre sus brazos mientras la sigo empujando lejos de la casa. Tras unos árboles, lo suficientemente apartados para que no puedan oírnos, nos detenemos.
Sin saber por dónde empezar, Marta me reta agresivamente con su dolor. No deja de acariciar suavemente al pequeño animal. Me fijo en el continuo movimiento de su mano… ahora entiendo lo de anoche… la culpabilidad en el rostro de LJ, la amargura en el de Marta…
-¿Te vas a ir?
Me lo pregunta del tirón, impaciente y llena de rabia. Luego, baja la mirada de forma brusca y se queda esperando en tensión mi respuesta.
-Acabo de saber que conoces mi nombre, aun no me ha dado tiempo a pensarlo.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-No podía.
-No podías¿qué¿confiar en mí?.
-Exacto.
Marta evalúa lentamente mi respuesta.
-¡Te odio!
Y yo evalúo la suya…
-No, no me odias. – sonrió con cariño.
-Te miro y me das asco. – afirma disgustada.
-Lo siento.
Acerco mi mano a su carita pero la aparta veloz.
-No me toques.
-Marta¡es sólo un nombre! – Me quejo cansado, no de ella, sino de toda la situación, de no parar de huir, de todos los malentendidos, de todas las mentiras…
-¿Sólo un nombre? Bueno, entonces no pasará nada porque se lo cuente a mi hermana.
La detengo incluso antes de que dé el primer paso.
-No…- digo preocupado – ella… si se entera se sentirá… - la sinvergüenza de Marta me muestra su resplandeciente sonrisa.
- De acuerdo, tú ganas… no es "sólo un nombre" – acepto levantando los brazos vencido -¿Amigos? – pregunto ofreciéndole la mano.
-¡No!
-Ya me lo temía… ¿Y cómo arreglamos esto? – Cruzo los brazos esperando su contestación.
-Dime por qué me lo ocultaste y… cuéntaselo a mi hermana.
-No puedo.
-¿Sabes como me siento? Estúpida por confiar en ti… y lo estás empeorando, porque tú, obviamente, no confías en mí…
-Sí que lo hago.
-Demuéstralo.
-Lo que me pides es… imposible… - de los irritados ojos de Marta se escapan un par de quejas de impotencia. Respiro hondo previendo lo que estoy a punto de hacer.
-Está bien, oculté mi nombre porque soy un fugitivo. – Explico pasándome las dos manos por la cabeza. - No puedo creer que te lo haya contado. – susurro arrepintiéndome.
- Entonces… LJ tenía razón, ahora te marcharás del pueblo¿no? – Marta está asustada.
- Es lo más probable…
Nos miramos en silencio. Ella da un paso atrás y me estudia atentamente, sin perderme de vista ni un segundo.
- Tranquila, se lo contaré a tu hermana. – le digo seriamente.
-¿Si guardo el secreto y no se entera nadie te quedarás?
- No lo sé... Dudo que puedas mantener tu bocaza cerrada.
Marta suelta uno de sus puntapiés pero lo para a escasos milímetros de mi espinilla acordándose del golpe de la última vez. Me mira con una media sonrisa y la abrazo junto con su gatito. Tras un rato, volvemos con la amistad renovada hacia la casa.
- ¿Por qué te buscan?
Me río.
- Creo que por hoy ya te he contado bastante.
Se ríe.
- Me da igual, lo adivinaré.
-¡LJ! Te he traído un regalo. – exclama Marta al llegar a la casa.
Lucía está tumbada en la hamaca, adormecida bajo el suave sol de la mañana, me acerco a darle un buen beso. Mi hijo, en bañador, se iba ya por el caminito hacia el río justo cuando Marta gritaba su nombre. Sara y Mike deben estar en la en la habitación, así que entro en la cocina, preparo un par de vasos de zumo de naranja y pico en su puerta.
-Está abierto – Oigo decir a mi hermano desde el interior.
-¡Hey!
Sara está sentada, apoyada contra el respaldo de la cama. Mike aun sigue bajo las sábanas, mirándome extrañado. Dejo los dos vasos a un lado. Sara acaricia el pecho tatuado de Michael y bajo la sábana se distingue la mano de mi hermanito devolviéndole las caricias.
-¿Qué ha ocurrido que nos traes el zumo a la cama? – pregunta Mike con una desconfiada mueca en el rostro.
Encarándoles, pienso en la mejor manera de confesarles lo que ha pasado.
-Marta sabe que soy un fugitivo.
Se quedan helados. Observo como requieren algo de tiempo para digerir la noticia.
- ¿Cómo lo ha sabido? – pregunta Mike después de unos minutos. Seguro que su cabeza ya está ideando alguna forma de poder esconder todo esto.
-Yo se lo he dicho.
-¡Mierda Linc!
Culpándome, sale de la cama, se pone unos pantalones cortos y empieza a caminar en círculos por la habitación.
-¿Y ahora qué? – pregunta deteniéndose frente a mí.
Me encojo de hombros.
- No quiero irme de aquí – por desgracia, es lo único que se me ocurre decir.
-En cuanto se extienda el rumor volveremos a estar en peligro… ¿Por qué has tenido que contárselo?.
-Voy a decirle mi verdadero nombre a Lucía.
-¡Si, claro, ya puestos, pon un cartel informativo en el pueblo y acabas antes!
Exasperado se vuelve a sentar en la cama observándome como si se me hubiera ido la cabeza.
Sara se acerca a él por detrás y lo abraza para calmarlo. Mike agarra con sus manos las de ella y deja caer la cabeza. Sara le besa en la nuca y apoya la barbilla en su hombro. Su largo pelo cae sobre el brazo de mi hermano.
-Lincoln, haz lo que tengas que hacer… - me dice Sara
Mike la mira perplejo, ella sigue hablando más para él que para mí…
-Confío en la gente del pueblo, tienen buen corazón… y si os tuvierais que marchar, iría con vosotros.
-Has cambiado tantas veces tu vida por nuestra culpa… - responde Michael en voz baja.
-Una más no me dolerá. Ahora dejemos que Linc vaya a escuchar su nombre de los labios de Lucía mientras tú y yo…
Sara empieza a bajarle los pantalones y él ya está trepando encima de ella para besarla.
- ¡Os recuerdo que aún estoy en la habitación!
Sin dejar de magrearse mutuamente, Sara me lanza a la cara los pantalones que acaba de quitarle a mi hermano como respuesta.
No dejo de repetirme, "Marta deja YA de mirar embobada a LJ", pero no lo consigo.
Nos hemos bañado por turnos para cuidar del gatito. LJ está tumbado boca arriba en la hierba con el animalillo en su pecho. Yo estoy echada sobre mi costado, a su lado, con la cabeza apoyada en la mano, observándole a él y no al gato. Está tan distraído que no se da cuenta de la forma que mis ojos recorren su piel. No advierte como se quedan momentáneamente prendados de su cintura… su pecho… No los siente subir lentamente hasta su cuello, ni quedarse clavados en la curva de su nuca hasta que perezosamente vuelven a contemplar su cara. Cuando se gira a mirarme, le observo aun más intensamente…
Él no aparta la mirada.
Borro con dificultad la tímida sonrisa que brota en mis labios. Sin embargo, LJ me sonríe confiado y algo nervioso coloca su cuerpo mas cerca del mío dejando al gatito entre nuestros pechos. Veo su mano acercarse a mi rostro y antes de que pueda apartarme el pelo, me lo coloco yo. Sintiéndose frenado, su sonrisa se atenúa y se separa prudentemente de mí.
-Tu padre sabe que sé su nombre. – le hago saber sin poder mirarle a los ojos.
-¿Qué? – Su decepción me hace sentir culpable.
Trago saliva con dificultad sin reaccionar.
-¡Me dijiste que…! –protesta poniéndose en pie.
-Lo siento – Me disculpo… Quisiera decirle mas cosas pero me fallan las palabras.
-¡Me largo! –
Observo como se aleja contrariado, con el gato entre sus manos y sin volver la mirada atrás.
Cuando desaparece de mi vista, observo mi brazo extendido intentando agarrarlo… Me maldigo a mi misma por no haber sabido reaccionar y retenerle. Golpeo varias veces el suelo con rabia y acabo cayendo exhausta sobre la hierba sin sentirme mejor.
-¡Lucía! – La busco pero ya no está ni dentro ni fuera de la casa, ha debido de irse ya. No importa, iré a buscarla -¡LJ! – Exclamo viendo aparecer a mi hijo corriendo.
-Papá… -
Se detiene en seco y baja la cabeza, mete las manos en los bolsillos y titubeando se acerca a mí con pasos lentos.
-Hijo¿cómo no me lo contaste? – Le pregunto suave, sospechando que ya se siente mal por ello.
Veo como se pone nervioso y sus titubeos son acompañados por movimientos inconexos de sus extremidades.
-Estaba avergonzado por haber metido la pata… Temía que volvieras a marcharte sin mí…
Me acerco para tranquilizarlo y nos sentamos en la cama. Le pongo el brazo por encima de los hombros y él me abraza escondiendo su cabeza en mi pecho.
-La culpa fue mía por no avisarte, LJ.
Acaricio su pelo mientras disfruto de la sensación de tenerle de nuevo cerca, de sentirme su padre, de poder volver a cuidar de él…
-Pero es importante que me cuentes estas cosas, hijo.
-Lo sé – noto como me abraza y me enternece – Lo siento papá.
-No me gusta que haya secretos entre nosotros.
LJ levanta sus brillantes ojos hacia mí.
-Nunca me iría sin ti. A no ser que tú no quisieras acompañarme. – le confieso.
-Quiero estar contigo papá.
Beso con cariño su cabeza.
-¿Dónde has dejado a Marta? – digo levantándome y cogiendo al gatito que desde hace un rato no para de maullar por encima de la cama.
LJ se encoje de hombros.
-Bueno, me voy en busca de su hermana – meto las manos en los bolsillos – le voy a decir mi verdadero nombre.
LJ sonríe dudoso.
-No me pongas esa cara y deséame suerte.
-Buena suerte papá… la necesitarás – dice guiñándome un ojo.
Salgo de la habitación sonriéndole.
-¡Hola Alex!
-¡Hey Ramón¿Está Lucía en casa?.
-Sí, en la parte de atrás.
-¿A dónde vas con tanta prisa?
-Voy hasta la ciudad¿Quieres venir?
-No gracias, tengo que hablar con tu hermana.
-Pues nada, nos vemos luego.
Ramón cierra la puerta y camino hasta el patio. Lucía está tendiendo la ropa y la madre sentada en la mecedora al sol. Saludo a la señora María que cariñosamente me toca el brazo y me señala las sábanas blancas tras las que está Lucía.
Al verme, sonríe encantada por la temprana visita y quiero abrazarla y besarla ahí mismo pero me contengo, he venido a sincerarme.
-Necesito hablar contigo.
-Claro¿Qué pasa?
Giro la cabeza para asegurarme de que su madre no nos escucha y cuando vuelvo a mirarla empiezo a ponerme serio, a notar la culpa estrangulándome y el sudor humedeciendo mi cuerpo.
-Yo… ya sabes que… que me vuelves loco… que te adoro.
-Por la cara que has puesto, cualquiera diría lo contrario – responde seria, cruzando los brazos.
-Quiero que sepas que lo digo de verdad, pese a lo que voy a contarte…
-Me estás asustando – dice preocupada.
-Sólo quiero que primero comprendas que aunque te haya mentido en una cosa… todo lo demás, mi locura por ti, siempre ha sido cierta. – Alcanzo una de sus manos que ella retira rápidamente.
-Alex, suéltalo ya – suplica nerviosa.
-No me llamo Alex, mi nombre es Lincoln.
Por un momento Lucía respira aliviada, como si esperara una noticia peor… pero repentinamente vuelve a poseerla el enfado.
Me lanza una bofetada que por acto reflejo detengo a escasos centímetros de mi cara. Maldigo en bajo haber parado su mano.
-Lo siento – digo soltándola.
Lucía cuelga la última sábana y sin volver a dirigirme la mirada pasa a mi lado adentrándose en la casa. Venzo el impulso de sujetarla por la cintura y salgo tras ella.
Inundado por las sensaciones, la observo desde la puerta de su casa, veo como se aleja por la calle y cambia de acera a paso ligero. La pierdo de vista en cuanto tuerce una esquina adentrándose en una pequeña calle fuera de mi alcance.
Sin apartar la mirada del último sitio donde desapareció, echo a correr tras ella, pero algo me golpea brutalmente en la pierna izquierda haciéndome caer al suelo. Oigo un crujido y cuando dejo de dar tumbos intento levantar mi cuerpo. Estoy aturdido.
Rebozado en polvo hasta las cejas, y con ayuda del conductor del auto que me acaba de llevar por delante, me apoyo en el capó del coche.
-¿Está usted bien? – Me pregunta el anciano asustado.
-Si, tranquilo. Fallo mío – le digo poniendo mi mano en su hombro mas en busca de estabilidad que de consuelo.
Intento caminar y un dolor agudo recorre mi pierna al apoyar el peso en el pie. Me guardo el grito que a punto ha estado de salir de mi garganta y consigo llegar sin ayuda hasta la pared más cercana. Tengo toda la pernera del pantalón empapada en sangre, también la chancla, haciéndola resbaladiza. No tarda nada en formarse un charco de sangre bajo mis pies y cada vez me encuentro mas mareado.
-¿Qué es lo que te ha ocurrido?
-Sara…
-Por dios Linc, estás pálido. – dice agachándose a examinar mi herida.
-¿Te duele? – dice presionando en algún lugar que no siento.
-No.
-¿Puedes moverte?
-Creo que sí…
-Te vienes a la clínica conmigo.
Me agarra de la cintura con fuerza y echa a andar despacio. Sin quejarme, doy los pasos como puedo, intentando apoyarme en ella lo menos posible. Respiro aliviado cuando por fin me siento en la camilla con las piernas colgando y noto la fría pared dando apoyo a mi espalda.
El rostro del señor se asoma por la puerta de la clínica.
-No se preocupe estoy bien – digo sin fuerzas.
Él entra tras Sara en el despacho y mientras empiezan a hablar cierro los ojos y dejo de escucharles. Mis pensamientos vuelven a Lucía. Me pregunto cómo de enfadada estará… Tengo que buscarla. Bajo de la camilla y aprieto los párpados de dolor.
-Quédate sentado – ordena Sara desde el fondo de la sala.
No me queda más remedio que hacerle caso.
-Lo siento mucho – me dice el viejo con la mano en el corazón.
Sara se me acerca con gasas, agua, agujas, alcohol… cierro los ojos descansando la cabeza en la pared.
-Túmbate
Hago lo que me dice y la veo coger unas tijeras enormes del carrito.
-Es para cortarte los pantalones – me explica tras lanzarle una mirada de pánico.
Afirmo con la cabeza y empieza a cortar hasta arriba, por la zona interna de mi pierna, a la altura de mi herida se lo toma con muchísimo cuidado. Noto que sus tijeras no paran ahí y siguen subiendo por dentro del pantalón, me incorporo y con mi mano la detengo.
-Sara – la aviso con los ojos bien abiertos. Ella pone cara de listilla. -Ten cuidado donde cortas.
Oigo su risa mientras me tumbo intentando parecer relajado.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy tapado con una sábana y tengo vendada la pierna, parte del antebrazo y el codo. No tardo nada en notar el horrible dolor de cabeza. Me yergo y veo un pantalón corto y una camiseta a mi lado. Me visto y entro dolorido en el despacho de Sara.
-Hola.
-Lincoln – responde sonriéndome. - ¿Cómo te encuentras?
-Mareado. ¿Cuánto he dormido?
-Un par de horas. Siéntate, aun no estás recuperado y no deberías caminar mucho durante unos días, la herida era bastante profunda. – indica señalando con el boli a mi pierna. –Si ves que necesitas unas muletas, pídemelas, aunque no creo que te hagan falta.
-Gracias de nuevo por curarme.
-Supongo que lo de decirle tu nombre a Lucía no fue bien¿eh?
Me río dolido.
-Se fue sin más… sin mirarme… - Toco mi cabeza con la mano y suspiro profundamente mirando a Sara – y encima ahora, ni siquiera puedo ir tras ella.
Me sonríe.
-Vino a verte cuando dormías.
-¿Qué? – pregunto sintiendo de nuevo el calor subir por mi cuerpo.
-Vino corriendo en cuanto se enteró que te habían atropellado, estaba preocupada.
Hago una mueca de desconfianza.
-Se quedó un rato y luego más tranquila se marchó. Me dijo que no te dijera que había pasado por aquí.
-¿Qué cara puso al verme, parecía enfadada?
-No lo sé, la dejé a solas contigo.
-¿Dónde está el idiota de mi hermano? –escuchamos preguntar a Michael entrando en la clínica.
Mike y yo intercambiamos una mirada y luego se acerca a besar a Sara.
-¿No aprendiste de pequeño que hay que mirar antes de cruzar la calle? –
Su tono de burla contrasta con su mirada de profunda preocupación. Se arrima a mí.
-¿Estás bien? – susurra.
-Si.
-Cada vez que me dicen que te ha pasado algo Linc…
-Siento haberte asustado, Mike.
Nos abrazamos.
-¡Hey! Yo también quiero. – Pide Sara divertida tras ver que no tenemos intención de soltarnos.
Los dos nos reímos y nos separamos un poquito para que ella pueda entrar en el abrazo. No puedo evitar tomarles el pelo mientras permanecemos los tres bien juntitos.
- Si cierro los ojos, no dejo de imaginarte desnuda – susurro a Sara – Tu Mike sigues vestido, así que tranquilo.
Le guiño un ojo y me empiezo a reír. Como estoy débil, mi hermanito me agarra por el cuello y me saca del abrazo a la vez que Sara aprovecha para asestarme un pequeño golpe en los riñones.
-¿A qué se debe que hoy tenga a mis dos hermanitas cenando en casa? – nos pregunta Ramón.
Tanto Lucía como yo, no contestamos inmediatamente.
-Te echábamos de menos – responde ella.
Por mi parte no quería ver el rechazo en los ojos de LJ y seguro que ella aun no ha perdonado a Linc por haberla mentido. Cuando Ramón me mira le sonrío, intentando reafirmar así la respuesta de mi hermana.
-Ya, como si pudierais engañarme tan fácilmente. – dice sabiendo que le ocultamos ciertas cosas.
Me levanto y voy a poner la mesa.
-Pon un cubierto más, tenemos un invitado.
-¿Quién? – preguntamos las dos al unísono. Lucía lo pregunta asustada por que sea Lincoln y yo por que sea LJ.
-No lo conocéis, me lo encontré cuando bajé a la ciudad. Es un extranjero, andaba buscando un sitio tranquilo para alquilar una casa y pasar el verano, así que le he traído al pueblo y parece que ha alquilado la vieja casa de Pedro el panadero.
-¡Hola! – Saluda una pintoresca voz desde la puerta.
-Pasa, está abierto. – invita Ramón.
Un hombre delgado y extraño entra en la casa educadamente.
-Estas son mis dos hermanas, Lucía y Marta.
-Encantado señoritas – Responde quitándose la gorra. – Yo soy… Teodoro, pero podéis llamarme Teo.
-¿Y el tío Mike?
-Esta noche se queda con Sara, así que cenaremos tú y yo solos, a no ser que Marta aparezca de improviso.
-No lo creo…
-Bueno… - Cojo a mi hijo y salgo con él fuera de la casa – Lucía tampoco vendrá, no le ha sentado muy bien lo del nombre… - digo con una pequeña mueca de desilusión a la que LJ responde con una amarga sonrisa.
-¿Una cerveza?
-Claro
Entro y cojo dos cervecitas frías.
-Por ti, hijo. – digo chocando la botella contra la de LJ.
-Por ti, papá. – responde dando un avaricioso trago.
Nos las bebemos rápido mientras le cuento el accidente. Él no deja de interrumpirme para reírse y ridiculizarme. Luego el silencio cae sobre nosotros y durante un tiempo, entre el cálido viento de la noche cada uno piensa en sus cosas.
-¿Jugamos a algo? – Pregunta LJ ilusionado.
-¿Qué tienes 12 años? – digo riéndome.
LJ estira la pierna y me golpea la única que tengo sana. Le advierto con la mirada que ni un golpecito más por hoy.
-¿Qué te parece si echamos a los dados un mentiroso?
Sus palabras hacen que recuerde cuando él era un niño y jugábamos en casa durante horas. Su rostro infantil era transparente y de vez en cuando me dejaba perder para poder verle sonreír feliz y desplegar su ritual de gritos por el salón…
-Los dados están en el baúl – respondo retándole ya con una miradita de soslayo.
Llega con el cubilete, los dados y un pequeño taburete sobre el que jugaremos.
-A ver si has aprendido a mentir algo en estos años. - le pico
-¿Nervioso porque así sea?
-¡Ja¿Listo para perder, hijo?
-Sigue perdiéndote la modestia¿eh papá?
Cojo el cubilete, lo agito y lo vuelco con un golpe seco sobre el taburete.
Miro lo que tengo ocultando los dados con las manos. LJ presta atención a cada uno de mis gestos por leves que sean.
-Pareja de ases – afirmo arrastrando el cubo hacia su lado.
LJ agarra el cubilete y lo arrastra rápido hasta el borde de la silla girándolo para que los dados caigan dentro y tras agitarlo lo vuelca rápido sobre la mesa.
-Full de Jotas.
Dice tras una mirada fugaz a sus dados. Le sonrío.
-Algo sí que has aprendido.
-Lo siento papá, pero a este juego te voy a machacar – me dice con la cara más inexpresiva que me ha mostrado nunca.
Como aparenta tanta indiferencia acabo creyendo que esta intentando ocultar que miente.
-¡Mentiroso! – Grito levantando el cubilete y tragándome la última sílaba al ver que era cierto.
Su risa resuena por todas partes.
-Me toca hacerte una pregunta y que me respondas con la verdad.
-¿Qué? – digo intentando evitar esa parte del juego que me inventé cuando él era niño.
-De pequeño me decías que tras decir una mentira o llamar a alguien mentiroso sin serlo, había que responder a una pregunta con la verdad.
Abro los brazos y muevo la mano para indicarle que puede preguntarme cualquier cosa.
Se lo piensa con bastante seriedad durante un minuto.
-¿Alguien abusó sexualmente de ti durante el tiempo que estuviste en la cárcel?
-No. ¿Pensabas que sí?
-No… es solo que… no sabía que pensar… -
LJ vuelve a tirar los dados.
-Trío de cincos – dice
-Mentiroso – le acuso con una sonrisa boba.
-¿Qué¿Tan pronto?
-Si – respondo levantando el cubo.
Ni siquiera tiene una simple pareja. Se lleva las manos a la cara y esta vez soy yo el que ríe.
-¿Tomas o has tomado marihuana o cualquier otro tipo de drogas?
Me mira como si no se creyera que le esté preguntando eso.
-La verdad – le recuerdo.
-He tomado drogas, pero ya no lo hago, ni siquiera fumo de vez en cuando. Eso se acabó.
-Bien – respondo serio y le doy un fuerte capón en la cabeza.
-¡Hey! – protesta
-Por haberte drogado – tiro los dados de nuevo sobre el taburete.
- Trío de reinas.
- Full de reinas.
- Poker de reinas.
Antes de acabar de decirlo LJ ya está levantando el cubilete y llamándome mentiroso. Me río porque me ha vuelto a pillar.
-¿Tiene familia? – Pregunta Ramón a Teo.
Teo se limpia la boca con la servilleta muy lentamente, recorriéndonos con su mirada a los tres.
-La perdí hace tiempo, justo cuando nos volvíamos a unir… los perdí para siempre a los tres, mi mujer… y mis dos hijos, un chico y una chica. – responde con voz angustiada y mirada ausente.
-¿Qué pasó? – pregunto intrigada.
-¡Marta! – me riñe Ramón.
- No… está bien… Murieron en un accidente de coche… perdieron sus vidas - levanta su mano de plástico para que la vea – y yo no dejo de culparme por haber perdido solo la mano, me gustaría haber muerto con ellos…
Su mirada vuelve a desenfocarse y de repente es como si hubiera envejecido diez años. Se bebe el trago de vino que le quedaba en el vaso y se levanta.
-Muchas gracias por su hospitalidad, la próxima vez me gustaría invitarles a cenar en mi nueva casa.
-Iremos encantados – dice mi hermano.
Lucía tan solo sonríe, no hay duda que se ha pasado la velada pensando en Linc.
-Hasta mañana a todos.
-Yo hoy dormiré en casa de Alex – informo a Ramón. Le lanzo una mirada a Lucía por si se quiere venir conmigo, pero niega con la cabeza.
Salgo a la calle con nuestro invitado y su sonrisa no me resulta agradable. Respiro aliviada cuando al fin le dejo en la puerta de su casa y recorro sola el camino hasta casa de Linc. La noche está preciosas, el cielo lleno de estrellas, incluso hay algunas nubes que de vez en cuando parecen enredarse en la luna.
Cuando llego, subo sigilosamente al tejado para tumbarme boca arriba a mirarlas. Como la mayoría de las veces, aun no me apetece que noten mi presencia y deseo disfrutar de unos momentos sola.
Oigo sus voces, así que me coloco justo encima de ellos sin que se enteren. Sus risas son como un bálsamo y me hacen sentir bien. En algún momento escucho mi nombre claramente y presto más atención a sus palabras.
-Sólo con pronunciar su nombre ya te pones rojo.
-¡Anda ya! – protesta LJ
-Solo tienes que mirarte al espejo y comprobarlo tú mismo, hijo.
-Déjame en paz, será la cerveza.
La risa de Lincoln es tan natural que pese al nerviosismo que me ha hecho sentir el espiar a escondidas esta conversación sonrió contenta. Me siento llena de poder. Imagino la cara que se le pondría a LJ si les interrumpiera en este mismo instante…
De improviso todos mis sentidos se agudizan tras el casi imperceptible sonido de unas pisadas cerca de la casa. Sigo alerta hasta que vuelvo a oír los pasos… Esperando que sea mi hermana, aunque no del todo convencida, me arrastro hasta el borde del tejado para ver quién se acerca. Sobresaltada, veo la esquelética y extraña figura de Teo acercándose en la noche. Sus ojos, veloces como sables se clavan en los míos.
Continuará...
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