Capítulo siete: Recordando el pasado.
Yami y Bakura estaban sentados en unos sillones que había dentro del pub, Bakura abrazaba a Yami y este recordaba con dolor su pasado, uno que olvidó y volvió a recordar cuando Bakura entró a su vida, una vez más.
Yami: Bakura perdóname – con lágrimas en los ojos – por favor perdóname Kura, no sabía que eso fuera tan importante para ti.
Bakura: No Yami, no fue importante para mí, aún lo sigue siendo, aún te sigo amando Atemu – en ese momento levanta la barbilla de Yami con sus dedos de una manera suave y sutil – no sabes cuanta falta me has hecho todos estos años amor.
Yami: Bakura – lo miraba a los ojos, aún con lágrimas en los suyos - ¿Crees que podamos intentarlo? Quisiera saber que habría sido de nuestra vida si hubiera cumplido mi promesa de permanecer siempre a tu lado.
Bakura: Te amo Yami.
Así, Bakura le dio un suave beso a Yami, en la frente no sean malpensados, y logró calmarlo. Ya no existían luces, ni música, ni sonido ni nadie más alrededor suyo, solo eran ellos dos, encerrados en ese mundo color rosa que habían preparado ambos hace ya tanto tiempo.
Flash Back de hace tres años, cuando Yami tenía 15 y Bakura 16
Alguien gritaba su nombre desde la puerta de la preparatoria, su vos era tan suave y melodiosa, dio vuelta a mirar pero ya sabía de antemano a quién pertenecía, Atemu, un chico un año menor a él, un chico que había robado su corazón y le había quitado el aliento desde el primer momento.
Yami: ¡¡¡Bakura!!! Espérame no te vayas – Yami corría hacia él tenía algo muy importante que decirle y debía hacerlo pronto, porque cada ves que lo tenía cerca se olvidaba de todo y no entraba en razón hasta que su pequeño hermano Yugi lo hacía volver al mundo real – Bakura por fin te alcanzo.
Bakura: ¿Qué sucede Atemu?
Yami: Tengo que decirte al… - en ese momento, lo miró a los ojos, y se perdió en ellos en ese mismo momento, no podía reaccionar, y sucedió justo lo que había temido tanto tiempo, se olvidó por completo de lo que le tenía que haber dicho hace dos semanas.
Sin embargo, Bakura al ver este gesto de Yami, fue acercándose al él y le dijo al oído.
Bakura: Nunca te vayas de mi lado Yami, te necesito.
Yami: Nunca lo haré Kura – olvidándose ya por supuesto que debía avisarle que viajaría esa misma noche hacia Venecia porque sus padres tenían trabajo allá, lo que sucedía a menudo las últimas dos semanas cada ves que siquiera pensaba en él.
En ese momento, Bakura sacó algo de su bolsillo, era una cajita negra, la abrió y así abrazado como lo tenía, se la mostró a Yami.
Bakura: ¿Te gusta? – abriendo la cajita, mostrando una hermosa gargantilla color negro con hermoso dije de plata.
Yami: Es preciosa Kura.
Bakura: Que bueno, porque es para ti – con cierta duda – Yami, ¿querrías salir conmigo?
Yami: Todo rojito por la proposición – Claro que si Kura, pero estoy seguro que había algo importante que decirte.
Bakura: En este momento no hay nada más importante en el mundo más que tú y yo, juntos, aquí, en este lugar. Viendo el ángel más hermoso de toda ciudad Dominó, un ángel que me ha enloquecido los sentidos desde la primera ves en que lo ví, y se robo mi corazón desde la primera vez en que me sonrió.
En ese momento, un bocinazo desde una limusina blanca alertó a los dos chicos, y un rostro más que furioso observaba a los dos jóvenes. Era el padre de Atemu, que seguro deseaba matar al albino por estar tan cerca de su hijo.
Bakura: Toma – entregándole la gargantilla y dándole un suave beso en la comisura de los labios a Yami – Volveré por ti amor.
Yami: - Anonado todavía por el beso – Gracias Kura.
Así, Bakura ve a Yami alejarse de él en su limosina desde el patio de la preparatoria, ideando el plan perfecto para no ser descubierto por nadie mientras avanzaría en las sombras por las oscuras calles hasta la casa de Atemu y sorprenderlo en medio de la noche, pero no contaría, que el viaje que Atemu estaba haciendo, era un viaje sin regreso.
Más dentro de la limosina, Atemu estaba recibiendo la reprimenda más grande de su vida por parte de su padre. Demonios, su hijo era homosexual, una vergüenza para la familia, esas era las únicas palabras que Yami escuchaba de la boca de sus padres mientras miraba con ojos llorosos la gargantilla que momentos atrás le había regalado el chico de sus ensueños, y aunque la mano amiga que le ofrecía su hermanito le traía cierta calma y sosiego, su corazón aún estaba perturbado, hasta que recordó por que.
Yami: ¡Cielos! ¡Olvidé decirle a Kura que viajaríamos a Italia! – Podemos tener en la certeza de que no se dio cuenta que dijo eso en vos alta hasta que su padre hizo frenar la limosina de golpe, haciéndolos avanzar por la inercia.
PYami: ¡Y me alegro! ¡Nunca más en tu vida volverás a hablar de ese chico! ¡Solo mírate! Te has convertido en una vergüenza. Pero no es nada que un buen terapeuta no pueda solucionar, desde este momento no hablarás de él ni con él, no pensarás en él y lo olvidarás, y tal ves así cuando crezcas puedas llevar tu vida con orgullo de ser un Mutuo.
Yami estaba furioso, pero no podía hacer nada, tenía ganas de gritar, de llorar y de abrir la puerta de la limosina y salir de allí, pero tenía a su hermanito, debía ser fuerte por él, ya que si no estaba allí para ayudarlo, Yugi debería cumplir con sus propias obligaciones y con las suyas también, ya que si lo hacía, sus padres seguro lo sacarían de la herencia y Yugi tendría que dirigir la compañía, y eso sería un gran peso para alguien tan puro y pequeño como lo era Yugi. Así que solo atinó a esconder la gargantilla para que sus padres no la vieran y se la quitaran.
Y así pasaron los años, Yami olvidando y Bakura esperando, pero por fin se reencontraron, y podrían ser felices como nunca antes, como debieron ser las cosas.
FIN
Jeje espero que lo hayan disfrutado, habrá una mini secuela después de este chap, aun no tengo la seguridad para decirles si será una nueva historia o la seguiré luego de aquí, creo que la segunda, pero ya veremos.
Mata ne!
