Primera parte del 3 capítulo: Los Dragones. Habla acerca de los nuevos poderes de Harry, del acercamiento entre Draco y Hermione y de varias cositas más. Disfruten!!
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Los Dragones
Aquella noche, poco antes de las once, Harry se puso la capa de su padre y bajó a los terrenos, sintiendo a Ryder moviéndose en su interior.
-¿Sabes qué, chico?- dijo la Bestia, mientras Harry sentía que daba un pequeño brinco-Me caes bien, eres maduro. A la mayoría de los vampiros que despiertan la histeria suele durarles un poco más-.
-¿Podría callarte un segundo?-preguntó el Gryffindor-¡Todo el santo día dándome lata! ¿Ni siquiera de noche puedes dejarme en paz?-.
-No-.
-Genial-dijo el chico con sarcasmo.
-Oye, tranquilízate-le espetó la criatura-Te terminarás acostumbrando a mí-.
-No significa que por eso me vayas a agradar-.
-Oh, seguro que te voy a agradar. A manos que te guste que te mientan, porque las Bestias no tenemos permitido mentirles a nuestros portadores-.
-Odio que me mientan-.
-Entonces te agradaré-.
Harry sintió que el ser se hacía un ovillo y se recostaba a dormir una siesta.
"Al fin se calló" pensó el chico, apretando más el paso.
Pronto llegó junto al lago, en la orilla del cual lo esperaba Metalik. Cuando Harry se acercó, ella volteó.
-Buenas noches, Harry-.lo saludó.
Harry se quitó la capa.
-¿Cómo supiste que estaba ahí? ¿Puedes ver a través de las capas de invisibilidad?-.
-Claro que puedo. Todos los dragones podemos. En realidad, existen muchos más datos sobre los vampiros de lo que hay en los libros-.
-¿Y…ahora qué hago-.
-Sígueme-.
Metalik lo guió a través de los terrenos hasta un rincón rodeado de árboles desde donde no se divisaba el castillo.
-Espera aquí, que yo voy a ver si viene alguien-dijo la vampira.
Se asomó a la entrada de la arboleda. Ni bien se fue, Harry comenzó a sentir arcadas, que iban aumentando a cada segundo. A los pocos minutos regresó Metalik.
-Oh, ya está sucediendo-dijo ella sorprendida.
Las arcadas cesaron, pero entonces el chico comenzó a temblar. A continuación oyó una enorme sinfonía de huesos, de sus propios huesos, alargándose, creciendo, deformándose.
La cabeza y el cuello se le alargaron, al igual que los brazos y piernas. Sintió que algo le brotaba de los omóplatos, y que la columna vertebral se le estiraba inmensamente. Oyó su propio cráneo resquebrajarse a causa de unas cosas largas y pinchudas que le crecían por atrás.
De repente todo cesó. Harry se quedó quieto, respirando agitadamente. No sentía dolor, sino un gran aturdimiento y un zumbido en lo oídos.
Lo primero que notó, incluso antes de mirarse, fue que tenía seis extremidades. Estaba parado sobre cuatro patas y tenía un par de alas grandes y cubiertas de piel correosa recogidas en la espalda.
Luego se miró: tenía la piel roja y escamosa, y las manos largas, extrañas y con dedos también lardos que acababan den grandes garras negras. Luego agitó la larga cola que le había crecido y se miró el espolón con forma de punta de flecha en que terminaba.
Harry extendió su largo cuello, se miró bien, ¡Y se dio cuenta de lo alto que estaba! La primera impresión fue tan repentina que se mareó. Desde donde estaba los árboles le llegaban apenas al codo, y Metalik parecía un bichito negro escondido en el mar de hojas verdes.
Levantó la cabeza y vió perfectamente el castillo, en el cual se distinguían algunas luces encendidas.
-¿Puedes oírme, Harry?-le gritó la vampira desde abajo.
-¡Si!-gritó Harry, pero sólo se oyó un extraño bramido.
-Trata de hablar en idioma humano-le dijo Metalik.
-¡¡TE DIJE QUE SÍ TE ESCUCHÉ!!-bramó Harry, ahora en idioma humano.
-Excelente. Dominas el lenguaje dragónico muy bien, y puedes hablar como humano aún estando convertido. Es un buen avance.-acotó la chica-Bueno, quédate aquí un momento, Harry. Voy a buscar algo y vuelvo.-
La chica se marchó corriendo entre los altísimos árboles.
Harry intentó quedarse donde estaba, pero le costaba mucho mantenerse quieto con su nueva forma recién estrenada. Se llevó la mano a la cara y se la palpó: tenía un hocico largo acabado en un pequeño cuerno, el borde de sus mandíbulas parecía un pico aserrado y un par de cuernos largos y afilados detrás de la cabeza; además de un borde de pinchos detrás de la articulación de la mandíbula.
El dragón salió a dar un corto paseo por el prado, intentando dominar sus alas. Al principio le costaba bastante coordinarlas, pero finalmente logró extenderlas por completo. Eran enormes: cada una debía medir al menos el doble de largo de su portador.
Harry agitó sus alas. Sus patas delanteras se elevaron un par de metros del suelo y luego cayeron pesadamente.
-¡Harry!-.
El chico miró hacia donde provenía el grito, pero sólo divisó a una gran loba castaña que venía corriendo hacia él.
-¡¿Hermione?!-preguntó el dragón, sorprendido.
-¡Sí!- la loba llegó junto al reptil, y éste agachó la cabeza para quedar a la altura del can-Metalik me dijo que esta noche te convertirías, así que vine a verte-.
-¿Y cómo es que te transformas en lobo? ¿Acaso eres animaga?-
-No exactamente…-.
Harry la muró, sospechando.
-¿Tú…tú eres…?-
-Una vampira lobo-acotó Hermione, contrariada-Desde hace un par de meses. No se los dije porque temía que me rechazaran si se enteraban…-
-¿Rechazarte?-el dragón puso cara de "¿Estás bromeando?"-¡Hermione! ¡Ron es ahora un hombre lobo! ¡Y mírame a mí! ¡Un dragón águila! ¿Crees que podríamos rechazarte siendo algo aún peor que un vampiro lobo?-.
-Sí, creo que fui un poco tonta-dijo la loba, riendo-Oye, hablando de Ron, ¡Mira con quién vine!-.
Hermione aulló, y del bosque salió una gran criatura peluda, parecida a un lobo pero con rasgos humanos.
-¡Ron!-
El licántropo se acercó a Harry a trote, lo olfateó y lanzó un alegre aullido.
-No puede hablar, claro-dijo Hermione, mirando al hombre lobo, que en ese momento se mordía la pata-Pero se le entiende perfectamente. Y es bastante dócil, a decir verdad…-.
Un ruido de pasos provenientes del bosque hizo que los tres voltearan la cabeza: de entre los árboles apareció Metalik, con aspecto de cansada. Ni bien la vio, Ron salió disparado hacia ella, gruñendo ferozmente y con toda la intención de picarla en pedacitos.
La vampira, al ver que el licántropo se le venía encima, se convirtió con rapidez en una gran dragona negra y de ojos rojos, con un adorno de cuernos diferente al de Harry (un par de "aletas" extrañas detrás de los oídos y dos cuernos como de cabra sobre la cabeza).
El reptil abrió las gigantescas alas y lanzó un chillido, para parecer más grande y amenazador. El hombre lobo frenó a pocos metros de la dragona, se le acercó, la olfateó y movió el rabo. Luego se alejó un poco y se puso a escarbar en el suelo en busca de quién sabe qué.
(N/a: Estas reacciones de parte de Ron las deduje en base al mito establecido por J.K.Rowling, que dice que los hombres lobo sólo atacan a las personas, nunca a los animales.)
-¿No te dije acaso, Harry-dijo Metalik mirando al dagón-que no te fueras del claro? ¡Desde aquí puede verte alguien del castillo!-.
-¿Y qué si me ven?-preguntó Harry-No me pueden reconocer convertido.
-¿Ah, no?-replicó la dragona-Desde aquí puedo ver que la cicatriz de tu frente está brillando hermosamente como si se tratase de un faro, y si no fuera porque tu piel es del mismo color la verían desde el castillo-.
-Ey-dijo Hermione, mirando hacia los terrenos-Creo que alguien ya nos vio-.
-¿Quién?-preguntó Harry.
Miró hacia donde observaba Hermione y vio a Hagrid, que venía corriendo por el prado y mirando a los dragones con cara de enamorado.
-No puedo creerlo…-dijo en un susurro.
-Hagrid!-dijo Harry-¡Somos nosotros!-.
El semigigante se detuvo en seco.
-¿Harry?-preguntó.
El dragón sonrió, pero la sonrisa no le duró mucho, ya que Ron se lanzó hacia Hagrid igual que lo había hecho con Metalik. Ésta, sin embargo, agarró al licántropo por el lomo y lo levantó en el aire.
-¿Ese es Ron?-preguntó Hagrid, asombrado.
-Sí-dijo la dragona, intentando mantener quieto al hombre lobo, lo que por cierto no era nada fácil.
-¿Y…resultó lo que querías?-inquirió el semigigante.
-Como puedes ver-dijo Metalik-Todo salió a pedir de boca-.
Harry miró a ambos, sin entender.
-¿Eh…a qué se refieren con "lo que querías"?-preguntó.
Metalik y Hagrid se miraron.
-Está bien, te diré-dijo el semigigante-Resulta que ayer Metalik quería descubrir a ciencia cierta si eras un vampiro, y le pidió a Golden que atacara a Hermione-.
-¿QUÉ?-gritó Harry, mirando a Metalik con cara de asesino-¿Tú le ordenaste a ese grifo que despedazara a Hermione?-.
-¡No!-exclamó la dragona-Yo sólo le pedí a Golden que hiciera como que la atacaba, para ver si tú la defendías y lograbas vencer al grifo-.
-Y parece que lo averiguaste-dijo Hermione.
-Sí, y además nos dejó otra duda-continuó Harry, un poco más calmado-¿Por qué Malfoy también se metió a defenderte?-.
-Sí eso también quiero saberlo yo-acotó Hagrid, mirando a la loba-¿Tú sabes por qué lo hizo?-.
-La verdad, no lo sé…-dijo la loba, extrañada.
Pero eso no era del todo cierto. Últimamente estaba recordando muchas cosas de años anteriores. Cosas que siempre tenían que ver con Draco…
Si había algo que ella no les había contado a sus amigos era que, en segundo año, mientras estaba en la enfermería petrificada por el basilisco, se encontraba consciente de todo lo que ocurría a su alrededor: recordaba cuando la llevaron, cuando Harry y Ron la fueron a ver, cuando Harry encontró el papel con la descripción de la serpiente en su mano cerrada.
//-----------------//FLASH BACK//------------------//
Hermione estaba acostada en la cama de la enfermería, petrificada. Podía oír y ver todo lo que pasaba a su alrededor, pero no podía moverse en lo más mínimo.
Una tarde, luego de que Harry y Ron se habían ido a la Cámara Secreta, oyó que alguien entraba en la enfermería. Miró hacia la puerta: acercándose a su cama estaba Malfoy, con una extraña flor en las manos.
El rubio miró para ver si venía madame Pomfrey, y al no verla, cubrió la distancia que restaba hasta la cama de Hermione y se sentó en ella, dejando la flor en el jarrón que había sobre la mesita de noche. La castaña la miró: era rara, parecía hecha de cristal y escarcha. Hermione la conocía: era una orquídea de glaciar, una flor que crecía solamente en Alaska y Groenlandia, era extremadamente rara y poseía la capacidad de no morir nunca, de ser indestructible.
¿De dónde rayos había sacado Malfoy una cosa así? ¡Aquella flor solita debía valer más de mil Galeons en el Callejón Diagon!
La castaña lo miró. Draco estaba con la vista clavada en algún punto del aire, jugueteando con los pulgares, sin decir nada. Hermione se preguntó para qué habría venido; seguramente para burlarse de ella. Bufó para sus adentros: lo último que necesitaba justo en ese momento eran las burlas de Malfoy.
Sin embargo, el rubio no se burló de ella. Luego de algunos minutos de silencio la miró, pero no con esa mirada fría y cargada de odio con la que siempre solía mirarla. Esta era una mirada extraña, mezcla de tristeza, dolor, alegría, miedo y… ¿amor? Hermione nunca había visto una mirada así en su peor enemigo.
-¿Cómo estás, Hermione?-dijo Draco, mirando a la castaña con una tímida sonrisa-No muy bien, creo-lanzó una pequeña risa, sin ganas.
La chica estaba en estado de shock: ¿Malfoy la llamaba por su nombre? ¿Qué bicho le había picado?
-Rayos, me siento estúpido diciendo esto-continuó el rubio, mirándola con intensidad-Ya sé que no puedes escucharme, pero…-
Draco agarró la mano petrificada de Hermione y comenzó a acariciarla con el pulgar.
-…es la única forma de la que podía decírtelo…-
Hermione no entendía absoluta y soberanamente NADA: esto ya estaba demasiado raro. Y eso sin contar que, cuando el Slytherin le tomó la mano, sintió un extraño calor, una sensación mucho más agradable de la que se hubiera imaginado.
El rubio continuaba mirándola muy fijo con sus ojos color acero.
-Perdóname-susurró finalmente…-Perdóname por haberte llamado "sangre sucia", por haberme burlado de ti, por haberte hecho todo lo que te hice este año, y el año anterior…-
Draco soltó la mano de la castaña y comenzó a acariciarle la mejilla tiernamente, acercándosele aún más. Hermione estaba cada vez más asombrada y confundida con la actitud de su "enemigo".
-Si supieras lo que en verdad siento por ti…-susurró el rubio, acercando su rostro al de ella-Si tan sólo pudiera decirte la verdad…-
Draco rozó su nariz con la de la castaña y delineó sus labios con los dedos, como si quisiera memorizar cada centímetro de éstos.
Si no hubiera estado petrificada Hermione hubiera salido corriendo: aquella situación francamente la asustaba. El Slytherin estaba cerca, demasiado cerca…
Malfoy acercó sus labios a los de la chica, y po un fugaz momento un pensamiento surcó la mente de ella. Un pensamiento totalmente involuntario, desconocido, extraño…
"Bésame, Draco…"
Sin embargo, a pocos milímetros de la castaña el rubio de detuvo. Se alejó, la miró con angustia y se retiró de su cama, saliendo por la puerta de la enfermería y dejando tras de sí a una Hermione más boleada que perro en bote.
Ella recordó que fue ese día que comenzó a enamorarse de Draco Malfoy.
//---------------------//FIN DEL FLASH BACK//-----------//
-Ey-dijo Metalik luego de un rato-Será mejor que volvamos al castillo, mañana tenemos clases-.
Los otros cuatro estuvieron de acuerdo. Hermione y Ron volvieron a internarse en el bosque prohibido, Hagrid se fue a su cabaña y los dragones se marcharon al rincón entre los árboles, donde la vampira ayudó a Harry a volver a tomar forma "humana".
El chico se puso la capa de invisibilidad.
-¿Vienes?-le preguntó a la chica.
-No-dijo ella, negando con la cabeza-No aún. Ahora necesito cazar…-
Harry recordó entonces que tenía algunas preguntas que hacerle a Metalik.
-¿Tú…atacas a gente de Hogwarts?-
-Claro que no-respondió la vampira con sencillez-Para alimentarme tengo que volar muchos kilómetros hasta un pueblo cercano, varias veces por día-.
-¿Por qué…varias veces?-preguntó Harry.
-Porque los vampiros dragón y los águila necesitamos beber nuestro peso en sangre cada día para sobrevivir, lo que equivale a morder a dos ó tres personas cada dos horas.-
El chico abrió los ojos, sorprendido.
-¿Tú…matas siempre a tus víctimas?-
-Sí-
-¿Y haces eso…?-
-Desde los tres años-dijo Metalik, sonriendo al darse cuenta de qué era específicamente lo que quería saber Harry-No tengo idea de cuanta gente murió por mi culpa hasta la fecha. Habrán sido millones, creo-
-¿Y yo también tendré que hacer eso…?-preguntó el chico con franco miedo.
-No creo-dijo Metalik, pensativa-Tú no sólo eres dragón, sino también águila. Los águila necesitan más energía, tienen más poderes-sonrió malévolamente, como satisfecha-No, lo tuyo será peor-
Harry tragó saliva, completamente aterrado: eso ya había sido demasiada información. Ni siquiera acababa de acostumbrarse a la idea de que algún día, Dios no quiera pronto, tendría que asesinar a un humano bebiéndose su sangre; que ya le venía Metalik con aquello.
-¡Pero no tendrás que hacerlo por ahora!-dijo ella rápidamente, turbada al ver la cara de Harry. Era evidente que no se esperaba esa reacción de parte del joven dragón; casi parecía que hubiera esperado que Harry se alegrara ante la idea de matar tanta gente a diario. Al parecer, a ella le gustaba mucho esa idea-No lo tendrás que hacer hasta que estés listo-
"Sí, hasta aquí todo bien, ni un drama" pensó Harry irónicamente "La pregunta es: ¿Algún día estaré realmente listo?".
La vampira suspiró.
-La verdad Harry, te envidio. Ahora me parece tan lejano el día en que la sed me atacaba con tanta suavidad como a ti…-
-¡¿A qué te refieres…con eso?!-Harry la miraba con una cara de ¿¿QUÉÉÉ?? insufrible.
-Me refiero a que lo que sentiste la primera vez que Ryder te atacó no es NADA comparado con lo que viene después. Primero te atacará de vez en cuando, luego con más periodicidad, luego a diario. Subirá de intensidad. Y créeme que nunca terminas de acostumbrarte a algo así…-
Harry tragó saliva, aterrado.
-¿Puedo hacer algo para que no sea tan terrible?-
-Claro que puedes: NUNCA TE RESISTAS. Ni bien te ordene que ataques, ataca. No importa si quiere que te lances contra una persona querida o contra tu mejor amigo, porque si te niegas será peor. La sed se volvería insoportable entonces, y podría fácilmente arrastrarte a cometer una locura. Ella se vuelve fuerte con tu rebeldía, y mientras más te resistas más te atacará. Además, las Bestias saben lo que hacen, no te van a pedir que hagas nada que no sepan que te va a hacer bien-
-¿Cómo se llama tu Bestia?-
-Rouge. Y es muy brava-
Metalik miró al cielo. Parecía poder leer hasta la hora en las estrellas.
-Es tarde-dijo luego de contemplar el firmamento por unos segundos-Mejor te vas-
Harry asintió, se puso la capa y se marchó al castillo.
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Al día siguiente había bastante más barullo del habitual en el Gran Salón. Alumnos de Hufflepuff habían regado el rumor de que por la noche muchos de su casa habían visto a dos dragones, uno rojo y el otro negro, paseando por los terrenos. Incluso había una chica que juraba haber visto a una loba, un licántropo y a Hagrid cerca de los dragones. Mientras tanto, en la mesa de Gryffindor, Harry, Ron, Hermione y Metalik trataban de no parecer demasiado culpables.
-¡¿Otra vez Pociones?!-preguntó Ron con fastidio, observando el horario del día-Esta no será una buena semana-.
Hermione no lo escuchaba. Estaba en silencio, mirando a la mesa de las serpientes. Más específicamente, a cierto rubio platinado.
Harry volteó y vio que ella estaba llorando.
-¿Qué te pasa, Hermione?-preguntó, extrañado.
La castaña se secó las lágrimas con el dorso del brazo, sollozando.
-Nada-respondió-Olvídalo-
Media hora más tarde, los cuatro, seguidos por Katherine, se dirigieron al aula de Pociones conversando sobre lo ocurrido la noche anterior.
-Te dije que nos verían-le reprochó Metalik a Harry cuando entraron a la fría mazmorra-Te dije que no te salieras del prado-.
-Pero de todos modos no nos reconocieron-se defendió el chico-Además, Dumbledore ya les advirtió a todos que iban a ver dragones este año, así que tampoco fue tan grave-.
Harry, Ron y Hermione se sentaron los tres juntos, como de costumbre, en unos bancos al final, BIEN al final, de la clase.
-Yo no recuerdo nada de anoche-se quejó Ron-¿De veras quise atacar a Hagrid?-
-Sí-afirmó Hermione-Y también a Metalik-
-Esta noche te vas a volver a transformar; todavía es luna llena-continuó Harry-Y yo creo que volveré a salir-
Estaban tan absortos en su conversación que no se habían percatado de que la clase ya había dado inicio, y que Snape los miraba desde hace algún rato, divertido.
-¿Qué les he dicho yo a ustedes…-dijo de pronto, sobresaltando a los tres-…con respecto a hablar en mi clase?-
Harry lo miró con odio, esperándose una reprimenda o un castigo. El resto de los alumnos no estaban precisamente quietos y callados, pero parecía que Snape, en vez de orejas, tenía un radar con una antena parabólica del tamaño de una catedral, sintonizado para captar solamente la frecuencia "Harry/Ron/Hermione".
-Bueno, creo que ya es hora de separar al trío dinámico-continuó Snape. Los de Slytherin rieron-A ver, señor Weasley, vaya a sentarse junto a la señorita R…eh, quise decir MacDonald; señorita Yerlon, venga junto a Potter; y usted, señorita Granger vaya a sentarse junto al señor Malfoy-
…
Draco y Hermione miraron simultáneamente al profesor, ambos con cara de susto.
-Ya me oyó, señorita Granger, vaya junto a Malfoy-les espetó Snape con aparente indiferencia-Vamos, rápido, no tengo todo el día-.
Hermione agarró sus cosas y se sentó junto a Draco, tratando de ocultar, sin mucho éxito, lo colorada que estaba. El rubio, por su parte, tamborileaba en el banco con los dedos y silbaba bajito, con el corazón latiéndole a mil por hora.
La clase comenzó, con una poción rejuvenecedora que les mandó el profesor. Draco apenas prestaba atención a lo que hacía. Cuando tenía cerca de la castaña nada le importaba, y mucho menos una estúpida poción…
-Esto está mal-dijo Hermione.
-¿Eh?-preguntó el chico, volviéndose hacia ella.
-Dije que eso está mal-continuó la chica-Estabas por agregar escamas de taipán australiana a la pócima, y lo que hay que verter son escamas de la s alas de una mariposa monarca. Lo dice ahí-señaló el pizarrón-A ver, déjame ver-.
Se acercó al caldero del rubio y vertió la cantidad correcta de escamas de alas a la poción. Luego continuó con lo suyo, muy avergonzada por lo que acababa de hacer.
-Gracias-le susurró el chico por lo bajo.
-No hay por qué-respondió la castaña, abrumada, y continuó moliendo sus escarabajos rinocerontes.
Al finalizar la clase Draco se acercó a Snape, con cara de desesperación.
-Profesor-dijo en un jadeo-¿Cómo pudo…por qué…me mandó a sentarme con ella…sabiendo lo que yo siento…?-
-Quería darte una mano-respondió el profesor con sencillez-Ayudarte a acercártele-.
-¿Usted cree…que ella podría…?-
-Podría. Sólo es cuestión de esperar y ver qué pasa-
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Bien, hasta aquí la primera parte del 3 capi. En la próxima parte se viene un suceso extraño…
