Después de siete meses y ocho días, la historia continúa :D
Es mi deber anunciarles que éste relato no se verá afectado por la salida del séptimo libro. NO HABRÁ SPOILERS! Sin embargo, podéis leer el libro traducido al español en: http://proyectodh.
BUENOS AIRES ¿CIUDAD MÁGICA?
Capítulo II "El Bosque"- ¡Longbottom, despiértese!- la profesora McGonagall zarandeaba a Neville, quien continuaba durmiendo y roncando.
Las azafatas ordenaron a los pasajeros sentarse y abrochar sus cinturones ya que se efectuaría el aterrizaje.
- Sean bienvenidos a Buenos Aires- se escuchó la voz del piloto a través del megáfono- Hora local veintidós horas, dieciséis minutos, y cuarenta y siete segundos.
- ¿Sólo pasaron siete horas?- preguntó Ron, incrédulo.
- No, Ron!- respondió Hermione- Lo que sucede es que hay cinco horas de diferencia.
- Ah...
Se desabrocharon los cinturones y comenzaron a bajar. Cuando Harry, Ron y Hermione salieron a las escaleras, Neville se encontraba dormido delante de ellos, y detrás de un grupo grande de Slytherins de séptimo, sexto y quinto año que abarrotaban toda la escalera, esperando impacientes para bajar. A medida que iban descendiendo lentamente por las mismas, Neville se tambaleaba. Al avanzar la fila una vez más, pisó involuntariamente los talones de Draco Malfoy, quien se balanceó peligrosamente y cayó encima de Pansy Parkinson; debido al empujón recibido, Pansy se choco contra Crabbe y Millicent Bulstrode. Ambos se tambalearon estrepitosamente hasta caer sobre Blaise Zabini, quien aterrizó encima de varios alumnos de sexto año que se encontraban delante, empujándolos a todos y formando una cadena interminable de empujones y consecuentes caídas que desembocaron en todos los alumnos de quinto, sexto y séptimo año de Slytherin en el suelo. Por lo tanto, los chicos de Gryffindor, quienes estallaron en sonoras carcajadas al presenciar la escena, tenían la escalera libre. Neville evitó la caída gracias a que Harry y Ron lo sujetaron a tiempo
- Gracias- dijo Neville.
- De nada- respondieron Harry y Ron al unísono, después de las risas.
- ¡ESTÚPIDO LONGBOTTOM!- bramaba Draco Malfoy, quien yacía encima del culo meado y cagado de Crabbe, coronando una montaña de Slytherins doloridos gracias a los golpes de la caída.
- ¿Qué pasó aquí?-. La profesora McGonagall acaba de advertir la montaña de alumnos. Neville, Harry, Ron, Hermione, Ginny y otros alumnos de Gryffindor estaban alcanzando los últimos escalones.
- ¡FUE EL IDIOTA DE LONGBOTTOM!- gritó Malfoy, intentando en vano salir de allí y ponerse de pie en el suelo.
Neville agachó la cabeza.
- Fue un accidente- dijo Harry con una sonrisa nerviosa.
- Lo que pasa es que yo estaba dormido- comenzó a explicarse Neville- y sin querer me resbalé del escalón y pisé los talones de Malfoy.
- Entonces Malfoy empezó a tambalearse y se cayó encima de Parkinson- siguió explicando Harry.
- Y Parkinson se chocó contra Crabbe y Bulstrode- continuó Hermione.
- Y ellos se chocaron con Zabini- prosiguió Ron.
- Y Zabini se cayó encima de los chicos que estaban delante de él- dijo Ginny.
- Y siguieron cayéndose unos encima de los otros- añadió Luna Lovegood, para sorpresa de todos.
La profesora McGonagall los observó detenidamente, uno a uno, a través de sus gafas de montura cuadrada para proceder a contemplarlos a todos juntos. Detrás de ellos, Seamus Finnigan y Dean Thomas no paraban de reírse de la caída en masa de los alumnos de Slytherin.
- Está bien- sentenció la profesora McGonagall, aunque ellos sabían que no había quedado satisfecha con la explicación, y era comprensible ya que la situación no era muy común.
Una vez que los alumnos de Slytherin lograron ponerse de pie con bastante dificultad, entraron todos al aeropuerto de Ezeiza e hicieron una larga fila. Malfoy estaba esperando impaciente para exigir el libro de reclamaciones.
- ¡¿Usted cree que yo, Draco Malfoy, voy a comer esa inmundicia?!-Draco estaba quejándose con uno de los oficiales- Yo, que provengo de una familia muy rica y muy importante, no voy a andar comiendo esa comida de mendigos¡Eso es para los Weasley!
El guardia, que ignoraba quién eran los Weasley y los Malfoy, y tampoco le interesaba, se marchó sin decir nada.
Draco se sentía frustrado, por lo que su malhumor empeoró.
- ¡Seguro que se me corrió el maquillaje y estoy despeinada!- decía Pansy muy preocupada- Draco, no me mires hasta que me arregle y me cambie de ropa!
Hermione y Ginny se reían.
Habían pasado todo el papelerío y ahora se encontraban en la sala para recoger su equipaje. Todos se pusieron de pie junto a la cinta, esperando la llegada de sus baúles. El primer baúl en aparecer tras las cortinas fue el de un alumno de Ravenclaw llamado Terry Boot, después vino el equipaje de los hermanos Creevey, luego el de Ernie MacMillan y, posteriormente... Un bulto de tamaño considerable que, al parecer, tenía vida ya que respiraba, hasta roncaba!
- ¡Goyle!- exclamó emocionado Crabbe.
Todos se acercaron para ver mejor el cuerpo de Gregory Goyle recostado en la cinta de equipaje. La mayoría del colegio se desternillaba de risa ante aquella visión.
- ¡Goyle!- repitió Crabbe, y dos lágrimas resbalaron por sus mejillas.- Pensé que te habías quedado cagando en el baño del aeropuerto.
- ¿Dónde se encontraba, señor Goyle?- preguntó la profesora McGonagall, atónita.
- Eh...- titubeó Goyle- Vine con el equipaje.
Las carcajadas de los Gryffindors eran bastante audibles. La profesora McGonagall le restó cincuenta puntos a Slytherin por el incidente, luego de darle un completo sermón a Goyle acerca de todas las cosas que podrían haberle sucedido.
La salida del aeropuerto se retrasó como media hora gracias a Pansy Parkinson que había ido al baño a cambiarse de ropa, a maquillarse y arreglarse el cabello. Debido a esto, Slytherin perdió veinte puntos más.
- ¡Lo siento!- dijo Pansy disculpándose.- Draco, ahora ya puedes volver a mirarme!
Seis autobuses viejos de aspecto mugriento los estaban esperando en el estacionamiento del aeropuerto de Ezeiza, uno para cada curso de Hogwarts. Abandonaron el recinto por una carretera plagada de carteles de publicidad a ambos lados. Al parecer, ésta estaba repleta de pozos, o al menos esa era la sensación que daba el movimiento del autobús.
Malfoy no dejaba de quejarse.
- ¡Esto es inconcebible! Yo, el gran Draco Malfoy, viajando en éste cascajo viejo y mugriento!
Habían pasado por debajo de un gran cartel que decía "Ezeiza – Cañuelas – Monte Grande". No obstante, nadie sabía donde estaban ni adónde se dirigían.
- ¡Éstos asientos son horribles y tienen agujeros!- chillaba Pansy Parkinson- ¡Y me acabo de ensuciar mi dedo índice con polvo!
Harry se encontraba atento observando el paisaje por la ventana. Era todo llano, la carretera estaba rodeada de inmensos latifundios. Pronto, un brazo salió de ésta con una indicación que decía "Monte Grande". Ellos siguieron por el camino principal bajo la leyenda "Ezeiza – Cañuelas." Pronto, éste fue cercado a ambos lados por un alambrado, y el autobús entero bailó al pasar por un pozo de considerable tamaño.
- ¿Con qué asfaltan las calles en éste país, con el culo?- preguntó Ron, saltando involuntariamente sobre su asiento al pasar nuevamente el autobús sobre un pozo.
Poco tiempo después, detrás del alambrado que rodeaba la carretera del lado izquierdo, aparecieron amontonadas una inmensidad de casas elaboradas con chapa y cartón.
- Mira, Weasley, por allí está tu casa- dijo Malfoy en tono burlón, señalando el conjunto de construcciones de chapa a la izquierda.
- Y por allí está la de tu padre- respondió Ron, señalando en sentido contrario al de Malfoy.
A la derecha de la carretera, había una enorme construcción de color gris oscuro, y un cartel que decía "Penitenciaría."
Harry, Hermione y Ginny rieron.
- ¡No te metas con mi padre, Weasley, o te arrepentirás!- gritó Malfoy notablemente enfadado.
El autobús dobló en una calle pegada a la cárcel de Ezeiza, del lado contrario a ésta había un bosque con una frondosa vegetación. Más adelante, se terminó el asfalto y recorrieron un camino de lodo. Todo estaba sumido en la oscuridad, no se percibía ninguna luz. El bosque se iba haciendo cada vez más espeso a medida que se iban adentrando. De repente, se oyó el ruido de un pedo.
- ¡¡¡¡¡NOOOOO, OTRA VEZ NOOOOO!!!!!- gritaron todos.
- Lo siento- se disculpó Crabbe avergonzado- Fue la comida del avión.
El autobús hizo un ruido sordo y, con un golpe seco, se detuvo, haciendo que todos sus pasajeros cayeran de bruces al suelo.
- ¡¿No puede conducir con más cuidado?!- gritó Malfoy, sentado en el piso.
- ¡Nooo, mi vestido se ensució!- chilló Pansy, en el suelo junto a Draco.
- Bueno- dijo la profesora McGonagall ordenando indirectamente a sus alumnos que se callaran- Ahora bajaremos en silencio y ordenadamente, quiero que todos vosotros encendáis vuestras varitas.
La puerta del autobús se abrió y McGonagall descendió. Inmediatamente, todos se agolparon en torno a la puerta para bajar. Hubo importantes dificultades con Crabbe y Goyle, quienes resultaban demasiado grandes para atravesar el hueco, pero nada que la magia no pueda solucionar. Una vez que todos se encontraban pisando tierra firme, la profesora de Transformaciones guió a sus alumnos a través del camino de lodo. Las fuertes pisadas de Goyle salpicaban barro hacia todas las direcciones, Pansy Parkinson no dejaba de lamentarse sobre el estado de su vestido.
Después de lo que a Harry le pareció media hora, el camino se desvió hacia la izquierda, internándose en el bosque. Todos estaban ansiosos, deseando llegar a su nuevo colegio temporal de magia y hechicería, y recostarse a dormir.
- Necesito una cama- dijo Ron, con las piernas cansadas.
- ¿Por qué hay que caminar tanto?- protestaba Malfoy.
Quince minutos más tarde, llegaron a una pequeña casa de chapa y cartón.
- Ya llegamos- anunció McGonagall.
- ¡¿QUÉ?!- bramó Draco- ¡¿Ésta choza inmunda¡Pensé que iríamos a un colegio, no a la casa de los Weasley!
Hermione le dio una patada a Malfoy en el tobillo, quien respondió con un grito de dolor. Todos los alumnos se mostraron claramente decepcionados ante la idea de vivir en aquella precaria casilla.
- Señor Malfoy, si no es de su agrado, puede pasar la noche aquí afuera- le retó McGonagall, hartándose de su comportamiento.
- Hmm...- Draco consideró la posibilidad durante algunos segundos. La perspectiva de permanecer en aquel rancho le resultaba inconcebible. Miró a Crabbe y a Goyle, esperando respuesta por parte de ambos, pero ninguno dijo nada al respecto.- ¡¿Y ustedes qué?!- les espetó de mala manera.
- Ehh...- Crabbe miraba a Malfoy con la boca abierta.
- ¡No me mires con esa cara de idiota¡¿Qué vais a hacer?!
- Ehh...- Crabbe continuaba con la boca abierta.- No sé.
Draco lanzó un bufido de desesperación. Mientras tanto, los alumnos iban ingresando a la pequeña casilla de chapa y cartón.
- ¿Venís conmigo o qué?.
Casi todo el mundo había ingresado a la choza, sólo faltaban unos cuantos Slytherins, entre ellos, Pansy Parkinson, quien lucía una exagerada mueca de desprecio. Horace Slughorn se encontraba al final del pelotón de alumnos.
Crabbe y Goyle seguían sin pronunciar palabra, la puerta del rancho se cerraba tras ellos y, en vista de que no tenían otra opción, se quedaron fuera.
- ¿Y ahora qué haremos?- inquirió Malfoy, con un deje de miedo en su voz.
- Tengo ganas de cagar-masculló Crabbe, dejando claro que la oleada de residuos sólidos orgánicos aún no había cesado.
- ¡Estamos sólos, aquí afuera, en un lugar que no conocemos, y tú sólo piensas en cagar!- estalló Draco.
- Si- respondió Crabbe, bajando la cabeza.
- ¡Ve detrás de aquel árbol!- le espetó Malfoy, dándole un empujón- ¡Y no te tires pedos con olor!
Crabbe se alejó a zancadas, hacia un enorme eucalipto que yacía varios metros detrás de la choza de chapa y cartón en la que se habían rehusado a entrar. Mientras tanto, Draco y Goyle caminaban en sentido contrario, pensando en las acciones que llevarían a cabo a continuación. Crabbe estaba tardando mucho, ellos ahora caminaban haciendo círculos, y se escuchaban ruidos extraños en la lejanía.
- Oigo algo- dijo Malfoy, mirando a Goyle como esperando que éste le indicase cuál era la fuente de los sonidos que escuchaba.
- Debe ser Crabbe haciendo fuerza para cagar- replicó Goyle, con voz de estúpido.
- No, yo oigo algo, para mí que hay alguien además de nosotros tres
Draco se refugió tras la espalda de Goyle, alzando la varita, y asomando la cabeza en un vano intento de distinguir una figura humana entre los árboles.
- Yo creo que no hay na...- empezó a decir Goyle.
- ¡Cállate, idiota¡Estoy intentando oír algo!- lo silenció Malfoy, agudizando el oído y asomando un poco más su rostro por encima del hombro de Goyle- ¿Quién anda ahí?
- ¿Y si entramos a la...?
- ¡Qué te estoy diciendo que te calles, gilipollas¡Y no, no pienso entrar en ese basural! Y vosotros dos sois mis amigos, así que os quedaréis conmigo aquí afuera, haciéndome compañía.
Hicieron silencio por un momento, y pudieron oír el sonido de unas ramas agitándose a escasa distancia de ellos.
- Oigo algo- anunció Goyle.
- ¡Yo también, idiota¡Es lo que vengo diciéndote desde hace rato¡Ahora cállate y déjame escuchar!
Hubo un completo silencio. Malfoy estaba tenso y ansioso al mismo tiempo, agazapado detrás de Goyle, quien se encontraba de pie, mirando hacia la nada con una expresión bastante estúpida.
De repente, se oyó un sonoro pedo proveniente del eucalipto donde Crabbe estaba cagando, seguido de un grito de dolor.
- ¡Crabbe¡¿Qué te he dicho?!- bramó Draco.
- ¡Me mordió un perro!- gritó Crabbe, y comenzó a balancearse hacia atrás con los pantalones arrastrando por el suelo, sosteniéndose sobre una sola pierna y agarrándose la otra con la mano derecha, haciendo su figura visible ante sus dos amigos.
- ¡Súbete los pantalones!- masculló Malfoy.
Crabbe se tambaleaba de un lado a otro, al mismo tiempo que se iba más hacia atrás, intentando –sin éxito alguno- subirse los pantalones y sanar mágicamente la herida producida por los dientes de un perro vagabundo de color gris. Malfoy y Goyle permanecían de pie, contemplando la escena, hasta que la espalda de Crabbe impactó contra el tronco de otro eucalipto y cayó de bruces al piso.
- Creo que se cayó- dijo Goyle.
- ¡ES QUE SE CAYÓ!- gritó Malfoy, perdiendo los estribos, y dio un paso adelante cuando, de súpeto, el perro vagabundo de color gris que había mordido a Crabbe, apareció delante suyo, exhibiendo sus dientes. Draco abrió la boca por un segundo y echó a correr junto a Goyle.
El interior de la choza nada tenía que ver con su exterior. McGonagall había realizado un excelente trabajo como profesora de Transformaciones, habiéndolo agrandado mágicamente para albergar a todos sus alumnos y convirtiéndolo en un lugar bastante acogedor.
- ¿Dónde se encuentran Malfoy, Crabbe y Goyle?-le preguntó el profesor Slughorn.
- Consideraron el albergue temporal como indigno de su presencia, y prefirieron pasar la noche afuera- respondió McGonagall.
Todos los alumnos se encontraban sentados a lo largo de cuatro mesas rectangulares que se extendían desde el norte al sur de la habitación; habían acabado de cenar.
- ¿Oísteis eso?- preguntó Hermione a Harry y Ron- Malfoy, Crabbe y Goyle están afuera.
- Podríamos hacerles una pequeña broma- sugirió Ron. Hermione le echó una mirada de desaprobación.
- Vamos, Hermione, sólo una pequeña broma.
- ¿Tú crees?- inquirió Harry, considerando gustosamente la idea.
- Sí, si con lo idiotas y cobardes que son los tres, seguramente salen corriendo-respondió Ron, y los tres se rieron.
- Ha llegado la hora de irse a dormir-anunció la profesora McGonagall- Mañana debemos levantarnos temprano para partir hacia otro destino.
En medio de la enorme multitud abandonando sus lugares, Harry, Ron y Hermione se escabulleron. Antes de llegar a la puerta de la choza, los tres se escondieron bajo la capa de invisibilidad. Mirando hacia todas partes para cerciorarse de que nadie viese a la puerta abriéndose y cerrándose sola, Harry la abrió cuidadosamente, y los tres abandonaron el rancho.
La noche estaba fría y el cielo cubierto de espesas nubes grises. Las copas de los árboles se agitaban levemente, y no había rastro alguno de Malfoy, Crabbe y Goyle.
- ¿Adónde habrán ido?-preguntó Ron.
- Habrá que averiguarlo-respondió Harry.
- ¿Crees que estén muy lejos de aquí?-inquirió Hermione.
- Lo dudo-dijo Harry. Y, después de encender sus varitas, los tres se adentraron nuevamente en el bosque.
- ¡Haz algo, idiota!-le gritaba Malfoy a Goyle, corriendo a escasos centímetros del hocico del perro vagabundo.
- Ehh...-pensaba Goyle, mientras corría delante de Malfoy.- ¿Qué hago?
- ¡Usa tu diminuto cerebro!
Ambos corrían a toda velocidad, con el perro a muy poca distancia de ellos. Draco sostenía su varita en una de sus manos, pero no podía utilizarla ya que ello implicaba darse media vuelta y encontrarse cara a cara con el animal, dando lugar a un posible mordisco.
De repente, Goyle, que se encontraba corriendo –incomprensiblemente para todos- delante de Malfoy, se paró en seco, haciendo que la nariz del último impacte contra su espalda y, acto seguido, caiga al piso, sobre el perro que salvajemente los perseguía.
- ¡Ya sé!- exclamó Goyle, de pie, dándole la espalda a Malfoy e ignorando lo que a éste le había ocurrido- ¿Y si uso magia para detener al perro?
- ¡Goyle, eres un idiota!- bramó Draco, tirado en el piso, todavía sosteniendo su varita. El perro, que había evitado ser aplastado por el alumno de Slytherin, se encontraba a su lado, lamiéndole la cara.- ¡Deja de babearme, perro asqueroso¡Aléjate de mí!
Malfoy apartó su cara; el perro le arrebató su varita con los dientes, y se marchó corriendo con ella.
- ¡Nooo, mi varita!-gritó Draco.- ¡Se lleva mi varita!
- ¿Qué pasó?- preguntó Goyle, observando la escena con esa expresión estúpida que lo caracteriza.
- ¡Deja de mirarme con esa cara de idiota y haz algo¡Se lleva mi varita!
Goyle salió corriendo detrás del perro, con andar torpe, dejando a Malfoy tirado en el piso.
- ¡Primero ayúdame a levantarme!-gritó Draco, pero Goyle se iba corriendo.- ¡Te he dicho que me ayudes a levantarme!
Goyle ya estaba a varios metros de distancia, persiguiendo al canino, y parecía no estar dispuesto a regresar a levantar a Malfoy, quien intentó ponerse en pie por sí sólo, y salió corriendo tras ellos. Para cuando los alcanzó, ambos se encontraban en el límite del bosque: el perro acababa de cruzar la carretera y Goyle esperaba del otro lado.
- ¡Apúrate!- le gritó Malfoy a Goyle, dándole un empujón en la espalda y enviándolo al centro de la carretera, apresurándose detrás suyo. Un camión enorme que venía de la derecha, los esquivó violentamente por la izquierda y siguió con su camino. Goyle se olvidó de los pozos y metió un pie dentro de uno, volcando todo su peso sobre el pavimento. Draco no se detuvo a levantarlo, sino que cruzó la carretera y comenzó a correr tras el perro, que ahora galopaba velozmente junto al alambrado que cercaba una villa. Goyle estaba intentando ponerse de pie, cuando otro camión enorme que también venía de la derecha, lo esquivó –al igual que el anterior- por la izquierda, con la única diferencia de que éste colisionó con un autobús que venía de esa mano, y el acoplado se volcó sobre el alambrado y el terreno de la villa. Goyle salió corriendo detrás de Malfoy y el perro, quienes continuaban la carrera junto al alambrado.
- ¡Devuélveme mi varita, perro sarnoso!- gritaba Draco. Segundos más tarde, el perro se detuvo, sentándose sobre la hierba y escupiendo la varita. Una vez que Malfoy llegó junto al animal, se agachó para recogerla. Cuando pudo divisarla claramente bajo las patas delanteras del perro, estaba partida en dos.- ¡NOOO, MI VARITA¡Estúpido perro!- Con toda la furia del mundo, le dio una patada al perro; éste le clavó los dientes en la pierna izquierda y se fue corriendo. Malfoy gritó de dolor y, al mismo tiempo que envolvía su mano alrededor de la zona herida, amenazaba verbalmente al animal. Goyle, que venía corriendo y jadeando tras ellos, se tropezó sobre Malfoy al alcanzarlo, y cayó sobre éste.
- ¡ERES UN IDIOTA!-bramó Malfoy fuera de sí. Recogió los trozos de su varita partida y se puso de pie. El perro vagabundo de color gris que lo había mordido a él y a Crabbe, se había perdido de vista en la lejanía.- ¡Dame tu varita!- le exigió a Goyle- ¡Rápido!
Goyle le tendió su varita a Malfoy, y ambos se fueron por donde vinieron, con la excepción de que cruzaron la carretera unos metros antes del lugar del choque, y se adentraron en el bosque.
- ¿Dónde estaba la choza?- preguntó Malfoy.
- Ehh...-Goyle se quedó pensativo- No sé.
- ¡¿Cómo que no sabes¡¿Y ahora cómo regresamos?!
- Ehh... No sé.
Caminaron sin rumbo, sigilosamente, durante diez segundos, hasta que el ruido de ramas batiéndose llegó a sus oídos, haciéndose cada vez más cercano.
- Viene alguien-dijo Malfoy, preocupado- Seguro que es otro perro.
Antes de divisar a la figura, Malfoy apuntó al piso con la varita de Goyle- ¡Deprimo!-. Se formó un pozo en la hierba y, a continuación, hubo un grito seguido del ruido seco de un cuerpo impactando contra una superficie.– Veamos de qué o quién se trata-. Ambos se acercaron al pozo, esperando encontrarse a otro perro y, en el fondo, despatarrado, estaba Crabbe.
- ¿Dónde estabas?-le espetó Draco.
- Me quedé dormido-respondió Crabbe- y cuando me desperté, no os ví en ninguna parte.
Draco sacó a Crabbe del pozo con la varita de Goyle.
- ¿Qué te pasó en el trasero?- le preguntó, cuando vio que tenía un agujero enorme en el pantalón embarrado.
- Alguien me lanzó un hechizo.
- ¿Quién?
- No sé, no pude verlo.
- Eso quiere decir que hay alguien más aquí, además de nosotros.
Nuevamente, se oyó el ruido de ramas agitándose, y Draco apuntó la varita de Goyle hacia la fuente del sonido.
- Viene alguien-dijo.- Quizás ya sabremos quién te hizo ese agujero en tu horrible trasero, Crabbe.
Al igual que en la anterior ocasión, el ruido se hacía cada vez más cercano. Malfoy decidió esconderse detrás de un eucalipto para pillar por sorpresa a quien fuera que estuviese deambulando por el bosque a aquellas horas. Crabbe y Goyle hicieron lo mismo, aunque sus voluptuosas figuras eran muy difíciles de ocultar. Hubo silencio por un momento, hasta que las ramas volvieron a batirse, pero más ruidosa y violentamente. Malfoy y Crabbe apuntaron sus varitas.
- ¡Aguamenti!-gritó Crabbe.
- ¡Incárcero!- gritó Malfoy.
Un chorro de agua salió de la punta de la varita de Crabbe y dio de lleno contra la cara de la figura que había estado moviéndose entre los árboles, cerca de ellos. De la varita de Goyle salieron unas cuerdas que ataron al sujeto en cuestión, quien cayó de lleno en la hierba.
- ¡Te pillamos!- sentenció Malfoy, triunfante, saliendo detrás del eucalipto.
FIN DEL CAPÍTULO
Muchísimas gracias a todos aquellos que se tomaron la molestia de leer la historia y expresar su opinión al respecto. Me alegra que os haya gustado:)
O0ESMERALDA0O: Nací en Argentina, concretamente, en San Clemente del Tuyú, y viví en Santa Teresita hasta los tres años, cuando me trasladé al Barrio San Juan (en el partido de Morón, Gran Buenos Aires), donde permanecí hasta los once años; después estuve viviendo ocho meses en el Barrio Seré (Castelar), y de ahí me fui a Lalín (Galicia, España). Regresé a Argentina el 27 de junio del 2005, viví cinco meses en Gral. Rodríguez, y ahora estoy en Gral. Las Heras.
GIOVANNINA: No veo porqué ofenderse ante una "crítica" dirigida a un trozo de tierra. Al fin y al cabo, el mundo es de todos, y las fronteras fueron creadas principalmente por motivos políticos (y también económicos, je). No entiendo porqué la gente se lo toma como algo personal.
El carácter de una persona no está condicionado por el lugar de nacimiento, sino por el ambiente en el que uno se cría, y también intervienen algunos factores biológicos.
ARYLU: Por favor, no me pidan que incluya personajes que se llamen x o y. La historia está planeada y, al mismo tiempo, se desarrolla según van surgiendo las ideas en mi mente.
MORGANA: Eres una resentida social, deberías buscarte un novio. Ni siquiera te atreves a dar la cara, sino que te refugias tras el anonimato. Yo lo único que puedo hacer por ti es recomendarte a la Lic. Laura Roxana Fernández (Psicóloga U.B.A. - M.N. 27.944 - M.P. 81927). TEL: 4981-5925; CEL: (15)5139-7661.
KHALY: Los políticos de mierda, la sociedad ignorante, "Bailando Por Un Sueño", "Gran Hermano", Susana Giménez, el mal funcionamiento de los servicios públicos, la precaria educación, etc., etc., etc. son los que dejan mal parado al país, no yo que simplemente me digno a escribir una historia plasmando estas cosas, con el noble objetivo de entretener y hacer reír a la gente. Yo no tengo la culpa de que Aerolíneas Argentinas sea una mierda, o que éste sea un país en vías de desarrollo. Me parece que te equivocaste de página web, el sitio de Néstor Kirchner es http://www.presidencia.gov.ar.
Y sobre las vulgaridades... Todos meamos, cagamos, vomitamos y nos tiramos pedos. No sé qué tiene de malo, ni me importa.
DORIAN-CROW: De por sí, viajar a Argentina en avión, además de ser un enorme fastidio (ya ves lo que les ha sucedido a los personajes) es peligroso ya que no hay radares en toda la zona de Buenos Aires. Prefiero morir decapitada.
RENATIITAH: No habrá un nuevo Hogwarts, mas sí otro colegio donde ellos cursarán este año lectivo que no puede llevarse a cabo en Hogwarts por obvios motivos. Caballito... Hmm... Me gusta más la Villa 31 de Retiro.
MUCHOS BESOS!
Nos vemos en el próximo capítulo!
