Disclaimer: No son míos... ¡pero cómo los quisiera! Por lo menos, a 5 de ellos... maldito Kurumada, joer.

I know when you smile… even if I can't see you

Desperté al otro día (maldito huso horario) con muchas ganas de patear algo. Había dormido poco y mal, pues el frío no era mi más grande amigo. Ni tampoco mi cabeza, presentándome imágenes del Santo que dormía unas habitaciones más allá, en situaciones sugestivas y bastante pervertidas. No sabía que las clasecitas de educación sexual que me dieron las doctoras del campamento y Sir Drake entre risas y carraspeos iban a reducirse a eso, a sueños extraños, húmedos e intensos. Crap.

Para quitarme esas ideas de la cabeza, salí de la Torre y me dispuse a patear el aire para calentar mi cuerpo, aterido por el frío. Era la época, anyway.

Una vuelta, otra... y otra más. Las artes marciales no eran propiamente mi fuerte, únicamente el Aikido y algo de Kung-Fu, además de unas cuantas katas de Kendo. Pero aún así, no podía utilizar espadas en el Santuario, y el único con una espada en el brazo... pues, no quería enseñarme a usar katanas, sino que me ponía a practicar con varas largas de fresno verde. Shura,. ¡me caes mal!

De lo poco que sabía del mundo, eso era algo que realmente me intrigaba... las costumbres de los demás. Como el Santuario de por sí era una divina mezcla de miles de nacionalidades, podía verse a un francés hablando sencillamente con un griego en el idioma nativo, o a una noruega hablando con un japonés en un idioma compartido... al igual que podía verse a un español y a una venezolana hablando naturalmente en inglés, como si nada.

Esto me hizo preguntarme acerca del Fenómeno de Babel, como lo llamaba Shura. Todos de diferentes procedencias, pero nos unía el griego y en ocasiones, los respectivos idiomas concordaban y podían establecerse conversaciones realmente amenas en otro lenguaje que no era el del lugar... pero en relación a mi acompañante (por ahora desaparecido, pues no sentí su presencia en la Torre desde que desperté), no sabía propiamente si él sabría alguno de estos dialectos...

Mi mente me llevó a una de las canciones que yo atesoraba en mis recuerdos. Una de las doctoras del campamento era escandalosa y escuchaba mucha música de la que llaman Rock. Yo la adoraba, pues siempre me ponía su música mientras ella atendía paciente tras paciente, hablando conmigo en su idioma y enseñándome lo que decían las canciones que inquietaban a los lugareños por su música. "Puro Metal del bueno", decía, para luego enseñarme una letra profunda o una tonada llena de adrenalina. Ella fue la que me enseñó los conceptos básicos del inglés, siendo mitad estadounidense y mitad italiana, aprendí un poco de los dos lenguajes. Creo que por eso sorprendí varias veces a DeathMask, respondiéndole en su idioma natal. Heh.

Una de las canciones que me enseñó se llamaba "Rise of Sodom and Gomorrah", de un grupo gringo o europeo, de nombre extraño. Ella se inspiraba a cantar a gritos, para vergüenza ajena de los que la observaban, mientras yo brincaba por todos lados y sacudía la cabeza como una posesa. Bueno,. ¿qué querían? Apenas tenía cinco años, jo.

Alcé las manos y me dejé llevar por la música en mi cabeza, mientras el aire silbaba al yo cortarlo con un pie o un puño. Comencé a hum la parte de la guitarra, mientras me daba la vuelta y lanzaba un pie a la altura de mi hombro... para ser atrapado por dos manos enfundadas en guanteletes de acero.

Sonreí levemente mientras halaba mi pie intentando recuperarlo, pero las manos que lo sostenían se cerraron sobre mi tobillo firmemente, inmovilizando mi pierna y tratando de hacerme perder el equilibrio. Di unos cuantos saltos mientras halaba mi pierna, sin éxito.

Utilicé mis manos y mi peso para proyectarme hacia atrás, liberando mi pie efectivamente y de paso desorientar a mi Dorado oponente. What is wrong with me and golden cloths?

Damn it!

Mu lanzó una ronda de ganchos que fui esquivando proyectándome hacia atrás, salto a salto, hasta que decidí tomar la ofensiva. Mientras me encontraba parada de manos, giré mi cadera y lancé una patada directamente a su cara, pero de pronto... no estaba frente a mí, ni más allá.

Maldita tele-transportación, pensé, mientras saltaba al medio del terreno rápidamente y me colocaba en mi stance habitual. Encendí levemente mi Cosmo apretando los dientes (aún no me recuperaba de los dolores de cabeza que me asaltaban cuando hacía estallar mi Cosmo), tanto para calentarme como para rastrear la energía de mi Lemuriano favorito. Nada.

Comencé a mirar tontamente a mi alrededor. ¿Dónde demonios estaría?

De pronto, una repentina ráfaga de viento me hizo volverme alzando los antebrazos para protegerme la cara. Menos mal que lo hice, pues detuve un puño que iba directo a mi cara.

- Buen movimiento -aprobó él, saltando hacia atrás-. Ahora, vamos a ver qué haces con un combate directo.

- ¿Sin Cosmo? -pregunté inmediatamente, dreading el tener un dolor de cabeza perenne mientras peleaba. Él asintió vagamente, corriendo hacia mí con una bola de energía dorada en su mano derecha. CRAP!

Salté hacia mi izquierda, evitándolo mientras me ponía desesperadamente fuera de su alcance. La bola rodó hasta un risco lejano, estallando con estrépito. I winced.

Mu avanzó rápidamente de nuevo hacia mí, esta vez con una bola de energía en cada mano. Salté lo más alto que pude, disparando mi Cosmo inconscientemente y lanzándome hacia él. Mientras lanzaba las bolas y yo intentaba esquivarlas, una de ellas rozó mi brazo, haciéndome sangrar. No lo noté siquiera, pues estaba muy ocupada administrándole el buen uno-dos, uno-dos que me había enseñado Aldebarán cuando era una piojita.

Mu detenía todos mis golpes sin siquiera levantar las manos, mostrándome esa pequeña sonrisita que me descomponía por lo enigmática que era, pues podía tomarse como condescendiente, sarcástica o even despreciativa, en momentos como éstos.

Salté hacia atrás para reagruparme y evaluar la situación, cuando noté que algo brillaba alrededor de mi oponente. What the hell...?

Una especie de pared brillante, completamente transparente... como el cristal.

Había oído hablar del Crystal Wall, pero nunca había tenido la oportunidad de verlo. Ahora, desplegado en todo su esplendor en mi contra, no podía por menos que maravillarme del perfecto control de Cosmo que tenía el Ariano.

¿Y ahora cómo coño pasaba esa pared, pensé en display más pintoresco de mi Maestro cuando perdía la paciencia. Sólo quedaba probar su resistencia, aunque me partiera los nudillos en el proceso.

OK, los Principios del Cosmo. ¿Qué dicen? Dicen que si uno supera el poder del oponente es probable que lo puedas derrotar.

Comencé a merodear frente a la pared, convocando toda la energía que podía. Mis piernas se sentían calientes, por el Cosmo reunido en ellas. Era tiempo de volar.

Me retiré bastante, haciendo un espacio suficiente entre Mu y yo de manera de tomar impulso. Ésta técnica era una que jamás había probado con nadie, pero siendo que estaba en un paraje tan solitario y con una sola persona, bien podía probarlo.

Sólo espero que Mu no le vaya con el cuento a Shura o me veré metida en un grave problema.

Apreté los puños. Mis uñas estaban cortas, pero pude sentir sus bordes enterrarse levemente en mi carne. Comencé a correr. El Cosmo se arremolinó en mis piernas, imprimiéndoles una velocidad de por lo menos Mach 2. Atraje mis brazos a los lados y atrás y eché mi torso hacia delante, dándome más aerodinamismo en mi carrera.

¡Ahora o nunca!

Extendí mi brazo lentamente (o por lo menos, así lo percibí), curvándolo en una suerte de cuerno torcido. El rumor de la jungla, intenso, salvaje, llenó mis oídos.

Pude ver que el cielo se había nublado.

El brazo llegó a su máxima extensión, mientras mi guante de cuero se tensaba por la presión de mi puño.

- Fury of the Storm! -vociferé, mientras me lanzaba con todas mis fuerzas contra el Crystal Wall...

... siendo rebotada con una violencia tremenda e impactando con fuerza en el suelo, several metros atrás.

Mierda... pensé, antes de quedar inconsciente.

- X -

Desperté ya de noche, por lo que pude notar del negro cielo arriba de mí. Estaba envuelta en unas mantas calientes y reposaba en una suerte de futón, mientras una enorme fogata ardía frente a mis ojos.

- Despertaste -se oyó una suave voz un poco más allá. Era Mu, que avivaba el fuego con unos troncos secos. Recordé mi último momento consciente y me maldije entre dientes.

- Demonios de pared -I grumbled, tratando de sentarme, pero sus brazos me lo impidieron.

- No, descansa... -me dijo firmemente, forzándome a quedarme acostada. Las estrellas parpadearon, mostrando su burla hacia el mundo por su altura y lo inalcanzables que estaban.

- ¿Cómo es posible...? -me pregunté, notando que mi brazo estaba vendado y mi torso también, dificultando mi respiración un poco. No me importó, quería que alguien me explicara qué era lo que había ocurrido. ¿Alguien anotó el número de la matrícula?

- Lo mismo me pregunto yo -murmuró él mientras desenvolvía mi brazo con delicadeza e infinito cuidado. Estaba completamente curado, gracias a su Cosmo-. ¿Cómo es posible que ejecutes un ataque que casi nos mata a los dos?. ¿En qué estabas pensando?

Wait, WTF!

- Espera... según lo que recuerdo, la que salió rebotada como pelota fui yo,. ¿cómo es que el ataque amenazó tu vida, si estabas del otro lado de la pared? -pregunté, sintiendo la necesidad de defender esa técnica que había desarrollado a escondidas de Shura. Mu me miró fijamente, haciéndome sentir como si estuviera siendo examinada bajo un microscopio. Me sonrojé cuando noté que sus ojos manifestaban esa misma expresión que habían mostrado cuando alzó la mirada de la armadura, en dos oportunidades.

- La pared estuvo a punto de romperse, al igual que tu columna vertebral en el área cervical -dijo encendiendo su Cosmo nuevamente y envolviéndome en su gentil energía-. La fuerza de ese ataque fisuró mi Pared de Cristal, pero estuviste a punto de desintegrar tu cuerpo en el proceso.

Crap.

Suspiré profundamente, dejando que la energía de ese ser tan sorprendente y misterioso obrara en mi cuerpo, asombrándome nuevamente del poder que tenía. Luego, me tendió un pan relleno de algo. Estaba caliente y su olor despertó mi estómago. Me quité la máscara y le hinqué el diente, mientras él se alejaba un poco, dejándome comer en santa paz.

No duró mucho. El sandwich, I mean.

Eché de nuevo la cabeza sobre el futón, con el distintivo feeling de estar totalmente satisfecha. Mi pancita estaba felizmente tensa y yo, felizmente sleepy. Mu regresó y tendió sobre mí una pesada cobija.

- Hoy dormiremos acá afuera -dijo casualmente-. No me gustaría moverte cuando tienes una sensibilidad en el cuello. Por tanto, haremos lo de los nativos, dormir bajo las estrellas.

Say fucking WHAT!. Este se terminó de volver loco, definitivamente.

- Con todo respeto, pero yo no soy persona de clima frío -protesté, a sabiendas que estaba sonando como una niña malcriada. Mu levantó la mirada del fuego y me sonrió levemente-. Soy de la selva, no de las tundras... ni tampoco de los polos.

- Lo sé, Zelha, pero con esa lesión preferiría no moverte hasta mañana. Es más, nos quedaremos acá porque te daré una lección sobre las estrellas -dijo, levantándose de su sitio y sentándose junto a mí. Yo me quedé quieta, sin saber cómo reaccionar a un cuerpo ajeno al mío... que me infundía tanto calor y seguridad.

Mu extendió la mano y señaló hacia un punto en el cielo.

- Aquéllas son Capricornio -dijo, para luego señalar al otro lado del firmamento-, mientras que aquéllas otras, son Aries. ¿Notas las formas de sus correspondientes animales?

- Puedo ver al Macho Cabrío... sólo se delinea su cabeza y los cuernos -respondí obediente-, pero no puedo ver al Carnero...

No sé cómo demonios pudieron los antiguos oráculos ver una ovejota en un grupito de cuatro estrellas, definitivamente. Mu se acercó más y las delineó nuevamente. Negué con la cabeza, apenada de mi ceguera.

De pronto, me tomó en brazos y me sentó, apoyando mi espalda en su pecho. Extendió de nuevo la mano y delineó las estrellas, murmurando en mi oído.

- Te lo explicaré. Ésa estrella marca la cabeza, mientras que ésas dos trazan el cuerpo, las patas delanteras y la cola. Aquélla última, perfila las patas traseras... ¿lo ves?

No veía un c...

Pero igualito asentí. No podía hilar los pensamientos, teniendo a mi espalda el cuerpo de un hombre... el cual me tomó gentilmente en sus brazos y me reclinó de nuevo en el futón, arropándome con las mantas y la cobija, tendiéndose a mi lado al final.

- Esta grandeza es hermosa -dijo, levantando la cabeza al cielo. Una estrella fugaz pasó como una exhalación por sobre nuestras cabezas, y siguiendo el consejo que siempre había seguido de Aldebarán, pedí un deseo. Suspiré nuevamente y oculté la mitad de la cara bajo la cobija.

- ¿Qué crees que sería del humano si hubiera tomado conciencia de su propia insignificancia ante la grandeza del mundo?

Mu se volteó y me miró, la sorpresa escrita en sus enormes ojos color violeta. Luego, soltó una risita y meneó la cabeza.

- ¿No crees que es un tema muy profundo como para esta noche? -me respondió, burlón. Yo me reí y suspiré de nuevo, dejándome llevar por la sensación de llenura que me había dejado el sándwich.

- Hay veces en que el humano debería inclinarse ante la majestuosidad de la Madre Tierra... -murmuré-, pues será la única salida un día... y ella no querrá ayudar.

Me quedé dormida, con la cabeza escondida entre las mantas. Mu continuó mirando las estrellas, con el Cosmo encendido, procurándole calor al cuerpo que reposaba a su lado y a él mismo. Sonrió al negro cielo y cerró los ojos.

- X -

Desperté por el calor que sentía en la cara. El sol caía sobre mi máscara, calentándola un poco. Abrí un ojo y escudriñé mis alrededores, observando que estaba sola. Me senté con cuidado, descartando la cobija.

- Buenos días, Zelha -dijo Mu a mis espaldas. Un ruido me indicó que había echado un poco más de leña al fuego-. ¿Cómo te encuentras hoy?

- Creo que ya no tengo nada -dije, llevándome los dedos a los hombros y cuello, tanteándome el área de la lesión. Sentí de repente los dedos de Mu atrapando los míos, descendiéndolos hacia los lados... cosa que me despertó por completo.

- Déjame a mí -dijo.

Las puntas de sus dedos fueron tanteando con delicadeza la parte de atrás de mi cuello, palpando suavemente los músculos y las vértebras. Yo me sentí como si separaran mi alma de mi cuerpo, de lo delicioso de su toque. ¡Zelha, quieta, me reprendí mentalmente.

Pero no me esperaba que luego de comprobar el estado de mi cuello, Mu deslizara sus cálidos dedos por mis hombros y brazos. De una manera tan delicada, que no pude reprimir un estremecimiento. Dioses...

- Todo está bien, aunque está un poco sensible aún -dijo él en un susurro-. Debes cuidar de no hacer ningún movimiento brusco y no llevar tensiones... de todas maneras te aplicaré de mi Cosmo durante las noches hasta que la sensibilidad desaparezca por completo.

Asentí, comprendiendo perfectamente. Mu me ofreció otro sándwich y se sentó de espaldas a mí frente al fuego. Esta vez me comí la mitad. Me coloqué la máscara después de comer y le tendí el resto del pan, el cual miró y tomó, para luego encajarle el diente.

- ¿Lista para regresar al Santuario?

Yo negué fervientemente con la cabeza. ¿Ahora que me había reconciliado con el frío me iba a regresar a esa caldera? Like hell.

- Aún no quisiera regresar -dije casualmente, mientras miraba hacia las montañas, pero pude descubrirle de nuevo la sorpresa en sus ojos-. Me gustaría mirar más estos parajes, si no es mucho inconveniente...

- Claro que sí -dijo levantándose-. Hay un sitio que me gustaría mostrarte... pero hay que escalar un poco. ¿Te sientes con suficiente fuerza para ello?

Piece of cake. Amo escalar montañas. De hecho, amo escalar cuanta cosa haya que escalar. Shura me tomaba muchísimo el pelo en Los Pirineos y, cuando yo respondía de mala manera, me castigaba haciéndome escalar algo. Pobre, nunca se enteró que habían veces en que se lo hacía a propósito, jeje.

Comenzamos a caminar, mientras él me explicaba de nuevo lo que Kiki le había contado, cuando los Bronces pelearon contra los Santos de Plata y el horrible episodio de Shiryu con el Santo de Perseo. Bufé para mis adentros al acordarme de cierta Plateada que dejaría morada si no me dejaba en paz. Me había enterado por Alexiel que la Cobra había comenzado a comentar cosas malsanas sobre nuestro grupillo, y que Marin le había dejado bien sentado a Shaina que no debía meterse con las Aprendizas de los Dorados, de lo contrario lo pasaría mal.

Olvidé a la ridícula ésa y me centré en lo que me contaba la voz grave y profunda del Santo de Aries. Ciertamente impresionante, lo que hizo Seiya cuando fue a ver a Mu por lo del "Agua de la Vida"...

Mu se detuvo frente a una pared vertical.

- ¿Y bien? -pregunté-. ¿La consiguió?. ¿Dónde está?

El Lemuriano señaló hacia arriba. Miré y pude encontrar mi nuevo challenge.

El viento comenzó a silbar levemente. Pero no vacilé. Avancé resuelta y me sostuve, impulsándome con mis brazos y tratando de no mover mucho el cuello. Sólo entonces caí en cuenta que tenía a un ser detrás de mí, del género masculino, trepando cual araña por una pared de roca pura... con la cara cercana a mi trasero. Mis mejillas se tiñeron de rojo.

I really hope he's not staring at my ass, pensé sacudiendo la cabeza y continuando con mi actividad.

Shura y el mismo Aldebarán, me enseñaron los principios básicos de la escalada: no mires hacia abajo. Nunca lo hice ni lo haría, pero qué ganas me daban. Habíamos ascendido bastante, pero aún no se veía el final de la pared, oculto entre la neblina sobre nuestras cabezas.

Encontramos una saliente lo suficientemente ancha como para sentarnos a descansar. El grito de un águila nos llamó la atención. Me sentía libre... como solía sentirme en mi querida selva.

- ¡Ahí va Marin, mira! -exclamé, haciendo que Mu soltara una risita más relajada. I giggled, amused.

- Imagina a Seiya o a Hyoga volando como sus animales tótem -dijo él, haciéndome reír con más ganas ante la imagen mental. Acababa de descubrir que Mu, a pesar de toda su seriedad, era un hombre joven con un sentido del humor bastante avieso, cosa que espoleaba mis ganas de picarle más.

- Eee! Eee! Eee! -chillé, imitando el canto de un cisne, riéndome luego. Mu soltó una carcajada y escondió la boca tras una mano, riéndose silenciosamente.

- Ya déjalo, estamos en medio de una lección -me regañó aún riendo calladamente. Tuve deseos de quitarme la máscara y de sacarle la lengua, para que fuera serio.

- Come on! -dije, levantándome y agarrándome a la pared con energía. Mu me siguió y pude sentir su pequeño smirk a mis espaldas.

Comencé a sentir el frío de la roca bajo mis manos, pero traté de no pensar en ello. Encendí mi Cosmo para calentarme mientras ascendía, resultando que pude subir con más facilidad si enfocaba mi energía en las manos. Poco a poco, fuimos ascendiendo, hasta dejar de oír los gritos del águila real del Himalaya.

Me sujeté a una hendidura, para resultar que estaba floja.

Solté un gasp y una maldición, antes de resbalar. Mu fue más rápido y me sujetó por el sari, el cual se desgarró un poco. Di una vuelta de ola en el aire antes de tener el chance de coger su mano. Suspiré al bajar los ojos...

- Mierda...

- Faltó poco -dijo él, izándome enteramente. Me aferré a su espalda y rodeé su cuello con mis brazos, mientras él reanudaba el ascenso-. Tienes dedos de mantequilla, Zelha. Lástima, ibas tan bien...

Miré de nuevo hacia abajo. Sentí el vértigo por primera vez en mi vida, y estuve segura que si no hubiera traído la máscara tendría la cara del color del cabello de Shura. Mis piernas guindaban, casi balanceándose en el vacío.

- Hey! -protesté mientras sentía el frío morderme en las partes descubiertas de las piernas. La tela de mi ropa no era la más abrigada del Santuario, ni mucho menos-. La cosa esa estaba floja, no podía saberlo.

Damn it... he was teasing me.

- No te preocupes, ya pronto llegaremos -respondió en un gruñido por el esfuerzo, sin hacer caso a mi protesta-. Dame un poco de balance y subiremos más rápido.

Retraje mis piernas y sujeté sus costados con las mismas, quedando como si me llevara a caballito. Se detuvo ante un filo y permanecimos suspendidos, únicamente sujetos por sus blancas manos. Otra ráfaga de viento sacudió nuestras melenas, silbando ferozmente.

- Trepa -dijo entre dientes. Obedecí inmediatamente, montándome sobre su cuerpo, oprimiendo sus costados con mis rodillas y alcanzando sus brazos. Dejé escapar un grunt leve mientras lo hacía. Menos mal que trepaba por su espalda, porque si lo hacía por el frente... err...

Sus bíceps estaban tensos, contraídos, sus antebrazos igual. Mis rodillas encontraron sus hombros al mismo tiempo que mis manos encontraban el borde de piedra. Me impulsé con otro sonido de esfuerzo escapado de mi garganta, cayendo con el pecho en el suelo mientras completaba el ascenso con las piernas.

Me di la vuelta en el suelo, respirando pesadamente. Me senté seguidamente para asomarme y ayudar a Mu, descubriendo con sorpresa que no había nadie colgando del borde de la roca.

- ¿Buscabas algo? -me sobresalté al escuchar su voz detrás de mí. Volví el cuello, wincing a bit cuando sentí la tirantez de la lesión del día anterior. Mu pareció no haberse dado cuenta, por lo que obvié el anhelo de frotarme la nuca y me levanté.

Mu me señaló un pasaje esculpido entre las piedras de la cumbre, caminé delante de él, absorbiendo todos los detalles: una gran cantidad de pájaros negros nos miraban desde sus puestos, a los lados del camino. Mu se quedó atrás sin darme cuenta, mientras yo avanzaba entre los pájaros.

Mi lado de la selva tomó el mando y mis instintos salieron a flote. Comencé a silbar repetidamente, imitando el canto de las guacamayas, con el resultado esperado. Los pájaros comenzaron a responderme, mientras uno de ellos volaba hacia mí.

Levanté el brazo y el ave se posó sobre el mismo, mientras los demás levantaban el vuelo, despejando el camino. Alcé la otra mano y acaricié levemente el plumaje del pájaro, para caminar con él un poco más hacia delante.

- Te ganaste a los Miná... pasaste la prueba -dijo Mu a mis espaldas, extendiendo los dedos para hacerle cariños al ave sobre mi brazo. El plumífero amigo soltó un silbido parecido al que yo había hecho, aleteando levemente.

- Sabía que me habías tendido una trampa -dije con descaro-. ¿Que harían estos pájaros si me hubiera acercado de diferente manera?

- Te hubieran atacado -respondió, mientras el Miná alzaba el vuelo y se perdía de vista entre las nubes-. Tenías que demostrar simpatía por la vida o sensibilidad por ellos para ser aceptada.

- ¿Qué es este lugar? -pregunté, mirando a mi alrededor. Una pequeña caída de agua en una especie de pozo era lo único que se podía encontrar por esta cumbre, lo que me intrigó. Mu avanzó y recogió un poco de la resplandeciente agua con las manos, para luego dejarla caer sobre mí.

- Esta es el "Agua de la Vida", Zelha -explicó-. La ruta que acabamos de hacer fue la mitad de la que hizo Seiya para llegar hasta acá para salvar la vista de Shiryu. Geográficamente, este es el Kailas, monte sagrado para los budistas. De hecho, estamos faltando al respeto del Sumeu, pues los budistas tibetanos creen que este es el centro cósmico del universo.

- Con razón cuando veníamos vimos unos hombres frente a unas banderas de colores... -respondí, tiritando por la humedad en mi piel y cabello, y las heladas ráfagas-. ¿Quiénes son?

- Son sherpas, un pueblo montañés que vive por toda esta zona -me contestó, encendiendo su Cosmo y envolviéndome en él-. Los sherpas llaman al Everest Chomolungma, que significa diosa-madre de la Tierra, y suelen colgar banderas a modo de bendición para los alpinistas que ascienden al pico, y en memoria de los que han fallecido en su intento de alcanzar la cumbre. Los sherpas son budistas tibetanos, y creen que los picos de las montañas son el hogar de dioses y diosas.

- Oh... -me quedé callada un momento, procesando lo que me había dicho. Otra cosa más que descubrí, Mu sabe mucho de muchas cosas, pero... ¿acaso podría responderme algo más?

Él me miró con una mini sonrisa, mientras yo escogía las palabras más diplomáticas para lo que quería decirle. Me hizo la seña para que me volviera, viendo el paisaje más sorprendente de esa área... y que en mi tiempo en la selva, jamás había presenciado.

Un suelo compuesto enteramente por nubes yacía a mis pies; un sol radiante sobre un cielo claro jugueteaba con los reflejos de los cúmulos blancos. Si no hubiera sido por la máscara, hubiera dado con la quijada en el piso, de seguro.

- Wow... -murmuré, sentándome en el borde de la cornisa y mirando fijamente al horizonte. Recordé la vez que Shura estaba recién llegado a la selva y Aldebarán intentó animarme por lo de la maldita máscara, llevándome a tientas en la oscuridad de un eclipse total de luna... hasta la cima del Churún Merú.

Sentí a Mu sentándose a mi lado y no me aguanté más.

- Y pensar que esta grandeza es una que el hombre ansía de tal manera... -dije, haciéndolo voltearse a mirarme-. Mira eso: un mundo de nubes, un cielo enteramente despejado... y un astro soberano, iluminando todos y cada uno de los rincones de este hermoso horizonte...

- Suéltalo de una vez, pequeña -murmuró él, viendo que estaba dando vueltas. Suspiré profundamente y asentí.

- Tengo entendido que tú eres de estas tierras -he nodded-. ¿Cómo es que no crees en los dioses hindúes o tibetanos, mientras que le entregaste tu vida y dones a una Diosa como Athena¿Es que acaso no hay Dioses sabios en las creencias de estos pueblos¿Qué hay de Brahma, Shiva, Vishnú?

La Armadura de Géminis flashed frente a mis ojos, haciéndome apretar los dientes.

- Todos los Dioses convergen en el mismo principio, Zelha -dijo con voz profunda, como repitiendo una lección aprendida hace muchos años-. Todos dominan un mundo en el cual sus habitantes lo que desean es vivir en paz y ser protegidos de un modo u otro... ¿qué te dice todo lo que te ha enseñado Shura?. ¿Por qué crees que Shaka está con nosotros en el Santuario? Shaka sabe quién es Athena, ha luchado por ella desde que era sólo un niño. Yo también he buscado la verdad que sólo encontré en los ojos de Ella, por eso acepté la mano y enseñanzas de mi Maestro Shion. Para una raza como la mía, lo que podía hacer era huir... -se llevó la mano a la cabeza, señalando sus hermosos lunares-. Pero desde que soy un Santo de Athena he descubierto los verdaderos principios, el verdadero destino.

- No dudo ni por un instante de Athena, Mu -dije con determinación-. Moriría por ella sin remordimiento si eso fuera necesario. Shura me preguntó esto mismo que te pregunto porque yo aún creo en las maravillas de esto -señalé el panorama-, y creo en esta maravilla -señalé su frente-. Eres un heredero de un legado único... ¿acaso te pesa la sangre?

No me había dado cuenta que mi otra mano descansaba sobre la suya mientras él hablaba. La cerré y retuve la suya con firmeza, mientras él guardaba silencio y me miraba fijamente, con aquella mirada que no sabía interpretar. Él miró hacia nuestras manos y luego hacia mi máscara.

- No me pesa la sangre -dijo finalmente, dando vuelta a su mano y apretando la mía-. Me pesa el corazón.

- Eso tiene remedio -le respondí, sonriendo al recordar que estaba diciéndole lo mismo que Cakere le dijo a Shura antes de irnos de la Amazonia-. Deja que Athena entre en él y verás como se aligera. Deja que tus amigos se acerquen, ríe, juega, grita, patalea y enójate, muestra un isentimiento humano/i, pues aunque tengas estas dos marquitas tan tiernas -acaricié sus lunares en un leve roce-, eres un humano, un humano muy especial...

Volví mis ojos hacia el sol. Estaba corriendo hacia el horizonte, iluminando la placa de mi rostro. Menos mal que la máscara estaba caliente ya.

Permanecimos en silencio, observando la puesta de sol. Luego, él tomó mis manos y nos teleportó hasta la Torre, dándome las buenas noches.

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Shadir:. ¡Gracias por tu comentario! Por lo visto eres la única que queda por estos lados desde que comencé esta historia que aún la sigue... me emociona tu constancia -chilla-. Ahora Zelha se metió en un problema más grande,. ¿no? Jajajaja XD

Momichilee:. ¡Muchísimas gracias por leer mi historia! Otro idioma que estoy utilizando para este fic, además del inglés y el italiano, es el francés, seguro es ese el que te confunde, jaja...
Con respecto a Zelha terminar con Saga... aún no lo sé, ahora con la adición de este otro elemento del triángulo como que todo se pone más problemático que nunca, jaja, esperemos a ver cómo van las cosas, kuku. Es una lástima lo de Afrodita, pero como pudiste haber leído, ya tengo casi la mayoría del fic escrito, así que no lo puedo redimir así como así, jaja... pero bueno, te lo regalo a él envuelto con un lacito, todo tuyo XD
¿DeathMask con alguien? Hmmm... no lo sé,. ¡anda a preguntarle a Argesh Marek!. ¡Jajajajajaja!

¡Gracias!. ;-D