Disclaimer: Si fueran míos, hace raaato que me hubiera casado con Saga o con Camus, jijijiji :-P
Extendiendo las Alas
- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos -dijo, con ese tono de voz enfático que espoleaba mi enojo-. Necesito hablar contigo.
- ¿Sobre qué, Saga? -repliqué, casi escupiendo su nombre-. ¿Qué más quieres hablar cuando ya no hay un tema de conversación que podamos discutir?
El azulejo respiró profundo y me miró de nuevo.
- Mira, Zelha -dijo con calma-. Quiero que sepas que nunca fue mi intención el menospreciarte por tu condición de mujer y menos que entendieras que tu fuerza--
- No hace falta que lo aclares, Santo de Géminis -le interrumpí moviendo una mano y mirándolo a los ojos-. El hecho de que "mi condición" de mujer me haya hecho perder en un match contra ti no quiere decir que no pueda dar mi parte en la protección de la Diosa, además de que estoy siendo entrenada por las mismas razones y principios por los cuales han sido todos entrenados. Quiero darle mi vida a Athena y se la daré. No importa lo que piensen los demás, así sea uno de sus Santos Dorados más poderosos. ¿A qué sabe la redención, Saga? Es dulce... ¿o es salada, como las lágrimas?
- ¿Por qué me atacas, maldita sea? -respondió con los dientes apretados-. Yo lo que quiero es que me digas por qué, por qué elegiste el responderme como lo hiciste en mi Templo cuando te dije que te quería para mí. Por qué te alejas de mí y festejas a los demás cuando se te acercan. ¿Por qué, Zelha...?
- Yo te diré por qué, Saga. Soy de la selva, tengo un carácter salvaje y bastante independiente, como los animales que tanto observé de pequeña. Yo no soy un juguete, Géminis, no voy a permitir que por mucho que tú me gustes pienses que puedes tener poder sobre mí como si yo fuera una "doncella" de las que utilizan DeathMask y Milo pasa satisfacer sus deseos sexuales. Te besé en el Cabo porque tenía curiosidad, de saber a qué sabía un beso de un Dorado... un beso tuyo. Disfrutaba de tu compañía... pero no puedo aceptar que me domines ni me domestiques.
- ¿Es por eso que ahora vives en Aries? -preguntó con voz oscura, no pude ver si estaba celoso o no-. ¿Es por eso que le mostraste tu rostro a Mu, a Shura y a Aldebarán primero... porque ellos no son dominantes?
- Ah, Saga, no seas denso -repuse, sentándome en el borde de la fuente-. Aldebarán es el que me crió desde que yo era una chiquilla, Shura me enseñó a pensar con raciocinio... y Mu me enseñó muchas cosas de mí misma y del Cosmo que jamás pude haberme imaginado... ¿cómo puedes estar celoso de sus enseñanzas?
- Yo no estoy celoso -yeah, RIGHT-. Pero debo admitir que sí me molesta la manera como tratas a los demás, en comparación como tratas... digamos... a DeathMask, a Camus... o a mí.
- ¡Jajajaja! -tenía que reírme, tenía que hacerlo, estaba hablándome como un novio celoso y picado-. OK, no estás celoso, chévere, pero ahora indícame por qué me reclamas el hecho que no te trate, sabiendo que el desplante que me hiciste ese día me ofendió bastante. ¡Y en la pelea del Coliseo pude ver que aún no te hacías a la idea que una mujer tuviera la desfachatez de enfrentarse a ti! Saga,. ¿cómo puedes vivir con la idea de que una Generala de las Tropas de Zeus viva bajo tu mismo techo y mantenga a tu hermano gemelo, quien tuvo la osadía de desafiar a los Dioses y manipular a uno de ellos, tranquilito y manso como un corderito? Dime,. ¿qué es lo que quieres de mí? Toma en cuenta soy una Aprendiz de Amazona, y que aunque puedas ver mi cara aún estoy regida por las Leyes de Athena. Debo permanecer pura para poder pelear con honor por su causa. Así que si lo que quieres es sexo, bien puedes decirle al Escorpión que te diga dónde están las chicas que usa para esos menesteres.
Saga permaneció en silencio por un momento, el cual aproveché para desatarme el cabello y reatármelo en una cola alta.
- El día que caíste por primera vez en la Another Dimension y despertaste en la habitación -dijo ausentemente-. Vi tu rostro. Estabas inconsciente y estabas sangrando por la cabeza... siempre me pregunté por el color de tus ojos, y viéndote ahora... no puedo dejar de admirar el color tan extraño de ellos...
- Córtala, Saga. ¿Tuviste la osadía de quitarme la máscara? No puedo creerlo...
- Espera, no es lo que piensas -me interrumpió rápidamente-. Estabas sangrando por el golpe que te diste en la cabeza, y lo menos que podía hacer era curarte la herida...
- ¿Y aún pretendes que confíe en ti, luego de lo que hiciste? -contesté apretando los dientes, estaba totalmente decepcionada-. ¿Qué habrías hecho si la Ley de las Amazonas no hubiera sido abolida, Saga?. ¿Me hubieras dicho que me viste y me hubieras forzado a elegir entre amarte o matarte? Dioses...
- No puedo negar el hecho de que me atraes, y bastante... pero tengo que admitir que mi comportamiento no fue el más apropiado.
- ¿Eso es todo lo que tienes que decir?. ¿Ni siquiera una disculpa por haber transgredido una de las leyes más antiguas del Santuario?
Saga permaneció en silencio. Me imagino que no supo que yo podía explotar de ese modo. Shura y Aldebarán sabían que tenía un carácter muy volátil, por lo que siempre trataban de apelar a mi raciocinio y a mi paciencia de Capricornio en cuanto tenían que tocar un tema escabroso conmigo, ya fuera por lo del Cosmo o mi propia testarudez en hacerme daño en los entrenamientos por querer dominar rápido un movimiento o técnica.
- ¿Sabes algo, Saga? Por más que seas uno de los Santos más poderosos... eres tan crédulo como un niño, tan chovinista como un nazi y tan arrogante como un Dios. Y por eso es que te vas a quedar solo en la cúspide de tu poder, porque no puedes mostrar un rostro humano...
Alzó las cejas mientras yo bajé la mirada. Me gustaba mucho, cierto, pero primero estaba mi destino. Primero, mi deber.
... Y Mu.
- Hay algo que debes saber acerca de las mujeres, Géminis -concluí, mientras daba media vuelta-. No somos artículos desechables, no somos trofeos, ni tampoco paños de lágrimas. Sobretodo, las Amazonas de Athena.
Sentí sus manos tomarme de los hombros, apretándome con fuerza. Lo dejé hacer.
- Me disculpo profundamente por mi comportamiento -susurró, con sus labios junto a mi oído-. No pude ver lo que me mostraba tu Cosmo... ya no volveré a pensar ni a subestimar a una Amazona, ni a ninguna otra mujer.
- Me alegro por ti, verás que encontrarás a una que sí te soporte esos arranques de superioridad -solté una risita y él me liberó. Volví a verle y le sonreí-. No le digas a nadie sobre la sesión psicológica que acabo de regalarte o me veré con la agenda llena, estando el Santuario como está lleno de locos y desquiciados -Saga sonrió levemente-. Te diré algo más: quiero que me sigas enseñando a incrementar mi Cosmo, si aún quieres enseñarme... eres un buen Maestro, Saga, y digan lo que digan, te confiaría mi vida en una batalla. Por eso Athena te tiene en tanta consideración... a pesar de tu mal genio y tus cambios de personalidad.
- Nunca pensé que una chiquilla de diecisiete años enseñara a un hombre de treinta acerca de las verdades de la vida -dijo pasándose la mano por el cabello-. Tus Maestros te han enseñado bien, ciertamente...
- Tengo veinte años, chico. Y eso es porque tuve a los mejores, Shura de Capricornio, Saga de Géminis, Aldebarán de Tauro y Mu de Aries -dije con una sonrisa-. No cuento a DeathMask porque ese es el primero en la lista de sesiones psiquiátricas sin remedio.
- ¿Tan mal lo pasaste en Cáncer? -preguntó, ladeando la cabeza. Yo asentí y me estremecí.
- Estoy acostumbrada a la Luz, Saga... y estar en un sitio donde tienes acceso al Inframundo donde menos lo pienses es algo totalmente desesperante. En Géminis siempre hay un rayo de luz, o se alternan las Luces con las Sombras... pero Cáncer es Oscuridad pura... por eso es que tiemblo al pensar que Chloe pueda convertirse en alguien como DeathMask... oscura y cruel...
- No lo hará, es demasiado cruda y sarcástica para eso -dijo él, mirando al cielo teñirse de rojo. Habíamos hablado por unas horas, por lo visto, así que tenía que regresar a buscar a mis amigos-. No te preocupes por Chloe, Zelha, ni por ninguna otra de tus amigas... todas tienen la Luz Eterna del Cosmo de Athena, latiendo en sus corazones.
- ¿Y qué hay del tuyo, Saga?. ¿Athena brilla en tu corazón?
- Siempre, siempre lo hace... -respondió con una sonrisa. Sonreí a mi vez.
- Debo regresar, nos vemos luego -dije, caminando hacia la salida de la plaza.
- ¡Zelha!
Me volví hacia él. Sonreía con ese smirk que le hacía ver tan irresistiblemente sexy, además de inaguantablemente altanero.
- ¿Amigos?
- Yeah, but I won't go with you to the beach again!
Soltó una carcajada y yo desaparecí en un blur plateado.
Me encontré con los demás y les di una excusa barata, mientras reproducía de nuevo la conversación en mi mente. Sentí que podía respirar tranquila finalmente...
Había cerrado un círculo... y ahora podría mirar más allá.
- X -
Pasaron las semanas. Mi rutina diaria cambió un poco: despertaba temprano, desayunaba con Mu y hacía unos cuantos ejercicios para alineación de chakras, meditaba un poco y luego me iba a Géminis, a entrenar Cosmo.
Aún no sabía qué pensaba Mu de mi repentino deseo de que Saga me siguiera entrenando, pero la cara que puso dos noches después de mi conversación con el Geminiano, cuando le dije que tenía que encontrarme con Saga a las afueras del Santuario, fue más que un poema. Aunque no lo dejó translucir, pude ver que no le había hecho maldita la gracia.
Y más aún cuando llegué en la noche exhausta y llena de moretones.
Seguro pensó que me había peleado con Saga, y nada más lejos de la verdad. Había estado haciendo un ejercicio especial que me había indicado el azulejo, el cual consistía en sentir el punto débil de un peñasco, para luego poder partirlo con un puñetazo pero sin imprimirle ningún tipo de Cosmo, sólo pura fuerza bruta.
Sonreí cuando desperté a la mañana siguiente y los moretones ya no estaban.
Hoy día me resarciría con el Lemuriano, retándolo a una buena pelea y demostrándole que mi Cosmo ya estaba tan flamante como la primera vez.
Puso una cara escéptica cuando se lo dije, pero consintió en ir conmigo a un sitio lo bastante amplio para poder practicar sin personas que nos observaran.
Así pues, terminamos en este sitio. Las ruinas de un templo bastante antiguo, pero tenían toda la pinta de haber sido destruido por un terremoto o por un golpe bastante violento. Y luego de ver lo que podían hacer esta pandilla de hombres enfundados en oro, no me hubiera extrañado que este templo hubiera sido escenario de una cruenta batalla.
- ¿Dónde estamos? -pregunté al fin. Él me miró por encima del hombro y señaló una vieja inscripción.
- Este fue un viejo oráculo, de bajo rango, que pertenecía a Athena en tiempos de las invasiones de Esparta a esta región, en los tiempos de la Guerra del Peloponeso. Fue destruido por los espartanos porque no querían que los atenienses tuvieran acceso a los designios de los Dioses, quedando sólo el Oráculo de Delfos como el favorito de los Dioses. Con el tiempo, Atenas fue recuperada, pero esta estructura fue olvidada en cuanto Athena recomenzó sus ciclos de Guerras Sagradas.
- Comprendo... -murmuré, observando las plantas que crecían alrededor de los trozos de columnas de mármol-. ¿Para qué reconstruir un oráculo si puedes consultar a la Diosa herself?
- Algo de eso había -respondió, mientras yo me inclinaba a mirar más de cerca unos jacintos silvestres que habían cubierto enteramente un peñasco-. Ya nadie tuvo tiempo de restaurarlo, y ya nadie quería saber de malos presagios. Creo que pensaban que era más que suficiente con lo que traían las Guerras Sagradas.
- Yo hubiera pensado lo mismo -murmuré, recordando mi sueño. Olvidé por un momento con quién estaba y evoqué la oscuridad que atenazaba a mi querida selva. Los gritos de los demás, el llanto desesperado... y luego, silencio.
- ¡Zelha!
Me sobresalté y alcé la mirada, viendo que Mu me miraba fijamente, con preocupación en sus ojos. Sacudí la cabeza para despejarme y le ofrecí una pequeña sonrisa.
- A mí no me engañas. ¿Qué fue lo que viste?
Suspiré profundamente, deseando por vez primera en mi vida tener puesta la máscara, que ocultaba mis expresiones delatoras.
- Mi pesadilla -dije-. No la he vuelto a tener, aunque siento que hay algo muy malo que se aproxima... llámalo presentimiento. Creo que con el regreso de mi Cosmo pude bloquear esos feelings, pero igual puedo adivinar una sombra que se cierne sobre mi tierra...
- Regresemos, esto lo tiene que saber el Gran Maestro -dijo, tomándome del brazo-. Uno no puede ignorar una pesadilla recurrente, y menos si viene acompañada por ese tipo de sensaciones--
- ¡No, espera! -protesté, resistiéndome-. ¡No podemos saber si es una alucinación mía! Además... no quiero molestar al Patriarca Shion con eso, dirá que es una tontería...
- YO te digo que es una tontería... pero es el que pienses que el Maestro se molestará contigo -me regañó, entrecerrando los ojos-. Si tus sentidos te salvan de una batalla a muerte,. ¿cómo no podrían avisarte de un peligro? Por eso se le llaman instintos, Zelha.
- Argh,. ¿no comprendes que lo que necesito ahora es que entrenemos?. ¡No podré protegerlos si no estoy preparada para ello!. ¡Tengo que ser fuerte para luchar por los que quiero!
Mu parpadeó lentamente y luego me sentó en uno de los trozos de la columna.
- Espera aquí, ya regreso.
- ¿A dónde vas?
- Voy a buscar algo, no tardaré.
- X -
Comencé a respirar profundo apenas desapareció. Sentía que la ansiedad me mataría si no me calmaba. Luego, observé a mi alrededor.
Estaba completamente sola en un antiguo oráculo...
Tal vez... tal vez...
Arrastré mis pies hasta una especie de fuente para pájaros, que se alzaba en medio de un círculo de piedras destrozadas. Miré en su interior, encontrándolo vacío.
¿Acaso sería como una bola de cristal?. ¿Cómo habrían hecho los antiguos para recibir los augurios de los Dioses?
Encontré otra fuente, más baja que la primera, que sí estaba llena de agua.
Bueno, ya todo estaba tan destrozado, un poco más de desorden no importará. Levanté la primera fuente utilizando mi Cosmo para enfocar el agarre de mis manos sobre la pétrea superficie, vertiendo finalmente el agua sobre la primera artesa.
El otro perol de piedra se hizo añicos cuando lo solté, haciendo un estrépito que retumbó en todo el lugar. Demonios... voy a ir al Inframundo por esto, estoy segura.
Let's get to work.
Convoqué mi Cosmo, rodeando la pila y mi propio cuerpo, mientras me inclinaba sobre el agua, ya calmada. Quiero saber... quiero saberlo...
- Athena, Señora mía, Diosa de Ojos Grises que tiene como símbolo la lechuza, os suplico que escuchéis la plegaria de tu humilde servidora -las palabras me salieron solas-. Guíame con tu Eterna Sabiduría e ilumina mi pobre alma; ruego por respuestas, imploro por una estrella,. ¡suplico por una Verdad!
Mis sentidos se embotaron y perdí el conocimiento, o eso pensé yo.
- X -
Cuando desperté, me hallaba en un sitio harto conocido.
El agua caía bravamente de una altura impresionante, la más alta del mundo según las cuentas actuales. El peñón que dividía la cascada en su punto más alto, seguía igual de imponente, a pesar de la acción desgastadora del agua.
Estaba en casa...
Me levanté con las piernas temblorosas. No lo podía creer.
La selva me dio la bienvenida con su indestructible verdor, sus secretos, sus misterios, sus peligros y sus bellezas.
Sentí que mis labios se curvaban en una enorme sonrisa.
- MOTHER NATURE! -grité a todo pulmón. Estaba extasiada... ninguna montaña podía compararse con esto. Los Pirineos eran bellos, pero no se le acercaba jamás a esta preciosidad. Ni siquiera el Himalaya, con su blanca perfección.
Unas guacamayas respondieron mi grito, iniciando el escándalo habitual en ellas. Miré hacia abajo, olvidando por un momento el vértigo.
¡Estaba en lo más alto del Churún Merú, el Altar de los Dioses!
Por Athena... ¿acaso Ella quería que viera esto de nuevo?
Y... ¿cómo demonios iba a bajar?
Respiré profundo. No era la primera vez que subía hasta acá, había subido otras dos veces... con Aldebarán. Tal vez no fuera tan difícil, viendo que él pudo transportarnos a ambos a escalada limpia.
Mientras buscaba, advertí con el rabillo del ojo que se iniciaba una ráfaga de viento... que se convirtió en un huracán.
No... no puede ser...
Y la Oscuridad se hizo presente, engulléndolo todo, marchitando los árboles, matando los animales, ahogando los chillidos de las aves.
El viento azotaba mi cara, abriendo pequeños cortes en la piel con trozos de hielo. Un viento frío y lleno de violencia, de destrucción. Fruncí el ceño al ver de lejos cómo un leopardo era asfixiado por esa horrible cosa.
¡Por los cuernos de la Cabra que no dejaría que esto me atormentara más!.
Convoqué todo el poder de mi Cosmo. Tal vez no fuera mucho, pero moriría peleando por lo que creo, por lo que es mío,. ¡por mi derecho a defender mi hogar!
Me lancé hacia delante, empapándome inmediatamente con el agua de la catarata. Cualquiera que hubiera visto eso de lejos, le hubiese dado la impresión de ver una antorcha cayendo por el risco. Amplifiqué el poder de mi Cosmo y solté el todo por el todo.
¡Por la Fuerza, por la Justicia, por la Fidelidad, por la Gentileza... por la Redención!.
Por Aldebarán, por Saga, por Shura, por Mu... ¡por el Santuario!.
- Excalibur!
Mi brazo derecho cobró vida de pronto, imperando mis instintos. Córtalo, córtalo en dos. Córtalo en seco.
La onda de la técnica entró limpiamente en la nube, separándola y abriendo una brecha por la cual pude ver el cielo azul sobre mi cabeza. Aún seguía cayendo, apenas habían pasado unas milésimas de segundo. Mi cabello se echó hacia atrás, producto de la velocidad de la gravedad.
- ¡No vas a comerte mi selva, maldito! -grité, fuera de control-. ¡Te lo juro por la Sagrada Excalibur!.
La Oscuridad se cernía sobre mí. Aunque separada (porque sí había funcionado el ataque), aún seguía su invasión.
¡Tenía que pensar en otra cosa y rápido, antes de que me estrellara contra el suelo!
Then... it hit me.
Concentré mi Cosmo nuevamente, llamando todo su poder y entrando en contacto hasta con el más ínfimo de mis poros.
- Excalibur's Fury!
La Oscuridad se deshizo, restaurando mi selva… y yo caí de nuevo en ese estado inconsciente.
- X -
Abrí los ojos y me encontré de nuevo en el oráculo, acunada por unos fuertes brazos. Alcé el rostro y tropecé con los ojos amables de Mu, quien me ofreció una pequeña sonrisa.
- Buen trabajo, pequeña -dijo-. Lo lograste.
¿Ah?
- ¿A qué... a qué te refieres? -balbucí, parpadeando lentamente y sin quitarle la mirada de encima.
- Lograste sobreponerte a esa esencia que oscurecía tu corazón. No era un enemigo, eran las dudas que aún permanecían en tu subconsciente, sobre tu misión, sobre tu destino. Al verte frente a lo desconocido y ver que todo lo que conocías y amabas iba a perecer, tu corazón encontró la Luz de Athena e hizo decidirte por completo por este camino.
- Then... my dreams were just my doubts, nagging at me... -murmuré cerrando los ojos. Sentí algo cálido y suave rozando mis labios muy ligeramente, antes de quedarme dormida.
- X -
Mu miró a Saga, quien apareció entre las columnas destrozadas.
- ¿Cómo sabías que ella iba a intentar eso? -preguntó el Santo de Géminis-. Fue bastante estúpido, pero efectivo...
- Aún tenía las pesadillas, pero yo las canalizaba y la inducía a un sueño más profundo. Su Destino la llamaba, pero ella aún no se decidía. Interiormente, Athena se le manifestó mediante esos sueños para que Zelha encontrara su camino... y funcionó.
- Ayudado con el Satán Imperial, por supuesto -observó Shura, apareciendo con Aldebarán por la escalinata-. Lo bueno es que pudo desarrollar Excalibur... ya no tengo más nada que enseñarle.
- Te equivocas, cabrito -rió Aldebarán, dándole una palmada que casi lo tira al suelo-. Aún tienes que enseñarle esa paciencia tuya, porque si sigue de cabezota metiéndose en problemas con tu chica Chloe, pues lo va a pasar peor con las demás Amazonas...
- Ellas las vencerán, a todas -sonrió Mu, mirando fijamente a la muchacha dormida entre sus brazos-. Tiene por Maestros a los mejores del Santuario. Si llegase a pelear en una batalla real, no sería ella la que cayera.
- Eh... Mu, no estarás pensando en... -dudó Aldebarán, alzando una ceja y cruzándose de brazos. Mu asintió, con una sonrisa de las que mostraba cuando algo le rondaba por la cabeza.
- Sí, estoy pensando en eso -corroboró entrecerrando los ojos-. Ella va a ganar las Pruebas Vestales Olímpicas.
- ¿Realmente estás seguro de que ya es tiempo? -preguntó Shura, mirando el rostro de la chica en los brazos de Mu-. Esas pruebas son las que determinan si ella es digna de una armadura...
- ¿Acaso tienes miedo de que ella te quite el puesto, Shura? -Saga sneered, ganándose un glare del Capricorniano y un puñetazo.
. Estoy preparado para cederle mi puesto si Athena así lo desea -replicó él, cortante-. Aunque no puedo decir lo mismo de ti, viejo... ¿por qué no tomaste una alumna?. ¿Tienes miedo de que te suceda una chiquilla en la Armadura de Géminis?
- No seas ridículo, Cabrón -respondió Saga con una carcajada presuntuosa, a lo cual Shura se lanzó contra él, maldiciendo en español. Aldebarán los detuvo a ambos gruñendo, mientras Mu observaba a la muchacha dormida entre sus brazos.
- ¡Ya está bueno! -protestó Aldebarán-. ¡Compórtense como es debido!
- Ya verás, Zelha... -murmuró el Carnero Dorado, oblivious a lo que ocurría frente a él-. Serás una Santa de Athena, y ya nadie tendrá nada que decir sobre ti más que inclinarse ante tu valía...
En su inconsciente, la chica suspiró profundamente y hundió la cara en el pecho de Mu de Aries, quien sonrió de nuevo.
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Elena: Algo así... xD
Pilla Doll:. ¡Gracias por tu review! Me hiciste sonreír con lo de la sensibilidad de Mu... jijiji, de verdad pude pensar en varias cosas hasta que me dijiste sobre su verdadero punto sensible xD Veremos si Shaka hace algo por sus hormonas, aunque es tan apretado y tan mojigato que lo dudo realmente, jajaja... xD
Navarhta: Jajaja, sí, se escribe así, OH MY GOD, xD... ¡Muchas gracias por tu review! Espero verte más a menudo por acá :-D
K!tTy: Bueno, en la Saga de las Doce Casas, Mu tiene los ojos violeta, pero en la Saga de Hades Sanctuary, los tiene verdes... yo me quedo con violetas, porque ojos verdes tienen muchos ya, y el violeta es un color de por sí muy hermoso,. ¿no crees?
En cuanto a las otras historias, checa en mi profile por Autores Favoritos, donde encontrarás a Hyuuga Temari (antes conocida como Alexiel de Merak o Princesa Athenea), quien lleva la historia de Alexiel, en Ice Queen. Mientras que Chloe es contada por Argesh Marek, en la historia llamada The Killer in Me. ¡Espero te gusten!
¡Gracias a todos, pronto les tendré otro capítulo!
